El bautismo de niños

Bereshit Lab

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. [Hechos 2:38-39]

Una vez que los discípulos recibieron el Espíritu Santo, el Apóstol Pedro, inspirado por Dios, presentó una predicación a una gran multitud y luego de hacer referencia al derramamiento del Espíritu Santo profetizado por el profeta Joel, mencionó la importancia de aceptar al Señor mediante el bautismo, y tal y como lo menciona la cita anterior, la necesidad de bautizarse para recibir ciertas bendiciones no es exclusiva de los adultos, sino también es “para vuestros hijos”, lo cual demuestra que los hijos o niños a partir de cierta edad, sí están en la posibilidad de experimentar la conversión y por ende el bautismo.

Son muchos los religiosos que piensan que los niños con uso de razón, no pueden conocer a Cristo y por ende no pueden experimentar la conversión, sin embargo la Biblia rechaza esta posición y fue Jesús mismo quien corrigió esta idea errónea en sus discípulos, pues demostró que los niños si pueden ir a él personalmente para recibir sus bendiciones, pues así está escrito:

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”. [Mateo 19:13-15]

El bautismo de niños a partir de una edad prudente, es claramente aceptado y recomendado por la inspiración, por cuanto los niños también pueden experimentar el milagro de la conversión y por ende el bautismo y precisamente la misma Sierva del Señor declara que siendo aún una niña, tuvo la maravillosa experiencia de la conversión y fue bautizada, pues así está escrito:

“Me convertí a la edad de once años, y cuando tuve doce fuí bautizada y me uní con la Iglesia Metodista. A la edad de trece años, oí a Guillermo Miller pronunciar su segunda serie de conferencias en Portland, Maine. Sentía entonces que no había santidad en mí y que yo no estaba lista para ver al Señor Jesús. Así que cuando se invitó a los miembros de la iglesia y a los pecadores a que pasasen al frente para que se orase por ellos, acepté la primera oportunidad, porque sabía que era necesario que se hiciese una gran obra en mi favor a fin de que quedase preparada para el cielo. Mi alma tenía sed de la salvación plena y gratuita, pero no sabía cómo obtenerla”. [Primeros Escritos, Pág. 11.]

Tal y como lo demuestran las citas presentadas los niños sí pueden experimentar el milagro de la conversión y no solo eso, sino que aún desde tempranas edades recibieron el Don de Profecía, tal y como lo demuestra el caso del profeta Samuel, pues así está escrito:

“Son los jóvenes a quienes el Señor quiere como su mano auxiliadora. Samuel era tan sólo un niño cuando el Señor lo usó para hacer una obra buena, de misericordia”. [Consejos para los Maestros, Pág. 472.]

“A todos se les da oportunidad de desarrollar el carácter. Todos pueden ocupar sus puestos señalados en el gran plan de Dios. El señor aceptó a Samuel desde su infancia porque su corazón era puro. Había sido dado a Dios como ofrenda consagrada, y el Señor hizo de él un conducto de luz. Si los jóvenes de hoy quieren consagrarse como fue consagrado Samuel, el Señor los aceptará y los empleará en su obra. Acerca de su vida podrán decir con el salmista: “Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas”. Salmos 71:17. [Consejos para los Maestros, Pág. 523.]

En la siguiente cita el Espíritu de Profecía declara que los niños a partir de los 8 años ya están listos para aceptar al Salvador, pues así está escrito:

“Los niños de ocho, diez y doce años tienen ya bastante edad para que se les hable de la religión personal. No mencionéis a vuestros hijos algún período futuro en el que tendrán bastante edad para arrepentirse y creer en la verdad. Si son debidamente instruidos, los niños, aun los de poca edad, pueden tener opiniones correctas acerca de su estado de pecado y el camino de salvación por Cristo”. [Joyas de los Testimonios 1:150. Conducción del Niño, Pág. 464.]

Y en las siguientes citas inspiradas el Espíritu de Profecía nuevamente ratifica que los niños si pueden bautizarse y también declara que los padres están en la capacidad de dar el correspondiente consentimiento para que sus niños puedan bautizarse, pues así está escrito:

“Cuándo están listos los niños para el bautismo—No permitáis nunca que vuestros hijos supongan que no son hijos de Dios hasta que tengan suficiente edad para ser bautizados. El bautismo no transforma en cristianos a los niños, ni los convierte. Es tan sólo un signo externo que muestra que comprenden que debieran ser hijos de Dios reconociendo que creen en Jesucristo como su Salvador y que por lo tanto vivirán para Cristo”. [Manuscrito 5, 1896. Conducción del Niño , Pág. 472.]

En el año de 1907 “varios niños fueron bautizados” y según lo describe la misma cita “esta fue una escena que los ángeles de Dios presenciaron con gozo, pues así está escrito:

“El canto hace que un bautismo impresione—Treinta y dos [candidatos] fueron sepultados con su Señor en el bautismo, y se levantaron para andar en novedad de vida. Esta fue una escena que los ángeles de Dios presenciaron con gozo. Varios niños fueron bautizados primero, y luego los mayores. Ocasionalmente se cantó una estrofa de algún himno de alabanza. No hubo confusión alguna. El servicio entero fue impresionante”. [The Review and Herald, 7 de febrero de 1907. Ministerio Pastoral, Pág. 192.]

Autor: Pablo Muñoz, Ecuador | Facebook


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