Laodicea a la luz de Eclesiastés

En todos los textos, libros, párrafos, etc. cualesquiera que sean, todos deben tener una introducción, desarrollo y conclusión. Por ejemplo, en la Biblia tenemos una introducción, que es Génesis; un desarrollo que es el resto de las escrituras exceptuando Apocalipsis; y la conclusión que es obviamente Apocalipsis.

En Apocalipsis 2 y 3 encontramos unos mensajes a siete Iglesias. Nosotros como adventistas creemos que la interpretación de aquella profecía se ha ido cumpliendo en el transcurso de la historia, es decir, desde los días del profeta hasta el fin del tiempo. Hay otras escuelas de interpretaciones que son los preteristas y futuristas. Los preteristas creen que el cumplimiento de las profecías está en los tiempos del profeta y no tienen un sentido histórico ni escatológico; en cambio los futuristas creen que el cumplimiento de las profecías apocalípticas están en el futuro.

Pero estas dos escuelas de interpretaciones nacieron en la época medieval con un fin Apologético más que exegético. Por lo tanto, la interpretación más adecuada es la historicista que es usada con un fin exegético. Y asimismo el Apocalipsis nos ayuda a comprender en que sentido hay que interpretar las profecías apocalípticas, un ejemplo lo encontramos en el capítulo 1 y el versículo 19, Jesús le da la orden a Juan de escribir las cosas que “vio, que son y que han de ser”. Como vemos, Juan tiene la misión de escribir las cosas que son y las que han de ser.

En conclusión, los hechos que ocurren en el Apocalipsis tienen un cumplimiento en el tiempo del profeta y van desencadenándose a través de la historia.

Según C. Mervyn Maxwell, La Iglesia de Efesio (cap. 2:1-7) va desde el año 31 d.C. hasta el año 100; Esmirna (cap. 2:8-11) va desde el año 100 hasta el 313 d.C.; Pérgamo (cap. 2:12-17) va desde 313 hasta 538; Tiatira (cap2:18-29) desde el año 538 hasta1560; Sardis (cap. 3:1-6) del año 1560 hasta 1798; Filadelfia (cap. 3:7-13) del año 1798 hasta 1844; y Laodicea desde 1844 hasta el fin.

Si leemos con atención desde el capítulo 2 hasta el 3 vamos a ver que hay un quiasmo en los mensajes a las Iglesias. Veamos el quiasmo que encontramos en estos mensajes:

A.- Efeso: la dulzura del primer amor

B.- Esmirna: la iglesia pobre pero fiel.

C.-Pérgamo: La iglesia que retiene la doctrina de Balaam.

D.- Tiatira: La iglesia de la Reforma.

C’.- Sardis: La iglesia que no se ha hallado perfecta delante de Dios.

B’.- Filadelfia: La iglesia que tiene una puerta abierta.

A’.- Laodicea: la iglesia tibia.

La primera Iglesia [Efeso] contrasta totalmente con la última [Laodicea], puesto que la primera experimenta la dulzura del primer amor; mientras que la última su amor está llamando a fuera del corazón.

Como dijimos al principio, todo texto tiene una introducción, desarrollo y conclusión. Y aquí vemos esa idea expresarse claramente, la historia de la iglesia cristiana empieza con Efeso que va de los años 31 al 100 d.C. ésta sería la introducción, el desarrollo estaría desde la iglesia de Pérgamo hasta Filadelfia, del año 100 hasta 1844, que justamente termina cuando el juicio se inicia, es a saber, el gran día de la expiación comienza. Y la conclusión estaría en la iglesia de laodicea, ya que es la Iglesia que llegas tas el tiempo del fin.

Tema central

Muy bien, con esta información podemos iniciar el tema que vamos a presentar que hemos titulado: “Laodicea a la luz de Eclesiastés”. Pero ¿qué tendrá que ver el libro de Eclesiastés con laodicea? Mucho, y vamos a ver que los mismos enunciados que se presentan en Eclesiastés están ilustrados claramente en el mensaje de la Laodicea. En el mensaje a Laodicea hay un paralelismo antitético. Veamos el paralelismo:

A.- Jesús habla a Laodicea, cap. 3:14

A.- Jesús conoce nuestras obras, cap. 3:15

A.- La tibieza espiritual de la Iglesia, cap. 3:16

A.-Nos creemos ricos, cap. 3:17

B.- Jesús nos muestra nuestra realidad, cap. 3: 17

B.- Jesús nos da unos consejos para vencer la tibieza, cap. 3:18

B.- Jesús nos reprende por nuestras obras y nos ofrece una recompensa, cap. 3:19-21

B.- El Espíritu habla a Laodicea, cap. 3:22

En la primera letra “A” se presenta a Jesús hablando a Laodicea; y en la letra “B” se presenta al Espíritu hablando a Laodicea. En el segundo enunciado, con el penúltimo se establece un grandioso contraste. La segunda “A” nos habla de que Jesús conoce nuestras obras; mientras que en la penúltima “B” Jesús nos reprende por nuestras obras impías y en su infinito amor nos ofrece una recompensa si aceptamos su reprensión. En el tercer enunciado de la tercera letra “A” Jesús nos dice que “somos tibios”; mientras que en la antepenúltima “B”, Jesús nos da unos consejos para poder salir de aquella tibieza espiritual. En el cuarto enunciado de la letra “A” el mensaje es que nos creemos ricos y decimos que ninguna cosa necesitamos; mientras que en el paralelo a este enunciado Jesús nos muestra nuestra verdadera realidad.

Como vemos, cada mensaje de la letra “A” tiene un contraste, es decir, un paralelismo antitético con la letra “B”.

Estilo literario de Eclesiastés

El estilo literario de este autor, es el sapiensal. Solo dos autores nos dejan este estilo: Moisés y Salomón. Dos grandes personajes de la Biblia y dos grandes escritores del Antiguo Testamento. Si tomamos el libro de Deuteronomio y lo comparamos con Eclesiastés, encontraremos muchos paralelismos ya que los dos autores eran de una edad avanzada cuando escribieron los libros. Moisés era de 120 años cuando dio su último discurso, es decir, Deuteronomio; Salomón era de una edad avanzada cuando escribió Eclesiastés. Moisés escribió Job que es del mismo estilo literario; mientras que Salomón escribió, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los cantares. Libros que son del mismo estilo sapiensal. Estos dos autores tienen algunas diferencias, Moisés siempre se mantuvo fiel a Dios, nunca apostató; mientras que Salomón se apartó completamente de los caminos de Dios. Es por eso que se escribió el libro de Eclesiastés, la inspiración Divina nos quiso dejar este hermoso mensaje que se encuentra en Eclesiastés para que nos demos cuenta de que todas las cosas son fatigosas y vanas más de lo que el hombre puede expresar, si no buscamos a Dios en primer lugar. En conclusión, el estilo literario de éste libro es de la literatura sapiensal que comparte en estilo con: Job, Proverbios, Cantares y parte de los Salmos.

Análisis del libro

En el Tanaj hebreo la distribución de los libros es muy diferente a la que nosotros conocemos. Se divide en tres secciones: la torá, los Nevi’im y los Ketubim. En la torá se encuentra el Pentateuco, mientras que en los Nevi’im [Los profetas] se encuentran todos los profetas, mayores y menores. Mientras que en los Ketubim [los escritos] se encuentran los libros sapiensales. Si nos damos cuenta Daniel es considerado con los libros sapiensales, es decir, la literatura apocalíptica está vinculada con la sapiensal y perfectamente podemos sacar conclusiones de los libros sapiensales y relacionarla con la literatura apocalíptica.

El libro de Eclesiastés era leído en la fiesta de los sucot, es decir, las cabañas. Si profundizamos un poco más este tema, vamos a ver que la fiesta de los tabernáculos se celebraba días después de la expiación. Es decir, que este libro está totalmente vinculado con el día del Juicio ya que el mensaje central de este libro nos insta a prepararnos para el día del juicio de Dios, esto alude a la Iglesia Laodicea que empieza justo en el día del juicio, es decir, 1844.

Los cuatro enunciados de Laodicea en Eclesiastés

En el paralelismo antitético de Laodicea vimos cuatro enunciados amonestadores y cuatro enunciados contrastantes, el primero dice que, “Jesús habla a la iglesia de Laodicea.” Este es un contraste con el primer versículo del capítulo uno de Eclesiastés, donde el predicador se presenta como rey de Jerusalén; a diferencia que Jesús es rey de la Jerusalén Celestial. En el versículo 14 del capítulo 3 de Apocalipsis vemos como Jesús se presenta como el principio de las criaturas de Dios. Mervyn Maxwell da la respuesta a la oración “el principio de las criaturas de Dios”. El segundo enunciado que encontramos en el mensaje a Laodicea es: “Yo conozco tus obras”. Esto lo encontramos dos veces en Eclesiastés, es en el cap.4:17 y el otro en la conclusión del libro cap. 12:14, que vincula el día del Juicio con nuestras obras, ¡Dios conoce nuestras obras sean buenas o sean malas! El tercer enunciado que es: ¡eres tibio! Lo encontramos en el cap. 7:1-29. En esa sección Salomón discute la vanidad de la vida, es decir, la tibieza de la vida. El cuarto y último enunciado es: ¡tú te crees rico!; Esto sin duda lo encontramos en la segunda sección del libro 1:12-2:26, Salomón se enriqueció en gran manera tanto que llegó a decir: “no negué nada a mis ojos”. Pero aun así todo eso era vanidad y aflicción de espíritu.

La tibieza espiritual y Eclesiastés 7

Solamente tomaremos el tercer enunciado que encontramos en el paralelismo antitético en el mensaje a Laodicea, dado a que es el verdadero problema de ésta iglesia. El tercer enunciado que nos dice: ¡eres tibio!

Podemos encontrar algunos principios que nos ayuden a comprender más a fondo la tibieza que se habla en Apocalipsis 3:16 en Eclesiastés 7.

El capítulo 7 de Eclesiastés lo dividiremos en tres partes, desde los versículos 1-6, 7-14 y 15-27. Esta separación la tomaremos de la lección de escuela sabática del año 2007.

“Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento…” (v.1).

Desde el v.1-6 se encuentra un principio que es muy fundamental y alude al problema que se encuentra en laodicea. Es la buena fama. La Iglesia de Laodicea se caracteriza por decir que “soy rico”, pero no sabemos que somos unos ciegos que no aceptamos nuestra condición, tal como lo señala el verso 1 de Eclesiastés 7, nos ponemos un ungüento para tapar nuestra verdadera condición espiritual y decimos: “soy rico”. Luego en el v. 2, Salomón plantea que es mejor el luto, que la casa del banquete. Esta expresión puede sonar en cierto sentido depresivo, o más bien, masoquista. Pero, la verdad es que es así, muchos cristianos de Laodicea creen que es mejor andar en banquetes que hacer luto por los tiempos en que estamos viviendo, si en verdad nos diéramos cuenta en qué tiempos estamos viviendo, ni siquiera podríamos andar en banquetes como lo plantea Salomón. Nosotros como cristianos debemos saber bien que es lo que se está poniendo en juego en el Gran Conflicto Cósmico. La iglesia Laodicea es la última en la historia y debiera ser la más pura de todas, dado a que es el momento más importante en la historia de la humanidad, la culminación del Gran conflicto. Mejor es estar en luto por el tiempo en que estamos viviendo, que estar en la casa del banquete y no estar velando; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.

En el v.3 el principio que se quiere exaltar es el mismo que se plantea en el v.2 “mejor es el pesar que la risa”. El v.4 sigue en el mismo sentido que plantea el v.2 pero ahora cambia y llama sabios a los que hacen duelo. Luego Salomón hace un cambio en el v.5 y hay una expresión que se repite, que es el adjetivo calificativo: “sabio”. Pero ahora debemos interpretarlo en una forma diferente. En el v.4 los sabios hacen luto en la tierra y mientras que en el v.5 el sabio reprende desde el cielo, es decir, el v.5 se trata de Cristo dado a que muchas veces Jesús es personificado en la sabiduría.

Y finalmente en el v.6 termina con la risa del necio diciendo que “es como el estrépito de los espinos”. En resumen, la idea que se encuentra en los vs.1-6 es que debemos darnos cuenta de la verdadera condición de nosotros y debemos darnos cuenta en el tiempo en que estamos viviendo y prepararnos para el día del Señor.

En los v.7-14 Salomón nos da la clave para poder vencer el sufrimiento, al parecer el Apóstol Pablo lo comprendió muy bien. Pero notemos el cambio de sentido que hay. En los vs. 1-6 se habla que es mejor estar de luto que alegre, mientras que en los vs. 7-14 nos dice: “…en el día del bien goza; y en el día de la adversidad considera”. Al parecer el contexto del capítulo 7 se contradice. Pero debemos tomar principios que se encuentran en otras partes de las Escrituras. Los vs. 1-6 nos hablan de los banquetes innecesarios, algo parecido a la alegría que quiso encontrar el hijo prodigo (Lucas 15:11). Pero el gozo que se encuentra en los vs. 7-14 es más bien el mismo gozo que encontramos en Filipenses 4.

Simplemente diremos que los versículos 7-14 completan la idea de los primeros versículos 1-6.

Luego los vs.15-28 presentan la idea central del capítulo 7, la justicia del ser humano, o más bien, la justicia imperfecta del hombre, dándonos un consejo de que nuestras justicias no valen nada, e implícitamente, dice que tomemos la justicia de nuestro salvador, es a saber, Jesucristo.

Finalmente en el versículo 29 Salomón resume todo lo que habla en el capítulo siete, diciendo: “He aquí solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.”

La verdad es que este versículo no le podemos dar una interpretación ya que perdería su mensaje y lo limitaríamos a nuestras conclusiones; este versículo se interpreta sólo, al igual que el resto de las Escrituras.

Conclusión

En conclusión, podemos decir que el libro de Eclesiastés nos insta a prepararnos para el día del Juicio, es a saber, 1844; y así mismo podemos unirlo con el mensaje a Laodicea ya que es la Iglesia del tiempo del fin y que empieza en el año 1844 exactamente cuando el Juicio comienza.

Además, cuando Salomón termina su libro declara: “el fin de todo discurso oído es este: Teme a Dios y guara sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre, porque Dios traerá toda obra a Juicio juntamente con toda cosa cubierta sea buena o sea mala.”

Este texto alude al mensaje del primer ángel (Ap.14:7) donde dice: “Temed a Dios”. Y también declara que el Juicio ya llegó. Las mismas frases encontradas en el epílogo del libro de Eclesiastés: Temor y Juicio.

El versículo 29 del capítulo 7 de Eclesiastés lo podríamos acomodar a los mensajes de la Iglesia, diciendo que, Dios hizo a la Iglesia recta; pero ella busco muchas perversiones.