¿Serán aniquilados los impíos?

Introducción
Mientras que muchos grupos cristianos declaran que los impíos serán finalmente arrojados al infierno donde arderán eternamente, otros declaran que los malvados serán castigos con fuego y finalmente consumidos totalmente. ¿Existe fundamento bíblico para esta última postura?

La Segunda Venida y los impíos
Cristo prometió que vendría a buscar a quienes creen en El. En el AT se dice que la venida del Mesías vendría acompañada por la completa destrucción de los malvados:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal. 4:1,3)

Según las promesas dadas en el AT, los que esperen a Dios “heredaran la tierra” (Sla. 37:9). Pero los impíos recibirán un fin distinto, Dios “los deshará en su furor y fuego los consumirá” (Sal. 21:9). El salmista le dijo al malvado: “Dios te destruirá para siempre;” (Sal. 52:5)

Después de todo está profetizado en la Biblia que “Pues de aquí a poco no existirá el malo;” (Sal. 37:10) y los impíos “serán como si no hubieran sido” (Abd. 1:16)

Incluso el Diablo, el primer y máximo pecador será finalmente aniquilado:

“Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. [ ] Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.” (Eze. 28:14-19)

El problema del fuego eterno
La doctrina del infierno eterno está fundamentada en varios versículos que mencionan el “fuego eterno”. Aunque muchos piensan que “eterno”, “eternamente” y “para siempre” son una prueba irrefutable de un infierno perpetuo, en realidad, son un error de traducción. Estas palabras son traducciones del hebreo olam y del griego aionios que no tienen nada que ver con la eternidad. Por ejemplo, en la Ley de Moisés existía un arreglo por el cual un siervo podía servir a su amo “para siempre” [olam] (Ex. 21:6). Pero este trato no duraba hasta siempre, sino hasta que el amo o el esclavo murieran. Pablo se refiere a Onésimo, el esclavo convertido que debe volver a servir a su señor “siempre [aionios]” (Filemón 1:15-16). Ese “para siempre”, sin embargo, solo duraba hasta la muerte de Onésimo o Filemón.

Un ejemplo aun mas claro del uso de estos términos se encuentra en la Epístola a Judas. Allí se dice:

“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno [aionios].” (Judas 1:7)

A pesar de que Sodoma y Gomorra fueron castigadas con fuego eterno, no hay llamas donde se encontraban aquellas ciudades. Una vez que fueron completamente consumidas, el fuego se apagó.

Otro texto que nos da luz sobre el verdadero significado de estos términos se encuentra en Isaias:

“Porque los palacios quedarán desiertos, el bullicio de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre, donde descansen asnos monteses y los ganados hagan majada, hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto. Entonces el desierto se convertirá en campo fértil y el campo fértil será como un bosque” (Isa. 32:14-15).

Fíjense como las expresiones “para siempre” y “hasta que” están en un contexto inmediato. ¿Cómo puede algo ser estipulado “para siempre . . . hasta que” un cierto hecho ocurra? Esto en español no tendría sentido, pero lo tiene en el idioma hebreo.

Otro texto muy significativo se encuentra un poco más adelante. Refiriéndose a los edomitas, a quienes Dios había destinado “para la destrucción”, Isaías utiliza otra vez un idioma hiperbólico semejante:

“Sus arroyos se convertirán en brea, su polvo en azufre y su tierra en brea ardiente. No se apagará de noche ni de día, sino que por siempre subirá su humo; de generación en generación quedará desolada y nunca jamás pasará nadie por ella” (Isa. 34:9-10).

Se sabe que los edomitas desaparecieron hace muchos siglos. ¿Se podría decir que existe todavía brea ardiente subiendo de la tierra de Edom? Por supuesto que no.

De igual manera, los moradores de Jerusalén, debido a su violación del mandamiento del sábado, serian castigados con fuego que no se apagaría (Jer. 17:27). Con todo, ese fuego hace mucho se extinguió y no hay ya fuego consumiendo las puertas y palacios de la antigua capital de Israel. Lo que tenemos ahí es lo que se llama hipérbole, una especie de “libertad literaria” para remarcar la gravedad del castigo, no su duración.

Las Palabras de Jesús
esús comparó la destrucción de los malvados con cizaña reunida en manojos para ser quemada (Mat. 13:30-40), con malos peces desechados (Mat. 13:48), con plantas malas que son arrancadas (Mat. 15:13), con árbol estéril que es cortado (Luc. 13:7), rama marchita que será lanzada en el fuego (Juan 15:6), sirvientes infieles que son destruidos (Luc. 20:16), sirviente malo que será cortado en pedazos (Mat. 24:51), galileos que perecieron (Luc. 13:2-3), 18 personas que fueron aplastadas por la torre de Siloé (Luc. 13:4-5), los antediluvianos que se ahogaron por las aguas (Luc. 17:27), las personas de Sodoma y Gomorra que fueron destruidas por el fuego (Luc. 17:29) y los sirvientes malvados que fueron matados cuando volvió su jefe (Luc. 19:14-27).

Todas estas ilustraciones utilizadas por el Salvador describen vivamente la destrucción final de los malvados. El contraste entre el destino final de los redimidos y los perdidos es vida frente a destrucción. En Mateo 25:46 Cristo muestra la antítesis entre la “vida eterna” del redimido y la “muerte eterna” del condenado. Hay un paralelo en la suerte de ambos grupos, el carácter eterno de su destino futuro: en una mano, la vida eterna, en la otra mano, la muerte eterna. Jesús dijo: “Yo les doy [a los redimidos] la vida eterna; y ellos nunca perecerán, ni nadie los arrebatará de mi mano” (Jn. 1:28).

Y dijo también: “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la salvación, y pocos son los que la hayan”. Dentro del contexto de estos textos no hay razón de reinterpretar la palabra “perece” o “destruye” con el significado de vida que se mantiene en tormentos interminables.