Regalos de Navidad

El tiempo de las fiestas se está aproximando rápidamente con su intercambio de regalos, y jóvenes y mayores están pensando intensamente que es lo que le pueden regalar a sus amigos como una señal de afecto. Es placentero recibir un regalo, aunque sea pequeño, de aquellos que amamos. Es una seguridad de que no somos olvidados, y parece conectarnos un poco más profundamente.

Hermanos y hermanas, mientras están pensando en regalos para los demás, me gustaría hacerles acordar de su Amigo celestial, a menos de que no les importen sus pedidos. ¿Acaso Él no estaría complacido si demostramos que no lo hemos olvidado? Jesús, el Príncipe de Vida, lo dio todo para hacer que la salvación esté a nuestro alcance. ¡Oh, amor indescriptible! Él dejó su hogar real, su elevado comando, y descendió para compartir nuestra pobreza y vergüenza, para que podamos ser exaltados y compartir sus riquezas y su trono. Su gloriosa perfección suscita la admiración de la hueste angelical; pero, aun así, su adorado Comandante, descendió a un mundo hundido en el pecado, para darnos un ejemplo perfecto mediante su vida. Paso a paso, él descendió a la humillación más profunda, para alcanzar a los hombres caídos y culpables, y levantarlos para convertirlos en hijos de Dios. Por nosotros se sometió a los insultos y al abuso vergonzoso. Por nosotros se negó a sí mismo en cada punto. Sufrió incluso hasta la muerte, para poder darnos la vida eterna.

Es mediante Cristo que recibimos todas las bendiciones. Podemos acercarnos a Él en nuestra pobreza y necesidad, y Él escuchará nuestras peticiones y suplirá cada una de nuestras necesidades. Somos dependientes de Él cada momento por gracia y fortaleza para mantener nuestra integridad y continuar en su amor. ¡Cuán seguido necesitamos tener el pan de vida partido por nuestras almas! ¡Cuán seguido necesitamos ser refrescados en la fuente de agua viva! Cada bendición temporal o espiritual es una evidencia continua de su benevolencia. Las recurrentes estaciones, con las ricas y diversas bendiciones que traen, la lluvia refrescante y el alegre brillo del sol, cada cosa buena que recibimos, atestiguan la constancia de los regalos del Creador para el hombre.

¿No deberían todas estas preciosas señales de su amor suscitar una respuesta de nosotros en forma de ofrendas voluntarias para su causa? ¿No debería nuestro Benefactor celestial recibir las señales de nuestra gratitud y amor? Vengan, hermanos y hermanas, vengan con sus niños, incluso con bebes en los brazos, y traigan sus ofrendas para Dios de acuerdo a su capacidad. Hagan melodías para él en vuestros corazones, y dejen que la alabanza esté en vuestros labios. Regocíjense de que nuestro Salvador vive para interceder por nosotros en la presencia de Jehová. Como pueblo nos hemos descarriado de Dios; regresemos a Él, y Él regresará a nosotros y sanará todas nuestras rebeliones. En las próximas festividades de Navidad y Año Nuevo, no solo démosle ofrendas a Dios, sino entreguémonos sin reservas a él, como un sacrificio vivo. Desde este momento hasta el comienzo del nuevo año, que el tema de nuestros pensamientos sea: ¿Qué le ofrendaré al Señor por todos los beneficios que me dio? “Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. Pagaré mis votos al Señor ahora en presencia de toda la gente”. Ustedes han ocupado su creatividad en preparar algo que sorprenda y gratifique a sus amigos. Que en estos últimos días de 1882 estemos tan ansiosos, fervientes y perseverantes para entregar a Dios lo que le es debido.

Mientras que nuestro Padre celestial ha llenado nuestras vidas con abundancia para suplir nuestras necesidades temporales, sus misericordias han sido abusadas porque eran demasiadas plenas y libres. Muchos olvidan que sus obligaciones hacia Dios se incrementan con las continuas manifestaciones de su amor y cuidado que exigen reconocimiento mediante regalos y ofrendas para sostener las diversas ramas de su obra. Pero ahora tienen una preciosa oportunidad para redimir el pasado, y para mostrar que Dios tiene el primer lugar en sus afectos. Que nuestros mejores pensamientos, nuestros más fervientes esfuerzos, y nuestras más preciosas ofrendas, no sean dadas a nuestros amigos terrenales mientras nuestro Creador es descuidado y olvidado. Le hablo a quienes profesan ser sus más estimados hijos: ¿Qué le llevarán a Dios como una señal de amor y gratitud? Sin importar que tan pequeña sea la ofrenda, Él la aceptará, si es lo mejor que pueden traer y si es dado en amor y sinceridad del corazón.

Me siento triste al ver cuántos están tan absortos con pensamientos acerca de sus amigos y los regalos que están preparando para ellos que pierden de vista sus obligaciones hacia Dios. Ellos no piensan en purificar el templo de su alma de la impureza, para poder presentarle al Señor una ofrenda en justicia. Durante el año pasado, Satanás ha estado haciendo los más profundos esfuerzos para sembrar discordia y disensión entre los hermanos. Ahora, mientras el año termina y un nuevo año comienza, es un buen momento para aquellos que han acariciado la alienación y la amargura para confesarse unos a otros. “Confiesen sus faltas los unos a los otros, y oren los unos por los otros, para que sean sanados”. Esta es la orden del Señor: ¿le obedeceremos, o elegiremos permanecer en orgullo, y justificar nuestro curso de error? ¡Oh! Que muchos puedan buscar que sus pecados del pasado sean borrados, y que el perdón esté escrito sobre sus nombres en el registro celestial.

Debemos perdonar a quienes nos ofenden, si queremos obtener perdón y gracia cuando nos aproximamos al trono de gracia. La misericordia y el amor deben ser apreciados por todos aquellos que desean ser seguidores de Jesús. Cuando Pedro preguntó: “Señor, ¿cuantas veces debo perdonar a mi hermano que peca contra mi? ¿Hasta siete veces?” Jesús respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Después Él aplicó el deber del perdón mediante la parábola de los dos deudores. A uno le fue perdonada una deuda de diez mil talentos, y luego se negó a mostrar misericordia a su compañero sirviente que le debía cien monedas de plata. El perdón concedido a ese siervo de corazón duro le fue revocado, y fue entregado a los carceleros. Nuestro Señor hace la aplicación de la parábola en estas impresionantes palabras: “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano”. Aquí hay trabajo para cada familia y cada iglesia. Apresúrense, hermanos y hermanas, para aprovechar los últimos días de 1882 al poner sus corazones en orden, y al corregir cada error. Recuerden que seremos perdonados solo si perdonamos. Que toda la enemistad, la disensión, y el resentimiento muera con el viejo año. Que el afecto amable y fraternal reviva en nuestros corazones. Abramos este año con un registro limpio. ¡Qué pensamiento más feliz! Acerquémonos a Dios “con un corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe” para que la paz de Dios, la cual sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y mentes mediante Cristo Jesús.

Le ruego a los seguidores de Jesús que no dejen que las preciosas oportunidades de estos próximos días pasen sin ser aprovechados Que no el tiempo ni los recursos sean gastados en preparar regalos que no beneficiaran ni a quien lo da ni a quien lo recibe. Recuerden que tanto su tiempo como sus recursos le son confiados por Dios, y que le deberán rendir cuentas por la manera en que han usado sus regalos. Como cristianos no podemos honrar una costumbre que no es aprobada por el Cielo. En vez de eso, busquemos traer a nuestro corazón a un buen estado, liberarnos del orgullo, de la vanidad, del egoísmo, y de todo mal, y que la misericordia, la verdad, la bondad y el amor moren en nuestro interior. Recordemos al Señor nuestro Creador, y llevémosle ofrendas de gratitud, y Él aceptará no solo el regalo, sino también al dador. Tengamos un espíritu tal de amor y alegría en nuestros corazones y hogares que los ángeles estén contentos.

Si todos los recursos que en estas fiestas serán gastadas en gratificar deseos no santificados, o que serán desperdiciados innecesariamente, fueran traídos como una ofrenda de gratitud a Dios, para ser usados en el avance de su causa ¡que enorme suma que fluiría a la tesorería! ¿Quién está dispuesto este año a desviarse de la costumbre usual? ¿Cuántos volverán sus pensamientos y planes a un canal celestial, más elevado? En este tiempo de peligro y rebelión contra Dios debido a la indulgencia egoísta, ¿no miraremos lo divino? ¿No demostraremos nuestra conmemoración a Dios y nuestra gratitud por sus constantes misericordias, y, sobre todo, por el regalo de su Hijo amado? ¿No buscaremos estar a la altura del Modelo Divino, Aquel que iba haciendo obras de bien?

Me dirijo a mis hermanos sobre quienes Dios ha otorgado estos bienes terrenales: ¿Qué harán en el comienzo de este nuevo año para mostrar tu gratitud al Dador de toda gracia? ¿Regresarán a Él con ofrendas voluntarias una porción de los regalos que Él libremente les ha dado? ¿Reconocerán, mediante sus regalos de Navidad y Año Nuevo, que todas las cosas le pertenecen a Dios, y que todas las bendiciones que recibimos son el resultado de la beneficencia divina?

Cuando Jesús ascendió al Cielo, encomendó su obra sobre la tierra a sus discípulos, y les mandó continuarla en su nombre. Como seguidores de Cristo, debemos ser sus representantes entre los hombres. La salvación de las almas que perecen exigen nuestro esfuerzo personal y nuestros recursos. Este debería ser constantemente nuestro gran objetivo. Dios nos ha confiado nuestros recursos para lograr eso. Démosle lo que es suyo. Que los hombres de recursos hagan una ofrenda voluntaria a Dios mediante regalos generosos para nuestras casas publicadores y otras instituciones. Estos importantes instrumentos en la causa de Dios están fuertemente sobrecargados y seriamente paralizados en su obra debido a la falta de recursos. Aún hay deudas en algunas de las casas de adoración. Si nos negáramos a nosotros mismos en este año, y mediante nuestras ofrendas las limpiáramos de deuda, ¿no sería agradable para nuestro Padre celestial?

Y no solo el rico puede ayudar en el avance de la obra de Dios. Si nuestros jóvenes se entregan a sí mismo por la causa de la verdad, si están dispuestos a trabajar duro y economizar, podrán tener un capital con el cual podrán pagar sus gastos en el colegio, y de esta manera prepararse para una utilidad mayor, y también pueden tener un fondo de reserva para responder los pedidos por recursos de las diferentes ramas de nuestra obra. Si nuestras jóvenes hermanas sientan los llamados que Dios le ha dado, ellas dispensarán sus ornamentos e innecesarios adornos; y en vez de gastar todas sus ganancias en vestidos o indulgencias egoístas, ellas tendrían algo para ahorrar para la causa de Cristo. En todas las iglesias, incluso las pequeñas, deberían hacer esfuerzos para mostrar su gratitud a Dios al traer nuestras ofrendas para su causa. Que aquellos que desean un árbol de Navidad hagan que sus ramas sean fructíferas con regalos para los necesitados y ofrendas para la tesorería de Dios. Y que los niños aprendan las bendiciones de dar al traer sus pequeños regalos además de las de sus padres.

Los pedidos de Dios deberían ser más importantes que cualquier otro, y deberían ser satisfechos a cualquier costo. Sin importar que tan pequeño sea nuestro ingreso, debemos reservar fielmente para él lo que el pide como suyo. El Señor ha dicho: “Honraré a quienes me honran”. Retener nuestros diezmo y ofrendas de la tesorería del Señor, es considerado por Él como un robo. Pero aun así ¿no hay muchos, incluso entre nosotros, que satisfacen otros pedidos antes que los del Señor? Algunos no traen ofrendas para su causa, e incluso retienen el diezmo, el cual Él ha reservado para sí mismo. Algunas de estas personas aún están en aparente prosperidad. En su gran misericordia Dios aún está protegiéndolos para que puedan ver su pecado y abandonarlo. Otros ya están sintiendo su maldición sobre ellos. Ellos son traídos a circunstancias difíciles, y sienten menos y menos capacidad para dar, cuando si hubieran puesto los pedidos de Dios primero, y si hubieran traído con un corazón dispuesto sus ofrendas para Él, hubieran sido bendecidos con más recursos para dar.

“Dios ama al dador alegre”, y si con un corazón agradecido traemos regalos y ofrendas para Él, “no de mala gana ni por obligación” su bendición nos visitará, tal como Él prometió: “abriré las ventanas de los cielos y derramare bendición”. Y aunque la abnegación y el sacrificio nos puede costar, la aprobación de nuestra consciencia y la bendición del Cielo hará que estas festividades sean la más felices que hayamos experimentados.

Mientras instamos a que todos cumplan con el deber de llevar primero sus ofrendas a Dios, no condeno completamente la práctica de hacer regalos de Navidad y Año Nuevo a nuestros amigos. Es correcto darnos unos a los otros señales de amor si al hacerlo no nos olvidamos de Dios, nuestro mejor amigo. Debemos hacer que nuestros regalos sean de beneficio real para quien lo recibe. Me gustaría recomendar libros que sean una ayuda para entender la palabra de Dios, o que incrementen nuestro amor por sus preceptos.

Regalen algo para leer durante las largas noches de invierno. Para aquellos que puedan procurarlo, la History of the Reformation de D’a Aubigne será tanto beneficiosa como interesante. De esta obra podremos ganar algo de conocimiento de lo que ha sido conseguido en el pasado en la gran obra de la reforma. Podemos ver cómo Dios derramó su luz en las mentes de aquellos que buscan la verdad, como los hombres que fueron enviados por Él estuvieron dispuestos a sufrir por causa de la verdad, y cuán difícil es para la gran masa de la humanidad renunciar a sus errores y recibir y obedecer las enseñanzas de las Escrituras. Durante las noches de invierno, cuando nuestros niños eran pequeños, leíamos de esta historia con profundo interés. Hicimos que fuera un hábito el leer libros instructivos e interesantes, con la Biblia, en el círculo familia, y nuestros niños estaban siempre felices mientras los entreteníamos de esta manera. De esta manera preveníamos que sientan un deseo inquieto de salir a la calle con compañeros jóvenes, y al mismo tiempo cultivamos en ellos un gusto por la lectura sólida.

Aquellos que están a cargo de nuestras casas publicadoras en Battle Creek, Michigan, y en Oakland, California, han sido dirigidos por un sentido del deber para hacer una selección cuidadosa de los mejores libros, los cuales tienden a ofrecer a precios razonables. Aquellos que desean libros harían bien en adquirirlos, por encima de la gran masa de la literatura actual que no fortalece ni la mente ni la moral. Muchos de nuestro pueblo ya tienen la “Life of Christ” y “Life of Paul”, que ahora se ofrecen para la venta, que son otras obras útiles y profundamente interesantes que deberían circular ampliamente. Los volúmenes del “Spirit of Prophecy” deberían estar en cada familia, y deberían ser leídos en voz alta en el círculo familiar. Más de la mitad de nuestro pueblo saben poco o nada del contenido de estos libros, y están perdiendo mucho debido a su negligencia.

Los Testimonios contienen instrucciones que aplican para todos los casos, para padres y para niños. Mientras se leed en voz alta para toda la familia, los niños, así como los padres serán beneficiados por sus consejos, advertencias y reprobaciones. Pero cuando están ubicadas fuera de la vista, y su lectura es descuidada para leer literatura ficticia y sensacionalista, tanto vosotros como vuestros niños serán retrotraídos mental y espiritualmente.

Muchos guardadores del sábado descuidan la lectura de la [Adventist] Review, y algunos nunca antes tenido la [Adventist] Review ni Signs [of the Times]. Ellos se excusan diciendo que no pueden costear la compra de estas revistas que son tan importante que las tengan. Pero en muchos casos en sus mesas pueden encontrarse varias revistas seculares para que sus niños hojeen. La influencia de la mayoría de los periódicos de hoy en día convierte en desagradable a la palabra de Dios y destruye el deleite de toda lectura útil e instructiva. La mente asimila con lo que se la alimenta. Las revistas seculares están repletas de relatos de asesinatos, asaltos, y otros crímenes repulsivos, y la mente del lector se recrea con estas escenas de vicio allí descritas. Pero la indulgencia, la lectura de literatura sensacionalista y desmoralizante, se convierte en un hábito, como el uso del opio u alguna otra droga funesta, y como resultado, la mente de miles se debilita, se envilece e incluso se enloquece. Satanás está haciendo más a través de las producciones de la prensa para debilitar las mentes y corromper la moral de la juventud que cualquier otro medio.

Que todas las lecturas de este carácter sean alejadas de nuestras casas, que libros que son útiles, instructivos y elevadores sean ubicados en vuestras bibliotecas y sobre vuestras mesas, junto con la Review and Herald, nuestra revista de la iglesia, y Signs of the Times, nuestra revista misionera, y el efecto sobre los niños y los padres será bueno. Durante estas largas noches de invierno, que los padres vean que todos sus niños estén en el hogar, y que el tiempo se dedique a la lectura de las Escrituras y a otros libros interesantes que impartan conocimiento e inculquen principios correctos. Que el mejor lector sea seleccionado para leer en voz alta, mientras los demás miembros de la familia se involucran en ocupaciones útiles. De esta manera, estas noches en el hogar pueden ser tanto placenteras como beneficiosas. Lecturas puras y sanas serán para la mente lo que el alimento saludable es para el cuerpo. Así se volverán más resistente a la tentación, formarán hábitos correctos y actuarán sobre principios rectos.

En muchas familias que profesan creer la verdad, un vergonzoso descuido de estudiar las Escrituras. Son ignorantes, cuando es su privilegio ser sabios. Todos deberían dedicar tiempo para el estudio diario de la palabra de Dios, con oración ferviente para que puedan aprender el camino de vida y salvación. Que la palabra santa sea una guía segura, que capacitará a todos los que estudian sus páginas a distinguir entre las verdades sagradas y las doctrinas falsas tan ampliamente enseñadas en estos tiempos de peligro. Les enfatizo, mis hermanos y hermanas, la necesidad de estudiar las Escrituras. Su destino eterno depende de su comprensión y obediencia. Allí el plan de salvación está claramente expuesto, los pedidos de Dios están declarados en forma sencilla, y si somos sus hijos obedientes, estudiaremos cuidadosa y fervientemente aprender su voluntad para llevarla a cabo.

Necesitamos pensar más en Dios y menos en nosotros mismos. Si pensáramos en Él tan a menudo como tenemos evidencias de su cuidado por nosotros, lo mantendríamos en nuestros pensamientos en todo momento, y nos deleitaríamos en hablar de Él y alabarlo. Hablamos de cosas temporales porque tenemos un interés en ellas. Hablamos de nuestros amigos porque los queremos; nuestras alegrías y tristezas están ligadas con las de ellos. Pero aun así tenemos una razón más grande para amar a Dios que a nuestros amigos terrenales; recibimos más de él que de cualquiera de nuestros amigos, y debería ser la cosa más natural del mundo hacer a Dios en el primero de nuestros pensamientos, hablar de su bondad y contar su poder, y responder a su amor mediante nuestros regalos y ofrendas voluntarias para su causa. Todas las cosas le pertenecen a Dios, y los ricos regalos que nos ha dado, las glorias de los cielos, las bellezas de la naturaleza, las recompensas de su providencia, no deben ser adoradas; no deben absorber nuestros pensamientos y amor o no tendremos nada para ofrecer a Dios; ellas son un recordatorio constante de Él, y nos enlazan en lazos de amor y gratitud a nuestro misericordioso Benefactor. ¡Oh! Les ruego a vosotros, que profesan amar a Dios que sean cuidadosos con ustedes mismos. Centren vuestros afectos en Jesús, vuestro Redentor. Entreguen todo por Él, estén dispuestos a hacer cualquier y todo sacrificio para salvar almas por las cuales Él murió. Denle vuestro amante homenaje, vuestro servicio voluntario, y Él les otorgará el regalo invaluable de la vida eterna.

Autor: Elena G. de White | Publicado por primera vez en la Review and Herald el 26 de Diciembre de 1882. | Traducido por Eric Richter

Nota del Traductor: En varias ocasiones hay menciones a los años 1881 y 1882. Aunque ha pasado mucho tiempo desde esas fechas, los principios y el mensaje aplican perfectamente al día de hoy.