El Diezmo

Breve estudio del diezmo en la Biblia y en los Padres de la Iglesia


 
Introducción

Hoy en día la mayoría de las denominaciones cristianas utilizan el diezmo como la fuente principal de su financiamiento. Sin embargo, hay quienes declaran que el diezmo fue dado específicamente para el sostén del sacerdocio levítico y que, luego de la abolición de este sacerdocio en la cruz, ha dejado de estar vigente para los cristianos[1].

En este artículo analizaremos el principio bíblico del diezmo antes, durante y después de la vigencia de la ley mosaica. No solo acudiremos a la Palabra de Dios, sino a las fuentes históricas cristianas de la era patrística sobre el uso y la opinión de los cristianos primitivos respecto del diezmo.

El Diezmo en el Antiguo Testamento

Existen dos menciones del diezmo antes de la promulgación de la ley mosaica. Un análisis profundo de estos dos eventos nos dará luz acerca del verdadero origen de la práctica del diezmo.

Abraham y Melquisedec

En Génesis 14 se relata la historia de una guerra entre dos coaliciones de reyes. Los reyes “Amrafel de Sinar, Arioc de Elasar, Quedorlaómer de Elam, y Tidal de Goyim” de la Mesopotamia combatieron contra “los reyes Bera de Sodoma, Birsá de Gomorra, Sinab de Admá, Semeber de Zeboyín, y el rey de Bela” (vers. 1-2)[2], todas ciudades palestinas ubicadas en el valle de Sidín.

La coalición mesopotámica derrotó a los reyes palestinos y saqueó sus ciudades. Lot, su familia y sus posesiones, fueron capturados y llevados por los invasores. Abraham, al escuchar la noticia, reunió a 318 de sus siervos y, junto a algunos hombres de sus amigos amorreos, persiguió al ejército mesopotámico. Al llegar a la ciudad de Dan Abraham derrotó al ejército invasor y liberó a su sobrino y a su familia. De acuerdo a las antiguas leyes de la guerra, Abraham era el dueño del botín capturado de sus enemigos derrotados.[3] Todos los despojos de guerra, los botines capturados en Sodoma y las demás ciudades, se convirtieron en propiedad de Abraham.

Al regreso de la expedición, llegando al Valle de “Save” o “Valle del Rey” (Gn. 14:17)[4], Melquisedec, rey de Jerusalén, y Bera rey de Sodoma, salieron a su encuentro. Allí Melquisedec, que era “sacerdote del Dios Altísimo” (Gn. 14:18), bendijo a Abraham. Él, a su vez, “le dio el diezmo de todo”.

Básicamente hay dos argumentos que son esgrimidos para sustentar la idea de que este no es un ejemplo del diezmo bíblico. Primeramente, que no existe un mandato divino para practicar el diezmo; el segundo consiste en que Abraham diezmó el botín de la guerra y no sus propiedades[5].

Comenzaremos con el segundo argumento. Es claro que la expresión bíblica “todo” solo incluye el botín de guerra que Abraham había obtenido en batalla. Sin embargo, esto no significa que Abraham no estuviera practicando el concepto bíblico del diezmo sobre las propiedades de uno. Como ya se ha mencionado, Abraham era el dueño legítimo del botín de guerra. Además, este evento sucedió en Jerusalén, mientras que la residencia de Abraham era en Hebrón (Gn. 13:18). Sus propiedades se encontraban a varias decenas de kilómetros, y lo único que Abraham poseía en el momento en que se encontró al sacerdote Melquisedec era el botín de la batalla. Literalmente, Abraham dio el diezmo de todas las posesiones que tenía consigo en ese momento. Después, y solo después, de entregar el diezmo, Abraham le entregó el botín recuperado al rey de Sodoma (Gn. 14:22-24).

Es cierto que solo se registra una sola ocasión en la que Abraham diezmó. Sin embargo, también es cierto que solo se registra un solo encuentro con un sacerdote del Dios Altísimo. Dado que el diezmo es una manera de mantener financieramente el sacerdocio, es obvio que Abraham diezmaría solo ante un sacerdote del Dios verdadero. Si se hubieran narrado otras ocasiones en las que Abraham se encontró con sacerdotes de Yahveh, entonces probablemente también se relataría que él les entregó el diezmo. Dado que solo se relata un solo encuentro con un sacerdote de Dios, también se relata solo una ocasión en la que Abraham diezmó.

Ahora, pasando al primer argumento, en claro que se ignora varios detalles implícitos en la narrativa bíblica. Es cierto que no hay registro bíblico de que se haya revelado un mandato divino previo al Sinaí para diezmar. Pero tampoco existe registro de ningún evento en el que Dios revela leyes morales o rituales para sus hijos. No tenemos ningún mandato divino explícito en el Génesis –con la excepción de la circuncisión (Gn. 17:10-14)- para sus hijos[6]. Sin embargo, la evidencia bíblica claramente demuestra que existían mandamientos morales y rituales que debían ser cumplidos.

A partir de la Caída (Gn. 3) existen varias referencias a mandamientos morales que debían ser cumplidos, mandamientos morales obligatorios.

El asesinato de Abel por parte de Caín es descrito como “lo malo”, y un “pecado” (Gn. 4:7). El estado moral de los antediluvianos estaba “corrompido y llena de violencia” (Gn. 6:11) y es descrito negativamente por el autor bíblico al decir que “la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal” (Gn. 6:5). Es claro que existían reglas morales que eran prácticamente universalmente violadas por los antediluvianos. Una situación similar se vivía en Sodoma y Gomorra, ya que Dios le dijo a Abraham que su “pecado es gravísimo” y “sus acciones son… perversas” (Gn. 18:20, 21). El intento de Abimélec, rey de Guerar, de acostarse con Sara, la esposa de Abraham, así como la mentira de este, eran un pecado contra Dios (Gn. 20:6, 9).

Es claro que existían leyes morales anteriores al Sinaí que eran conocidos para el pueblo de Dios. Aunque no existe una mención explícita del hecho, es claro que Dios debe haberlas revelado de alguna manera. En Génesis 26:5 Dios le declaró a Isaac: Abraham cumplió “mis preceptos y mis mandamientos, mis normas y mis enseñanzas”. Esto demuestra que en el tiempo de los patriarcas ya existían “preceptos” y “mandamientos” dados por Dios que estaban vigentes y eran mandatorios para los hijos de Dios.

Otros mandamientos morales que fueron obedecidos por los patriarcas a pesar de que no hay un registro explícito de que Dios los diera son la prohibición de la idolatría y la adoración de imágenes (Gn. 35:2) y el adulterio/incesto de Tamar (Gn. 38:24). José también declaró que el adulterio sería un pecado contra Dios (Gn. 39:9). La venta de José como esclavo también es considerada un pecado (Gn. 42:21-22; 50:17-20), así como el asesinato de bebes (Ex. 1:17).

Además de estas normas morales vigentes, existían costumbres rituales que eran seguidas por los hebreos, aún cuando no hay ninguna mención explícita de que Dios las hubiera dado. Por ejemplo, la construcción de altares y el sacrificio de animales (Gn. 8:20; 12:7, 8; 13:4, 18; 22:9; 26:25; 33:20; 35:1, 3, 7; Ex. 17:15; Job.1:5), y la consagración de estelas y el vertido de libaciones (Gn. 28:15, 18; 31:45; 35:20)

La evidencia bíblica demuestra que existían leyes rituales y morales que los patriarcas debían obedecer. Sin embargo, no hay evidencia explícita de que Dios las haya revelado, pero ¿qué otro origen pudieran tener sino divino? Es claro que Dios si reveló mandamientos, normas y preceptos a los patriarcas, aunque la Biblia omita decirlo explícitamente. Por lo tanto, el diezmo bien podría estar dentro de los mandamientos, preceptos, normas y enseñanzas que Abraham y otros patriarcas observaron (Gn. 26:5).

El Diezmo de Jacob

Cuando Jacob salió de su hogar paterno hacia Padam Aram para vivir con su tío Labán, debió hacer un largo viaje. En una de las paradas, ocurrida cerca de una ciudad llamada Luz, tuvo un sueño en el que Dios le prometió su compañía y bendición. La respuesta de Jacob fue la consagración de una estela, y el compromiso de un voto. Como parte de ese voto Jacob declaró: “todo lo que Dios me dé, le daré la décima parte.” (Gn. 28:22)

Es claro que Jacob no inventó la práctica de diezmar, sino que continuó una práctica ya existente. Abrahám ya tenía la práctica de diezmar, y Jacob no hizo más que continuar las tradiciones de sus ascendientes. Es muy interesante el momento que Jacob escogió para comenzar a diezmar. Él recién había abandonado su familia. Durante el tiempo que había estado con su padre se dedicaba a administrar las propiedades y el ganado de su padre, pero no tenía posesiones propias. Pero ahora, que estaba comenzando su propia vida, sería el dueño y administrador de sus propias posesiones. Es claro que Jacob prometió que practicaría el diezmo justo antes de comenzar a ser responsable de sus propias finanzas y propiedades.

Otro dato que queda claro en el compromiso de Jacob, es que el diezmo sería una práctica regular y no un evento único, ya que era un voto de por vida.

El Diezmo en las Leyes Mosaicas

Con la instalación del sistema sacerdotal levítico Dios incluyó medidas destinadas a sostener y proteger su ministerio. Dado que los levitas no poseían terrenos ni patrimonio, necesitaban de una fuente de sustento. Los diezmos de todo Israel serían su sostén (Núm. 18:20-24; 26:62; Deu. 10:9; 12:12; 14:27, 29; 18:1-2; Jos. 13:14, 33; 18:7).

Sin embargo, es claro que el diezmo tenía otro propósito además de sostén de los levitas. El diezmo, aunque estaba destinado a los levitas, no les pertenecía a ellos, sino que le pertenecía a Dios (Lev. 27:30). Es obvio que Dios no necesita del apoyo financiero del hombre ya que “es el mundo entero y todo lo que hay en él” es suyo (Sal. 50:12). La humanidad es la administradora de la tierra, no su dueña. Dios nos ha colocado como administradores de lo que es suyo. Además, las bendiciones que recibimos y los esfuerzos de nuestros trabajos le pertenecen en última instancia a Dios (Deu. 8:17-18). Al diezmar el hombre recuerda que Dios es el dueño de todo, y agradece por las bendiciones recibidas. Este principio divino detrás del diezmo trasciende el sacerdocio levítico y apunta a la universalidad y perpetuidad de la práctica de diezmar.

Ahora, los israelitas debían diezmar no solo de los “productos de la tierra, ya sea grano de los campos o fruto de los árboles”, sino también debían separar “uno de cada diez animales de sus manadas y rebaños” (Lev. 27:30-32). Los israelitas no podían usar este diezmo, sino que debía ir íntegramente a los levitas[7].

Además de este diezmo, existía un segundo diezmo del cual los israelitas si debían participar. Este segundo diezmo era llevado al santuario donde se realizaba un gran festejo y se consumía el diezmo apartado. Los levitas, viudas, huérfanos y extranjeros también participaban de este festejo (Deu. 14:22-29). Cada tercer año se separaba un diezmo que también se usaba para ayudar a los levitas, los extranjeros, las viudas y los huérfanos (Deu. 26:12-13).

El cumplimiento de estos diezmos garantizaba la bendición celestial (Deu. 14:29). De la misma manera, el incumplimiento del diezmo provocaba la maldición divina:

“Ustedes están bajo maldición porque toda la nación me ha estado estafando. Traigan todos los diezmos al depósito del templo, para que haya suficiente comida en mi casa. Si lo hacen —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales— les abriré las ventanas de los cielos. ¡Derramaré una bendición tan grande que no tendrán suficiente espacio para guardarla! ¡Inténtenlo! ¡Pónganme a prueba!” (Mal. 3:9-10)

El Diezmo en el Nuevo Testamento

Jesús y el diezmo

En el Nuevo Testamento no encontramos ningún texto que explícitamente manda o condene la práctica de diezmar. Aun así, existen varios textos que implícitamente tocan el tema.

Jesús en varias ocasiones atacó la hipocresía de los fariseos y maestros de la ley refiriéndose al diezmo:

¡¡Ay de ustedes, fariseos!, que dan la décima parte de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, pero descuidan la justicia y el amor de Dios. Debían haber practicado esto, sin dejar de hacer aquello.! (Luc. 11:42)

“¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello.” (Mat. 3:23)

En ambas ocasiones Jesús acusó a los fariseos de ser hipócritas al ser tan minuciosos en sus diezmos, pero descuidar las cosas más importantes de la ley, como la justicia, el amor y la misericordia. Sin embargo, es necesario notar que Jesús no atacó la práctica del diezmo sino la hipocresía de los escribas y maestros de la ley. En realidad, Cristo claramente defendió la práctica del diezmo al decir que “debían haber practicado esto”, aunque asegurando que también se debía practicar la misericordia y el amor.

Es interesante notar que los sucesos de Mateo 23:23 ocurrieron apenas un par de días antes de la crucifixión de Cristo[8]. Si realmente la muerte de Jesús en la cruz eliminó el diezmo, entonces es difícil explicar porque Jesús no aprovechó esta oportunidad para desechar el diezmo en vez de reafirmarlo diciendo que “Es cierto que deben diezmar, pero sin descuidar las cosas más importantes.” (Mat. 23:23 NTV).

El diezmo en la Epístola de Hebreos

Las menciones del diezmo en la epístola a los Hebreos indudablemente tienen un propósito argumentativo[9], con el objetivo de demostrar que el sacerdocio de Melquisedec es tan válido e importante como el levítico. Al mostrar que Melquisedec recibió diezmos de Abraham, se demostraba que su sacerdocio era tan válido como el de Leví, y, de hecho, superior al levítico dado que quien recibe el diezmo es superior a quien lo da y “hasta podría decirse que Leví, quien ahora recibe los diezmos, los pagó por medio de Abraham, ya que Leví estaba presente en su antepasado Abraham cuando Melquisedec le salió al encuentro” (Heb. 7:9-10).

El uso argumentativo que el autor de Hebreos le da al hecho que Abraham le diera diezmos a Melquisedec también demuestra que el diezmo de Abraham era en principio igual al diezmo mosaico.[10]

El uso del diezmo como argumento para defender la superioridad del sacerdocio de Cristo muestra algo muy interesante. La epístola de Hebreos fue escrita alrededor del año 65 d.C.[11] Más de treinta años después de la muerte de Cristo. Los receptores de esta epístola eran, en su mayoría, cristianos de segunda generación.[12]

Si realmente la cruz de Cristo eliminó el diezmo, es difícil de explicar porque cristianos de segunda generación no solo conocían profundamente la práctica de diezmar, sino que la aceptaban como un acto de evidenciaba la autoridad de quien lo recibía.

Otras referencias al diezmo

Si bien no existen otras menciones al diezmo fuera de los evangelios y la epístola a los hebreos, si existen referencias implícitas en los escritos paulinos.

Si bien Pablo tenía como costumbre trabajar por su cuenta para evitar ser una carga financiera en las iglesias que visitaba[13], en ocasiones recibió ayuda financiera.

Durante su estadía en corinto Pablo recibió ayuda de “hermanos que llegaron de Macedonia” para suplir sus necesidades (2 Co. 11:9). De la misma manera, mientras estuvo en Macedonia y Tesalónica, recibió ayuda para suplir sus necesidades de parte de la iglesia de Filipo, quienes incluso enviaron a un mensajero a Roma para llevarle ayuda (Fil. 4:15-18).

Ahora, Pablo no especifica claramente si esta ayuda que él recibía eran diezmos o solo ofrendas voluntarias. El las llama doma (Fil. 4:17) y thusia (Fil. 4:19). “regalos” y “sacrificio” respectivamente. Aparentemente estas donaciones eran ofrendas voluntarias enviadas por los amigos de Pablo para ayudarlo a apaliar sus necesidades[14].

De hecho, si bien Pablo reafirmar el “derecho” de los apóstoles de “no trabajar” sino de dedicarse a tiemplo completo a su ministerio siendo sostenidos por la iglesia, es claro que él nunca exigió este derecho para sí mismo (1 Co. 9:4-12). Sin embargo, no hay duda de que Pablo sostenía la obligación de la iglesia de sostener a sus ministros:

“¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Co. 9:13-14)

En este pasaje Pablo hace referencia a dos fuentes de ingresos que los levitas y sacerdotes tenían. Primero se mencionan a “los que trabajan en las cosas sagradas”. Esta es una clara referencia a los levitas quienes estaban “a cargo del santuario del pacto, de todos sus utensilios y de todo lo relacionado con él” (Num. 1:50). Los levitas debían vivir del diezmo, pues el Señor les daba “en pago por su servicio en la Tienda de reunión, todos los diezmos de Israel” (Num. 18:20).

La segunda referencia que Pablo realiza es específica a los sacerdotes, pues ellos se encargaban de realizar los sacrificios en el altar (Num. 18:7). Como parte de su servicio, ellos podían comer parte de la ofrenda sacrificada en el altar (Lev. 6:16-18; Lev. 7:15-16; Lev. 7:31-34; Núm. 18:8-10; Deu. 18:1-2).

Pablo muestra que, así como los levitas vivían del diezmo y los sacerdotes de las ofrendas, así también quienes predicaban el evangelio debían vivir “del evangelio”. Esta es una referencia implícita muy significativa al diezmo y la ofrenda como medios para sostener el ministerio.

Pablo además declara que no solo los apóstoles, sino también los ancianos, debían ser sostenidos por la iglesia. Pablo declara:

“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” (1 Tim. 5:17-18 RV1960)

Este “doble honor” (διπλης τιμης) que debían recibir los ancianos es generalmente considerado como un salario o remuneración económica[15]. Pablo fundamenta su afirmación citando un versículo y un dicho de Jesús.

“No pondrás bozal al buey que trilla” es una sentencia de Deu. 25:4, en la cual Dios desea que el buey que trilla un campo tenga permitido comer del grano que está ayudando a cosechar. Este mandato claramente fue dado no solo para impedir el maltrato animal[16], sino para inculcar un sentido de justicia inherente al obrero y su trabajo[17]. Un trabajador merece recibir una recompensa justa por su trabajo.

La segunda sentencia fue pronunciada por Jesús (Mt. 10:10; Luc. 10:7) cuando envió a los doce (Mateo) y a los setenta y dos (Lucas) a predicar. Por el contexto es claro que Jesús se refería al sustento diario que los creyentes le brindarían para satisfacer sus necesidades básicas, es decir, comida y bebida. Esto indicaría que Jesús no está hablando ni del diezmo ni de ofrendas voluntarias de dinero.

El origen financiero del “doble honor” que debían recibir los ancianos no es especificado por Pablo.

El Diezmo entre los primeros cristianos y los Padres de la Iglesia

Además del Nuevo Testamento, existen otros documentos que nos muestran las características de los cristianos en tiempos apostólicos y patrísticos. El diezmo, al igual que otros temas, es referido explícita e implícitamente por diferentes autores. La diversidad de opinión respecto del la práctica de diezmar demuestra que no existía un consenso absoluto sobre el tema, ni a favor, ni en contra.

Epístola de Clemente de Roma a los Corintios (95 d.C.)

Clemente de Roma, en su epístola a la iglesia de Corinto escrita alrededor del año 95, escribió la siguiente oscura referencia:

Que las ofrendas y servicios que Él ordena sean ejecutados con cuidado, y no precipitadamente o en desorden, sino a su tiempo y sazón debida. Y donde y por quien Él quiere que sean realizados, Él mismo lo ha establecido con su voluntad suprema; que todas las cosas sean hechas con piedad, en conformidad con su beneplácito para que puedan ser aceptables a su voluntad. Así pues, los que hacen sus ofrendas al tiempo debido son aceptables y benditos, porque siguiendo lo instituido por el Señor, no pueden andar descaminados. Porque al sumo sacerdote se le asignan sus servicios propios, y a los sacerdotes se les asigna su oficio propio, y a los levitas sus propias ministraciones. El laico debe someterse a las ordenanzas para el laico.[18]

Clemente no habla de diezmos en este pasaje, sino de “ofrendas” y “servicios”. Pero estas ofrendas no son del tipo libre y voluntario, sino que han sido establecidas por Dios para ser entregadas a su debido “tiempo y sazón”. Para concluir, Clemente compara estas ofrendas con el accionar de los sacerdotes y levitas. Sin duda esta oscura referencia merece un estudio más profundo, sin embargo, podría tratarse de la mención extra-bíblica más antigua del diezmo entre los cristianos.

Ireneo de Lyon (130-202)

Un caso particular es Ireneo, el Obispo de Lyon, quien se destaca por no apoyar la práctica de diezmar. Sin embargo, su caso es especial por varios motivos. Primero, porque sus libros eran de carácter apologético, no doctrinal ni exegético. Su intención no era la de explicar las doctrinas y prácticas verdaderas de los cristianos, sino refutar las herejías de su tiempo. Además, es claro que Ireneo no se oponía a que los creyentes donaran con el objetivo de sostener a la iglesia, de hecho, él creía que los donativos de los creyentes debían superar el 10% e incluir, potencialmente, todos los bienes de los creyentes.

Y por este motivo el Señor en vez de [mandar] “No cometerás adulterio”, prohíbe incluso la concupiscencia; y en vez del [mandamiento] que dice así: “No matarás”, Él prohíbe el enojo; y en vez de [mandar] la ley que obliga a dar diezmos, [Él ordena] compartir todas nuestras posesiones con los pobres; y no solo amar solo a nuestros prójimos, sino incluso a nuestros enemigos; y no simplemente ser dadores liberales, sino incluso que deberíamos presentar un regalo gratuito a aquellos que toman nuestros bienes.[19]

Y la clase de oblaciones en general no ha sido descartada; porque había oblaciones allí [entre los judíos], y hay oblaciones aquí [entre los cristianos]. Había sacrificias entre el pueblo [judío]; también hay sacrificios aquí, en la Iglesia: pero las especias han cambiado, porque las ofrendas ahora son entregadas por hombres libres, no por esclavo. Porque el Señor uno y el mismo; pero el carácter de la oblación servil es particular, como también lo es la de hombres libres, para, mediante las mismas oblaciones, indicar la libertad que han recibido. Porque en Él no hay sin propósito, nada sin significado, nada sin diseño. Y por este motivo ellos [los judíos] de hecho tenían que consagrarlos diezmos de sus bienes a Él, pero aquellos que han recibido libertad separan todas sus posesiones para los propósitos del Señor, otorgando alegremente y libremente no las partes menos valiosas de su propiedad, dado que tienen la esperanza de cosas mejores; tal como la pobre viuda de dio todo lo que tenía a la tesorería de Dios.[20]

Tertuliano (160-230)

Tertualino, en su Apología describió el sistema usado para el mantenimiento de la iglesia cristiana en su tiempo:

Las cosas de Dios no se venden ni compran de ninguna manera. Aunque tenemos nuestro fondo de tesorería, no está compuesto de dinero provenientes de compras, como si la religión tuviera un precio. En el día mensual, el que quiere, pone una pequeña donación; pero solo si así lo desea, y solo si es capaz; porque no hay obligación; todo es voluntario.[21]

Este sistema descrito por Tertuliano claramente no se refiere al diezmo, ya que era voluntario. Cada persona que así lo deseaba entregaba un donativo una vez al mes. Tertuliano no especifica en que día se entregaban ofrendas, solo que se hacía mensualmente.

Curiosamente, aunque Tertuliano claramente no practicaba la entrega de diezmos, tampoco existe ninguna declaración suya en la que se oponga a esta práctica, incluso en los pasajes en que habla del diezmo o temas relacionados a él.[22]

Orígenes (185-254)

Este un caso especial, Orígenes el famoso maestro de Alejandría, tenía una posición ambivalente acerca del diezmo. Él declara que los cristianos tenían la costumbre de entregar “primicias”,[23] lo cual típicamente en los escritos patrísticos incluye también diezmos y ofrendas. Sin embargo, Orígenes declara que él mismo no practicaba el diezmo.[24] Probablemente los alumnos y lectores de Orígenes tampoco solían practicar el diezmo.

Didascalia Apostolorum (Siglo III)

La Didascalia Apostolorum, un manual eclesiástico del siglo III, posiblemente escrito en el 230,[25] declara lo siguiente: “Aparten ofrendas, diezmos y primicias a Cristo, el verdadero Sumo Sacerdote, y a sus ministros, diezmos de salvación para Él…. Hoy las abluciones son ofrecidas mediante los obispos al Señor Dios. Porque ellos son sus sumos sacerdotes; porque los sacerdotes y levitas ahora son los ancianos (presbuteros) y diáconos, y los huérfanos y las viudas.”[26]

El concepto del diezmo que se encuentra en este documento proviene del Antiguo Testamento, y no directamente del principio universal del diezmo que puede encontrarse en Génesis. La Didascalia no solo defiende la entrega de primicias y segundos diezmos destinados a los huérfanos y las viudas, sino para el mantenimiento del ministerio.

Por lo tanto, amen al obispo como a un padre, y témanlo como a un rey, y hónrenlo como a Dios. Sus frutos y la obra de sus manos preséntenle a él, para que ustedes puedan ser bendecidos; sus primicias y sus diezmos y sus votos y sus ofrendas denle a él; porque él necesita de ellos para ser sustentado; y para también dispensar a aquellos que están en necesidad.[27]

Cipriano de Cartago (200-258)

Cipriano, obispo de Cartago, nos da un panorama interesante de la iglesia cristiana en el norte de áfrica. En su carta 65 Cipriano escribe en contra de los obispos y presbíteros que, además de desempeñar sus actividades ministeriales, se dedicaban a negocios mundanales. Él escribió:

Porque está escrito: “Ninguno que milita por Dios se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” (2 Tim. 2:4) Y se dice que esto aplica a todos los hombres ¿cuánto más quienes están ocupados con las cosas divinas y espirituales no deben estar atados por las ansiedades y compromisos mundanales? La forma por la cual la ordenación y el compromiso de los levitas, antiguamente guardada bajo la ley, permitió que, cuando las once tribus dividieron la tierra y compartieron las posesiones, la tribu levítica fue dejada libre para el temple y el altar, y para los ministerios divinos, sin recibir ninguna porción de la división [de la tierra]; sino que mientras otros cultivaban el suelo, esa porción (Leví) solo cultivaba el favor de Dios, y recibía los diezmos de las once tribus para su alimento y mantenimiento. Todo esto se realizaba mediante la autoridad y el plan divino, para que aquellos que se encargaban del servicio divino no tuvieran que irse, ni se vieran obligados a considerar o realizar negocios seculares. Este plan y esta regla ahora se mantiene en lo que respecta a los clérigos, para que al ser promovido mediante la ordenación clerical en la Iglesia del Señor no deban ser llamados fuera de la administración divina, no estén atados a las ansiedades y asuntos mundanos, para que no se retiren de los altares y sacrificios, pero puedan servir día y noche en las cosas celestiales y espirituales”[28]

Metodio de Olimpia (250-311)

En su libro “El Banquete de las Doce Vírgenes” Metodio de Olimpia (250-311) utilizó una complicada alegoría entre el mobiliario del Tabernáculo terrenal, y la Iglesia cristiana para declarar que “diezmos y ofrendas voluntarias” debían ser llevados al “altar encendido” del Tabernáculo, que simbolizaba a las órdenes clericales de la Iglesia.[29]

Hilario de Poitiers (315-367)

El obispo de Poitiers también defendió la práctica de diezmar, aunque reconociendo que también tenía una función prefigurativa. Según su comprensión del diezmo, Hilario consideraba que olvidarse de dar a Dios la décima parte de nuestras posesiones era un pecado:

El Señor los denunció por esconder sus intenciones y ocultar sus pecados. Ellos hacían lo que la ley prescribía al diezmar la menta y el eneldo, para que de esa manera los demás creyeran que cumplían la Ley. Sin embargo, ellos olvidaban la misericordia, la justicia, la fidelidad, y todo sentimiento de benevolencia, los cuales son su verdadero deber hacia la humanidad. La práctica de diezmar las hierbas, que era útil para prefigurar lo futuro, no debería ser omitida. Es apropiado que sea practicado, para realizar obras de fidelidad, justicia y misericordia, no como una imitación fingida, sino en la verdad de una voluntad tenaz. Debido a que hay menos sacrilegio en omitir el diezmo de las hierbas que al omitir el deber de la benevolencia, el Señor los amonesta por su diligencia en colar el mosquito, pero tragar el camello. En otras palabras, evitaban pecados pequeños, pero permitían pecados más graves.[30]

Ambrosio de Milán (337-397)

Ambrosio fue muy explícito a la hora de afirmar la obligación de diezmar. Su apoyo al diezmo no se basa en el sacerdocio levítico, sino en la soberanía que Dios tiene sobre todas las cosas:

Debes pagar tus diezmos fielmente, pero nunca ofrezcas lo peor ni lo menor a Dios, ni de tus cultivos, ni de tu vino, ni de tus árboles frutales, ni de tu ganado, ni de tu jardín, ni de tus transacciones comerciales, ni de tu caza. De todas las cosas que Dios ha dado al hombre se ha reservado una décima parta para sí mismo. Por lo tanto, no está permitido retener lo que Dios ha reservado para sí mismo”.[31]

Jerónimo (340-420)

Jerónimo de Estridón, el famoso erudito patrístico y autor de la Vulgata, fue sin duda unos de los especialistas más influyentes de su tiempo. En varios de sus escritos y cartas personas Jerónimo dejó en claro cuál era su posición acerca del diezmo.

Un clérigo, por lo tanto, mientras sirve a la Iglesia de Cristo debe comprender primero lo que su nombre significa; y luego, cuando entiende esto, debe procurar llegar a ser lo que fue llamado. Porque dado que la palabra griega κληρος que significa “porción” o “heredad”, los clérigos son llamados porque son la porción del Señor o también porque el Señor es su parte y porción. Ahora, quien es la porción del Señor, o tiene al Señor como porción, debe poseer lo que el Señor posee…. Por lo tanto, si yo soy porción del Señor y de la línea de su herencia, no he recibido porción entre las tribus restantes; sino que, al igual que los sacerdotes y levitas, vivo del diezmo y sirvo en el altar y soy sustentado mediante sus ofrendas.[32]

Eso que hemos dicho de los diezmos y primicias dadas por el pueblo de antaño a los sacerdotes y levitas también lo entendemos para el pueblo cristiano, quienes no solo reciben el mandato de dar diezmos y primicias, sino también de venderlo todo y darlos a los pobres, y seguir a su Señor y Salvador. Y si no hacemos esto, al menos imitemos los principios de los judíos dándole al pobre una parte de todo [lo que poseemos], y pagando el debido honor a los sacerdotes y levitas; porque él que no hace esto claramente engaña y defrauda a Dios.[33]

Juan Crisóstomo (347-407)

Juan Crisóstomo, el reconocido patriarca de Constantinopla, también defendió la práctica de diezmar en sus homilías sobre Efesios:

Pobre de aquel, se dice, que no entrega limosnas, porque si esto era necesario en el Pacto Antiguo, ¡cuánto más con el Nuevo! Si cuando conseguir riquezas, disfrutarla y administrarla estaba permitido había una provisión para el socorro del pobre, ¿cuánto más en esta Dispensación, cuando se nos ordenada entregar todo lo que tenemos? ¿Qué fue lo que hicieron los antiguos? Ellos entregaban diezmos, y diezmos sobre diezmos para los huérfanos, las viudas y los extranjeros. En cierta ocasión alguien me dijo con asombro acerca de otra persona: “¿Por qué tal otro da diezmos?” ¡Cuanta desgracia implica esta expresión! ¿Por qué lo que no era un asunto de asombro con los judíos ha llegado a serlo en el caso de los cristianos? Si en ese entonces había peligro en olvidar los diezmos, ¡Piensen cuánto peligro debe haber ahora![34]

Constituciones Apostólicas (Siglo IV)

Las Constituciones de los Santos Apóstoles o Constituciones Apostólicas es una obra apócrifa supuestamente escrita por los 12 Apóstoles en el Concilio de Jerusalén. En realidad fue escrita a fines del siglo IV, posiblemente alrededor el año 380 en algún lugar de Siria.[35] Esta obra contiene instrucciones bastante específicas acerca del diezmo:

Déjenle [al obispo] usar los diezmos y primicias, que son dadas de acuerdo al mandato de Dios, como un hombre de Dios; y también déjenle repartir en una manera correcta las ofrendas de buena voluntad que son traídas para los pobres, los huérfanos, las viudas, los afligidos y los extraños en problemas, teniendo a Dios como examinador de estas cuentas que ha puesto a disposición de él… De la misma manera, el buey que trabaja en la cosecha sin un bozal realmente come, pero no come todo; de la misma manera ustedes trabajan en la cosecha, es decir, en la Iglesia de Dios, comen de la Iglesia. Como también era el caso de los levitas, que servían en el tabernáculo del testimonio, que en todas las cosas era una sombra de la Iglesia... Aquí, por lo tanto, los levitas también atendían el tabernáculo y participaban de las cosas ofrecidas a Dios por todo el pueblo, es decir, los regalos, las ofrendas, las primicias, los diezmos, los sacrificios y las oblaciones; ellos, sus esposas, sus hijos y sus hijas. Dado que su trabajo era ministrar el tabernáculo, ellos no tenían porción ni herencia en la tierra entre los hijos de Israel, porque las oblaciones del pueblo eran la porción de Leví, y la herencia de su tribu. Ustedes, por lo tanto, oh obispos, son para el pueblo sacerdotes y levitas, ministrando en el tabernáculo santo, la santa iglesia católica… Porque, así como suya es la carga, así también reciben como su fruto el suministro de comida y otras necesidades… Porque no piensen que el puesto de un obispo es una carga fácil o ligera. Porque así como cargan el peso, tienen también el derecho de los frutos ante otros, y de repartir a aquellos que tienen necesidad, rindiéndole cuentas a Él (Dios) que examinara sus cuentas sin parcialidad. Porque quienes atienden a la Iglesia deben ser mantenidos por la Iglesia, como si fueran sacerdotes levitas, presidentes y ministros de Dios.[36]

Es claro que las Constituciones Apostólicas defendían el derecho de los ministros de vivir del evangelio, aunque también advertía acerca del abuso de este derecho.[37] Las Constituciones también llamaban a los cristianos a aceptar el derecho de sus líderes de recibir diezmos:

"Por lo tanto hermanos, ustedes deben traer sus sacrificios y sus oblaciones al obispo, como su sumo sacerdote, ya sea ustedes mismos o mediante los diáconos; y no solo traigan esto, sino también sus primicias, y sus diezmos, y sus ofrendas voluntarias.”[38]

Por lo tanto, deben amar al obispo como vuestro padre, reverenciarlo como a vuestro rey, y honrarlo como a vuestro señor, trayéndole vuestras frutas y la obra de vuestras manos, porque [recibirás] una bendición sobre vosotros; dándole vuestras primicias de vuestra cebada, vino, aceite y frutas otoñales, y lana y de todas las cosas que el Señor les da a vosotros. Y vuestra ofrenda será acepta como fragancia agradable para el Señor vuestro Dios; y el Señor bendecirá las obras de vuestras manos y multiplicará las buenas cosas de la tierra.[39]

Lo mismo aplica acerca de las primicias y diezmos. Que todas las primicias sean traídas al obispo y a los presbíteros y a los diáconos para su mantenimiento; pero que todo el diezmo sea para el mantenimiento del resto de los clérigos, y de las vírgenes y las viudas y de todos aquellos bajo la penuria de la pobreza. Porque las primicias le pertenecen a los sacerdotes, y a los diáconos que ministran.[40]

San Agustín (354-430)

El renombrado obispo de Hipona no solo apoyaba el diezmo, sino que consideraba que era demasiado poco dedicar el diez por ciento de las ganancias a Dios:

Separa y aparta una suma fija ya sea de tus ganancias anuales o diarias, según como te parezca, dando de tu capital… Separa parte de tu capital; una décima parte si así quieres, aunque esto es poco. Porque está escrito que los fariseos daban una décima parte: “Y ayuno dos veces a la semana, y doy diezmos de todo lo que poseo” ¿Y qué dijo el Señor? “A menos que vuestra justicia supere a la de los escribas y fariseos no entrarán en el reino de los Cielos”. Si aquel cuya justicia debe ser superada daba una décima parte ¿por qué no das ni una milésima parte? ¿Cómo lo superarás si al menos no lo igualas?[41]

“Demos una cierta parte [de nuestras posesiones]. ¿Qué parte? ¿Una décima parte? Los escribas y fariseos daban diezmos por los que Cristo aún no había derramado su sangre; así que no pienses que estás haciendo una cosa muy grande al compartir tu pan con el pobre; porque eso apenas es una milésima parte de tus recursos. No es que me parezca malo, al contrario, haz esto…. Pero no puedes olvidar lo que Aquel que murió por nosotros dijo mientras estaba vivo: “A menos que vuestra justicia supere a la de los escribas y fariseos no entrarán en el reino de los Cielos”… Los escribas y fariseos daban una décima parte. ¿Cuánto das tu? Pregúntate esto.

San Agustín no solo apoyaba la práctica de diezmar, respaldándose en las palabras de Cristo, sino que consideraba que se debía superar la justicia de los fariseos, dando más que solo el diez por ciento.

Además de ser un testimonio a favor del diezmo, San Agustín atestigua que los cristianos diezmaban en tiempos anteriores al suyo.[42]

Juan Casiano (360-435)

Juan Casiano es un caso particular. Por un lado, él es un testimonio histórico que muestra a cristianos entregando diezmos a monasterios,[43] pero por otro lado, él se opuso fuertemente a esta práctica:

Pero los justos, para quienes la ley no fue establecida, y que dedican a deberes espirituales no una pequeña parte, como la décima, sino todo el tiempo de sus vidas, porque son libres de los diezmos según la ley… Porque en este caso no un diezmo mezquino lo que es descartado, porque ellos ofrecen todo lo que tienen al Señor, junto con su mismo ser.”[44]

Juan Casiano creía que el diezmo era parte de la ley mosaica y, por lo tanto, no era aplicable para los cristianos. Continuar dando diezmos, para Casiano, significa estar atado a la ley mosaica y ser esclavo del pecado.[45]

Evangelio de Pseudo-Nicodemo (Siglo IV)

El Evangelio de Nicodemo, un documenta apócrifo del siglo IV, declara que la familia de Jesús luego de su resurrección se convirtieron en líderes del cristianismo y eran “grandes siervos de Dios” que “recibían diezmos del pueblo de los judíos [convertidos]”.[46]

Conclusión

Los ejemplos bíblicos acerca del diezmo demuestran que no es un mandato restringido a los judíos bajo el sistema sacerdotal levítico. El diezmos nos recuerda que Dios es el dueño de todo y que toda bendición material que recibimos proviene de lo alto. Este principio trascendete y universal explica porqué Abrahám y Jacoc ya practicaban el diezmo siglos antes de Moisés.

El principio del diezmo fue puesto en práctica bajo la teocracia de Israel y observado por los judíos durante siglos. Jesús no rechazó el diezmo, ni siquiera días antes de su muerte en la Cruz, cuando el Nuevo Pacto sería establecido.

Luego de los tiempos apostólicos, cuando ideas extrañas al cristianismo primitivo se intrudujeron en la Iglesia, algunos teólogos rechazaron el diezmo al considerar que solo era parte del sistema levítico y olvidándose del principio universal detrás de este mandato divino. Sin embargo, durante siglos existieron teólogos y escritores cristianos que defendieron la práctica de diezmar, siglos antes de que el Concilio de Macón en el 587 lo estableciera como una práctica oligatoria. Afirmar que los primeros cristianos desconocían o no practicaban el diezmo es incorrecto. Aunque no existía un consenso absoluto sobre el tema, la evidencia histórica demuestra que muchos de ellos practicaban el diezmo.

Referencias


  1. Cf. Russell Kelly, Should the Church Teach Tithing? (Lincoln, NE: iUniverse, 2000), 134-135. ↩︎

  2. A Menos que se indique algo diferente, todas las referencias bíblicas han sido tomadas de la Nueva Versión Internacional. ↩︎

  3. Leland Ryken et al eds. Dictionary of Biblical Imagery (Westmont: InterVarsity Press, 2010), 898. ↩︎

  4. Posiblemente el Valle de Cedrón, en las cercanías de Jerusalén (Richard Losch, All the Places in the Bible (Xlibris Corporation, 2013), 693). ↩︎

  5. Kelly, 16. ↩︎

  6. A esto se podría agregar que los únicos mandatos divinos que son registrados son la prohibición de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:16-17); la prohibición de comer sangre y derramar la sangre de otra persona (Gn. 9:4-5). Además se puede contar la institución de la Pascua (Ex. 12:1-27; 13:2-7). ↩︎

  7. Existían excepciones si por algún motivo se deseaba utilizar el diezmo. La cantidad y el tipo del rescate delineado por el Señor se explican en Levíticos 17:31-34. ↩︎

  8. Stanford Murrell, The Gospel according to Matthew, vol. 2 (Lulu Press Inc, 2014), 344. ↩︎

  9. Paul Ellingworth, The Epistle to the Hebrews (Grand Rapids, Ml: William B. Eerdmans Publishing Company, 1993), 360. ↩︎

  10. Íbid., 361. ↩︎

  11. Frederick Bruce, The Epistle to the Hebrews (Grand Rapids, Ml: William B. Eerdmans Publishing Company, 1990), 21. ↩︎

  12. Dado que el autor de la epístola declara que el evangelio les fue comunicado “por los que oyeron [a Cristo]” (Heb. 2:3), podemos deducir que ya no quedaban personas vivas que hubieran conocido a Jesús entre la audiencia de la epístola, que estaba conformada por cristianos de origen judío. ↩︎

  13. No solo Lucas relata que Pablo solía trabajar para sostenerse (Hch. 18:3; 20:34), sino que Pablo mismo hace hincapié en que se esforzaba trabajando para no ser una carga para nadie (1 Co. 4:12; 2 Co. 11:9; 1 Tes. 2:9; 2 Tes. 3.8). ↩︎

  14. John MacArthur, The MacArthur New Testament Commentar: Philippians (Chicago: Moody Publishers, 2001), 296. ↩︎

  15. Jouette Bassler, Abingdon New Testament Commentaries: 1 & 2 Timothy and Titus (Nashville: Abingdon Press, 2011). ↩︎

  16. Stephen Vantassel, Dominion over Wildlife? (Eugene, OR: Wipf and Stock Publishers, 2009), 61. ↩︎

  17. No por nada Pablo dice “¿Acaso se preocupa Dios por los bueyes, o lo dice más bien por nosotros? Por supuesto que lo dice por nosotros, porque cuando el labrador ara y el segador trilla, deben hacerlo con la esperanza de participar de la cosecha. Si hemos sembrado semilla espiritual entre ustedes, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material?” (1 Co. 9:9-11). ↩︎

  18. Epistola a los Corintios, cap. 40; http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm (Consultado el 23 de febrero del 2016). ↩︎

  19. Contra los Herejes, libro IV, cap. 13; ANF 1.477. ↩︎

  20. Íbid, cap. 18; ANF 1.484-485. ↩︎

  21. ANF, 3.46. ↩︎

  22. Ver ANF 4.27; 5.9. ↩︎

  23. ANF, 4.655. ↩︎

  24. Homilía sobre Números 11.2. ↩︎

  25. Gregory Woolfenden, Daily liturgical prayer: origins and theology (Farharn, UK: Ashgate Publishing, 2004), 26. ↩︎

  26. Cap. IX. http://www.earlychristianwritings.com/text/didascalia.html (Consultado el 23 de febrero de 2016) ↩︎

  27. Íbid. ↩︎

  28. ANF, 5.367. ↩︎

  29. ANF, 6.328. ↩︎

  30. D. H. Williams trad. The Fathers of the Church: St. Hilary of Poitiers’ Commentary on Matthew (Washington DC: CUA Press, 2012), 243-244. ↩︎

  31. Homilía XXXIII, citado en Francis Plowden, The Principles and Law of Tithing (Londres, C. and R. Baldwin, 1086), 45. ↩︎

  32. Carta LII a Nepociano; NPNF 6.91. ↩︎

  33. Robert Holet, The First and the Finest (Bloomington: Author House, 2013), 44. ↩︎

  34. NPNF, 1.13.69. ↩︎

  35. Paul Bradshaw, The Search for the Origins of Christian Worship, (Oxford: Oxford University Press, 2002), 85–87. ↩︎

  36. Constituciones Apostólicas, libro II, sec. IV, cap. XV; ANF 7.408-409. ↩︎

  37. Ibid. ↩︎

  38. Ibíd., cap. XXVII; 410. ↩︎

  39. Ibid., cap. XXXIV; 412-413. ↩︎

  40. Ibid., libro VIII, sec. IV, cap. XXX; 499. ↩︎

  41. NPNF, 8:686. ↩︎

  42. David Croteau ed., Perspectives on Tithing: Four Views (B&H Publishing Group, 2011), 177. ↩︎

  43. NPNF, 2.11.503. ↩︎

  44. NPNF, 2.11.515. ↩︎

  45. NPNF, 11.516-517. ↩︎

  46. ANF, 8.433. ↩︎