Tipos de matrimonios

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Dios le da una importancia vital al tema del matrimonio y para que la humanidad entienda con claridad cuáles son los principios que fundamentan este asunto, la Biblia clasifica a los vínculos conyugales en dos tipos principales de casamientos, esta categorización fue mencionada por el Señor Jesús en la siguiente cita:

“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. (Mateo 19:6)

LOS MATRIMONIOS QUE “DIOS JUNTÓ”
En esta declaración Jesús clasifica a los matrimonios en dos grupos, ya que al afirmar que hay matrimonios “que Dios juntó”, implícitamente da a entender que también existe otro grupo de casamientos que Dios no juntó, los matrimonios que Dios sí juntó son aquellas uniones frutos de un amor verdadero y que obtuvieron la aprobación divina porque previamente sí comprendieron “la naturaleza sagrada y los requisitos del matrimonio”, tal y como lo confirma la siguiente cita inspirada:

“Satanás se ocupa constantemente en apresurar a los jóvenes sin experiencia a contraer matrimonio. Pero cuanto menos nos gloriemos en los matrimonios que se realizan ahora, tanto mejor. Una vez comprendidos la naturaleza sagrada y los requisitos del matrimonio, el cielo lo aprobará y el resultado será la felicidad de ambas partes, y Dios será glorificado...” (Mensajes para los Jóvenes, página 452.1)

Esta cita inspirada, a más de especificar que los casamientos que Dios juntó son aquellos que se celebraron con la aprobación del cielo, también reconoce que existen matrimonios que fueron juntados por Satanás, quien “se ocupa constantemente en apresurar a los jóvenes sin experiencia a contraer matrimonio”, lo cual claramente clasifica a los matrimonios en dos tipos, los matrimonios que Dios juntó y los casamientos que Satanás junto.

Los matrimonios que Dios juntó, dan como resultado “la felicidad de ambas partes” y su unión contribuye a que Dios sea glorificado; y según Jesús, es esta clase de casamientos que no deberían ser separados por el hombre, porque como son relaciones de amor y compatibilidad, generalmente no se suscitan entre ellos situaciones destructivas; este principio de no separación de las parejas que Dios juntó, también es mencionado por el Apóstol Pablo en la siguiente cita:

“Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer”. (1 Corintios 7:10-11)

Esta cita amplía el principio de no separación pues especifica que si llegara a darse la separación, los dos cónyuges deben quedarse sin casar, precisamente porque al ser un matrimonio que Dios juntó, si existe la posibilidad de una reconciliación benéfica para ambas partes; sin embargo cabe aclarar que este principio de quedarse sin casar, solo se aplica mientras no exista adulterio por parte de alguno de los cónyuges, porque si llegara a darse una infidelidad, en tal caso el cónyuge afectado recibe la autorización tanto para divorciarse como para volverse a casar si así lo decidiera, este autorización inspirada fue estipulada por el mismo Jesús mediante la llamada causa de fornicación mencionada en la siguiente cita:

“Y yo os digo: Cualquiera que repudiare a su esposa, a no ser por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la repudiada, adultera”. (Mateo 19:9)

Como lo demuestra esta cita, en el caso de los matrimonios que Dios juntó, Jesús aclaró que existe un motivo que justifica el divorcio, este motivo es la denominada “causa de fornicación”, la cual concede a la parte afectada, la facultad legal para divorciarse; el Espíritu de Profecía confirma que la “infidelidad a los votos matrimoniales” forma parte de la causa de fornicación y además declara que este pecado es un motivo que sí justifica la disolución o terminación del vínculo matrimonial, pues así está escrito:

“Entre los judíos se permitía que un hombre repudiase a su mujer por las ofensas más insignificantes, y ella quedaba en libertad para casarse otra vez. Esta costumbre era causa de mucha desgracia y pecado. En el Sermón del Monte, Jesús indicó claramente que el casamiento no podía disolverse, excepto por infidelidad a los votos matrimoniales. “El que repudia a su mujer—dijo él—, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio” Mateo 5:32. (El Discurso Maestro Jesucristo, página 56.3)

El principio bíblico que autoriza el divorcio por adulterio, fue ratificado varias veces por el Espíritu de Profecía y otro ejemplo de ello es la siguiente cita, la cual nuevamente declara que el pecado de adulterio no solo autoriza el divorcio, sino que también coloca al cónyuge afectado “en situación de verse libre del voto matrimonial a la vista de Dios”, pues así está escrito:

“A la vista de Dios siguen casados, aunque divorciados—Una mujer puede estar legalmente divorciada de su esposo por las leyes del país y sin embargo no estar divorciada a la vista de Dios ni según la ley superior. Sólo un pecado, que es el adulterio, puede colocar al esposo o a la esposa en situación de verse libre del voto matrimonial a la vista de Dios. Aunque las leyes del país concedan un divorcio, los cónyuges siguen siendo marido y mujer de acuerdo con la Biblia y las leyes de Dios”. Carta 4a, párrafo 11, 06 de junio de 1863. (El Hogar Cristiano, página 313.1)

Al existir adulterio y una vez que se concrete el divorcio, la inspiración señala que el cónyuge afectado puede verse libre del voto matrimonial, esto significa que a más de terminar legalmente dicha relación conyugal, también adquiere la libertad de optar por un nuevo casamiento si así lo decide, esta autorización nuevamente es ratificada en la siguiente cita:

“Vi que la Hna. —no tiene todavía derecho a casarse con otro hombre; pero si ella, o cualquier otra mujer, obtuviese legalmente el divorcio porque su esposo se hizo culpable de adulterio, entonces quedaría libre para casarse con quien quisiera”. Carta 4a, párrafo 12, 06 de junio de 1863. (El Hogar Cristiano, página 313.2)

Tal y como lo demuestran estas citas, el principio de quedarse sin casar mencionado en 1 Corintios 7:11 solo se aplica en los casamientos que no ha existido adulterio, porque en caso de existir adulterio, el cónyuge afectado recibe la autorización de divorciarse y queda “libre para casarse con quien quisiera”.

LOS CASAMIENTOS QUE SATANÁS JUNTÓ
Los matrimonios que Satanás juntó, son los que se celebraron sin que existiera amor verdadero y no poseían una adecuada compatibilidad mutua y por ello no recibieron la aprobación divina; la Biblia cataloga a estos casamientos como uniones “en yugo desigual”, quienes al tener creencias, valores, temperamentos y objetivos de vida desiguales o muy diferentes, no pueden desarrollar un compañerismo apropiado y en consecuencia son totalmente incompatibles, pues así está escrito:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. (2 Corintios 6:14)

El Espíritu de Profecía confirma la existencia de parejas que son “totalmente incompatibles” y recalca que es Satanás quien está influenciando para que esta clase de personas “unan sus intereses” mediante el casamiento, porque él sabe que mediante este tipo de vínculos puede “producir más miseria y desdicha desesperada a la familia humana”, pues así está escrito:

“El [Satanás] está activamente ocupado en influir sobre aquellos que son totalmente incompatibles el uno con el otro para que unan sus intereses. Se regocija en esta obra, porque por ella puede producir más miseria y desdicha desesperada a la familia humana que por el ejercicio de su habilidad en cualquier otra dirección”. (Testimonios para la Iglesia Tomo 2, página 248. —Carta a Jóvenes Enamorados, página 29.1)

A diferencia de los matrimonios juntados por Dios y que generalmente producen felicidad a sus contrayentes, los casamientos que Satanás junta solo producen “miseria y desdicha desesperada a la familia humana”, y así el Espíritu de Profecía reconoce la existencia de la incompatibilidad total y en concordancia con la verdadera psicología, confirma que hay personas que entre sí son totalmente inadecuadas para establecer una relación conyugal satisfactoria.

No es la voluntad de Dios que personas incompatibles unan sus intereses por medio del matrimonio, al contrario, es Satanás quien está detrás de ello porque sabe que estos “casamientos no pueden sino producir desgracia”, pues así nuevamente lo expresa la siguiente cita inspirada:

“Casamientos arruinados por la incompatibilidad —Muchos casamientos no pueden sino producir desgracia; y sin embargo el ánimo de los jóvenes los induce a contraerlos porque Satanás los inclina a ello, haciéndoles creer que deben casarse para ser felices, cuando no son capaces de dirigirse a sí mismos ni sostener una familia. Los que no están dispuestos a adaptarse el uno al otro en sus disposiciones, para evitar las divergencias y contiendas desagradables, no debieran dar aquel paso. Pero ésta es una de las trampas seductoras de los postreros días, en las que miles quedan arruinados para esta vida y la venidera”. (El Hogar Cristiano, página 71.2)

Estos casamientos incompatibles “no pueden sino producir desgracia”, es decir, no tienen ninguna posibilidad de funcionar sanamente, ni la terapia psicológica ni los ejercicios espirituales van a lograr que dichas relaciones sean satisfactorias y es por este motivo que en los casos comprobados de incompatibilidad total, la Biblia si autoriza la separación y la terminación del vínculo matrimonial, tal y como lo demuestra la siguiente cita bíblica:

“Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Corintios 7:15)

En esta cita el mismo Apóstol Pablo autoriza separarse, precisamente porque está refiriéndose a una relación inadecuada, la cual, al no haber logrado un definitivo equilibrio conyugal, demuestra que es un casamiento incompatible y en “semejante caso”, la Biblia sí autoriza la terminación de dicho vínculo matrimonial.

Y para comprobar a cabalidad que el autor inspirado sí está autorizando el divorcio, esta cita especifica que el hermano o hermana ya no está “sujeto a servidumbre”, es decir ya no está obligado a permanecer bajo dicho vínculo matrimonial, lo cual le otorga el derecho legal para divorciarse, en la versión “Dios Habla Hoy”, esta cita es traducida de forma más precisa, pues especifica que “en estos casos”, la persona queda “en libertad” de aquel vínculo matrimonial, notemos como lo expresa:

“Ahora bien, si el esposo o la esposa no creyentes insisten en separarse, que lo hagan. En estos casos, el hermano o la hermana quedan en libertad, porque Dios los ha llamado a ustedes a vivir en paz”. (1 Corintios 7:15. Dios Habla Hoy (DHH))

Entender los principios que fundamentan el matrimonio y el divorcio es de vital importancia, ya que nos permitirá aplicar las citas bíblicas de estos temas, en el contexto al que acertadamente corresponden y también evitará que se utilice un falso celo religioso para justificar la permanencia en relaciones destructivas, que no son más que trampas mediante las cuales Satanás está arruinando a miles de personas.

ELEMENTOS INDISPENSABLES PARA UN MATRIMONIO FELIZ

¿Según Dios, con quién se debe casar cada persona?

Para que un matrimonio sea feliz y exitoso, Dios desea que cada quien se case con una persona con quien se comparta de forma natural y espontanea los siguientes tres elementos:

1) AMOR

“Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol”. Eclesiastés 9:9.

Esta cita nos invita a gozar de la vida con la persona que se ama y por dos ocasiones declara que este gozo debe durar “todos los días” de la vida y precisamente, el único vínculo de pareja que dura toda la vida es el matrimonio; por lo tanto es el propósito de Dios que cada quien se case con la persona que ama y que con ella goce durante “todos los días de la vida”, sin olvidar que dicho amor debe ser mutuo y debe brindar bienestar a los dos miembros de la pareja.

El amor es el elemento indispensable, es el motivo principal por el cual Dios aprueba el matrimonio y cuando alguien se casa sin tener un amor verdadero hacia su pareja, comete un claro pecado a la vista de Dios, pues así lo revela la siguiente cita inspirada:

“El casamiento es algo que afectará vuestra vida en este mundo y en el venidero. Una persona que sea sinceramente cristiana no hará progresar sus planes en esa dirección sin saber si Dios aprueba su conducta. No querrá elegir por su cuenta, sino que reconocerá que a Dios incumbe decidir por ella. No hemos de complacernos a nosotros mismos, pues Cristo no buscó su propio agrado. No quisiera que se me interpretara en el sentido de que una persona deba casarse con alguien a quien no ame. Esto sería un pecado. Pero no debe permitir que la fantasía y la naturaleza emotiva la conduzcan a la ruina. Dios requiere todo el corazón, los afectos supremos”. (El Hogar Cristiano, página 34.3)

2) COMPATIBILIDAD
Dios también desea que se elija como pareja a una persona con quien exista una adecuada compatibilidad en los aspectos fundamentales de su personalidad, es decir, ambos deben poseer valores similares, sus temperamentos deben poder acoplarse fácilmente, deben tener estilos de vida que concuerden y deben tener un propósito de vida común, si estos elementos existen, su relación será satisfactoria y feliz, pero si de forma natural no hay compatibilidad o acuerdo en estos puntos, entonces su relación no funcionará adecuadamente y no podrán andar juntos como una pareja estable, tal y como lo declara el profeta Amós mediante la siguiente pregunta retórica:

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”. (Amós 3:3)

3) TEMOR A JEHOVÁ
Y en definitiva, para lograr que el matrimonio sea feliz para toda la vida, sus contrayentes deben contar con un tercer elemento que es indispensable para el éxito de todo proyecto humano, este aspecto es mencionado por el sabio Salomón en la siguiente cita bíblica:

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”. (Proverbios 31:30)

Autor: Pablo Muñoz | Ecuador

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