¿Qué Naturaleza Humana Tomó Jesús? No caída

¿Qué términos griegos subyacen en las palabras claves y frases en la discusión? ¿Cuál fue la misión principal de Cristo? ¿Qué límites impone su misión principal sobre la naturaleza humana que Él tomó en la Encarnación?

La teología adventista del séptimo día presenta dos puntos de vista alternativos acerca de la naturaleza humana de Jesucristo. Cristo tuvo una naturaleza pecaminosa debido a que Él tuvo una madre pecaminosa como el resto de nosotros, o Él tuvo una naturaleza sin pecaminosidad porque, a diferencia de nosotros, Él tuvo a Dios como su Padre[1] . El primer punto de vista enfatiza su identidad como hombre, la segunda se enfoca en su carácter único como hombre. Algunos intentan conciliar ambos puntos de vista diciendo que Jesús tuvo una naturaleza física pecaminosa pero su nacimiento humano fue como nuestro nuevo nacimiento –nacido del Espíritu. Ellos dicen que Jesús comenzó en Belén, del mismo lugar donde nosotros comenzamos cuando somos nacidos de nuevo. Otros sugieren que el paralelo se desploma bajo investigación. Ellos creen que Jesús fue tanto pecaminoso como no pecaminoso en su naturaleza humana, pecaminoso solo en que Él tomó una naturaleza física debilitada por el pecado, pero sin pecaminosidad en que Él nunca se convirtió en pecado al nacer.

¿Debemos sencillamente elegir nuestra opción? ¿Realmente importa que punto de vista tomemos? ¿Es esta simplemente una división académica, sin significados prácticos? Yo creo que debemos entender la naturaleza humana de Cristo para realmente apreciar lo que Él soportó, cómo solo Él puede ser nuestro Salvador, cómo Él puede ser nuestro ejemplo, nuestra absoluta necesidad de su substitución durante todo el trayecto hasta el reino de los cielos, y nuestra urgente necesidad de una perspectiva Cristo céntrica, no centrada en el hombre. Estas implicaciones prácticas se vuelven obvias mientras exploramos la evidencia bíblica.

Primero, un panorama general. 1. Nos limitaremos a la información bíblica, partiendo de la premisa de que toda verdad doctrinal es obtenida de la Escritura[2]. 2. Nos enfrentaremos con el significado lingüístico y teológico de las palabras griegas sarx, hamartia, isos, homoioma, monogenes, y prototokos. 3. Al permitir que la escritura interprete la escritura, penetraremos al significado verdadero de la humanidad de Cristo como “descendiente de Abraham” (Heb. 2:16) y “descendiente de David” (Rom. 1:3). Notaremos la armonía entre estos pasajes y los términos griegos que estudiamos. 4. Luego echaremos un vistazo a la misión de Cristo para salvar al hombre. A lo largo de la investigación documentaremos la abrumadora evidencia bíblica de que Jesús de hecho si tomó una naturaleza sin pecaminosidad en su nacimiento (espiritualmente) mientras poseyó una naturaleza física similar a las personas de su tiempo. 5. Esto nos obligará a preguntarnos, entonces, ¿realmente él nos entiende? O, dicho de otra manera, ¿es Él un lejano ser extraterrestre que tuvo una ventaja injusta sobre nosotros? ¿Fue realmente tentado en todas las cosas como nosotros? ¿Puede realmente ser un sumo sacerdote compasivo? Si el debate cristológico debe ser fructífero y edificar la fe, primero debe claramente definir términos en una manera que sea basada en la Escritura o que sea fiel a ella[3].

La Palabra se hizo carne

La Biblia dice “La Palabra [Cristo] se hizo carne” (Juan 1:14). ¿Qué significa la palabra griega “carne”? ¿Nos dice si la naturaleza humana de Cristo fue pecaminosa o pura? Sarx aparece en 151 ocasiones en el Nuevo Testamento[4]. El libro A Greek-English Lexicon de Arndt y Gringrich le da ocho significados: (1) El material que cubre un cuerpo [1 Cor. 15:39]; (2) el cuerpo mismo como substancia [cap. 6:16]; (3), “un hombre de carne y hueso” [Juan 1:14]; (4) “naturaleza humana o mortal, de ascendencia terrenal” [Rom. 4:1]; (5) “corporalidad, limitaciones físicas , la vida aquí en la tierra” [Col. 1:24]; (6) “el lado externo o exterior de la vida” [2 Cor. 11:18]; (7) “el instrumento voluntario de pecado” [Rom. 7:18]; (8) la fuente de la sexualidad [Juan 1:13]. Solo uno de estos (el número 7) tiene algo que ver con el pecado. Por lo tanto, sarx5no necesariamente significa “pecaminoso”[5] .

En griego, la palabra usual para pecado es hamartia[6] y no sarx. El diccionario teológico de Schweitzer indica que sarx puede designar una esfera terrenal (ver 1 Cor. 1:27), no necesariamente “pecaminosa y hostil hacia Dios, sino simplemente limitada y temporal”[7]. También dice que sarx puede significar un objeto de confianza (ver Rom. 2:28). Aquí “lo que es pecaminoso no es la sarx sino la confianza en ella”[8]. Schweitzer concluye, “Cuando sarx es entendida en un sentido teológico pleno, como en Gálatas 5:24, denota el ser del hombre, el cual es determinado, no por su substancia física, sino por su relación con Dios”[9].

¿Cuándo Dios se convirtió en carne simplemente recibió un cuerpo humano? Cristo dijo de su encarnación “A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo” (Heb. 10:5 NVI). Estando de acuerdo Pablo escribió: “Cristo fue revelado en un cuerpo humano” (1 Tim. 3:16 NTV). La palabra griega para “cuerpo” es soma, pero la palabra “cuerpo” (NTV) en 1 Timoteo 3:16 no es soma sino sarx. Simplemente significa “encarnación” no “pecaminoso”.

¿Cómo, por lo tanto, entendemos estas palabras: Dios envió a su “Hijo en semejanza de carne de pecado y condenó al pecado en la carne” (Rom. 8:3)? Primero, consideremos lo que Pablo pudo haber escrito, (1) Dios envió a su hijo en carne pecaminosa o (2) en semejanza de carne. Lo primero significaría que su carne fue pecaminosa, y lo segundo diría que Él solo parecía estar en la carne, pero en realidad fue algún ser extraterreste (cf. 1 Juan 4:1-3, un texto malinterpretado por algunos)[10].

Pablo no dijo ninguna de estas opciones. Él se enfocó en Cristo viniendo en la semejanza de la carne pecaminosa. La palabra clave es “semejanza”. Dos palabras griegas son traducidas como “semejante”; isos, que significa “mismo” como en Hechos 11:17, donde “Dios les dio el mismo [isos] don” y homoioma usada en Romanos 8:3, que significa “similar” (debido a que era humano) pero no “lo mismo” (porque no era pecaminoso). La Escritura es consistente en este punto. De esta manera Filipenses 2:7 dice de Jesús que Él se hizo “semejante [homoioma] a los seres humanos”[11]. Hebreos 2:17 dice: “Por eso era preciso que en todo se asemejara (homoioo) a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso” (NVI).

¿Acaso estas palabras griegas y estos pasajes sugieren que Jesús fue solo similar a los demás humanos al tener un cuerpo humano físico debilitado por el pecado, pero no era igual a otros humanos porque solo Él era punto en su relación espiritual con Dios? Elena de White si piensa esto[12]. La evidencia bíblica que hemos observado hasta ahora apoya esta conclusión.

¿Por qué solo similar y no igual?

Del material bíblico provienen dos principios que nos guían en nuestra búsqueda. El primero es: Quién es Jesucristo determina el grado de su identidad con nuestra naturaleza humana. En otras palabras, Él fue más que el bebe de María. Él fue Dios. Al volverse hombre Él no dejo de ser Dios[13]. Esto significa que su eterna relación intacta con Dios no se rompió al convertirse en humano. La Encarnación no fue solo otro nacimiento humano. Fue Dios atravesando el abismo provocado por el pecado, y dentro de su mismo ser formó un puente entre Dios y el hombre. Dios de nuevo trabajó creativamente sobre el planeta, tal como en el Edén. Ya sea usando polvo del suelo, o el seno de María, la vida vino de Él. Ambos constituyeron un milagro nunca conocido antes ni repetido después. La Divinidad pura de estos eventos no debe perderse en comparaciones superficiales con otros humanos. Todos los demás tienen dos padres humanos. Pero no Adán ni Cristo. El hombre vino al mundo mediante una de estas tres maneras: creación, nacimiento o Encarnación.

El segundo principio es: la misión de Cristo debe determinar el grado de su identificación con la humanidad. Para ser nuestro salvador, Jesús debía convertirse en uno con nosotros. Pero Él no podíais más allá de los requerimientos de su misión, Él no podía convertirse en un pecador (en naturaleza o acto). Al igual que en el sistema de sacrificios, la misión de Cristo solo podía ser cumplida mediante un Cordero sin mancha, ni tacha, ni ninguna otra cosa.

El pecado original

En este debate debemos tomar en serio la devastadora naturaleza del pecado. Todo los bebes son egoístas incluso antes de saber que es lo que constituye el pecado. ¿Cómo Jesús podría haber sido diferente si nació con una naturaleza pecaminosa?

La Biblia da dos definiciones de pecado, una en término de conducta, y una en términos de relaciones. De esta manera, “el pecado es la transgresión de la ley [ilegalidad]” (1 Juan 3:4), y “lo que no proviene de la fe es pecado” (Rom. 14:23). Ambos estaban presentes en el pecado original en el Edén. Adán y Eva desobedecieron el mandato de Dios de no comer la fruta del árbol prohibido (Gén. 3:2-6), y ellos dudaron de la palabra de Dios. Él había dicho, “No lo coman o morirán”. Eva pensó que era agradable a los ojos y codiciable para obtener sabiduría. Así que dieron ese paso y comieron. ¿Por qué? Dudar de Dios nos lleva a desobedecerle. Dudar de alguien es dejar de confiar o tener fe en él –una relación rota. El tentador provocó que le creyeran más a él y a sus sentidos que a Dios. De esta relación rota, él consiguió que rompieran el mandato de Dios. El pecado original fue primero una relación rota. Definir el pecado simplemente “como violar la ley o actos equivocados” es mirar solo la manifestación externa. En su raíz, el pecado es una relación rota entre el pecador y Dios[14].

Cristo vino al mundo a restaurar la relación, no a continuar en la separación. De esta manera, Él vino semejante a nosotros (como humano, físicamente hablando) pero no igual a nosotros (en una relación rota con Dios, espiritualmente hablando). Emmanuel, o “Dios con nosotros” significa que él cruzó el abismo entre Dios y el hombre, terminó con el alejamiento al venir del lado de Dios al nuestro. Pero él reestableció la conexión solo porque en la Encarnación permaneció en una relación intacta con Dios —Él permaneció espiritualmente puro.

Romanos 5:12-14 es considerado como “uno de los lugares más difíciles de la escritura”[15] y se dice que “los detalles de la exégesis de Romanos 5:12-21 son debatidos”[16] pero creo que la analogía entre Adán y Cristo es la más clara que se encuentra en la Biblia. Lenki está en lo correcto al declarar: “Es tan vital porque va hasta el fondo d el pecado y de la liberación del pecado. Todo lo demás que se dice en las Escrituras de alguno de ellos o de ambos se basa en lo que está revelado aquí como el fondo absoluto”[17]. Noten lo que dice: “Por tanto, el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo sí que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Rom. 5:12-19 NVI).

Presten atención a los paralelos repetidos tres veces entre los dos Adanes. La muerte, o la condenación, no solo pasa a cada persona debido a su propio pecado. Si lo hace así, pero en un sentido más profundo, la muerte pasa a cada humano debido del pecado de Adán, o una relación rota con Dios. (Que el pecado de Adán afecta a toda la raza es mencionado cinco veces en los versículos 15-19). Simplemente no es verdad que el pecado no está presente sino hasta el primer acto de pecado de la persona. Los hombres nacen siendo pecadores. “La muerte reinó” (vers. 14) desde el pecado de Adán. Los bebés mueren antes de pecar conscientemente. Separados del dador de Vida, la muerte, no la culpa, pasó desde Adán a toda la raza[18]. Por esto es que Cristo vino a restaurar la conexión, a traer vida eterna. El paralelismo en Romanos 5:12-14 es crucial para entender su significado: “Así como el pecado termina en muerte, así también la justicia en vida”[19]. Si el pecado de Adán es la fuente de muerte para todos los hombres, y lo fue en el momento en que fue cometido, antes de que cualquier hombre haya nacido[20] entonces la pureza de Cristo es la fuente de toda justificación. Él fue similar a nosotros, dado que nació dentro de las limitaciones físicas humanas, pero igual a nosotros, porque no nació como un pecador en una relación rota con Dios.

El hecho bíblico de que el pecado es pasado desde Adán a cada bebe que nace (no la culpa de Adán, sino la muerte, el resultado de su pecado) significa que el pecado no puede ser definido sencillamente como un “acto”[21]. Esa es una definición demasiado superficial. Aunque el pecado incluye las elecciones equivocadas, y por lo tanto hechos, e incluso pensamientos (ver Mateos 5;28), también incluye la naturaleza[22]. Si no hubiéramos nacido pecadores, entonces no necesitaríamos un Salvador sino hasta nuestro primer acto o pensamiento de pecado. Una idea tal representa erróneamente las trágicas consecuencias del pecado y la misión de Cristo, como el único Salvador de todos los seres humanos (Juan 14:6, Hechos 4:12). También significa que si Jesús vino con una naturaleza pecaminosa pero resistió el pecado, entonces tal vez alguien más podría hacer lo mismo, y esa persona no necesitaría que Jesús la salve. Necesitamos entender que ambos aspectos del efecto del pecado—muerte corporal y culpa personal— necesita un Salvador. Necesitamos a Jesús como sustituto para toda nuestra vida, y no solo desde la primera vez que nos rebelamos conscientemente.

Pecadores desde el nacimiento

Todos los seres humanos, exceptuando a Cristo, nacieron como pecadores. David dijo: “Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.” (Sal. 51:5 NVI). Pero aun así David podía decir de Dios: “Pero tú me sacaste del vientre materno” (Sal. 22:9); “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.” (Sal 139:13 NVI). ¿Son estas declaraciones contradictorias entre sí? ¿David nació como pecador, si o no? Estos versículos hablan de dos lados de una misma verdad, ambas igual de bíblicas. Mientras que el primero habla de la condición de David como pecador desde el nacimiento, los otros hablan del amor salvador de Dios en ese estado.

Entonces, ¿Cómo interpretamos el texto “El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo” (Eze. 18:20)? La Biblia también dice “visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Éx. 20:5; cf. Cap. 34:7; Núm. 14:18; 1 Re. 21:29). ¿También estos son contradictorios? Una vez más, ellos constituyen dos lados de una misma verdad, igual de bíblicas. El primero dice que el comportamiento de uno resultará en vida o muerte, mientras que el segundo declara que el pecado de una persona afectará a su posteridad también. Por esto es que la Biblia afirma: “Los malvados se pervierten desde que nacen; desde el vientre materno se desvían los mentirosos” (Sal. 58:3 NVI), “rebelde desde que naciste” (Isa. 48:8 DHH) y “lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15), una vez más miremos los dos lados, tanto la condición humana desde el nacimientos así como también la misericordia de Dios hacia uno en ese estado. En contraste, Jesús no solo estuvo lleno del Espíritu Santo desde el nacimiento sino que, a diferencia de todos los demás, nació del Espíritu Santo. A diferencia de los demás, Él también fue Dios. ¿Qué significa que Él tuvo una Inmaculada Concepción?

La teología católica debido a que es agustiniana, cree que todos nacen con pecado original[23]. Es decir, todos vienen a este mundo con la culpa del pecado de Adán, porque todos estaban seminalmente presentes en Adán, y por lo tanto, comparten su culpa. Debido a esto Jesús vendría a este mundo con la culpa del pecado original. Para evitar este problema, la teología católica inventó la Inmaculada Concepción. Esta doctrina postula que María nació sin mancha de pecado. Pero si Dios puede realizar un acto salvífico así por un ser humano, ¿por qué no por todos?. Esto le hubiera evitado a Cristo toda la angustia de volverse humano. Además, si María se volvió inmaculada sin Cristo, esto cuestiona la misión de Cristo.

La Biblia no dice nada de una Inmaculada Concepción, sino que proclama una concepción milagrosa. Jesús fue único. Fue debido a que era único como Dios que su nacimiento fue puro En este punto la teología católica pasa por alto lo que Jesús fue. No es necesario encontrar en María la razón por la cual Cristo era único. Su carácter único provino de su individualidad como Dios. Ahora vamos a la información bíblica acerca de su carácter único.

Jesús como un hombre único

Jesús fue diferente a los demás humanos en el centro de su consciencia. Esto determinó todo lo demás. Ningún otro ser humano vivió antes de su nacimiento ni tomó la decisión de nacer para complacer al Padre. La consciencia de Cristo estuvo siempre centrada en Dios. Él vino a hacer la voluntad del Padre (Heb. 10:9), glorificarlo a través de su vida, y finalizar la obra que Él le dio para hacer (Juan 17:4). Ningún otro bebé, niño o adulto ha vivido en una entrega absoluta a Dios y al hombre. Tanto sus actos puros como su naturaleza espiritual pura manifestaron su orientación intacta hacia Dios. Su unión con Dios determinó el grado de su unión con el hombre.

La palabra griega monogenes, traducida como “unigénito” en la Reina Valera, en realidad significa “único en su tipo”. Monogenes viene de monos, “uno”, y genos, “tipo” o “clase”. Monogenes no debe ser confundido con monogennao, el cual deriva de monos, “uno” y gennao, “engendrado”. Monogennao significa “unigénito”.

Monogenes es usado nueve veces en el Nuevo Testamento, cinco veces con Jesús (Juan 1:14, 18; 3:16, 18;1 Juan 4:9). Su uso en las otras cuatro referencias arroja luz acerca de lo que la palabra significa cuando es usada con Jesús. Primero, el hijo muerto de la viuda de Nain que era todo lo que ella tenía (Lucas 7:12). Segundo, Jairo pudo haber tenido muchos hijos, pero fue su única hija quien murió (cap. 8:42). Tercero, el endemoniado era el único hijo de su Padre en esta condición (cap. 9:38). En estos tres pasajes monogenes no significa unigénito, sino el “único hijo de su tipo”. Este hecho es aun más claro en el cuarto ejemplo, Hebreos 11:17. Allí Isaac es llamado monogenes cuando, de hecho, él fue el segundo en nacer (Ismael fue el primer hijo de Abraham). Sin embargo, él fue único en su tipo, dado que solo él fue el hijo de la promesa.

Cuando se usa con Jesús, monogenes siempre tiene esta connotación de singular, único en su tipo. Él fue el Hijo de la promesa, único en misión y nacimiento así como también en su vida. Su nacimiento único consistió no solo en la forma en la que Él nació (sin un padre humano), sino en con qué naturaleza nació (sin pecado humano).

Él fue único en su tipo dado que fue el único hombre que también fue Dios. Él fue el único hombre que nació mediante el Espíritu, sin un padre humano. Él fue el único hombre que existió eternamente como Dios antes de convertirse también en hombre. Y de esta manera fue únicamente independiente de sus padres para tener vida. Y Él fue el único hombre que fue similar pero no igual a los demás humanos.

Su carácter único provenía de quien era. Quien era Él hizo la diferencia de todos los demás seres humanos. Poseyendo la humanidad física debilitada por el pecado de su tiempo, Él vino con una relación eterna y pura con Dios. Prestarle atención a Cristo como monogenes, hubiera salvado a muchos del panteísmo Kellogg, Jones, Waggoner) y del movimiento de la carne santa (Donnell, Asociación de Indiana)[24].

La Biblia requiere que el carácter único de Jesús sea nuestro punto de partida en la Cristología. Él no es solo otro hombre, sino Dios hecho hombre. “La Palabra se hizo carne” (Juan 1:14 NVI). Este movimiento hacia la humanidad es el contexto del cual se desvela el significado del Dios-hombre. Algunos descuidan esto, eligiendo empezar con la generación final y su manifestación posterior al tiempo de prueba. Ellos razonan que si esa generación ya no cometerá actos pecaminosos aun teniendo naturalezas pecaminosas, entonces Cristo debe haber sido puro en una naturaleza pecaminosa también. ¿Cómo podría acaso esa generación final hacer las cosas mejor que Cristo? Esto es cristología escatológica, o una lectura de la naturaleza humana de Cristo desde el futuro. Esto permite que la realidad exterior a Cristo nos hable acerca de Cristo. Pero Cristo, no la escatología, debe ser nuestro punto de partida. Necesitamos una escatología cristológica en vez de una cristología escatológica.

Los errores teológicos de Schweitzer y Barth deberían ser una advertencia para nosotros y guiarnos en esto. Tanto Schweitzer como Barth (en sus primeros escritos) comenzaron con escatología y leyeron la cristología desde el futuro, con resultados devastadores. El Jesús de Schweitzer terminó como un hombre engañado[25] y el Cristo de Barth como un “completamente otro” Dios[26], dos énfasis exagerados opuestos que no le hacen justicia a Jesucristo.

El pensamiento cristológico necesita comenzar con el carácter único de Jesús como Hijo de Dios, en vez de con su similaridad a los hombres como Hijo del Hombre. Además, epistemológicamente, no podemos movernos de los humano a lo divino, sino de lo divino a lo humano. Al determinar la naturaleza humana del hombre Jesús, monogenes debe ser el punto de partida y el centro de la cristología.

Prototokos o “primogénito” es usado con Jesús siete veces (ver especialmente Heb. 1:6; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18: Rev. 1:5). “Primogénito” no se refiere tanto a tiempo, sino a importancia. Así como en la cultura hebrea el primogénito recibía privilegios familiares, así también Jesús, el “primogénito” entre los hombres, recuperó los privilegios que el hombre perdió en la Caída. De esta manera, “unigénito” y “primogénito” no deben ser interpretados literalmente cuando se aplican a Jesús. Más bien, ellos implican que Él fue singular, único en su clase. Su misión fue la de convertirse en el nuevo Adán, el nuevo primogénito, o cabeza de la raza. Esto lo calificó para ser nuestro representante, sumo sacerdote, e intercesor en la gran controversia.

Jesús es nuestro ejemplo en vida, pero no en nacimiento. Si Él fuera nuestro ejemplo en su nacimiento, entonces tal vez algunas otras personas podrían alcanzar una vida perfecta sin necesidad de un Salvador. Este pensamiento yace en el corazón de la teología de Friedrich Schleiermacher. Él creía que Jesús fue solo cuantitativamente y no cualitativamente diferente de otros humanos. ¿Acaso Él no nació como todos los demás? ¿Acaso no fue la completa consciencia de la presencia de Dios y su sentimiento de absoluta dependencia de Dios lo que lo hizo diferente de los demás? Aún así alguien vendrá en el futuro que lo trascenderá[27]. Esta clase de formas de pensar nos advierten que es peligroso olvidar la distinción bíblica entre el nacimiento de Cristo el de todos los demás humanos.

La teología de Karls Barth también contiene problemas acerca de la naturaleza de Cristo en su nacimiento[28]. Aunque Él cree que Jesús es verdaderamente Dios, él nunca permite que las consecuencias bíblicas de eso controlen su entendimiento de la encarnación. Él declaró que el niño Jesús nació con carne pecaminosa[29]. La única manera en la que Barth podría evitar las consecuencias de esto era decir que Cristo asumió la naturaleza pecaminosa dentro de su naturaleza divina en una manera tal que las tentaciones y el pecado era una imposibilidad[30].

La información bíblica nos lleva en dirección opuesta del pensamiento de Schleiermacher y Barth. Jesús hombre es único. Él es nuestro sustituto en vida. Él cubre nuestros caracteres imperfectos con su carácter humano perfecto. Su carácter es nuestro manto de justicia, el vestido de boda sin el cual no podemos entrar en el reino. Él es nuestro sustituto en la muerte. Él murió para pagar el precio del pecado en nuestro lugar para que así podamos tener vida eterna. Pero Él también es nuestro sustituto en el nacimiento. Él nació puro para que podamos satisfacer nuestra primera necesidad de Él como Salvador, cuando nacemos pecadores.

La Biblia no coloca valor salvífico en nuestro primer nacimiento. De hecho, claramente declara: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Solo Jesús hombre no necesitó un nuevo nacimiento. Eso lo ubica en la clase única solo para él.

Cristo de la línea Davídica y Abrahámica[31]

De la información bíblica que hemos estudiado hasta ahora, ¿qué podemos concluir que significan las siguientes expresiones: “Él tomó sobre sí la descendencia de Abraham” (Heb. 2:16), y “fue hecho de la descendencia de David de acuerdo a la carne (Rom 1:3; Juan 7:42; 2 Tim. 2:8)? ¿Acaso estos pasajes declaran que Jesús tomó una naturaleza pecaminosa que proviene de Abraham y David? A la luz del contexto bíblico general, estos textos no están considerando la naturaleza sino la misión de Cristo. No están relacionados con el tipo de carne en el cual Él nació (pecaminosa o pura). Sino más bien, mantienen que, como judío (hebreo 2:16), y como Rey verdadero (Rom. 1:3), Jesús vino como el cumplimiento del pacto. Dios llamó a Abraham para formar a un pueblo mediante el cual Él pudiera bendecir a todas las naciones (Gén. 22:18). Similarmente, Jesús vino mediante María para salvar a las naciones (Mat. 1:18, 21; cf. Juan 3:16). La misión, y no la naturaleza, es el contexto.

Israel, en el período del Antiguo Testamento, y los judíos cristianos en los días del Nuevo Testamento, consideraban a Abraham como el “padre” de la iglesia de Dios en su primera forma (ver Isa. 51:2; Rom. 4:12 y Santiago 2:21 y sus contextos). Así que Mateo, escribiendo a los judíos, comienza la genealogía de Jesús con Abraham (Mat. 1:1). Y el autor de Hebreos, también escribiendo a los judíos, dice que Jesús “tomó sobre sí la descendencia de Abraham” (Heb. 2:16). Que Jesús está ubicado en la línea del pacto abrahámico no niega la actualización del mismísimo propósito de esa línea del pacto al convertirse en el segundo Adán. De hecho, el mismo libro que menciona la conexión de Cristo con David, también lo presenta como el segundo Adán (ver Rom. 5:12-21)

¿Acaso la substitución incluye convertirse en exactamente igual a nosotros en el nacimiento? ¿Podría Jesús realmente habernos salvado si no se convirtió en uno de nosotros en naturaleza pecaminosa? ¿Realmente bajó al pozo en donde estamos para poder sacarnos? Abajo en el pozo Él tomó carne humana real solo hasta el grado que su unión con el Padre permaneció intacta. En otras palabras, Él no podría haber sido pecaminoso por naturaleza, porque por definición una naturaleza tal es el resultado de la separación de Dios. La unión con Dios y la naturaleza espiritual pecaminosa están tan separadas entre sí como lo están el cielo y el infierno. Decir que Él se identificó con nosotros pero permaneció leal a Dios es interpretar erróneamente la terrible naturaleza del pecado. El pecado significa separación de Dios. O Jesús mantuvo una relación ininterrumpida con el Padre, o Él la abandonó y se sumergió en nuestro alejamiento.

Jesús fue nuestro sustituto y nuestro ejemplo, en ese orden. Hay una prioridad de sustituir sobre el ejemplo, así como hay una prioridad de Dios sobre el hombre, y del Salvador sobre el salvo. Es importante que lo notemos. La cristología nunca debe empezar con el ejemplo y esperar hacerle justicia a su sustitución. Sino que debe tomar el camino que lleva de la sustitución al ejemplo. Necesitamos su sustitución: necesitamos su divinidad eterna, su nacimiento sin pecado, su vida sin pecado, su muerte perfecta, su resurrección, su intercesión sacerdotal, y su segunda venida. También lo necesitamos para ejemplificar la dependencia total en Dios.

El hecho de que Él nació sin pecado en ninguna manera sugiere que guardar la ley no es importante para el resto de nosotros que nacimos pecadores. No es verdad que la creencia en la naturaleza pura de Cristo significa que nadie más puede o debe intentar guardar la ley. Jesús no es nuestro sustituto para que podamos vivir como queramos.

Tentado como nosotros

Hemos visto que la información bíblica presenta a un Jesús humano único que no pudo haber tenido una naturaleza pecaminosa. La pregunta persiste: ¿Entonces realmente él podía entendernos? O él es un ser lejano que tuvo una ventaja injusta sobre nosotros? ¿Realmente Él puede ser un sumo sacerdote compasivo? En resumen, ¿fue tentado en todo de la misma manera en que nosotros?

Nuestra Cristología afecta nuestro entendimiento de las tentaciones de Cristo. Por cientos de años la cristología clásica consideraba que Jesús vivió sobre la tierra como Dios. Él tenía poderes que no están disponibles naturalmente para los demás hombres. No es de extrañar que la tentación no se considerara que fuera una prueba difícil para Él. Aunque Anselmo (1033-1109) fue el primer erudito significativo en enfocarse en Cristo viviendo sobre la tierra como hombre (él escribió Cur Deus Homo), otros subsecuentemente continuaron pasando por alto la realidad de su experiencia. Así la creencia de Calvino era que Jesús permaneció en el trono de los cielos mientras vivía sobre la tierra (extra Calvinisticum), la de Lutero era que las naturalezas humanas y divinas se mezclaron (communicatio idiomatum), y Barth creía que la humanidad asumida estaba envuelta dentro de una divinidad impregnable (ganz anderer), todas estas creencias hacen que las tentaciones de Cristo sean irreales y que le sea imposible pecar. E. J. Waggoner, al igual que Barth, creyó que Jesús poseyó carne pecaminosa pero no pudo pecar debido a que era divino[32]. ¿Qué tiene de bueno una naturaleza pecaminosa como la nuestra si Él tuvo una naturaleza divina diferente a la nuestra? Una cancela a la otra, impidiendo que Él sea realmente tentado. Por contraste, la Biblia declara que Él “ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Heb. 4:15). “En todo” no significa las mismas tentaciones (plural), sino la misma tentación (singular). Por ejemplo, Jesús nunca fue tentado a mirar TV, fumar marihuana o romper el límite de velocidad. Pero Él fue tentado a abandonar su dependencia en Dios. Satanás empleó diferentes medios para el mismo fin. Porque el objetivo de todas las tentaciones es romper la relaciones de uno con Dios.

Las tentaciones de Cristo fueron más grandes que las nuestras, porque alguien que nunca cedió podía sentir realmente toda su fuerza[33]. B. F. Westcott lo expresó de esta manera: “La compasión con el pecador en sus pruebas no depende de la experiencia del pecado, sino en la experiencia de la fuerza de la tentación al pecado, la cual solo el puro puede sentir en toda su intensidad. Aquel que cae se rinde antes del último esfuerzo”[34].

Pero ¿acaso “en todo” incluye “en la misma manera”?[35]. Santiago escribe: “cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen” (Santiago 1:14 NVI). Las propensiones malignas (una tendencia al pecado) son adquiridas mediante dos maneras: pecando y naciendo como un pecador. Cristo no hizo ninguna. Él nació siendo un “santo niño” (Lucas 1:35 NVI), y Satanás no encontró ningún mal en Él (ver Juan 14:30). “Tentado en todo de la misma manera que nosotros” debe ser entendido a la luz de la luz bíblica ya considerada. Esta indica que Él, un ser humano único, fue tentado en todo como nosotros. De nuevo, la tentación básicamente involucra un intento de Satanás de romper la relación de uno con Dios.

Es impensable que Jesús se separe de su Padre en el mismo acto de venir a hacer su voluntad. Las dos opciones se excluyen mutuamente. Su carácter único en su nacimiento no es motivo para decir “Trampa –tu realmente no te volviste como uno de nosotros. ¡Lo tuviste más fácil! ¿Quién no podría resistir las tentaciones si tuviera una naturaleza pura como la tuya?” ¿Cómo más podría haber sido? Cualquier supuesta desventaja que Jesús tuvo no fue para si mismo. Su misión salvadora determinó el grado de su identificación con nosotros.

Aun así, decir esto nos trae a una paradoja. Permanecer diferente a nosotros no le dio una desventaja; fue en realidad desventajoso para él. Porque si el impulso de la tentación es conseguir que uno confíe en sí mismo en vez de en Dios, ¿Quién tuvo una tentación más grande, Jesús, que tenía a su propia divinidad en la cual confiar, o nosotros que no tenemos nada comparable?

La desventaja de Cristo en la tentación procedió de su carácter único. Y en esto se basa nuestra salvación. Solo Jesús sintió toda la fuerza del odio satánico, porque la controversia de Satanás esta en contra de Cristo no contra algún otro humano. Todo el infierno se desató contra este dependiente hombre Jesús, y además, Jesús no podría obtener perdón si fuera vencido. ¡Imaginen la presión cuando a cada momento, cada acto tenía tales consecuencias para sí mismo y para todo el mundo!

Si Jesús debía tener carne pecaminosa para entender nuestras luchas a partir de la experiencia, entonces ¿cómo podría Él compadecerse con la escoria de la raza? ¿cómo podría salvar a la generación hundida en dos mil años más de degeneración genética? Si tomar nuestra naturaleza pecaminosa fue un prerrequisito para ser tentado como nosotros, entonces Él tendría que haber venido como contemporáneo al último hombre nacido. Pero incluso si Jesús fuera una persona de la última generación, sus contemporáneos estarían aun más degradados debido a sus propios pecados. Si la naturaleza pecaminosa es un elemento necesario para ser tentado como nosotros, entonces Cristo no fue tentado como nuestra generación ni como aquellos degradados mediante sus pecados personales. Pero si su carácter único hizo que su tentación fuera más grande, entonces Él no necesitaría nuestra naturaleza caída para ser tentado como nosotros.

No hasta que su muerte hiciera que Aquel que “no conoció pecado” se convirtiera en “pecado por nosotros” (2 Corintios 5:21). Nunca antes de ese momento el pecado trajo separación de su Padre, lo cual provocó que dijera “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). Jesús hombre se volvió pecado por nosotros en misión en su muerte, y no en naturaleza en su nacimiento.

Doxología

La teología es una búsqueda humana para entender la auto-revelación de Dios. La cristología es el centro y el corazón de la teología, porque Jesucristo es la revelación más grande de Dios al hombre. Él es también la mejor revelación del hombre auténtico al hombre. Jesucristo fue único no solo como Dios con nosotros sino también como hombre con nosotros. Él fue divinidad pura unida con carne humana debilitada por el pecado, pero igualmente puro en ambas naturalezas. Él fue Dios con nosotros, pero vivió como hombre con nosotros en un autovaciamiento completo (ver Fil. 2:7). Aunque permaneció siendo Dios, Él abandonó el uso de sus atributos divinos, viviendo como un hombre auténtico totalmente dependiente de su Padre en los cielos. ¡Oh, que maravilla, habitantes del cosmos tan remoto! ¡Asómbrense, oh ángeles del cielo! ¡Adórenle, Oh pecadores sobre la tierra! ¿Qué otro humano, nacido de mujer, puede comparársele en naturaleza y obras? ¿Quién entregó tanto por tan poco? ¿Quién más se limitó a un cuerpo humano cuando Él existió antes en todo lugar? ¿Quién más eligió permanecer limitado para siempre? ¿Quién más se metió entre el cáncer terminal del pecado para traer curación radical y sin infectarse a sí mismo? ¿Quién más se podría haber convertido en un doctor humano mientras se distanciaba de la plaga que afectaba a la humanidad?

¿Cómo podría Jesús ser mi ejemplo en todo esto? ¿Cómo podría imitarlo? ¿Cómo podría yo ser eterno, ser Dios, ser puro al nacer, puro como un bebe, y puro a lo largo de mi vida? ¿Cómo podría vencer todo lo que Él venció? Y cuando Él finalmente venció a Satanás mediante su muerte en el Calvario –lo cual tuvo consecuencias cósmicas y salvíficas- ¿cómo podría seguirlo? Si, anhelo ser cómo él, pero admito que Él es único para siempre. Como Pedro yo confieso “¡apártate de mí, porque soy un pecador!” (Lucas 5:8). Aun así en su misericordia Él dice: “Vengan a mi” (Mat. 11:28). Él me atrae mediante su carácter único. Yo desesperadamente necesito aquello que lo hace diferente de mi.

El cristianismo no es solo ser como Él. El cristianismo es vida en Él. Somos justos solo en Cristo, nunca en nosotros mismos. Las buenas nuevas es más que solo “imítame”. Es siempre primero y más importante: “Aférrate a mi”, “Permanece en mi” (Juan 15:4), “Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Col. 1:27) y “aceptos en el Amado” (Efe. 1:6).

La verdadera cristología termina, no en debate, sino en adoración agradecida y obediencia gozosa. Al contemplarlo no solo lo alabamos sino que nos hacemos como Él (ver 2 Cor. 3:18). Al ver su amor para con nosotros, su amor único como un hombre único, nos galvaniza; añoramos ser llenos con Él más que ser como Él. Este enfoque es crucial. Es sobre Él y sus obras, y lejos de nosotros mismos y nuestras obras. Nosotros no solo le seguimos, sino que tenemos comunión con él. No se trata solo de reglas, sino de relación. No solo una práctica, sino una Persona. Porque el Cristianismo es Cristo hasta la médula. De esta comunión viene una maravilla asombrosa ¡nos hacemos como Aquel a quien admiramos más! Es un efecto colateral natural de anhelar que Él habite en nuestro interior. La cristología llega a su climax en la exclamación: “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gál. 2:20). Solo en esta unión dependiente Jesús puede ser nuestro modelo, nunca en su naturaleza al nacer.

Autor: Benjamín Rand (seudónimo)


Referencias

[1] Ver E. C. Webster, Crosscurrents in Adventist Christology (Berne, Switzerland: Peter Lang Pub., Inc. 1984), por una evaluación comparativa de la Cristología de H. E. Douglass, E. Heppenstall, E. J. Waggoner, y E. G. White. Aquellos que se enfocan en la naturaleza pecaminosa de Cristo incluyen (alfabéticamente): T. A. Davis, Was Jesus Really Like Us? (Washington, D.C.:Review and Herald Pub. Assn., 1979); H. E. Douglass y Leo Van Dolson. Jesus: The Benchmark of Humanity (Nashville: Southern Pub. Assn., 1977). Aquellos que se enfocan en la naturaleza sin pecaminosidad incluyen (alfabéticamente): N. R. Gulley, Christ Our Substitute (Washington. D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1982); E. Heppenstall, The Man Who Is God (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn.. 1977); H. K. LaRondelle, Christ Our Salvation (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn. , 1980). La Cristología Clásica tiene tres grandes énfasis, Jesús como (1) demasiado divino, la opinión mayoritaria por cientos de años, visto en la teología Atanasia-Calvinista extra Calvinisticum, en la cual la divinidad de Cristo permaneció en el trono de los cielos mientras que su humanidad vivió sobre la tierra; (2) demasiado humana, Arrianos; o (3) una mezcla divino-humana como la de la communicatio idiomatum de Lutero. Cada una de las dos opiniones principales en el Adventismo consideran que Cristología de la otra hace a Jesús o demasiado humano o demasiado divino. Esto tiene influencias obvias en cómo Él es considerado como nuestro ejemplo al superar las tentaciones.

[2] Por un estudio en el corpus de Elena de White ver Norman R. Gulley, “Behold the Man,” Adventist Review, June 30, 1983. Hay una necesidad seria por un estudio teológico y hermenéutico de los escritos de Elena de White en general, y de su cristología en particular. Es necesario realizar más investigaciones para ver si el respaldo de Elena de White de la teología de Jones y Waggonner particularmente apoyó sus nuevos énfasis, lejos del ser humano y más cerca de Cristo, y no necesariamente un respaldo de cada detalle de su Cristología, como la naturaleza pecaminosa de Jesús. (Ver Age Rendalen, “The Nature and Extent of Ellen White’s Endorsement of Waggoner and Jones” [research paper, Andrews University Library, 1978].) El hecho de que la cristología de Jones y Waggoner se volvió más panteísta también tiene que tenerse en cuenta. El Panteísmo es la identificación de Dios con la creación, la cual puede ser considerada la conclusión lógica de intentar hacer al hombre Jesús, en naturaleza, completamente similar a otros hombres. El uso del término de Elena de White “naturaleza pecaminosa” y sus sinónimos, necesitan ser definidos en el contexto de su uso en su tiempo, así como dentro del contexto histórico de cada manuscrito, carta o artículo. Las compilaciones extraídas de muchas fuentes usualmente fracasan al dar un lugar apropiado al trasfondo histórico. Es obvio que muchas disertaciones doctorales serían útiles aquí. Un hecho es seguro: el estudio de la Cristología debe empezar con la información bíblica. Después uno puede ir a leer el corpus de Elena de White. Elena de White nunca pretendió que se siga el procedimiento inverso, ya que no es fiel a la presuposición adventista del séptimo día de que la Biblia es la base de todas las doctrinas adventistas del séptimo día.

[3] Definir los términos es crucial en este debate. De la información bíblica que se ha considerado, podemos notar que: 1. Cristo fue único como ser humano (similar, pero ni idéntico). Por lo tanto, Por lo tanto, yo defino su naturaleza humana a lo sumo como físicamente afectada por el pecado, pero absolutamente sin pecaminosidad espiritualmente. Él tuvo la altura de un hombre de su tiempo, Él se cansó, sintió hambre y dolor. Pero espiritualmente Él mantuvo una comunión intacta con Dios mientras tuvo la naturaleza anterior a la Caída de Adán. 2. Su nacimiento mediante el Espíritu fue único. No puede ser comparado con nuestro nuevo nacimiento mediante el Espíritu, porque nosotros hemos pecado antes de nuestro nuevo nacimiento, mientras que Él fue santo antes de su nacimiento. Nuestro nuevo nacimiento proviene del contexto de lo corruptible. Su nacimiento proviene dentro del contexto de lo santo. 3. La doctrina del pecado (harmartiología) yace detrás del debate sobre la naturaleza de Cristo (Cristología). Cuando se entiende el pecado como una relación rota se hace imposible una naturaleza pecaminosa para Jesús en su nacimiento. Porque no podía existir una demostración más grande de la unión con Dios que ir hasta el punto al que Cristo llegó para hacer la voluntad de Dios (Heb. 10:7-9). Ambas escuelas de Cristología dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día necesitan usar términos como carne, pecado, parecido, similar, único, Concepción Inmaculada, pecado original, descendiente de Abraham, y descendiente de David de la misma manera en la que son usados por los escritores bíblicos o explicados en este artículo. Si esto se hace, entonces se establecería una verdadera comunicación entre ellos (ellos estarían hablando de las mismas cosas) y muchas de las diferencias se disiparían.

[4] Englishman’s Greek Concordance of the New Testament (London: S. Bagster and Sons, 1903), pp. 680, 681.

[5] Reinhold Niebuhr incorrectamente cree que sarx, en los escritos de Pablo, es el “principio del pecado” (The Nature and Destiny of Man [New York: Charles Scribner’s Sons, 1949], p. 152).

[6] Hamartia y sus cognates se encuentra 174 veces en el Nuevo Testamento, más de cincuenta en los escritos de Pablo. Adikia es una palabra legal, más especializada, que significa “no justo” (el opuesto a “justicia” dikaiosune). Paraptoma viene de parapipto, “caer al lado”. Ver ed., Colin Brown, The New International Dictionary of New Testament Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1978), vol. 7, p. 573. Para más información general sobre hamartia y sus usos, ver Kittel’s Theological Dictionary of the New Testamento (Grand Rapids: Eerdmans, 1964), vol. 1, pp. 308-311; W. E. Vine, Expository Dictionary of New Testament Words (London: Oliphants, 1946), vol. 4, pp. 32-34.

[7] G. W. Bromiley, trans. (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), p. 126. Para el artículo completo ver páginas 124-144.

[8] Ibid., p. 130.

[9] Ibid., p. 134.

[10] 1 Juan 4:1-3 no habla acerca de qué tipo de naturaleza humana (pecaminosa o pura) tomó Jesús, sino de la naturaleza humana misma. Los gnósticos, y más tardes los docetistas, creyeron que Él realmente no se volvió humano, sino simplemente parecía ser humano. Este pasaje clasifica esta negación de su genuina humanidad como anticristo.

[11] Aquí similaridad no significa que no era un ser humano Sino más bien, como un ser humano Él fue solo similar a todos los demás humanos.

[12] “Al tomar sobre sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó ni en lo más mínimo en su pecado. Él estuvo sujeto a las flaquezas y debilidades por las cuales el hombre está rodeado… Él fue tocado con el sentimiento de nuestras flaquezas, y fue en todo tentado como nosotros. Pero aun así Él “no conoció pecado”… No deberíamos tener la menor duda de la perfecta ausencia de pecaminosidad de la naturaleza humana de Cristo” (Elena de White en Signs of the Times, 9 de Junio de 1898 (citado en el SDA Bible Commentary, vol. 5, p. 1131). “Él tomó su posición como la cabeza de la humanidad al tomar la naturaleza pero no la pecaminosidad del hombre” (Elena de White en Signs of the Times, 19 de Mayo de 1901 (citado en el SDA Bible Commentary, vol. 7, p. 912).

[13] Él preservó su divinidad a través de la Encarnación. Permaneció inamovible dentro de las limitaciones de la kenosis que él escogió (Fil. 2:6-8)

[14] “El punto de vista del Nuevo Testamento del pecado es el lado contraria y negativo de la idea de un pacto, y por eso es a menudo expresado en término legales” — The New International Dictionary of New Testament Theology, vol. 3, p. 578. “Hamartia es usada siempre en el Nuevo Testamento como el pecado del hombre, el cual en última instancia está dirigido contra Dios” — Ibid., p. 579. “En el cuarto Evangelio hamartia designa… un acto pecaminoso particular, un estado e incluso un poder que penetra al hombre, y al mundo –tomado como un todo- lejos de Dios” —S. Lyonnet and L. Sabarin, Sin, Redemption, and Sacrifice: A Biblical and Patristic Study, vol. 48 of Analecta Biblica (Rome: Biblical Institute Press), p. 39.

[15] R. Govett, Govett on Romans (Florida: Conley and Schoettle Pub. Co., 1981), p. 134.

[16] E. F. Harrison, ed., Baker’s Dictionary of Theology, (Grand Rapids: Baker Book House, 969), p. 488.

[17] R.C.H. Lenski, Interpretation of Romans (Columbus, Ohio: Wartburg Press, 1945), p. 366.

[18] John Murray, The Epistle to the Romans, en The New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), vol. 1, p. 183. Leer también pp. 178-209 on “The Analogy.”

[19] Govett, op. cit., p. 142

[20] Lenski, op. cit. , p. 364.

[21]  Varias palabras griegas terminan en ma en Romanos 5. La terminación ma significa “resultado”. Dos de estas palabras son caída y gracia, y comparan los resultados del pecado de Adán con la salvación de Cristo. Ambos resultaron pasaron a la raza humana de estos dos Adanes igualmente independientemente de la obra del hombre, el cual es el tema central de la Epístola de Pablo.

[22] Hay once palabras en hebreo que tienen la connotación de diferentes matices de pecado (ver nota 23).

[23] Para un estudio detallado sobre el pecado, ver G. C. Berkouwer, Sin (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), y Piet Schoonenberg, S. J. , Man and Sin: A Theological View (South Bend, Ind.: University of Notre Dame Press, 1965). Y sobre el “pecado original” católico ver R. C. Broderick, The Catholic Encyclopedia (Nashville: Thomas Nelson Pub. Co., 1976), p. 440; Baker’s Dictionary of Theology, pp. 486-489; George Vandervelde, Original Sin: “Two Major Trends in Contemporary Roman Catholic Reinterpretation” (Lanham, Md.: University Press of America, 1982); y John Murray, The Imputation of Adam’s Sin (Grand Rapids: Eerdmans, 1959).

[24] Tanto el panteísmo como el movimiento de la carne santa fracasaron al darle un lugar apropiado a Jesús como monogenes. Panteísmo identifica exageradamente a Dios con el hombre, removiendo la posibilidad del carácter único. El movimiento de la carne santa se enfocó en ser como el Jesús puro y nuevamente su carácter único no recibió un lugar apropiado.

[25] Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus (London: Adam and Charles Black, 1954), pp. 254, 358, 368ff.

[26] Karl Barth, Church Dogmatics, 4 vols. (Edinburgh: T. & T. Clark, 1936-1969), vol: 1, pt. 2, p. 50; vol. 2, pt. 1, p. 63; The Humanity of God (London: Collins, 1961), pp. 44ff.

[27] Friedrich Schleiermacher, The Christian Faith (Edinburgh: T. & T. Clark, 1928).

[28] “Lo que Dios es en su revelación, lo es antecedentemente y eternamente en su propio ser trinitario interior” es la presuposición “revelada” básica detrás de la teología de Barth. En este contexto su logos ensarkos, siguiendo la cristología enhipostática, considera que la humanidad de Cristo ha existido solo en la divinidad eterna de Cristo. Esto a veces se acerca a presentar una humanidad eterna de Jesús (ver Church Dogmatics, vol. 3, pt. 2, pp. 484ff., 493.) Él también sugiere que Jesús no es solo un hombre (homo) sino la humanidad (humanun) (ibid., vol. 4, pt. 2, pp. 48ff.).

[29] Ibid., vol 1, pt. 1, p. 191; vol. 3, pt. 2, p. 51; vol. 4, pt. 1, pp. 69, 88, 90, 93-95, 98, 100, 203.

[30] Ibid., vol. 1, pt. 2, pp. 158ff., 191; vol. 3, pt. 2, p. 51.

[31] Los Evangelios revelan el contexto del pacto en el cual Jesús y sus contemporáneos vivieron. Abraham fue el padre de los fieles hijos de Israel, que esperaban que el Mesías viniera como el “hijo de David” o de la línea davídica. La canción de María reconoce esto (Lucas 1:55) y también lo hace la de Zacarías. Él menciona que la salvación ha llegado a la casa de David (vers. 69), porque Dios ha recordado su pacto con Abraham (vers. 73). El ciego clama que Jesús es el “hijo de David” (Mat. 9:27; 12:22, 23; 20:30ff; Marcos 10:46, 47) Los maestros de la ley lo llamaron “Hijo de David” (Marcos 12:35). Durante su entrada triunfal a Jerusalén, la multitud clamó hosannas al “hijo de David” (Mat. 21:9). Cristo llamó a la mujer encorvada “hija de Abraham” (Lucas 13:16). En la historia del rico y Lázaro, el mendigo fue llevado al lado de Abraham después de su muerte (cap. 16:22), la vida eterna es ilustrada por Jesús como una participación en el festejo del reino con Abraham (Mat. 8:11). Mientras que los judíos declaraban que Abraham era su padre (Juan 8:33-39), Jesús fue más allá de la línea del pacto, declarando “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (vers. 58). Dos cosas deben mantenerse en equilibrio: de Jesús se dice que provine de Abraham solo porque Él es el Mesías prometido, que trae cumplimiento a las promesas del pacto. Y de Jesús se dice que fue antes de Abraham porque antecedente y eternamente Él es Dios.

[32] E. J. Waggoner, en Signs of the Times, Jan. 21, 1889; cf. Christ and His Righteousness (Oakland, Calif.: Pacific Press Pub. Co., 1890), p. 28ff.

[33] F. F. Bruce, Commentary on the Epistle to the Hebrews (London: Marshall, Morgan and Scott, 1974), pp. 87ff.

[34] Citado en Commentary on the Epistle to the Hebrews, p. 88.

[35] Dietrich Bonhoeffer aparentemente lo piensa así. VerTemptation (New Y ork: Macmillian, 1955), p.16.