“Declaración de Justino Mártir acerca de la Observancia del Domingo: Un apéndice falsificado”

Feb 26, 2016
Juegos Cristianos

DECLARACIÓN DE JUSTINO MÁRTIR ACERCA DE LA OBSERVANCIA DEL DOMINGO: UN APÉNDICE FALSIFICADO[1]

Hay un famoso pasaje en la Primera Apología de Justino Mártir que ha sido comúnmente considerado como una clara evidencia en favor de la observancia del domingo semanal por parte de los cristianos de Roma en la mitad del siglo II d.C. El pasaje en cuestión, el capítulo 67, dice lo siguiente:

Y en el día que se llama del Sol se reúnen en un mismo lugar los que habitan tanto las ciudades como los campos y saben los comentarios de los apóstoles o los escritos de los profetas por el tiempo que se puede. Después, cuando ha terminado el lector, el que preside toma la palabra para amonestar y exhortar a la imitación de cosas tan insignes. Después nos levantamos todos a la vez y elevamos [nuestras] oraciones; y, como ya hemos dicho, en cuanto dejamos de orar se traen el pan, el vino y el agua, y el que preside hace con todas sus fuerzas oraciones y las acciones de gracias, y el pueblo aclama Amén y la comunicación de los [dones] sobre los cuales han recaído las acciones de gracias se hace por los diáconos a cada uno de los presentes y ausentes. Los que abundan [en bienes] y quieren dar a su arbitrio lo que cada uno quiere, y los que se recoge se deposa en manos del que preside, y él socorre a los huérfanos y a las viudas, como también a los que se encuentran en las cárceles y a los huéspedes que viene de lejos; en una palabra, toma el cuidado de todos los indigentes. Y en el día del Sol todos nos juntamos, parte porque es el primer día en que Dios, haciendo volver la luz y la materia, creó el mundo, y también porque en ese día Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos. Lo crucificaron, en efecto, el día anterior al de Saturno, y al día siguiente, o sea el del Sol, apareciéndose a los apóstoles y discípulos, enseñó aquellas cosas que por nuestra parte hemos entregado a vuestra consideración.[2]

Hasta donde sé, todos los defensores del sábado,[3] así como los defensores del domingo[4] aceptan este pasaje como genuino; solo que lo interpretan de manera diferente. En este artículo se tomará la posición de que este pasaje no proviene directamente de Justino, sino que fue interpolado dentro de su obra algún tiempo después por algún escritor desconocido. Si este importante pasaje fue añadido, entonces el propósito de la interpolación es evidente: fue usado para apoyar la transición del sábado al domingo, haciendo creer que esta transición fue tan temprana como la mitad del segundo siglo, provocando que el domingo gane prestigio.

Existen varias evidencias, la mayoría inexploradas, que apuntan a este pasaje como una interpolación tardía. Estos argumentos serán considerados por orden bajo los títulos de contexto literario, estilo literario y relaciones literarias.

Contexto Literario

Existen tres problemas con el contexto del capítulo 67. En primer lugar, hay un problema en la ubicación del capítulo mismo en relación con el documento de la Apología como un todo. El segundo problema tiene que ver con la relación entre este pasaje y los que lo siguen, especialmente con la naturaleza de estos textos. El tercer problema es la manera en que este pasaje se relaciona con el que le precede.

Ubicación en el documento

El capítulo 67 es la última declaración completa en la Apología. Es seguida por un corto párrafo de conclusión (el capítulo 68), y luego vienen tres cartas de otros autores, anexadas al documento. Esto significa que la declaración acerca del domingo es la última declaración completa del documento, que concluye de cierta manera el cuerpo de la Apología.

Esta es la ubicación donde es posible colocar con menor dificultad una añadidura o interpolación. Una inserción en el medio de un manuscrito causa mucho desplazamiento de texto, pero agregar una interpolación al final de un manuscrito no provoca esta clase de desplazamiento.

Una crítica literaria similar es comúnmente citada contra la autoría mosaica del Pentateuco. Se trata del epilogo de Deuteronomio 34, donde se narra la muerte de Moisés. Dado que Moisés obviamente no pudo haber escrito su propia muerte en forma profética, esta fue añadida por alguien más, probablemente Josué. Una interpretación similar puede ser propuesta para la ubicación del capítulo 67 en este documento.

Relación con el texto posterior

Después de un breve párrafo de conclusión (el capítulo 68), fueron agregadas tres cartas al documento. Estas epístolas son tituladas de acuerdo a sus destinatarios: los emperadores Adriano, Antonio Pio y Marco Aurelio. El editor de la serie “The Ante-Nicene Fathers” afirma que la primera de estas tres cartas es “generally credited as genuine”,[5] mientras que la segunda y la tercera son consideradas como espurias.[6] Esta última es la falsificación más evidente, porque en ella Marco Aurelio les atribuye una de sus victorias a las oraciones de los cristianos, de esta manera vindicándolos.

El propósito de estas cartas agregadas son la de aumentar la aceptación del contenido de la Apología. La última de esta es evidentemente espuria, la del medio es probablemente apócrifa y la carta inicial, dirigida al Emperador Adriano, ha sido aceptada como genuina. Considerando su relación con las otras dos cartas, me parece justo y probable que la primera también sea espuria.

Lo que este orden hace, al ver el panorama completo, es colocar el pasaje sobre la observancia del domingo directamente junto a dos o tres cartas espurias. Al ocupar esta posición estratégica, también surgen algunas dudas sobre la autenticidad del capítulo 67. No solo está ubicado al final del cuerpo principal del manuscrito, sino que está localizado al principio de una serie de cartas que, en su mayor parte, no son genuinas. Aquí tenemos un caso potencial de culpabilidad por asociación. La carta más evidentemente falsa es la última de las tres, supuestamente de Marco Aurelio. Esta epístola tiene la misma relación con las cartas anexadas que el pasaje sobre la observancia del domingo posee con el resto del documento.

Relación con el texto que le precede

Los capítulos 65 y 66, que preceden a la sección sobre la observancia del domingo, tratan sobre la cena del Señor. El capítulo 65 comienza con el ofrecimiento del pan y del vino en ocasión del bautismo de un nuevo creyente. El resto del capítulo habla sobre el orden de este breve servicio. El capítulo 66 es una discusión acerca del significado de la cena del Señor: es una comida especial con un sentido especial, no una comida ordinaria. Este capítulo concluye con una breve observación sobre cómo el mitraísmo imita este rito. En realidad, la primera parte del capítulo 67 es la conclusión del capítulo 65, después de la inclusión de la discusión del capítulo 66. Esta conclusión habla acerca de cómo el rico ayuda al necesitado y cómo se dan las gracias a Dios por todas las cosas. No hay ningún orden lógico que conecte este epílogo con la cena del Señor o el bautismo en el capítulo 65 y 66.

Es solo con la discusión del servicio dominical que el orden lógico aparece. Hay algunos importantes paralelos entre el contenido del capítulo 67 y los dos anteriores. También hay unos pocos elementos considerablemente diferentes.

El capítulo 65 comienza con la afirmación de que todas estas cosas se llevan a cabo luego el bautismo del converso. El capítulo 67 asegura que estas cosas se realizan en el domingo. No hay ninguna mención al bautismo en el capítulo 67. El capítulo 65 describe claramente una comida local, mientras que el capítulo 67 describe una gran reunión común de cristianos de toda Roma y del campo circundante.

Sin embargo, además de estas dos grandes diferencias, estos dos pasajes poseen varias características en común, que son comparadas en la siguiente lista:

justino

Algunas de estas similitudes ya han sido notadas antes, pero su paralelismo completo no ha sido expuesto previamente como fue hecho en la lista anterior. Un erudito sostiene que esto significa que el servicio del domingo fue modelado a partir del bautismo y de la eucaristía que son descritos previamente.[7] De hecho, afirma que estas ceremonias eran llevadas a cabo en el día mencionado en el capítulo 67.

Las dificultades con esta postura se vuelven evidentes cuando se observa como el primer pasaje, el capítulo 65, ha sido directamente parafraseado en capítulo 67. Cuando se utilizan textos previos, como es el caso en la mayoría sino todos los pasajes mostrados arriba, la paráfrasis se realiza de tal manera que se vuelve evidente que se trata de un préstamo literario. A menudo se invierten elementos de su orden original, un signo común de plagio. Por ejemplo, la referencia a los “diáconos” aparecen al comienzo de la declaración sobre distribución en el capítulo 65, pero lo hacen al final del pasaje sobre el mismo tema en el capítulo 67. Otros casos del mismo fenómeno pueden ser notados en el cuadro anterior. No se trata de una descripción de dos servicios similares, sino que elementos identificatorios del primer servicio fueron copiados para dar la impresión de que el segundo servicio también se llevó a cabo, cuando realmente no lo hizo.

Pueden notarse otras dos irregularidades en la lista paralela anterior. La referencia a los “comentarios de los apóstoles” proviene del capítulo 66, pero también ha sido usada en el capítulo 67, junto con todo el material restante del capítulo 65. La declaración acerca de los ricos cuidando de los pobres en realidad proviene del comienzo del capítulo 67, antes de que se describa el servicio dominical. Sin embargo, esta sección es realmente el fin del discurso de los capítulos 65 y 66. La división de capítulos ha sido puesta en el lugar equivocado. Debería haber sido ubicada precediendo a la declaración acerca del servicio dominical.

Es también interesante ver como la declaración en el comienzo del capítulo 67 concluye, dado que finaliza con una bendición:

Desde aquel tiempo siempre hacemos conmemoración de estas cosas, y los que tenemos [bienes] socorremos a todos los necesitados y siempre estamos unidos los unos con los otros. Y en todas las ofrendas alabamos al Creador de todas las cosas por su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo.

Esta es una bendición o doxología. Aquí es donde probablemente el texto original de la Primera Apología concluía. Es también probable que todo lo que sigue después haya sido falsificado. Esto incluye la declaración acerca de la observancia del domingo (cap. 67), la introducción a la carta de Adriano (cap 69), las cartas de los emperadores Adriano, Antonio Pio y Marco Aurelio.

Todos estos escritos siguen a la declaración sobre el tema de la cena del Señor en los capítulos 65 y 66. La doxología de esta extensa declaración aparece al comienzo del capítulo 67. Aquí es donde probablemente terminaba el manuscrito original de Justino. La declaración plagiada (copiada con modificaciones) fue luego añadida, así como el resto del capítulo 67. Tres cartas, con una introducción a la primera, fueron luego agregadas para dar a entender que los emperadores daban su aval los cristianos, específicamente, a su adoración en domingo. Solo en un sentido general puede decirse que las tres cartas fueron agregadas con el propósito de vindicar el contenido general de la Apología de Justino. Más bien, fueron falsificadas con el propósito de enfatizar la declaración sobre la observancia del domingo. Habiendo presentado una proposición falsa, el autor anónimo luego la apoyó con la autoridad de tres cartas apócrifas de emperadores. La evidencia de las conexiones presentadas aquí es que el bloque completo de material fue falsificado y agregada al fin de la Apología de Justino al mismo tiempo. El falsificador de las tres cartas es también el falsificador de la declaración principal sobre la observancia del domingo en el capítulo 67.

La arquitectura literaria de esta falsificación puede ser resumida de la siguiente manera:

justino-1

El escritor de este pasaje espurio realmente no quería que sus lectores se olvidaran del domingo. Por eso, además de la declaración acerca del día del Sol al comienzo del pasaje, lo menciona cinco veces en cuatro maneras diferentes en la conclusión del pasaje, además de que una sexta referencia describe al viernes como el día anterior al de Saturno. Estas no son menciones fortuitas de una reunión mantenida en domingo, sino que se está recalcando el punto principal mediante un énfasis sobredimensionado. En el pasaje paralelo, al comienzo del capítulo 67, con el cual la discusión de los capítulos 65 y 66 termina, no hay ninguna mención del domingo. Solamente se dice que los cristianos se recordaban entre sí constantemente el significado de la Cena del Señor.

Estilo literario

El tema de esta sección trata acerca de cuán característico a los escritos de Justino es la atención explicita a los detalles cronológicos. Esta cuestión puede ser examinada desde dos diferentes puntos de vista. En primer lugar, se debe analizar cuanta atención le dio a la cronología en general. Luego está el tema de cuanta atención le prestó a la cronología de la semana de la pasión. Si la atención a los detalles cronológicos es característico de su estilo de escritura, entonces tendríamos que aceptar al capítulo 67 como autentico y genuino. Pero si la atención a los detalles cronológicos no es una característica de sus escritos restantes, entonces tendríamos que aceptar la idea previamente desarrollada acerca de que el capítulo 67 no es originalmente de Justino.

Con el objetivo de hacer una comparación he escogido solo la Primera Apología de Justino. Debido a que esta es la obra en la cual aparece el capítulo 67 se trata de la muestra literaria más apta para una comparación. Una revisión de sus obras restante probablemente mostrará los mismos resultados, pero este documento en particular proporciona el campo más inmediato para realizar una comparación.

Cronología general

Es fácil darse cuenta que, luego de analizar la Primera Apología, las referencias cronológicas son poco frecuentes. Hay un caso donde Justino supone que ciertas personas vivirían en una cierta manera durante “un año” (cap. 57). También da el intervalo entre David y Cristo como 1500 años (cap. 42), equivocándose por medio milenio. Habla acerca de profetas que profetizaron la venida de Cristo 5000, 3000, 2000, 1000 y 800 años antes de Cristo (cap. 30), evidentemente retrocediendo hasta Enoc o Noe según la LXX, por lo elevado de estos números. Menciona que pasaron 150 años desde el nacimiento de Cristo bajo Cirenio y su muerte bajo Poncio Pilato (cap. 46). En su primera referencia cronológica, sostiene que Platón dijo que un periodo especial de castigo para los impíos duraría 1000 años (cap. 8).

Estas constituyen todas las referencias cronológicas que he sido capaz de encontrar en la Primera Apología de Justino. De esta investigación surgen tres conclusiones. En primer lugar, Justino no estuvo muy interesado en la cronología, dado que esto es todo el material que pude encontrar en su obra. Segundo, sus declaraciones cronológicas se encuentran generalmente redondeadas y aproximadas, usualmente siendo dadas en cifras de miles o cientos de años. Incluso no diferencia cronológicamente entre la fecha del nacimiento de Cristo con su muerte, aun cuando estuvieron separados por poco más de treinta años. Mide ambos con la cifra general de 150 años. Tercero, no he encontrado ningunas otras fechas en toda su obra que trate sobre días de la semana o días del mes. Ese tipo de cronología detallada no es parte de su interés.

Cronología de la crucifixión

Justino es claramente un filósofo centrado en la cruz. Toda su Apología está impregnada con referencias a la crucifixión de Jesús. Es interesante ver que es tan valiente como para sostener la cruz de Cristo ante el emperador con tanta frecuencia y vigor. Los capítulos siguientes son los que hacen referencias a la crucifixión de Jesús en su obra: 13, 21, 22, 32, 35, 36, 38, 42, 46, 48, 50, 51, 53, 55, 60, 61 y 63. Algunas de estas declaraciones son breves, mientras que otras son más extensas. Algunas también mencionan la resurrección o la ascensión.

Unas pocas aluden conjuntamente a su nacimiento, muerte, resurrección y ascensión.

Es interesante investigar estos pasajes y observar lo que Justino dice acerca de la cronología de la cruz. Él nunca menciona el día de la semana o del mes en el cual Jesús murió o fue resucitado. No lo identifica como el sexto día, el día de preparación, el 14 de Nisán o la pascua. Ninguna de estas referencias trae consigo dato alguno sobre la resurrección. En otras palabras, la cronología específica de los días en los que Jesús murió y fue resucitado no es de gran importancia para Justino. Está más interesado en demostrar que estos son eventos históricos y extraer de ellos el significado de la salvación. Lo más cercano a un dato que Justino llega a dar sobre la crucifixión es decir que Cristo fue crucificado bajo Poncio Pilato (caps. 13, 35, 46 y 48).

En una ocasión menciona que fue crucificado durante el reinado de Tiberio (cap. 13). Estas son especificaciones cronológicas muy claras y directas, pero que no tienen nada que ver con la cronología específica del domingo de resurrección encontrado en el capítulo 67. Este estilo de escritura es bastante diferente de la aproximación que Justino realiza hacia la cronología general, y la de la muerte y resurrección de Cristo. Este pasaje no se parece a ningún otro escrito de Justino sobre estos temas. Más bien luce como si proviniera de otra mano.

Relaciones literarias

Hasta ahora solo el contenido interno de la Primera Apología ha sido considerado al evaluar la declaración sobre la observancia del domingo del capítulo 67. Sin embargo, hay mucho material fuera de esta obra que nos lleva a la cuestión de la observancia del domingo mencionada en ella. La propuesta de este artículo también puede ser evaluada por fuentes externas. Una de estas es el Diálogo con Trifón. El individuo que le da el título a esta obra era judío y debatía con Justino acerca del cristianismo desde este punto de vista. Otra fuente que se relaciona con esta investigación consiste del registro del martirio de Justino.

El Diálogo con Trifon

Aparentemente fue en Éfeso donde Justino conoció a un judío llamado Trifón e inició un diálogo con él (afirma que se llevó a cabo en el caminos de Xysto, que Eusebio ubica en Éfeso). El dialogo no comienza como una conversación, sino como un monólogo en el cual Justino cuenta su historia, incluyendo su conversión al cristianismo (cap. 1-9). Luego, a partir del capítulo 10, se inicia el verdadero diálogo. Primero Justino se queja de que los cristianos son acusados porque no siguen las enseñanzas judías: “¿Hay alguna cosa más que nos reprochéis, amigos, o sólo se trata de que no vivimos conforme a vuestra ley, ni circuncidamos nuestra carne, como vuestros antepasados, ni guardamos los sábados como vosotros?” (cap. 10.1).[8] Luego continúa diciendo que los cristianos son también acusados de canibalismo debido a su observancia de la Cena del Señor y que son acusados de conducta inmoral. Así hubo cinco acusaciones contra los cristianos: no guardaban la ley, no se circuncidaban, no guardaban el sábado, realizaban canibalismo y practicaban inmoralidad. Trifon básicamente abandona las dos acusaciones finales, pero se concentra las tres primeras. Es interesante notar que estos tres problemas de la ley, la circuncisión y el sábado aparecen justo al comienzo del dialogo, ya que son el corazón de sus diferencias. Trifon continúa detallando estas diferencias:

Pero lo que sobre todo nos tiene perplejos es que vosotros, que decís practicar la religión, y les vais a la zaga, ni diferenciáis vuestra vida de la de los gentiles. Como quiera que ni guardáis las fiestas y sábados ni practicáis la circuncisión. Y para colmo de todo, poniendo vuestras esperanzas en un hombre crucificado, confiáis recibir, sin embargo, algún bien de parte de Dios, sin guardar sus mandamientos (cap. 10.3)[9]

Trifón desafía a Justino directamente:

Si, pues, tienes algo que responder a estos cargos y nos demuestras de qué modo tenéis esperanza alguna no obstante no observar la ley, cosa es que te escucharíamos con mucho gusto y juntos examinaríamos los otros puntos que a esto se refieran.[10]

Justino se defiende y afirma que la antigua ley de los diez mandamientos fue solo judía, en tanto que los cristianos tienen una nueva ley en Cristo:

... la ley dada sobre el monte Horeb es ya vieja y os atañe sólo a vosotros, pero la otra pertenece a todos absolutamente. Ahora bien, una ley puesta contra otra ley, anula la primera; y un testamento hecho posteriormente, deja sin efecto el primero. Y a nosotros, Cristo nos ha sido dado como ley eterna y última y como testamento fiel, después del cual ya no hay ni ley ni ordenación ni mandamiento (11.2).[11]

Luego, Justino aplica este principio a las preguntas acerca de la ley, la circuncisión y el sábado:

Necesaria es ya la segunda circuncisión, y vosotros seguís con vuestro orgullo de la carne. La nueva ley quiere que guardéis el sábado continuamente, y vosotros, con pasar un día, sin hacer nada, ya os parece que sois religiosos, sin entender el motivo por que os fue ordenado el sábado. No se complace en eso el Señor Dios nuestro. Si hay entre vosotros un perjuro o ladrón, que deje de serlo; si hay un adúltero, arrepiéntase y ha guardado los deliciosos y verdaderos sábados de Dios (12.3).[12]

Para Justino, entonces, la observancia del sábado no consiste en guardar el séptimo día de la semana sin trabajar, sino en hacer buenas obras y arrepentirse de los pecados del pasado. De esta manera uno observa un sábado perpetuo, ya no descansando en algún día en particular, sino en forma continua de manera espiritual.

¿Hay aquí algún indicio de que Justino estuviera guardando el domingo? No si el testimonio de Trifón es digno de confianza. Según Trifón, Justino no solo no guardaba la ley ni los mandamientos ni el pacto, sino que no guardaba ningún sábado, ordenanza o fiesta. Trifón no argumenta que Justino guardaba el domingo en lugar del sábado. La discusión no consiste de dos días diferentes de adoración. Es un debate entre un día especial contra ningún día en absoluto. Si Justino hubiera estado guardando un domingo semanal, como es sugerido por el capítulo 67 de la Primera Apología, Trifon seguramente lo hubiera notado, pero no hace tal acusación. El asunto no radica en la observancia del sábado, ni tampoco en la observancia del domingo.

Entonces, estamos frente a una contradicción interna en los escritos de Justino. O él está guardando el domingo, como lo dice el capítulo 67 de la Apología, o no está guardando ningún día, como Trifón declara en su Diálogo. ¿Tenemos un caso de Justino contra Justino? No, si nosotros reconocemos que el capítulo 67 de la Apología es espuria. Entonces la posición de Trifón aparece clara y fácilmente reconocible en vista de la propia respuesta y testimonio de Justino acerca de la ley y el sábado sin la mención de la observancia del domingo.

Pero se podría argumentar que este diálogo ocurrió en Éfeso, donde los cristianos no guardaban el domingo, mientras que la Primera Apología de Justino fue escrita en Roma, donde los cristianos pueden haber estado guardando el domingo mientras Justino estuvo allí. Si este fuera el caso, sería una evidencia de que la observancia del domingo en la mitad del siglo II era un fenómeno geográficamente esporádico. Pero la evidencia contra tal observancia del domingo en Roma es incluso más directa, ya que proviene del registro del martirio de Justino.

El martirio de Justino Mártir

La historia del martirio de Justino se encuentra dentro de una gran obra titulada Martirio de San Justino y de sus compañeros. Esta incluye, junto con la historia del martirio de Justino, los relatos de las muertes de Caritón, Caridad, Peón y Liberiano. Estas historias se enfocan especialmente en Justino, ya que él fue el maestro de los otros. Existe una adición apócrifa a este texto que relata la muerte de Justino por beber una copa de cicuta. Esto se debe a que se supone que fue un filósofo. En realidad, el cuerpo del texto nos cuenta el verdadero modo en que Justino y sus mártires compañeros murieron. Ellos fueron azotados y luego llevados a ser decapitados (cap. 5).

El autor de esta obra es desconocido, pero generalmente se acepta que es un recuento genuino de los martirios reales. Acerca de la historicidad de este elato, el editor de la serie Ante-Nicene Fathers, afirma que “though nothing is known as to the date or authorship of the following narrative, it is generally reckoned amog the most trustworthy of the Martyria”.[13] En contraste con la teoría de los ‘dos Justinos’, uno que fue decapitado y otro que bebió cicuta, el editor declara que “the description of Justin given in the following account, is evidently such as compels us to refer it to the famous apologist and martyr of the second century”.[14] Considerando que generalmente es aceptada la autenticidad de este documento al describir la muerte de Justino el Apologista, es interesante notar lo que dice en su defensa ante Rústico, el prefecto que intentaba sentenciarlo a muerte. Una de las preguntas que aparece durante el interrogatorio de Rustico a Justino tiene que ver con las reuniones de los cristianos. La conversación entre estos dos individuos sigue de esta manera:

El prefecto Rústico dijo:
-¿Dónde os reunís?
Justino respondió:
-Donde cada uno prefiere y puede, pues sin duda te imaginas que todos nosotros nos juntamos en un mismo lugar. Pero no es así, pues el Dios de los cristianos no está circunscrito a lugar alguno, sino que, siendo invisible, llena el cielo y la tierra, y en todas partes es adorado y glorificado por sus fieles.
El prefecto Rústico dijo:
-Dime dónde os reunís, quiero decir, en qué lugar juntas a tus discípulos.
Justino respondió:
-Yo vivo junto a un cierto Martín, en el baño de Timiotino, y ésa ha sido mi residencia todo el tiempo que he estado esta segunda vez en Roma. No conozco otro lugar de reuniones sino ése. Allí, si alguien quería venir a verme, yo le comunicaba las palabras de la verdad.
El prefecto Rústico dijo:
-Luego, en definitiva, ¿eres cristiano?
Justino respondió:
-Si, soy cristiano.[15]

El contraste entre esta declaración y la del capítulo 67 de la Apología no podría ser más grande. Este último texto afirma que todos los cristianos del campo y de la ciudad se reunían juntos en una gran asamblea en domingo. Pero en el Martirio, Justino asegura que nunca ha asistido a una reunión tal. Las únicas asambleas a las que ha asistido fueron en la casa de Martino, bajo las escaleras de su cuarto. Cuando alguna persona buscaba su consejo, tenía que buscarlo personalmente.

El testimonio del Martirio parece ser genuino. Una enorme reunión de cristianos en forma semanal como es propuesta por el capítulo 67 de la Apología fácilmente habría sido considerada como una amenaza por el emperador. Es por esto que Rústico le preguntó dos veces sobre esto y después lo sentenció a muerte. Reuniones como las propuestas por el pasaje sobre la observancia del domingo seguramente habrían sido visto como subversivas hacia el emperador y, consecuentemente, tratadas como tales.

Además, ese no era un período de tiempo en el que resultase conveniente declararse públicamente como cristiano. Esto es evidente en el caso de Justino y sus amigos. Aparentemente una ejecución de cristianos similar pero anterior se llevó a cabo durante la composición de la Segunda Apología de Justino.[16] Este no fue un tiempo apropiado para asistir a reuniones multitudinarias de adoración publica en domingo o en cualquier otro día, porque fácilmente habría resultado en la captura de algunos cristianos para su ejecución.

Por lo tanto, existen dos argumentos para afirmar que este tipo de reuniones públicas eran muy improbables: debido a que hubieran sido vistas como una amenaza para el emperador, y porque probablemente habría dado lugar a la identificación y aprisionamiento de los cristianos que asistieran a esas asambleas. Justino tenía buenas razones para decir no conocía tal clase de reuniones, sino solo la de la casa-iglesia donde él vivía. Esta reunión local en la casa-iglesia es perfectamente compatible con el tipo de reunión descrita en los capítulos 65 y 66 de la primera apología. Pero no es compatible con el tipo de reunión pública descrito en el capítulo 67. Justino asevera no conocer ningún tipo de reunión de ese tipo. Dado que su vida estaba en juego cuando dio su testimonio, y que murió por su fe inmediatamente después, podemos considerar que este testimonio es correcto. El capítulo 67 de la Apología debe haber sido escrito por alguien más en un tiempo posterior.

Cronología

Aunque las declaraciones de Justino generalmente no son específicas, y no data la muerte y resurrección de Cristo específicamente en otros pasajes en su Primera Apología, es llamativo que en su Diálogo con Trifón designa el día en el cual Cristo fue resucitado como el octavo día. Por lo tanto, es necesario analizar los tres pasajes en los cuales ocurren estas referencias.

Dialogo con Trifón, cap. 23-24

En este pasaje Justino regresa a los temas que fueron introducidos en el capítulo 10: el sábado, la circuncisión y la observancia de la ley. Su argumento en la primera parte del capítulo 33 es que el sábado no precedió a Moisés, por lo tanto, las personas de esa época no estaban obligadas a observarlo. Y como consecuencia, nosotros tampoco estamos obligados a observarlo. También argumenta que los elementos de la naturaleza no guardan el sábado, así que nosotros no necesitamos hacerlo.

Luego aborda el tema de la circuncisión. En un estilo paulino argumenta que Abraham no fue justificado porque fuese circuncidado, sino porque la circuncisión fue el sello de la justicia que ya había recibido de parte de Dios. La circuncisión no puede ser ordenada a toda la familia humana debido que la mujer, que puede ser tan justa y recta como el hombre, es incapaz de recibir la circuncisión. El propósito de sus argumentos presentados hasta aquí es terminar con la circuncisión y el sábado. Luego continúa su diálogo sobre la circuncisión en el capítulo 24:

Pudiera también demostrarles, señores -proseguí diciendo-, que en el octavo día, con preferencia al séptimo, se encerraba un cierto misterio anunciado por Dios en esas realidades; pero para no darles impresión que divago en otros razonamientos, me contento con gritarles que entiendan cómo la sangre de aquella circuncisión se ha eliminado y nosotros hemos creído en otra sangre salvadora. Otra alianza rige ahora, y otra ley ha salido de Sión: Jesucristo. Él circuncida a todos los que así lo quieren, como desde antiguo fue anunciado, con cuchillos de piedra, a fin de formar una nación justa, un pueblo que guarda la fe, que abraza la verdad, que preserva la paz (24.1.2).[17]

La ilustración que es utilizada aquí se basa en el hecho de que la circuncisión ocurre en el octavo día. Pero Justino dice que la antigua circuncisión ha sido deshecha y hay una nueva circuncisión. Esta no es una de la carne, sino del corazón. Fe esta manera, Cristo puede hacernos nuevas personas, viviendo en rectitud, verdad y paz. Esto fue tipológicamente prefigurado en la circuncisión en el octavo día. Esta no es una representación de la resurrección, sino de la circuncisión de nuestros corazones.

Diálogo con Trifón, cap. 41

Aquí Justino encuentra un tipo de la cena del Señor en la comida que el leproso ofrecía. Así como el leproso la ofrendaba después de haber sido limpiado, nosotros ofrecemos la cena del Señor a Dios como una evidencia de nuestra limpieza del pecado. Luego Justino regresa al tema de la circuncisión de nuevo:

El mandamiento de la circuncisión, por el que se mandaba que todos los nacidos habían de circuncidarse exclusivamente al octavo día, era también tipo de la verdadera circuncisión, por la que Jesucristo nuestro Señor, resucitado el día primero de la semana, nos circuncidó a nosotros del error y de la tendencia al mal. Porque el primer día de la semana, aun siendo el primero de todos los días, resulta el octavo de la serie, contando dos veces los días del ciclo hebdomadario, sin dejar por ello de ser el primero. (41.4)[18]

Una vez más la aplicación tipológica del octavo día de la circuncisión es aquella que simboliza nuestra circuncisión espiritual y purificación. El evento que facilita esta circuncisión espiritual es la resurrección de Cristo, que también ocurrió en el octavo día. Es el octavo día de acuerdo al ciclo humano normal (ya sea que se tome en cuenta la semana judía con cómputo inclusivo o el nundinae romano o días comerciales). El octavo día podría ser considerado de acuerdo con el ciclo humano normal, como Justino dijo en su última declaración. Pero podría ser espiritualmente reconocido como el primero de todos los días a partir de entonces. Esto no significa que el domingo sea celebrado de forma semanal. Sino que significa exactamente lo contrario. Después de la resurrección de Cristo todos los días son iguales. Hay una perpetua y espiritual observancia del sábado que ocurre cuando alguien se arrepiente o cuando un cristiano hace buenas obras. Todos los días después de la resurrección, según Justino, han sido igualados en un solo continuo espiritual. No hay ningún día sobre otros, ni tampoco sábados o domingos. Lo importante es que nosotros somos circuncidados espiritualmente, tal como fue tipificado en la legislación del Antiguo Testamento.

Diálogo con Trifón, cap. 138

En esta parte de su dialogo con Trifón, Justino extrae lecciones de la experiencia de Noé. Se refiere a las ocho personas en el arca e indica que cree que esto tipifica el octavo día en el cual Cristo fue resucitado y liberó a la raza humana del pecado, así como Noé liberó a las ocho personas que estaban con él en el arca.

Lo que Dios quiso decir con eso es que en el diluvio se cumplió el misterio de los que se salvan. En efecto, en el diluvio el justo Noé con los demás hombres, a saber, su mujer, sus tres hijos y las mujeres de sus hijos, formaban el número ocho, constituían así un símbolo del día que, siendo el octavo, día en que apareció nuestro Cristo resucitado de entre los muertos, es igualmente siempre en poder, el primero. El Cristo, en efecto, siendo el primogénito de toda la creación, vino también a ser, en un nuevo sentido, principio de otra raza, la que fue regenerada por Él, a través del agua, la fe y el madero, que es impronta del misterio de la cruz, al modo que también Noé fue salvado en el madero [del arca], cuando con los suyos fue llevado sobre las aguas. (138.1-2)[19]

Aquí Justino saca varias lecciones de la experiencia de Noé, no solo una. La madera del arca prefiguraba la madera de la cruz. Una salvó a las ocho personas en el arca, y la otra salvó a todos los que vayan a él, después de que resucitó en el octavo día. Aparte de la forzada naturaleza de esta tipología, no hay ninguna referencia a la observancia del domingo en este pasaje. Por el contrario, las ocho personas en el arca no prefiguran la observancia cristiana de domingo. Más bien prefiguran un evento que sucedió solo una vez: cuando Cristo salió de la tumba, para que pudiera ministrar por nosotros, convirtiéndose en la cabeza de una nueva raza regenerada, así como Noé se convirtió en el padre de todos los seres humanos en la tierra después de él.

Resumen

Es interesante notar que las referencias al octavo día solo aparecen en el Diálogo con Trifón, y no en su Apología al emperador. Esto se debe a que solo Trifón el judío, siendo conocedor de las escrituras, entendía la ilustración de la cual las lecciones del octavo día eran sacadas. Trifón sabía que los infantes eran circuncidados en el octavo día de vida, pero el emperador probablemente no lo sabía. Trifón conocía lo que las escrituras hebreas decían acerca de las ocho personas presentes en el arca, pero el emperador no habría conocido ese hecho. Así que esta ilustración tipológica usada para el octavo día solo tenía significado para un judío como Trifón.

Ninguna de estas tipologías tiene algún significado para nosotros hoy en día. Estamos de acuerdo que, espiritualmente hablando, necesitamos ser circuncidados de corazón, pero el octavo día, en el cual la circuncisión física se realizaba, ya no es importante para los cristianos. Reconocemos que la historia del diluvio del Génesis nos dice que hubo ocho personas en el arca, pero sería difícil para nosotros decir que cada una de esas personas representa un día y que el total nos lleva al octavo día. Solo en con una perspectiva vaga y general podemos comparar la madera del arca con la madera de la cruz, en que ambos fueron instrumentos de liberación.

Es interesante notar a qué Justino aplica tipológicamente el octavo día. La circuncisión realizada en el octavo día representa tipológicamente lo que Cristo hace por nosotros, no lo que nosotros hacemos por Cristo. Representa la circuncisión de nuestro duro corazón, no nuestro servicio a él en el octavo día. La forma en que Noé liberó a ocho personas en el arca, representa nuestra libertad por Cristo mediante su resurrección en el octavo día. Nuevamente, es algo que Cristo hace por nosotros, no lo que nosotros hacemos por él. No hay ninguna orden para guardar el octavo día semanal para Cristo porque la circuncisión de nuestros corazones toma lugar en cualquier día y en cualquier momento, no más en el octavo día literal. La teología expresada aquí está en armonía con lo que Justino dice en otro lugar en su Diálogo con Trifón: no hay ningún mandato para guardar algún día, sea sábado o domingo, porque todos los días son espiritualmente el mismo partir de la muerte y resurrección de Cristo. Esta teología argumenta contra la idea de que Justino hubiera enseñado que los cristianos de Roma de su tiempo estuvieran observando el domingo. Esto sugiere que el pasaje en la Apología fue producto de otra mano.

Conclusiones

Hay varios argumentos apoyados por la evidencia que indican que el capítulo 67 de la Primera Apología de Justino no proviene de su mano. Primero, este pasaje aparece en una sección vulnerable al final del cuerpo del documento. Segundo, precede inmediatamente a tres cartas espurias de tres emperadores. Tercero, es posible percibir como el autor de este pasaje copió su material de los dos capítulos anteriores de la Apología. Tomó prestadas frases que pueden ser rastreadas a través de todo el pasaje cuando se lo compara con los dos capítulos precedentes. Los casos de paráfrasis e inversión de elementos presentes en la copia evidencian la naturaleza del plagio, cuyo objetivo era de aumentar la aceptación de la observancia del domingo en este pasaje tardío.

Lo específico de los elementos fechados en el capítulo 67, enfatizados una y otra vez, son notablemente inusuales en el estilo literario de Justino. Esto resulta evidente cuando se los compara con elementos parecidos o la falta de ellos en las partes anteriores del documento. Justino no tiene ningún interés en la cronología y esa falta de interés se extiende a las fechas de los eventos de la crucifixión y resurrección. Está más interesado en la numerología tipológica, que en la cronología histórica. El dato más cercano que da acerca de la crucifixión es que ocurre en el reinado de Tiberio, cuando Poncio Pilato estuvo en Judea, y eso fue alrededor de 150 años en el pasado. Esta falta de interés en la cronología, tanto general como específica, presenta un contraste directo con el contenido del pasaje sobre la observancia del domingo, cuyos elementos son muy, pero muy específicos.

El capítulo 67 también contrasta con lo que conocemos sobre las costumbres de Justino a partir de su dialogo con Trifón y la historia de su martirio. Trifón esencialmente dice que Justino no observa ningún día, y Justino concuerda con él. Ese testimonio se vuelve aún más relevante cuando el interrogatorio de Justino por parte de Rustico deja en claro la naturaleza de las reuniones cristianas, o la falta de las mismas. Justino dos veces le niega a Rustico que los cristianos haya alguna vez tenido alguna clase de reuniones generales como aquella descrita en el capítulo 67 de la Apología. De haberlo hecho habrían amenazado al emperador y puesto en peligro a los cristianos que participaban.

Justino emplea una curiosa clase de tipología del octavo día, pero incluso eso no apoya la idea de que los cristianos de ese tiempo guardaran el domingo. Por el contrario, aquella tipología del octavo día simboliza la circuncisión del corazón, no alguna observancia del domingo por parte de los cristianos. Las enseñanzas de Justino en el Diálogo con Trifón se basan en la idea de que a partir de la cruz y la resurrección todos los días son iguales espiritualmente, y ni el sábado ni el domingo tienen que ser guardados literalmente. Cuando uno hace buenas obras o se arrepienta, está observando el sábado perpetuo, sin importar en qué momento de la semana se haga. La teología de Justino en este punto realmente socava la practica defendida en el capítulo 67 de la Apología.

Estos argumentos defendidos por evidencia muestran que el capítulo 67 no pertenece a la Primera Apología de Justino. Fue colocada allí más tarde por algún autor anónimo quien deseaba aumentar la aceptación de la observancia del domingo, como si hubiera existido en los tiempos de Justino, en la mitad del siglo II. Nosotros no sabemos quién realizó la interpolación, o cuando, pero podría estimarse que ocurrió en algún momento entre el siglo IIII y IV C. cuando la difusión del domingo cristiano tomó grandes proporciones. Pero ese no fue el caso en el tiempo de Justino, durante el siglo II.

Autor: William H. Shea | Este artículo fue publicado originalmente como “Justin Martyr’s Sunday Worship Statement: A Forged Appendix”, Journal of the Adventist Theological Society 12, n.° 2 (2001): 1-5-15. Publicado con permiso. | Traducido por Eric Richter

Referencias:


  1. Este artículo fue publicado originalmente como “Justin Martyr’s Sunday Worship Statement: A Forged Appendix”, Journal of the Adventist Theological Society 12, n.° 2 (2001): 1-5-15. Publicado con permiso. ↩︎

  2. Justino. Apologías, trad. por Hilario Yabén. Serie Los Santos Padres 5 (Sevilla: Apostolado Mariano, 1990), 91-92; traducción adaptada. ↩︎

  3. Entre quienes toman este punto de vista se encuentran Robert L. Odom, Sabbath and Sunday in Early Christianity (Washington DC: Review and Herald, 1977), 128; S. Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday: A Historical Investigation of the Rise of Sunday Observance in Early Christianity (Roma: Pontifical Gregorian University Press, 1977); Kenneth A. Strand, “The Sabbath and Sunday from the Second Through Fifth Centuries”, en The Sabbath in Scripture and History, ed. por Kenneth A. Strand (Washington DC: Review and Herald, 1982), 323. ↩︎

  4. Entre quienes asumen esta posición se encuentran Willy Rordorf, Sunday: The history of the day of rest and worship in the earliest centuries of the Christian Church (London: SCM Press, 1968), 262-273; Richard J. Bauckham, “Sabbath and Sunday in the Post-Apostolic Church”, en From Sabbath to Lord’s Day: A Biblical, Historical and Theological Investigation, ed. por Donald A. Carson (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1982), 273. ↩︎

  5. Alexander Roberts y James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers: Translations of the Writings of the Fathers Down to A.D. 325, 10 vols. (Edinburgh: T&T Clark, 1885–1887), 1:186. ↩︎

  6. Ibíd., 186-187. ↩︎

  7. Rordorf, Sunday, 262. ↩︎

  8. Justino, Diálogo con Trifón, trad. por Daniel Ruiz Bueno (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2002), 317. ↩︎

  9. Ibíd., 318. ↩︎

  10. Ibíd. ↩︎

  11. Ibíd., 319 ↩︎

  12. Ibíd., 321 ↩︎

  13. Roberts y Donaldson, The Ante-Nicene Fathers, 1:303. ↩︎

  14. Ibíd. ↩︎

  15. Daniel Bueno Ruiz, ed. Acta de los Mártires (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2003), 312-313. ↩︎

  16. Roberts y Donaldson, The Ante-Nicene Fathers, 1:188-189. ↩︎

  17. Justino, Diálogo con Trifón, trad. por Daniel Ruiz Bueno (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2002), 340-341. ↩︎

  18. Ibíd., 370. ↩︎

  19. Ibíd., 542. ↩︎

Publicar en DA

DA

DA es una herramienta digital que ofrece diversos recursos para la ayuda en su estudio bíblico.

Great! You've successfully subscribed.
Great! Next, complete checkout for full access.
Welcome back! You've successfully signed in.
Success! Your account is fully activated, you now have access to all content.