¿Se oponía Elena de White a usar un árbol en Navidad?

Introducción

Cuando se acerca la temporada de las fiestas siempre surgen dudas acerca de si es apropiado que los cristianos participen en ellas. ¿Es correcto festejar la Navidad? ¿Cómo hacer para festejarla? ¿La Navidad tiene un origen pagano? ¿El árbol de Navidad es un símbolo pagano?

Todas estas dudas surgen en las mentes de los cristianos, muchas veces incitadas por las publicaciones sensacionalistas, extremistas y casi siempre falsas que sobreabundan en internet. Si bien existen muchas preguntas acerca de la legitimidad de la Navidad, en este artículo solo analizaremos la postura de Elena de White acerca del árbol de Navidad. Si deseas conocer más acerca del verdadero origen de la Navidad te sugiero que leas este artículo. Si deseas saber cuál es la relación entre el “árbol de Asera” (Deu. 16:21) y el árbol de Navidad, te recomiendo que leas este artículo.

Dado que como adventistas del séptimo día reconocemos que Ellen G. White recibió el don de profecía de parte de Dios, sus escritos serán considerados como inspirados y útiles para la vida cristiana.

Escritos sobre el árbol de Navidad
El tema del árbol de Navidad no pasó desapercibido para Elena de White, quien a lo largo de su vida escribió varios artículos donde se menciona el tema: “Las Fiestas”,[1] “Regalos de Navidad”,[2] “La Navidad se acerca”,[3] “El año anterior y el nuevo”,[4] “Regalos de Navidad para Cristo”,[5] y “Obreros con Dios”.[6]

Lo primero que se nota al leer estos artículos es que Elena de White carecía por completo de la actitud fanática y extremista que muchos predicadores tienen actualmente hacia la Navidad. No existe ninguna declaración de Elena de White que prohíba o ataque el uso del árbol de Navidad o que lo mencione como un elemento pagano. De hecho, ella frecuentemente demandó que se instalen árboles de Navidad en las iglesias siempre y cuando estos cumplan una función benéfica. Por ejemplo, en 1879 ella escribió lo siguiente:

Ahora nos estamos acercando al fin de otro año, ¿y no deberíamos convertir estos días festivos en oportunidades para traer nuestras ofrendas a Dios? No puede decir sacrificios, porque solo estaríamos entregándole a Dios algo que ya es suyo, y que Él simplemente nos ha confiado hasta que nos lo demande [nuevamente]. Dios estaría complacido si en Navidad cada iglesia tuviera un árbol de Navidad en el cual cuelguen ofrendas, grandes y pequeñas, para estas casas de adoración. Nos han llegado cartas preguntándonos: ¿deberíamos tener un árbol de Navidad? ¿No sería parecido al mundo? Nosotros respondemos: ustedes pueden hacerlo parecido el mundo si tiene una disposición así, o pueden hacerlo tan diferente al mundo como sea posible. No se comete ningún pecado en particular al elegir un fragante árbol perenne y colocarlo en nuestras iglesias, sino que el pecado yace en el motivo que impulsa la acción, y el uso que se hace de los regalos puestos en el árbol.

El árbol puede ser tan alto, y sus ramas tan amplias, como sea apropiado para la ocasión; pero que sus ramas se carguen con el fruto dorado y plateado de vuestra beneficencia, y preséntenle esto a Él como vuestro regalo de Navidad. Que sus donaciones sean santificadas por la oración y que los frutos [puestos] sobre este árbol consagrado sean utilizados para pagar las deudas de las casas de adoración en Battle Creek, Mich y Oakland, Cal.[7]

Notemos que Elena de White no se opone al uso del árbol de Navidad en las iglesias. Ella declara que “no se comete ningún pecado en particular al elegir un árbol perenne fragante y colocarlo en nuestras iglesias”. El pecado está en la manera en que se usan los regalos que se colocan en el árbol. Ella, en esta ocasión, instó a que los regalos y donativos puestos en el árbol sean utilizados para pagar las deudas que ciertas iglesias tenían, particularmente en Battle Creek y Oakland. Si bien actualmente este consejo ya no es aplicable, dado que estas iglesias están libres de deudas o ya no existen, el principio sigue siendo útil. Actualmente muchas iglesias adventistas han comenzado costosos proyectos evangelísticos o de construcción. Por lo tanto, se puede colocar un árbol de Navidad para que los hermanos colaboren y ayuden a pagar estos proyectos. Notemos que este consejo de Elena de White se basa en la voluntad del Señor: “Dios estaría complacido si en Navidad cada iglesia tuviera un árbol de Navidad en el cual cuelguen ofrendas, grandes y pequeñas, para estas casas de adoración”.[8]

En otras declaraciones Elena de White confirmó el uso benéfico del árbol de Navidad. En su artículo del 26 de diciembre de 1882 escribió:

En cada iglesia, sin importar si es pequeña, se deberían realizar esfuerzos especiales para mostrar gratitud a Dios al llevar nuestras ofrendas para su causa. Que quienes desean un árbol de Navidad hagan que sus ramas sean fructíferas con regalos para los necesitados y ofrendas para la tesorería de Dios. Y dejen que los niños conozcan el gozo de dar al traer sus pequeños regalos en adición a las ofrendas de sus padres.[9]

Prestemos atención nuevamente que Elena de White no atacó a “quienes desean un árbol de Navidad” ni les impidió cumplir sus deseos. Para ella tener un árbol de Navidad no era malo en sí mismo.

En este artículo notamos que usar un árbol de Navidad para recolectar regalos y donativos es recomendable y bueno. Aquí Elena de White amplía el uso de estas donaciones para ayudar a los “necesitados”.

En otro artículo, escrito el 9 de diciembre de 1884, Elena de White nuevamente repitió que tener un árbol de Navidad en la iglesia no es pecaminoso:

En Navidad, que pronto vendrá, no padres no deberían tomar la posición de que un árbol perenne ubicado en la iglesia para la distracción de los alumnos de Escuela Sabática es un pecado; porque puede convertirse en una gran bendición.[10]

El objetivo de Elena de White no era atacar o eliminar la Navidad, como algunos predicadores adventistas insisten en intentar, sino en utilizarla con buenos propósitos. En este artículo, ella apuntó al uso beneficioso que puede darse al árbol de Navidad para juntar dinero para los misioneros.

La Navidad se acerca. Ojalá que todos tengan la sabiduría para convertirla en una ocasión preciosa. Que los miembros adultos de la iglesia se unan, en corazón y alma, con sus niños en este entretenimiento y recreación inocente, al idear formas y maneras para mostrar un respeto verdadero a Jesús al traerle regalos y ofrendas. […] Que los regalos que usualmente son entregados a otros sean puestos en la tesorería del Señor. Les presento, mis hermanos y hermanas, un objetivo: la misión europea. Que en cada iglesia sus pequeñas ofrendas sean puestas en árboles de Navidad. Que el “árbol perenne”, un precioso emblema, nos recuerde la santa obra de Dios y su beneficencia hacia nosotros; y la amorosa obra de corazón será salvar a otras almas que están en la oscuridad. […] Que las muchas iglesias le presenten a Dios árboles de navidad en cada iglesia (sic); y que allí cuelguen las frutas de beneficencia y gratitud –ofrendas que provienen de corazones y manos dispuestas, frutas que Dios aceptará como una expresión de nuestra fe y nuestro gran amor hacia por el regalo de su Hijo, Jesucristo. Que cada árbol perenne esté cargado con fruta rica, pura, santa y aceptable a Dios. ¿No tendremos acaso una Navidad que el Cielo apruebe?[11]

Es interesante que Elena de White habla de una Navidad que Dios aprueba. Es claro que celebrar la Navidad no puede, por lo tanto, ser intrínsecamente malo. No es el evento lo que es malo, sino la manera en que se celebra. Lo mismo sucede con el árbol de Navidad. Tener uno en la iglesia no es un pecado, en tanto sea utilizado con buenos propósitos. En el pasaje anteriormente mencionado Elena de White amplia nuevamente el uso de las ofrendas depositadas en el árbol para incluir el financiamiento de misiones en el extranjero, en este caso en Europa.

Esta misma idea apareció en otro artículo que ella escribió el 7 de diciembre de 1886:

Así como Dios nos ha dado todo el Cielo en el regalo de su querido Hijo, expresemos nuestra gratitud mediante ofrendas de acción de gracias para su causa. Que todos los árboles perennes de Navidad produzcan una rica cosecha para Dios.

Les presento nuestras misiones en tierras extranjeras como el objeto de vuestros regalos. Mostremos que valoramos la preciosa luz de la verdad al hacer un sacrificio para extender la luz a quienes están en la oscuridad.[12]

En otro artículo, escrito el 4 de enero de 1883, Elena de White nuevamente declaró que los árboles de Navidad son una excelente herramienta para reunir fondos que avancen la causa del Evangelio:

No veo objeción en poner incluso dentro de nuestras iglesias un árbol de Navidad o de Año Nuevo que tenga fruto en [forma de] regalos y ofrendas para la causa de Dios. Así podemos aprovechar la ocasión para encaminar los regalos que acostumbramos dar en este tiempo en el canal correcto. Y esta celebración festiva será una lección útil para nuestros niños, enseñándoles a dar sus regalos en una manera que honre a su Redentor. Pero cuando dedicamos nuestros medios y trabajo en celebrarnos a nosotros mismos, fracasamos en darle a Dios el honor que merece.[13]

Este pasaje nos muestra que Elena de White deseaba que el árbol de la Navidad sirviera como una herramienta para enseñarles a los niños la importancia de la generosidad y dadivosidad hacia Dios y la causa del evangelio. Estas virtudes también debían ser mostradas por los padres al hacer regalos en los árboles de Navidad que estaban “dedicados a Dios”.

Que sus árboles de Navidad estén dedicados a Dios, y que sus ramas estén cargadas con ofrendas para Cristo. No den como si fuera una tarea, repartiendo vuestras donaciones con una mano tacaña. Las buenas obras no son un trabajo penoso. Al darnos a su Hijo, Dios ha derramado todo el Cielo en un solo regalo. Démosle nuestras ofrendas con un corazón rebosante, con gratitud y gozo debido al amor sin igual de Cristo.[14]

Uso de árboles de Navidad por parte de Elena de White
A lo largo de su ministerio Elena de White aplicó en varias ocasiones los principios que ya hemos visto. Ella utilizó el árbol de Navidad en las iglesias para recordarles a los hermanos del amor de Dios y su gran regalo a nosotros: su propio Hijo. También le permitió recaudar fondos para diversas causas benéficas. Por ejemplo, en 1883, estando en Oakland, California, ella escribió lo siguiente en una carta dirigida a su hijo William:

El lunes (i.e. el 25 de diciembre) tuvimos una excelente reunión. Los bautistas alemanes tenían dos árboles de Navidad preparados delicadamente para Navidad. Ellos se los dieron a los adventistas, así que los preparativos para que las ofrendas al Señor sean puestas en el árbol se realizó sin mucho gasto. El culto fue bueno y apropiado. Hablé alrededor de media hora. Los niños escucharon con interés. Cuando la fruta (i.e. las ofrendas) fueron recogidas, se recaudó la suma redonda de $172 para la iglesia de Oakland. Todo la pasaron muy agradablemente, nada objetable en todo el asunto.[15]

En esta ocasión Elena de White utilizó os árboles de Navidad preparados por bautistas para recaudar fondos que ayudaran a la iglesia de Oakland. Notemos que ella menciona que no había “nada objetable en todo el asunto”.

En otra ocasión, esta vez durante su estadía en Basilea, Suiza, en 1886, Elena de White participó en un culto de Navidad en el que se realizó una representación navideña y luego habló brevemente. En esta ocasión se recaudaron 429 francos en un árbol de Navidad para “asegurar ayuda financiera para los colportores en Rusia”.[16]

Conclusión

En los escritos de Elena de White no encontramos un rechazo hacia la celebración de la Navidad mediante un árbol de Navidad. Ella no consideraba que tener uno en la iglesia fuera un pecado o algo malo. Al contrario, tener un árbol podía “convertirse en una gran bendición”.[17] Ella recomendó que todas las iglesias tengan un árbol de Navidad y que se inste a los hermanos a llevar regalos de agradecimiento a Dios. Estas donaciones podrían utilizarse para varios propósitos:


- Pagar deudas de las iglesias.

  • Costear proyectos de construcción de iglesias.
  • Financiar misiones en el extranjero.
  • Ayudar a los necesitados.
  • Ayudar a misioneros y colportores.
  • Para causas evangelísticas en general.

De este modo es posible usar una fiesta popular, como la Navidad, con buenos fines que ayuden a las iglesias y a la causa del Evangelio.

Referencias


  1. Ellen G. White, “The Holidays”, Review and Herald, 11 de diciembre de 1879. Puedes leer una traducción al español en el siguiente link: /las-fiestas-de-navidad-y-fin-de-ano ↩︎

  2. Ídem., “Holidays Gifts”, Review and Herald, 26 de diciembre de 1882. Puedes leer una traducción al español en el siguiente link: /regalos-de-navidad-elena-g-de-white ↩︎

  3. Ídem., “Christmas is coming”, Review and Herald, 9 de diciembre de 1884. Puedes leer una traducción al español en el siguiente link: /la-navidad-se-acerca/ ↩︎

  4. Ídem., “The Old Year and the New”, Signs of the Times, 4 de enero de 1883. ↩︎

  5. Ídem, “Christmas Gifts for Christ”, Signs of the Times, 8 de diciembre de 1887. ↩︎

  6. Ídem., “Workers with God”, Review and Herald, 7 de diciembre de 1886. ↩︎

  7. Ídem., “The Holidays”, Review and Herald, 11 de diciembre de 1879. A menos que se indique algo diferente, todas las traducciones del inglés son propias. Este texto fue publicado parcialmente en El Hogar Cristiano (Buenos Aires: ACES, 2007), 438-439. Este libro ha sido acusado de sacar de contexto la cita en cuestión. Por más información sobre el tema, ver /fideicomiso-white-libro-hogar-cristiano ↩︎

  8. Ibíd., énfasis añadido. ↩︎

  9. Ídem., “Holidays Gifts”, Review and Herald, 26 de diciembre de 1882. ↩︎

  10. Ídem., “Christmas is coming”, Review and Herald, 9 de diciembre de 1884. Esta declaración fue impresa en El Hogar Cristiano, 439. ↩︎

  11. Ídem., “Christmas is coming”, Review and Herald, 9 de diciembre de 1884. ↩︎

  12. Ídem., “Workers with God”, Review and Herald, 7 de diciembre de 1886. ↩︎

  13. Ídem., “The Old Year and the New”, Signs of the Times, 4 de enero de 1883. ↩︎

  14. Ídem, “Christmas Gifts for Christ”, Signs of the Times, 8 de diciembre de 1887. ↩︎

  15. Carta a William C. White, 5 de enero de 1883. ↩︎

  16. D. A. Delafield, Ellen G. White in Europe 1885-1887 (Washington DC: Review and Herald, 1975), 253. ↩︎

  17. Ellen G. White, “Christmas is coming”, Review and Herald, 9 de diciembre de 1884. ↩︎