La Paciencia de los Santos | Un enfoque desde la perspectiva de Job

Job es uno de los libros más enigmáticos y más fascinantes de toda la Biblia. Para Luis Alonso Söckel, “el libro de Job es una cumbre de la literatura universal. Como Edipo, Hamlet, don Quijote o Fausto, su protagonista se ha convertido en punto de referencia, prototipo de una actitud ante la vida”[1]. Su tema central gira en torno a la problemática del sufrimiento y cómo éste no tiene una correspondencia de parte de Dios; la pregunta principal de todo el libro es, ¿por qué los justos sufren?, en contraposición con lo que siempre se ha creído, a decir, el sufrimiento es el efecto de una mala decisión. Después de todo, es eso lo que sus amigos argumentaban en contra de él.

La tradición judía, en el exilio, posicionó a Job junto con Noé y Daniel (Eze 14:14). Es evidente que para los hebreos el libro de Job era un libro especial. La literatura del Qumran pareció darle un cuidado especial a este libro[2]. Además, y por otro lado, antes que Job fuese escrito, ya se conocía en las culturas del Antiguo Cercano Oriente[3] textos relacionados al problema del sufrimiento injusto[4]. El trasfondo cultural es evidente y por lo mismo la providencia decidió implementar una narrativa que demostrara la intención de Dios y el telón de fondo del sufrimiento. Este concepto de sufrimiento nos lleva a pensar que habrá una liberación escatológica por parte de Dios a quienes sufren injustamente. La idea de que Job pueda tomarse como una aplicación escatológica al remanente final no es antojadiza sino hermenéutica. Varias conexiones son dadas en la primera parte de este artículo, para evidenciar que sí hay una correspondencia apocalíptica con el libro de Job; entre este y el remanente final. Nuestra intención, por lo tanto, es mencionar que la forma literaria de Job y el trasfondo cultural son aplicables a la escatología.

Ahora bien, el mensaje de los 3 ángeles presenta la última advertencia que Dios dirige a la humanidad para arrepentirse y prepararse para la segunda venida de Cristo. Incluida en el mensaje del tercer ángel se encuentra la declaración del versículo 12, donde encontramos una verdadera definición de las características de “los santos”, aquellos que sí se encontrarán apercibidos para la llegada de su Señor en gloria y majestad.

En el presente artículo nos concentraremos en la primera de esas características, la paciencia de los santos. Veremos cómo dicha característica se vio re ejada en forma especial en un personaje bíblico especí co como fue Job, y estudiaremos cómo los primeros versículos, y la estructura del libro de Job, nos enseñan respecto a la paciencia de los santos en el contexto de la gran crisis final delineada en el Apocalipsis.

ASPECTOS TRASCENDENTALES SOBRE EL SUFRIMIENTO

La literatura bíblica enfatiza que el sufrimiento fue una consecuencia del pecado. En Génesis 3:14-19 es donde encontramos por primera vez palabras explícitas como “maldita”, “herirá”, “dolor[es]”, lo cual evidencia una consecuencia del pecado. Por otro lado, hay otras frases que demuestran sufrimiento implícito en sus declaraciones como, “espinos y cardos te producirá”, “polvo eres, y al polvo volverás”, etc.

Todas estas terminologías encontradas en el primer juicio de Dios, demuestran que el pecado trajo como consecuencia el sufrimiento. Esta actitud intrínseca de sufrimiento se ve re ejada a lo largo de toda la literatura bíblica. No obstante, es el libro de Job, el que nos pone en jaque el tema del sufrimiento, pues sus primeras palabras nos advierten que Job era un “hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1:1). ¿Cómo es posible, entonces, explicar que el sufrimiento es causa del yerro humano? Job se encarga de darnos esa respuesta.

“LA TEORÍA DEL TODO” SOBRE EL SUFRIMIENTO

A causa de lo anterior, debemos concluir que hay dos tipos de sufrimientos. En primera instancia está el sufrimiento por causa y efecto “micro-cósmico”, y el segundo, está el sufrimiento por causa y efecto “macro-cosmológico”. La primera idea de sufrimiento (“micro-cósmico”) explica que hay un patrón causa y efecto de todo aquel que yerra. Ejemplo de esto está el mismo caso del Edén, que, en definitiva, es la causa primaria de todo el sufrimiento; otros ejemplos lo vemos en David, quien tuvo que perder un hijo a causa de su pecado (2 Sam 12:15-24). Por otro lado, tenemos la causa del sufrimiento “macro-cósmica”. Lo que quiere decir esto, es que dentro de este mundo siempre habrá sufrimiento, la causa primaria del sufrimiento, como lo dijimos más arriba fue la caída en el Edén, y producto de ello no importa qué tan “temeros de Dios” uno puede llegar a ser, el sufrimiento siempre existirá para todos; José por ejemplo, sufrió sin poder tener elección alguna. Los desterrados como Daniel en el exilio de Babilonia sufrieron sin tener una elección. El mismo Cristo sufrió sin tener participación con el pecado. Estas cuestiones filosóficas del sufrimiento responden a la inquietante pregunta que muchos hoy cuestionan: ¿por qué Dios permite el sufrimiento en personas “justas”?, ¿por qué Dios “permite”, que niños mueran de hambre día a día? Pareciese que Dios fuese uno distante y que no se preocupa por sus criaturas; lo cierto es que el libro de Job responde a esta inquietante pregunta. La teoría del todo del sufrimiento, por ende, podría resumir y concluir que justos e injustos sufren de la misma forma; pero el fin de cada uno, no es el mismo.

ASPECTOS LITERARIOS PARA ENTENDER EL LIBRO DE JOB

Debemos tener en cuenta que la literatura Bíblica se restringe a un patrón cultural y está inmiscuida en él. No podemos comparar el estilo literario del Pentateuco con las cronologías, ni mucho menos la narrativa histórica con una predicción profética o poética. Cada libro de la Biblia posee una característica literaria. Job pertenece a la literatura sapiencial del Canon Hebreo, este aspecto literario es compartido por Proverbios, Eclesiastés y parte de los Salmos. Dichos libros, proveen una explicación sapiencial para los problemas de la vida y resuelven muchos problemas losó cos en la experiencia cristiana.

El libro de Job está escrito en verso, aunque su prólogo y epílogo lo está en verso. David Dorsay[5] propone una estructura reveladora para el entendimiento de este libro:

A Prólogo: sufrimiento de Job (12:1-2:13)
B Hablar introductorio de Job: desea nunca haber nacido (3:1-26)
C Ciclo de diálogos entre Job y sus tres ancianos amigos (4:1-27:23)
D CENTRO: poema acerca de la Sabiduría(28:1-28)
C’ Ciclo de diálogos sumarios por Job y su joven amigo (29:1-37:4)
B’ Hablar conclusivo de Dios: el nacimiento y la vida están bajo el control de Dios (38:1-42:6)
A’ Epílogo: sufrimiento de Job revertido (42:7-17)

Como puede apreciarse, el centro de todo el libro está dado en el “poema acerca de la Sabiduría” (28:1-28). Es lógico pensar que el centro del libro es la búsqueda de la Sabiduría que argumenta Job, pues, para los sapienciales, es la base de la relación de la humanidad y Dios. Job nos dice que “he aquí que el temor de del Señor es la sabiduría; y el apartarse del mal, la inteligencia” (28:28). La conclusión de Job – y la de sus libros compañeros (Prov.1:7; Ecle 12:13) – acerca del “temor” de Dios se contrapone interesantemente con el mensaje del primer ángel (Apoc.14:7). Así, para poder entender el clamor “temed a Dios” del primer ángel (Apoc.14:7), debemos por consiguiente relacionarlos con las conclusiones sapienciales de la Biblia. El sufrimiento del remanente final (Apoc.14:12) también podría unirse con el de Job. Después de todo, Santiago une la “perseverancia” de los cristianos con la de Job (San 5:11), esta ὑπομονὴν[6] es la misma usada en Apoc.14:12 para advertir el sufrimiento y perseverancia de los santos.

LA PACIENCIA DE JOB REFLEJADA EN VIRTUDES CRISTIANAS

Como decíamos anteriormente, Santiago, refiriéndose a Job, escribe respecto a la paciencia como una virtud cristiana. Él dice: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y a rmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca… Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:7-8, 10-11). Es notable que la paciencia que Santiago elogia es aquella que aguarda “la venida del Señor”, pero también “la lluvia temprana y la tardía”, lo cual relaciona esta paciencia con los eventos del derramamiento del Espíritu Santo y con la segunda venida. Los santos pacientes están preparados para ambos eventos. Posteriormente asocia la paciencia con la a icción, mencionando como ejemplos a los profetas del Antiguo Testamento. Y finalmente menciona por nombre a Job, como ejemplo de paciencia. También implica que la historia de Job como tal es un ejemplo de cómo adquirir tal paciencia, ya que gracias a esa historia podemos conocer “el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”. Podemos conocer el fin del conflicto mediante el libro de Job.

El carácter de Job está presentado en el pasaje anterior como un ejemplo de paciencia. Por lo tanto usaremos la vida de Job para obtener qué es lo que “la paciencia de los santos” quiere decir para Juan. La palabra griega para “paciencia” es jupomoné, que viene de la palabra jupoméno, que significa “permanecer, quedarse bajo, resistir, perseverar”. Sinónimos de esa palabra son resistencia, constancia. Se trata, según el signi cado, de una paciencia especial, una que no sólo espera algo, sino que también soporta algo. Va asociada al concepto de pruebas, a icciones o sufrimientos. Es una paciencia sufrida. Nos hace pensar en el texto de 1 Corintios 13:4, 7: “El amor es sufrido… Todo lo sufre… todo lo espera, todo lo soporta”. Como veremos más adelante, el amor es el eje central de las características del remanente. La palabra jupomoné es traducida también como “perseverancia” en textos como Lucas 8:15 y Romanos 2:7, como “sufrimiento” en 2 Corintios 1:6 y como “constancia” en 1 Tesalonicenses 1:3. Se traduce como paciencia asociada a “tribulación” o “prueba” en múltiples textos del Nuevo Testamento (Rom 5:3; 2 Cor 6:4; 2 Tes 1:4; Stg 1:3; 5:12; Apoc 1:9). Está incluida en el sermón apocalíptico de Jesús en medio de las persecuciones venideras (Luc 21:19). Santiago la relaciona al concepto de perfección (Stg 1:4). Por el sólo análisis de palabras vemos que la paciencia que la Biblia nos pide es una paciencia que soporta las pruebas y tribulaciones (con especial énfasis en las pruebas del tiempo del fin), que persevera o se mantiene en su mismo lugar pese a las circunstancias adversas, que es motivada por el amor y que constituye al hijo de Dios en un ser perfecto ante sus ojos.

Un análisis de las características que se muestran en Job 1:1 nos llevará a completar la descripción anterior. En este versículo inicial se nos cuenta que Job era un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.”. Estas cuatro características contienen valiosas lecciones para nosotros hoy. Es destacable el hecho de que Job ya poseía estas virtudes cristianas antes de ser probado, lo cual nos reafirma que el tiempo de angustia no es el tiempo para desarrollar las virtudes cristianas, sino que el tiempo en que tales virtudes obtenidas en el tiempo de gracia saldrán a relucir. Y por lo tanto, una primera conclusión preliminar es que estamos viviendo en el tiempo donde debemos pedir que el Espíritu Santo desarrolle estas virtudes, el fruto del Espíritu (Gal 5:22-23) en nosotros.

Job era perfecto

La primera característica que se menciona sobre Job es que era “perfecto”. Lejos de intentar describir esta cualidad de acuerdo a nuestra idea de perfección, la cual se asemeja a la “impecabilidad”, debemos dejar que la Escritura defina lo que es perfección. La palabra hebrea usada en Job 1:1 es tam, que se define como “completo, íntegro, recto”. La encontramos repetida seis veces en el libro de Job (1:1, 8; 2:3; 8:20; 9:20, 22), y una vez en Proverbios 29:10, siempre siendo traducida como “perfecto”; dos veces en el Cantar de los Cantares como “perfecta” (5:2; 6:9). Y dos veces en los Salmos, siendo traducida como “íntegro” (37:37; 64:4). Sin embargo, otra palabra relacionada con la anterior, tamim, es aún más aclaradora en cuanto al signi cado de la perfección bíblica. Génesis 6:9 dice que Noé era “perfecto en sus generaciones”. Junto a esa declaración dice que Noé era “justo”, y que “caminó con Dios”. Esta idea de justicia divina y de caminar con Dios se reitera en Génesis 17:1, donde Dios invita a Abram a “andar delante de Él” y “ser perfecto”. Sabemos que Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia (Gen 15:6), por lo cual la justicia y el caminar con Dios marcan esta característica de la perfección bíblica. De hecho, Salmos 101:6 menciona la perfección como un camino por el cual andar, y el Salmo 119:1 menciona que ese camino es la Ley de Jehová. Los libros de Éxodo y Levítico mencionan esta expresión como “sin defecto” para referirse a los sacri cios animales. Además, Levítico 23:15 y 25:30 traducen tamim como “entero” o “completo”. Deuteronomio 18:9 al 14 menciona la perfección al centro del mensaje de no practicar las abominaciones de las naciones paganas.

El Nuevo Testamento también nos da vislumbres sobre la perfección. 1 Corintios 13:10, Efesios 4:13 y Filipenses 3:12 mencionan la perfección como algo que llega a estar completo. Colosenses 3:14 asocia al amor con la perfección, misma idea que Jesús repitió al joven rico (Mat 19:21). 2 Timoteo 3:17 dice que el hombre de Dios es perfecto cuando está “enteramente preparado para toda buena obra”.

Cuando tomamos todas estas descripciones, llegamos a concluir que la perfección bíblica incluye los conceptos de integridad y rectitud, de un estado completo, que incluye todos los aspectos del ser humano. Incluye la idea de estar en acuerdo con la justicia divina, de caminar en los caminos de Dios, cumpliendo su divina Ley de amor, y de apartarse de los caminos del mal. El hombre perfecto ante Dios está justi cado ante Él, y está capacitado con amor para obrar y cumplir la Ley de Dios.

Job era recto

Además de la idea de perfección, se nos menciona que Job era un hombre recto. La palabra que se traduce como “recto” en este pasaje es yashar, la cual se traduce así en 94 pasajes del Antiguo Testamento, encontrando otras traducciones como “bien” (Num 23:27; Deut 12:8; Juec 17:6; 21:25; Jer 40:4), “derecho” (Esd 8:21; Sal 107:7; Prov 12:15; 14:12; 16:25; Jer 31:9; Eze 1:7, 23; Miq 3:9), “justo” (Job 23:7; Sal 37:37; Prov 3:32) e “íntegro” (Sal 33:1). Tal gama de palabras nos da la idea de un hombre que sigue el camino de Jehová “sin apartarse a derecha ni a izquierda” (2 Rey 22:2), tal como Josías lo hizo; un hombre que es íntegro y que vive de acuerdo a la justicia de Dios. Entre los 94 pasajes mencionados arriba, merece una mención especial Éxodo 15:26: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”. Este versículo sigue el patrón de paralelismo de la literatura hebrea, donde un mismo elemento se reitera con otras palabras para entregar una idea ampliada de lo que se quiere decir. Entregamos el siguiente esquema gráfico de Éxodo 15:26:

A1. Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios A2. e hicieres lo recto delante de sus ojos

B1. y dieres oído a sus mandamientos B2. y guardares todos sus estatutos

C. ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti

D. porque yo soy Jehová tu sanador”.

Nótese que tenemos cuatro partes principales en el versículo: A y B describen las condiciones de la cláusula, precedidas por el condicional “si”; C describe el bene cio o parte a cumplir por Dios, y D describe la condición que hace que Dios cumpla dicha cláusula. Si nos concentramos en las condiciones A y B, vemos que ambas están formadas de dos partes (1 y 2), y que existe un paralelismo entre las partes de iguales números (A1 con B1; A2 con B2). Y es aquí donde encontramos el signi cado de rectitud bíblica: oír la voz de Jehová (A1) es lo mismo que dar oído a sus mandamientos (B1), puesto que Dios habla al hombre mediante su santa Ley. Y tenemos que hacer lo recto ante los ojos de Dios (A2) es lo mismo que guardar todos sus estatutos (B2). La rectitud bíblica tiene que ver con la obediencia a los mandatos divinos, con particular énfasis en la Ley de los 10 Mandamientos. El hombre es recto ante Dios cuando vive de acuerdo a su voluntad, expresada en su Santa Ley. Jesús enseñó en la parábola del sembrador que el buen terreno donde la semilla crece y da fruto son aquellos que “con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan frutos con perseverancia” (Luc 8:15). Tanto en Éxodo como en Lucas, la rectitud se asocia a oír algo y luego hacer algo: oír la voluntad de Dios y luego vivir de acuerdo a esa voluntad. El dueto de “oír y hacer” lo encontramos repartido por toda la Escritura (cf Deut 12:28; 13:18; 1 Rey 11:38). Jesús dijo que el hombre prudente que edi caba su casa sobre la arena era quien “me oye estas palabras, y las hace” (Mat 7:24). El Apocalipsis entrega su primera bienaventuranza a quienes “oyen las palabras de esta profecía” y “guardan las cosas en ella escritas” (Apoc 1:3). Luego, la rectitud bíblica se relaciona con escuchar la voluntad de Dios en su Palabra y en su Ley y con vivir de acuerdo a esa palabra oída.

Job era temeroso de Dios

Además de lo anterior, Job era “temeroso de Dios”. ¿En qué consiste el temor que Dios demanda en su palabra? Como lo hemos estudiado anteriormente (ver El Mensaje del Primer Ángel en el primer número del volumen 2 de la revista Sefer Olam), el temor de Dios guarda relación con la reverencia debida a Dios, manifestada mediante la obediencia a su Santa Ley. Este temor no guarda relación alguna con un miedo irracional, pues Dios es amor, y el verdadero amor echa fuera el temor (1 Jn 4:8, 18). En Hebreos 5:7 se nos dice que Cristo expresó un “temor reverente” por su Padre cuando padeció en el Getsemaní. En ese momento el Señor manifestó una sumisión total a la voluntad divina: Cristo quería ser liberado del peso de la redención humana mediante su pasión y sacri cio expiatorio, pero dijo “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc 22:42). De Abraham se dijo que “temía a Dios” por cuanto “no me rehusaste tu hijo”, cuando lo ofreció en sacri cio por orden del Señor (Gen 22:12). Éxodo 18:21 relaciona el temor a Dios con la expresión “varones de verdad”. El Salmo 22:23 llama a quienes temen a Jehová a “alabarle” y “glori carle”. El temor de Jehová guarda entonces relación con su adoración.

El llamamiento a temer a Dios se reitera varias veces en la Biblia (cf Lev 25:17; Jos 24:14; 1 Sam 12:24; 2 Rey 17:39; Sal 34:9; 96:9; 1 Ped 2:17), y siempre guarda relación con guardar los mandamientos de Dios (Deut 6:2; 8:6; 2 Rey 17:34; Sal 111:10; 112:1; Ecl 12:13; Dan 9:4), con una actitud de reverencia y adoración (2 Rey 17:36; Sal 5:7; 96:9) y con apartarse de malas obras (Lev 25:17; Job 1:1; 28:28; Prov 16:6; Jer 32:40). Por lo tanto, la actitud de temor a Dios manifestada por Job es una de un adorador sincero “en Espíritu y en verdad” (Juan 4:23), quien se somete a la voluntad divina expresada en su Ley y cumple sus preceptos por ese amor sublime, y ese enorme sentido de indignidad ante la majestad divina.

Job era apartado del mal

Job no sólo tenía las características anteriormente descritas: además era “apartado del mal”. La palabra para “apartado” es sur, la cual nos da la idea de alguien que esquiva el mal como si se tratase de un enemigo letalmente peligroso. En 1 Reyes 13:33 se nos cuenta que, pese a las advertencias divinas, el rey apóstata Jeroboam “no se apartó de su mal camino” y continuó obrando en forma impía, lo que trajo como consecuencia “pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra” (1 Rey 13:34). Este rey apóstata creó una verdadera forma de medición del mal, y al no apartarse del mal, fue tomado como ejemplo de maldad para las futuras generaciones (2 Rey 13:2, 11; 14:24; 15:9, 18, 24, 28).

Job 28:28 describe el apartarse del mal como “la inteligencia”, y en forma paralela llama al temor del Señor “la sabiduría”; en este paralelismo apartarse del mal se vuelve equivalente al temor a Dios, y a ambas características se las equipara a la conducta correcta, adecuada, la sabiduría, la inteligencia según Dios y no según el mundo. Tal conclusión es apoyada por otros textos bíblicos (cf. Prov 3:7; 14:16; 16:6). Salmos 119:115 expresa que el apartarse de los malignos es una vida de guardar los mandamientos de Dios. Proverbios 4:27 dice que apartarse del mal es no desviarse “a derecha ni a izquierda”. Si notamos bien, el apartarse del mal es una conducta complementira a las características que hemos visto hasta ahora, y todas juntas forman un todo.

Salomón en su discurso apocalíptico en Eclesiastés 11 y 12 aconseja el apartarse del mal (11:10). Ezequiel 18:1-20 menciona que el pecador que se apartare del mal vivirá, y quien no lo haga morirá. La palabra de Dios está llena de llamados divinos a apartarse del mal y de los pecadores para lograr salvación (Núm. 16:26; Sal. 34:11-14). Ese llamado encuentra su máxima y final expresión en el mensaje del cuarto ángel, donde Dios mismo llama a sus hijos a salir Babilonia y a no ser partícipe de sus pecados ni de sus plagas (Apoc 18:4). Por tanto el apartarse del mal se vuelve una característica esencial para el hijo de Dios que vive en el tiempo del fin.

Job tenía un testimonio

Después de enumerar las cuatro características de Job 1:1, no deja de ser llamativa una quinta cualidad que está “escondida” en ese texto. Se nos dice que en tierra de Uz había “un varón llamado Job”. La palabra “llamado” es shem, que es utilizada en la Biblia para cuando una persona o lugar son “llamados” de determinada manera. Pero esta palabra se repite dos veces en Job 1:1, siendo la segunda mención antes de enumerar el autor las cuatro características de Job. Además de lo anterior, debemos notar que shem tiene otras traducciones en la Biblia: “renombre” (Gen 6:4; Num 16:2; Rut 4:11; 2 Sam 23:18, 22; 1 Cron 11:20; 22:5; Eze 16:14-15; 34:29; Dan 9:15; Sof 3:19, 20), “fama” (Deut 22:19; 26:19; 2 Sam 8:13; 1 Cron 14:17; 2 Cron 26:8, 15; Prov 22:1; Ecl 7:1; Jer 13:11), “ilustre” (1 Cron 12:30) y “célebre” (Eze 39:13). Por lo tanto, no sería inadecuado traducir Job 1:1 diciendo: “Hubo en tierra de Uz un varón conocido con el nombre (shem) de Job; y este hombre era conocido (shem) por ser perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”.

¿Qué importancia tiene este detalle aparentemente literario? Que nos muestra que Job no sólo exhibía un cúmulo de bondades cristianas, sino que en su entorno, en el mundo en que vivió, era conocido y reconocido por esas cualidades, es decir, tenía fama o reconocimiento por tener virtudes cristianas. Esto nos habla de un testimonio que precedía a Job, el cual Job entregaba a quienes lo rodeaban. Esto se complementa con el relato de Job 1:3 donde se nos dice que Job “era más grande que todos los orientales”. La fama de Job se debía primeramente a su carácter especial y sólo después a sus posesiones (Job 1:3). De hecho el testimonio de Job es uno de los pilares del desarrollo del resto del libro: el testimonio de Job es tal que es un tema en las cortes celestiales (Job 1:8; 2:3). Además, el testimonio es un tema recurrente en Apocalipsis, donde se menciona como una característica de los santos (1:2, 9; 6:9; 11:7; 12:11, 17; 19:10; 20:4). Mateo 24:14 dice que el evangelio debe ser predicado “en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones”. Hechos 4:33 dice que los apóstoles daban testimonio “con gran poder” y recibían “abundante gracia” como resultado. Hebreos 11 menciona al testimonio como una característica común a los héroes de la fe (11:2, 4, 5, 39).

Por lo tanto el testimonio de Job era la evidencia tangible de la manifestación de las gracias espirituales en su vida. La justicia de Job, su generosidad, su espiritualidad, su reverencia por Dios, su caminar con Él, todas estas cualidades marcaron la vida de Job y fueron evidentes a los ojos de quienes lo rodearon. De ahí que Job “tuvo fama de ser perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”.

La Paciencia de Job

Finalmente, el resto del libro de Job deja por evidencia que, dando un broche de oro a las cualidades de Job, él era paciente. Esa paciencia se ve manifestada de modo magistral en el desarrollo del libro de Job. A fin de tomar nota de dicha paciencia, es nuestro deber el aproximarnos y estudiar la estructura del libro y completar nuestro estudio, a fin de enriquecer nuestra lectura del libro de Apocalipsis, en su cierre del mensaje de los tres ángeles.

Es nuestro deseo que cada estudiante de la Biblia sea capaz de acudir al libro de Job para compartir la experiencia de este hombre, el cual no sólo pasó por el sufrimiento sino que en el punto cúlmine del mismo tuvo una experiencia personal con el Dios de su Salvación.

Marán atha.

-Dr. Francisco Andrade y Josué Gajardo


Referencias

[1] Luis Alonso Schökel. Comentario Teológico y Literario: Job (España, Madrid: Ediciones Cristiandad, S. L., 1983), 21.

[2] F. F. Bruce. Biblical Exegesis in the Qumran Texts. (London: e Tyndale Press, 1960)

[3] Desde ahora lo abreviaremos en ACO.

[4] Schökel. Ibíd., 23-36.

[5] David A. Dorsey, e Literary Structure of the Old Testament: A Commentary on Genesis – Malachi (Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1999), 170.

[6] Perseverar, mantenerse firme, resistir, aguantar, padecer, sufrir, quedarse, permanecer. Tuggy, A. E. Léxico griego-español del Nuevo Testamento (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2003), 976