¿Y si Pedro no fue el primer obispo de Roma?

“Ningún personaje de la Biblia, podemos decir, ningún personaje en toda la historia, ha sido tan engrandecido, distorsionado y tergiversado para fines doctrinales y jerárquicos como el simple pescador de Galilea” – Philip Schaff, historiador cristiano[1]

Hoy en día ningún líder religioso tiene tanta autoridad ni emana tanto respeto como el papa. Tampoco ningún otro líder religioso se ha auto-adjudicado tanta importancia como el Sumo Pontífice, que no solo se considera como el obispo de Roma, sino el líder de la cristiandad, el vicario de Cristo y el mismísimo representante de Dios en la tierra. ¿Cómo es que un mero obispo pasó a tener tanto poder? La respuesta se halla en la doctrina de la primacía romana. Esta doctrina se basa en un solo punto:

“En la Iglesia católica los papas de Roma son reconocidos como sucesores de aquel a quien, según los Evangelios, el propio Jesús consideró como primero de los apóstoles, siendo ésta y no otra la razón de la primacía romana”[2]

La Iglesia católica proclama que Pedro, aquel pescador de Galilea llamado por Jesús, fue el “príncipe de los apóstoles”, el líder de los cristianos primitivos y también el obispo de Roma. Los papas actuales son los sucesores de este Apóstol y, por lo tanto, mantienen el mismo poder y autoridad que Pedro. Esta doctrina se conoce como “sucesión apostólica”.

Sin embargo, la Biblia nos muestra otro panorama. Una vez que Cristo ascendió a los cielos, no nombro a ningún ser humano como líder de la naciente iglesia cristiana, tampoco nombro a ningún obispo. En realidad, no existe la más mínima evidencia en la Biblia de que Pedro haya sido obispo, menos de Roma. Esto choca con la doctrina predicada por muchos teólogos católicos, de que Pedro tuvo un obispado de 25 años en Roma.

La Biblia nos dice que Pedro paso mucho tiempo predicando en Palestina y Siria. Pedro predico en Jerusalén en el Pentecostés (Hch. 2:14), aproximadamente en el año 33 d.C. Allí también practico muchos milagros, hasta que fue enviado junto con Juan por los apóstoles a Samaria, donde Felipe el diacono había estado predicando (Hch. 8:14). Luego de esto viajo por la región de Cesarea (Hch. 9:32), donde la Biblia dice que “bastante tiempo” (Hch. 9:43)[3], hasta que volvió a Jerusalén (Hch. 11:2). Por ese tiempo, el rey Herodes Agripa I encarcelo a Pedro. La Enciclopedia católica pone este suceso entre los años 42 y 44 d.C.[4] Detengámonos aquí un momento. Según lo que la Biblia nos relata, Pedro jamás estuvo en Roma durante los 10 años que siguieron a la ascensión de Cristo. Es decir, no solo no fue obispo de Roma, sino que ni siquiera estuvo en Roma entre los años 33 y 43 d.C. Teniendo esto en mente, continuemos con la historia:

Luego de ser encarcelado por Herodes Agripa y milagrosamente liberado por un ángel, lo único que la Biblia nos dice es que se “marcho a otro lugar” (Hch. 12:17). Luego de esto, la Biblia no da más datos precisos sobre que paso con Pedro. Muchos teólogos católicos declaran que fue aquí cuando Pedro viajó a Roma a ejercer como obispo. Pero no existe la más mínima evidencia bíblica o histórica de esto. La misma Enciclopedia Católica declara que “un viaje tal no puede ser establecido con certeza”[5]

La siguiente vez en que Pedro aparece en la narrativa bíblica es durante el Concilio de Jerusalén, que la Enciclopedia Católica coloca en el año 50 o 51 d.C.[6] Luego de esto sabemos, gracias a Pablo, que Pedro visito Antioquia (Gal. 2:11) poco después del Concilio de Jerusalén. ¿Dónde estuvo Pedro luego? La Biblia no nos lo dice directamente. Aunque Pablo nos declara que Pedro viajaba junto a su esposa predicando el evangelio (1 Cor. 8:15). Tenemos confirmación histórica de que Pedro recorrió muchos lugares en sus viajes misioneros. Eusebio de Cesarea -considerado como el primer historiador eclesiástico- escribió:

“Y en cuantas provincias Pedro predico a Cristo y enseño la doctrina del nuevo pacto a aquellos de la circuncisión se puede conocer gracias a sus propias palabras en su epístola ya mencionada como indiscutida, en la cual el escribe a los hebreos en la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”[7]

Aquí Eusebio cita a la Primera Epístola de Pedro:

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los que viven como extranjeros en la Dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos” (1 Pe. 1:1)

¿Por qué Pedro les dirigiría una epístola a los cristianos de estas regiones? La respuesta es obvia, porque Pedro los conocía ya que paso tiempo predicándoles. La misma Enciclopedia Católica lo reconoce:

“Y, dado que subsecuentemente dirigió la primera de sus epístolas a los creyentes en las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia y Asia, se puede razonablemente asumir que el trabajo personalmente al menos en algunas ciudades de esas provincias, dedicándose principalmente a los de la Diáspora”[8]

El trabajo de Pedro continuo por muchas otras ciudades de Asia. Incluso existe un registro histórico que indica que predico en la ciudad de Corinto. Dionisio de Corinto, obispo de esa ciudad a fines del siglo II, le escribió una carta al papa Sotero en la cual dice:

“Por lo tanto ustedes también han recibido tales amonestación, junto con las [demás iglesias] que fueron fundadas por Pedro y Pablo, la de los romanos y la de los corintios, porque ambos fueron a nuestro Corinto y predicaron de la misma manera en la que les predicaron cuando fueron a Italia, y habiéndoles predicado, ellos sufrieron el martirio en el mismo tiempo”[9]

La idea de que Pedro estuvo en Corinto esta corroborada por la Biblia, ya que Pablo dice que en aquella ciudad había un grupo de cristianos que decían que eran “de Pedro” (1 Cor. 1:12).[10]

También existe una tradición de que Pedro fue quien fundó la iglesia de Antioquia, donde también fue obispo por diez años. Pero debido a la escasa evidencia histórica y el nulo apoyo bíblico, es muy difícil de aceptar la veracidad de esta tradición.

¿Cuánto tiempo paso Pedro predicando en Grecia y Asia Menor? Lamentablemente no lo sabemos, pero es claro que durante ese tiempo él no visitó Roma. Y de esto tenemos una confirmación bíblica. Pablo escribió una Epístola a los Romanos, entre los años 56 y 59 d.C.[11] en la cual no menciona a Pedro en absoluto. ¡Lo más notable es que Pablo saluda en su epístola a casi treinta personas!, y ninguna de ella es Pedro. ¿Cómo es posible que Pablo se olvidara del obispo de la ciudad?

Los teólogos católicos dan una explicación muy simple. Básicamente Pedro no se encontraba en la ciudad y Pablo, que de alguna manera lo sabía, no lo saludó por ese motivo.

Esta explicación deja muchos cabos sueltos. Para empezar ¿Cómo pudo Pablo saber que Pedro no se encontraba en Roma en aquel momento? ¿Por qué Pablo no mencionó la ausencia de Pedro? ¿Por qué no les pidió a los romanos que lo saludaran en cuanto volviera?

La hipótesis más simple de aceptar es que Pedro ni estaba en Roma ni era su obispo en el momento en que Pablo escribió su epístola a los romanos.

Sin embargo, sí existe evidencia bíblica de que Pedro estuvo en Roma, pero esto no sucedió sino hasta después del año 59 d.C., como ya hemos mostrado. En su primer epístola, Pedro menciona a la “[iglesia] que está en Babilonia” (1 Pe. 5:13), desde donde se puede asumir que Pedro está escribiendo su epístola. Se sabe que a fines del siglo I y principios del II, se comenzó a usar el nombre “babilonia” para referirse a Roma en forma simbólica. Es muy probable, por lo tanto, que Pedro este refiriéndose a la iglesia cristiana que vivía en Roma. Existen otras dos teorías, de que se está hablando de la ciudad literal de Babilonia, en la Mesopotamia, o de un fortín militar romano en Egipto, que tenía el mismo nombre. Sin embargo, la ciudad de Babilonia no era más que un montón de ruinas en el siglo I, y no existe evidencia de que Pedro haya estado alguna vez en Egipto.

La Primera Epístola de Pedro está datada alrededor del año 64 d.C.[12], esto significa que Pedro recién visitó la ciudad de Roma en la década del 60 d.C., poco antes de su muerte, acaecida aproximadamente en el año 67 d.C.

¿Acaso Pedro fue obispo de Roma en los pocos años que estuvo allí? La evidencia bíblica nos indica que no. Tanto en su Primera Epístola, como en la Segunda, Pedro no se presenta como obispo de Roma, sino solo como “apóstol de Jesucristo” (1 Pe. 1:1) y como “siervo y apóstol de Jesucristo” (2 Pe. 1:1). En otra ocasión Pedro escribe: “A los ancianos que están entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse.” (1 Pe. 5:1)

Aquí la palabra “anciano” es una traducción del griego “presbyterous” que se refiere no tanto a las personas de mucha edad, sino a los presbíteros de las iglesias cristianas. Y Pedro dice que él es “anciano como ellos”, en griego “sumpresbyteros” que significa “co-presbítero”. Es decir, que Pedro se coloca en una situación de igualdad con los demás presbíteros de las iglesias. Él no se consideraba superior, ni siquiera obispo, sino como igual a los demás ancianos presbíteros de las iglesias.

De la misma manera, al hablar de Pablo, Pedro le llama “nuestro querido hermano” (2 Pe. 3:15), poniéndose en un plano de igualdad con él y con los demás cristianos.

La evidencia histórica nuevamente respalda a la Biblia y niega que Pedro haya sido el primer obispo de Roma. La erudición moderna está de acuerdo al rechazar la idea de Pedro como el primer obispo de Roma, siguiendo las evidencias históricas de los autores cristianos de los primeros siglos. Como dice el erudito Bart Ehrman: “varios autores indican que Pedro no fue el primer líder de la iglesia allí y ciertamente no su primer obispo”.[13]

Existen tres listas antiguas de los obispos de Roma. Pedro no aparece en ninguna de ellas como el primer Obispo de Roma.

La primera persona en hacer una lista fue un cronista cristiano llamado Hegesipo que escribió alrededor del año 170 d.C. Sus obras se han perdido, aunque se conservan fragmentos gracias a personas que lo citaron. Epifanio, obispo de Salamis, escribió alrededor del año 370 d.C. acerca de la sucesión episcopal de Roma. Allí cito las Memorias de Hegesipo diciendo:

“La sucesión de los obispos en Roma es como sigue: Pedro y Pablo, Lino, Cleto, Clemente, Evaristo Alejandro, Sixto, Telesforo, Pio y Aniceto, quien ya ha sido mencionado arriba en el catalogo”[14]

Esta lista menciona como los primeros líderes de la iglesia a los Apóstoles Pedro y Pablo. Dado que el obispado era un puesto unipersonal, ninguno de ellos pudo ser obispo.

Es interesante notar que Jerónimo, el famoso secretario papal y traductor de la Vulgata, al hablar de Hegesipo dice que visitó Roma durante varios años.[15] Esto significa que obtuvo información de primera mano, lo que lo convierte en un testigo histórico fidedigno.

La otra persona que escribió una lista de obispos romanos fue Ireneo de Lyon. Este obispo, apologista y escritor cristiano compuso una obra magistral llamada “Contra los Herejes”. Allí refuta las herejías de los grupos gnósticos. Estos herejes clamaban poseer enseñanzas secretas de los apóstoles de Cristo. Ireneo los refuta diciendo que los apóstoles designaron obispos y que ellos eran los verdaderos sucesores de los apóstoles, por lo que si existía alguna clase de “enseñanza oculta”, debían poseerlas las obispos, y no los gnósticos.

La lista dada por Ireneo es la siguiente:

“Los benditos apóstoles, luego, habiendo fundado y edificado la iglesia, encomendaron en las manos de Lino el oficio del episcopado. De este Lino Pablo hace mención en sus epístolas a Timoteo. A el le sucedió Anacleto, después de él, en el tercer lugar desde los apóstoles, Clemente fue asignado al episcopado. De este hombre -como había visto a los benditos apóstoles y había conversado con ellos- se puede decir que tenía las enseñanzas de los apóstoles aun resonando [en sus oídos] y sus tradiciones ante sus ojos. Él no era el único, porque había aún muchos que quedaban que habían recibido instrucción de los apóstoles. [ ] A este Clemente le sucedió Evaristo. Alejandro siguió a Evaristo, luego fue nombrado Sixto, [que fue el] sexto desde los apóstoles. Después de él, Teleforo, quien fue gloriosamente martirizado. Luego Higinio, después de él, Pio, luego Aniceto. Sotero sucedió a Aniceto, y ahora Eleuterio –en el duodécimo lugar desde los apóstoles- mantiene la herencia del episcopado”[16]

Ireneo de Lyon, al igual que Hegesipo, visito Roma. Además, tuvo una relación cercana con el papa Víctor, el obispo de Roma en su tiempo. Esto nos indica que tuvo fácil acceso a información sobre los obispos romanos.

La lista de Ireneo de Lyon nombra a Lino como el primer obispo de Roma. Los apóstoles Pedro y Pablo, aunque fueron líderes de la iglesia, no son considerados como obispos.

Quien también hablo extensamente de los obispos de Roma fue Eusebio de Cesarea. En su obra “Historia Eclesiástica”, el da una lista cronológica de los obispos romanos y menciona indirectamente en varias ocasiones el orden de los obispos.

Se sabe que Eusebio leyó las obras de Ireneo, Hegesipo y varios otros autores cristianos anteriores a él. Eso convierte a Eusebio como posiblemente el testigo histórico mejor informado de su tiempo, ya que contaba con acceso a una gran cantidad de fuentes históricas para comparar.

Eusebio de Cesarea sigue prácticamente la misma lista de Ireneo, considerando a Lino como el primer obispo:

“Los benditos apóstoles, habiendo fundado y establecido la iglesia, le confiaron el puesto del episcopado a Lino”[17]

La idea de que Lino, y no Pedro, fue el primer obispo de Roma aparece en numerosas ocasiones en los escritos de Eusebio. Él dice que “Lino fue el primero en obtener el episcopado de la Iglesia en Roma”[18]. Al papa Alejandro I, Eusebio lo llama como “el quinto en la línea de sucesión”[19]. Esto solo es posible si contamos a Lino y no a Pedro como el primero. Al hablar del papa Clemente I, Eusebio dice que fue “el tercer obispo de la iglesia de Roma”[20]. Nuevamente, solo podemos considerar a Clemente como el tercer obispo si contamos a Lino como el primero, pues si contamos a Pedro, sería el cuarto. Esto es confirmado por otro pasaje:

“Por ese tiempo, Clemente aun regia la iglesia de Roma, siendo también el tercero que ocupaba el episcopado después de Pablo y Pedro. Lino fue el primero y después de él, vino Anacleto”[21]

El papa Telesforo es llamado el obispo “séptimo en sucesión”[22]. Como la Iglesia Católica lo considera el octavo papa, es claro que Eusebio conto a Lino y no a Pedro como primer obispo romano. Del mismo modo, Eusebio cuenta al papa Víctor I como el “decimotercer obispo de Roma”[23], nuevamente Pedro no es contado, ya que si fuera contado, Victor seria el decimocuarto.

Además de Eusebio, existen otros escritos que muestran a Lino como el primer obispo de Roma. Por ejemplo las Constituciones de los Santos Apóstoles, un documento fechado en el 250 d.C.:

“De la iglesia de Roma, Lino, el hijo de Claudia, fue el [obispo] primero, ordenado por Pablo”[24]

La evidencia histórica en contra de la idea de que San Pedro fue el primer Obispo romano es tan abundante que la mayoría de los historiadores de hoy la rechazan. El historiador protestante Augusto Neander declara: “Porque, aunque reconozcamos como verdadera la tradición de que el Apóstol Pedro visitó la iglesia en Roma, aun así tenemos la certeza de que é l no fue el fundador de esta iglesia y que nunca fue su líder como Obispo”[25]

Incluso teólogos católicos han aceptado esta realidad histórica. El teólogo vietnamita Peter C. Phan escribió:

“La Iglesia Católica considera a Pedro como el primer papa, pero las primeras listas de sucesión, preparadas por Ireneo (200 d.C.) y el historiador Hegesipo (180 d.C.) y posteriormente atestiguada por Eusebio de Cesarea (339 d.C.) identifican a Lino, no a Pedro, como el primer papa”[26]

Las implicaciones de esta realidad bíblica e histórica son enormes. Si Pedro no fue el primer obispo de Roma, entonces la autoridad de los Papas se desploma, el mismo fundamento de la supremacía romana desaparece. Porque los papas se convierten en los sucesores de Lino, el primer obispo romano, y no de Pedro el apóstol. Y la única persona que recibió supremacía –según la Iglesia Católica- fue Pedro.

Así que, si somos fieles a la realidad bíblica e histórica, ya no podemos llamar al papa como “sucesor de San Pedro”, mucho menos “Vicario de Cristo”.


Referencias:

1 History of the Christian Church, vol. 1, p. 163
2 Diccionario de los papas y concilios, p. 11.
3 Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, han sido tomadas de la Biblia
de Jerusalén, edición de 1976.
4 The Catholic Encyclopedia, vol. XI, p. 1501.
5 Ibíd. p. 1506.
6 Ibíd. p. 1502.
7 Historia Eclesiastica, libro III, cap. 4.
8 The Catholic Encyclopedia, vol. XI, p. 1502.
9 Philip Schaff, Ante-Nicene Fathers, vol. VIII, p. 765.
10 Según la Nueva Versión Internacional. Leer también 1 Corintios 3:22.
11 The Catholic. Encyclopedia, vol. XIII, p. 324.
12 Diccionario de los papas y Concilios, p. 12.
13 Peter, Paul and Mary Magdalene, p. 80.
14 John Lightfoot, The Apostolic Fathers, vol. 1, part. 1, p. 329. La lista dada por Hegesipo y
citada por Epifanio llama a Anacleto como “Cleto” y no menciona a “Higinio” (136-140 d.C.).
15 Vida de hombres ilustres, cap. 22.
16 Contra los herejes, libro 3, cap. 3, parr. 3.
17 Historia Eclesiástica, libro V, cap. 6, párr. 1.
18 Historia Eclesiástica, libro III, cap. 2, párr. 1.
19 Historia Eclesiástica, libro IV, cap. 1, párr. 1.
20 Historia Eclesiástica, libro III, cap. 4, párr. 10.
21 Historia Eclesiástica, libro III, cap. 21, párr. 2-3.
22 Historia Eclesiástica, libro IV, cap. 5, párr. 5.
23 Historia Eclesiástica, libro V, cap. 28, párr. 3.
24 Constituciones de los Santos Apóstoles, libro 7, secc. 4.
25 General History of the Christian Religion, vol 1, pag. 296.
26 The Gift of the Church, p. 318