¿Pueden todos ser profetas?

Declaraciones de Elena G. de White que tratan sobre el tema

No por voluntad de hombre

“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Inspiración directa e indirecta de los profetas
El profeta era, en el sentido más elevado, una persona que hablaba por inspiración directa, y comunicaba al pueblo los mensajes que recibía de Dios. Pero también se daba este nombre a los que, aunque no eran tan directamente inspirados, eran divinamente llamados a instruir al pueblo en las obras y los caminos de Dios. Para preparar esa clase de maestros, Samuel fundó, de acuerdo con la instrucción del Señor, las escuelas de los profetas. (La educación, p. 46).

Guiados por Dios, pero no inspirados en el sentido completo del término
Cierto hermano preguntó: "Hna. White, ¿cree Ud. que debemos comprender la verdad por nosotros mismos? ¿Por qué no podemos tomar las verdades que otros han reunido, y creerlas porque ellos han investigado esos temas y entonces quedar libres para actuar sin recargar las facultades mentales con la investigación de todos esos temas? ¿No cree Ud. que esos hombres que han hecho brillar la verdad en el pasado estaban inspirados por Dios?" No me atrevo a decir que no fuesen enviados por Dios, porque Cristo conduce a toda verdad; pero en lo que atañe a la inspiración en el sentido más pleno de la palabra contesto: No. (El evangelismo, p. 219).

La ayuda de los ángeles no es fundamental para reclamar inspiración

En relación con Martín Lutero, Elena G. de White declaró:

Los ángeles del cielo estaban a su lado y rayos de luz del trono de Dios revelaban a su entendimiento los tesoros de la verdad. (El conflicto de los siglos, p. 131).

De Guillermo Miller escribió:

El Señor envió a su ángel para que tocara el corazón de un granjero que no creía en la Biblia, a fin de inducirlo a escudriñar las profecías. Los ángeles de Dios repetidas veces visitaron a aquel escogido para guiar su mente y abrir a su comprensión las profecías que siempre habían sido oscuras para el pueblo de Dios. (Primeros escritos, pp. 373-374).

De buena fuente se registra una conversación oral en la que la Sra. White había declarado, del pastor Urías Smith, que ella había visto un ángel de Dios parado a su lado mientras él escribía. Si bien no hay una confirmación documental de esto, no es inconsistente con lo dicho anteriormente. Pero hay base para asumir que estos hombres, mientras eran ayudados por el Espíritu de Dios, no fueron inspirados como lo fueron los profetas.

Elena de White registra, en 1895, una experiencia en la cual un líder del colportaje le hizo directamente una pregunta sobre la inspiración de los libros escritos por Urías Smith. “¿Cree usted que fueron inspirados, no es así?”, preguntó el líder. Como indicador de la inconsecuencia de la pregunta, ella respondió, “Usted puede responder esa pregunta, yo no”. (Carta 15 de Elena G. de White, 1915).

En 1894, Elena G. de White trata esta cuestión
De vez en cuando me llegan informes con respecto a declaraciones que se dice que hizo la Hna. White, pero que para mí son enteramente nuevas; las cuales [declaraciones] no pueden menos que desviar a la gente en cuanto a mis verdaderas opiniones y enseñanzas. Una hermana, en una carta escrita a sus amigos, habla con mucho entusiasmo de una declaración hecha por el Hno. Jones, en el sentido de que la Hna. White ha visto que ha llegado el tiempo en que, si mantenemos la debida relación con Dios, todos pueden tener el don de profecía en el mismo grado en que lo tienen los que ahora reciben visiones.

¿Dónde está la autoridad de esta declaración? Debo creer que esta hermana no entendió al Hno. Jones, porque no puedo creer que él hiciera esa declaración. La escritora continúa: "El Hno. Jones dijo anoche que el caso no es que Dios hablará a todos en beneficio de todos los demás, sino que hablará a cada uno para su propio beneficio; y que esto cumplirá la profecía de Joel". Él dijo que esto ya estaba sucediendo en numerosos casos.

Él habló como si pensara que nadie ocuparía una posición de dirigente como la ha tenido y seguirá teniendo la Hna. White. Se refirió a Moisés como un caso paralelo. Él era un dirigente, pero hay referencias a muchos otros que profetizaban, aunque sus profecías no fueron publicadas....

No titubeo en decir que estas ideas relativas a profetizar, habría sido bueno que nunca hubieran sido expresadas. Tales declaraciones preparan el camino para un estado de cosas de las cuales Satanás seguramente se aprovechará para introducir actividades espurias. Hay peligro, no sólo de que mentes no equilibradas sean inducidas al fanatismo, sino de que personas insidiosas se valgan de esta excitación para propagar sus propósitos egoístas e individuales.

Jesús elevó su voz en amonestación: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 15-16). "Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová" (Jer. 23: 16). "Si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes" (Mar. 13: 21-23) (Carta 6a, 1894). (Mensajes selectos, vol. 3, pp. 389-390).

Se recomienda prudencia al pastor A. T. Jones
Ud. no puede ser demasiado cuidadoso en la forma como habla acerca del don de profecía, y en sus declaraciones según las cuales yo he dicho esto y aquello con referencia a este asunto. Tales declaraciones, bien lo sé, estimulan a hombres, mujeres y niños a pensar que poseen una luz especial en términos de revelaciones de Dios, cuando en realidad no han recibido tal luz. Se me ha mostrado que esto constituiría una de las obras maestras del engaño de Satanás. Ud. está dando a la obra un molde que requerirá un tiempo precioso y una labor fatigadora del alma para corregir, para salvar la causa de Dios de otro brote de fanatismo.(Carta 103 de Elena G. de White, 1894 (15 de marzo de 1894), publicada en Mensajes selectos, vol. 2, p. 980).

Autor: Patrimonio Elena G. de White. Washington D.C. 5 de noviembre de 1969 | Mecanografiado nuevamente: marzo de 1989