La distinción entre lo limpio y lo inmundo

Bereshit Lab

“Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo inmundo”. (Ezequiel 44:23)

Una de las características de la iglesia militante y de sus verdaderos maestros, es que enseñarán al pueblo a discernir entre lo limpio y lo inmundo y precisamente una de las inspiradas diferenciaciones que menciona la Biblia, es la distinción entre animales limpios e inmundos, esta distinción no fue originada en el tiempo de Moisés, en realidad su origen se remonta al inicio de los tiempos, por cuanto Dios mismo la estableció después de la caída del hombre, y una clara evidencia de ello es la siguiente cita que revela que esta distinción ya existía antes del diluvio, pues así está escrito:

“Entonces dijo Jehová a Noé: Entra en el arca tú y todos los de tu casa; porque he visto que sólo tú eres justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio tomarás contigo siete parejas, el macho y su hembra; y de todo animal que no es limpio, dos, el macho y su hembra”. (Génesis 7:1-2)

Tal y como lo demuestra esta cita, la distinción entre animales ya estaba vigente antes del diluvio y es en base a esta distinción que Dios le especificó a Noé la cantidad de animales limpios y no limpios que debían ser llevados en el arca. Y después del diluvio Dios nuevamente dio otra prueba de la validez inspirada de esta distinción de animales, pues basándose en ella, concedió permiso para comer la carne de animales limpios, pues así está escrito:

“Y bendijo Dios á Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad, y multiplicad, y llenad la tierra: Y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar: en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para alimento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo”. (Génesis 9:1-3)

El Espíritu de Profecía amplia esta descripción bíblica y especifica que después del diluvio y “a causa de la necesidad humana”, Dios “dio permiso para que consumieran la carne de los animales limpios”, lo cual nuevamente confirma la validez y práctica de esta distinción entre animales, aún mucho antes del tiempo de Moisés, pues así lo declara el siguiente párrafo inspirado:

“Cuando Noé vio las poderosas fieras que salían con él del arca, temió que su familia, compuesta de ocho personas solamente, fuese devorada por ellas. Pero el Señor envió un ángel a su siervo con este mensaje de seguridad: “Y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar: en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo.” Génesis 9:2, 3. Antes de ese tiempo, Dios no había permitido al hombre que comiera carne; quería que la raza humana subsistiera enteramente con los productos de la tierra; pero ahora que toda cosa verde había sido destruida, les dio permiso para que consumieran la carne de los animales limpios que habían sido preservados en el arca”. (Patriarcas y Profetas, página 98)

Muchos siglos después del tiempo de Noé, esta distinción fue incluida en la Ley de Moisés, para que el pueblo hebreo supiera con precisión qué carnes podrían ser utilizadas en su régimen alimenticio, pues así está escrito:

“El Señor habló a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel, y decidles: "Estos son los animales que podréis comer de entre todos los animales que hay sobre la tierra". Esta es la ley acerca de los animales, de las aves, de todo ser viviente que se mueve en las aguas y de todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer distinción entre lo inmundo y lo limpio, entre el animal que se puede comer y el animal que no se puede comer”. (Levítico 11:1; 46-47)

Notemos que estas citas de Levíticos terminan aclarando que esta ley de distinción entre animales, forma parte del principio inspirado de “hacer distinción entre lo inmundo y lo limpio”, principio mencionado por Ezequiel 44:23 y cuya práctica como ya se lo explicó es una característica distintiva de los verdaderos siervos de Dios.

EL NUEVO TESTAMENTO RATIFICA SU VIGENCIA

En la actualidad hay quienes son indiferentes a la distinción entre carnes limpias e inmundas y hasta declaran que dicha diferenciación fue abolida con la muerte de Cristo, sin embargo, ni los primeros discípulos, ni la iglesia primitiva consideraron que la muerte de Cristo anuló o abolió esta distinción, al contrario, el Nuevo Testamento registra que en cierta ocasión el Apóstol Pedro, quien creyendo que la visión que se le presentó se refería a la alimentación, declaró que “ninguna cosa común o inmunda” había “comido jamás”, es decir el Apóstol Pedro por sus palabras demostró que él seguía considerando como inmundas a dichas carnes, es decir seguía considerando vigente la distinción entre animales limpios e inmundos aún muchos años después de la muerte de Cristo, pues así está escrito:

“Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás”. (Hechos 10:9-14)

Incluso hay quienes piensan que en esta visión de Pedro, Dios “eliminó la prohibición de usar la carne de animales…inmundos”, sin embargo “esta es una interpretación estrecha y completamente errónea”, pues así lo declara la siguiente cita inspirada, la cual es otra evidencia categórica que demuestra que la distinción entre carnes limpias e inmundas no fue abolida ni siquiera cuando Pedro tuvo esta visión, pues así está escrito:

“Mediante la visión del lienzo y su contenido, que descendió del cielo, se iba a librar a Pedro de sus arraigados prejuicios contra los gentiles; debía comprender que por medio de Cristo las naciones paganas llegaban a ser participantes de las bendiciones y los privilegios de los judíos, y que junto con ellos debían ser igualmente beneficiadas. Algunos han sostenido que esta visión significa que Dios eliminó la prohibición de usar la carne de animales que anteriormente habían sido considerados inmundos, y que por lo tanto la carne de cerdo es apta para el consumo. Esta es un interpretación estrecha y completamente errónea, y contradice flagrantemente el relato bíblico de la visión y sus consecuencias”. (Historia de la Redención, página 298.2)

EL ESPÍRITU DE PROFECÍA RATIFICA ESTA DISTINCIÓN

Hay quienes cuestionan a la Iglesia Adventista por haber convertido el cerdo y todas las carnes inmundas en una prueba de membrecía ya que mencionan que en 1858, la Sierva del Señor declaró que no era necesario hacerlo; sin embargo estas personas olvidan que antes de 1863, la Sierva del Señor no tenía un conocimiento completo sobre los principios de la Temperancia, pero después de que fue revelada completamente la Reforma Prosalud, el Espíritu de Profecía ya comenzó a ratificar las claras diferencias que existen entre las carnes limpias e inmundas.

Y no solo eso, el Espíritu de Profecía también comenzó a presentar declaraciones que revelaban que la abstención de cerdo y en consecuencia de todas las carnes inmundas, eran claramente contrarios a un mandato de Dios; y una evidencia de ello es la siguiente cita que ya en el año de 1868 declaró que “el uso de carne de cerdo es contrario el expreso mandato del Señor”, pues así está escrito:

Dios os ha dado luz y conocimiento, que según habéis profesado creéis que provienen directamente de él. Esa luz os enseña a negaros a satisfacer el apetito. Sabéis que el uso de carne de cerdo es contrario al expreso mandato del Señor, no porque él deseara manifestar especialmente su autoridad, sino porque esa carne sería dañina para los que la consumieran. Su empleo haría que la sangre fuera impura, de manera que la escrófula y otros humores corrompieran el sistema, y todo el organismo sufriera. Especialmente los finos y delicados nervios del cerebro se debilitan y su función se entorpece de tal manera que las cosas sagradas no se disciernen, sino que se colocan en un plano inferior con las cosas comunes. (Testimonies for the Church 2:96 (1868)) (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, página 468.4)

En el año de 1881, el Espíritu de Profecía fue más categórico y ya declaró que la abstención de todas las carnes inmundas, si implicaban una prueba de fidelidad, pues al describir la ocasión en que el Profeta Daniel se negó a comer la comida del Rey, declaró que “entre las viandas que se colocaban ante el Rey había carne de cerdo y otras carnes declaradas inmundas”, cuyo consumo “se había prohibido expresamente” y por tal motivo “Daniel fue puesto en una prueba severa” y al igual que la cita anterior, nuevamente se revela que el consumo de las carnes inmundas si implican “desobedecer el mandato del Señor”, pues así está escrito:

“Entre las viandas que se colocaban ante el rey había carne de cerdo y otras carnes declaradas inmundas por la ley de Moisés. Se había prohibido expresamente que los hebreos las comieran. Aquí Daniel fue puesto en una prueba severa. ¿Debía adherirse a las enseñanzas de sus padres sobre alimentos y bebidas, y ofender al rey, probablemente perdiendo no sólo su posición sino también su vida, o debía desobedecer el mandato del Señor y retener el favor real, obteniendo de esta suerte grandes ventajas intelectuales y las más halagüeñas perspectivas mundanas?”. “Daniel no dudó por mucho tiempo. Decidió mantenerse firme en su integridad, fueran cualesquiera los resultados. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía”. Daniel 1:8. (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, página 33) (The Review and Herald, 25 de Enero, 1881, párrafos 5 y 6)

En cambio, al referirse a las carnes limpias, el Espíritu de Profecía declara que su abstención no debe ser presentada como una prueba y más bien siempre rechazó que se convierta su abstención en una prueba de membrecía eclesiástica, pues precisamente en el mismo año de 1881 declaró que el uso de carne (limpia) “no debe presentarse a nadie como una prueba”, y aún más advierte que quienes “juntan estas cosas y las esgrimen contra otros no saben la obra que están haciendo”, es decir que utilizar la abstención de carne limpia para juzgar, cuestionar o condenar a quienes todavía no la han abandonado, es una actitud que está claramente rechazada por Dios, pues así está escrito:

“La pregunta de si debemos consumir mantequilla, carne o queso, no debe presentarse a nadie como una prueba; pero en cambio, nosotros debemos educar y mostrar los males de las cosas que son objetables. Los que juntan estas cosas y las esgrimen contra otros no saben la obra que están haciendo. La Palabra de Dios ha establecido pruebas para el pueblo del Señor. Observar la santa Ley de Dios, el sábado, es una prueba, una señal entre Dios y su pueblo por todas las generaciones y eternamente. Esta es, para siempre, la carga del mensaje del tercer ángel: los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo”. (Mensajes Selectos Tomo 3, Página 278,328, (1881))

En esta cita el término “prueba” es mencionado por tres ocasiones y es utilizado en el contexto de una prueba de membrecía, y se especifica que ni a miembros ni a no miembros, es decir, absolutamente “a nadie” se le debe presentar este asunto como un requisito para obtener o mantener la membrecía eclesiástica.

Estas dos últimas citas presentadas son una clara evidencia de cómo el Espíritu de Profecía sí hace diferencia entre las carnes limpias e inmundas, en la primera cita la abstención de carnes inmundas estaba relacionada a una “prueba severa”, a la cual el profeta Daniel fue sometido y cuyo consumo significaba “desobedecer el mandato del Señor”; en cambio, la segunda cita utiliza el término “carne” para referirse de manera general a todas las carnes limpias y declara que su abstención es un inspirado consejo que “no debe presentarse a nadie como una prueba” ni debe ser utilizado “contra otros” para atacarlos o condenarlos; por lo tanto es evidente que el Espíritu de Profecía sí reconoce las claras diferencias entre las carnes limpias e inmundas.

ESTA DISTINCIÓN FORMA PARTE DE LOS PRINCIPIOS DE TEMPERANCIA

Hay quienes argumentan que la distinción entre carnes limpias e inmundas no forma parte de los principios de temperancia o incluso señalan que esta distinción es contraria a dichos principios; sin embargo esta creencia es completamente errónea ya que el Espíritu de Profecía no solo incluye a esta distinción entre los principios de temperancia, sino que su obediencia es catalogada como “el cumplimiento estricto de los requerimientos de Dios” e incluso es descrita como una observancia de “estricta temperancia”, cuyos “principios” son “un ejemplo del triunfo… sobre la tentación de complacer el apetito”, pues así lo declara al describir la ocasión en que el profeta Daniel y sus compañeros obedecieron esta inspirada distinción y evitaron el consumo de carnes inmundas:

“Aquí hay una lección para todos, pero especialmente para los jóvenes. El cumplimiento estricto de los requerimientos de Dios es benéfico para la salud del cuerpo y de la mente. A fin de alcanzar la más alta norma de conquistas morales e intelectuales, es necesario buscar sabiduría y fuerza de Dios, y observar una estricta temperancia en todos los hábitos de la vida. En la experiencia de Daniel y sus compañeros tenemos un ejemplo del triunfo de los principios sobre la tentación de complacer el apetito. Esa experiencia nos muestra que por medio de los principios religiosos los jóvenes pueden triunfar sobre la concupiscencia de la carne y mantenerse leales a los requerimientos de Dios aunque les cueste un gran sacrificio”. (The Review and Herald, 25 de enero de 1881, párrafo 15) (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, página 36.1)

Nueve años después en 1890, el Espíritu de Profecía ratificó la validez de la distinción entre carnes limpias e inmundas ya que reveló que dicha distinción “no era meramente un reglamento ceremonial” y al no ser un reglamento exclusivamente ceremonial, no hay base inspirada para afirmar que esta distinción fue abolida juntamente con la ley ceremonial de Moisés por la muerte de Cristo, en realidad esta distinción estaba “basada en principios sanitarios” y el Espíritu de Profecía aún va más allá al declarar que esta distinción forma parte de los “principios de la templanza” que “deben llevarse”, pues así está escrito:

“La prohibición del ángel incluía toda “cosa inmunda”. La distinción entre los comestibles limpios y los inmundos no era meramente un reglamento ceremonial o arbitrario, sino que se basaba en principios sanitarios. A la observancia de esta distinción se puede atribuir, en alto grado, la maravillosa vitalidad que por muchos siglos ha distinguido al pueblo judío. Los principios de la templanza deben llevarse más allá del mero consumo de bebidas alcohólicas”. (Patriarcas y Profetas, página 543, (1890))

Cinco años después nuevamente el Espíritu de Profecía presentó otra clara diferencia entre las carnes limpias e inmundas, pues al referirse a las carnes limpias aclaró que nunca tuvo la intención de “decir que nadie debe probar la carne bajo ninguna circunstancia” y reveló que quienes toman una posición restrictiva o prohibitiva con este tipo de carnes, en realidad están llevando “las cosas a los extremos”, por cuanto este es un asunto de exclusiva índole personal, que ni la iglesia ni nadie tienen la autoridad para imponerlo o exigirlo, y esto es evidente por cuanto la declaración inspirada especifica que “no quería dar ocasión para que nadie fuera conciencia de otra persona”, pues así está escrito:

“Nunca he sentido que era mi deber decir que nadie debe probar la carne bajo ninguna circunstancia. Decir esto cuando la gente ha sido enseñada a vivir a base de carne en gran medida, sería llevar las cosas a los extremos. Nunca he sentido que era mi deber hacer declaraciones categóricas. Lo que he dicho lo he dicho dominada por un sentido del deber, pero he sido cuidadosa en mis declaraciones, porque no quería dar ocasión para que nadie fuera conciencia de otra persona...” (Carta 76, 1895) (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, Página 447, 556)

En cambio, de las carnes inmundas y especialmente del cerdo, el Espíritu de Profecía declaró que su completa y total abstención si era un “mandato… dado porque la carne del cerdo es impropia para servir de alimento” y que por tal motivo “nunca, en circunstancia alguna, debería ser consumida su carne por los seres humanos”, pues así está escrito:

En los tejidos del cerdo hormiguean los parásitos. Del cerdo dijo Dios: “Os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos”. Deuteronomio 14:8. Este mandato fue dado porque la carne del cerdo es impropia para servir de alimento. Los cerdos se alimentan de desperdicios, y sólo sirven para este fin. Nunca, en circunstancia alguna, debería ser consumida su carne por los seres humanos. (El Ministerio de Curación, 241, 242 (1905))

La distinción entre animales, como la prohibición de consumir carnes inmundas, están vigentes y continuarán vigentes hasta la segunda venida de Cristo y otra evidencia de ello, es la siguiente cita bíblica, la cual al referirse al tiempo futuro del segundo advenimiento, declara que van a ser severamente castigados todos aquellos que no hayan abandonado el consumo de carnes inmundas o abominables, pues así está escrito:

“Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego. Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados. Los que se santifican y los que se purifican en los huertos, unos tras otros, los que comen carne de cerdo y abominación y ratón, juntamente serán talados, dice Jehová”. (Isaías 66:15-17)

Esta cita revela que cuando ocurra la Segunda Venida de Cristo, quienes van a ser destruidos son aquellas personas que hayan seguido comiendo cosas abominables; en un contexto de comida, el término “abominación” es una clara referencia de las carnes inmundas, incluso la cita da ejemplos específicos de este tipo de carnes, como son el cerdo y el ratón y notemos que la cita no menciona ningún tipo de carne limpia, demostrando así que la distinción entre lo limpio e inmundo seguirá vigente hasta el Segundo Advenimiento de Cristo.

La Biblia no solo ordena que nos abstengamos completamente de lo inmundo, incluso declara que ni siquiera se lo debe tocar, ya que por medio del tacto se puede transmitir o propagar las bacterias y virus que contiene, y esta orden bíblica es presentada como un requisito para ser recibidos por Dios y así poder ser reconocidos formalmente como sus hijos, pues así está escrito:

“Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, teniendo tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”. (2 Corintios 6:17-18; 7:1)

CONCLUSIÓN

La distinción entre lo limpio e inmundo es un principio bíblico que estará vigente hasta el Segundo Advenimiento del Salvador y la prohibición de consumir carnes inmundas es un expreso mandato de Dios y es un requisito que los verdaderos cristianos cumplirán como resultado de su comunión con Jesús.

Autor: Pablo Muñoz | Ecuador.


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