El Juicio Investigador: Lecciones desde el Antiguo Testamento

Bereshit Lab

La creencia del Juicio Investigador es una de las más básicas y propias del adventismo. Por lo mismo, ha sido ampliamente criticada por otros sectores de la cristiandad e incluso puesta en duda desde el interior de la propia Iglesia Adventista. Uno de los argumentos a menudo usados para poner en duda su existencia es la aparente falta de respaldo bíblico para dicho juicio investigador, ya que la omnipresencia de Dios hace – según los críticos – innecesario un juicio de investigación de cada caso.

Sin embargo, el contexto del gran conflicto entre Cristo y Satanás muestra no sólo la posibilidad de dicho proceso judicial sino su absoluta necesidad de parte de Dios. Y en cuanto a la evidencia escrituraria, existen múltiples textos y pasajes que apoyan su planteamiento.

El presente trabajo tiene como objetivo realizar una revisión a ciertos textos seleccionados del Antiguo Testamento a fin de enriquecer la comprensión adventista sobre el juicio investigador. Quedará demostrada no solamente la existencia del mismo sino que la relación que el juicio tiene con el gran conflicto y con la salvación de las almas.

Génesis y el juicio investigador

El libro de Génesis enseña al menos 5 circunstancias en las cuales Dios plantea un juicio investigador previo al dictamen de una sentencia. Los 5 casos a analizar serán el primer pecado de Adán y Eva en Edén, el asesinato de Caín a Abel, el mundo antediluviano, la construcción de la torre de Babel y la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Es un elemento común a estos relatos que siempre ocurre un pecado de rebelión contra Dios y su orden establecido. El juicio se hace necesario cuando existe pecado, y tiene por objetivo realizar una sentencia que esté de acuerdo con las leyes de Dios y su carácter de justicia y misericordia.

En Génesis 1 al 2 se nos describe la creación de nuestro mundo de manera secuencial, culminando con la creación de Adán y posteriormente de su esposa, Eva. La primera pareja es ubicada en el huerto de Edén y se les entrega un orden de vida, consistente en una labor (cultivar el huerto, Gen 2:15), un orden alimenticio (Gen 1:29), un mandato positivo (fructificar, multiplicarse, llenar la tierra y gobernarla, Gen 1:28) y uno negativo (la prohibición de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, Gen 2:16-17). En el capítulo 3 se relata la desobediencia de Eva y posteriormente de Adán, al dar oído a las insinuaciones de la serpiente y alterar el orden establecido por Dios (no estaban cumpliendo su labor, descuidaron las recomendaciones alimentarias, rompieron con el mandato positivo y desobedecieron el mandato negativo). Es después de ocurrir el pecado que Dios entra en escena, realizando una serie de preguntas a fin de exponer los hechos ocurridos entre Adán, Eva y la serpiente (Gen 3:9, 11, 13). Las preguntas de Dios tienen un claro carácter investigador: ninguna de ellas va dirigida a inquirir los motivos detrás de la desobediencia. No existe un ¿por qué lo hiciste? o ¿en qué estabas pensando? Las preguntas de Dios muestran la ubicación y estado actual de la pareja, la razón de su actitud, su accionar frente a la tentación y el origen de la desobediencia. Es notorio que Dios no busca una excusa para el pecado (si bien tanto Adán como Eva intentaron justificarse a sí mismos); tampoco hay preguntas dirigidas a la serpiente. Génesis 3 nos enseña que Dios no quiere excusas para el pecado porque no las hay; sí quiere que la verdad de los acontecimientos salga a la luz y se contraste con su Palabra. También nos enseña que el agente de pecado, la serpiente, ya era conocida por Dios y su pecado antecedía este episodio. La falta de preguntas a la serpiente denota una negativa de Dios de dialogar con este personaje, y por tanto denuncia una confrontación anterior donde Dios habría llevado a cabo un primer juicio. Pero también muestra que un juicio mayor y definitivo habría de realizarse en contra de la serpiente (Gen 3:15) en el futuro.

En Génesis 4 Caín comete asesinato en contra de su hermano Abel tras la adoración a Dios con ofrendas. La ofrenda de Caín no es aceptada por Dios, mientras que sí lo es la de su hermano Abel. Caín se resiente por este hecho, y como resultado da muerte a su hermano. Dios inicia la investigación con preguntas a Caín (Gen 4:9-10), las cuales nuevamente tratan de establecer los hechos ocurridos antes que los motivos subyacentes. Tras la exposición de la evidencia, Dios recién – como en el caso anterior – dictamina un veredicto y realiza la sentencia.

En Génesis 6 se nos cuenta cómo la tierra se corrompió por causa del pecado, poblándose de hombres malvados e inicuos. En dos ocasiones se nos cuenta que Dios decide revertir esta situación: en los versículos 7 y 13-17, Dios declara su intención de acabar con el mundo pecaminoso. Sin embargo, antes de cada uno de estos textos, hay muestras de un proceso investigador. El versículo 5 dice que “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra”. La palabra traducida como “vio” es raá, que puede traducirse como “considerar, contemplar, examinar”. Se trata de un proceso de investigación. Y el versículo 12 dice que “miró Dios la tierra”, usando la idéntica expresión hebrea raá. Posteriormente al anuncio del veredicto, Dios enseña la sentencia y el resultado del juicio: “Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (v.8), “estableceré mi pacto contigo” (v.18). El resultado del juicio investigador halló al mundo culpable y a Noé merecedor de recibir la salvación, junto a su familia.

En Génesis 11 se cuenta la historia de la construcción de la ciudad de Babel y su torre, comandada por Nimrod (Gen 10:8-10). La construcción fue hecha en abierta desobediencia a la orden de Jehová, quien había mandado ir a recorrer la tierra y fructificar en ella (Gen 8:17), no juntarse en ciudades. Las intenciones al construir la torre eran llegar “al cielo”, y hacerse “un nombre”, es decir, ganar fama al llegar al cielo mismo. Eran un grupo de rebeldes que desafiaban la autoridad divina, pretendían usurpar el mismo lugar de Dios y desconfiaban de la promesa de Dios de no volver a enviar un diluvio de aguas (Gen 9:9-16), razón por la cual se unieron para construir la torre. Se cuenta entonces que Dios “descendió” “para ver” la obra de los impíos (Gen 11:5). La palabra “ver”, así como en Génesis 6 es raá, lo que apoya el concepto de que Dios estaba iniciando un juicio de investigación sobre Babel. Y el juicio dictaminó una sentencia, que fue ejecutada por Dios mismo: confundir las lenguas de los constructores, y lograr que se cumpliese su voluntad inicial, a saber, el esparcimiento de los hombres por toda la tierra (vv.8-9).

En Génesis 18 y 19 se nos relata la llegada de los tres visitantes a Abraham con el posterior anuncio de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y el relato mismo de la destrucción. Es interesante que, para introducir la noticia a Abraham, Dios comenta “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer…? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (vv.17, 19). Dios muestra que el juicio investigador – del cual se comenta en los versículos 20 al 21 – tiene como objeto revelar la voluntad divina y su gobierno ante sus hijos fieles, quienes observan los pasos del “Juez de toda la tierra” (v.25). La motivación del juicio investigador no es que Dios tome conocimiento de los hechos, sino de que sus hijos entren en conocimiento pleno de los actos de Dios. Posteriormente Dios anuncia a Abraham que descendería a Sodoma y Gomorra y vería si habían consumado su obra (vv.20-21). La palabra para “veré” nuevamente es raá, como en los casos anteriores. Y el relato entre Abraham y Jehová revela un proceso de investigación antes de la destrucción: Abraham logra que Dios cancele la destrucción de los impíos si hubiesen diez justos en Sodoma. Por tanto Dios debe llevar a cabo una verificación de los caracteres de los habitantes de Sodoma, para saber si hay diez justos. Dicha verificación es llevada a cabo por los dos ángeles que visitan a Lot (Gen 19), quienes atestiguan la maldad de los habitantes de Sodoma (vv.4-9), dictan la sentencia final sobre la ciudad impía (v.13) y, como resultado del juicio, hallan a Lot y su familia justos y por tanto dignos de preservar sus vidas de la destrucción (vv.12-17).

En suma, Génesis muestra cinco claros ejemplos que siguen un patrón distintivo donde Dios lleva a cabo juicios investigadores abiertos como consecuencia de pecados específicos, y cuyos resultados separan a justos y pecadores, antes de efectuar una sentencia. En cada caso Dios actúa como un juez, exhibiendo primero la evidencia recogida, tomando decisiones y haciéndolas conocidas al proceder públicamente en cada caso.

Los sacerdotes y el juicio

En el sistema de sacerdotes de la dispensación de Moisés, las Escrituras muestran que los sacerdotes tenían atribuciones judiciales y eran reconocidos como autoridades de juicio. En Éxodo 28:15 se describe una de las partes más solemnes y destacadas del atuendo del sumo sacerdote como “el pectoral del juicio”: un pectoral de materiales finos (oro, azul, carmesí, púrpura y lino blanco), cuadrado, conteniendo 12 piedras en 4 hileras. Las piedras habrían de ser “según los nombres de los hijos de Israel” (v.21). El versículo 29 declara que el sumo sacerdote llevaría estos nombres consigo en el pectoral “sobre su corazón” al ministrar en el santuario “por memorial delante de Jehová”. Uniendo estos conceptos, se nos enseña de que la obra de juicio de Dios está prefigurada en el Santuario, donde el sumo sacerdote lleva, en su corazón, el nombre de los hijos de Dios, y los presenta ante Dios mismo para que Dios “se acuerde de ellos” en el momento del juicio. Es una bella prefiguración de la obra mediadora e intercesora de Cristo, quien es nuestro sumo sacerdote celestial (Heb 3:1). También es llamativo el hecho de que el único día que el sumo sacerdote entraba a la presencia misma de Dios era en el día de la expiación (Lev 16), y sin embargo los nombres de los fieles eran llevados por él “continuamente” (Exo 28:29).

Números 27:21 dice que Josué, como sucesor de Moisés, tendría la facultad de recibir instrucciones de Dios mediante el Urim, una de las piedras adjuntas en la indumentaria del sumo sacerdote. Y se dice que esta manifestación de Dios se llamaría “el juicio del Urim”, y mediante ella se decidirían las jornadas de los israelitas. No sabemos con base bíblica los detalles de esta manifestación, pero sí reafirma nuestro punto de que los sumo sacerdotes eran piezas clave en dar a conocer al pueblo los juicios de Dios.

En Deuteronomio 17:8-11 Moisés da instrucciones específicas respecto a los casos judiciales complejos en los cuales los jueces designados no pudieran establecer la justicia. Ellos habrían de acudir a los sacerdotes, quienes habrían de enseñar “la sentencia del juicio”, sentencia de la cual nadie debía apartarse “ni a diestra ni a siniestra”. También en 2 Crónicas 19:8 se nos relata que el rey Josafat confió a algunos levitas y sacerdotes el asumir funciones judiciales “para el juicio de Jehová y para las causas”. Todo esto reafirma el concepto de que el sacerdocio incluía la facultad de juzgar a los hombres, lo cual alcanza su mayor expresión en el juicio investigador que es llevado a cabo hoy en el Santuario Celestial por Jesucristo nuestro sumo sacerdote.

Los salmos y el juicio investigador

En el libro de los Salmos probablemente se reúna la mayor cantidad de textos que guardan relación con el juicio investigador. Solamente mostraremos algunos de esos textos.

El Salmo 1 bien podría ser apodado “el Salmo del juicio”. En él se nos describe la senda del justo tanto en términos de lo que no hace (v.1) como de lo que sí hace (v.2), lo que es compatible con los mandatos de “alejarse del mal” y “temer a Jehová” (cf. Job 1:1; 28:28). Luego el salmista compara al justo con un árbol firme, próspero y fructífero (v.3), y a los impíos con maleza seca que es llevada por el viento (v.4). Finalmente se habla de que la mayor diferencia entre unos y otros se exhibe en el juicio que los separa: vida para el justo y muerte para el impío. Es el proceso del juicio tanto como el carácter del justo el foco de la atención del salmista en este texto, y por eso el clímax del mismo se alcanza en el momento del juicio, donde salen a la luz todas las características afirmadas anteriormente.

En el Salmo 9:7-16 se nos habla del Dios que juzga para auxiliar a sus hijos en los momentos de mayor necesidad. Los versículos 7-8 afirman la potestad de Dios para juzgar al mundo desde su trono. Los versículos 9-10 muestran a un Dios que es refugio para los pobres y para quienes lo buscan; por tanto el juicio de Dios es en estricto beneficio de su pueblo. Los versículos 11 al 14 señalan que como resultado del accionar divino aquellos que hoy claman por justicia en medio de la aflicción pueden bien clamar alabanzas a Dios por sus obras de liberación. El versículo 15 señala a las naciones que oprimen al pueblo de Dios como recibiendo los castigos divinos. Finalmente el versículo 16 declara que Dios al castigar al impío se da a conocer a sí mismo, se revela como justo. Este es el concepto de la Teodicea: Dios está en el banquillo de los acusados, acusado por Satanás como injusto, y al mismo tiempo que juzga y exhibe su justicia ante su creación se muestra como justo. El Dios juez de toda la tierra es acusado injustamente y se defiende al defender a su pueblo.

La idea anterior se ve plenamente reforzada por el Salmo 51. Muchas veces se ha analizado este capítulo pues en él David pide perdón y limpieza a Dios tras haber conspirado para matar a Urías heteo y tomar a su mujer (2 Sam 11). David reconoce su pecado y su condición pecaminosa (vv.3, 5), pide a Dios perdón de sus pecados (vv.1-2, 7, 9) pero también santidad para el corazón (v.10). Sin embargo, en el corazón de todos estos clamores de perdón, de reconciliación, de pureza y santificación, aparece el concepto de la Teodicea. En el versículo 4 David, clamando por perdón, dice que la obra restauradora y perdonadora de Dios también serviría “para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”. En otras palabras, al juzgar a David Dios estaba mostrando su inocencia en su propio juicio, y al perdonar al rey estaba mostrándose a sí mismo “justo” y “puro”.

En estos y otros pasajes Salmos declara que el juicio de Dios a los hombres está conectado con el juicio que se hace en contra de Dios, y por tanto tiene un carácter cósmico que va más allá del simple análisis de casos humanos, hacia la resolución de un problema universal. Y también declara que el justo debe recibir este juicio, por tanto, como buenas noticias, de liberación, de perdón y de redención.

Conclusión

Los textos analizados en el presente trabajo aportan evidencia significativa a la existencia de un juicio investigador escatológico llevándose a cabo en nuestros días, al mostrar que el accionar divino en el pasado incluye una etapa de investigación previa al veredicto y la sentencia posteriores. Los textos de Génesis muestran que la existencia del pecado hace necesario el desarrollo de un juicio investigador que exhiba los pormenores de las acciones humanas antes de dictar una sentencia al respecto. Tal juicio es en estricto beneficio de los pecadores arrepentidos, quienes pueden hallar gracia y perdón mediante este juicio.

Los textos del resto del Pentateuco unen la función de Juez con la de Sacerdote, y circunscriben la obra de juicio en un contexto relacionado con el Santuario, lo cual entrega luz a los textos del Nuevo Testamento (particularmente la epístola a los Hebreos) cuando habla de Cristo como nuestro sumo sacerdote celestial al mismo tiempo que sentado a la diestra de Dios como Juez.

El libro de Salmos vincula la facultad de un Dios Creador con la de Juez, ya que el legítimo dueño de la creación es perfectamente capaz de juzgarla. Se muestra a un Dios juzgando para salvar a su pueblo. Y también entrega vislumbres esclarecedoras respecto al juicio de Dios, quien vindica su nombre al juzgar al universo.

Por lo tanto, el Antiguo Testamento entrega bases sólidas para la doctrina adventista del juicio investigador, la cual se encuentra sustentada en la Biblia, y se conecta con otras doctrinas claves tales como la justificación por la fe, el gran conflicto, la Ley de Dios y la segunda venida de Cristo.

Maran atha.



comments powered by Disqus