Romanos 9:28

Porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.[1]

En su primer advenimiento Cristo vino como un cordero, manso y humilde de corazón. El profeta Juan lo describe como tal: Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.[2] Jesús vino a buscar lo que se había perdido.[3] Juan nos dice: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.[4] Indudablemente Cristo vino a representar el carácter de Dios no sólo a éste mundo, sino también a todo el universo. Cristo vino a demostrar con su propia vida (ejemplo) que se puede vivir en una estricta obediencia a Dios, algo que Satanás había puesto en duda en todo el universo. Y para ello y más vino el Hijo de Dios, Cristo Jesús. Sin embargo, cuando Cristo venga por segunda vez a la tierra, ya no vendrá como cordero, ya no vendrá a buscar lo que se había perdido. Vendrá como un león, como el león de la tribu de Judá, vendrá a pagar a cada uno según sea su obra. La sierva del Señor declara lo siguiente:

El Salvador se presenta ante Juan bajo los símbolos del “león de la tribu de Judá” y de “un Cordero como inmolado.” (Apoc. 5:5, 6.) Dichos símbolos representan la unión del poder omnipotente con el abnegado sacrificio de amor. El león de Judá, tan terrible para los que rechazan su gracia, es el Cordero de Dios para el obediente y fiel.[5]

Cristo vino a éste mundo tenebroso, lleno de tinieblas a ser el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, en su segunda venida vendrá sin relación con el pecado:

Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.[6]

Cuando nuestros primeros padres pecaron, el enemigo de las almas estaba a la expectativa de lo que Dios iba hacer con ellos. Habían desobedecido a Dios y por lo tanto merecían la muerte[7] pero, a la misma vez Dios tenía que demostrar una o la mayor cualidad de su carácter para con nuestros primero padres y el universo, su amor. Satanás, sin duda alguna se quedó en shock al ver en primera fila cómo Dios resolvió el problema de la transgresión de Adán y Eva en el Edén. En su sentencia a nuestros primeros padres Dios mostró su amor y su justicia, Satanás creía que Dios se encontraba en una encrucijada, sin embargo, demostró su justicia y amor a la misma vez, cualidades y acciones que el ser humano es difícil de poner en la misma balanza, demostró que la paga del pecado es la muerte y que nos ama con un amor inmensurable. ¿Cómo lo hizo? A través de la muerte de ese primer cordero que representaba simbólicamente el sacrificio expiatorio por toda la humanidad que se iba a realizar en la persona de Cristo Jesús. Cristo cargó nuestros pecados.[8]

¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte;   porque en una hora vino tu juicio![9]

Hablando de la Babilonia moderna Juan describe su ruina, su destrucción con prontitud, el profeta Jeremías describe algo similar con la Babilonia antigua:

Pero de pronto Babilonia cayó hecha pedazos. ¡Pónganse a llorar por ella! Traigan remedios para sus heridas, a ver si se cura... Uno tras otro corren los mensajeros a anunciar al rey de Babilonia que su ciudad fue conquistada por completo.[10]

Dios pagará a cada uno según sus obras[11], lo que merece.[12] Sus juicios son verdaderos y justos[13], el versículo en discusión nos dice que Dios ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia, la sierva del Señor escribió que la justicia de Dios está personifica en Cristo[14], entonces, para yo hacerme de esa justicia divina, la justicia de Dios, debo aceptarla en la persona de Cristo, en otras palabras, debo aceptar a Cristo, debo vivir como él vivió. Recordando que en nosotros mismo no hay justicia, además de que, la salvación no requiere justicia nuestra que bien pudiésemos hecho para adquirirla[15] pero, todo fue por amor. Los eventos finales sucederán uno tras otro, en un abrir y cerrar de ojos los juicios de Dios arroparan la tierra. ¿Estamos preparados? ¿estamos guiando a otros a encontrarse con su Señor? Si no estamos preparados nosotros mismo, si no tenemos noción de los tiempo en que estamos viviendo, no podremos ser ayuda a los demás. ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?[16] Ciertamente no. La primera venida de Cristo, tomó por sorpresa a muchos, a pesar de las señales antes de su venida, la segunda venida no estará exenta de sorprender a muchos, sin embargo, tenemos muchas evidencias de conocer el tiempo aproximado de su segunda venida, tenemos evidencias para no estar dormidos en su segunda venida, para no sorprendernos. Es innegable saber que la pronta venida de Cristo se aproxima, los eventos así lo indican: guerras y rumores de guerra, depravación moral por todos lados, asesinatos todos los días, etc… La lista es larga y seguirá en aumento. ¿Te está preparando?

Sin lugar a dudas Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento[17] pero, nos toca a nosotros decidir. Cristo dice que el está a la puerta llamando y “si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”[18]

El hecho de que Dios no planea la destrucción de nadie se demuestra en su lucha por que nadie sufra la destrucción que sus propias obras malvadas le acarrean en justicia. Él “soportó con mucha paciencia las vasijas de ira preparadas para la destrucción”. Se hicieron acreedoras de destrucción por su propia obstinación e impenitencia, atesorando para sí mismas ira para el día de la ira (Rom. 2:5). Observa que Dios soportó con mucha misericordia esos “vasos de ira”. “Entended que la paciencia de nuestro Señor significa salvación” (2 Ped. 3:15). “Es paciente con nosotros, porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (versículo 9). El hecho de que Dios soportó con gran paciencia los vasos de ira muestra que, incluso tras haber tomado éstos el curso que lleva a la destrucción, Él procuró su salvación, concediéndoles toda oportunidad al respecto.[19]

El profeta Isaías simplificando las palabras de E. J. Waggoner nos dice:

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.**Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.[20]

No hay tiempo que perder, además de no saber el día ni la hora, no tenemos una idea de la cercanía en que se desarrollarán los juicios de Dios sobre éste planeta. Debemos vivir cada día como si fuera el día de nuestra cita con el Señor para que podamos decir:

He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos  esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos  alegraremos en su salvación. [21]


Referencias

[1] Romanos 9:28

[2] Juan 1:36

[3] Mateo 18:11

[4] Juan 3:17

[5] Los hechos de los apóstoles, p. 470

[6] Hebreos 9:28

[7] Romanos 6:23

[8] Isaías 53:6

[9] Apocalipsis 18:10

[10] Jeremías 51:8, 31

[11] Apocalipsis 22:12

[12] Jeremías 51:56

[13] Apocalipsis 19:2

[14] El discurso maestro de Jesucristo, p.20

[15] Tito 3:5

[16] Lucas 6:39

[17] 2Pedro 3:9

[18] Apocalipsis 3:20

[19] Carta a los Romanos por Waggoner, Cap. 9

[20] Isaías 53:3-7

[21] Isaías 25:9