Lugares altos, alteres y el Bamah

Lugares_Altos_Altares

Este altar labrado a partir de una roca de caliza tiene aproximadamente 2.5 metros de ancho y 1.5 metros de alto. Está ubicado a 1.5 kilómetros de Siloé, y cada una de las cuatro puntas apunta a la cuatro direcciones cardinales (Ex. 27:1-2). Los restos claramente demuestran que se sacrficaban animales sobre este lugar alto.

El altar al aire libre, llamado bamah (en plural bamot), es conocido gracias a varios libros del canon bíblico, pero sobre todo el Libro de los Reyes, donde desempeña un rol prominente al evaluar el reinado de cada rey. Aunque a menudo se lo menciona como “lugares altos” en las traducciones de la Biblia, los bamot eran sitios de adoración que usualmente contenían un altar. Se puede obtener una comprensión general acerca del bamah y cómo funcionaban gracias a la Biblia así como también a la arqueología.

El término bamah puede significar “espalda, colina, altura, monte”.[1] En el texto bíblico es usado para hablar de la “espalda de los enemigos” (Deuteronomio 33:29), “alturas” (Deuteronomio 32:13; Isaías 58:14; Miqueas 1:3; Amos 4:13; Hageo 3:19; Salmos 18:34), “altura de las nubes” (Isaías 14:14) u “olas del mar” (Job 9:8)[2]. Debido a esto, el eminente erudito Roland de Vaux dijo: “la idea que esta palabra expresa, es algo que se destaca en relieve a su trasfondo, pero la idea de una montaña o colina no está contenida en la palabra misma”.[3] Esto podría explicar porque esta palabra es usada incluso cuando el sitio de adoración no está ubicado sobre una colina. El cognate ugarítico y acadio usualmente significa la espalda de un animal.[4] El acadio también puede significar una tierra que está elevada.[5] En el texto de la Biblia, estos sitios de adoración pueden ser encontrados en colinas (2 Reyes 16:4; 17:9-10; 1 Reyes 11:7), pueblos (1 Reyes 13:·2; 2 Reyes 17:29; 23:5) y en la puerta de Jerusalén (2 Reyes 23:8). Esdras 6:3 dice que estaban en barrancos y en valles. La posición de un bamah en el valle también puede encontrarse en Jeremías 7:31; 32:35.

Aunque algunos especialistas traducen bamah como “lugar alto”, hay motivos para creer que muchos de estos lugares de adoración estaban ubicados en centros urbanos.[6] Dado que a menudo son encontrados sobre colinas, en las puertas de las ciudades (2 Reyes 23:8) y en valles (Jeremias 7:31), Martin J. Selman, director de estudios de posgrados y vicerrector en Spurgeon College, Londres, dice: “La característica esencial de un bamah era, por lo tanto, no su ubicación o altura, aunque usualmente consistía en al menos una plataforma, a veces con un edificio o edificios anexados (2 Reyes 17:29; 23:19), sino su función como un sitio para propósitos religiosos.[7] Por lo tanto, puede ser más fácil interpretar los lugares altos no como una referencia a un espacio temporal, sino a un lugar teológico “más elevado”.

Se piensa que los bamot eran montículos artificiales, que pueden o no haber incluido una roca prominente.[8] Hay un poco de debate acerca de si la palabra bamah se refiere a un montículo natural que ya estaba presente o al altar en sí.[9] Si era algo que fue construido, entonces se podrían entender las referencias a bamot que eran construidos (1 Reyes 11:7; 14:23; 2 Reyes 17:9; 21:·; Jeremias 19:5) y destruidos (2 Reyes 23:8; 18:4). A menudo se añadían edificios a los bamot (1 Samuel 8:22; 1 Reyes 3:5) –casas/templos- donde se llevaban a cabo rituales y se guardaban los ídolos (1 Reyes 12:31; 2 Reyes 17:29, 32; 23:19).[10] El afamado arqueólogo W. F. Albright había afirmado que los bamot era usados con propósitos funerarios, pero esto ha sido desafiado por W. Boyd Barrick.[11]

De vax sugirió que los bamot israelitas siguieron el modelos de los cananeos.[12] El bamah también es conocido gracias al texto de Ras Shamra.[13] En megido, ubicado en la cadena montañosa del Carmelo que domina el valle de Jezreel por el oeste, se cree que se encontró un bamah. La estructura era una plataforma oval de 7×9 metros, que tenía 2 metros de alto y estaba compuesta por grandes piedras y tenía escaleras que llevaban hasta la cima.[14] Un muro rodeaba la estructura. Una estructura cúltica encontrada en Nahariyah, oeste de Galilea, fue descubierta en 1947 y data de mediados de la edad de bronce, aunque fue utilizada hasta fines de la edad de bronce.[15] Consiste en un altar circular al aire libre, que se parece al encontrado en Megido, junto con un edificio rectangular que probablemente era usado como taller.[16] Se piensa que dos bamot fueron encontrados sobre una colina cerca de Malhah que datan del siglo VII o VI a.C. De Vaux dice: “No hay necesidad de dudar: estas intalaciones eran bamah. Datan desde la antigua época cananea hasta el fin de la monarquía en Judá”.[17] Por lo tanto, parece que la evidencia arqueológica apoya el relato bíblico de la ubicación de los bamot y el período de tiempo en que fueron usados.

El consenso general es que antes de que el Templo fuera construido en Jerusalén, las personas adoraban legítimamente en los bamot.[18] El eminente erudito Beth Alpert Nakhai dice: “El largamente legítimo bamot y el antiguo santuario en Betel no eran vistos como símbolos del pasado impío de Israel”.[19] Sin embargo, el texto no dice que este tipo de adoración era correcto incluso en ese tiempo. De hecho, el énfasis en el “lugar” sugiere que Salomón debía enfocarse en la construcción del Templo para deshacerse de estos altares, y que estos sitios de adoración estaban entorpeciendo el proceso. Incluso en esta etapa, los lugares altos eran vistos como lejos del ideal, especialmente considerando que el ideal era posible. Aun así, la interpretación del “lugar” no es simple. La frase “el lugar donde Dios establezca su nombre” solo se encuentra en tres libros del Antiguo Testamento: Deuteronomio, Crónicas y Reyes.

Algunos especialistas, como Selman, creen que en tanto se llevara a cabo la auténtica adoración a Yahweh en los bamot, no había ningún problema con su existencia, particularmente con el lugar alto en Gabaón (1 Samuel 9:16-24; 1 Reyes 3:4-5; 2 Crónicas 1:3-7).[20] Ellos argumentan que no fue sino hasta las reformas de Josías que los lugares altos fueron considerados como inaceptables. Estos eruditos no han ignorado las declaraciones anteriores contra los bamot, sino que los han interpretado como juicios contra la adoración pagana o el sincretismo, especialmente acerca de los postes de aserá y los massebot.[21]

Algunos argumentan que los bamot no eran un problema en sí mismos, sino que el problema era el sincretismo y los pilares sagrados. Sin embargo, la vasta mayoría de veces en que los bamot son mencionados, es en conexión a reyes que reciben una opinión positiva (1 Reyes 15:14; 22:43; 2 Reyes 12:3; 14:4; 15:4; 15:35; 16:4; 18:4; 18:22; 23:5-20). De hecho, en el caso de Asa (15:14), se dice que desplazó a la reina madre porque tenía una asera (v. 13). Walsh dice: “la actitud de un rey hacia los lugares altos serían uno de los criterios por los cuales el narrados los juzgaría: si intentaba destruirlos, era bueno; pero si los ignoraba, era mediocre; si adoraba allí, era malo hasta la médula”.[22] Esto sugiere que aunque había ocasiones cuando el sincretismo y los aserim eran parte de los bamot (1 Reyes 11:7; 12:31-32; 13:2; 13:22-33; 14:23; 17:9-11; 17:29-32; 21:3), en la mayoría de las veces, estos elementos no estaban presentes. Por lo tanto, el texto parece indicar que había algo malo con los bamot en sí.

Por lo tanto, se debe determinar porque los bamot eran tan problemáticos. La teoría más convincente es que después de que el Templo fuera construido en Jerusalén, ya no era apropiado que se adorara en algún otro lugar (1 Reyes 3:2), especialmente considerando Deuteronomio 12.[23] Sin embargo, cuando esto fue comprendido por el Israel histórico es difícil de determinar. Richard D. Nelson de la Perkins School of Theology afirma que esto tenía la intención de separar la adoración de Yahweh de la de Baal: “La pluralidad de los lugares altos inevitablemente reflejó la multiplicidad local de la adoración cananea a Baal, lo que implica un Yahweh en Dan y otro en Betel”.[24] Walter Brueggeman concuerda con este análisis y declara que estos lugares altos comprometían la fidelidad de Israel a Yahweh.[25] Esto no significa que quienes vivieron en Israel durante el período monárquico hubieran reconocido este cambio, sino que la condenación es un reflejo de la teología del autor.[26] Esta teoría de que la condenación es un reflejo de una interpretación tardía explicaría la falta de condenación de los lugares altos en algunos pasajes, como en 1 Samuel 9:12-14, 19, 25 y 1 Samuel 10:5, 13.

Jeffery J. Niehaus del Gordon-Conwel Theological Seminary dice: “El evento del Monte Carmelo claramente muestra que Yahweh puede aprobar un sacrificio que no es ofrecido en el “lugar escogido” cuando es ofrecido en un contexto especial y para un propósito especial”. No obstante, los bamot no son “especiales” en el sentido de únicos o inusuales, sino que son lugares regulares de adoración. Por lo tanto, el ejemplo del Monte Carmelo solo resalta el contrate entre un evento teofánico especial y una parte regular del culto, lo cual demuestra que hubo etapas en el desarrollo de la centralización.

Sobre la autora: Ellen White, Ph.D. es la editora principal en la Sociedad de Arqueología Bíblica. Ella tiene un doctorado en Antiguo Testamento del St. Michael College. Ella ha enseñado con cinco universidades en EEUU y Canadá, además de realizar investigaciones en Alemania y Rumania. También ha estado involucrada activamente en excavaciones arqueológicas en varios sitios de Israel.

Por Ellen White

Fuente: http://www.biblicalarchaeology.org/daily/ancient-cultures/ancient-israel/high-places-altars-and-the-bamah/

Referencias

[1] Martin J. Selman, “1195 במה,” in New International Dictionary of Old Testament Theology and Exegesis 1, (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), p. 670.

[2] Un ejemplo de un bamah puede ser encontrado en Yigael Yadin, “Beer-Sheba: The High Place Destroyed by King Josiah,” Bulletin of the American Schools of Oriental Research 222 (1976), p. 10. Debe tenerse en cuenta que aunque Yadin afirma que este es un bamah, el excavador original de Beer-Sheba afirmó que el bamah había sido destruido en el estrato II.

[3] Roland de Vaux, Ancient Israel: Its Life and Institutions (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1961), p. 284.

[4] Se ha afirmado que excepto cuando se trata de Israel, el término bamot nunca se ha usado en relación a la adoración en ninguna otra cultura que en Moab. En el texto bíblico solo se encuentra relacionado a Moab (1 Reyes 11:7; Isaías 15:2; 16:12; Jeremías 48:35), y también es encontrado en la Estela de Mesá en 11.11, 13. Sin embargo, no es encontrado en la literatura cananea ni en texto fenicios o ugaríticos (En Números 33:52 aparentemente se refiere a los cananeos, pero dado que estaban acampando en las planicies de Moab mantiene la conexión exclusiva con los moabitas). Por más información acerca de la conexión con Moab ver J. M. Grintz, “Some Observations on the High-Place in the History of Israel,” Vetus Testamentum 27 (1977), p. 111–113.

[5] De Vaux, Ancient Israel, p. 284.

[6] John H. Walton, Victor H. Matthews y Mark W. Chavalas, The IVP Bible Background Commentary: Old Testament (Downers Grove, IL: InterVarsity, 2000), p. 359.

[7] Selman, NIDOTTE 1, p. 670.

[8] J. Robinson, The First Book of Kings, Cambridge Bible Commentary (New York: Cambridge University Press, 1972), p. 139.

[9] De Vaux, Ancient Israel, p. 285.

[10] Mordecai Cogan, 1 Kings, Anchor Bible 10 (New York: Doubleday, 2001), p. 184.

[11] W. Boyd Barrick, “The Funerary Character of ‘High-Places’ in Ancient Palestine: A Reassessment,” Vetus Testamentum 25 (1975), pp. 565–595.

[12] De Vaux, Ancient Israel, p. 284.

[13] John Gray, I & II Kings (Philadelphia: Westminster Press, 1963), p. 116.

[14] De Vaux, Ancient Israel, p. 284.

[15] Othmar Keel y Christoph Uehlinger, Gods, Goddesses, and Images of God in Ancient Israel (Minneapolis: Fortress, 1998), p. 29.

[16] Keel and Uehlinger, Gods, Goddesses, pp. 29–30.

[17] De Vaux, Ancient Israel, p. 285.

[18] Walton, Matthews and Chavalas, The IVP Bible Background, p. 359.

[19] Beth Alpert Nakhai, Archaeology and the Religions of Canaan and Israel (Boston: ASOR, 2001), p. 69.

[20] Selman, NIDOTTE 1, p. 670.

[21] Selman, NIDOTTE 1, p. 670; De Vaux, Ancient Israel, p. 286. Un massebot “como un objeto de culto, era considerado una manifestación de un dios, y era una señal de la presencia divina”; De Vaux, Ancient Israel, p. 285. Esto se relaciona al relato de Jacob en Betel, quien levanta un massebot y llama al lugar como Beth El (Génesis 28:18; 31:13). Esto se relación al asera, que representa a una deidad femenina, como contraparte de la deidad masculina del massebot; De Vaux, Ancient Israel, p. 286. (Esto es cuestionado por la evidencia de Gezer y Tel Kitan, que sugiere que podría ser masculino o femenino, de acuerdo a Keel y Uehlinger, Gods, Goddesses, p. 33). Esto se relaciona a la referencia en 1 Reyes 3:2 del massebot de Baal. Ambos parecen ser representados por postes; el asera también puede ser un árbol vivo y a veces el nombre de la diosa misma; el massebot también puede ser un pilar de piedra; De Vaux, Ancient Israel, p. 286. Los bamot también son asociados con los hammanim que solían ser traducidos como “pilares de pecado”, pero que ahora se los interpreta como “altares de incienso” gracias a la evidencia provista por las inscripciones nabateas y las de Palmira (1 Reyes 3:33; 22:44; 2 Reyes 12:4); De Vaux,Ancient Israel, p. 286. Mazar sugiere que el “lugar alto” que él ha excavado posiblemente sea un bamot, donde se adoraba a Yahweh o a Baal debido a la conexión que ambos dioses tenían con la figura de un toro. Para ver bosquejos y fotografías del sitio consultar, A. Mazar, “The ‘Bull-Site’ – An Iron Age I Open Cult Place,” Bulletin of the American Schools of Oriental Research 247 (1982), pp. 27–42.

[22] John H., Walton, Victor H. Matthews, and Mark W. Chavalas, The IVP Bible Background Commentary: Old Testament (Downers Grove, IN: InterVarsity, 2000), p. 72.

[23] Ver Richard D. Nelson, Deuteronomy, Old Testament Library (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2002), pp. 142–161; Duane L. Christensen, Deuteronomy 1:1-21:9, Word Biblical Commentary (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2001), pp. 230–249.

[24] Richard D. Nelson, First and Second Kings, Interpretation (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 1987), p. 81.

[25] Walter Brueggemann, 1 Kings, Knox Preaching Guides (Atlanta: John Knox Press, 1982), p. 63.

[26] J. Maxwell Miller y John H. Hayes, A History of Ancient Israel and Judah (Philadelphia: Westminster, 1986), p. 202.