¿Jonás o Juan? ¿Cómo se llamaba el padre de Pedro?: Análisis textual de Juan 1:42

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Introducción
Si lees el versículo de Juan 1:42 en diversas versiones de la Biblia podrás notar que hay una diferencia interesante. Algunas traducciones, como la Reina Valera 1960, dicen que Pedro era el “hijo de Jonás”. Otras versiones, en cambio, como la Nueva Versión Internacional y la Biblia de Jerusalén, dicen que Pedro era el “hijo de Juan”. Esto nos deja con la duda, ¿cómo se llamaba realmente el padre del apóstol Pedro? ¿Se llamaba Jonás o se llamaba Juan?

Análisis textual
La mejor manera de resolver este problema es utilizando una metodología literaria llamada “crítica textual”. Verás, la Biblia fue escrita hace más de 2000 años atrás. Durante siglos fue copiada a mano por escribas y copistas que transmitieron el texto bíblico de generación en generación. Es decir, lo que nosotros tenemos son copias de copias de copias de copias, y así en adelante, del texto original. Obviamente, al copiar un texto a mano es posible cometer errores accidentales, como olvidarse una palabra o copiarla de manera equivocada. También es posible que un copista con buenas intenciones intente corregir o clarificar el texto.

Todos estos errores y cambios producen variaciones en el texto (que técnicamente se conocen como “variantes textuales”). La crítica textual se encarga de comparar las diferentes copias que tenemos de la Biblia y determinar cuál es la variante correcta y cuál la que se produjo por error de algún copista.

Existen varias maneras de realizar un análisis textual de este tipo. Por ejemplo, actualmente tenemos miles de copias (completas y parciales) del Nuevo Testamento. Algunos son muy antiguas, mientras que otras son más recientes. Generalmente las copias más antiguas sueles ser más fidedignas y tener menos errores. Por lo tanto, es más probable que conserven el texto original.

Los manuscritos más antiguos que tenemos del cuarto evangelio llaman al padre de Pedro como “Juan”, por ejemplo, el papiro 66 (200 d.C.), los papiros 75 y 106 (siglo III), los códices Sinaítico y Vaticano (siglo IV), el códice Regio (siglo VIII), el minúsculo 33 (siglo IX) y las primeras traducciones del texto griego del Nuevo Testamento al latín (siglo II) y al copto (siglo IV).[1] En cambio, la mayoría de los manuscritos más recientes lo llaman “Jonás”.

Hemos observado que es más probable que el padre de Pedro se llamara Juan porque así lo dicen los manuscritos más antiguos de la Biblia. Pero, ¿por qué los copistas cambiaron el nombre a “Jonás”?[2]

Bueno, existe una explicación muy sencilla. En el evangelio según Mateo se nos dice que el nombre del padre de Pedro era Jonás: “Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17).[3] Es posible que al notar esta diferencia los copistas decidieran “corregir” el texto de Juan para evitar esta aparente contradicción bíblica. Este fenómeno de escribas con buenas intenciones que cambiaban el texto para evitar diferencias y contradicciones es muy conocido y se denomina técnicamente como “armonización”.

Así que, hasta ahora, hemos descubierto que el texto original del cuarto evangelio decía que el padre de Pedro se llamaba Juan. En siglos posteriores, los copistas cambiaron el texto para armonizarlo con Mateo 16:17, donde Pedro es llamado “hijo de Jonás”. Aunque hemos podido resolver el problema de Juan 1:42 aun desconocemos cuál era el nombre real del padre de Pedro. ¿Se llamaba Jonás, como dice el evangelio según Mateo, o se llamaba Juan, como dice el cuarto evangelio?

Análisis contextual
En el tiempo de Jesús las personas que vivían en Palestina usualmente eran bilingües o trilingües. Los judíos hablaban hebreo y/o arameo en el día a día. Pero cuando debían relacionarse con personas extranjeras (como comerciantes, soldados, funcionarios, etc.) usualmente lo hacían en griego. Por lo tanto, “muchos judíos llevaban nombres griegos o adoptaban formas griegas para sus nombres hebreos”.[4]

Estas adaptaciones de nombre hebreos a griegos se realizaban de tres maneras diferentes. La primera era transliterar el nombre, es decir, traducir las letras de la manera más similar posible. Por ejemplo, el nombre hebreo Simeón (שִׁמְעֹון) en griego era escrito como Simón (Σιμων), y el nombre hebreo Jacob (יַעֲקֹב) era transliterado al griego como Jacobo (Ιακωβος).

La segunda manera era buscar un nombre griego que tuviera el mismo significado en hebreo y en griego. Por ejemplo, en el Nuevo Testamento Pedro a veces es llamado Cefas (lee, por ejemplo, 1 Corintios 1:12; 3:22; 9:5; 15:5). Ambos nombres tienen el mismo significado: “piedra”, solo que Pedro es un nombre griego (Πετρος), mientras que Cefas es un nombre arameo (כיפא).

Por último, en ocasiones los nombres hebreos eran asociados con nombres griegos fonéticamente similares. Es decir, con nombres que sonaran relativamente parecidos, aunque tengan significados diferentes. Por ejemplo, algunos hombres judíos con el nombre Ruben (רְאוּבֵן) utilizaban el nombre griego Rufo (Ῥούφου),[5] el nombre hebreo Jesús (יְהוֹשֻׁעַ) a veces era igualado en griego con Jason (Ἰάσων) y Judá (יְהוּדָה) con Julio (Ἰουλίῳ).[6]

Es posible que el padre de Pedro haya hecho justamente esto. El nombre Jonás (יוֹנָה) es hebreo, mientras que el nombre Juan es griego (Ἰωάννης). Aunque en ocasiones el nombre Jonás era transliterado del hebreo (donde se escribe “Ionah”, יוֹנָה) al griego (escrito como “Iona”, Ἰωνᾶ), en otras ocasiones se los utilizaba de manera intercambiable. Por ejemplo, en 1 Crónicas 26:3 encontramos el nombre hebreo que equivale a Juan. Pero cuando el Antiguo Testamento fue traducido al griego se utilizó el nombre Jonás.[7]

Este fenómeno explica porqué Mateo utiliza el nombre “Jonás”, mientras que el cuarto evangelio utiliza el nombre “Juan”. Como el evangelio según Mateo está orientado a personas judías, el autor utilizó el nombre hebreo del padre de Pedro. Pero como el cuarto evangelio está orientado a cristianos gentiles que hablaban griego rutinariamente, el autor utilizó el nombre griego.

Conclusión
En este breve artículo pudimos resolver dos problemas. Primero notamos que Juan 1:42 debe decir “hijo de Juan”, no “hijo de Jonás”. Esto se debe a que los manuscritos más antiguos del cuarto evangelio dicen “Juan”. En siglos posteriores algunos escribas decidieron armonizar este versículo con lo que dice Mateo 16:17, donde el padre de Pedro es llamado “Jonás”.

También pudimos observar que no existe ninguna contradicción entre los evangelios según Juan y según Mateo. Los judíos de ese tiempo usualmente adaptaban sus nombres hebreos al griego. Al hacerlo utilizaban nombres que fueran fonéticamente similares. En ocasiones el nombre hebreo Jonás era adaptado al griego como Juan. Como cada evangelio se dirige a una audiencia diferente, utilizaron nombres diferentes. El evangelio según Mateo está dirigido a judíos y utilizó el nombre hebreo, mientras que el cuarto evangelio está dirigido a gentiles griegos y utilizó el nombre griego.

Al realizar este breve estudio podemos concluir que no existen contradicciones ni errores en la Biblia, sino que un análisis profundo encontrará armonía entre todos sus versículos.

Acerca del autor: Estudiante Facultad de Teología | Universidad Adventista del Plata | Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina

Referencias


  1. Barbara Aland et al., Novum Testamentum Graece, 28 ed. (Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2012), 295. ↩︎

  2. Bruce M. Metzger, Un comentario textual al nuevo testamento griego (Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2006), 172. ↩︎

  3. A menos que se indique algo diferente, todas las citas bíblicas han sido tomadas de La Biblia de las Américas (1986). ↩︎

  4. Francis Nichol, ed. Comentario bíblica adventista del séptimo día, 7 vols (Mountain View, CA: Pacific Press, 1978), 5:308. ↩︎

  5. Richard Bauckham, Gospel Women: Studies of the Names Women in the Gospel (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2002), 170 ↩︎

  6. Ibid., 183-184. ↩︎

  7. Raymond E. Brown, El Evangelio según Juan, 2 vols. (Madrid: Cristiandad, 1999), 1:290. Véase también, Leslie C. Allen, The Greek Chronicles: The Relation of the Septuagint of I and II Chronicles to the Massoretic Text, part 2 Textual Criticism. Vetus Testamentum Supplement 27 (Leiden: Brill, 1974), 30. ↩︎



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