El aborto

Bereshit Lab

Muchas sociedades contemporáneas han tenido que hacer frente al conflicto sobre la moralidad o inmoralidad del aborto.[1] Este conflicto también ha afectado a muchos cristianos que desean asumir la responsabilidad de proteger la vida humana no nacida manteniendo al mismo tiempo la libertad individual de toda mujer. Es evidente que se hace necesaria una orientación al respecto, por eso la Iglesia, basándose en las Escrituras, ofrece su orientación respetando la conciencia individual.

Los adventistas queremos acercarnos a la problemática del aborto de forma que revele fe en Dios como Creador y Sustentador de toda vida, y que asimismo refleje la responsabilidad y la libertad cristianas. Aun cuando entre los adventistas existen diferencias de opinión respecto al aborto, los siguientes puntos representan un intento de brindar orientación sobre diversos principios y cuestiones concomitantes.

Las orientaciones que se presentan a continuación están basadas en principios bíblicos generales.[2]

  1. La vida humana no nacida es un maravilloso don de Dios. El ideal divino para los seres humanos afirma la santidad de la vida humana, creada a imagen de Dios, y exige respeto por la vida prenatal. A pesar de ello, las decisiones que tienen que ver con la vida han de tomarse dentro del contexto de un mundo caído. El aborto jamás dejará de tener implicaciones morales, por eso no se debe destruir la vida embrionaria ni fetal de manera irreflexiva. El aborto debería ser provocado únicamente por razones de máxima gravedad.

  2. El aborto es uno de esos trágicos dilemas de la condición humana caída. La iglesia debería ofrecer apoyo compasivo a quienes se vean obligados a enfrentar personalmente la decisión de tener que provocar un aborto. Las expresiones de condenación no resultan adecuadas por parte de quienes han aceptado el evangelio. Los cristianos hemos recibido el cometido de ser una comunidad de fe solidaria y compasiva, que ayude a quienes han de pasar por la crítica situación de tener que valorar alternativas como el aborto inducido.

  3. La iglesia, como comunidad de apoyo, debería expresar su compromiso con el valor de la vida humana de formas prácticas y tangibles como las siguientes:

a. fortaleciendo las relaciones familiares;

b. educando a ambos sexos respecto a los principios cristianos de la sexualidad humana;

c. destacando la responsabilidad, tanto de los hombres como de las mujeres, en la planificación familiar;

d. apelando a ambos para que se responsabilicen de las consecuencias que conlleva un estilo de vida contrario a los principios cristianos;

e. creando una atmósfera de seguridad donde se pueda llevar a cabo un debate permanente sobre los interrogantes morales asociados con el aborto;

f. ofreciendo ayuda y asistencia a las mujeres que decidan interrumpir embarazos problemáticos;

g. apoyando y motivando al padre para que participe responsablemente en el cuidado de sus hijos.

La iglesia también debe colaborar para mitigar los lamentables factores sociales, económicos y psicológicos que puedan llevar hacia el aborto y brindar atención redentora a quienes sufren las consecuencias de decisiones individuales relacionadas con ello.

  1. La Iglesia no debe erigirse en conciencia de nadie; no obstante, ha de brindar orientación moral. La Iglesia Adventista no aprueba la práctica del aborto por razones de control de la natalidad, selección de sexo o conveniencia. A pesar de ello, en ocasiones las mujeres pueden verse ante circunstancias excepcionales que conllevan grandes dilemas morales y médicos, como la existencia de un grave riesgo para la vida de la embarazada, de serios peligros para su salud, de malformaciones congénitas del feto diagnosticadas adecuadamente, o de embarazos como resultado de violación o incesto. La mujer embarazada debe tomar la decisión final respecto a la posibilidad de interrumpir el embarazo tras haber llevado a cabo las consultas pertinentes. Para tomar una decisión de este tipo debe recibir la información lo más completa posible, la presentación de los principios bíblicos y la conducción del Espíritu Santo. Estas decisiones se toman mejor en el contexto de una relación familiar saludable.

  2. Los cristianos reconocen que su primera y principal responsabilidad es frente a Dios. Por eso buscan el equilibrio entre el ejercicio de la libertad individual y su responsabilidad hacia la comunidad de la fe y hacia la sociedad en general y sus leyes. Toman sus decisiones de acuerdo con las Escrituras y las leyes de Dios y no basándose en los patrones sociales. En consecuencia, todo intento de obligar a una mujer, tanto a que siga adelante con un embarazo como a que lo interrumpa, tiene que ser rechazado como una violación de la libertad personal.

  3. Las instituciones de la Iglesia deberían recibir orientaciones para desarrollar sus propias políticas institucionales, en armonía con las directrices que se presentan en este documento. Nadie que tenga objeciones religiosas o éticas hacia el aborto ha de ser obligado a participar en este tipo de prácticas.

  4. Hay que exhortar a los miembros de la Iglesia a que reflexionen en cuanto a cuáles son sus responsabilidades morales en relación con el aborto a la luz de las enseñanzas de las Escrituras.

Principios para una perspectiva cristiana de la vida

Introducción

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3, NVI).

En Cristo se halla la promesa de la vida eterna pero, puesto que la vida humana es mortal, los seres humanos hemos de enfrentar diversas dificultades repecto a la vida y la muerte. Los principios que siguen se aplican a la persona (cuerpo, alma y espíritu) como un todo indivisible (Gén. 2: 7; 1 Tes. 5: 23).

La vida: el valioso don que Dios nos ha regalado

  1. Dios es la Fuente, el Dador y el Sustentador de toda vida (Hech. 17: 25, 28; Job 33: 4; Gén. 1: 30, 2: 7; Sal. 36: 9; Juan 1: 3, 4).

  2. La vida humana posee un valor único puesto que, a pesar de su condición caída, los seres humanos siguen siendo creados a la imagen de Dios (Gén. 1: 27; Rom. 3: 23; 1 Juan 2: 2; 1 Juan 3: 2; Juan 1: 29; 1 Ped. 1: 18, 19).

  3. Dios valora la vida humana no sobre la base de nuestros logros, sino porque somos creación de Dios y el objeto de su amor redentor (Rom. 5: 6, 8; Efe. 2: 2-6; 1 Tim. 1: 15; Tito 3: 4, 5; Mat. 5: 43-48; Efe. 2: 4-9; Juan 1: 3, 10: 10).

La vida: nuestra respuesta al don de Dios

  1. A pesar de ser tan valiosa, la vida humana no ha de ser nuestra única preocupación. El sacrificio propio como resultado de la fidelidad a Dios y a sus principios puede ocupar un lugar de prioridad sobre la vida misma (Apoc. 12: 11; 1 Cor. 13).

  2. Dios reivindica la protección de la vida humana y considera a los seres humanos responsables de su destrucción (Éxo. 20: 13; Apoc. 21: 8; Éxo. 23: 7; Deut. 24: 16; Prov. 6: 16, 17; Jer. 7: 3-34; Miq. 6: 7; Gén. 9: 5, 6).

  3. Dios se interesa de manera especial en la protección de los débiles, los indefensos y los oprimidos (Sal. 82: 3, 4; Sant. 1: 27; Miq. 6: 8; Hech. 20: 35; Prov. 24: 11, 12; Luc. 1: 52-54).

  4. El amor cristiano (agape) incluye la dedicación de nuestra existencia a mejorar la vida de quienes nos rodean. El amor respeta asimismo la dignidad personal y no tolera ni aprueba la opresión de una persona bajo el comportamiento abusivo de otra (Mat. 16: 21; Fil. 2: 1-11; 1 Juan 3: 16; 1 Juan 4: 8-11; Mat. 22: 39; Juan 18: 22, 23; Juan 13: 34).

  5. La comunidad de creyentes ha sido llamada a demostrar el amor cristiano de manera tangible, práctica y abundante. Dios nos llama a restaurar con bondad al quebrantado (Gál. 6: 1, 2; 1 Juan 3: 17, 18; Mat. 1: 23; Fil. 2: 1-11; Juan 8: 2-11; Rom. 8: 1-14; Mat. 7: 1, 2, 12: 20; Isa. 40: 42, 62: 2-4).

La vida: nuestro derecho y responsabilidad de decidir

  1. Dios otorga a los seres humanos libertad de elección, aun cuando esta libertad pueda implicar consecuencias trágicas como el abuso de ella. Su renuencia a coaccionar al ser humano a obedecer requirió el sacrificio de su Hijo. Dios quiere que usemos sus dones de acuerdo con su voluntad y finalmente juzgará el mal uso que hayamos hecho de ellos (Deut. 30: 19, 20; Gén. 3; 1 Ped. 2: 24; Rom. 3: 5, 6, 6: 1, 2; Gál. 5: 13).

  2. Dios llama a cada ser humano de manera individual a tomar decisiones morales y a buscar en las Escrituras los principios bíblicos que las sustentan (Juan 5: 39; Hech. 17: 11; 1 Ped. 2: 9; Rom. 7: 13-25).

  3. Las decisiones sobre la vida humana desde sus comienzos hasta su fin se toman mejor en el contexto de una relación familiar saludable y con el apoyo de la comunidad de la fe (Éxo. 20: 12; Efe. 5, 6).

  4. Las decisiones humanas siempre deberían estar enfocadas en la búsqueda de la voluntad de Dios (Rom. 12: 2; Efe. 6: 6; Luc. 22: 42).

Autor: Orientaciones aprobadas el 12 de octubre de 1992 por la Junta Directiva de la Asociación General en el Concilio Anual celebrado en Silver Spring, Maryland.

Notas


  1. El aborto, tal como se entiende en este documento, es todo acto cuya finalidad sea la interrupción de un embarazo ya establecido. Se distingue en esto de la anticoncepción, que tiene como objetivo la prevención del embarazo. ↩︎

  2. La perspectiva fundamental de esta orientación se basa en un amplio estudio de las Escrituras titulado «Principios para una perspectiva cristiana de la vida», que figura al final de este documento (p. 219). ↩︎


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