La caída de Babilonia en la Biblia y en la Historia

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Introducción

Si la historia la escriben los vencedores, y si la noción histórica positivista, descriptiva y acrítica forma el pensamiento de las masas, ¿no resulta imperante –no por razones académicas, sino en “honor a la verdad”– deconstruir dicha historia oficial, donde los vencedores son los protagonistas?

A lo largo del siglo XX, producto del positivismo la historia se ve desde el punto de vista “oficial”, donde la sociedad no importa, donde las fuentes oficiales son la única fuente “confiable” del historiador.[1] Por lo que es imperativo ser crítico de esta historia y rechazarla por sobre todo análisis crítico. Porque si la historia la escriben los vencedores, ¿no parece ser necesario mirarla desde la otra perspectiva, desde lo “no oficial”?[2] Eric Hobsbawm insta a los historiadores a que deben estar “profesionalmente obligados” a no interpretar mal la historia, “o, cuanto menos, a esforzarse en no interpretarla mal.”[3] A su vez, Artur Marwiek[4], invita a que los “historiadores no pretenden ofrecer ‘un testimonio neutral’; en el mejor de los casos lo que presentan es una interpretación basada en las fuentes”[5], es decir, el historiador está obligado a interpretar las fuentes con el objetivo de reconstruir el pasado; es por eso mismo que Fernand Braudel[6] plantea que “el historiador no se evade nunca del tiempo de la historia: el tiempo se adhiere a su pensamiento como la tierra a la pala del jardinero”[7], es decir, el objetivo principal de un historiador va relacionado con el tiempo, especialmente, con el pasado. Aunque, el tiempo no es más que una medida continua donde se desarrollan los sucesos más grandes.[8] Con base en ello, Braudel nos cuenta que para el historiador “participar espiritualmente en uno de estos tiempos equivale a participar en todos ellos”[9], por lo que es imposible evaluar las fuentes sin considerar el trasfondo tanto contextual como espiritual dentro del pasado, puesto que “[p]ara el historiador todo comienza y todo termina por el tiempo; un tiempo matemático y demiurgo sobre el que resultaría demasiado fácil ironizar; un tiempo que parece exterior a los hombres, ‘exógeno’, dirían los economistas, que les empuja, que les obliga, que les arranca a sus tiempos particulares de diferentes colores: el tiempo imperioso del mundo.”[10]

Ahora bien, el autor de esta monografía cree que la Biblia es un libro inspirado por Dios, por lo tanto, aplicar la metodología histórica al estudio bíblico carecería de valor en cuanto al contenido mismo de ella, ya que, desde la historia como método se presupone que la Biblia es un escrito de la fe de sus autores y que no hay intervención divina en la forma escrita. Por lo mismo, la metodología seguida aquí[11] para describir los eventos será contrastar lo que la Biblia dice respecto a la caída de Babilonia con lo que la evidencia documentaria nos entrega sobre aquel evento, empero, a dichas fuentes sí aplicaremos el método histórico dado que no se consideran como textos inspirados.

De manera que la metodología a seguir consta de dos pasos: la primera es de carácter teológica, desde el relato bíblico; y la segunda es crítica, desde las fuentes históricas, entendiendo lo que los historiográficos nos enseñan como estudio histórico. Es por ello que se ha querido dividir en dos partes la sección “Ad fontes: La caída de Babilonia”, la primera en relación a lo que la Biblia dice, y la segunda con lo que las fuentes históricas nos dicen.

Ad fontes[12]: La caída de Babilonia

La caída de Babilonia en la Biblia

La Biblia Hebrea menciona a Babilonia[13] como בָּבֶל siendo la primera vez encontrada en Génesis 10-11[14]. Ahí se asocia principalmente con la torre de “Babel” (בָּבֶל). Posteriormente es encontrada en 2 Reyes 20:12-19 cuando Ezequías recibe a los embajadores de Babilonia. En aquella ocasión, alrededor de 100 años antes de que Nabucodonosor conquistara Jerusalén, el profeta Isaías dijo al rey Ezequías: “He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia” (vv.17-18). Tiempo después por el mismo Jeremías fue pronunciado un oráculo acerca de Babilonia en la misma línea que el profeta Isaías: “todo Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, y los llevará cautivos a Babilonia, y los matará a espada” (Jer 20:4 cf. 25:11).

No obstante, a pesar de que se había predicho la conquista de Babilonia sobre Jerusalén, también se profetizó respecto a que esta caería finalmente (Isaías 13:1-14:23). La caída de Babilonia es descrita no solo por el profeta Isaías, sino también por el profeta Jeremías, donde predice que Babilonia sería castigada por Dios de la misma forma que lo fue Asiria, y que traería sobre ellos un pueblo que acabaría con todo Babilonia (Jer 50-51). En efecto, el libro de Daniel menciona no solo la llegada de Babilonia a Jerusalén y la conquista del reino (“el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá”, Dan.1:2), sino que también menciona la caída de este en manos de Darío el Medo (Dan. 5:31)[15]. El profeta Daniel describe aquel evento siendo de noche, en donde ocurría un banquete orquestado por Belsasar (Dan. 5:1), y a causa de sus pecados aquella misma noche “fue muerto Belsasar” (5:30). La Biblia describe aquel suceso asociado con el pecado del rey regente[16], de manera que Dios “entregó”, en aquella noche, a Babilonia en manos de otro reino.

En suma, la Biblia predijo con anterioridad la llega de Babilonia a Jerusalén y que la ciudad santa sería conquistada, sin embargo, pasado un tiempo, sería juzgada por Dios de la misma forma que lo fue Asiria. De esta manera, el libro de Daniel contiene la conquista de Babilonia in situ, y nos entrega más información a la hora de contrastar la evidencia documentaria que hay respecto a la caída de Babilonia en la historia.

La caída de Babilonia en la Historia

Son solo cuatro fuentes que se tienen para documentar la caída de Babilonia en la historia, estas son: la Crónica de Nabonido, Jenofonte, Heródoto y el Cilindro de Ciro. En esta sección nos permitiremos analizar cada una de ellas sin pretender ser exhaustivos.

Aunque, antes se debe trazar la línea histórica respecto a Babilonia. Esta se ubicaba en la región de Mesopotamia, actualmente en los “suburbios de la moderna Bagdad”[17]. El imperio Neobabilónico vivió su apogeo en los siglos VII-VI a.C., bajo la mano de Nabucodonosor[18], esto ocurrió en el 605, cuando este infringió una derrota aplastante sobre los egipcios en Carquemis (Jer 46:2)[19]. El imperio de Nabucodonosor llegó a ser conocido por toda la región, el poderío y la riqueza de este rey puede leerse en un cilindro atribuido a él mismo:

“[en] el Esagila ... la residencia de los dioses ... apliqué oro brillante [vidriado] en vez de cal. El Ezida [el Templo de Nabu en Borsippa] construí de nuevo y con plata, oro, gemas seleccionadas, cobre ... y madera de cedro, completé su trabajo ... el zigurat de Babilonia, reconstruí (y] completé y con ladrillos vidriados de color azul puro subí hasta su cima.” [20]

Esta misma referencia puede ser contrastada en Daniel cuando el rey dice de la ciudad babilónica: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (4:30).

Crónica de Nabonido[21]

La Crónica de Nabonido es considerada por los eruditos como la fuente más confiable respecto a la historia del imperio Neobabilónico[22]. En la narración de la caída de Babilonia menciona que esta fue tomada sin una batalla de por medio (col. 3 líneas 12-16):

En el mes de Tašrītu, cuando Ciro luchó en Opis en la [orilla del] Tigris contra el ejército de Akkad, la gente de Akkad se retiró. Se llevó el saqueo (y) masacró a la gente. En el decimocuarto día (de Tašrītu), Sippar fue capturado sin una batalla. Nabonido huyó. En el decimosexto día (de Tašrītu), Ugbaru, gobernador de Guitum, y el ejército de Ciro entraron en Babilonia sin una batalla. Luego, después de que Nabonido se retiró, fue capturado en Babilonia.[23]

El relato de la Crónica de Nabonido menciona a Ugbaru, que en conjunto con el ejército de Ciro conquistaron Babilonia “sin una batalla”. Otro aspecto interesante para remarcar es el mencionado por J. J. Collins de que el festival encontrado en Dan.5:4 podría referirse a la festividad akītu de Nabonido donde, de acuerdo con la Crónica de Nabonido, varios ídolos fueron llevados a aquella festividad.[24]

Jenofonte

En la Ciropedia 7.5.17-36[25] se describe la conquista de Babilonia en manos de Ciro. Y en 7.5.15 se describe un evento interesante, Jenofonte nos cuenta que:

“Luego, cuando escuchó [Ciro] que cierta fiesta había tenido lugar en Babilonia, durante la cual toda Babilonia estaba acostumbrada a beber y deleitarse durante toda la noche, Ciro tomó una gran cantidad de hombres, apenas oscureció, y abrió las cabezas de las trincheras en el río”.

Aunque no podemos estar seguros de que dicha fiesta sea la misma descrita en Daniel, sí es evidente la inmensa similitud que hay entre la descripción de Jenofonte y el relato daniélico. De hecho, gran parte de la erudición atribuye el estilo literario de Jenofonte como uno novelístico y no de carácter histórico.[26] Pese a ello la similitud es bastante sugestiva, aunque “no está claro si las descripciones de las festividades tienen una base histórica común, al menos parecen apoyar la conclusión de que la ciudad de Babilonia cayó sin mucha oposición a los invasores persas.”[27]

Heródoto

Por otro lado, Heródoto en sus Nueve libros de la historia[28] también relata la caída de Babilonia siguiendo la misma línea de Jenofonte. El relato es encontrado en 1.191, ahí leemos lo siguiente:

“Si en aquella ocasión los Babilonios hubiesen presentido lo que Cyro iba a practicar o no hubiesen estado nimiamente confiados de que los Persas no podrían entrar en la ciudad, hubieran acabado con ellos. Porque solo con cerrar todas las puertas que miran al río, y subirse sobre las cercas que corren por sus márgenes, los hubieran podido coger como a los peces en nasa. Pero entonces fueron sorprendidos por los Persas; y según dicen los habitantes de aquella ciudad, estaban ya prisioneros los que moraban en los extremos de ella, y los que vivían en el centro ignoraban absolutamente lo que pasaba, con motivo de la gran extensión del pueblo, y porque siendo además un día de fiesta, se hallaban bailando y divirtiendo en sus convites u festines, en los cuales continuaron hasta que del todo se vieron en poder del enemigo. De este modo fue tomada Babilonia la primera vez.”

En este relato se puede apreciar que también en la conquista de Babilonia hubo un “día de fiesta”, y que fue producto de ello que Babilonia fue tomada, y enfatiza que Ciro tomó Babilonia por sorpresa. Aunque nuevamente no debemos tomar en estricto rigor las palabras de Heródoto debido a que su relato descansa sobre la fuente de la tradición oral (“según dicen los habitantes de aquella ciudad”), sí podemos estar seguros de que tanto Jenofonte como Heródoto están de acuerdo que aquella noche de la conquista babilónica había una gran fiesta.

Cilindro de Ciro

Finalmente el cilindro de Ciro menciona también que la conquista Babilónica[29] en manos de Ciro fue sin una batalla de por medio: “Sin combate ni batalla, él [Marduk] lo hizo [Ciro] entrar en Babilonia, su ciudad. Él salvó a Babilonia de la opresión. Entregó en sus manos a Nabonido, el rey que no lo adoraba.”[30]

Evaluando las fuentes

Al evaluar desde el punto de vista histórico las fuentes discutidas más arriba vemos finalmente que hay una similitud sustancial entre ellas en mencionar que la conquista de Babilonia fue sin batalla, tanto la Crónica de Nabonido, como la Ciropedia de Jenofonte y la Historia de Heródoto hasta el Cilindro de Ciro mencionan que no hubo una batalla al momento de la caída de Babilonia. La mención, por otro lado, a la festividad que encontramos tanto en Heródoto como en Jenofonte es digna de resaltar dada su similitud en el relato, lo mismo puede ser contrastado en la Crónica de Nabonido atribuyéndosela a la festividad akītu.[31] Otra similitud que puede ser encontrada en los historiadores griegos es en que aquel suceso ocurre en “la noche” y no en el día.

Un cuadro comparativo respecto a la narrativa de los eventos puede ser vista de la siguiente forma:

Tabla_Gajardo_Caida_Babilonia

Al realizar este diálogo comparativo de las fuentes, podemos ver que hay un evento en el cual se describe por todos y es que la conquista fue sin una batalla. Otro evento que avala el relato daniélico es donde se menciona que Belsasar “hizo un gran banquete” (Dan.5:1) y que además en el festín de aquella noche adoraron a “los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Dan.4:1), precisamente la festividad akītu mencionada más arriba fue una festividad que “se celebró en el último año del reino babilónico”[32] de acuerdo con la Crónica de Nabonido, y es donde se traían todos los ídolos para ser adorados en una gran fiesta. Quizás, y de acuerdo a la evidencia, sea la misma festividad mencionada tanto por Heródoto como por Jenofonte. Finalmente el relato bíblico dice que “la misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos” (Dan. 5:30), aunque ni la Crónica de Nabonido ni el Cilindro de Ciro mencionan que la conquista ocurrió de noche, es sugestivo encontrar que los historiadores griegos también relaten que aquel evento ocurrió de noche.

Conclusiones

Se ha mencionado que el objetivo de la ciencia histórica es interpretar las fuentes y que el historiador debe adentrarse en el tiempo descrito en estas. Por ende, la historia como tal es una ciencia que estudia el pasado y el historiador debe interpretar ese pasado de la forma más objetiva posible. Por otro lado, en esta monografía se ha partido de la presuposición de que el texto bíblico es totalmente inspirado y que, en él, podemos encontrar una fuente confiable de reconstrucción histórica de los eventos pasados, sin desmerecer su contenido teológico, puesto que es el objetivo principal de la Biblia.

Es así como hemos contrastado cuatro fuentes principales de carácter histórico: la Crónica de Nabonido, la Cirpedia de Jenofonte, los Nueve libros de la historia de Heródoto y el Cilindro de Ciro. Al realizar un análisis comparativo de cada uno de ellos respecto a la caída de Babilonia, se pudo apreciar que todos comparten un mismo evento sin mayor discusión, a decir, que Babilonia fue conquistada por los Persas sin una batalla. También la Crónica de Nabonido, considerada como la fuente más confiable respecto a la conquista de Babilonia, menciona una festividad que, de acuerdo con algunos eruditos, fue asociada con la festividad akītu, lo mismo puede verse en las fuentes Griegas, es decir, Jenofonte y Heródoto, los dos mencionan que aquella noche de conquista, Babilonia estaba enfrascada en una gran fiesta.

Por lo tanto, aunque el fin del relato de la caída de Babilonia en la Biblia no es enfocarnos en los aspectos históricos sino en la providencialidad de Dios, es decir, en que él “quita reyes y pone reyes” (Dan. 2:21), sí podemos contrastarlos y corroborarlos con las fuentes históricas que nos demuestran una similitud por lo menos, demasiado sugerente.


Referencias:


Bibliografía

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  1. Para ver el desarrollo de la historiografía en el siglo XX me remito a la obra magistral de Georg G. Iggers, La historiografía del siglo XX: Desde la objetividad científica al desafío posmoderno (Chile: Fondo de Cultura Económica, 2012). ↩︎

  2. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Mal Historiador o ¿cómo hacer hoy una buena historia crítica? (Ciudad de México, México: Ed. Contrahistoria, 2005). ↩︎

  3. Eric Hobsbawm, Naciones y Nacionalismo desde 1780 (Buenos Aires: Crítica, 2012), 21. ↩︎

  4. Arthur Marwick fue un historiador destacado del Reino Unido, cuyo artículo titulado “Dos enfoques en el estudio de la historia: El metafísico (incluido el posmodernismo) y el histórico”, Revista Historia Social, Nº 50, Ficción, Verdad, Historia. (Valencia: Fundación Instituto de Historia Social, 2004), fue publicado primeramente en Journal of Contemporary History en 1993 producto de una conferencia pública que dio en dicho año. ↩︎

  5. Arthur Marwick, 76. ↩︎

  6. Fernand Braudel es considerado uno de los historiadores más influyentes de la historiografía del siglo XX, adherido a la escuela de los Annales. Dicha escuela surge como una respuesta crítica al “positivismo histórico”, del cual se desprende el método “histórico crítico” de la Biblia. Para más información, véase: Georg G. Iggers, La historiografía del siglo XX, 94-107. ↩︎

  7. Fernand Braudel, La Historia y las Ciencias Sociales (Madrid: Alianza Editorial, S.A., 1970), 97. ↩︎

  8. Es por ello que Marc Bloch define el presente como un “pasado cercano”, ya que, es ahí donde el historiador se ve enfrascado en los sucesos descritos, véase: Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio del historiador (México: Fondo de Cultura Económica, 2001), 65. ↩︎

  9. Braudel, Ibid., 98. ↩︎

  10. Ibid., 99. ↩︎

  11. Véase la metodología propuesta por John Bright, La historia de Israel Ed. rev. y aum. (trad. de la 4ª ed. en inglés) (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2003), 108-119. En esta monografía seguimos la misma línea, es decir, no descartamos el texto bíblico por las fuentes históricas ni arqueológicas, sino que entendemos que el texto bíblico es de carácter inspirado y nos entrega información importante de la fe de quienes la escribieron. Aunque se ha modificado la aproximación bíblica de Bright, puesto que a pesar de que él critica la noción histórico-crítica de la Biblia, finalmente, termina por evaluar los textos del Pentateuco a partir de la Hipótesis Documentaria y así sucesivamente, aunque él opta por considerar el texto como una tradición oral justificando las distintas ediciones presentadas en le Hipótesis Documentaria. ↩︎

  12. Se ha utilizado la expresión “ad fontes” que incluye la Biblia como fuente de reconstrucción histórica dada la metodología seguida en esta monografía, a decir, considerar la Biblia como una fuente confiable de narración y a la misma vez contrastarla con las fuentes históricas, donde a estas últimas sí se aplica la metodología de las ciencias históricas, i.e., se considera la Biblia como fuente primaria. ↩︎

  13. “Babilonia” viene del Asirio “Bâb-ili”, que se traduce por “puerta de dios”. Sin embargo, Génesis 10-11 conecta בָּבֶל con בלל “confundir” (Francis Brown, Samuel Rolles Driver, y Charles Augustus Briggs, Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Oxford: Clarendon Press, 1977], 93) ↩︎

  14. Desde el punto de vista arqueológico se ha mencionado la presencia de “zigurat” en el 2000 a.C., vinculándolos con la “torre de Babel”. Curioso es de notar que el primer zigurat fue construido por Babilonia, bajo la mano de Shar-kali-sharri, un rey Acadio (Walter A. Elwell y Barry J. Beitzel, “Babel”, Baker encyclopedia of the Bible [Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988], 243). ↩︎

  15. La mención de Darío el Medo en el libro de Daniel ha traído innumerables dudas respecto a quién podría ser este personaje. Debemos recordar que quien conquista Babilonia es Ciro de Persia, y no alguien de Media. Sumado a ello, se debe destacar que no hay un “Darío el Medo” en la conquista babilónica. Es por ello que, dentro de los estudios que se han hecho sobre este tema, se proponen por lo menos más de dos alternativas para identificar a este rey y que, ahora, intentaremos analizar brevemente: (1) Se intenta identificar a Darío en la persona de Ciro. Los argumentos radican en que Ciro tiene doble identidad en el libro de Daniel, y que a su vez, la waw de 6:28 tendría una traducción epexegética (o explicativa) más que copulativa (William H. Shea, “Darius the Mede in His Persian-Babylonian Setting,” [AUSS 29 1991]: 235-257; D. J. Wiseman, “Some Historical Problems in the Book of Daniel”, Notes on Some Problems in the Book of Daniel [London: The Tyndale Press, 1965]: 9-18). El mismo Wiseman cita a Gesenius-Kautsch, Hebrew Grammar, §154a, n.1b., para argumentar que la waw se debe tomar como epexegética. Además, en Dan.11:1 tanto la Old Greek como Theodotion usan Ciro en vez de Darío. (2) Gubaru/Gobrias/Ugbaru. Esta interpretación ha sido, quizás, mayormente defendida y sostenida por John C. Whitcomb (John C. Whitcomb, Darius the Mede [The Presbyteraian and Reformed Publishing Co., 1975]). Encuentra su base en la Crónica de Nabonido (Volumes 55, 56, y 57 of the British Museum publication, Cuneiform Texts From the Babylonian Tablets in the British Museum [CT] [London: British Museum, 1959]). También tiene su sustento especialmente en los escritores clásicos, ya que estos hablan de un general de Ciro, puesto por él mismo como gobernador de Babilonia cuando ésta fue conquistada. De esa forma concordaría con el Gobrias de Jenofonte. De hecho, John Joseph Collins y Adela Yarbro Collins nos dicen que “[L]a Crónica de Nabonido, que debe considerarse más confiable que los historiadores griegos, confirma que Gobryas (Ugbaru) entró a Babilonia sin una batalla (col.3.15)” (Daniel: a commentary on the book of Daniel, ed. Frank Moore Cross, Hermeneia—a Critical and Historical Commentary on the Bible [Minneapolis, MN: Fortress Press, 1993], 253). Aparentemente, parece ser la opción más llamativa y con evidencias más interesantes que las demás. ↩︎

  16. Se ha discutido la autenticidad del relato de Daniel respecto a que Belsasar no era rey de Babilonia, puesto que el último rey en el imperio Neobabilónico fue Nabonido, pero la evidencia favorece a que Belsasar había sido dejado como regente por Nabonido mientras este estaba en Tema. Para una discusión más acabada véase Lester L. Grabbe, “The Belshazzar of Daniel and the Belshazzar of History” (AUSS 26 1988): 59-66. ↩︎

  17. Jean-Claude Margueron, “Babylon (Place)”, ed. David Noel Freedman, trans. Paul Sager, The Anchor Yale Bible Dictionary (New York: Doubleday, 1992), 563. ↩︎

  18. Aunque el imperio Neobabilónico comenzó con el padre de Nabucodonosor, Nabopolasar. Los reyes del imperio pueden ser consultados en Eugene H. Merrill, Kingdom of Priests: A History of Old Testament Israel. (Grand Rapids: Baker Academic, 2008), 270: Nabopolasar (626-605), Nabucodonosor (605-562), Evil-Merodak (562-560), Neriglisar (560-556), Lavashi-Marduk (556), Nabonido (555-539). ↩︎

  19. John Bright, op. cit., 425. ↩︎

  20. Citado por James K. Hoffmeier, Arqueología de la Biblia (Madrid, España: San Pablo, 2008), 115. ↩︎

  21. Para una lectura completa de la Crónica de Nabonido véase: James Bennett Pritchard, ed., The Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, 3rd ed. with Supplement. (Princeton: Princeton University Press, 1969), 305–307. ↩︎

  22. J. J. Collins, 253; Michael Segal, Dream, riddles and vision: Textual, contextual and intertextual approaches to the book of Daniel. Beihefte Zur Zeitschrift Fur die Alttestamentliche Wissenschaft 455. (Berlin: De Gruyter, 20016), 81; John M. Lawrence, “Cyrus; Messiah, Politician, and General”, The Near East Archaeological Society Bulletin, Summer 1985 25 (1985): 17; Inclusive en la narración histórica que realiza tanto John Bright, 464 como Eugene Merrille, 286 no contemplan las fuentes griegas (Heródoto y Jenofonte), y tampoco lo hace James K. Hoffmeier, 118-9. ↩︎

  23. Segal, 81. ↩︎

  24. “realizaron el festival del año nuevo según el completo (ritual)”, James Bennett Pritchard, The Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, 306 cf. J. J. Collins, op. cit., 246. ↩︎

  25. La lectura de Jenofonte ha sido tomada de Xenophon. Xenophon in Seven Volumes, 5 and 6. Ed. Walter Miller (Harvard University Press, Cambridge, MA; William Heinemann, Ltd., London. 1914). ↩︎

  26. Michael Reichel, “Xenophon’s Cyropaedia and the Hellenistic Novel”, Ed. Vivienne J. Gray, Oxford Readings in Classical Studies: Xenophon (New York: Oxford University Press, 2010), 418-438. ↩︎

  27. Michael Segal, op. cit., 80. ↩︎

  28. La lectura ha sido tomada de Heródoto, Los nueve libros de la historia, trad. P. Bartolomé Pou, S. J. (1727-1802). ↩︎

  29. James K. Hoffmeier, Arqueología de la Biblia, 119. ↩︎

  30. Segal, 81. ↩︎

  31. Eugene H. Merrill, Kingdom of Priests, 287; Robert Jamieson, A. R. Fausset, y David Brown, Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible, vol. 1 (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc., 1997), 631. ↩︎

  32. Segal, nota 84. ↩︎

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