Parte I: La historicidad de Daniel: Comentario a Daniel 11

Daniel 11 es uno de los capítulos más extensos y más enigmáticos. Distintas escuelas de interpretación han tratado de visualizar el flujo histórico que Gabriel relata a Daniel, y sin embargo, no todos concuerdan plenamente. Sí es interesante cómo la interpretación de Antíoco Epífanes ha ganado mucho terreno en los comentadores apocalípticos evangélicos. No obstante, los adventistas del séptimo día, seguimos manteniendo viva la antorcha del historicismo, lo paradójico, es que aún, aunque sigamos manteniendo el método historicista de interpretación, no hay unanimidad en cuanto a la interpretación de Daniel 11. Esto puede verse hoy en día y a cierto grupo de hermanos que han sido influenciados por el dispensacionalismo y han interpretado Daniel 11, específicamente los vers.40-45 como apuntados al futuro y con cumplimiento en el medio oriente, encontrando hoy en día un cumplimiento.

Nuestra intención en esta monografía, es poder exponer de manera precisa y concreta el método historicista, para ello hemos recurrido a dos intérpretes expertos en Daniel, William H. Shea y Antolín Diestre Gil, ellos, aunque presentan diferencias, exponen de manera sencilla y elocuente, cómo el hilo profético se cumple en medio de la historia, y aunque no son certeros en algunos puntos, el escritor de este artículo, intentará dar algunas soluciones al cuadro profético de Daniel 11.

La primera parte de esta monografía, será un comentario sobre los v.1-16, y posteriormente una segunda parte expondrá la interpretación de los v.17-45. Sin embargo, en este comentario no intentamos dar herramientas hermenéuticas de cómo interpretar Daniel 11, pues esa no es la intención, adoptamos por defecto el método historicista y en base a él explicamos la profecía. Así, de esa forma, queremos ser una guía de cómo interpretar de una forma historicista, Daniel 11.

Gabriel, dirigiéndose a Daniel, comienza diciendo:

“Y ahora yo te mostraré la verdad.  He aquí que aún habrá tres reyes en Persia,  y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos;  y al hacerse fuerte con sus riquezas,  levantará a todos contra el reino de Grecia.” Dan 11:2

La visión (mar’eh) se ha dado en el año tercero de Ciro (10:1), y el texto posiciona a tres reyes en Persia en un futuro, (“aún habrá”). Por tanto, los reyes que vendrán deben ser posteriores a Ciro II el Grande. En efecto, se sabe por la historia que después del reino de Ciro vinieron al trono de Persia los siguientes tres reyes:

  • Cambises
  • Falso Esmerdis
  • Darío I Histaspes

Hay quienes como Jaques B. Doukhan[1] sacan de la lista al Falso Esmerdis e insertar como tercer rey a Jerjes y a Artajerjes como el cuarto[2] arguyendo que el Falso Esmerdis sólo fue un impostor y que no ostenta el título de “rey”. Otros, insertan al Falso Esmerdis y dejan como cuarto rey a Jerjes, arguyendo que Artajerjes no “levantó a todos contra Grecia”, sino que fue Jerjes el único que “levantó a todos contra Grecia”. El autor de esta monografía, opta por tomar la posición de Doukhan, el cual saca de la lista al Falso Esmerdis y pone como cuarto rey a Artajerjes. La respuesta a los que argumentan que Artajerjes no “levantó a todos contra Grecia” se halla en las guerras médicas, pues aunque no comenzaron con Artajerjes, debido a que la primera guerra médica comienza con Darío I, en la tercera, la cual fue partícipe Artajerjes I, es con la que se hace realmente conocido Persia y su influencia en el antiguo cercano oriente. Además, vemos que Gabriel no relata de una forma cronológica los hechos sino que menciona los reyes más importantes. Incluso, la importancia radica en torno a que Artajerjes fue quien dio el edicto que ayudó a construir Jerusalén y dar inicio a la profecía de Daniel 9:24-27. Por ende, los “tres reyes en Persia”, serían, por lo tanto:

  •  Cambises
  • Darío I Histaspes
  • Jerjes I

“Se levantará luego un rey valiente,  el cual dominará con gran poder y hará su voluntad Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo;  no a sus descendientes,  ni según el dominio con que él dominó;  porque su reino será arrancado,  y será para otros fuera de ellos.” vv. 3-4.

El uso del verbo “levantar” (‘amad) es sumamente característico de Dan. 11, el significado que posee este verbo es un levantar militar, una nueva puesta en escena de un poder. En Dan. 8 cuando se habla del macho cabrío y del carnero, se dice que nadie se podía parar delante de ellos (‘amad), pero cuando uno de ellos era derribado, significaba que otro poder se posicionaba como una nueva potencia mundial, el texto hebreo literalmente dice que se ponía en pié (8:4, 6). Por lo tanto, la idea que da a entender este verbo es que un nuevo poder se ha puesto en escena absorbiendo el poder anterior.

Este nuevo “rey” de 11:3 se levanta como nueva potencia, y, además, domina con gran poder. Pero, el texto va más allá y dice que este rey “hará su voluntad”.  Todo esto nos recuerda a uno de los personajes más emblemáticos de la Historia Antigua, Alejandro Magno, quien en poco tiempo, dominaba toda la región del mediterráneo haciendo su “propia voluntad”. Empero, aquel rey, cuando llegare a su máxime esplendor (“pero cuando se haya levantado”), sería “quebrado” y repartido hacia los cuatro vientos del cielo.

En relación a lo último mencionado, la Biblia nos cuenta que el reino no iba a ser repartido a sus descendientes ni a su linaje, sino que “será a otros fuera de ellos”.

Antolín Diestre Gil dice que, “la forma plural del demostrativo ‘aquellos’ (elleh), sólo puede apuntar al único plural existente en la frase, los ‘reinos’, en que, tras la muerte de Alejandro, habría quedado dividido el Imperio griego, sobreentendidos en ‘los cuatro vientos del cielo’.”[3] Por tanto, el reino de Alejandro Magno no iba a ser entregado a sus descendientes. La historia es clara en confirmar esta profecía, Alejandro tenía un hijo cuando murió, pero providencialmente no heredó nada de su reino, sino que su reino fue repartido a sus cuatro generales.[4]

Por otro lado, el vers. no dice que Alejandro conquistó Persia para posicionarse como nuevo imperio, o que se levantó en batalla contra Persia, ¿por qué?, Shea nos dice que, “la implicación clara es que este nuevo rey obtuvo su poder y reinado al derrotar a los reyes persas anteriores a él.”[5] Aunque el texto omite tal incidente, se sobreentiende por el vocabulario, específicamente al verbo usado en el vers. 3.

Ahora, la pregunta que surge mirando la profecía es que, aunque el relato angélico de Gabriel parece estar en un orden cronológico, históricamente no lo está. Ya que, Alejandro no vino después de Jerjes, sino muchos años después (¡alrededor de 100 años!). Shea apunta a esto de una forma clara, enseñando un principio hermenéutico fundamental en las profecías daniélicas: “hay un principio básico para interpretar las profecías apocalípticas de Daniel. Este principio es que: sólo es necesario continuar con un reino, o línea de reyes hasta que uno de importancia es introducido en la escena de acción.”[6] Por lo tanto la profecía no se restringe a un relato cronológico históricamente continuo (hablando desde el punto de vista historiográfico), sino que más bien, posee una constancia profética de quién o cuál rey tiene importancia en la profecía; es como si Dios hubiera dejado huellas en la historia para ver en qué parte nos encontramos, sin que por ello, posean un flujo cronológico continuo.

La historia confirma la profecía sobre Alejandro Magno, diciendo que, “el dominio de Alejandro se extendió desde Macedonia y Grecia hasta el noroeste de la India, desde Egipto hasta el río llamado hoy Sir-Daria (antiguamente, Iaxartes), al este del Mar de Aral. Era el mayor imperio que el mundo hubiese visto hasta ese tiempo…” Pero, “en 323 a. C. este rey que gobernaba desde el Adriático hasta el Indo cayó repentinamente enfermo, y falleció 11 días después.”[7] El reino de Alejandro, posteriormente fue repartido entre sus cuatro generales. La profecía, se cumplió fielmente.

Los  reinos que más importan de esos “cuatro” que fueron repartidos a los vientos, son el sur y el norte, ya que, Dan. 11 se centra sólo en esos reinos debido a la relación con la localidad judía. Shea, comentando esto dice que, “las divisiones más importantes del Imperio Griego fueron Siria, incluyendo la provincia de Babilonia, la cual se ubicaba inmediatamente hacia el norte de ellos, y Egipto, que se encontraba en el sur de su territorio. Estas dinastías fueron conocidas como los ptolomeos en Egipto y los seléucidas en Siria.”[8]

“Y se hará fuerte el rey del sur;  mas uno de sus príncipes será más fuerte que él,  y se hará poderoso;  su dominio será grande.” v.5.

Es fácil interpretar esto en la historia, debido a que sabemos que el rey del sur está conformado por los Ptolomeos y los Seléucidas. La frase “y se hará fuerte” encuentra su eco en Ptolomeo I Sóter. Éste era un general de Alejandro Magno y tras su muerte fue nombrado gobernador de Egipto y Libia. Se dice que fue uno de los reyes más prudentes; en el 305 a.C, ya se había proclamado Faraón atribuyéndose las mismas características divinas de Alejandro. Sin embargo, la profecía dice que “uno de sus príncipes será más fuerte que él”.  Uno de los comandantes de Alejandro se “apropió del gobierno de la mayor parte de la porción asiática del imperio”, este comandante se llamó Seleuco I Nicátor.

En el 301 se desató la batalla de Ipso, donde Ptolomeo I, Seleuco I y Casandro pelearon contra las fuerzas de Antígono y su hijo Demetrio. Al término de la batalla Ptolomeo se apoderó del Mediterráneo oriental, Casandro de Grecia y Seleuco, el gran vencedor, de toda Asia Menor y de Siria. De manera que la profecía cumplió lo predicho en que “uno de sus príncipes será más fuerte que él,  y se hará poderoso;  su dominio será grande.”

“Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.” v.6

Al cabo de años, cuando Ptolomeo II Filadelfo, hijo de Ptolomeo I, reinaba en el sur y Antíoco II Theos por otro lado en el reino del norte, “formaron una alianza ligada por el matrimonio diplomático de Berenice con Antíoco”.[9] Sin embargo, cuando Ptolomeo II muere, la esposa de Antíoco Theos, llamada Laodicea, planea una revuelta para matar a su esposo, a Berenice y a su hijito.

Ptolomeo II juega un rol importante para nosotros ya que éste hizo traducir la Biblia Hebrea al idioma griego, llamada la LXX que fue usada posteriormente por la mayoría de los apóstoles y abrió un campo substancialmente enorme para el estudio de las Escrituras, ya no sólo los hebreos tendrían el privilegio de saber los designios de Dios, sino que estaba en un idioma común de aquél entonces.

“Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará.  Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.” vv.7-8.

El “renuevo de sus raíces”, en la historia conocido como Ptolomeo III Evergetes, hermano de Berenice, se “pondrá en pié” sobre su trono, para vengar la muerte de ella y su hijo. De esta forma, levantó una gerra contra Seleuco III Calínico. Oncken dice:

“[La] guerra entre Ptolomeo III Evergetes hermano de Berenice, y el hijo de Laodicea Seleuco II (Calínico)… que fue terrestre y marítima y en general favorable a los egipcios, acabó con un armisticio de diez años”.[10]

La expresión “hará en ellos a su arbitrio, y predominará”, se cumple fielmente en Ptolomeo III, el cual  salió victorioso de la batalla en venganza de su hermana y “avanzó triunfalmente tierra adentro por lo menos hasta Mesopotamia -aunque se jactó de haber penetrado hasta la Bactriana- y estableció el poderío marítimo de Egipto en el Mediterráneo.”[11]

Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra. (v.9)

El texto hebreo no es claro en decirnos si el sujeto es el “rey del sur” o quien “viene” (uba’). La LXX y Teodoción muestran que el sujeto es quien “viene”, es decir, el rey del norte. Este comentario apoya la última posición, ya que la narración del v.9 sigue el flujo anterior y confirma lo aplastante que fue Ptolomeo III sobre Seleuco II. Por lo que Seleuco aparentemente intentó vengar la derrota que sufrió, pero sin embargo, tuvo que volver a su tierra.

Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza. (v.10).

“Los hijos de aquél” claramente se refieren a los hijos de Seleuco II, los cuales se pueden verificar en la historia como Seleuco III Cerauno Soter y Antíoco III el Grande. Seleuco III fue asesinado después de un corto reinado. Por ende, quien “vendrá apresuradamente e inundará”, se refiere más bien a Antíoco III el Grande, quien en 219 a.C., inició su campaña en contra de Ptolomeo IV Filopator. Antíoco III fue el primer rey del norte que volvió a recobrar fuerzas para luchar en contra del rey del sur (Egipto).

“Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano. Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a muchos millares; mas no prevalecerá.”  vv.11-12.

El rey del sur, es decir, Ptolomeo IV Filopator se enfureció debido a la osadía de Antíoco III, y peleó contra él en la “batalla de Rafia sobre la frontera entre Egipto y Palestina” donde derrotó de manera aplastante a Antíoco III el Grande.[12]

Por otro lado, aquí debe entenderse que “aquella multitud” se refiere al ejército del rey del norte y no habla de una “multitud grande” del rey del sur, esto es característico de la literatura hebrea (paralelismos). La BJ lo ordena de esta forma: “Entonces, el rey del Mediodía [Sur], montando en cólera, saldrá a combatir contra el rey del Norte, que movilizará una gran multitud; pero esta multitud caerá en sus manos”.

Por lo tanto, “aquella multitud” que sería “entregada en su mano”, se refiere al ejercito de Antíoco III que fue derrotado. Polibio, historiador de la época, nos cuenta que “el ejército de Antíoco se componía de 62.000 infantes, 6.000 jinetes y 102 elefantes”.[13] Parte de todo ese gran ejército, fue entregado en las manos de Ptolomeo IV Filopator. Debido a esto, se elevó su corazón matando a muchos.

“Y el rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.” v. 13.

Antíoco III nuevamente volvió a enfrentarse con Egipto, sin embargo, esta vez tuvo más éxito, la Historia Universal de Oncken nos dice lo siguiente: “Antíoco, reinando todavía Filopator, se apoderó de Judea. Filopator murió en el 205 dejando por sucesor a un hijo de cinco años de edad llamado Ptolomeo V Epífanes, cuyo general Scopas invadió en una campaña de invierno la Palestina, sometió a todo el paós judío y conquistó muchas ciudades griegas (…).” Entretanto volvió a presentarse otra vez Antíoco y cerca de Paneas, al norte de Palestina, se dio, en 198, la batalla decisiva y mortífera en la cual venció al ‘sur’”.[14]

“En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero ellos caerán.” v.14.

Desde aquí en adelante, las interpretaciones varían y no es muy fácil tratar de encajar estos acontecimientos históricos en los versículos siguientes. Sin embargo, debemos seguir el flujo histórico y situarnos de acuerdo a los señalamientos que nos da el relato angélico. Anterioremente, el v.13 aludió a la conquista de Antíoco III el Grande en contra del pequeño Ptolomeo V Epífanes, y además, la posesión de Judea por parte de Antíoco III. Por ende, la expresión “se levantarán muchos contra el rey del sur” hace referencia todos los que, atacaron a Egipto. “Primero, estaba Antíoco III y sus tropas sirias. Luego enviaron sus compañeros. Antíoco III entró en una alianza secreta con Felipe V de Macedonia para dividirse las posesiones de Ptolomeo fuera de Egipto. Felipe, desafortunadamente, entró en conflicto con los romanos y sufrió una derrota a sus manos en la segunda guerra macedónica (200 a. C., a 196 a. C.).”[15]Es decir, que la primera parte del vers. hace referencia a todas los ataques que recibió el rey del Sur tras la muerte de Ptolomeo IV Filopator.

Por otro lado, debemos situarnos en el marco histórico de todo esto para saber quién realmente fueron los “hombres turbulentos de tu pueblo”. Varios autores adventistas, desde Urías Smith, Stephen N. Haskell, C. Mervyn Maxwell, y hasta el mismo Desmond Ford, hacen referencia a que los “hombres turbulentos”, no se refieren a un sentido genérico por parte del linaje de Daniel, sino más bien a Roma para resaltar el hecho de que son “turbulentos” que atacan a  “tu pueblo”. Este comentario toma la posición de Antolín Diestre Gil, la cual propone que los “hombres turbulentos”, son realmente los judíos que se levantaron contra los egipcios. Antolin nos dice que “en la época de Antíoco III, y en la posterior, existía un tipo de personas judías de ‘baja calaña’ y perversas que se alzaron en última instancia contra Egipto y favorecieron a los seléucidas”.[16]

Teniendo en cuenta esto, y habiendo aclarado un poco quiénes son los “turbulenos de tu pueblo”, es menester analizar la última parte enigmática del vers., la cual nos dice que ellos -los hombres turbulentos-, se levantarían para cumplir la “jazón”. Viendo de forma amplia la profecía daniélica, vemos que la “jazón” revelada en el cap.8 habla de un restablecimiento del santuario (8:14), sin embargo, vemos acá, que se habla de un pueblo judío que intenta “cumplir” esa “jazón”. Empero, los judíos no pudieron “cumplirla”, es decir, la reivindicación del santuario y el establecimiento del reino de Dios. Inclusive, Antíoco IV Epífanes, sucesor de Antíoco III, los sometió y profanó el templo hasta la revuelta macabea. De esto habla más detalladamente el siguiente versículo.

“Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.” v.15.

Aquél rey del norte es la persona de Antíoco IV Epífanes, el cual muchos comentadores, tanto futuristas dispensasionalistas como preteristas, ven su cumplimiento en las profecías daniélicas, inclusive, más explícitamente en Dan. 11. Ellos, sin embargo, ven su cumplimiento desde el vers.14 en adelante. Este comentario, por otro lado, sólo ve a este rey en el v.15; de hecho, no se puede negar que Antíoco Epífanes esté en la profecía daniélica, y no obstante, no se puede decir que todo el libro de Daniel gira en torno a él. El desarrollo histórico de la vara profética nos ha mostrado un avance y un desenlace de sucesos explícitos en la historia. Por ende, no podemos “saltarnos” este acontecimiento que marca el cierre de una época helenística para justificar nuestra interpretación. Antíoco Epífanes está en su correcto lugar en el libro de Daniel, es decir, sólo en un versículo.

La arremetida de Antíoco es dirigida en contra de Egipto y el versículo aparentemente hace alusión a la batalla que se desarrolló en la “ciudad egipcia fronteriza de Pelusio” en el 170/69 a.C. La “ciudad fuerte”, quizás se refiere a Jerusalén que fue tomada por este rey en el mismo año. Todo lo que este rey hizo se halla descrito en los libros apócrifos de 1 y 2 de Macabeos los cuales nos cuentan desde el punto de vista judaico todo lo relacionado a dichos acontecimientos. Se nos informa que Antíoco IV mandó a sacrificar un puerco en el Santuario para Zeus, dios griego. Algunos intérpretes ven esto como “la abominación desoladora” que se encuentra en los pasajes de Daniel (8:12,13;9:27;11:31), y además de ello, Antíoco Epífanes trató de imponer leyes griegas diametralmente opuestas a las hebreas. De manera que “es con Antíoco IV, después de la conquista de la ciudad egipcia fronteriza y de Jerusalén, y de haber despojado el templo, y de haber impuesto leyes griegas contrarias a la judía (aunque no se llevaron a efecto más que luego de sus otras dos campañas contra Egipto) que puede cumplirse realmente este versículos, puesto que entró hasta delante de la propia ciudad de Alejandría, venciendo a todas las ‘fuerzas del sur’ en el propio ‘reino del sur’.”[17]Sin embargo hubo un reino al cual Antíoco IV no fue capaz de hacerle frente, ese reino se describe ampliamente en los siguientes versículos.

“Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.” v.16.

La propuesta hecha, tanto por Antolín Diestre Gil como por William H. Shea, nos dice que la puesta en escena del nuevo poder mencionado en el vers.16, es Roma. A diferencia de los intérpretes adventistas más vetustos como Uríah Smith y Stephen N. Haskell hasta otros más recientes como C. Mervyn Maxwell y Desmond Ford. Ellos, como hacíamos mención en el comentario del vers.14, introducen a Roma dos versículos anteriores a la propuesta apoyada por este comentario.

Algo que hizo apoyar al escritor sobre este punto de vista, es la conexión de transición realizada en el vers.3 donde se nos presenta a Grecia en la persona de Alejandro Magno, descrita en las palabras del ángel como “hará su voluntad”. Ese nexo técnico es el que marca nuevamente la transición aquí en el v.16.

El texto, por otro lado, no dice que “el que vendrá” es el rey del sur, debido a que se sobreentiende en el v.15. También se debe resaltar el hecho de que es Antíoco IV quien sale victorioso en la batalla contra el sur, por ende, el poder mencionado en el v.16 se dirige “contra él”, es decir, contra Antíoco Epífanes.

“El que vendrá”, es un poder anexo a los reyes del norte y del sur ya mencionados. Este nuevo poder, “hará su voluntad”, de la misma forma, e inclusive mucho más destructivo que el reino del v.3, ya que el texto nos dice que “no habrá quien se le pueda enfrentar”, además, este poder entraría en “la tierra gloriosa”, o más precisamente palestina, la tierra del pueblo de Daniel. Sólo un poder cumple con estas características, y es el imperio Romano.


Referencias

[1] Basándose en Ibn Ezra, Ralbarg, Ibn Yashiah, Malbin, Rosh Hashana, etc, autores judíos que traen a colación esta interpretación. Y que además, aparentemente es confirmada por los historiadores griegos de la época, Tucídides, Diódoro y Herodoto. Ver además Antolín Diestre Gil. El sentido de la historia y la palabra profética, vol. 2, p. 283, quien también parece apoyar la posición que toma Doukhan en base a los autores judíos mencionados. Por otro lado, a diferencia de la posición anterior, hay quienes intentan insertar a Ciro como primer rey, diciendo que el v.1 apunta atrás para posicionarnos históricamente con la llegada de Ciro al poder mundial (año primero de Darío, 9:1 cf. 11:1, es decir, 539/8 a. de C.). Sin embargo, esa propuesta convertiría a la profecía daniélica en una vaticinia post-eventu, algo característico de la literatura apocalíptica intertestamentaria.

[2] Jaques B. Doukhan. Secretos de Daniel, 123.

[3] Antolín Diestre Gil. El sentido de la historia y la palabra profética, 2:284.

[4] Ptolomeo, Lisímaco, Casandro y Seléuco.

[5] William H. Shea. Daniel: A reader’s guide, 239.

[6] William Shea, Selected Studies on Prophetic Interpretation, 41.

[7] Francis Nichol. ComentarioBíblico Adventista, 7:891.

[8] William H. Shea. *Daniel, *239.

[9] Shea., 240.

[10] Oncken. Historia Universal, vol. III, op. c., p.180 citado en Antolín Diestre Gil. El sentido de la Historia, 2:289.

[11] Nichol, 7:893.

[12] Shea.* Ibíd.*, 240.

[13] Nichol. Ibíd.

[14] Citado por Antolín. El sentido de la Historia, 2:291.

[15] Shea, 241.

[16] Antolín Diestre Gil, 2:295.

[17] Antolín, 2:297.