Citas de Ellen G. White | El Mensaje de los 3 Ángeles Vol. 2, Parte II

“Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación." (Apoc 14:8).

“El mensaje del segundo ángel de Apocalipsis 14 fue proclamado por primera vez en el verano de 1844, y se aplicaba entonces más particularmente a las iglesias de los Estados Unidos de Norteamérica, donde la amonestación del juicio había sido también más ampliamente proclamada y más generalmente rechazada, y donde la decadencia de las iglesias había sido más rápida. Pero el mensaje del segundo ángel no alcanzó su cumplimiento total en 1844. Las iglesias decayeron entonces moralmente por haber rechazado la luz del mensaje del advenimiento; pero esta decadencia no fue completa. A medida que continuaron rechazando las verdades especiales para nuestro tiempo, fueron decayendo más y más. Sin embargo aún no se puede decir: ‘¡Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación!’ Aún no ha dado de beber a todas las naciones”.[1]

“Dios tiene aún un pueblo en Babilonia; y antes que los juicios del cielo la visiten, estos fieles deben ser llamados para que salgan de la ciudad y no tengan parte en sus pecados ni en sus plagas”.[2]

“Este es el mismo mensaje que dio el segundo ángel. Babilonia ha caído ‘porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación’. ¿Qué es este vino? Sus falsas doctrinas. Ha dado al mundo un falso día de reposo en lugar del sábado del cuarto mandamiento, y ha repetido la mentira que Satanás le dijo al principio a Eva en el Edén, es decir, la inmortalidad del alma. Muchos errores semejantes ha esparcido por todas partes ‘enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres’" (Mat 15:9)…

“En la última obra de amonestar al mundo, se formulan dos llamados diferentes a las iglesias. El mensaje del segundo ángel es: ‘Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación’. Y en el fuerte clamor del mensaje del tercer ángel se oye una voz del cielo que dice: ‘Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades’ (Apoc 18:4,5)”.[3]

“Los creyentes en este mensaje fueron oprimidos en las iglesias. Durante algún tiempo el miedo impidió, a quienes no querían recibir el mensaje, que actuaran de acuerdo con lo que sentían; pero al transcurrir la fecha revelaron sus verdaderos sentimientos. Deseaban acallar el testimonio que los que aguardaban se veían compelidos a dar, de que los períodos proféticos se extendían hasta 1844. Los creyentes explicaron con claridad su error y expusieron las razones por las cuales esperaban a su Señor en 1844. Sus adversarios no podían aducir argumentos contra las poderosas razones expuestas. Sin embargo, se encendió la ira de las iglesias, que estaban resueltas a no recibir la evidencia y a no permitir el testimonio en sus congregaciones a fin de que los demás no pudieran oírlo. Quienes no se avinieron a privar a los demás de la luz que Dios les había dado fueron expulsados de las iglesias; pero Jesús estaba con ellos y se regocijaban a la luz de su faz. Estaban dispuestos a recibir el mensaje del segundo ángel”.[4]

“Al negarse las iglesias a aceptar el mensaje del primer ángel rechazaron la luz del cielo y perdieron el favor de Dios. Confiaban en sus propias fuerzas, y al oponerse al primer mensaje se colocaron en donde no podían ver la luz del mensaje del segundo ángel. Pero los amados del Señor, que estaban oprimidos, aceptaron el mensaje: ‘Ha caído Babilonia’, y salieron de las iglesias."

“Cerca del término del mensaje del segundo ángel vi una intensa luz del cielo que brillaba sobre el pueblo de Dios. Los rayos de esta luz eran tan brillantes como los del sol. Y oí las voces de los ángeles que exclamaban: ‘He aquí, el esposo viene; salid a recibirle’" (Mat 25:6).

“Era el clamor de media noche que había de dar poder al mensaje del segundo ángel. Fueron enviados ángeles del cielo para alentar a los desanimados santos y prepararlos para la magna obra que les aguardaba. Los hombres de mayor talento no fueron los primeros en recibir este mensaje, sino que los ángeles se dirigieron a los humildes y devotos, incitándolos a pregonar el grito: ‘He aquí, el esposo viene; salid a recibirle’. Aquellos a quienes se confió la proclamación de este grito se apresuraron a ello y con el poder del Espíritu Santo publicaron el mensaje y alentaron a sus desanimados hermanos. Esta obra no se fundaba en la sabiduría y erudición de los hombres sino en el poder de Dios, y quienes de sus santos escuchaban el clamor no lo podían resistir."

"Primeramente recibieron este mensaje los más espirituales, y los que en un principio habían dirigido la obra fueron los últimos en recibirlo y ayudar a que resonase más potente el grito: ‘He aquí, el esposo viene; salid a recibirle’."

“En todas partes del país brilló la luz sobre el mensaje del segundo ángel y el grito enterneció el corazón de millares de personas. Se propagó de villa en villa y de ciudad en ciudad, hasta despertar por completo al expectante pueblo de Dios. En muchas iglesias no fue permitido dar el mensaje, y gran número de fieles que tenían el viviente testimonio abandonaron aquellas caídas iglesias. El grito de media noche efectuaba una potente obra. El mensaje llegaba a lo íntimo del corazón, e inducía a los creyentes a buscar por sí mismos una vívida experiencia. Comprendían que no era posible que unos se apoyasen en otros.”[5]

“Hablamos del mensaje del primer ángel y del mensaje del segundo ángel, y pensamos comprender algo del mensaje del tercer ángel. Pero mientras nos conformemos con un conocimiento limitado, quedaremos descalificados para obtener más clara visión de la verdad. El que presenta la palabra de vida debe tomarse tiempo para estudiar la Biblia y escudriñar su propio corazón. Si descuida esto, no sabrá ministrar a las almas menesterosas. El estudiante diligente y humilde, que por ferviente oración y estudio busque la verdad tal cual es en Jesús, quedará seguramente recompensado. El pide ayuda, no a las ideas de autores humanos, sino a la Fuente de sabiduría y conocimiento; y bajo la dirección de seres santos, obtiene una clara comprensión de la verdad."

“No es por la fuerza o el poder del agente humano como ha de lograrse que la verdad impresione las mentes, ‘sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos’ (Zac 4:6). No es el temperamento ni la elocuencia del que predica lo que da éxito a su obra. Puede Pablo plantar y Apolos regar, pero Dios es quien da el crecimiento. Es la familiaridad del obrero con la Palabra de Dios y su sumisión a la voluntad divina, lo que da éxito a sus esfuerzos.”[6]

“Otro poderoso ángel fue comisionado para que descendiese a la tierra. Jesús le puso en la mano algo escrito, y cuando llegó a la tierra, clamó: ‘¡Ha caído, ha caído Babilonia!’ Entonces vi a los que habían sido chasqueados alzar nuevamente los ojos al cielo, mirando con fe y esperanza en busca de la aparición de su Señor. Pero muchos parecían permanecer en un estado de estupor, como si durmiesen, sin embargo podía yo ver rasgos de profunda tristeza en sus rostros. Los chasqueados velan por las Escrituras que estaban en el tiempo de demora, y que debían aguardar con paciencia el cumplimiento de la visión…"

“A medida que el pueblo de Dios se unía en el clamor del segundo ángel, la hueste celestial manifestaba el más profundo interés en el efecto del mensaje. Veían a muchos que llevaban el nombre de cristianos volverse con escarnio y ridículo hacia los que habían sido chasqueados…"

“Jesús comisionó a otros ángeles para que volasen prestamente a revivir y fortalecer la fe en decadencia de su pueblo y a prepararlo para comprender el mensaje del segundo ángel y el paso importante que pronto se había de dar en el cielo. Vi a estos ángeles recibir gran poder y luz de Jesús y volar prestamente a la tierra para cumplir su mandato de ayudar al segundo ángel en su obra. Una gran luz resplandeció sobre el pueblo de Dios cuando los ángeles clamaron: ‘¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!’ Entonces vi a aquellos que habían sido chasqueados levantarse y en armonía con el segundo ángel proclamar: ‘¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!’ La luz de los ángeles penetraba las tinieblas por doquiera…"

“Los que recibían la luz parecían muy felices. Miraban constantemente hacia el cielo y anhelaban la aparición de Jesús. Algunos lloraban y oraban con gran angustia. Parecían fijar sus ojos en sí mismos, y no se atrevían a mirar hacia arriba. Una luz del cielo apartó de ellos las tinieblas, y sus ojos, que habían estado fijos en si mismos con desesperación, se dirigieron hacia arriba y en todos sus rasgos se expresaban la gratitud y el santo gozo. Jesús y toda la hueste angélica miraron con aprobación a los fieles que aguardaban."

“Los que habían rechazado la luz del mensaje del primer ángel, y se habían opuesto a ella, perdieron la luz del segundo, y no pudieron ser beneficiados por el poder y la gloria que acompañó el mensaje: “¡Aquí viene el esposo!” Jesús se apartó de ellos con ceño, porque le habían despreciado y rechazado. Los que recibieron el mensaje fueron envueltos por una nube de gloria. Temían muchísimo ofender a Dios, y mientras aguardaban, velaban y oraban para conocer su voluntad. Vi que Satanás y sus ángeles procuraban separar al pueblo de Dios de esta luz divina; pero mientras los que aguardaban apreciaban la luz y mantenían los ojos levantados de la tierra a Jesús, Satanás no podía privarlos de sus preciosos rayos."

"El mensaje dado desde el cielo enfurecía a Satanás y sus ángeles, e inducía a aquellos que profesaban amar a Jesús, pero despreciaban su venida, a escarnecer a los fieles que manifestaban confianza. Pero un ángel anotaba todo insulto, todo desprecio, todo daño, que los hijos de Dios recibían de sus profesos hermanos”.[7]

“El primer mensaje y el segundo se dieron en 1843 y 1844, y ahora estamos bajo la proclamación del tercero; pero aun ahora hay que seguir proclamando los tres mensajes. Ahora es tan esencial como en cualquier tiempo pasado que se los repita a los que están buscando la verdad. Debemos hacer resonar su proclamación mediante la pluma y la voz; debemos mostrar su secuencia y la aplicación de las profecías que nos conducen al mensaje del tercer ángel. No puede haber un tercer mensaje sin un primero y un segundo. Debemos proclamar al mundo estos mensajes mediante publicaciones y conferencias que muestren en el ámbito profético las cosas que han sido y las que serán."

“La esencia del mensaje del segundo ángel vuelve a darse al mundo por medio del otro ángel que ilumina la tierra con su gloria. Estos mensajes se mezclan en uno solo para ser presentados a la gente en los días finales de la historia terrenal. Todo el mundo será probado, y todos los que han estado en las tinieblas del error en lo que respecta al sábado del cuarto mandamiento, comprenderán el último mensaje de misericordia que ha de darse a los hombres”. [8]


Referencias

  1. El Conflicto de los Siglos, capítulo 22, p.440.
  2. El Conflicto de los Siglos, capítulo 39, p.662.
  3. Comentario Bíblico Adventista tomo 7, p.985.
  4. Primeros Escritos, capítulo 57, pp. 236-237
  5. Ibíd, capítulo 58, pp. 237-238.
  6. Obreros evangélicos, capítulo 54, pp. 251-252.
  7. Primeros Escritos, capítulo 60, pp. 246-249.
  8. Mensajes Selectos tomo 2, capítulo 12, pp. 104-105