Salvación por obras y el Génesis

La creación es el acontecimiento básico con el cual comienza la historia del mundo y de la humanidad. También es fundamental para la historia de la salvación de la raza humana, ya que proporciona la base del primer intento fallido del ser humano para salvarse (hojas de higuera), cuando eligió voluntariamente desobedecer. En contraste con este tipo de obras, Dios actúo en respuesta al pecado para salvar al hombre (túnicas de pieles) y es este sacrificio el centro de nuestra redención y salvación y el que nos ocupará de estudio por toda la eternidad. Pablo lo expresa con mucha claridad “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). Desde el inicio vemos no solo a Dios como creador, también como redentor.

En consecuencia Génesis provee la plataforma de la acción de Dios para salvar al hombre y la acción del hombre para salvarse a sí mismo. Por lo tanto este articulo hará un contraste entre las obras de: (1) Dios como iniciador de la salvación y la vida, (2) el hombre y sus obras para lograr la salvación, y finalmente daremos un vistazo a (3) la esperanza mesiánica de Génesis 3:15. Todo esto desde la perspectiva del primer libro de la Biblia.

Las obras de Dios

Consideremos las primeras palabras de la Biblia. Nos referimos a Génesis 1:1: “En el principio Dios”. Es importante ver que el énfasis se centra en la actividad creadora divina; esto supone la participación de las tres personas divinas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Nuevo Testamento describe claramente a Dios el Hijo como el creador activo, ante cuya voz la tierra y sus formas de vida llegaron a la existencia[1].

Siguiendo la línea del pensamiento del NT hay algunos versículos que sustentan la idea de que antes que iniciara el tiempo y la creación del cosmos, Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) estableció como su primer plan un acto de redención antes que un acto de creación. El apóstol Pablo llama a ese plan “el misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Rom. 16:25) y Pedro hace referencia a Cristo cuando dice “sabiendo que fuiste rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Ped. 1:18-20).

Sobre esta base Dios eligió salvar y transformar a todos los pecadores arrepentidos que aceptaran las provisiones hechas para su salvación. Nuevamente Pablo observa que la salvación no sería por virtud de algunas buenas obras que pudieran hacer, sino que sería según “el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Tim. 1:9). A esto se lo conoce como providencia divina, y se lo puede definir como la previsión y cuidado que Dios tiene de sus criaturas. “El registro bíblico se refiere a la providencia de Dios en el contexto del origen y existencia del pecado en el cielo (Job 1:6-12; Isa. 14:12-20; Eze. 28:11-19; Apoc. 12:4,7, 8) y su extensión a la tierra con la caída histórica de Adán y Eva (Gen.3:1-7)”[2].

Solo Dios que conocía el trayecto del futuro de la creación (el universo y el ser humano) y comprendía cabalmente la magnitud, la naturaleza y el resultado del pecado podía disponer de un medio salvífico para todo lo creado. Él mismo se hacía responsable aun del inicio del pecado. Por esa razón “Dios decidió que la muerte expiatoria de Jesucristo iba a estar en el corazón del plan”[3]. La creación de todo el universo nos habla del amor, la providencia y la gracia divina, pero en la creación de Adán Dios vio la encarnación de Cristo y el medio efectivo para la salvación total del hombre. Nuestra salvación está asegurada en Dios, no hay nada que podamos hacer por nosotros mismos. En el pensamiento judío se dice que por eso el hombre fue creado al final para que Dios no tuviera ningún asistente en el proceso de la creación y como tal le recordaba que su vida dependía totalmente de Dios.

Sobre lo expuesto anteriormente salen a relucir algunas preguntas como: ¿Por qué Adán buscó hojas de higuera? ¿Puede el hombre salvarse a sí mismo? Si esto es verdad, ¿dónde dejamos la provisión que se hizo antes de la creación del hombre? ¿Por qué seguir confiando en nuestras obras antes que en las obras de Dios? Iniciaremos ahora con lo que Adán hizo cuando el pecado entro al mundo creado.

Adán y su obra

Dios tenía un propósito bien definido al crear a la humanidad. Son muchos los pasajes de la Escritura que hablan de ese ideal, cabe destacar que el ideal siempre se situó en una relación permanente y real con Cristo; así nuestra vida estaba unida y subordinada a la de Cristo: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:17). El Creador “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efe. 1:4). No vemos nada de muerte o desdicha dentro del plan original de Dios.

Continuando con el relato de Génesis, debo decir que nuestras obras no sorprenden a Dios, más bien sus obras nos sorprenden. Si el capítulo 1 de Génesis habla de las obras de Dios y la provisión para el pecado, el capítulo 3 en contraste habla del intento del hombre para salvarse.

Una vez que entró el pecado como un acto histórico, la humanidad se encuentra en una condición moral deplorable. “Lo más lamentable del mal que mora en la naturaleza humana es que nubla el entendimiento y destruye el deseo de buscar a Dios”[4]. Esto sucedió con Adán y Eva, dos acciones ocurrieron cuando pecaron: primero “cosieron hojas de higuera” para cubrirse, y segundo “se escondieron de la presencia de Dios”.

Aquí radica el segundo acto que nos da el libro de Génesis. Si el primero es un acto de redención por parte del creador, el segundo es un acto del hombre para salvarse a sí mismo. A continuación veremos la primera idea, ya que Adán fue la primera persona creada y con el paso del tiempo el ser humano ha hecho todo lo posible por salvarse.

Efesios 2:8-10 sitúa de manera correcta el origen de nuestra salvación: Por gracia sois salvos por medio de la fe. “La fuente, la base de la salvación es Dios, no los hombres. Dios provee la salvación, cosa que el hombre no puede hacer, porque no puede proveerse un salvador (no puede morir por sus propios pecados)”[5]. “Todos los hombres por buenos y justos que hayan sido han pecado (Rom. 3:23) y, por lo tanto, todos necesitan de un salvador”[6].

También Pablo dice “Y si por gracia, ya no es por obra; de otra manera la gracia ya no es gracia…” (Rom. 11:6). “La única idea que destaca el pasaje es que la gracia y las obras son polos opuestos, incompatibles. Así, si una persona es salva por gracia, no puede ser por obras; de otro modo la gracia ya no es un don gratuito sino una mercancía adquirida, o un convenio entre el individuo y Dios”[7].

Curiosamente varios versículos del NT[8] por mencionar algunos, cuando hablan de la redención humana lo hacen aludiendo a la creación y a la obra de Cristo. Si el pecado fue un acto histórico, la promesa se haría presente o estaba presente desde el pasado, se mostraría en el presente y se recordaría en el futuro. De esta manera podemos afirmar que el acto de Adán por cubrir su desnudez sería inútil, insuficiente, imperfecto. Solo Alguien que era anterior a él podía salvarlo. Un Dios cuyo amor es inmensurable y cuya gracia suficiente para el problema del pecado sería la solución. ¿Confiaremos en la provisión del cielo?

Por esa razón el libro de Génesis nos pone en la perspectiva correcta que (1) el hombre no puede generar la salvación, ya que somos creación de Dios, (2) nuestra salvación se daría en nuestro tiempo y espacio que son temporales, también (3) la salvación vendría de un acto externo al ser humano, (4) los actos salvíficos de Dios se harían presente a lo largo de la historia de este mundo y (5) en Cristo y su obra encontramos plena confianza y una victoria permanente.

La esperanza mesiánica

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar” (Gen. 3:15). En este versículo se encuentra el fundamento de la justificación por la fe, de aquí se desprende toda la teología de este importante tema pasando de Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y en todo el AT, hasta llegar a los tiempos del NT con la promesa hecha Carne y con el desarrollo que le brinda el apóstol Pablo. No sabríamos nada del tema sin la contribución que hace Génesis. Significa que la justificación por la fe es realmente una persona cuya existencia ha sido desde la eternidad pasada y presente y que no depende de nada para existir.

Elena G. de White señala que la vida de Cristo fue el “cumplimiento del plan que había existido desde los días de la eternidad”[9]. Podemos decir que el sistema de sacrificios es la demostración más notable del plan de salvación, y esta queda demostrada en el versículo 21 del capítulo 3 de Génesis como el centro de este tema tan vital. A partir de allí Juan el bautista se refiere a Cristo como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), y Pablo lo llama como “nuestra pascua” que “fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7). Dos pasajes del AT describen de forma maravillosa la obra de Cristo. Isaias 53:5, 11: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados… por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”. En el libro profético de Daniel encontramos estas palabras: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (9:24).

Así solo Cristo salva de una realidad llamada pecado que afectó no solo al hombre también al cosmos, y sólo en virtud de Sus méritos como redentor, creador y sustentador la salvación es posible. Y deja nulo cualquier intento de salvación por obras de parte de nosotros los humanos.

A manera de conclusión quiero presentar una simple estructura de como veo los tres primeros capítulos del Génesis. El siguiente cuadro lo muestra:

En imagen:

A simple vista el movimiento natural del libro de Génesis inicia con la figura central de Dios y su plan de salvación y la creación de todo (cap. 1), avanza hasta el detalle de la creación del hombre (cap. 2) y termina mostrando las acciones del hombre y la acción de Dios para salvarlo (cap. 3). Por lo tanto Dios debería ocupar el centro de nuestras vidas. Que Dios nos ayude para que en ningún momento confiemos que nuestras acciones nos darán la salvación y que nuestro cantico siempre sea “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos” (Apoc. 15:3).

Autor: Pr. Irán González Rodríguez

Referencias


  1. Juan 1:1-3,10,14; Col. 1:16, 17; Heb. 1:1-3 ↩︎

  2. Fernando L. Canale, “La Doctrina de Dios”, Teologia: fundamentos bíblicos de nuestra fe, ed Raoul Dederen, tomo 2 (Doral, Florida Asociación Publicadora Interamericana y Gema Editores, 2005), 68. ↩︎

  3. Frank B. Holbrook, “El Gran Conflicto”, Teología: fundamentos de nuestra fe, ed. Raoul Dederen, tomo 9 (Doral, Florida Asociación Publicadora Interamericana y Gema Editores, 2005), 190. ↩︎

  4. L. Eloy Wade C., “El manto de su justicia” Meditaciones matinales para adultos (GEMA Editores 2010), 47. ↩︎

  5. www.waynepartain.com. Consultado el 20 de Abril. ↩︎

  6. Ibid. ↩︎

  7. George R. Knight, “Por la ruta de Romanos”, Meditaciones matinales para adultos (Asociación Publicadora Interamericana, 2003), 264. ↩︎

  8. Juan 1:13; 2 Cor. 5:19; Efe. 1:4, 3:11; Col. 1:14-17; 2 Tes. 2:16; 2 Tim. 1:9; Tito 1:2; Heb. 1:3. ↩︎

  9. Elena G. de White, El Deseado de todas las Gentes, (Doral, Florida, Asociación Publicadora Interamericana 2003), 121. ↩︎