Una propuesta gramatical a Mateo 28:19

Bereshit Lab

No es novedad actualmente escuchar en círculos adventistas que el Dios Trino proviene de una doctrina pagana (específicamente de Babilonia). Tampoco es novedad que muchos fieles seguidores de nuestras doctrinas fundamentales, las estén negando. Varios son los textos bíblicos, por otro lado, que se usan para apoyar tales teorías (por no decir fechorías), pero ninguna de ellas proviene de una exégesis contextual; siempre son textos sacados de contexto, que, en consecuencia (y aquí entra el dicho común), son sólo pretextos. El problema se acentúa más al ver que hay fieles seguidores que se aferran con todas sus fuerzas, en un intento de proclamar la “verdad”, pero en definitiva, están proclamando, y ayudando a sembrar la semilla de discordia. De hecho, uno de los textos que atacan mayormente a esta doctrina (la de Cristo como un Hijo “engendrado” del Padre, y el Espíritu Santo como una fuerza intangible del Hijo) que está latente en nuestros días, y que los deja completamente en jaque, es Mateo 28:19. Por consiguiente, y no sorprende mucho, es el texto bíblico más atacado y al cual se han esgrimido muchas pseudo-pruebas intentado denigrar dicho texto. Uno de los argumentos claves para escurrirse de lo latente que es esta cita y explícito en decir que hay tres seres Celestiales y en nombre de ellos deben bautizarse, es que el único en mencionarla es Mateo, y no sólo eso, es la única parte en la Biblia que se menciona dicha fórmula bautismal. El problema de dicha “refutación” (si en algo se puede llamar así), es que presenta una serie de contradicciones; una de las cuales veremos a continuación.

Hace bastante tiempo me encontraba estudiando griego bíblico (koiné), estaba por terminar el curso e iba en la parte de los participios griegos. Los participios griegos son verbos actuando como adjetivos; en realidad es un verbo y a la vez adjetivo; y simplemente es un modo verbal. Estos participios se usan en tres tiempos: presente (expresa acción lineal, es decir, durativa y comparte la acción del verbo principal de la oración); aoristo (expresa acción puntual anterior a la del verbo principal); y perfecto (acción completada con énfasis en lo descriptivo). Además, el participio griego puede ser usado como un adjetivo (describe, modifica, etc., al sustantivo), sustantivo (puede actuar como sujeto de la oración, o puede declinarse en dativo, genitivo, nominativo, etc.) y adverbio (puede ser de modo, tiempo o lugar). Pero, ¿qué tiene que ver con el tema expuesto? ¡Mucho!, y trataremos de explicarlo. Cuando comprendí qué era un participio, comencé a leer mi Biblia (en el idioma original, por supuesto) a ver qué podía encontrar; y providencialmente fui dirigido a Mateo 28:19. Da la casualidad que el verbo “bautizar” está en participio. Quizás, alguien pueda preguntarse, ¿y qué con eso?, pues hay algo en ello y que no debe pasarse por alto. Primero, observemos el texto griego:

πορευθέντες μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη, βαπτίζοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ πατρὸς καὶ τοῦ υἱοῦ καὶ τοῦ ἁγίου πνεύματος, (Mat 28:19)

βαπτίζοντες es un participio presente actuando como sustantivo nominativo masculino plural, “bautizándolos”. La implicancia de esto, tiene que ver en que el mandato de μαθητεύσατε (haced discípulos) en relación a “bautizar” indica una acción en el tiempo, pero una acción a realizar en el momento, en el acto. Me explico. Si alguien dice, “estoy haciendo comida”, la expresión entera se refiere a que estoy actuando, es decir, en el espacio-tiempo estoy realizando cierta obra específica. De la misma forma el mandato de “bautizándolos”, indica una referencia al acto en sí mismo, y no al proceso ceremonial. Es decir, no está diciendo que en todas las ceremonias debe bautizarse en el nombre de los tres, sino que más bien, se refiere al acto mismo de inmersión y su bendición previa. Lo que evidenciaría el porqué es única esta declaración; por otro lado, si leemos Hechos, jamás veremos un acto mismo de bautismo, sólo veremos alusiones a ello, pero no actos directos. Por ejemplo, el hecho más cercano de un bautismo fue el caso del eunuco, leemos de Hechos lo siguiente:

Siguiendo el camino llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Y mandó detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y lo bautizó.

Vemos que ni si quiera se hace mención de algún nombre en especial por el cual el eunuco fue bautizado. Pero sí leemos en más pasajes (de Hechos) que se bautiza en el nombre de Cristo:

Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedase algunos días.

En estos textos se hace mención de una fórmula que invoca a Jesucristo, ” bautizar en el nombre de Jesucristo”. Y claramente es visible que en estos vers. no se hace referencia al acto mismo realizado en el tiempo-espacio, sino a una declaración “global” del bautismo. Pero aún así, hay un problema que los detractores de este versículo pasan por alto y que veremos a continuación.

Otro de los argumentos claves que refuerzan lo anterior, es que el texto griego usa εἰς τὸ ὄνομα (en el nombre), un nominativo singular, y es seguido de tres sustantivos en el caso dativo, separados por  una conjunción: τοῦ Πατρὸς καὶ τοῦ Υἱοῦ καὶ τοῦ Ἁγίου Πνεύματος·. Una traducción apegada al texto podría ser: “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Incluso, muchas veces la conjunción καὶ (kaí) es traducida por “y”, o  “también”; es según el contexto que se le da una traducción conjuntiva. Por lo tanto, en el “nombre” (en singular), puede usarse tanto el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo o los tres para el bautismo. Es por eso, quizás, que en los textos presentados de Hechos sólo se llame el “bautismo de Cristo”, uno de los nombres encontrados en la formula bautismal de Mateo.

En conclusión, se puede decir que el participio activo del verbo “bautizar”, implica un acto en sí mismo, es decir, la bendición previa a la inmersión, y también, el singular de “nombre”, seguido por tres sustantivos separados por una conjunción que puede traducirse por “también” o “y”, etc., nos muestra que el “nombre” está compuesto por tres seres, tres seres celestiales que forman al Dios Altísimo. Por lo tanto, la ausencia de la fórmula bautismal de “Padre, Hijo y Espíritu Santo” en los demás escritos del NT, encuentra una explicación en la forma gramatical de Mateo 28:19.



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