Romanos 13:11-14: ¿Esperas a Cristo?

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. ” (Rom. 13:11-14)

Conociendo el tiempo, ¿qué tiempo mis amados? ¿Conocemos realmente el tiempo en que estamos viviendo?

¿Vivimos cada día como si fuera el último para estar en paz con Dios y los hombres? Lamentablemente podemos saber el tiempo en que estamos viviendo pero, no entenderlo en el sentido de vivir como nos manda la Palabra de Dios que vivamos en estos tiempos. Estamos dormidos, vivimos en un letargo espiritual impresionante, empezando por mí, esta serie de estudios no nacen bajo la premisa de conocer la condición de un hermano, nacen bajo la premisa de conocer mi verdadera condición espiritual ante el Eterno.

En el libro de Oseas en Señor nos dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.” (Oseas 6:1-3)

¿Cuál es la promesa? O mejor debo preguntar, ¿qué debemos hacer para que se cumpla esa promesa en nuestras vidas?: “Venid y volvamos a Jehová” Debemos regresar a Jehová hermanos, debemos consagrarnos a El, dedicarnos a El y entonces, solo entonces, nos despertará de ese letargo espiritual en que nos encontramos. Que no nos ocurra como le sucedió a los discípulos en el Getsemaní cada vez que Cristo venía a verlos, que triste sería que Cristo nos encuentre dormido en su segunda venida a sus profesos seguidores.

Desde antes de ser adventista escucho que Cristo viene, desde antes de tan siquiera conocer o escuchar de la iglesia adventista ya sabía que Cristo veniapor nuestros hermanos evangélicos y pentecostales, cuando me bautice en la iglesia adventista, saboree mas esa promesa, tenía el primer amor por primera vez pero, lamentablemente con el tiempo perdemos ese primer amor. Ese primer amor que también perdió la iglesia de Efeso (Apoc. 2:4).

“La noche está avanzada, y se acerca el día.” (Rom. 13:12) Aun con toda la verdad que se nos ha confiado permanecemos dormidos, aun con tanta luz que no nos debería dejar dormir ni por un instante, estamos muy dormidos, estamos durmiendo como un bebé, un sueño muy profundo, y peor aun, estamos acostumbrado al pecado mis amados, no hemos aprendido a odiar el pecado, todo lo contrario, hemos aprendido a acariciarlo y a amarlo.

“Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.” (1Juan 2:8)

La verdad del sábado, del Santuario y del estados de los muertos eran luz (verdades) que estaban apagadas (olvidadas) pero, la luz a la que hace referencia aquí Juan es evidentemente Cristo. No digo que los temas del sábado, el santuario y el estados de los muertos no sean importantes, por supuesto que no, sin embargo, de qué me sirve saber esos temas de tapa a tapa, sino tengo a Cristo en mi mente, en el último versículo de la cita en discusión (Romanos 13:11-14) abundaremos un poco mas sobre Cristo. Cristo fue la luz que descendió del cielo, si tenemos tal luz, o si profesamos tener dicha luz, ¿por qué dormimos?  ¿Acaso no es peor saber lo que hay que hacer y no hacerlo, saber como vivir y no vivirlo? (Santiago 4:17).

“Desechemos, pues, las obras de las tinieblas,…” Dos cosas que identifican a una persona cuando anda en tinieblas, primero no tiene comunión con Dios (1Juan 1:16) y segundo, aborrece a su hermano (1Juan 2:9). Ahora, Juan  no concluye ahí, todo lo contrario, refuerza su tema de la luz, primero que Dios es la luz (1Juan 1:5), donde está Dios, no hay tinieblas, por ende, si tenemos a Dios genuinamente en nuestras vidas, tendremos luz, viviremos en luz y no en tinieblas. Segundo, y no menos importante, el amor a mi prójimo, el estar en comunión unos con otros… “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros,…” (1Juan 1:7) La palabra que se usa en éste versículo para comunión es Koinonia, que entre su significado, se encuentra interacción/compañerismo, y ninguno de nosotros tiene interacción con sus enemigos a menos que sea un hipócrita, y los hipócritas no entraran al reino de los cielos (Mateo 24:51). Así que, sea genuina nuestra interacción, o mejor dicho, amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismo.**

“y vistámonos las armas de la luz.”

“Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.” (Eclesiastés 9:18). Nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas y etc… (Efesios 6:12). Nuestra lucha mi amado en Cristo, no es contra mi esposo o esposa, contra mi vecino o mi pastor de iglesia.

¿Cuáles son esas armaduras a las que hace referencia Pablo? El mismo Pablo nos responde en otro de sus escritos:

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,…” (2Cor. 10:3-5)

La parte que quiero enfatizar de estos versículos es: “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,….” ¿Cómo logramos eso? Martin Lutero en una ocasión dijo que su conciencia estaba cautiva de la Palabra de Dios, ¿cómo logramos eso mis amados? Es muy simple, todos nosotros lo conocemos pero, que difícil se no ha puesto el llevarlo a la práctica. La misma Palabra de Dios dice que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4). ¿Vivimos de la Palabra de Dios? ¿Realmente hemos aprendido a vivir de toda Palabra que sale de la boca de Dios?

¿Cuántos de nosotros cuando nos encontramos en dificultades y aflicciones vivimos de Fil. 4:6? ¿Cuántos mis amados? Saben cuál es la consecuencia de vivir de esa palabra de Dios, leámoslo: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:7)

Pablo, bajo la guía del Espíritu Santo presenta este tema magistralmente. En Efesios Cap. 6 leemos las armaduras de las cuales un cristiano debe aferrarse en estos últimos días:

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;  y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” (Fil. 6:10-20).

Eso mis amados, es vivir de la Palabra de Dios, Pablo vivía de la Palabra de Dios que es viva y eficaz (Heb. 4:12). ¿Cuando aprenderemos a vivir de la Palabra, queremos aprender a vivir por la Palabra? Cuando aprendamos a vivir de la Palabra de Dios, entonces vamos a poder decir como dijo Pablo: Para mí el vivir es Cristo. (Fil. 1:21)

“Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,…”

Andemos como de día, mejor dicho, andemos como hijos de luz, andemos según la luz (el conocimiento) que tenemos de la Palabra de Dios (1Tes. 5:5; Ef. 5:8). Como en los días de Noé –dijo el Maestro-…: “ Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mat. 24:38). El tiempo de Noé el Maestro lo tomó como una analogía a nuestro tiempo, deténganse a pensar, ¿qué diferencian ambos tiempos? ¿Acaso la diferencia es mucha? Personalmente creo que no, y para muchos de ustedes sé que tampoco hay mucha diferencia, a veces me cuesta creer que nuestro tiempo es peor que el de antes pero, la realidad puede ser que sí, que estamos peor que antes.

El Señor está haciendo un llamado no solo a nuestra amada Iglesia Adventista del SéptimoDía, sino a todo su pueblo en todo el mundo, el Señor te está llamando mi amado, nos está llamando pero, sus planes no se detendrán por nosotros, sus planes seguirán contigo o sin ti, conmigo o sin mí, sin embargo, el Señor quiere contar contigo, quiere contar conmigo, inmensurable amor amado en Cristo, inmensurable amor. La misericordia de Dios es grande, pero está llegando a su límite.

Pablo en Romanos nos dice: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,…” Esas contiendas, son los frutos de la carne, los frutos del viejo hombre, si todavía batallamos con eso, entreguemos el YO, nuestro peor enemigo a Aquel que ha prometido darnos vida y vida en abundancia (Juan 10:10).

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gal. 5:19-21).

Si practicamos tales cosas no heredaremos el reino de Dios. ¿Eso queremos? Tanto tiempo en el adventismo, ¿para qué?. Estar casi salvo, es estar completamente perdido.“Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1Cor. 9:26, 27). Si para ti hasta el día de hoy ha valido la pena mirar el galardón desde lejos, por los ojos de la fe, ¡cuanto mas debe valer la pena recibirlo! “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.” (Fil. 4:4, 5)

“sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. ” (Rom. 13:11-14)

Para concluir con la columna analizaremos las últimas líneas de los versículos en discusión. En cuanto a los deseos de la carne, creo que ya mencioné eso mas arriba, ya di la cita bíblica que describen los deseos de la carne (Gal. 5:19-21), sin embargo, además de eso, Pablo nos exhorta a vestirnos de nuestro Señor Jesucristo, ¿cómo hacemos eso? ¿Qué será, que significa vestirnos de Jesucristo? Este tema se puede extender bastante pero, no es mi intención, mas sin embargo, como laodicenses que somos, no reconocemos nuestra desnudez (Apoc. 3:17). Vestirnos de nuestro amante Salvador mis amados, es vestirnos de/con su justicia (creo –personalmente -que mejor sería, aceptar su justicia, porque nosotros ninguna tenemos), vestirnos de su carácter mis amados, sencillamente es eso.

Pablo en Efesios 4:24 nos dice: “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

En Gálatas 4:19 Pablo nos vuelve a confirmar: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,…”

Les invito a estudiar Filipenses 2:1-8: ¡Vestíos del Señor Jesucristo!