El Nombre de los Adventistas del Séptimo Día

Después del gran chasco de 1844, los cerca de cien mil milleritas/adventistas “andaban en busca de identidad. ¿Quiénes eran? ¿Qué significaba ser adventista?”1 Por lo menos tres formas de adventismo se formaron después de 1844.2 Dos de ellas se organizaron en varias denominaciones, por lo que surgieron varios factores que obligaron a los adventistas sabatistas a adoptar un nombre.

La necesidad de un nombre
Tanto las creencias distintivas adoptadas, (la segunda venida y el sábado) como sus actividades administrativas y misioneras, hacían necesario un nombre3 para distinguirlos de los demás grupos de adventistas/milleritas. M. E. Cornell, resumió esa necesidad: “Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús es un rasgo que nos distingue a nosotros de las otras denominaciones... Hay confusión en los nombres ya escogidos; y si no se hace algo aquí, las iglesias seguirán escogiendo diferentes nombres todavía. Un nombre general nos conducirá a la unidad y no a la confusión”.4

Esa confusión ya había comenzado, pues “la primera congregación de adventistas guardadores del sábado” en Parkville, Michigan, decidió organizarse el 13 de mayo de 1860. Como “no había sido escogido ningún nombre para el remanente como corporación”, se denominaron “Iglesia del Segundo Advenimiento de Cristo de Parkville”. Este mismo año, la congregación de Fairfield, Iowa, decidió organizarse bajo el nombre “La Iglesia del Dios Vivo”. Otras tres congregaciones en Iowa estaban esperando una respuesta de la Asociación antes de tomar la misma actitud.5

Alberto Timm explica que “la necesidad de la adopción de un nombre formal fue ampliamente propuesta por los esfuerzos, en 1860, de incorporar la obra adventista sabatista de publicaciones bajo las leyes de Michigan”. Ya que estas no permitían ninguna organización innominada, los adventistas sabatistas tenían que adoptar un nombre denominacional o continuar enfrentando el riesgo de tener su casa publicadora y otras propiedades de la iglesia a nombre de miembros de la iglesia.6

Se realizaron muchas reuniones para organizar la Iglesia como una corporación general de creyentes. “Una de las primeras consideraciones fue la de un nombre para este nuevo cuerpo de creyentes adventistas.”7 Jaime White, también dijo que la Iglesia no podía tener éxito en su misión sin algún nombre.8

Por estas razones, en la década de 1850 fueron dados algunos pasos vacilantes en dirección a la organización de la iglesia, a pesar de la fuerte oposición de “la mayor parte de los adventistas del séptimo día”9, que albergaban la creencia10 de que no habría como “organizarse... sin convertirse en Babilonia en el momento en que lo hace” y adoptar un nombre “yace en el fundamento de Babilonia”.11 A pesar de eso, a fines del verano de 1860 Jaime White citó a los delegados a Battle Creek para una conferencia con respecto al futuro legal de la oficina publicadora. El 29 de septiembre de 1860, los representantes de por lo menos cinco estados comenzaron la sesión administrativa más importante que los adventistas sabatistas hubieran realizado. Con José Bates como su presidente, y Urías Smith como secretario, se sumergieron en gran escala en lo tocante a la organización.12

Después de logrado el consenso en la organización básica para asegurar las propiedades de la iglesia y la organización de las congregaciones locales, Bates designó a J. N. Andrews, Waggoner y T. J. Butler, para traer recomendaciones acerca de la oficina publicadora y un nombre para la iglesia. Este comité sugirió un plan de organización para la publicadora, pero, eran “incapaces de convenir en algún nombre para recomendar” a las iglesias.13

El día 30, Jaime White reafirmó la necesidad de un nombre para la causa, dieciséis años después de su establecimiento.14

“Debo decir, queridos hermanos, que espero que decidamos qué nombre vamos a tener; cómo queremos ser llamados. Yo me encuentro muy a menudo con amigos que me preguntan el nombre de nuestro pueblo; y me resulta muy embarazoso no poder darles ninguno. Ponemos nombres a nuestros hijos cuando tienen pocas semanas o pocos meses de edad. Al empezar a trabajar en esta obra, cuando la causa era joven y los individuos que la habían abrazado eran pocos, no veíamos la necesidad de tomar este paso. Pero me parece que el niño ahora está tan crecido que resulta excesivamente embarazoso no tener un nombre para él.”15

La adopción del nombre
El lunes 1ro de octubre, los veinticinco delegados16 discutieron el problema del nombre. Para calmar el temor de algunos de que elegir un nombre los convertiría en otra denominación, Jaime White comentó que ya eran catalogados como una denominación, a menos que “nos desbandáramos”.17 Como ya había un cuerpo doctrinario (incorporado en la década de 1840)18, oficiales y ministros designados, congregaciones locales, además de propiedades (la oficina publicadora, algunos edificios de iglesias y carpas de predicación)19, los adventistas sabatistas eran considerados un grupo con cierta cohesión y “la conveniencia dictaba que debería aplicarse algún nombre a este grupo.”20

Los adventistas sabatistas ya habían recibidos diversos nombres: “gente del séptimo día”, “cerradores de puertas del séptimo día”, “adventistas observadores del sábado” y “puerta cerrada y sábado del séptimo día y aniquiladores”, o simplemente “el remanente”, “el rebaño disperso”, o “la iglesia de Dios”.21

Sin nombre, organización o credo, los observadores del sábado se referían a sí mismos como la “manada pequeña”, “las ovejas esparcidas”, “los santos” o “los amigos”22. “La Iglesia de Jesucristo”, “el pueblo del Señor” y “Cristianos” también fueron usados. Pero, “probablemente el nombre más ampliamente usado fue ‘Iglesia de Dios’”.23 Por esta razón, cuando la comisión votó que debían adoptar un nombre24 “Iglesia de Dios” fue defendido por algunos. Algunos argumentaban que “cristianos” o “Iglesia de Dios” eran los únicos aceptables, porque son los únicos que aparecen en el Nuevo Testamento. Otros respondían que esos nombres eran muy genéricos, además de que “Iglesia de Dios” ya era usado por otras organizaciones y podría parecer presuntuoso.25

Después de mucha discusión, el nombre “adventistas del séptimo día” fue propuesto “como un nombre simple y que expresa nuestra fe y posición”.26 David Hewitt, el primer adventista sabatista de Battle Creek,27 finalmente, propuso: “Acordado, que adoptemos el nombre de Adventistas del Séptimo Día”.28 La propuesta fue cambiada a “que nos llamemos adventistas del séptimo día”; y votada para la oficina publicadora con sólo un voto en contra. Luego se votó el mismo nombre “para las iglesias en general,”.29 En los primeros meses de 1861 fue recomendado que las diversas congregaciones se organizaran bajo este nombre,30 lo que sucedió incluso en aquellas que ya habían adoptado otros nombres.31

John Byngton, compartió su reacción con los lectores de la Review: “Yo creía que el simple término ‘Iglesia de Dios’ era todo lo que precisábamos. Pero, al reflexionar más sobre el asunto, veo que Dios ha dado nombres a su pueblo y a individuos. Y estos nombres son adaptados al tiempo y en las circunstancias bajo las cuales se encuentran [...] Yo diría a mis hermanos de fe que no veo una objeción razonable o bíblica al nombre adventistas del séptimo día, ya que expresa correctamente las características que la iglesia de Dios debe poseer en el tiempo del fin.”32

Después de la adopción oficial del nombre, “el impedimento para la organización había sido eliminado. Desde allí en adelante, el movimiento para llegar a una estructura denominacional perfeccionada fue constante”.33 Además de ser el factor convergente y básico para la organización del adventismo sabatista, el nombre promocionó la unidad eclesiástica, factores que posibilitaron el cumplimiento exitoso de su misión escatológica (Ap. 14:-12).

La confirmación a través de Elena G. de White
Elena G. de White no participó directamente de aquella memorable elección,34 pero después recibió “una revelación acerca de la adopción de un nombre por el pueblo remanente....” donde vio dos clases de personas:“una abarcaba las grandes organizaciones cuyos miembros profesan ser cristianos. Estos hollaban la ley de Dios bajo sus pies y se prostraban ante una institución papal. Observaban el primer día de la semana como día de reposo del Señor”, mientras que “la otra clase, en la cual había pocas personas, se prosternaba ante el gran Legislador. Observaba el cuarto mandamiento. Los rasgos peculiares prominentes de su fe eran la observancia del séptimo día y la espera de la aparición de nuestro Señor en el cielo.”35

Autor: Pr. Ribamar Diniz

Nota de DA: Aquí la cita completa acerca de lo que escribió la Hna. White sobre el nombre Adventista del Séptimo Día.

Recibí una revelación acerca de la adopción de un nombre por el pueblo remanente. Se me presentaron dos clases de personas. Una abarcaba las grandes organizaciones cuyos miembros profesan ser cristianos. Estos hollaban la ley de Dios bajo sus pies y se postraban ante una institución papal. Observaban el primer día de la semana como día de reposo del Señor. La otra clase, en la cual había pocas personas, se prosternaba ante el gran Legislador. Observaba el cuarto mandamiento. Los rasgos peculiares y prominentes de su fe eran la observancia del séptimo día y la espera de la aparición de nuestro Señor en el cielo.

El conflicto se desarrolla entre los requisitos de Dios y los de la bestia. El primer día, institución papal que contradice directamente el cuarto mandamiento, ha de ser usado todavía como una prueba por la bestia de dos cuernos. Y entonces la solemne amonestación de Dios declara la penalidad en que incurren los que se postran ante la bestia y su imagen. Beberán el vino de la ira de Dios, que es derramado sin mezcla en la copa de su indignación.

No podríamos elegir un nombre más apropiado que el que concuerda con nuestra profesión, expresa nuestra fe y nos señala como pueblo peculiar. El nombre adventista del séptimo día es una reprensión permanente para el mundo protestante. En él se halla la línea de demarcación entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia y reciben su marca. El gran conflicto se desarrolla entre los mandamientos de Dios y los requisitos de la bestia. Debido a que los santos guardan todos los Diez Mandamientos, el dragón hace guerra contra ellos. Si quisieran arriar el estandarte y renunciar a las peculiaridades de su fe, el dragón se aplacaría; pero ellos excitan su ira, porque se atreven a levantar el estandarte y a desplegar su bandera en oposición al mundo protestante que adora la institución del papado.

El nombre adventista del séptimo día presenta los verdaderos rasgos de nuestra fe, y convencerá la mente inquisidora. Como una saeta del carcaj del Señor, herirá a los transgresores de la ley de Dios, e inducirá al arrepentimiento para con Dios y a la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Me fue mostrado que casi todo fanático que ha surgido y que desea ocultar sus sentimientos a fin de arrastrar a otros, asevera pertenecer a la iglesia de Dios. Un nombre tal excitaría en seguida sospechas, porque se emplea para ocultar los errores más absurdos. Este nombre es demasiado indefinido para el pueblo remanente de Dios. Provocaría la sospecha de que tenemos una fe que procuramos encubrir. [Testimonios para la Iglesia, Tomo 1, Págs. 204, 205]


Referencias

  1. George R. Knight, Ministerio adventista, septiembre de 1994, 4. Un artículo interesante sobre el nombre de los adventistas y su identidad escatológica es: Ribamar Diniz, “El nombre Adventistas del Séptimo Día y su identidad escatológica”, Revista Doxa, Año 1, N0 1, (Cochabamba: Sociedad Estudiantil de Investigación Teológica, 2011), 59-72.

  2. Ibíd. El primer grupo fue el de los “Espiritualizadores”, que no llegaron a formar cuerpos permanentes. En cambio, los “Adventistas de Albany”, el grupo más numeroso, se organizaron en varias denominaciones (La Asociación Evangélica Norteamericana, los Cristianos Adventistas, la Iglesia de Dios de Oregon, Illinois, y la Unión Vida y Advenimiento). El grupo menos representativo fue el “Adventismo Sabatista”, que constituyó la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la Iglesia de Dios (del Séptimo Día). Vea también Schwarz y Greenleaf, Portadores de Luz, 54-55. (Nota: En el artículo original aparece la última línea de este párrafo como una referencia independiente.)

  3. Para un debate sobre la adopción de un nombre denominacional, vea Godfrey T. Anderson, “MakeUs a Name”, AdventistHeritage, t. 1, N0 2 (julio de 1974), 28-34.

  4. White, Elena de White: mujer de visión, 79. El énfasis es nuestro.

  5. James R. Nix, “Qual o significado de um nome? Revista Adventist World” (Tatuí, São Paulo: CASA), octubre de 2010, 24.

  6. Timm, O Santuário e as três mensagens angélicas: fatores integrativos no desenvolvimento das doutrinas adventistas (Engenheiro Coelho, São Paulo: Imprensa Universitária Adventista, 1998), 145.

  7. Douglas, Mensajera del Señor, 184.

  8. White, Elena de White, 79.

  9. Elena G. de White, La Iglesia Remanente (Buenos Aires: 1993), 15-16.

  10. Maxwell, Dilo al mundo, 118-119.

  11. Ibíd.,

  12. Schwarz y Greenleaf, Portadores de Luz, 90.

  13. Ibíd. 91.

  14. Maxwell, Dilo al mundo, 117.

  15. Review and Herald, 16 de octubre de 1860, 170.Citado por Maxwell, Dilo al mundo, 117.

  16. Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 24.

  17. Schwarz y Greenleaf, Portadores de Luz, 91.

  18. Timm, O santuário e as três mensagens angélicas, 58.

  19. Maxwell, Dilo al mundo, 133.

  20. Schwarz y Greenleaf, Portadores de Luz, 91.

  21. Ibid., 91 e 92.

  22. Maxwell, Dilo al mundo, 119.

  23. Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 24.

  24. Maxwell, Dilo al mundo, 135.

  25. Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 24.

  26. The Advent Review and Sabbath Herald, 16 de outubro de 1860, p. 170, citado por Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 25.

  27. Glúder Quispe, Vidas que inspiran: 12 ejemplos de vida que fortalecerán su concepto de la mayordomía, Serie Herencia Adventista, Vol. 1, (Lima, Perú: Ediciones Universidad Peruana Unión, 2013), 9.

  28. The Advent Review and Sabbath Herald, 16 de octubre de 1860, p. 170, citado por Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 25. Este laico fue el primero guardador del sábado en Battle Creek y era considerado el hombre más honesto de la ciudad.

  29. Ibid., 189.

  30. Ibíd. 135.

  31. Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 25.

  32. The Advent Review and Sabbath Herald, 16 de octubre de 1860, p. 189, citado por Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 25.

  33. Schwarz y Greenleaf, Portadores de Luz, 92.

  34. Aparentemente, Elena no tomó parte en las reuniones porque acababa de dar la luz a su cuarto hijo, pero más tarde escribió sobre la elección del nombre. Nix, Revista Adventist World, octubre de 2010, 25.

  35. White, Testimonios para la iglesia, t.1, (Bogotá, Colombia: APIA, 2003), 204.