Orígenes Engañosos de las Interpretaciones Futurísticas del Anticristo

Seguramente algún rey poderoso o un emperador se levantarían para reprimir la rebelión Protestante. Ciertamente se podía depender de los monarcas europeos para adherirse al llamado de advertencia del Papado. Nunca antes habían dejado de responder a su llamado, pero en vano una sucesión de Papas desde León X hasta Pablo III solicitaron tal apoyo. Aun el poderoso Carlos V del Sacro Imperio Romano pareció vacilante e indeciso acerca del papel que él debería jugar en la defensa de la Iglesia. De hecho, hubo momentos cuando él dio la apariencia de estar en oposición a la Iglesia. Quizás se debió a su juventud, pues cuando Lutero estaba delante de él en la Dieta de Worms, Carlos V tenía tan sólo veintiún años de edad.

En términos generales, los papas habían subestimado por completo la profundidad del peligro de su impopularidad en Alemania, y así también el creciente descontento en Escandinavia, Suiza, Inglaterra, Escocia y otras partes de Europa. El Papado no estaba psicológicamente preparado para el rechazo total y permanente de su autoridad. Eventualmente se hizo obvia la dolorosa evidencia de que las nuevas Iglesias Protestantes, que se establecieron, fueron mucho más que grupos descarriados y que iban a estar permanentemente separadas del Papado y sus excesos.

Cuando los monarcas de Europa fallaron en dar su esperado apoyo, como habían hecho tan a menudo en el pasado, la magnitud del cisma se hizo evidente para Papado. Pero no fue sino hasta 1545 que el Papado estuvo en posición para responder a los grandes retos de la Reforma Protestante. Habían transcurrido 28 años desde que Lutero había clavado sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Para entonces, el Papado sabía que requeriría una estrategia totalmente nueva y diferente si acaso alguna vez la Reforma Protestante fuera a ser sacada del camino por el cual iba y los innumerables desertores fuesen traídos de vuelta a la soberanía de Roma.

Escogiendo la ciudad de Trento, en el norte de Italia, los obispos de la Iglesia se reunieron durante un período de dieciocho años en lo que se convirtió, casi indudablemente, en el concilio más famoso en la historia del catolicismo. Tratando de corregir algunos de los excesos más extravagantes de la Iglesia, los prelados se movieron sólidamente detrás de sus doctrinas apóstatas. Quizás, el esfuerzo más enérgico ejercido, fue buscar una forma de destruir la identificación por parte de los protestantes, de la Iglesia Católica Romana como el anticristo histórico de la profecía.

Los reformadores Protestantes no convinieron en cada aspecto de la verdad bíblica, pero en un punto hubo unidad inmodificable: Lutero, Melancthon, Zwinglio, Calvino, Knox, y antes que ellos Wycliff, Huss, y Jerónimo, habían señalado con precisión a la Iglesia Católica Romana como el anticristo de la profecía bíblica. Claramente, el Protestantismo no podría ser traído de nuevo al seno de Roma sin que antes esta identificación pudiera ser destruida. Sin embargo, durante los dieciocho años de reuniones del Concilio de Trento, ni una sola identificación alternativa creíble fue establecida por los obispos. Finalmente la tarea monumental de intentar fabricar una identificación alternativa creíble del anticristo bíblico fue dada a la Intelligentsia, la recién establecida orden de la Iglesia Católica Romana, los Jesuitas. Adicionalmente pasarían veintidós años después de la conclusión del Concilio de Trento antes que un engaño con posibilidades de éxito fuera encontrado. Así, desde el comienzo del Concilio de Trento, se habían requerido cuarenta años para idear una teoría por la cual la Iglesia Católica Romana podría tratar de subvertir la seguridad Protestante que la Iglesia Católica Romana era el anticristo profético. La dificultad de la tarea puede ser apreciada en el hecho de que las mentes utilizadas en esta tarea fueron aguzadas por Satanás.

El brillante Jesuita español, Francisco Ribera, completó su tesis engañosa en 1585. Su tesis identificó al anticristo de la profecía bíblica, no como el Papado histórico, sino como un individuo controlado satánicamente que surgiría al final del tiempo para gobernar durante siete años en el templo reconstruido en Jerusalén; y quien, durante los últimos tres años y medio, perseguiría despiadadamente tanto a cristianos como a judíos. Para establecer esta teoría, Ribera tuvo que alterar una de las más básicas y ampliamente aceptadas comprensiones de interpretación bíblica, el principio de día por año, lo cual manifiesta que una profecía de 1260 días, por ejemplo, debe ser interpretada como 1260 años. Este principio fue bien comprendido por los judíos pre-cristianos, quienes andaban buscando el tiempo del cumplimiento de Daniel, Cap. 9, en la llegada del Mesías, justamente en el tiempo en que Él nació (Lucas 2:25, 26).

El principio de día/año fue plenamente comprendido por muchos en los inicios de la Iglesia Cristiana. Atanasio, obispo de Alejandría en el siglo cuarto, trató de convencer a los judíos que Cristo es el Mesías, usando el principio día/año para interpretar las profecías de Daniel. Era obvio que Ribera no podría usar el mismo principio, pues claramente identificaría el reinado medieval del Papado como el anticristo de la profecía.

Las teorías jesuitas asumen como premisa a un solo individuo como el anticristo. Ya que ninguna persona puede vivir 1260 años o 2300 años, el principio examinado y probado de día/año debe ser negado para hacer el engaño creíble. En seguida, la tesis traicionera de Ribera había conducido a la separación ilógica y totalmente inaceptable de la septuagésima semana de la profecía de setenta semana de Daniel 9 de las otras sesenta y nueve semanas. Con poca consistencia, el principio día/año es usado colocando esta semana final como un período de siete años durante el reinado del supuesto anticristo. Pero, irónicamente, los mismo eruditos toman la profecía de 1260 días de Daniel y el Apocalipsis y, usando días literales en vez de los días proféticos, los coloca dentro del marco de la mitad del reinado de siete años del supuesto anticristo del tiempo del fin. La inconsistencia de usar el principio de día/año para un período de tiempo, y el tiempo literal para otro, es obviamente una exégesis pobre. Hay una sola razón para desviarse del principio de día/año, y es para apoyar los sofismas traicioneros de Roma en su intento de traer de vuelta a toda la Cristiandad bajo su autoridad.

La tesis de Ribera, escrita en el latín, fue publicada en 1590 y fue pronto enviada a todas las universidades principales de Europa. Allí las copias se guardaron como bombas de tiempo a punto de estallar, pues los Protestantes de la Reforma no fueron impresionados o influenciados por esta tesis. Pasaron dos siglos antes de que la tesis empezara su trabajo nefasto entre los grupos Protestantes de la reforma.

– Brothers Standish

Nota de DA: Tenemos dos temas sobre el principio de día por año en la profecía:

El principio de día por año por William Shea

El principio de día por año