Protología y Escatología del Sábado: El Sábado en el Edén y en el Conflicto del Tiempo del Fin

Apr 14, 2017
Juegos Cristianos

INTRODUCCIÓN
La presente investigación expone los aspectos protológicos de la institución edénica del sábado, como también, evalúa su función como sello de Dios en contraposición con la marca de la bestia en el marco del gran conflicto en el tiempo del fin, como es presentado en el libro de Apocalipsis.

PROTOLOGÍA DEL SÁBADO
El sábado data sus orígenes en la creación del mundo, como la culminación gloriosa de los seis días creativos. Así, Génesis 1 presenta una bella estructura literaria,[1] dividida en siete partes, de acuerdo a los siete días de la creación. Esta estructura literaria es construida alrededor de dos sustantivos hebreos que se encuentran en el versículo 2: תֹ֙הוּ֙ (tœhû), que significa “sin forma” o “desordenada” y בֹ֔הוּ (bœhû) que significa “vacía”. Cada una de estas palabras atrae un grupo de tres días de la creación, como se presenta en el siguiente cuadro:

Imagen[2]

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Este paralelismo muestra la correspondencia entre los días de la creación. La idea de “formar”, del término תהוּ֙ (tœhû), está conectado con los primeros tres días y la idea de “llenar” proviene de la expresión בֹ֔הוּ (bœhû) que envuelve los siguientes tres días de la creación. Esta estructura literaria demuestra la belleza, balance y unidad del texto bíblico.[3]

Como acto clímax final de la creación, Dios hizo el séptimo día, separándolo de los otros días y haciéndolo santo. Por lo tanto, el sábado es un palacio en el tiempo. Dios creó un espacio temporal y lo llenó con su santidad. De este modo, en la creación del sábado, ambas columnas de la estructura se encuentran en su punto culminante.

Génesis 2:1-3 refiere cuatro actividades relacionadas al séptimo día: 1) Dios concluyó su trabajo creativo; 2) Dios descansó de todo su trabajo creativo; 3) Dios bendijo este día; y 4) Dios lo hizo santo.[4] Así también, se presenta un quiasmo en estos versículos:[5]

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Este quiasmo en torno al séptimo día muestra que el centro del registro aparece Dios bendiciendo y santificando el sábado con su presencia. La palabra “séptimo día” se repite tres veces, indudablemente para subrayar que con él, la creación ha alcanzado su objetivo, conclusión y perfección.[6]

Esta estructura en torno al capítulo 1 y 2 responde a tres objeciones de silencio en contra del sábado como una ordenanza en la creación:[7]

  1. El primer argumento contra el sábado como una ordenanza es la ausencia del sustantivo שׁבת (shabat) en Génesis 2:1-3, sin embargo, estos versículos refieren tres veces a la frase “séptimo día” (הַשְּׁבִיעִ֔י) y dos veces el verbo shabat (וַיִּשְׁבֹּת֙ en Gn 2:2 y שָׁבַת֙ en Gn 2:3). Tanto el numeral “séptimo” como el verbo “reposar” derivan de la misma raíz שׁבת. Así también, el sustantivo שׁבת está ausente de Ex 23:12 y 31:17, sin embargo, pocos interpretes argüirían que “el séptimo día” en estos textos se refiere a alguna otra cosa que al sábado semanal. Por lo tanto, en base a la base lingüística comparativa si en estos versículos se aplica al sábado semanal, también en Gn 2:1-3 se aplica al sábado semanal.

  2. El segundo argumento contra el sábado como un mandamiento es la ausencia de la referencia a la “tarde y la mañana” en Génesis 2:1-3 como se hace en los seis días de la creación de Gn 1. Sin embargo, no existe razón para una diferencia entre el sábado y los seis días de la semana. Esta variación, en cambio, es un ejemplo de la ruptura del patrón que se repite en la estructura de los seis días de la creación para resaltar la llegada al clímax de la conclusión en el sábado. Además existe una diferencia entre los seis días y el séptimo día, este último día tiene un carácter santo. Así también, cada día de la creación se menciona solo una vez en el registro del Génesis (1:5, 8, 13, 23, 31), sin embargo, el termino séptimo día, se usa tres veces, y estas tres ocurrencias suceden aproximadamente en la mitad de cada una de las tres consecutivas sentencias, dando el énfasis requerido al no mencionar la tarde y la mañana.

  3. El tercer argumento contra el sábado es la ausencia de un explicito mandamiento a observar este día. Sin embargo, la referencia al descanso divino en el séptimo día provee una oportunidad ideal para una orden determinada. La ausencia señala que el pasaje se focaliza en el descanso sabático divino antes que en el humano y por el hecho de que Dios no tenía por qué descansar, revela un modelo establecido para el hombre. Así también, el llamado al descanso sabática para los humanos está implícito en Gn 1:26-27 al registrar que los seres humanos fueron hechos a imagen de Dios en la creación.

El término “Santificó”, וַיְקַדֵּ֖שׁ está en forma piel causativo y enunciativo que significa “lo declaró sagrado”. Esto establece que Dios lo declaró sagrado y lo convirtió en un medio de bendición para la humanidad. Así también, por un lado, el mandamiento del sábado comienza y termina con una invitación reiterada a la santificación del día declarado santo por Dios en la creación (Ex 20:11; cf. Dt 5:15). Y por otro lado, la santidad del sábado se revela en el tabernáculo en Ex 31:13, pues la santidad de ese día es el resultado de la presencia santificante de Dios sobre su pueblo, Este es el último acto creador de Dios. Así, la santidad del sábado sirve como un vínculo entre Dios y los hombres.[8]

De esta manera, lo primero que Dios consagró en este mundo no fue un artículo o lugar, sino un momento en el tiempo. Este único reconocimiento de tiempo santificado y no un templo físico específico, sugiere que los humanos pueden tener relación con Dios en cualquier lugar. Este aspecto universal de la relación con Dios es el centro del sábado.

ESCATOLOGÍA DEL SÁBADO
El sábado en el libro de Apocalipsis aparece en las señales características del pueblo de Dios como están presentadas en Ap 12:17 y 14:12 (Los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio/fe de Jesús). Según la estructura del libro de Apocalipsis, podemos dividir este libro en eventos históricos y proféticos en torno al tiempo del fin.[9] En este cuadro estructural, Apocalipsis 12 es la introducción para lo que vendrá en los siguientes capítulos (13, 14) donde el día de reposo juega un papel fundamental.[10]

Ap 12:17 registra una guerra entre el dragón y el remanente, una guerra que es elaborada en detalle en Ap 13 y 14. Así, Ap 12:17 es un resumen adelantado de toda la crisis del tiempo del fin. Apocalipsis 13 desarrolla la guerra del dragón, mientras Ap 14 explica las características y el mensaje del remanente.[11]

El dragón en la guerra contra el remanente en el Capítulo 13, alista dos aliados: uno surge del mar y el otro de la tierra. Los tres caracteres—dragón, bestia del mar y bestia de la tierra—forman una trinidad impía que intenta falsificar el trabajo de la verdadera trinidad.[12]

El tema básico en conflicto en Ap 13 y 14 es la adoración. En siete diferentes ocasiones (Ap 13:4, 8, 12, 15, 14:9, 11), se refiere a la adoración, tanto al dragón, a la bestia del mar o a la imagen de la bestia. El único llamado a adorar a Dios está en Ap 14:7: “Adorar al que creo los cielos y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. De este modo, el tema en la crisis final de la historia de la tierra es claramente la adoración.[13]

Paulien comenta que el lenguaje de esta afirmación central está basada en el cuarto mandamiento expresado en Ex 20:11: “en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas que están en ellos...” Este lenguaje es reflejado en Ap 14:7: “Adorad a Él que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. Esta relación demuestra que el núcleo decisivo de la crisis final será Ex 20, en relación directa con el sábado como la respuesta a la falsa adoración descrita en los siete versículos.

Una comparación entre el decálogo de Ex 20 y Apocalipsis 13 y 14 en relación con el dragón, la bestia del mar y de la tierra muestra alusiones directas de carácter conceptual:[14]

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De acuerdo con este cuadro, el dragón, la bestia del mar y de la tierra violan directamente los mandamientos concretos del decálogo. Así, la malvada trinidad, primero asume la posición y la adoración de un falso dios trasgrediendo el primer mandamiento. Segundo, blasfeman contra Dios y su nombre. Tercero, construyen una imagen idólatra a la que la gente debe adorar. Y finalmente, la malvada trinidad instaura una marca parecida al sábado (cf. Ex 31:13-17; Ez 20:12, 20). La marca es la culminación del intento de engañar al mundo, recibir su adoración y establecer un tipo falso de pacto. Las leyes que imponen se convierten en mandamientos señal y pruebas de fidelidad y lealtad, muy parecidas a los mandamientos de Dios.[15]

MacPherson comenta que:

...tanto el sábado como la marca de la bestia están centrados en la regulación económica de la vida, el descanso y el trabajo de la gente. Ambos restringen el trabajo, pero por razones diferentes. La marca es punitiva, declarando que «nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca» (13: 17), mientras que el sábado es restaurador y ordena el cese del trabajo para que todos puedan descansar y refrescarse. En la Escritura, dejar de trabajar el sábado es especialmente «no comprar ni vender» (cf. Neh 10: 31; 13: 15-22). Aquí la marca directamente imita al sábado.[16]

Las diferencias entre la marca y el sábado se muestran en el siguiente cuadro:

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De este modo, la marca contrarresta lo que el sábado pretende, siendo una copia triste y opresora del regalo confirmador de la vida que hace el Señor del sábado. Así, cada una, es una señal apropiada que refleja la naturaleza del dador.[17]

Ahora, el trasfondo arquitectónico que usa Juan en los capítulos 12-14, vienen de los cuatro últimos días de la creación en Gn 1, que enfatizan aún más la naturaleza de la rebelión de la bestia contra el Dios creador que instituye el sábado.[18]

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De acuerdo con este cuadro, el cuarto día, Dios crea las lumbreras: sol, luna y estrellas (Gn 1:14-19). En paralelismo, Juan ve, en Ap 12 y 13, la señal de una mujer en el cielo, rodeada con las creaciones del cuarto día: “vestida de sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12:1). Todo está en orden, hasta que el dragón se entromete en la escena celestial y trata de destruir a la mujer (Ap 12:4). Este dragón no tiene paralelo en Gn 1, sin embargo, como la serpiente en Gn 3, el dragón rompe el orden de la creación de Dios. Por lo cual, es expulsado del cielo. Este dragón es la “serpiente antigua que se llama diablo y Satanás” (Ap 12: 9).

El quinto día, Dios crea las aves y los “monstruos marinos”, declarando “produzcan las aguas seres vivientes...según su especie...” (Gn 1: 20-21). En Ap 13, el dragón llama a su propia bestia del mar, con una apariencia de compuesto híbrido (v. 2), que es una abominable distorsión de la voluntad divina de que la creación produjera según su género.

El sexto día, Dios dijo: “produzca la tierra seres vivientes según su especie: bestias, serpientes y animales de la tierra según su especie” (Gn 1:24). Después, Dios crea al hombre a su imagen: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn 1: 26), y le da dominio sobre toda la tierra y todo lo que hay en ella (Gn 1:26-30). Gn 2 registra los detalles de la creación de esta imagen: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente” (Gn 2: 7), entonces, Dios permite a su imagen poner nombre al resto de la creación. El poner nombre a los animales es probablemente una acción que expresa su autoridad y dominio.

En paralelo, Apocalipsis 13 registra una “bestia que subía de la tierra”, pero, como en el anterior caso, también con apariencia de un compuesto hibrido (v. 11), a esta bestia se le da poder para dar aliento a la “imagen de la bestia” (Ap 13:15). A través de esta imagen, el dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra (La falsa trinidad), ejercen dominio sobre toda la tierra (v. 13-15), e intentan poner su nombre sobre todos los habitantes de la tierra a través de la marca de la bestia, que es el clímax de su actividad, e incluye recibir el número de la bestia (v. 16-18).

El séptimo día, Dios, después de evaluar su creación como “buena en gran manera” (Gn 1:31) descansa, bendice y santifica este día (Gn 2: 1-3). Así, el sábado es su sello de aprobación sobre toda su obra. En paralelo, Ap 14, presenta los mensajes de Dios, mencionan específicamente que “Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante... no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre” (Ap 14:9-11). De este modo, aquellos que reciben la marca de la bestia no tienen descanso, en contraposición con la bendición del sábado que permite el descanso. Así, en este contexto, este castigo es apropiado para las actividades antisábado; en contraposición, “los santos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Ap 14:12), reciben una bendición sabática en Ap 14:13. Esta bendición es una promesa para los santos que mueren en el Señor: “descansarán de sus trabajos porque sus obras con ellos siguen” (Ap 14:13). La plenitud del descanso sabático para los que guardan los mandamientos trasciende a la muerte. Estas alusiones están basadas en la bendición original del sábado que hizo Dios y en el descanso de su obra (Gn 2: 1-3).

CONCLUSIÓN
El sábado, sello de Dios, data sus orígenes desde la creación del mundo como corona de su obra perfecta y como monumento en el tiempo para adorar y relacionarse con el Creador. Sin embargo, en los últimos días, el conflicto tendrá como eje principal la adoración al verdadero Dios como se manifiesta en el sello de Dios, el sábado” (Ez 20:12, 20); o la adoración a la falsa trinidad, como se manifiesta en su marca, de una manera seudosabática, el domingo. De este modo, tanto, el libro de Génesis como el de Apocalipsis, presentan la importancia y el rol fundamental que desempeña el séptimo día sábado en el plan de salvación.

Autor: Pr. Joel Turpo

Referencias


  1. Jorí Moskala, “The Sabbath in the First Creation Account”, JATS 13, 1 (2002): 55, 56. ↩︎

  2. Moskala, 57. ↩︎

  3. Ibid., 56. ↩︎

  4. Moskala, 60. ↩︎

  5. Kenneth A. Strand, “La doctrina del sábado” en Teología: Fundamentos bíblicos de nuestra fe, ed. Raoul Dederen, trad. David P. Gullón (Colombia: Asociación Publicadora Interamericana y Gema Editores, 2006), 5:114 ↩︎

  6. Samuele Bacchiocchi, Reposo divino para la inquietud humana: Estudio teológico sobre la actualidad del mensaje del sábado (Berrien Springs, MI: Biblical Perspectives, 1993), 63. ↩︎

  7. Para mayor información véase: H. Ross Cole, “The Sabbath and Genesis 2:1-3”, AUSS 41, 1 (2003): 5-12. ↩︎

  8. Bacchiocchi, 85. ↩︎

  9. Kenneth A. Strand divide el libro en una estructura quiástica, con dos secciones mayores, histórica (1:12-14:20) y escatológica (15:1-22:5). Kenneth A. Strand, “Foundational Principles of Interpretation” en Symposium on Revelation: Book 1, vol. 6, ed. Frank B. Holbrook (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, General Conference of Seventh-Day Adventists, 1992), 28, 29. Así también C. Mervyn Maxwell, Apocalipsis y sus revelaciones (Buenos Aires, Argentina: ACES, 1981), 54-62. Norman Gulley, aunque está de acuerdo, sin embargo considera que Ap 11:19, que presenta el lugar santísimo en el Santuario celestial, marca la transición del primer departamento. El ministerio en el primer departamento, lugar santo, se realiza durante el tiempo histórico. El ministerio en el segundo departamento se realiza durante el tiempo escatológico. De esta manera Gulley ve la división histórica que llega hasta el capítulo 11, y la división escatológica que comienza desde el capítulo 13 hasta el final del libro. Y considera que el capítulo 12 forma un apéndice entre las dos divisiones, que cubre cuatro batallas en el gran conflicto. En este sentido el contenido, más que el quiasmo, es el determinante para las divisiones. Es resaltante destacar que en medio del capítulo 12 se presenta el Calvario (12:10-11). De este modo Si se considera al libro en forma de triangulo, teniendo al lado histórico como el izquierdo el derecho como escatológico, entonces ambos se encuentran en el 12 como ápice estando la cruz en la misma vertical. De esta manera la cruz es decisiva. Norman R. Gulley, “Revelation 4 and 5: Judgment or Inauguration?”, 65. ↩︎

  10. Anthony MacPherson, “La marca de la bestia como un mandamiento señal” y “antisabado” en la crisis de adoración de apocalipsis 12-14”, AUSS 1, 2 (2009): 425-450. Para un estudio estructural de los capítulos 12-14 véase William H. Shea, “The Controversy Over the Commandments In the Central Chiasm of Revelation”, JATS 11, 1-2 (2000): 216-231. ↩︎

  11. Jon Paulien, “Revisiting the Sabbath in the Book of Revelation”, JATS 9, 1-2 (1998): 179, 180. ↩︎

  12. Ibid. ↩︎

  13. Paulien, 179, 180. ↩︎

  14. MacPherson, 442. ↩︎

  15. MacPherson, 443. ↩︎

  16. Ibid. ↩︎

  17. Ibid., 443, 4. ↩︎

  18. La comparación entre Gn 1, 2 y Ap 12-14 se toman de William H. Shea, “The Controversy Over the Commandments In the Central Chiasm of Revelation”, JATS 11, 1-2 (2000): 227, 228; y MacPherson, 445-448. ↩︎

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