¿Por qué defender la libertad religiosa?

¿Por qué defender la libertad religiosa?

El 2 de marzo de 1997, dos adventistas del séptimo día -Gadzimuraf y Tatiana Gadziyev-, que vivían en Buinaksk, Daguestán, Rusia, fueron arrestados y torturados. Dos días más tarde, una turba de cinco mil fanáticos se reunió en la plaza central de la ciudad. Llegó un auto con la pareja. Un hombre derramó una lata grande de gasolina sobre ellos y les prendió fuego. La turba rugió su aprobación. La televisión local registró este evento espantoso.

Gadzimurat fue acusado de asesinar a una niña de 12 años. No ha­bía evidencias y no hubo juicio; solo una ejecución sumaria realizada por una turba. ¿Por qué? Gadzimurat era un ex musulmán que se había hecho adventista del séptimo día. Los fanáticos religiosos de Buinaksk pensaron que hablaba demasiado de su nueva fe. El fuego de la intole­rancia religiosa y de la violencia había extinguido la libertad religiosa. ¡Qué crimen espantoso!

¿Por qué defendemos, como iglesia, la libertad religiosa?  Defendemos la libertad religiosa porque cada vez más se ve amena­zada su misma existencia. Se nos dice que cada día, en alguna parte mundo, aproximadamente mil cristianos son perseguidos. Nadie fuera de Dios conoce la cifra exacta. Muchos millares de cristianos y no cristianos pierden sus vidas simplemente porque creen algo diferente de lo que cree la mayoría o porque no tienen ningún sistema de creencias.

¿Es un crimen no creer como la mayoría?

¿Es un crimen observar el sábado como día religioso de descanso?

¿Es un crimen no ir a la iglesia, a la sinagoga o a la mezquita?

Algunos gobiernos responderán “¡Sí!” Algunas personas respon­derán “¡Sí!” Extremistas religiosos de cada lado responderán “¡Sí, lo es!” Los que responden “Sí” forman parte de la amenaza más peligrosa para la libertad religiosa hoy.

La libertad religiosa también está amenazada por las personas re­ligiosas. Mark Twain escribió: “El hombre es un animal religioso. Es el único animal que ama a su prójimo como a sí mismo y que le corta el cuello si su teología no es correcta”.

¿Somos personas raras cuando defendemos la libertad religio­sa? ¿Somos malos ciudadanos? ¿Nos oponemos a lo que es bueno? ¿Estamos tratando de destruir nuestro país? No. Al defender y proteger la libertad religiosa, somos fieles para con aquellos que luchan por los derechos humanos.

La libertad es un regalo muy frágil

Debemos protegerla cada día y en todas partes. ¿Sabía que en los Estados Unidos, cada día laboral, en promedio, dos o tres adventis­tas del séptimo día pierden su trabajo por la intolerancia religiosa? Debemos defenderlos.

El apóstol Pablo no dudó en usar a ley para proteger su derecho a predicar el evangelio. Pablo fue arrestado en Jerusalén. El comandante romano decidió azotarlo. Pablo dijo: “¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?” (Hech. 22:25). Pablo conocía sus derechos. La libertad religiosa es un derecho humano fundamental.

Al defender la libertad religiosa, somos leales a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (UDHR), que declara en su Artículo 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia”.

U Thant, tercer secretario general de las Naciones Unidas, hizo comentario acerca de la UDHR: “Este es un prerrequisito esencial para la paz en casa y en el mundo”.

Los ciudadanos estadounidenses que defienden la libertad religiosa son fieles a los padres fundadores, a la Constitución, a la Primera Enmienda, y a la paz y los derechos humanos. Al hacerlo, defienden lo mejor de la civilización, el derecho de conciencia y la dignidad del ser humano. Esto significa que el individuo no es propiedad de un Estado, de una iglesia o de una organización. Él o ella tienen el derecho de elegir de acuerdo con su conciencia. Es mejor para cualquier país que su pueblo sea libre de adorar a Dios y de seguir su conciencia.

Podría detenerme aquí. Esto debería ser suficiente para que usted y yo defendamos la libertad religiosa. Estas son buenas razones para todos los que creen en la necesidad de defender este derecho funda­mental. Pero, como adventista del séptimo día, tengo algunas razones más profundas todavía.

¿Por qué defienden los Adventistas la libertad religiosa?

La libertad religiosa es un don de Dios. Dios creó a los hombres y a las mujeres con la habilidad de elegir. ¡Eso era riesgoso! ¿Por qué lo hizo? Porque nos ama. Porque desea tener una relación de amor con no­sotros. Pero no hay crecimiento, no hay verdadera realización sin amor, y no hay amor sin libertad para elegir. Dios nos dio este regalo de amor, el derecho a elegir, el derecho a decir “sí” o “no”.

Moisés respetó ese derecho. En su último discurso, le dijo al pueblo de Israel: “Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” [Deut. 30:19). Josué hizo lo mismo. Él dijo: “Escogeos hoy a quién sirváis […]. yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). Jesús nos dice, a cada uno de nosotros: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20). La libertad es un regalo de Dios y la libertad religiosa es el feliz efecto de ese don yo lo he recibido, y tengo que compartirlo y protegerlo.

Somos fieles a nuestra historia. La libertad religiosa es un rega­lo de nuestros pioneros. Elena de White escribió varias declaraciones muy importantes acerca de la libertad religiosa. Ella respaldó la postu­ra de Rogelio Williams, al decir:

“que cada hombre debía tener libertad para adorar a Dios según el dictado de su propia conciencia”. (Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos, (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), p. 339)

El 21 de julio de 1889, nuestros pioneros fundaron la Asociación Nacional de Libertad Religiosa. Firmaron una Declaración de Principios que incluía la declaración: “Creemos que es el derecho, y debería ser el privilegio de todo hombre, adorar de acuerdo con los dictados de su propia conciencia”. Cuatro años más tarde, fundaron la Asociación Internacional de Libertad Religiosa. Hoy, esa Asociación (IRLA) organi­za congresos mundiales, simposios internacionales y seminarios sobre libertad religiosa. Tiene organizaciones asociadas en ochenta países.

Contribuimos significativamente a la misión profética de la iglesia. Necesitamos libertad religiosa para cumplir con nuestra misión. La misión que Jesús nos dio fue: “Id, y haced discípulos a to­das las naciones” (Mat. 28:19]. Más de seis mil millones de personas viven actualmente en nuestro planeta. Los miembros bautizados de la Iglesia Adventista del Séptimo Día son solo quince millones. Para sembrar las semillas de esperanza, necesitamos libre acceso al campo. Necesitamos mantener las puertas abiertas. Necesitamos trabajar con los cuatro ángeles que están reteniendo los vientos devastadores de la guerra. Recuerden, la persecución no ayuda al evangelismo. La perse­cución detiene el evangelismo.

Es un mito creer que la persecución mejorará nuestras oportunida­des y nuestra capacidad para cumplir con nuestra misión. Para evan­gelizar exitosamente al mundo, necesitamos libertad religiosa.

Debemos ser fieles a la visión de nuestros pioneros. La visión de nuestros pioneros surge como un hermoso rayo de sol en un cielo tormentoso. Es la respuesta a la persecución. Elena de White escribió:

“El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica, y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto; confiado a nuestras manos” (Elena G. de White. Los hechos de los apóstoles, p. 57)

Imagine dos movimientos opuestos.  En un lado están las restricciones y las persecuciones. Del otro lado hay un pueblo piadoso defendiendo la libertad de religión. No una o dos personas, sino personas de toda nación, raza y lengua, que están levantando en ato el estandarte.

Esto impresionará a la elite de todas las naciones.  Impresionará a líderes del Gobierno y a los líderes de la religión. Impresionaría al cre­yente sencillo y atraerá a lo mejor de toda la humanidad.

Ellos nos preguntarán: “¿Por qué hacer esto? ¿Qué interés tienen en esto?” Y nuestra respuesta será: “Estamos defendiendo sus dere­chos porque creemos y servimos al Dios que le dio estos derechos”. Esto será un tremendo testimonio para el mundo.

¿Por qué están haciendo esto? Esta es la pregunta que hizo un co­rresponsal de Chrístianity  Today Cristianismo hoy. Esta revista tan cono­cida publicó un excelente informe sobre el Cuarto Congreso Mundial de Libertad Religiosa llevado a cabo en Río de Janeiro. El informe men­cionó en forma positiva a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

¿Por qué están haciendo esto? Esta es la pregunta que hizo el mi­nistro de Justicia del Brasil, quien pronunció el discurso de apertura del Congreso. Es la pregunta que hizo el arzobispo de Río de Janeiro.

La primera pregunta que hacen siempre es: “¿Por qué ustedes, ad­ventistas del séptimo día, están listos para defender la libertad religio­sa de los no adventistas?” La gente se sorprende y quizá sospecha que tengamos una agenda secreta. Pero, cuando defendemos el principio de libertad religiosa estamos haciendo lo que creemos. Esto nos da credibilidad y abre muchas puertas. No hay secretos. Nuestra posición, en cuanto a la libertad religiosa, es transparente.

Una invitación a defender la libertad religiosa

Defendemos la libertad religiosa porque está amenazada; es un derecho humano fundamental reconocido, un regalo de Dios, un regalo de nuestros pioneros; es nuestra historia, nuestra identidad, nuestra misión profética. Esta es la razón por la que defendemos esta causa noble y usted puede ayudar.

Sin la ayuda de Dios y el apoyo de ustedes, solo seremos especta­dores en esta batalla. El Señor encontrará a otros discípulos que hagan la obra. Perderemos una oportunidad singular de presentar este regalo de Dios al mundo.

Por favor.

  • Apoyen sustancialmente la revista**Liberty.
  • Apoyen a Asociación Internacional de Libertad Religiosa.
  • Apoyen a los que están defendiendo esta importante causa.
  • Practiquen los principios de libertad religiosa en su vida diaria.
  • Agradezcan a Dios por la libertad que tienen y oren por los que son perseguidos.

Somos hijos e hijas de Dios, discípulos de Jesús; somos cristianos, adventistas del séptimo día. No podemos ser espectadores pasivos mientras hay gente que muere, mujeres que son violadas y niños escla­vizados simplemente porque no tienen la religión conecta o porque no tienen ninguna religión. No podemos ser espectadores pasivos mientras turbas fanáticas destruyen iglesias y las constituciones de algunos países ordenan la muerte para los que cambian su religión. No podemos ser espectadores pasivos mientras los ciudadanos de un país libre pierden sus trabajos porque eligen adorar en sábado o en domingo.

En tanto la iglesia de Cristo viva, en tanto el mundo dure, hasta el regreso de Jesús, continuaremos defendiendo la libertad religiosa en nuestras iglesias y en la arena pública. Aunque estemos libres o escla­vizados, defenderemos la libertad religiosa para todos, hasta que Dios establezca su Reino eternamente.

Autor: Dr. John G. | Director de Libertad Religiosa de la Asociación General.