No fue culpa de Betsabé

Hoy, como todas las mañanas, estaba haciendo mi culto personal cuando leí una meditación que me molestó mucho. La reflexión del día jueves 8 de febrero de la devocional matutina para jóvenes Renuévate, está titulada “El amor genuino no se esconde”.[1] El tema trata acerca del adulterio y las consecuencias negativas que este pecado conlleva. Hasta aquí todo bien. Pero la ilustración que el Pastor Alejandro Medina, el autor del devocional, utilizó es simplemente una tergiversación y malinterpretación del texto bíblico.

Con el objetivo de mostrar los resultados catastróficos del adulterio, el Pr. Medina utiliza el conocido relato de David y Betsabé, describiéndolo de la siguiente manera:

Betsabé parece un tanto “descuidada” al tomar un baño desnuda en un sitio donde sabía que podría ser observada, especialmente desde el palacio real. ¿Acaso lo hacía intencionalmente? Además, parece reaccionar con poco dolor ante la muerte de su esposo y se integra de inmediato en el palacio como la primera dama del reino. Así que es posible que, tanto en David como en Betsabé, existieran reminiscencias de un romance que había empezado años antes.

A pesar de que sabía que Betsabé estaba casada con un hombre que arriesgaba su vida por las causas del rey, David mandó que la trajeran. Ambos cruzaron miradas. Sus corazones latían con fuerza. Únicamente bastó el primer contacto para desbocar la pasión que ardía en la pareja. Las mieles de la pasión parecían renovar la vida del rey.[2]

Cuando uno lee estas palabras le da la impresión que Betsabé buscaba llamar la atención del rey e instigarlo a caer en adulterio. Se la muestra como una “seductora” que busca atrapar al rey y convertirse en reina a pesar de estar casada con otro hombre. Sin embargo, la narración bíblica muestra claramente y de varias maneras diferentes que este no es el caso. Betsabé no fue cómplice, sino víctima, tal como veremos a continuación.

Pero antes de mostrar las evidencias bíblicas necesitamos mantener algo en mente. Las historias que se encuentran en las Escrituras no son simplemente relatos históricos. Son narraciones históricas. Es decir, no son simplemente descripciones de eventos pasados, sino historias contadas de tal manera que transmitan lecciones morales. Y, con el objetivo de comunicar enseñanzas espirituales, los narradores bíblicos deliberadamente enfatizan ciertos datos. Eso significa que cada detalle es importante. Nada es producto del azar. Todo significa algo.

A continuación veremos 8 argumentos que demuestran que Betsabé fue la víctima de una violación, no la cómplice de adulterio.

1. David es descrito negativamente

Al leer la historia de 2 Samuel 11 notamos que el narrador intencionalmente menciona ciertos detalles para que sutilmente nos formemos una imagen mental de cada personaje histórico. El capítulo comienza diciendo:

Al año siguiente, en el tiempo en que los reyes salen a la guerra, David envió a Joab y a sus siervos, y a todo el ejército de Israel, a combatir a los amonitas, a los que vencieron luego de ponerle sitio a la ciudad de Rabá. David se quedó en Jerusalén, (v. 1, énfasis añadido).[3]

El narrador nos muestra que en esa época del año (en primavera, cuando no había lluvia y el barro no impedía la marcha de los ejércitos) los reyes solían iniciar sus campañas militares. Sin embargo, David no cumplió con su papel de líder militar. En vez de dirigir a su ejército, envió a uno de sus generales, Joab, para liderar sus tropas mientras él se quedaba en la capital descansando. La narración comienza, por lo tanto, mostrando a David bajo una luz negativa.

2. La altura del palacio real.

Es importante notar que David vio a Betsabe desde la “azotea de su palacio” (2 Sam.11:2). Este es un detalle importante. El palacio de David se encontraba adyacente al sitio designado para la construcción del Templo de Salomón, al norte de la antiguo ciudad de Jerusalén. Este era el sitio más elevado de toda la ciudad, desde la cual se podían observar todos los demás edificios que se encontraban en el Valle de Cedrón.[4] El investigador Richard Davidson, en uno de sus viajes a Jerusalén, aseguró que “uno todavía puede pararse sobre [los restos del palacio de David]… y tener una clara visión dentro de los patios de las casas” que actualmente existen allí.[5]

Las casas en el antiguo Israel consistían en viviendas con cuatro habitaciones y un patio interior sin techo. Por lo tanto, una persona que se encontrara en una posición más elevada podía observar lo que sucedía dentro. Toda esta información nos demuestra que Betsabé no se estaba exhibiendo ante el rey en un intento de seducirlo. Ella estaba bañándose dentro de su hogar, sin darse cuenta que el rey David la observaba desde la altura de su palacio.

3. Betsabé estaba realizando un baño ritual

Otro detalle importante es la hora en que sucedió todo esto. David vio a Betsabé literalmente “en el tiempo de la tarde” (לְעֵ֣ת הָעֶ֗רֶב, 2 Sam. 11:2). Este era el momento del día en el que se realizaban los baños rituales. De acuerdo a las leyes mosaicas una mujer que había pasado por su período menstrual quedaba impura por siete días luego de los cuales debía purificarse mediante un baño ritual realizado “al anochecer” (הָעָֽרֶב), ver Lev. 15:27).[6] Esto detalles nos muestran que Betsabé no estaba bañándose con la intención de seducir al rey, sino que estaba cumpliendo con sus obligaciones religiosas.

Cuando conocemos esta información nos damos cuenta que la culpa de este incidente no recae en un “descuido” de Betsabé. Cuando la vio bañándose, David estaba paseando sobre la azotea de su palacio. Esto es descrito como un acto incidental, no rutinario. Esto implica que Betsabé no tendría manera de saber que David la estaría observando esa tarde. No obstante, era sabido que los baños rituales se hacían al atardecer, y el rey no ignoraba esto. Por lo tanto, nos encontramos que el rey deliberadamente invade la privacidad de sus súbditos, espiándolos en un horario en que sabía que las personas se bañaban.

4. La convocatoria al palacio

Es claro que Betsabé ignoraba porqué había sido convocada al palacio. Ella sencillamente estaba cumpliendo con el mandato real como buena súbdita del rey. Pero una vez que estuvo allí no había nada que pudiera hacer para resistir los avances sexuales del rey. Aunque el texto no nos dice que el rey abusó de ella haciendo uso de la fuerza, si describe lo que se conoce como “violación estatutoria” o “abuso de poder”.

Este crimen se caracteriza porque existe una relación de poder entre el agresor y la víctima que impide que ésta pueda dar su consentimiento. Recordemos que David no solo era el rey, la persona más poderosa en toda la nación, sino también un hábil guerrero. No solo tenía poder político y social para intimidar a su víctima, sino que era físicamente capaz de dañarla. Por eso, para Betsabé, resistirse no era una opción.

Pero no solo la relación de poder nos muestra que este acto sexual fue un abuso de poder sin consentimiento, sino también el texto hebreo. La Biblia nos dice que David “la tomo” (וַיִּקָּחֶ֗הָ) y “se acostó con ella” (עִמָּ֔הּ וַיִּשְׁכַּ֣ב) (2 Sam. 11:4). En todo momento es el rey quien toma la iniciativa. Mientras la narración muestra a David como un personaje activo, Betsabé es descrita como personaje pasivo, evidenciando su falta de consentimiento. El especialista en Antiguo Testamento, Anthony F. Campbell, asegura que “la fidelidad al texto sugiere que la acusación debiera ser violación”.[7]

5. Similitudes entre Urías y Betsabé

Es interesante que a lo largo de la narración se presenta un elemento en común entre Betsabé y Urías que recalca la inocencia de ambos. Cuando David se enteró que Betsabé estaba embarazada le ordenó a su esposo que regresara a Jerusalén con la excusa de conocer de primera mano la situación del conflicto militar y el estado de las tropas. El objetivo real de David era convencer a Urías para que se acostara con su esposa, lo cual le permitiría afirmar que el embarazo era fruto de la unión matrimonial y no de su abuso contra Betsabé. Sin embargo, Urías se niega a abandonar el palacio e ir para estar con su esposa. Uno esperaría que un hombre que había estado meses lejos de su esposa, que además era muy hermosa, estaría ansioso por ir a verla. No obstante, esto no sucede.

Esto se debe a que los soldados israelitas no mantenían relaciones sexuales mientras luchaban en una guerra (cf. 1 Sam. 21:4-5). Se esperaba que lo soldados se purificaran y santificaran durante las campañas militares para poder contar con la ayuda divina (e.g. Jos. 3:5). Parte del proceso de santificación incluía la abstinencia sexual durante un determinado tiempo (Ex. 19:14-15). Urías mostró fidelidad a este voto de consagración militar al igual que Betsabé mostró fidelidad en el cumplimiento de los rituales de purificación (2 Sam. 11:2, 4). Esta similitud entre ambos no es coincidencia. El narrador desea mostrar que la pareja era fiel en su adoración al Dios verdadero y libre de culpa de los pecados de David.

6. La Biblia coloca la culpa sobre David

Es particularmente interesante que en ningún momento la Biblia culpa a Betsabé por lo acontecido. Ni siquiera parte de la culpa es puesta sobre ella. La Biblia únicamente culpa a David por este pecado. De hecho, cuando el profeta Natán pronuncia el castigo divino por este pecado utiliza términos en singular: “tu pecado” (חַטָּאתְךָ֖, 2 Sam. 12:13) en vez del plural. Esto implica que el pecado fue cometido solo por una persona: David.

Además de esto, cuando el profeta Natán confronta a David utiliza una ilustración que recalca la inocencia de Betsabé:

En cierta ciudad vivían dos hombres. Uno de ellos era rico, y el otro era pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, pero el pobre sólo tenía una corderita que había comprado y criado, y que era como su propia hija, pues comía de su mesa, bebía de su vaso y dormía en su regazo; era como de la familia, pues había crecido con él y con sus hijos. Un día, el hombre rico recibió a un visitante y, como no quiso matar a ninguna de sus ovejas o vacas para ofrecerle de comer al visitante, fue y tomó la oveja del hombre pobre, y la preparó para su visitante. (2 Sam. 12:1-4, énfasis añadido)

La narración bíblica solo culpa a David por este crimen, nunca a Betsabé. De hecho, ella es comparada con una corderita o una oveja. Este es el mismo símbolo que es utilizado para describir a Jesús a lo largo de la Biblia. El cordero es un símbolo prácticamente universal de pureza e inocencia. Si Betsabé fue cómplice en un adulterio, ¿por qué la Biblia la describe usando un símbolo de inocencia?

7. Elena de White coloca la culpa sobre David

Al igual que la Biblia, Elena de White nunca culpa a Betsabé por lo sucedido, ni siquiera coloca parte de la culpa sobre ella. En realidad, ella describe a David como el culpable de pecar contra Urías y también contra Betsabé:

También por causa de Israel era necesario que Dios interviniera. Con el transcurso del tiempo se fue conociendo el pecado de David para con Betsabé (David’s sin toward Bathsheba), y se despertó la sospecha de que él había planeado la muerte de Urías… David había cometido un grave pecado contra Urías y Betsabé (David had committed a grievous sin, toward both Uriah and Bathsheba), y se daba cuenta perfecta de su gran transgresión. Pero mucho más grave era su pecado contra Dios.[8]

La deserción de Ahitofel, el más capaz y astuto de los dirigentes políticos, fue motivada por un deseo de vengar el deshonor de familia entrañado en el agravio hecho a Betsabé (revenge for the family disgrace involved in the wrong to Bathsheba), que era su nieta.[9]

Su crimen en el caso de Urías y Betsabé fue grave a la vista de Dios (His crime in the case of Uriah and Bathsheba was heinous in the sight of God). Un Dios justo e imparcial no podía sancionar o excusar estos pecados en David, por eso le dirigió una reprensión y una dura denuncia por intermedio de Natán, su profeta, quien dibujó con vivos colores su grave ofensa.[10]

8. Betsabé en la corte real

Los comentadores que imaginan a Betsabé como una seductora que buscaba atraer al rey y convertirse en reina carecen de evidencia bíblica. En realidad, la Escritura es clara al mostrar ella no pasó a ser parte de la corte por voluntad propia. Luego de la muerte de Urías, Betsabé “hizo duelo por su marido” y, finalizado el luto, David “mandó traerla a su casa” (אֶל־בֵּיתוֹ וַיַּאַסְפָ֤הּ). [11] El verbo hebreo utilizado aquí (אסף) se usa generalmente para describir la cosecha del campo o una leva militar[12] e insinúa que fue un acto de poder que no necesariamente contó con el consentimiento de Betsabé.

Es interesante que Betsabé no vuelve a aparecer en las narraciones bíblicas sino hasta la coronación de Salomón. Esto sugiere que no tuvo un papel preponderante en la corte real. Incluso en el relato de la ascensión al trono de Salomón, Betsabé solo actúa después de que el profeta Natán la instará a actuar. Ella no buscó por si misma que su hijo fuera el rey, sino que este era el plan de Dios expresado mediante el profeta Natán (véase 1 Reyes 1-2).

Fue después de la muerte de David y la ascensión de Salomón que Betsabé pasó a ser una miembro activa de la corte real. Ella le colocó la corona de bodas a Salomón (Can. 3:11), se sentaba a la derecha del trono real y era saludada por Salomón con una reverencia (1 Re. 2:19).

Es particularmente interesante que Salomón, al escribir su libro de Proverbios, enfatiza el rol y la importancia de su madre (véase, Prov. 1:8: 4:4; 6:20-23; 10:1; 17:25; 23:22, 25; 28:24). Y a pesar de que existen numerosas referencias al adulterio en Proverbios, en ninguna de estas menciones se alude a Betsabé. Para Salomón su madre era un ejemplo de rectitud, no una adúltera.

Conclusión

En este breve artículo hemos podido observar que la narración bíblica nos ofrece numerosas pistas para descifrar lo que realmente sucedió entre David y Betsabé. El texto bíblico nos muestra que Betsabé no era una “seductora” que se exponía ante el rey para atraer su atención y convertirse en reina. Ella fue la víctima inocente de la lujuria del rey David. Mediante estos ocho argumentos podemos ver que Betsabé no debería ser imaginada como cómplice de adulterio, sino como la víctima de un abuso de poder.


Referencias


  1. Alejandro Medina Villareal, ¡Renuévate!: Lecturas devocionales para jóvenes (Buenos Aires: ACES, 2017), 45. ↩︎

  2. Ibid. ↩︎

  3. A menos que se indique algo diferente todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Reina-Valera Contemporánea. ↩︎

  4. Eilat Maar, “Did I Find David’s Palace?”, disponible en https://www.biblicalarchaeology.org/daily/biblical-sites-places/jerusalem/did-i-find-king-davids-palace/ (consultado el 8 de febrero de 2018). ↩︎

  5. Richard Davidson, “Did King David Rape Bathsheba? A Case Study in Narrative Theology”, Journal of the Adventist Theological Society 17, n° 2 (2006): 83. ↩︎

  6. Ibid., 84. ↩︎

  7. Anthony F. Campbell, 2 Samuel. The Forms of the Old Testament Literature 7 (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2005), 104. ↩︎

  8. Patriarcas y profetas (Miami, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2008), 711, 712; énfasis añadido. ↩︎

  9. Ibid., 735; énfasis añadido. ↩︎

  10. Testimonios sobre la conducta sexual, adulterio y divorcio (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), 105; énfasis añadido. ↩︎

  11. 2 Samuel 11:26-27, versión Biblia de las Américas. ↩︎

  12. Davidson, 91. ↩︎



comments powered by Disqus