Semana Santa: ¿Cómo llega hasta nuestros días?

Los acontecimientos que ocurrieron durante la última semana de Cristo sobre la tierra constituyen la esencia del evangelio.1

La Semana Santa, conocida también como Semana de la Pasión, es una celebración anual que conmemora los acontecimientos de la última semana de la vida de Jesús sobre la tierra. Comienza con el Domingo de Ramos y celebra otros días importantes, como el Jueves Santo, que recuerda los eventos ocurridos en el aposento alto, entre ellos la institución de la Cena del Señor. El Viernes Santo conmemora la muerte de Jesús, y es considerado el día más solemne de la semana por haber ocurrido en ese día el sacrificio expiatorio de Cristo por los pecados del mundo. Concluye con el Domingo de Resurrección, o Domingo de Pascua, en el que se celebra el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado.

En este artículo examinaremos el significado y el desarrollo histórico de esta celebración cristiana.

La Semana Santa y la Pascua

La muerte de Cristo ocurrió durante la fiesta de la Pascua, una de las tres fiestas anuales establecidas por Dios en el Antiguo Testamento para conmemorar la liberación de Israel de la esclavitud egipcia. Esta fiesta empezaba el 14 del mes de Abib —conocido posteriormente como Nisán— en el primer mes del año (Éxodo 12:2, 14; 13:4). Jesús, como en años anteriores, decidió asistir a esta fiesta, a la que debía presentarse “todo varón delante de Jehová el Señor” (Éxodo 23:14-17).

La celebración empezaba con el sacrificio vespertino de un cordero que debía comerse con hierbas amargas y pan sin levadura (Éxodo 12:8). Además de ser un memorial del éxodo de Israel, el sacrificio de la Pascua simbolizaba el sacrificio de Cristo, “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (S. Juan 1:29).

La conexión de la fiesta de la Pascua con Cristo es subrayada por Pablo, quien presenta al Señor como “nuestra pascua”, sacrificada por nosotros, e invita a los lectores a limpiarse de la “vieja levadura” de manera que podamos ser “nueva masa” en Cristo (1 Corintios 5:7). Juan también conecta al cordero de la Pascua con Cristo, con el hecho de que ningún hueso de la víctima debía quebrarse (Éxodo 12:46; S. Juan 19:36).

Así como la Pascua es una de las fiestas anuales más importantes para los judíos por la liberación de la esclavitud que representa, la Semana Santa lo es para los cristianos, por la liberación del pecado que otorga el sacrificio de Cristo.

La fecha de la Semana Santa

La fiesta de la Pascua bíblica empezaba siempre el día 14 del primer mes de Abib, sin importar el día de la semana. Según los Evangelios, Cristo murió un viernes, día de preparación para la observancia del sábado (S. Lucas 23:54), y resucitó el primer día de la semana (S. Lucas 24:1). Estudios cronológicos de Cristo en su última Pascua afirman que su entrada triunfal ocurrió el domingo, 9 de Abib, que murió el viernes, 14 y que resucitó el domingo, 16 del mismo mes.2

El hecho de que las fechas de un año no coinciden siempre con el mismo día de la semana en otros años, causó mucha polémica con la observancia de la Semana Santa. Conforme al calendario bíblico de la Pascua, la festividad no podía empezar siempre en el primer día de la semana, como algunos preferían. Después de mucha discusión y muchos debates, el Concilio de Nicea (325 d.C.) determinó que la resurrección de Cristo debía celebrarse siempre en el domingo más cercano a la fecha de la Pascua bíblica, sin importar la fecha del año.3

Actualmente, la Semana Santa sigue la tradición católica de empezar la celebración un domingo, con la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, y concluir el domingo siguiente con la celebración de su resurrección.

Para la Iglesia Católica, la victoria de Cristo sobre la muerte en el primer día de la semana fue tan importante que llegó a adoptarlo como día de reposo semanal, y rechazó el día de reposo bíblico, el sábado, el séptimo día. Debe observarse que los discípulos de Cristo guardaron el día de reposo bíblico en la semana de su muerte (S. Lucas 23:50-56; 24:1-3), y que la observancia del domingo como día de reposo no tiene apoyo bíblico.

La observancia del domingo como día de reposo recibió un gran empuje con un edicto del emperador Constantino, quien prohibió ciertos trabajos en ese día, y se cimentó como día de reposo con las Decretales del papa Gregorio IX (1234 d.C.). Estas decretales oficialmente ordenaban la observancia del domingo como día de reposo.4

El inicio de la Semana Santa contemporánea

Los primeros cristianos no mostraron interés litúrgico en todos los acontecimientos asociados con la muerte de Cristo. Su interés se concentró en su muerte expiatoria y su resurrección y en la redención que Cristo otorga a sus seguidores. Con vehemencia, Pedro y Pablo proclamaron estos acontecimientos (Hechos 2:29-38; 1 Corintios 1:23; Romanos 6:3-7).

Fue hasta el siglo IV cuando la Semana Santa empezó a celebrarse en Jerusalén con procesiones y dramatizaciones de los acontecimientos ocurridos durante aquella gloriosa y terrible semana. Jerusalén fue el sitio ideal, pues para ese tiempo ya existían altares en los lugares donde presuntamente Cristo fue crucificado y sepultado. El Domingo de Ramos, el Jueves Santo, el Viernes de Crucifixión y el Domingo de Resurrección eran los días más destacados de la Semana Santa en el siglo IV.

Descripciones detalladas de la Semana Santa celebrada en Jerusalén en el siglo IV son presentadas en el diario de una monja española conocida como Egeria, quien registró los eventos diarios de esta semana en 383 d.C. Según Egeria, la semana empezaba con una procesión que partía del Monte de los Olivos hacia Jerusalén, en la que los niños agitaban palmas al entrar en la ciudad. El obispo de la ciudad representaba a Jesús. Egeria añade en su diario que el jueves se celebraba la eucaristía y que el viernes de crucifixión se dedicaban cuatro horas de veneración.5

Posteriormente, las dramatizaciones de Semana Santa en Jerusalén se diseminaron a otras comunidades circunvecinas. Para el siglo VI, las iglesias de Roma y Constantinopla habían adoptado las liturgias asociadas con la Semana Santa y las exigieron en todas las iglesias de su vasta jurisdicción.6 En el siglo XX, la Semana Santa fue altamente restaurada por el papa Pío XII en 1956 y por el Concilio Vaticano II (1962-1965).7

Conclusión

Aunque está basada en eventos bíblicos de la vida de Cristo, la Semana Santa no es una fiesta establecida por las Escrituras para ser conmemorada por los cristianos. No obstante, esta celebración anual ofrece a la cristiandad una excelente oportunidad para celebrar y proclamar la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y Satanás. Los eventos que ocurrieron durante la última semana de Cristo sobre la tierra constituyen la esencia del evangelio: Cristo murió por nuestros pecados para que podamos ser salvos.

Dentro del marco de esta semana memorable, el viernes conmemora la muerte de Jesús, fundamento de la salvación del hombre. El sábado celebra el descanso del Redentor, símbolo de la paz recibida por la muerte expiatoria de Cristo (Hebreos 4:4, 9). Y el domingo simboliza el poder del Salvador sobre la muerte, evocando un mensaje de esperanza para todos los hombres.

Autor: Dr. Ricardo Norton

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Referencias

  1. Tomado de El Centinela® abril, 2014.

  2. Ver la tabla cronológica de la crucifixión en relación con la Pascua que aparece en el Comentario bíblico adventista del séptimo día, vol. 5, p. 222.

  3. Scott P. Richert, How is the date of Easter calculated? Web.

  4. Bromiley, Geoffrey, ed. The International Standard Bible Encyclopedia (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans Publishing Company, 1988), “Sabbath”, tomo 4, p. 252.

  5. Eventos detallados de cada día de la Semana Santa son registrados en publicaciones del diario de Egeria, tales como, Eteria, Egeria, Itinerario/Itinerarium Egeriae (Valladolid, España: Maxtor).

  6. Nathan Mitchell, “Holy Week”, en McBrien, Richard (ed.), The Harper Collins Encyclopedia of Catholicism (New York: Harper Collins, 1995).

  7. Resumen de la historia de Semana Santa por McBrien, profesor de Teología en la Universidad de Notre Dame. Web.