Líderes Religiosas

En Israel Dios no ordenó sacerdotisas. Una mujer no podía, en ningún caso, llegar a ser sacerdote debido a que su ciclo mensual la hacía impura. El ministerio sacerdotal estaba restringido a los descendientes varones de Aarón. Sin embargo, la mujer podía desempeñar otras tareas rituales (Éx 38.8; 1 S 2.22). También participaban en otras formas de ministerio y adoración pública.

Hubo también mujeres que sirvieron como profetizas, o sea, portavoces de Dios. Una de las profetizas hebreas más notorias fue Hulda, mujer de Salum. Sirvió activamente en el ministerio en los días del rey Josías. Cuando se halló en el templo el libro de la Ley, los líderes religiosos acudieron a ella para preguntarle lo que Dios quería que la nación hiciera. La nación entera, incluyendo el rey Josías, trataron de obedecer sus instrucciones al detalle, porque estaban seguros que Dios había hablado por medio de ella (2 R 22.11– 23.25).

Hay otras profetizas que se mencionan en el Antiguo Testamento, incluyendo a Miriam (Éx 15.20), Débora (Jue 4.4), y la esposa de Isaías (Is 8.3). El Nuevo Testamento informa que Ana y las hijas de Felipe eran profetizas, pero no sabemos casi nada más en cuanto a sus vidas o sus mensajes (Lc 2.36; Hch 21.9).

Algunas mujeres usaron el talento musical que Dios les había dado. Miriam y otras mujeres elevaron un canto de alabanza a Dios después de que los israelitas fueron librados de los egipcios (Éx 15.20–21). Cuando Dios ayudó a Débora y Barac a derrotar a los cananeos, cantaron un dúo de victoria (Jue 5.1–31). Tres hijas de Hemán también servían en la música; y según 1 Crónicas 25.5 lo hacían en el templo.

En la iglesia en Cencrea había una diaconisa llamada Febe, de quien Pablo dijo que «ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo» (Ro 16.1–2). En su carta a Timoteo Pablo escribió que las esposas de los diáconos, o diaconisas, deben ser «honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo» (1 Tim 3.11). Pero aclaró que no quería que ninguna mujer en la iglesia en Éfeso enseñara o tuviera autoridad sobre los hombres (2.12).

Entre otras mujeres líderes de la iglesia primitiva se incluye a Priscila, quien le explicó a Apolos «más exactamente el camino de Dios» (Hch 18.24–26). Evodia y Síntique eran dos líderes espirituales en Filipos. Pablo dijo «éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio» (Flp 4.3). Así que parece que estaban haciendo una obra similar a la que realizaba él mismo.

Una antigua historia judía demuestra cuán importante era la mujer en Israel. La historia dice que una vez un hombre fiel se casó con una mujer piadosa. No tenían hijos, así que con el tiempo acordaron divorciarse. El esposo entonces se casó con una mujer impía y ella lo pervirtió. La mujer piadosa se casó con un impío y ella lo convirtió en justo. La moraleja de la historia es que la mujer pone el tono en el hogar.

La madre israelita tenía un lugar importante en la vida de la familia. En alto grado ella podía ser la clave para el éxito de la familia o la causa de su fracaso. Ella podía tener incalculable influencia sobre su esposo e hijos.

La historia de Israel, y su cultura, le debe mucho a estas mujeres esforzadas.

-J. I. Packer | Merrill Chapin Tenney | William White Jr.,