¿Qué significa la expresión "Hablar en Lenguas" en tiempos de Pablo?: Un Breve Estudio Lexicográfico

Bereshit Lab

Introducción

Para comprender correctamente el significado de una frase es necesario tener en cuenta el lugar geográfico y el tiempo físico en el que es usada. Esto se debe a que una misma frase puede tener significados diferentes en lugares o tiempos diferentes. Por ejemplo, en la España del siglo XXI, “echarse un polvo” es una expresión vulgar para referirse a las relaciones sexuales. Pero, en la España del siglo XIX, esta frase hacía referencia al hábito de consumir rapé (tabaco molido que se consume mediante inhalación). La frase es exactamente la misma, pero su significado cambió con el tiempo.

Ahora, imaginémonos que nos encontramos con un libro español escrito en el siglo XIX. En esta obra de literatura el autor asegura que “se echó un polvo”. ¿Cómo debemos interpretar esta frase? Es obvio que el autor se refiere a consumir rapé, pues ese es el significado que la frase tenía en ese tiempo. Interpretar esa expresión como una referencia a tener relaciones sexuales es sencillamente incorrecto, pues en ese tiempo la frase no tenía ese significado en particular.

Lo mismo puede ocurrir con palabras y frases que aparecen en la Biblia. Dado que los significados de las palabras cambian con el tiempo, es posible malinterpretarlas dándoles un sentido que no tenían durante el tiempo en que fueron escritas. Por ejemplo, recuerdo una ocasión en que estaba conversando con un hombre católico. Él me preguntó a qué religión pertenecía y en qué se diferenciaba del catolicismo. Le expliqué que era adventista del séptimo día y, entre las varias diferencias que teníamos con el catolicismo, nosotros no le oramos a los santos, ya que no encontramos evidencia bíblica en favor de esta práctica. Entonces este señor católico me aseguró que orarles a los santos es bíblicamente correcto y me citó este versículo: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efe. 6:18).[1]

Con paciencia le expliqué a este señor católico que la expresión “santos” en el tiempo de los apóstoles se utilizaba para hacer referencias a los cristianos vivos. Le hice leer Filipenses 1:1 y otros versículos[2] para mostrarle que en el Nuevo Testamento la palabra “santo” es simplemente un sinónimo de “cristiano”. Por lo tanto, en Efesios 6:18 no se habla de orarles a personas muertas, sino que Pablo les pide a los cristianos de Éfeso que le oren a Dios en favor de los cristianos vivos de otros lugares.

Este caso sirve para ilustrar cómo, al desconocer el significado que una palabra tenía en tiempos bíblicos, podemos malinterpretar las Escrituras. Por lo tanto, si deseamos saber qué es lo que significa una frase en la Biblia, necesitamos descubrir el sentido que tenía en ese entonces, independientemente del sentido que tenga en la actualidad.

“Hablar en lenguas”

La expresión “hablar en lenguas” se utiliza en varios pasajes de la Biblia. En ocasiones aparece en plural: “hablar en lenguas” (λαλειν γλωσσαι), pero a veces también en singular “hablar en [una] lengua” (λαλειν γλωσσα). Dado que ambas formas, la plural y la singular, se usan intercambiablemente, claramente significan lo mismo.[3]

En las iglesias pentecostales y en movimientos carismáticos esta expresión se utiliza para referirse a la actividad de pronunciar o repetir palabras ininteligibles en lo que a veces parece ser un trance o éxtasis místico que experimenta el creyente. Es decir, se trata de pronunciar sonidos que no tienen un significado conocido, ni pertenecen a un idioma humano identificado. Quienes practican esta actividad aseguran que se trata de la manifestación genuina del “don de lenguas” y que los sonidos que pronuncian son idiomas “angelicales” o “celestiales”.[4] El término técnico para describir este fenómeno es glosolalia, proveniente del griego glossa (γλῶσσα) y laleo (λαλέω) que significan “lengua” y “hablar” respectivamente.

Quienes practican la glosolalia utilizan los versículos que mencionan el “hablar en lenguas” para justificar sus prácticas. Pero recordemos lo que hemos dicho anteriormente. Que actualmente una frase tenga un significado, no implica que tenía ese mismo sentido en los tiempos bíblicos. Es decir, que actualmente los pentecostales y carismáticos aseguren que la expresión “hablar en lengua” sea una referencia a la glosolalia, no significa que ese sea el sentido que esta frase tenía en el tiempo de Pablo.

Los cristianos que no pertenecen al movimiento pentecostal o carismático usualmente aseguran que la expresión “hablar en lenguas” se refiere a la capacidad de hablar idiomas extranjeros que previamente no se conocían. Este don espiritual recibe el nombre de xenoglosia, que proviene de las palabras griegas xenos (ξένος) y glossa (γλῶσσα), que significan “extranjero” y “lengua” respectivamente.

Por lo tanto, necesitamos averiguar cuál de estos dos posibles significados tenía la expresión “hablar en lenguas”, independientemente del significado que se le dé actualmente.

La mejor manera de conocer el significa de una frase en un período histórico específico es mediante un estudio lexicográfico. La lexicografía es la disciplina científica que se encarga de la preparación de diccionarios y para ello estudia el significado de las palabras. Con el objetivo de conocer el sentido de un término se debe determinar su origen (etimología) y el significado que se le da cada vez que se usa (semántica), entre otros factores.

Por lo tanto, en este breve artículo estudiaremos concisamente el origen de la expresión “hablar en lenguas” y el significado que tiene en los contextos en que fue utilizada.

Etimología

Existe un considerable debate acerca del origen de la expresión “hablar en lenguas”. Pero se reconoce universalmente que esta frase no era utilizada en la literatura greco-romana.[5] Por lo tanto, es probable que esta expresión tenga un origen semítico, es decir, que provenga del hebreo o arameo.[6] En favor de esta idea es que expresiones similares aparecen en la literatura judía. En la Misná,[7] se usa la expresión “hablar en [una] lengua” (Megillah 2.1)[8] para referirse a idiomas extranjeros como el arameo o el asirio (véase también, Sotah 7.1, 2, 3, 4, 8.1).[9] En los Rollos del Mar Muerto hay dos referencias a hablar en “lenguas” (1QH 2.18, 4.16).[10] Ambos casos parecen ser referencias a Isaías 28:11.[11] Curiosamente, Pablo cita ese mismo versículo en 1 Corintios 14:21 al abordar la práctica de hablar en lenguas en las congregaciones corintias.

El texto de Isaías 28:11 pertenece a un lamento profético que abarca todo el capítulo y acusa al pueblo israelita de no escuchar la voz de Dios. En ese tiempo las doce tribus estaban divididas en dos reinos, el del norte y el del sur. El reino de Israel, en el norte, se había negado a escuchar la voz de Dios y ahora el reino de Judá, en el sur, corría el mismo peligro. Isaías le asegura que, si se negaban a escuchar las instrucciones divinas, entonces Dios utilizaría a los asirios, un pueblo extranjero con un idioma diferente, como instrumento suyo: “en lengua extranjera, Él hablará a este pueblo” (Isa. 28:11).

Al hacer esta advertencia, Isaías utilizó la expresión hebrea lashon ‘aheret (לָשׁוֹן אַחֶרֶתְ). En la Septuaginta, la traducción al griego del Antiguo Testamento, se utilizan las palabras glossa y laleo para traducir esa expresión (γλώσσης ἑτέρας ὅτι λαλήσουσιν), las mismas que, como ya vimos, se utilizan en el Nuevo Testamento para referirse al “hablar en lenguas”.

Ahora, no queda dudas que Isaías 28:11 se refiere al idioma asirio.[12] Por lo tanto, el “hablar en lenguas” de Isaías se refiere a un idioma extranjero, no a pronunciar sonidos sin significado. Dado que Pablo utiliza este versículo en su debate sobre las lenguas en 1 Corintios, es claro que el “idioma extraño” de Isaías 28:11 que Dios utiliza y las “lenguas” que hablaban los corintios debe estar necesariamente relacionadas.[13] La relación y significado exacto de la frase en 1 Corintios será analizado en la siguiente sección de este artículo.

Como ya hemos podido observar, la expresión “hablar en lenguas” no se utilizaba en la literatura greco-romana. Por lo tanto, su origen debe buscarse en la literatura judía. Isaías 28:11, como el mismo Pablo nos lo indica al citar este texto, es el candidato más probable. Es posible que este versículo haya dado origen a un modismo semítico por la cual la frase “hablar en lenguas/una lengua” se interprete como expresarse en un idioma extranjero.[14] Un argumento que confirma esta idea es que no existen ni “paralelos” ni “experiencias religioso-históricas” similares en el Antiguo Testamento a la glosolalia.[15] Por lo tanto, esa frase no podía tener ese significado en aquel entonces.

A continuación, buscaremos y analizaremos las veces en que aparece la frase “hablar en lenguas” y el significado que tiene en cada ocasión.

Rastreo semántico

En esta sección del artículo rastrearemos las veces que se utiliza la expresión “hablar en lenguas”. Como ya vimos, esta frase en griego utiliza el verbo laleo (λαλέω) y el sustantivo glossa (γλῶσσα). Comenzaremos analizando estas palabas y luego veremos el significado que tiene cuando aparecen juntas.

El verbo laleo significa “hablar, conversar, decir”.[16] Sin embargo, en el mundo greco-romano antiguo también podía tener un significado “onomatopéyico”, es decir, una palabra que se usa para describir “expresiones ininteligibles o inarticuladas”, o sea, palabras que en sí mismas no tienen un sentido.[17] Sin embargo, en el Nuevo Testamento, laleo no tiene este significado. Pablo usa esa palabra 44 veces en sus cartas a los corintios, y, cuando no describe el “hablar en lenguas”, se usa para referirse a las actividades de proclamar ideas (1 Co. 2:6, 7), hablar (1 Co. 2:13; 3:1; 12:3; 13:11; 14:6, 9, 11, 21; 2 Co. 2:17; 4:13; 7:14; 11:17, 23; 12:19; 13:3), decir (1 Co. 9:8, 15:34), profetizar (1 Co. 14:3), predicar (1 Co. 14:19), conversar (1 Co. 14:34, 35) y expresar (2 Co. 12:4). En ningún caso se usa con sentido onomatopéyico. Lo mismo sucede en Hechos de los Apóstoles, donde el verbo laleo se utiliza en 59 ocasiones y, cuando no se refiere a hablar en lenguas, significa hablar (2:31; 3:22; 6:10, 11, 13; 9:27; 10:7, 44; 11:15; 14:9; 22:9; 23:9; 28:21, 25), profetizar (3:21, 24), predicar (4:1, 17, 20, 29, 31; 5:20, 40; 8:25; 11:14, 19, 20; 13:42, 46; 14:25; 16:6, 32; 18:25), decir (7:6, 38, 44; 8:26; 9:6; 13:45; 14:1; 16:14; 18:9; 20:30; 21:39; 22:10; 23:18; 26:22, 26), conversar (9:29; 16:13; 26:31; 27:25) y exponer (17:19). En ningún caso se utiliza con sentido onomatopéyico.

El sustantivo glossa, por su parte, significa “lengua”, refiriendo al órgano de la anatomía humana. Pero en su sentido metafórico significa “lenguaje” o “idioma”.[18] En el Nuevo Testamento se usa en 50 ocasiones. Cuando no se refiere a “hablar en lenguas”, está describiendo el órgano físico de la “lengua” (Mar. 7:33, 35; Luc. 1:64; 16:24; Hch. 2:26; Rom. 3:13; 14:11; Fil. 2:11; Stg. 1:26; 3:5, 6, 8; 1 Ped. 3:10; 1 Jn. 3:18; Ap. 16:10), “lenguas de fuego” (Hch. 2:3), o idiomas extranjeros (Hch. 2:11; 1 Cor. 13:1; Ap. 5:9; 7:9; 10:11; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15). En ningún caso se refiere a balbuceos incoherentes o sonidos ininteligibles.

Como ya hemos visto, la frase “hablar en lenguas” no se utiliza en la literatura greco-romana. Según Roy Harrisville[19] existen 35 referencias neotestamentarias a “hablar en lenguas”. 28 veces en 1 Corintios, 6 en Hechos de los Apóstoles y 1 vez en Marcos, mientras que en la Septuaginta se utiliza en 7 ocasiones. De estos últimos, solo dos presentan similitudes con la frase paulina y son realmente relevantes. En Isaías 28:11, como ya hemos observado, se hace referencia al idioma asirio: “en lengua extranjera, Él hablará” (διὰ γλώσσης ἑτέρας ὅτι λαλήσουσιν). En el otro caso, Isaías 19:18, se nos dice que cinco ciudades egipcias “hablarán la lengua de Canaán” (λαλοῦσαι τῇ γλώσσῃ τῇ Χανανίτιδι). A pesar de que estas dos menciones no presentan un paralelo exacto con la expresión que se usa en el Nuevo Testamento, si nos muestran que el sentido primario de “hablar en lenguas/una lengua” consiste en expresarse en un idioma extranjero.

En los casos del Nuevo Testamento, todas las menciones de “hablar en lenguas” se refieren al fenómeno carismático en el que se ejerce el “don de lenguas” del Espíritu. A pesar de que la mayoría de estas referencias son obscuras y difíciles de comprender, en algunos casos tenemos indicios internos que nos muestran a qué se refieren.

Comenzaremos con Marcos 16:17, donde se nos dice que los discípulos serían acompañados por “señales”, entre ellas que “hablarán en nuevas lenguas” (γλώσσαις λαλήσουσιν καιναῖς). La evidencia textual indica que el Evangelio según Marcos termina en el v. 8 y que los vv. 9 al 20 son un agregado posterior basándose en ideas extraídas de los evangelios de Juan y Lucas.[20] Se estima que este “final largo” del evangelio según Marcos fue escrito en la primera mitad del siglo II.[21] Dado que las señales narradas en los vv. 17-18 claramente fueron extraídos de los escritos de Lucas,[22] entonces debemos entender que las “nuevas lenguas” mencionadas aquí son el mismo fenómeno descrito en Hechos.

En Hechos de los Apóstoles se menciona el fenómeno de “hablar en lenguas” en tres ocasiones diferentes: durante el Pentecostés (Hch. 2), en la casa de Cornelio (Hch. 10:46) y con los conversos de Pablo en Éfeso (Hch. 19:6). En los dos últimos casos, a diferencia del caso del Pentecostés, no tenemos indicios claros que nos indiquen si se trataba de expresarse en idiomas extranjeros o en sonidos ininteligibles. Pero la utilización de los mismos términos,[23] y el hecho de que los presentes hayan considerado que era el mismo don del Espíritu que se había manifestado en el Pentecostés, sugiere fuertemente que se trató del mismo fenómeno.[24]

Durante el derramamiento del Espíritu Santo en el Pentecostés, narrado en Hechos 2, los discípulos comenzaron a hablar idiomas extranjeros. Tenemos claros indicios de esto, aunque una simple lectura del texto es suficiente para convencer a cualquier mente no prejuiciada:

Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse. Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros les oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios. (Hechos 2:4-11)

Aquí podemos ver que, al hablar en lenguas, los discípulos se comunicaban en los idiomas natales de los partos, medos, elamitas, y de otros pueblos. En la fiesta de Pentecostés venían judíos de prácticamente todo el mundo antiguo conocido a celebrar las fiestas. Todos ellos escucharon a los discípulos predicar el evangelio en sus idiomas natales. Debemos recordar que este fue un milagro de proclamación y no de audición. Es decir, el Espíritu Santo llenó a los discípulos que hablaban, no a las personas que escuchaban.

La mayoría de los comentadores reconocen que en Hechos 2 claramente se describe la capacidad de hablar idiomas extranjeros que los apóstoles previamente no conocían,[25] incluso teólogos pentecostales reconocen esto.[26] Después de todo, contextualmente esta es la interpretación que más sentido tiene, ya que los extranjeros que escucharon estas lenguas las identificaron como sus idiomas nativos.[27]

Ya hemos visto que en Hechos 2 se describe el milagro de hablar un idioma que previamente no se conocía y, por consecuencia, también Marcos 16, y Hechos 10 y 19 describen el mismo fenómeno. Ahora nos concentraremos en las menciones que ocurren en 1 Corintios. Pero antes, debemos tener en cuenta dos puntos muy importantes:

  1. La utilización de las mismas expresiones en 1 Corintios y Hechos 2 sugieren que estamos hablando del mismo fenómeno.[28] Esto ha sido reconocido incluso por teólogos pentecostales.[29]

  2. La mayoría de los expertos reconoce que el fenómeno de la glosolalia no existía en el mundo pagano.[30] Aunque algunos intentan encontrar paralelos entre la glosolalia y algunas experiencias extáticas de religiones paganas,[31] la evidencia claramente rechaza estos paralelos.[32] Por lo tanto, Pablo no está tratando con una copia de costumbres paganas, sino con un fenómeno netamente cristiano (aunque deformado por los corintios, como ya veremos).

Además de estos dos puntos, es preciso conocer el contexto histórico y religioso de la iglesia cristiana en Corinto para comprender mejor lo que Pablo les escribe a ellos. La situación de las congregaciones corintias era problemática y probablemente estos conflictos y problemas permeaban incluso la práctica del don de lenguas. Claude Peifer define la situación de esta manera:

Habían surgido desacuerdos entre los corintios que se habían dividido en bandos alrededor de los nombres de Pablo, Apolo y Pedro, quienes no tenían ningún deseo de fomentar tal desunión. El paganismo rebotaba en forma de libertinaje sexual, y los cristianos se habían vuelto tan tolerantes que permitieron que un escandaloso caso de incesto quedara impune. La avaricia hacía que los cristianos pleitearan entre sí ante tribunales civiles paganos (cf. Cor 5:1-6; 5:1-11). Las mujeres aspiraban a una emancipación completa. Había abusos escandalosos en las asambleas litúrgicas, donde los corintios llevaban sus discordias incluso a la celebración de la Eucaristía. Algunos negaban la resurrección de los cuerpos, doctrina difícil de aceptar por los griegos. (1 Cor 14:34-36; 11:17-22; 15:12).[33]

Los problemas espirituales en las iglesias corintias provocaron que los creyentes consideraran el don de lenguas como una marca de excelencia y superioridad espiritual. Pablo, al contrario, minimiza el don de lenguas al colocarlo por último lugar en las listas de dones (1 Co. 12:7-10, 29-30). Para el apóstol hablar en lenguas no es una manifestación de superioridad sino de vanidad e infantilismo ya que la verdadera marca de superioridad es el amor. Mediante una estructura concéntrica Pablo coloca un poema acerca del amor en el capítulo 13, en medio de los caps. 12 y 14, donde se trata el don de lenguas. De esta manera, el apóstol indica que el amor es más importante que hablar en lenguas. La estructura de estos capítulos puede delinearse de esta manera:[34]

A. El carácter de los dones espirituales: diversos y complementarios (12:4-41)

B. El amor y los dones espirituales (13:1-13)

A’. El uso de los dones espirituales: edificación y buen orden (14:1-40)

Al prestar atención a la estructura literaria y el contexto religioso de 1 Corintios podemos notar que Pablo no está describiendo el uso correcto del don de lenguas, sino corrigiendo y rectificando el mal uso de este carisma espiritual.[35] Mucha de la dificultad y oscuridad de algunos versículos se disipa al comprender mejor el motivo real de las instrucciones paulinas de estas secciones.

Otros indicios que ayudan a comprender el significado de la frase “hablar en lenguas” consisten en las palabras y términos que suelen acompañas a esta expresión.

Primero, Pablo en varias ocasiones menciona la frase en cuestión junto con la palabra “interpretar”. El apóstol pregunta retóricamente, “¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan (διερμηνεύουσιν) todos?” (1 Cor. 12:30); y dice también, “el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que las interprete (διερμηνεύῃ) para que la iglesia reciba edificación” (1 Cor. 14:5); “el que habla en lenguas, pida en oración para que pueda interpretar (διερμηνεύῃ)” (1 Cor. 14:13); “Si alguno habla en lenguas, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete (διερμηνευέτω)” (1 Cor. 14:27); y “si no hay intérprete (διερμηνευτής), que guarde silencio en la iglesia” (1 Cor. 14:28).

La palabra “interpretar” en griego es diermeneuo (διερμηνεύω) que significa literalmente “traducir”, esto implica que “Pablo entiende lo de hablar en lenguas (en lo que él tiene también alguna experiencia) como una especie de hablar en un idioma extranjero que en cierto modo puede ser traducido palabra por palabra”.[36]

Otro término que es usado junto a “hablar en lenguas” es la expresión griego logos (λογος). Esta palabra posee un amplio campo semántico, pero su significado más común es “palabra”.[37] Pablo la utiliza en dos ocasiones: “A menos que su lengua pronuncie palabras (λόγον) comprensibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen?” (1 Cor. 14:9 NVI); “en la iglesia prefiero hablar cinco palabras (λόγους) con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras (λόγους) en lenguas” (1 Co. 14:9).

Al usar esta palabra, Pablo confirma que el hablar en lenguas no produce balbuceos incoherentes, sino que quien ejercita el don de lenguas está expresando palabras reales que poseen un significado preciso, pues ese es el significado que ese término tiene en el resto de la epístola (1 Co. 1:5, 17, 18; 2:1, 4, 13; 4:19, 20; 12:8; 14:36; 15:2, 54).

El uso de los términos diermeneuo, que significa “traducir”, y logos, que significa “palabra”, implica que Pablo se está refiriendo a idiomas reales y verdaderas. No obstante, hay quienes argumentan que estos idiomas son celestiales o angelicales, y no idiomas humanos. Para ello apelan a 1 Corintios 13:1, donde Pablo dice: “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe”.

No obstante, debemos tener en cuenta que el texto griego sugiere que este es un recurso retorico, una hipérbole, que no tiene como objetivo describir una realidad.[38] En griego este versículo comienza con la partícula ean (Ἐὰν), que se utiliza para iniciar oraciones subjuntivas.[39]

La frase “lenguas humanas” y “[lenguas] angelicales está unidas por la preposición kai (και) que en este caso funciona como una conjunción copulativa. Es decir, el versículo debería traducirse como “Si hablase lenguas humanas, e incluso angelicales, pero no tengo amor…”. Esto nos muestra que Pablo no está afirmando que los corintios hablaban o podían hablar en lenguas angelicales, sino que presenta un “ejemplo hipotético”.[40] Pablo utiliza recursos retóricos similares mencionando a ángeles en Gál. 1:8 y 4:14.[41]

Otro texto utilizado para afirmar que el hablar en lenguas utiliza idiomas angelicales es 1 Corintios 14:2, donde Pablo escribe: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios”.

Este texto parece indicar nadie puede comprender lo que se dice en lenguas, ni siquiera la persona que está hablando, sino solo Dios. Lo que se habla son “misterios”, no palabras en algún idioma humano. No obstante, esta interpretación no puede ser considerada correcta a la luz del contexto. Para empezar, el mismo Pablo asegura un par de versículos después que quien habla “misterios” puede traducirle al resto de la congregación lo que está diciendo (1 Co. 14:5). Segundo, el término “misterio” (μυστήρια) a lo largo de la epístola a los corintios no tiene el significado de “secretos” o “palabras desconocidas”, sino que se usa para referirse a enseñanzas reveladas y comprensibles acerca del plan salvífico de Dios (1 Co. 2:1, 7; 4:1; 13:2; 15:51).[42] Que Pablo diga que “el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios”, es una clara descripción de lo que sucedía en Corinto. Sin nadie que pueda traducir, solo Dios podía entender lo que se estaba diciendo. Interpretar este, y otros versículos del mismo capítulo, como descripciones del uso correcto del don de lenguas es una equivocación que ignora el contexto literario e histórico.

La interpretación de otros textos que parecen apoyar la glosolalia comete este mismo error. Debemos recordar que Pablo a lo largo de la epístola no está describiendo el uso ideal del don de lenguas, sino más bien el abuso y tergiversación de este don que los corintios realizaban. Por ejemplo, el 1 Corintios 14:4, el apóstol escribe: “El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia”. Aquí Pablo no está describiendo la función real del don de lenguas, sino el abuso de los corintios. Al hablar sin que nadie traduzca, quien practicaba el hablar en lenguas solo se edificaba a si mismo, pero dejaba a la iglesia sin recibir beneficio alguno. Pablo les recuerda a los corintios que el objetivo principal de los dones espirituales es la edificación del pueblo de Dios.[43] Un argumento similar aparece en 1 Corintios 14:6.

Finalmente, el último texto que puede ser interpretado a favor de la glosolalia es el siguiente: “Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. (1 Cor. 14:14). A primera vista este pasaje parece indicar que la persona que habla (u ora) en lenguas no comprende los que dice, pues su “entendimiento” no recibe ningún fruto.

No obstante, al igual que con los demás pasajes, debemos recordar que Pablo está describiendo las prácticas deformadas de los corintios, no el uso correcto del don de lenguas.[44] Un claro de indicio de esto es la manera en cómo comienza el versículo. En griego inicia con la partícula ean (ἐὰν) que, como ya vimos, se utiliza para iniciar oraciones subjuntivas, es decir, en este caso, proponer un ejemplo hipotético. Dicho de manera simple, lo que Pablo está haciendo es simular lo que sería practicar el “hablar en lenguas” de los corintios para luego contrastarlo con el uso correcto y apropiado de ese don:

“Porque si (ἐὰν) yo oro en lenguas [como ustedes], mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto (Uso incorrecto del don) Entonces ¿qué? (τί οὖν ἐστιν) Oraré con el espíritu, pero también oraré con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero también cantaré con el entendimiento (Uso correcto del don)”. (1 Cor. 14:14-15)

El uso correcto del don de lenguas incluye no solo el “espíritu”, sino también el “entendimiento”. No es un fenómeno puramente emocional o espiritual, sino también racional y, consecuentemente, comprensible.[45] Por eso Pablo también dice: “en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento..., antes que diez mil palabras en lenguas”. (1 Cor. 14:19). El uso correcto del don de lenguas permite al creyente hablar no solo con su espíritu, sino también con su entendimiento, de manera que lo que dice pueda ser traducido para la edificación de la iglesia (1 Co. 14:27-28).

Finalmente, debemos analizar tres recursos retóricos utilizados por Pablo para describir mejor el sentido de la expresión “hablar en lenguas”. Felizmente es relativamente fácil comprender el significado y objetivo de estos recursos. El primero es una comparación o analogía que contrasta el hablar en lenguas con el sonido realizado por instrumentos musicales, especialmente el de la trompeta durante la batalla (1 Co. 14:7-9). Solo si un instrumento da notas claras y distinguibles es posible entender su mensaje. Pablo aplica la misma regla a lo corintios, pues, a menos que lo que ellos hablen sea “comprensible”, el mensaje trasmitido por las lenguas será inútil.[46]

Pablo reafirma esta conclusión con un segundo recurso literario, ejemplificando lo que sucede cuando dos personas extranjeras, que hablan idiomas diferentes uno del otro, intentan entablar una conversación: “si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí”. (1 Cor. 14:11). El objetivo de esta comparación es claro, si los corintios no proporcionan mensajes inteligibles y comprensibles al usar sus dones, entonces “las lenguas no pueden proveer comunicación”.[47]

Por último, ya finalizando su argumento acerca del hablar en lenguas, Pablo cita un pasaje de Isaías que hemos analizado anteriormente. En 1 Corintios 14:21, el apóstol cita a Isaías 28:11-12. Como ya observamos, el pasaje de Isaías se refiere indiscutiblemente al idioma asirio. El contexto muestra que, debido a la desobediencia de las leyes divinas y las negativas a escuchar las advertencias proféticas, Dios traería a los asirios para que castiguen a los israelitas rebeldes. Por rechazar los mensajes de los profetas, pronunciados en hebreo, su idioma natal, ahora deberían escuchar a los asirios, cuyo idioma extranjero sería extraño e incomprensible para los oídos israelitas.

Ahora Pablo toma este texto y lo aplica a la situación en la que se encontraban los corintios: “En la ley está escrito: «Por medio de gente de lengua extraña y por boca de extranjeros hablaré a este pueblo, pero ni aun así me escucharán», dice el Señor” (1 Cor. 14:21 NVI). Dios ya le había hablado a su pueblo en un idioma extranjero que no eran capaces de entender y no sirvió de nada, pues los israelitas no cambiaron su conducta sino hasta después de la destrucción de Jerusalén. De la misma manera, si los creyentes corintios hablaban en la iglesia en un idioma extranjero que ellos no podían entender tampoco obtendrían ningún resultado.[48]

Luego Pablo explica el motivo por el cual el don de lenguas no debe utilizarse en la iglesia: sencillamente esa no es su función: “lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos (1 Cor. 14:22). Al igual que en el Pentecostés, la capacidad de utilizar idiomas extranjeros previamente no conocidos es una herramienta evangelística eficaz con no creyentes de otras regiones, pero de poco sirve utilizarlo en la iglesia sin contar con un traductor.

Luego Pablo continúa con su retórica: primero describe al abuso del don de lenguas por parte de los corintios: “si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Cor. 14:23), para después establecer el uso correcto del don: “Si alguno habla en lenguas, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete” (1 Cor. 14:27)

Conclusión

En este artículo hemos realizado un breve estudio lexicográfico de la frase “hablar en lenguas”. Hemos observado que esta expresión no se utilizaba en el mundo greco-romano, lo cual indica que probablemente tenga un origen semítico. También pudimos ver que frases similares aparecen en el Antiguo Testamento, en los Rollos del Mar Muerto y en la Septuaginta.

La más antigua de estas menciones es Isaías 28:11, que probablemente sea el origen de esta frase. Esto indicaría que la expresión “hablar en lenguas” es un término semítico que se refiere a hablar idiomas extranjeros. Dado que Pablo cita justamente este versículo al discutir el tema en su epístola a los corintios, lo más probable es que haya retenido el mismo significado.

También observamos que la palabra “lengua” en griego se refiere al órgano físico humano, pero que también significa “idioma extranjero”. De hecho, la evidencia indica que las menciones a “hablar en lenguas” en Marcos 16 y Hechos 2, 16 y 19 se refieren a hablar idiomas extranjeros. Lo mismo podemos afirmar de las referencias que encontramos en 1 Corintios.

Al analizar el conjunto de la evidencia, podemos afirmar que el Nuevo Testamento describe el don de lenguas como la capacidad de hablar idiomas extranjeros que previamente no se conocían, es decir, lo que es definido como xenoglosia. Afirmar lo contrario es contradecir la acumulación de evidencia lingüística que hemos podido observar en este artículo.

Referencias


  1. A menos que se indique algo diferente, todas las citas bíblicas han sido tomadas de La Biblia de Las Américas (1986). De la misma manera, a menos que se indique lo contrario, el énfasis es añadido. ↩︎

  2. Véase también, Rom. 16:15; 2 Co. 1:1; 9:1; 13:13; Efe. 1:1; 2:19; Flp. 4:21, 22; Flm. 1:7; Heb. 13:24. ↩︎

  3. Luis Bonnet y Alfredo Schroeder. Comentario del Nuevo Testamento, vol. III Epístolas de Pablo (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1970), 294-25. ↩︎

  4. Véase, por ejemplo, Yiye Ávila, Dones del Espíritu (Miami, FL: Unilit, 1993), 15-37. ↩︎

  5. Nil I. J. Engelsen, Glossolalia And Other Forms Of Inspired Speech According to 1 Corinthians 12-14 (Ann Arbor, MI: University Microfilms, 1970), 20. ↩︎

  6. Edward A. Engelbrecht, “‘To Speak in a Tongue’: The Old Testament and Early Rabbinic Background of a Pauline Expression”, Concordia Journal 22, no. 3 (julio de 1996): 295-302 ↩︎

  7. Si bien la Misná fue puesta por escrito más de un siglo después de la muerte de Pablo, contiene tradiciones y formulaciones con siglos de antigüedad. De la misma manera, el hebreo misnaico o rabínico tuvo sus orígenes a partir del siglo III a.C. aproximadamente y fue contemporáneo al de Pablo. ↩︎

  8. Herbert Danby, trad., The Mishnah: translated from the Hebrew with introduction and brief explanatory notes (New York: Oxford University Press, 1933), 203. ↩︎

  9. Ibid., 300-302. ↩︎

  10. Véase, Florentino García Martínez, Textos de Qumrán. 2da ed. (Madrid: Trotta, 1993) 365, 372. ↩︎

  11. Engelbrecht, “‘To Speak in a Tongue’”, 299-300. ↩︎

  12. Ivan D. Friesen, Isaiah. Believers Church Bible Commentary (Scottdale, PA: Herald Press, 2009), 171-172. ↩︎

  13. Véase, David E. Lanier, “With Stammering Lips and Another Tongue: 1 Cor 14:20-22 and Isa 28:11-12”, Criswell Theological Review 5, no. 2 (1991): 259-286 ↩︎

  14. Engelbrecht, “‘To Speak in a Tongue’”, 302. ↩︎

  15. “γλῶσσα”, por H. Haarbeck, en The New International Dictionary of the New Testament Theology, ed. por Colin Brown, 3 vols. (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1975, 1976, 1981), 3:1979. ↩︎

  16. Barclay Newman Jr., A Concise Greek-English Dictionary of the New Testament (Peabody, MS: Hendrickson, 1993), 106. ↩︎

  17. William W. Richardson, “Liturgical Order and Glossolalia: 1 Corinthians 1426c-33a and its Implications”, Tesis doctoral, Andrews University (Junio de 1983), 89. ↩︎

  18. Florencio I. Sebastián Yarza, Diccionario Griego-Español (Barcelona: Sopena, 1998), 301. Véase también, “γλῶσσα”, por H. Haarbeck, en Diccionario teológico del Nuevo Testamento, 3ra ed., ed. por Erich Beyreuther, Hans Bietenhard y Lothar Coenen, 4 vols. (Salamanca: Sígueme, 1990, 1993, 1994), 4:249-250. ↩︎

  19. Roy A. Harrisville, “Speaking in tongues: A Lexicographical Study”, The Catholic Biblical Quarterly 38 (1976): 35-48. ↩︎

  20. Vicent Taylor, Evangelio según San Marcos (Madrid: Cristiandad, 1979), 739-744; Rudolf Schnackenburg, El evangelio según San Marcos, 2 vols. (Barcelona: Herder, 1980), 2:342-345. ↩︎

  21. Josef Schmid, El evangelio según San Marcos (Barcelona: Herder, 1967), 449. ↩︎

  22. Joachim Gnilka, El evangelio según San Marcos, 2 vols. (Salamanca: Sígueme, 2001), 2:418-49; Salvador Carrillo Alday, El evangelio según San Marcos (Estella: Verbo Divino, 2008), 276-277. ↩︎

  23. Jenn Everts, “Tongues or Languages? Contextual Consistency in the Translation of Acts 2”, Journal of Pentecostal Theology 4 (1994): 72-73. ↩︎

  24. Gonzalo Haya Prats, Impulsados por el Espíritu: El Espíritu Santo en los Hechos de los Apóstoles (Salamanca: Secretariado Trinitario, 2011), 82-83. Véase también, Roger Stronstad, La teología carismática de Lucas (Springfield, MO: RDM, 2008), 98. ↩︎

  25. C. K. Barrett, The Acts of the Apostles, 2 vols. The International Critical Commentary (Edinburgo: T&T Clark, 1994), 1:109; F. F. Bruce, The Acts of the Apostles: Greek Text with Introduction and Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1990), 114-115; Joseph A. Fitzmyer, Los Hechos de los Apóstoles: Traducción, introducciòn y comentario, 4 vols. (Salamanca: Sígueme, 2003), 1:320; Jesús M. Asurmendi et al., El Espíritu Santo en la Biblia. Cuadernos Bíblicos 52 (Estella: Verbo Divino, 1986), 44-45; Justo González, Hechos de los Apóstoles. Comentario bíblico latinoamericano (Miami, FL: Caribe, 1992), 63-65; Ernst Haenchen, The Acts of the Apostles: A Commentary (Filadelfia: The Westminster Press, 1971), 168-169; Josef Kürzinger, Los Hechos de los apóstoles, 2 vols. (Barcelona: Herder, 1974), 1:51-52; Charles H. Talbert, Reading Acts: A Literary and Theological Commentary on the Acts of the Apostles (Macon, GA: Smyth & Helwys, 2005), 25-26; Cristian Wolff, “Λαλειν γλωσσαις in the Acts of the Apostles”, en Paul, Luke and the Graeco-Roman World: Essays in Honour of Alexander J. M. Wedderburn, eds. Alf Christophersen et al. Journal for the Study of the New Testament Supplement Series 217, (Londres: T&T Clark, 2003), 191-199. ↩︎

  26. E.g. Craig S. Keener, 1-2 Corinthians. The New Cambridge Bible Commentary (New York: Cambridge University Press, 2005), 112. ↩︎

  27. Ju Hur, A Dynamic Reading of the Holy Spirit in Luke-Acts (Londres: Sheffield Academic Press, 2001), 160, 224. ↩︎

  28. Carlos Calderón, “¿Qué eran las lenguas en el pensamiento del apóstol Pablo? (Segunda de dos partes)”, Kairós 42 (enero-junio de 2008): 71. ↩︎

  29. Anthony D. Palma, El Espíritu Santo: una perspectiva pentecostal (Miami, FL: Vida, 2005), 142; Craig S. Keener, Gift Giver: The Holy Spirit for Today (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2001), 124-125. ↩︎

  30. Heinrich von Baer, “El Espíritu Santo en los escritos lucanos”, en La investigación de los evangelios sinópticos y los Hechos de los Apóstoles en el siglo XX, eds. por Rafael Aguirre y Antonio Rodríguez Carmona, 285-290 (Estella: Verbo Divino, 1996), 288. ↩︎

  31. James D. G. Dunn, Jesus and the Spirit (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1997), 242-243; F. F. Bruce, Pablo: apóstol del corazón liberado (Barcelona: Clie, 2012), 307l ↩︎

  32. Véase el excelente análisis de Christopher Forbes, “Early Christian Inspired Speech and Hellenistic Popular Religion”, Novum Testamentum 28, no. 3 (1986): 257-270; Joseph Fortenrose, The Delphic Oracle: Its Responses and Operations with a Catalogue of Responses (Berkeley, CA: The University of California Press, 1978), 204-212; y Terrance Callan, “Prophecy and Ecstasy in Greco-Roman Religion and in 1 Corinthians”, Novum Testamentum 27, no. 2 (1985): 125-140. ↩︎

  33. Claude J. Peifer, Primera y Segunda epístola de San Pablo a los Corintios (Santander: Sal Terrae, 1966), 10. ↩︎

  34. Irene Foulkes, Problemas pastorales en Corinto: comentario exegético-pastoral a 1 Corintios (San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1999), 342. ↩︎

  35. Josef Holzner, San Pablo: Heraldo de Cristo (Barcelona. Herder, 1967), 334-335. ↩︎

  36. “ἑρμηνεύω”, por N. Walter, en Diccionario exegético del Nuevo Testamento, ed. Horst Balz y Gerhard Schneider, 2 vols. (Salamanca: Sígueme, 2002), 1:1582-1588. ↩︎

  37. Elsa Tamez, Diccionario conciso griego-español del Nuevo Testamento (Miami, FL: Caribe, 1978), 107-108. ↩︎

  38. John C. Poirier, The Tongues of Angels: The Concept of Angelic Languages in Classical Jewish and Christian Texts (Tübingen: Mohr Siebeck, 2010), 50. ↩︎

  39. A. T. Robertson, Comentario al texto griego del Nuevo Testamento (Barcelona: CLIE, 2003), 452; Mary Grosvenor y Max Zerwick, Análisis gramatical del griego del Nuevo Testamento (Estella: Verbo Divino, 2008), 614. ↩︎

  40. Richard A. Horsley, 1 Corinthians. Abingdon New Testament Commentaries (Nashville, TN: Abingdon Press, 1998), 176. ↩︎

  41. Poirier, The Tongues of Angels, 50. ↩︎

  42. Véase además el análisis de Benjamin L. Gladd, Revealing the Mysterion: The Use of Mystery in Daniel and Second Temple Judaism with Its Bearing on First Corinthians (Berlín: Walter De Gruyter, 2008), 210-215. ↩︎

  43. John Barton y John Muddiman, eds. The Pauline Epistles. The Oxford Bible Commentary (New York: Oxford University Press, 2001), 119. ↩︎

  44. Lynn Burton, “Tongues in Corinth: The Case for Human Languages, A Study of Corinthians 12-14” (Tesis de maestría. Avondale College. 2011), 318. ↩︎

  45. Herman Ridderbos, El pensamiento del apóstol Pablo (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 152-153. ↩︎

  46. Joseph A. Fitzmyer, First Corinthians: A New Translation with Introduction and Commentary. The Anchor Bible vol. 32 (New Haven, CT: Yale University Press, 2008), 513-514. ↩︎

  47. Carlos Calderón, “Comentario exegético a 1 Corintios 14 (Primera de dos partes)”, Kairós 43 (julio-diciembre de 2008), 58. ↩︎

  48. Gerhard Hasel, Speaking in Tongues: Biblical Speaking in tongues and Contemporary Glossolalia (Berrien Springs, MI: ATS Publications, 1994), 139-141; véase también H. H. Drake Williams III, “Light Giving Sources: Examining the Extent of Scriptural Citation and Allusion Influence in 1 Corinthians”, en Paul: Jew, Greek and Roman, ed. Por Stanley E. Porter. Pauline Studies 5, 7-37 (Leiden: Brill, 2008), 29-30. ↩︎



comments powered by Disqus