Mujeres que ayudaron a Pablo

Debido al contexto sociológico de la época, la Iglesia primitiva no pudo extraer de forma inmediata las consecuencias que se derivaban del nuevo y revolucionario concepto de la unidad de los sexos en Cristo. Pablo sabía que el bautismo de Cristo había suprimido en principio la distinción entre libres y esclavos (Gal. 3:29) y dedujo, como lógica conclusión, que los esclavos debían ser liberados (1 Cor. 7:21–23). Sin embargo, el sistema social de la época le llevó a aceptar la esclavitud como un mal necesario. De la misma forma, las ideas vigentes en su tiempo le imposibilitaron realizar en profundidad la igualdad en Cristo entre hombre y mujer en la que creía con firmeza (Gal. 3:28). En este contexto es extraordinariamente significativo que ya en tiempos de Pablo las mujeres ejercieran funciones de ministerio en la Iglesia.

En la carta a los Romanos recomienda «a nuestra hermana Febe, diaconisa», gr. usan diákonon, οῦσαν διάκονον, de la iglesia de Cencrea (Ro. 16:1). La palabra diákonos, διάκονος, aplicada a > Febe no tiene realmente el sentido de una función ministerial precisa, sino el de «servidora», habitual en el NT (cf. Ef. 6:22). Otras mujeres que aparecen en la salutación son: > Prisca y > Aquila, «colaboradores míos en Cristo Jesús»; María, «que se ha afanado mucho por vosotros»; > Trifena y > Trifosa, «que se han fatigado por el Señor»; > Pérside, «que trabajó mucho en el Señor» (Ro. 16:1–16). En estos casos Pablo se está refiriendo con certeza a tareas apostólicas.

En el caso de > Evodia y > Síntique, «que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos» (Filp. 4:2–3), indica, sin duda, una participación en la tarea evangelística.

En Lc. 8:2, 3 tenemos el precedente probable del servicio de las mujeres en las primeras comunidades cristianas; el propio Cristo se hacía acompañar por un determinado número de mujeres que le servían con sus bienes. La relación social entre los sexos en la cultura antigua haría del empleo de las mujeres una solución ideal para la atención a huérfanos y viudas, así como para la educación de catecúmenas (Tit. 2:4).

Así como habían acompañado a Cristo en su ministerio (Luc. 8:1–4), también las mujeres participaron en la construcción de las primeras comunidades cristianas. Clemente de Alejandría afirma que «los apóstoles, dedicados sin respiro a la tarea de la evangelización, como corresponde a su ministerio, han llevado consigo mujeres, no como esposas sino como hermanas, para compartir su ministerio hacia las mujeres que viven en sus hogares: por medio de ellas, las enseñanzas del Señor llegan a las estancias de las mujeres sin levantar sospechas» (Strómata 3, 6, 53). En su correspondencia con el emperador, Plinio menciona que ha hecho detener a dos mujeres cristianas que ocupaban una posición oficial. «Lo que me parece más necesario es averiguar la verdad sobre esas dos mujeres esclavas, las cuales son llamadas ancillae, aunque sea sometiéndolas a tortura» (Lib. X, Ep. 96, 8). Quizá la palabra latina ancillae, «sierva», corresponda a la gr. diákonoi, διάκονοι.

De la mártir Tecla se dice que estuvo en casa de Trifena «durante ocho días, instruyéndola en la Palabra de Dios, de tal manera que la mayor parte de sus sirvientes creyeron» (Hechos de Pablo y Tecla, 38–39).

-Alfonso Ropero Berzosa