La autoridad de Ellen G. White: ¿Hasta qué punto?

Bereshit Lab

En estos últimos años se ha cuestionado dentro de la iglesia adventista la autoridad de la Hna. White, algo que no es nuevo, desde el inicio de su ministerio se ha especulado dentro y fuera de la iglesia el origen de sus visiones y por ende su autoridad. A diferencia del pasado, personalmente me ha tocado lidiar con eso personalmente y con hermanos que conozco. El tema es uno abarcante, queda la puerta abierta para tratarlo más adelante con otras  aportaciones. Trataré el tema desde mi punto de vista, desde mis creencias personales con los Testimonios, mi verdad, aunque basada en las Escrituras no es una verdad absoluta.

Los Testimonios (libros de Ellen G. White), son muy directos. En la Biblia no se te habla del tabaco, sin embargo, hay principios bíblicos (1Corintios 3:17; 6:10. 3Juan 1:2) que dejan ver que el tabaco hace daño. De hecho, no hay que ir a la Biblia para saber que el tabaco hace daño. A diferencia de la Biblia, los Testimonios (y es algo obvio) si te mencionan las consecuencias del consumo del tabaco, como también hay otros temas donde los Testimonios se derraman en declaraciones. Continuando con el ejemplo, la Biblia no te dice: No fumes. Sin embargo, explícitamente la Hna. White escribió: “…el uso del tabaco hace un daño incalculable.” A través de la Biblia podemos desarrollar un estudio mostrando (aunque la Biblia no lo diga explícitamente) que el fumar es dañino para nuestro cuerpo. En pocas líneas, en Apocalipsis 14 el primer mensaje del primer ángel dice:”Temed a Dios, y dadle gloria”. Surge la pregunta, ¿cómo podemos darle gloria a Dios, o de qué forma (porque hay varias) le podemos dar gloria a Dios? simple, con nuestro cuerpo, en 1Corintios 6:20 el Apóstol escribió:”Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” Y podemos seguir desarrollando un tema demostrando que en la Biblia, aunque no te aparece un texto que diga: “No fumes”, podemos demostrar con ella que además de ser dañino para tu salud, te aleja de Dios. Eso es un simple ejemplo de las costumbre de los hombres, de las cuales la Hna. White escribe en blanco y negro, de igual manera pasa con muchas otras.

No me considero un fundamentalista de los escritos de la Hna. White, ni lo seré, ¿saben por qué? porque la Biblia es el Libro, la Biblia es la Palabra, y solo con ella le puedo demostrar a católicos, pentecostales, testigos e incluso adventista lo que he creído de la Palabra sin usar los Testimonios, antes de leer los escritos de la Hna. White, leí la Biblia y creo que eso lo hemos hecho todos o al menos deberíamos haberlo hecho. Ellen G. White nunca dejó de ser un ser humano, o mejor dicho, nunca fue una “teóloga”, uno de los casos mas discutido sobre sus “cambios teológicos” es el tema de la puerta cerrada, eso no es un misterio.

La Hna. White para nuestro beneficio fue llamada por Dios, para traernos esos alimentos sólidos de la Palabra en papilla para poderlos digerir como bebés. Una cita que siempre ha llamado mi atención y que va en la misma línea, se encuentra en Joyas de los Testimonios tomo 1 Pág. 61, donde la sierva del Señor hablando del Testigo Fiel, Cristo, da la causal del Zarandeo, implicando nuevamente un mensaje directo (para impresionar vívidamente):

Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto y se me respondió que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo del corazón de quien lo reciba y le conducirá a ensalzar el estandarte de la recta verdad y a difundirla. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.

Nos creemos tan ricos espiritualmente y no nos damos cuenta que estamos desnudos, al punto no solo de rechazar a la profeta (o solo aceptar lo que nos conviene de sus escritos, que viene siendo lo mismo), sino peor aún, al grado de rechazar (indirectamente) a Cristo, ya que se encuentra afuera (de nuestra mente, vida) llamando [Apocalipsis 3:20], si estuviera adentro no tendría la necesidad de llamar, no?

Dentro del adventismo hay cuatro clases de personas que apuntan a direcciones diferentes cuando se trata de Ellen G. White, están lo que no aceptan nada de ella, le siguen los que solo aceptan porciones de sus escritos, luego lo que aceptan literalmente todo lo de ella (esto implica no hacer exégesis de sus escritos, tomarlo todo inspirado y no aplicar erróneamente muchos de sus consejos -como el de la bicicleta- al tiempo actual,* creo que este grupo le ha hecho mucho daño al ministerio de la Hna. Whit*e), ante todo ese contraste gracias a Dios existe otro grupo, el cual responsablemente (considerando los tiempos, entendiendo que la Hna. White no era historiadora ni teóloga) usa los escritos de la Hna. White. Por culpa del tercer grupo, el cuarto grupo ha sido manchado por las críticas del tercer grupo (diciendo que no creemos en los Testimonios, me incluyo en el 4to grupo, acusación que es falsa), cuando es el que mejor usa los escritos y mejor lo conoce. Una de las cosas que no le ha hecho bien al ministerio de Ellen G. White, han sido las recopilaciones, ya que se saca un poco de aquí y de allá para formar un todo y muchas veces meten párrafos en algunos subtemas que nada tienen que ver, eso también debe recaer en el lector responsable, en buscar el contexto de dichas declaraciones.

¿Hasta qué punto acepto la autoridad de Ellen G. White? Hasta el punto en que no se manipulen los escritos para demostrarme un punto forzadamente de un tema, un clásico de clásicos: Comer carne es pecado. Soy vegetariano 100% y, Ellen G. White nunca declaró que comer carne es pecado, ese quizás sea el próximo tema.

El problema, no es la Hna. White, somos nosotros, son los que se creen todo lo que dicen de Ellen G. White y los que la usan irresponsablemente. En mis inicios en el adventismo me creí dos citas de Ellen G. White, las citas me la había comentado y repetido en muchas ocasiones una persona que leía los escritos de la Hna. White, una de las que he considerado que he conocido personalmente que mas ha leído sobre ella, sin embargo, el uso que le daba no era el adecuado. Cuando entre a la iglesia adventista estaba en mi primer año de universidad y la señora me decía que la Hna. White decía que las universidades son las puertas del infierno. Primero no lo dijo la Hna. White, sino el gran Lutero, aunque Lutero no estaba muy alejado (conociendo algunas universidades) de la realidad, la connotación que le daba esa hermana era muy extremista y alarmante. La otra cita era sobre mezclar frutas y verduras en la misma comida, no se imaginan las veces que me abstuve de comer uvas después de una rica, sabrosa y jugosa ensalada verde. El consejo es para los de estomago/digestión débil, y no padezco de eso. Después de esa dos experiencia aprendí a usar los escritos de la Hna. White y sobre todo a estudiarlos personalmente responsablemente.

Me gusta como coloca (en el tiempo presente) la versión Nacar Colunga el versículo 6 del Cap. 4 del libro de Oseas, dice: “Perece mi pueblo por falta de conocimiento”. Es evidente que no tenemos respuesta a todo, pero si de algo está padeciendo el pueblo adventista es del estudio de la Palabra. Hace varios años atrás escuché a un pastor adventista decir que quedamos en el octavo lugar en cuanto a conocimiento de la Biblia en una encuesta en EE.UU. Procuremos nosotros mismo investigar, leer lo que concierne a la Palabra, en este caso específico, a los escritos de la Hna. White, ya que son de doble filo, lo pueden usar para atraer o para alejar a los hermanos de esa maravillosa bendición heredada no de los pioneros o de una norteamericana y su esposo, sino del cielo, del plan Divino.

Lo más desagradable que he visto, es leer personas que en unos temas usan a la Hna. White como una autoridad (hasta para hacer teología), en otros la descartan por completo. Si van a usar los testimonios, úsenlo bien y siempre, y no solo cuando ellos apoyan una opinión nuestra (y eso es para los adventistas fanáticos de Ellen White y para los adventista que solo creen y aceptan porciones de lo que escribió). El don de profecía no es una persona, es un don, y ese don y todos los demás mencionados en la Biblia [1Corintios 12:28] existirán y se manifestarán en el cuerpo de Cristo (la iglesia) hasta que Cristo regrese en las nubes de los cielos.

Creo en el ministerio profético de Ellen White, parafraseando lo que una vez escribió Goldstein: “Le creo más a ella que a mil teólogos que me puedan citar”. No soy de los que la usa en los tema que apoya mi posición, si ella (por medio de un escrito) le dá machete a una posición e idea mía, adelante! No dejo de citarla por eso. Sin embargo, reconozco, acepto y predico que sus escritos nunca estarán ni se deben colocar por encima de la Biblia, nuestra única regla de fe.

Don Juan Donosco Cortés, al ingresar a la Academia española pronunció su famosa disertación sobre la Biblia. Parte de esa pieza maestra:

Nadie está firme sino Dios, todo lo demás pasa y muere, como pasa y muere la espuma que va deshaciendo la ola.

En medio de tan procelosas tempestades despertó Dios a sus grandes profetas. No sé si hay en la historia un espectáculo más bello que el de los profetas del pueblo de Dios luchando armados con el solo ministerio de la Palabra contra todas las potencias de la tierra. Y no sé si ha habido en el mundo poetas más altos, oradores más elocuentes, hombres más grandes, más santos y más libres; nada faltó a su gloria, ni la santidad de la vida, ni la santidad de la causa que sustentaron, ni la corona del martirio.

El oficio del profeta, llamado por Dios, siempre fue duro. Jesús dio crédito al sufrimiento del profeta: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!” (Mat. 23:37). Cuando Pablo resume la suerte de varios mensajeros de Dios, lo hace con referencias igualmente penosas a la vida de esos “santos hombres de Dios”. (Heb. 11: 36-38).

Estos mensajeros del Señor fueron recibidos por algunos mensajeros del pueblo de Dios y rechazados por otros. En su mensaje, en antesalas de su lapidación, Esteban pregunta valerosamente: “¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres?” (Hech. 7:52).

No podríamos esperar, lamentablemente, que el don profético manifestado en Elena G. de White dejase de traer su oposición en estos postreros días. También, por analogía, algunos hombres encumbrados, como antaño, habrían de oponerse a su ministerio. Los profetas trabajaron al servicio de Dios en forma muy semejante, a través de los siglos. A veces debían recibir mensajes revelados directamente de Dios. Otras veces, guiados por el Espíritu Santo, como Lucas (Cap. 1:1-4), debían reunir materiales ya parcial o totalmente conocidos y engarzarlos bajo la supervisión del Espíritu Santo, para darlos al pueblo de Dios.

Últimamente un par de hombres han tratado de disminuir la influencia de la mensaje de Dios. Afirman que hizo uso de material de autores que trataron temas parcialmente similares a los que ella presentó al pueblo de Dios. Estos pocos críticos no han consignado, sin embargo, que el Espíritu Santo guió a su mensajera para no aceptar errores, que a veces estaban a renglón seguido de lo que el Señor le inspiró a usar acertadamente. Hablan de las similitudes, no de las diferencias.”

Aunque no hay nada nuevo debajo del sol, las acusaciones y mal uso sobre lo que escribió Elena G. White siguen y seguirán estando vigente (diferentes cuentistas, mismo cuento), tanto fuera (ex-adventista y hermanos de otras denominaciones) como dentro (si no es un fanático, es uno que abiertamente la descarta y critica) de la IASD. Así como cojean los hermanos de otras denominaciones al usar de la Palabra solo porciones que apoyan su pensar, así mismo cojean los adventista que usan a Elena G. White cuando les conviene. Seguiré el consejo divino:

Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados [2Crónicas 20:20]



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