Cómo leer a Elena White en el siglo XXI

Qué podemos hacer con una escritora que aconsejó a las mujeres acortarse veinte centímetros los vestidos, en un mundo donde muchas ya los usan demasiado cortos? ¿Qué hacer con alguien que aconsejó que las escuelas adventistas tenían que enseñar a las niñas a ensillar y cabalgar cuando la mayoría jamás necesitará conocimientos semejantes? Parte del problema es que el mundo ha cambiado radicalmente desde el tiempo de Elena White. Pero ese no es el único problema que tienen los lectores del siglo XXI cuando buscan aplicar los consejos de una profetisa que vivió en un lugar y momento diferentes. A continuación, se presentan diez pautas que lo ayudarán a leer a Elena White en forma más provechosa y equilibrada.1

Diez principios importantes que nos acercan a los escritos de Elena White

  1. Concéntrese en los temas centrales. Se pueden leer los escritos de Elena White de al menos dos formas. Una es buscar los temas centrales; la otra es buscar lo nuevo y diferente. La primera nos lleva a una comprensión exacta, mientras que la segunda nos lleva a una distorsión del significado y a menudo hacia extremos que Elena White detestaba. Ella misma recomendó que al estudiar la Biblia, los lectores buscaran “adquirir el conocimiento de su gran tema central” que para ella, era el plan de redención y el gran conflicto entre el bien y el mal. A la luz del gran tema central de la Biblia, “cada tema adquiere un nuevo significado” (La educación, pp. 190, 125).

En suma, ella aconsejaba leer procurando entender el cuadro completo. Esa visión general brinda entonces el contexto para interpretar todos los demás temas en términos de significado e importancia. Ese principio se aplica tanto a la Biblia como a los escritos de Elena White.

  1. Enfatice lo importante. A comienzos del siglo XX, cuando algunos líderes de la iglesia estaban usando sus escritos para debatir y defender ciertos puntos proféticos que ella creía de menor importancia, escribió: “Se agrada al enemigo de nuestra obra cuando puede usarse un tema de menor importancia para distraer la mente de nuestros hermanos de las grandes cuestiones que debieran ser el corazón de nuestro mensaje” (Mensajes selectos, vol. 1, pp. 193, 194).

  2. Estudie toda la información disponible sobre un tema. Arthur White, nieto y biógrafo de Elena White destacó este tema cuando escribió que “muchos han errado en la interpretación del significado de los testimonios al tomar declaraciones aisladas fuera de contexto como base de sus creencias. Algunos siguen este curso de acción aun cuando hay otras citas que, al considerarse con cuidado, mostrarían que la postura tomada sobre la base de la declaración aislada es insostenible”.2

  3. Evite las interpretaciones extremas. Al no seguir los consejos que Elena White dio mientras vivía, algunos la recrearon a su propia imagen extremista. En su vida personal tuvo una moderación que lamentablemente carecen algunos que afirman ser sus fieles seguidores. Por ejemplo, algunos utilizan una declaración donde Elena White reprueba el juego de pelota para condenar todos los juegos similares, cuando en realidad ella escribió: “No condeno el ejercicio sencillo del juego de pelota; pero aun esto, con toda su sencillez, puede ser llevado a la exageración” (El hogar adventista, p. 453). Como en muchas situaciones, fue moderada, no extremista.

  4. Tome en cuenta el tiempo y el lugar. Debido a los cambios de tiempo y espacio, es importante entender el contexto histórico de muchos de los consejos de Elena White. Por ejemplo, la orientación dada a las mujeres del siglo XIX de acortar sus vestidos veinte centímetros. Es difícil usar esa cita en la era de la minifalda. “Acerca de los testimonios, nada es ignorado, nada es puesto a un lado. Sin embargo, deben tomarse en cuenta el tiempo y el lugar” (Mensajes selectos, vol. 1, p. 65). A lo largo de su ministerio, daría este consejo en repetidas ocasiones.

  5. Estudie cada declaración en su contexto literario. Muchas veces, las personas han basado su comprensión de las enseñanzas de Elena White en un fragmento de un párrafo o en una declaración aislada extraída por completo de su contexto. Al hablar del mal uso de sus escritos, ella sancionó a los que “citan media frase, dejando afuera la otra mitad que, si se citara, mostraría que su razonamiento es falso” (Mensajes selectos, vol. 3, p. 91). En otra ocasión, se refirió a los que “al separar […] declaraciones de su contexto y al adjuntarlas a razonamientos humanos, hacen decir que mis escritos sostienen aquello que en realidad condenan” (Carta 208, 1906).

  6. Reconocer la diferencia que existía para Elena White entre lo ideal y lo real. A menudo dio consejos sobre un tema en dos niveles. El primero puede ser considerado el ideal. En este nivel hallamos declaraciones que no permiten excepciones. Un ejemplo de esto es su consejo de que “los padres deberían ser los únicos maestros de sus hijos hasta que estos hayan llegado a los ocho o diez años de edad” (Testimonios para la iglesia, vol. 3, p. 153).

Por otro lado, cuando se enfrentó a situaciones de todos los días, a menudo moderó sus consejos para adaptarlos a las necesidades de personas con limitaciones reales. En el ejemplo dado, morigeró su consejo al destacar que el ideal podría sostener “si” los padres estaban dispuestos y podían cumplir esa tarea. De lo contrario, los niños debían ser enviados a la escuela (Mensajes selectos, vol. 3, p. 253).

Elena White jamás perdió el sentido del ideal, pero fue flexible al adaptar sus consejos al mundo real. Uno de sus infortunios se debió a que algunos recolectaron tan solo las declaraciones ideales y buscaron aplicarlas “a todo el mundo”, con lo que “disgustan a las personas en vez de ganarlas” (Mensajes selectos, vol. 3, p. 326).

  1. Use el sentido común. Las citas de Elena White no resuelven todos los problemas. En ocasiones no pueden ser aplicadas. Cuando surgieron dificultades relacionadas con la declaración de que los padres tenían que ser los únicos maestros de sus hijos hasta los ocho o diez años, respondió diciendo que “Dios desea que tratemos estos problemas cuerdamente”. Y siguió diciendo que le incomodaba que se asumiera: “La hermana White ha dicho tal y tal cosa, y ha dicho esto y aquello, y por lo tanto vamos a proceder como ella dice”. A tales personas, les dijo: “Dios quiere que tengamos sentido común, y que razonemos con sentido común. Las circunstancias alteran las condiciones. Las circunstancias cambian la relación de las cosas” (Mensajes selectos, vol. 3, pp. 245, 247). Aconsejó asimismo que sus lectores usaran el sentido común aun cuando contaran con una de sus citas para defender una postura determinada.

  2. Descubra los principios subyacentes. A comienzos del siglo XX, Elena White escribió que sería bueno que las niñas […] aprendieran a ensillar y conducir un caballo (La educación, p. 217). Ese consejo no resulta muy útil en la actualidad. Sin embargo, el principio subyacente sigue siendo sumamente importante: las mujeres tienen que valerse por sí mismas en lo que respecta al transporte. Hoy quiere decir que tienen que saber conducir un automóvil y cambiar un neumático. Puede que cambie la aplicación específica del consejo, pero los principios subyacentes poseen valores duraderos.

  3. Asegúrese de que fue dicho por Elena White. Muchas declaraciones que se le atribuyen, jamás fueron dichas por ella. El único curso seguro de acción es usar las declaraciones halladas en sus obras o aun cuando sean inéditas que puedan ser validadas por uno de los centros de investigación White. Muchos han sido desviados por declaraciones atribuidas a ella, que en realidad ella jamás realizó.

Los escritos de Elena White han sido una bendición para los lectores de todo el mundo, y serán aún más útiles si son leídos teniendo en cuenta las pautas presentadas.

George R. Knight enseñó en la Universidad Andrews durante treinta años. Actualmente está jubilado y vive en Rogue River, Oregón, Estados Unidos.  

Fuente: Adventist World

Nota: Recomendamos el libro de George Knight, Cómo leer a Elena de White.

Referencias

[1] Se puede hallar un análisis más detallado de este tema en George R. Knight, Reading Ellen White: How to Understand and Apply Her Writings (Hagerstown, Md.: Review and Herald Publishing Assn., 1997).

[2] Arthur L. White, Ellen G. White: Messenger to the Remnant (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Assn., 1969), p. 88.