El contexto de la cita de la Hna. White sobre los ministros que comen carne

¿Existe una cita de Elena G. de White sobre el hecho que no se debería confiar en pastores que consumen carne?

Esa cita existe, se encuentra parcialmente en la obra Ministerio Pastoral, p. 84 y dice así:

Como mensajeros de Dios, ¿no daremos un testimonio decidido en contra de la complacencia de un apetito pervertido? ¿Harán los que dicen ser ministros del Evangelio, que proclaman la más solemne verdad jamás dada a los mortales, una letrina de su estómago? Dios ha provisto una abundancia de frutas y granos, que pueden ser saludablemente preparados y utilizados en cantidades adecuadas. ¿Por qué entonces, el hombre continúa escogiendo las carnes? ¿Será posible tener confianza en nuestros ministros que se sientan a la mesa a comer la carne con otros? (Pacific Union Recorder, 9 de octubre de 1902.)

Recomiendo que lean esta cita en su contexto original, que es un artículo que EGW preparó para la revista Pacific Union Recorder, del 9 de octubre de 1902 y que usted puede procurarse en el sito de los Archivos Adventistas: http://documents.adventistarchives.org/Periodicals/PUR/PUR19021009-V02-05.pdf [Pág. 12 en adelante]

En Español: Ese material está en inglés pero, Eric Richter del equipo de DA lo ha traducido para ustedes. A continuación pueden leer la traducción:

La Influencia de la Dieta en Concilios y Reuniones por Ellen G. White

Publicado originalmente en el “Pacific Recorder”, 9 de octubre de 1902.

Antes de que nuestros hermanos se reúnan en concilios o juntas directivas, cada uno debe presentarse ante Dios, examinando cuidadosamente su corazón y revisando críticamente sus motivos. Oren para que el Señor pueda revelarse a ustedes, para que no critiquen o condenen insensatamente las propuestas.

Sentados ante las mesas abundantes, los hombres usualmente comen mucho más de que lo pueden digerir fácilmente. El estómago sobrecargado no puede funcionar apropiadamente. El resultado es un sentimiento desagradable de embotamiento en el cerebro. La mente no actúa rápidamente. Y cuando se comen varios tipos diferentes de alimentos en una misma comida, a menudo se produce indigestión. Algunos alimentos no deben mezclarse con otros. Las combinaciones inapropiadas crean disturbios, se produce fermentación, la sangre se contamina y el cerebro se confunde.

El hábito de comer en exceso, o de comer demasiados tipos diferentes de alimentos en una comida, con frecuencia causa dispepsia. Los delicados órganos digestivos se dañan gravemente. En vano el estómago le protesta y le suplica al cerebro que razone de causa a efecto. La cantidad excesiva de alimento ingerido, o la combinación impropia, hace su obra perjudicial. En vano dan su advertencia las prevenciones desagradables. El sufrimiento es la consecuencia. La enfermedad reemplaza a la salud.

Puede ser que algunos pregunten: ¿Qué tiene que ver esto con las juntas directivas? Mucho. Los efectos de comer equivocadamente afectan los concilios y las juntas directivas. La condición del estómago afecta al cerebro. Un estómago desordenado produce un estado mental desordenado e inseguro. Un estómago enfermo produce una condición enfermiza del cerebro y con frecuencia lo induce a uno a sostener con terquedad opiniones erróneas. La supuesta sabiduría de una persona tal es insensatez para Dios.

Presento estos temas ahora, porque se me instruyó que les diga a mis hermanos en el ministerio evangélico: mediante la intemperancia al comer se están descalificando para ver claramente la diferencia entre lo sagrado y lo común. Y con esta intemperancia también revelan que no toman en cuenta todas las advertencias que el Señor les ha dado: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.” (Isaías 50:10-11)

¿No nos presentaremos ante el Señor para que nos salve de toda intemperancia en la comida y en la bebida, de todas las pasiones carnales, profanas, de toda impiedad?

¿No nos humillaremos ante Dios, abandonando todo lo que corrompa la carne y el espíritu, para que podamos tener perfecta santidad de carácter en el temor del Señor?

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Ahora todos estamos siendo examinados y probados. Muchos de que los que han recibido luz preciosa desean regresar a las ollas de carne de Egipto. Muchos que son apoyados por el diezmo de la tesorería del Señor están envenenando la corriente dadora de vida que fluye por sus venas mediante la complacencia propia. Algunos continúan gratificando su deseo por la carne, despreciando la luz y las advertencias que Dios ha dado durante los últimos treinta o treinta y cinco años.

No debemos hacer que el consumo de carne sea una prueba. Pero podemos y debemos analizar la influencia que los creyentes profesos que consumen carne tienen sobre otras iglesias. Aquellos que consumen carne desprecian todas las advertencias que Dios ha dado acerca de esta cuestión. No tienen evidencia de que están caminando en caminos seguros. No tienen ni la más pequeña excusa para consumir la carne de animales muertos. La maldición de Dios descansa sobre la creación animal. Muchas veces cuando la carne es consumida se deteriora en el estómago, y provoca enfermedad. Cánceres, tumores y enfermedades pulmonares son mayormente causados por el consumo de carne.

¿No presentaremos un testimonio firme en contra de la complacencia del apetito pervertido como mensajeros de Dios? ¿Acaso quienes afirman ser ministros del evangelio, proclamando la verdad más solemne alguna vez dada a los mortales, harán de su estómago una letrina? Dios ha provisto abundancia de frutas y granos, que pueden ser preparados de manera saludable y ser consumidas en cantidades apropiadas. Entonces ¿por qué los hombres continúan eligiendo la carne? ¿Podemos tener confianza en ministros que, sentados en mesas donde se sirve carne, se unen a otros para comerla?

Los padres que conocen la verdad acerca de la complacencia del apetito no deberían permitir que sus hijos coman en exceso, o que consuman carne u otros alimentos que excitan las pasiones. El hombre está hecho de lo que come. El consumo de la carne fortalece y excitan las propensiones inferiores, y aumentan su actividad. Los padres deberían descartar todo lo que ponga en peligro la salud física y moral de sus hijos. No deberían servir carne en la mesa. Y si permiten que sus hijos coman carne libremente, que consuman Manteca y huevos, ciertamente provocaron enfermedades de alguna clase, dañando la salud de la mente y el cuerpo. La espiritualidad es debilitada y a menudo destruida.

Padres y madres, vigilen con oración. Eviten estrictamente la intemperancia en cualquiera de sus formas. Enséñenle a sus hijos los principios de la verdadera reforma de salud. La ira de Dios a ha comenzado a visitar a los hijos de la desobediencia. ¡Cuántos crímenes, cuántos pecados, cuántas practicas inicuas se manifiestan en todos lados! Como pueblo debemos ejercer mucho cuidado al proteger a nuestros hijos de amigos depravados.

Si pudiéramos conocer las iniquidades abominables que son practicadas por los miembros de muchas familias que afirman que cristianos, estaríamos mucho más preocupados acerca de la atmósfera espiritual que rodea a nuestros hijos, no solo en las escuelas públicas –incluso en las escuelas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Si los hijos de los guardadores del sábado no cuidadosamente educados línea sobre línea, mandamientos sobre mandamiento; si no se evita que se asocien con niños corruptos, están en peligro de ser corrompidos.

Para poder ser purificados y permanecer puros, los adventistas del séptimo día deben tener el Espíritu Santo en sus corazones y en sus hogares. El Señor me ha dado luz que cuando el Israel de hoy se humille ante Él, y purifique el templo de su alma de toda impureza, Él escuchará sus oraciones a favor de los enfermos, y los bendecirá en el uso de sus remedios para las enfermedades. Cuando con fe el agente humano hace todo lo que puede para combatir la enfermedad, usando los métodos simples que Dios ha provisto, sus esfuerzos serán exitosos. “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra” y “el mundo y su plenitud” (Sal. 89:11).

Si el pueblo de Dios, después de toda la luz que se le ha dado, aún atesora hábitos incorrectos, complaciendo el yo y negándose a reformarse, sufrirán las consecuencias seguras de la transgresión. Si están determinados a gratificar el apetito pervertido a cualquier cosa, Dios no obrara milagros tras milagro para salvarlos. Ellos yacerán en dolor.

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”. (Santiago 3:1-10)

¡Deben guardar diligentemente los mandamientos del Señor nuestro Dios! Todo aquel que transgreda las leyes de la salud ciertamente será visitado por el desagrado de Dios. ¡Oh, cuánto del Espíritu Santo tendríamos día a día si camináramos cuidadosamente, negando el yo, y practicando las virtudes del carácter de Cristo!

“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” (Deuteronomio 10:13).

Creo, no obstante, que hay que ser cuidadoso en la manera como interpretamos esta cita y la usamos, porque podemos fácilmente utilizarla de manera contraria a las intenciones de la autora.

Primero, la declaración es dada de manera retórica, como pregunta. Evidentemente, es presentada para despertar la reflexión personal de los líderes eclesiásticos en cuanto a su condición personal respecto a este asunto, y no es un llamado a los miembros a no confiar en los pastores que consumen carne, a manera de boicot.

Segundo, en el artículo EGW es cuidadosa de señalar que no debemos hacer del consumo de la carne una prueba de discipulado. Pero sí debe considerarse la influencia que los creyentes que consumen carne tienen sobre otros en las iglesias. Nuevamente, creo que es un llamado al autoanálisis de los líderes y de los miembros de iglesia que consumen carne, a la luz de todo el conocimiento que tenemos en alimentación sana, no poniéndolo en práctica.

Tercero, creo que el consumo de carne no es una prueba determinante de fidelidad a Dios, porque todos estamos en un proceso de crecimiento (o estancamiento) espiritual. Dos incidentes históricos ilustran lo que quiero decir: EGW tuvo un proceso largo de abandono total del consumo de la carne, y no por esto el Señor la rechazó o condenó, sino que la fue guiando a más luz a través de su vida. El Dr. Kellogg que era un estricto vegetariano, tuvo enfrentamientos muy duros con el cuerpo pastoral de su época por varios motivos, siendo uno de ellos el que varios de estos pastores seguían consumiendo carne. EGW no apoyó a Kellogg en estos conflictos sino que dio su apoyo a los líderes pastorales de la iglesia, porque vio que Kellogg había tomado un rumbo espiritual equivocado, lleno de orgullo y ambición, que lo llevó fuera de la iglesia.

Cuarto, no creo que este asunto sea un tema menor. El tema de la temperancia y el dominio propio que desarrolla EGW en este artículo es solemne y muy claro porque tiene importantes implicancias espirituales. Creo que ser vegetariano es importante para todo pastor y todo miembro de iglesia y el ideal de Dios es que lo alcancemos todos. Pero de poco sirve ser vegetariano si no tenemos dominio propio y estamos con sobrepeso, dormimos poco, no hacemos ejercicio, etc.,  y de este modo damos un pobre ejemplo en este asunto a nuestros hijos. Todos estos aspectos que EGW desarrolla en este artículo deben ser tomados en consideración juntos.

Fraternalmente,

Pr. Sergio Becerra, director del Centro de Investigación White, en Argentina.