Profetas, verdaderos y falsos

Nov 3, 2013
Juegos Cristianos

¿Cómo se puede distinguir la diferencia que existe entre un profeta verdadero y otro falso?

El Antiguo Testamento destaca el conflicto constante entre los profetas falsos y los profetas verdaderos del Señor. En el pasado, distinguir entre ellos fue difícil, pero había que hacerlo. Los israelitas preguntaron al Señor: ” ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?” (Deut. 18:21). Juan escribió a la iglesia: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Dado que este tema es muy importante, el Señor dio a su pueblo algunas instrucciones al respecto.

1. Profecías cumplidas: Moisés dijo a los Israelitas: “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él” (Deut. 18:22; ver Jer. 28:8, 9). A primera vista, esta es una buena prueba que, sin embargo, a menudo es difícil de aplicar. Para poder determinar si alguien es un profeta verdadero, debemos esperar el cumplimiento de la profecía que anunció. Con el objetivo de poder ayudar a sus oyentes, los profetas algunas veces daban, dentro de sus profecías de largo alcance, algunas profecías de término corto que se cumplían rápidamente (Jer. 28:16, 17). Sin embargo, las profecías de un falso profeta también podrían cumplirse (Deut. 13:1, 2). Esto sugiere que esta prueba no es suficiente, por sí sola, para saber si un profeta es de Dios.

2. Teología correcta. Esta prueba asume que el pueblo ya ha recibido mensajes de Dios y que es capaz de usarlos para evaluar nuevas revelaciones. Por ejemplo, dado que la Ley de Dios prohíbe adorar ídolos, un profeta que dirige a otros a adorar otros dioses sería un falso profeta (Deut. 13:2). El mensaje de un nuevo profeta tiene que estar de acuerdo con las revelaciones previas de Dios (Isa. 30:8). La persona que recibe la nueva revelación tiene que tener un profundo conocimiento personal de la Palabra de Dios. Esto les permite utilizar ese conocimiento para evaluar la veracidad de la nueva revelación. En el Nuevo Testamento, la revelación de Dios a través de Jesucristo llegó a ser la prueba central, junto con la Palabra escrita, para determinar si un profeta era verdadero (1 Juan 4:2, 3; Juan 17:17). Aunque esta prueba es más difícil de adulterar, puede ser falsificada. El apóstol Pablo escribió acerca de “falsos apóstoles […] que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Cor. 11:13, 14). Y sin embargo, los que conocen la verdad tal como es en Jesús no serán engañados.

3. La prueba de la ética. Los falsos profetas no viven a la altura de las leyes de Dios y no se pronuncian claramente contra el pecado. El profeta Ezequiel acusó a los falsos profetas: “Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo” (Eze. 13:22). Los falsos profetas también eran arrogantes (2 Ped. 2:18), engañadores (Hech. 13:6-10), y a menudo predicaban solo por la paga (2 Ped. 2:3, 13). Su vida no estaba en armonía con la palabra revelada de Dios. Las personas pueden dar la impresión de ser santas, incluso de hablar lo correcto, y sin embargo, Jesús dijo que son como lobos vestidos de ovejas (Mat. 7:15).

4. Por sus frutos. Jesús mismo estableció esta prueba. Dijo: “Por sus frutos los conoceréis […]. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mat. 7:16, 17). Es parecida a la tercera prueba, pero va más allá, al preguntar: ¿Cuáles son los resultados del ministerio de una persona que dice ser profeta? Su ministerio ¿edifica a la iglesia? Esta prueba requiere tiempo, pero la mentira y el engaño tarde o temprano son revelados.

Tenemos que permanecer abiertos a la posibilidad de que Dios todavía nos hable por medio de sus profetas. Pero, a fin de poder identificar a un verdadero profeta, deberíamos conocer y entender las Escrituras; deberíamos utilizar la Palabra inspirada de Dios para probar las enseñanzas y el estilo de vida de la persona que dice ser un profeta verdadero. Finalmente, no deberíamos aceptar rápidamente a alguien que dice serlo. Debemos darle tiempo para que las acciones del nuevo profeta muestren qué clase de persona es. Probar los espíritus requiere tiempo, oración y conocimiento de lo que Dios ya nos ha revelado.

Autor: Dr. Ángel Manuel Rodríguez

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