Citas de Elena G. White | El Mensaje de los 3 Ángeles Vol. 2, Parte I

"Hay una gran obra que debe hacerse en nuestros días y no estamos en condiciones de captar la mitad de lo que Dios desea realizar en favor de su pueblo. Hablamos acerca del mensaje del primer ángel, y también del segundo, y hasta pretendemos creer que entendemos algo referente al mensaje del tercer ángel. Sin embargo, no tendríamos que conformarnos con lo que sabemos. Nuestras peticiones, mezcladas con fe y contrición, deberían ascender a Dios para que nos permita comprender los misterios que él está deseoso de dar a conocer a sus santos. Necesitaríamos entender que, a menos que seamos enseñados por el Espíritu Santo, nunca podremos comprender bien la Biblia, un libro sellado hasta para los eruditos que son sabios según su propia opinión.”[1]

“Vi un grupo que se mantenía en pie, en guardia y en posición firme, sin apoyar a los que querían perturbar la definida fe de cuerpo de Cristo. Dios los consideró con aprobación. Se me mostraron tres peldaños: los mensajes de los ángeles primero, segundo y tercero. Mi ángel acompañante dijo: ‘¡Ay de aquel que mueva una porción o sacuda un alfiler de estos mensajes! La correcta comprensión de ellos es de vital importancia. El destino de las almas depende de cómo sean recibidos’. “Nuevamente se me llamó la atención a los mensajes, y vi cuánto le había costado al pueblo de Dios obtener esta experiencia. La logró por medio de mucho sufrimiento y duro conflicto. Dios los condujo paso a paso, hasta que los puso sobre una plataforma firme e inconmovible. Vi que algunos se acercaban a la plataforma para examinar su fundamento. Algunos, con regocijo, subieron inmediatamente. Otros comenzaron a encontrarle fallas. Querían que se le introdujeran mejoras para perfeccionar la plataforma y lograr que la gente fuera mucho más feliz. “Algunos se bajaban para examinarla, y afirmaban que estaba mal ubicada. Pero vi que casi todos permanecían firmemente sobre ella y exhortaban a los que habían descendido para que dejaran de quejarse porque Dios era el gran Arquitecto y estaban luchando contra él. Recordaban la obra maravillosa de Dios, que los había conducido a esa firme plataforma, y al unísono alzaban los ojos al cielo y con voz sonora glorificaban al Señor. Esto afectó a algunos de los que se habían quejado y habían descendido y éstos, con aspecto humilde, volvieron a subir… “Todo el cielo observó con el más profundo interés la recepción que se dio al mensaje del primer ángel. Pero muchos de los que profesaban amar al Señor, y que derramaban lágrimas al leer la historia de la cruz, se burlaron de las buenas nuevas de su venida. En vez de recibir el mensaje con alegría, afirmaron que era un engaño. Aborrecieron a los que amaban su aparición y los expulsaron de las iglesias. Los que rechazaron el primer mensaje no se pudieron beneficiar con el segundo; tampoco pudieron beneficiarse con el clamor de medianoche, que había de prepararlos para entrar con Jesús por la fe en el lugar santísimo del santuario celestial. Y al rechazar los dos mensajes anteriores entenebrecieron de tal manera su entendimiento que no pudieron ver luz alguna en el mensaje del tercer ángel, que muestra el camino que lleva al lugar santísimo.”[2]

“Las iglesias que no quisieron recibir el mensaje del primer ángel rechazaron la luz del cielo. El mensaje fue enviado misericordiosamente a fin de despertarlas para que vieran su verdadera condición de mundanalidad y apostasía y trataran de prepararse para salir al encuentro del Señor.”

“El mensaje del primer ángel se dio para separar a la iglesia de Cristo de la influencia corruptora del mundo. Pero para la multitud, incluso de profesos cristianos, las ligaduras que los ataban a la tierra eran más fuertes que los atractivos celestiales. Decidieron escuchar la voz de la sabiduría mundanal y rechazaron el mensaje de la verdad, que escudriña el corazón. “El Señor concede luz para que sea apreciada y obedecida, no para que sea despreciada y rechazada. La luz que él envía se transforma en tinieblas para quienes la rechazan. Cuando el Espíritu de Dios no imprime más la verdad en los corazones humanos, escucharla es superfluo y lo es también toda predicación.”[3]

“Tanto la profecía de Daniel 8:14: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; luego el Santuario será purificado’, como el mensaje del primer ángel: ‘¡Temed a Dios y dadle gloria; porque ha llegado la hora de su juicio!’ señalaban el ministerio de Cristo en el lugar santísimo, el juicio investigador, y no la venida de Cristo para la redención de su pueblo y la destrucción de los impíos. El error no estaba en el cómputo de los períodos proféticos, sino en el acontecimiento que debía verificarse al fin de los 2.300 días. Debido a este error los creyentes habían sufrido un desengaño; sin embargo, se había realizado todo lo predicho por la profecía, y todo lo que alguna garantía bíblica permitía esperar. En el momento mismo cuando estaban lamentando sus esperanzas defraudadas, se había realizado el acontecimiento que estaba predicho por el mensaje, y que debía cumplirse antes que el Señor pudiera aparecer para recompensar a sus siervos. “Cristo había venido, no a la tierra, como ellos lo esperaban, sino había entrado en el lugar santísimo del templo de Dios en el cielo como había sido prenunciado en el símbolo. El profeta Daniel lo describe como presentándose en ese momento ante el Anciano de días: ‘Estaba mirando en visiones de la noche, y he aquí que sobre las nubes del cielo venía Uno parecido a un hijo de hombre; y vino’ -no a la tierra, sino, ‘al Anciano de días, y le trajeron delante de él’ (Dan 7:13, VM). “Esta venida está predicha por el profeta Malaquías: ‘Repentinamente vendrá a su Templo el Señor a quien buscáis: es decir, el Ángel del Pacto, en quien os deleitáis; he aquí que vendrá, dice Jehová de los Ejércitos’ (Mal 3:1, VM). La venida del Señor a su templo fue repentina, inesperada para su pueblo. Este no lo esperaba allí. Esperaba que viniera a la tierra, ‘en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio’ (2 Tes 1:8). “Pero la gente no estaba aún preparada para ir al encuentro de su Señor. Todavía tenía que cumplirse una obra de preparación. Se le tenía que proporcionar una luz que dirigiera su espíritu hacia el templo de Dios en el cielo; y mientras siguiera allí por fe a su Sumo Sacerdote en el desempeño de su ministerio, se le revelarían nuevos deberes. Debía darse a la iglesia otro mensaje de advertencia e instrucción. “El profeta dice: ‘Pero ¿quién es capaz de soportar el día de su advenimiento? ¿y quién podrá estar en pie cuando él apareciera? porque será como el fuego del acrisolador, y como el jabón de los bataneros; pues que se sentará como acrisolador y purificador de la plata; y purificará a los hijos de Leví; y los afinará como el oro y la plata, para que presenten a Jehová ofrenda en justicia’ (Mal 3:2-3, VM). Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del Dios santo, sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios que dio eficacia a sus diligentes esfuerzos, deberán ser vencedores en la lucha con el mal. Mientras prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras se eliminan del santuario los pecados de los creyentes arrepentidos, debe llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra. Esta obra se presenta con mayor claridad en los mensajes del capítulo 14 de Apocalipsis.”[4]

“Millares de personas abrazaban la verdad predicada por Guillermo Miller, y se levantaban siervos de Dios con el espíritu y el poder de Elías para proclamar el mensaje. Como Juan, el precursor de Jesús, los que predicaban ese solemne mensaje se veían movidos a poner la segura raíz de los árboles, y exhortar a los hombres a que diesen frutos de arrepentimiento. Propendía su testimonio a influir poderosamente en las iglesias y manifestar su verdadero carácter. Al resonar la solemne amonestación de que huyesen de la ira venidera, muchos miembros de las iglesias recibieron el salutífero mensaje, y echando de ver sus apostasías lloraron amargas lágrimas de arrepentimiento, y con profunda angustia de ánimo se humillaron ante Dios. Cuando el Espíritu de Dios se posó sobre ellos, ayudaron a difundir el pregón: ‘Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado’.”[5]

“Recientemente, en la vigilia de la noche, mi mente fue impresionada por el Espíritu Santo con el pensamiento de que si el Señor ha de venir tan pronto como creemos, debiéramos ser aun más activos de lo que hemos sido en años pasados en presentar la verdad a la gente. “En relación con esto, mi mente se volvió a la actividad de los creyentes adventistas en 1843 y 1844. En aquel tiempo se hacían muchas visitas de casa en casa y se desplegaban esfuerzos incansables para amonestar a la gente en cuanto a las cosas que se dicen en la Palabra de Dios. Debiéramos desplegar esfuerzos aún mayores que los que desplegaron los que proclamaron el mensaje del primer ángel con tanta fidelidad. Nos estamos acercando rápidamente al fin de la historia de este mundo; y al comprender que Jesús ciertamente viene pronto, seremos despertados para trabajar como nunca antes. Se nos ordena que hagamos sonar una alarma a la gente.”[6]

“La proclamación de los mensajes del primero, del segundo y del tercer ángel ha sido establecida por la Palabra inspirada. No debe alterarse ni la parte más mínima. Ninguna autoridad humana tiene más derecho de cambiar la ubicación de estos mensajes que la que posee para sustituir el Antiguo Testamento por el Nuevo. El Antiguo Testamento es el Evangelio expresado en figuras y símbolos. El Nuevo Testamento es la realidad. El uno es tan esencial como el otro. El Antiguo Testamento presenta lecciones provenientes de los labios de Cristo, y esas lecciones no han perdido su fuerza en ningún detalle. El primer mensaje y el segundo se dieron en 1843 y 1844, y ahora estamos bajo la proclamación del tercero; pero aun ahora hay que seguir proclamando los tres mensajes. Ahora es tan esencial como en cualquier tiempo pasado que se los repita a los que están buscando la verdad. Debemos hacer resonar su proclamación mediante la pluma y la voz; debemos mostrar su secuencia y la aplicación de las profecías que nos conducen al mensaje del tercer ángel. No puede haber un tercer mensaje sin un primero y un segundo. Debemos proclamar al mundo estos mensajes mediante publicaciones y conferencias que muestren en el ámbito profético las cosas que han sido y las que serán… Si se presta atención a este mensaje, inducirá a cada nación, tribu, lengua y pueblo a examinar cuidadosamente la Palabra, y los conducirá a la verdadera luz concerniente al poder que ha cambiado el séptimo día de reposo por un día de reposo espurio. El único Dios verdadero ha sido olvidado, su ley ha sido descartada, y su sábado sagrado ha sido pisoteado en el polvo por el hombre pecador. El cuarto mandamiento, tan claro y explícito, ha sido ignorado. El monumento del sábado, que expresa quién es el Dios viviente, el Creador de los cielos y de la tierra, ha sido derribado, y en su lugar se ha dado al mundo un día de reposo falso. Así se ha abierto una brecha en la ley de Dios. Un día de reposo falso no podría constituir una norma verdadera. En el mensaje del primer ángel se llama a los hombres a adorar a Dios, nuestro Creador, quien hizo el mundo y todas las cosas que hay en él. Han rendido homenaje a una institución del papado e invalidado la ley de Jehová; pero debe haber un aumento de conocimiento con respecto a este asunto. El mensaje proclamado por el ángel que volaba por en medio del cielo es el Evangelio eterno, el mismo Evangelio que fue declarado en el Edén, cuando Dios le dijo a la serpiente: ‘Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’ (Gen 3:15). Esta constituye la primera promesa de un Salvador que saldría al campo de batalla para desafiar el poder de Satanás y prevalecer sobre él. Cristo vino a nuestro mundo para presentar el carácter de Dios tal como está representado en su santa ley, porque su ley es una copia de su carácter. Cristo era tanto la ley como el Evangelio. El ángel que proclama el Evangelio eterno proclama también la ley de Dios; porque el Evangelio de salvación induce a los hombres a obedecer la ley mediante la cual sus caracteres son formados a la semejanza divina… El mensaje de Apocalipsis 14 que proclama que la hora del juicio ha llegado, es dado en el tiempo del fin; y al ángel de Apocalipsis 10 se lo representa con un pie en el mar y el otro sobre la tierra para demostrar que el mensaje se llevará a países distantes; se cruzará el océano y las islas del mar escucharán la proclamación del último mensaje de amonestación dado a nuestro mundo.”[7]


REFERENCIAS

[1] Recibiréis Poder, 2 de Abril, “El Espíritu es fundamental para entender la verdad”.

[2] La Historia de la Redención, capítulo 55, pp.406-408.

[3] La Historia de la Redención, capítulo 51, p.382.

[4] Cristo en su Santuario, pp.112-114.

[5] Primeros Escritos, El mensaje del primer ángel, p.233.

[6] General Conference Bulletin, 27-5-1913, p.164.

[7] Mensajes Selectos tomo 2, capítulo 12, pp. 120-123.