La Teoría del Big Bang: breve exposición conceptual y problemas subyacentes

Desde tiempos antiquísimos, el hombre ha tratado de encontrar el origen de lo que ve a su alrededor. Se han conjeturado desde cosmogonías hasta hipótesis de un Universo eterno. Tal fue el caso de Anaxágoras, filósofo griego del siglo V a.C, quien postuló que la materia era eterna (teoría de Panspermia). La anterior postura era el pensamiento imperante en la mayoría de los filósofos de la Antigüedad. En realidad, los fundamentos del Ateísmo Moderno tiene sus bases en las cosmovisión y fundamentación griega, pues tal pensamiento concebía la materia eterna y no vista a degradación. También concebían una Deidad creadora, eterna e inteligente. Al aplicar la Lógica de Aristóteles se puede decir lo siguiente: la materia es eterna; Dios es eterno; la materia es su propio modelador y “agente” operante invisible que se coordina a sí mismo dentro de sus límites. Tal ideología se constituía en el pilar del desarrollo social, político y religioso para la época. La singularidad de tal postulación es vista desde los anales de la historia, pues las demás culturas, excepto la griega, no concebían la materia como algo eterno, sino creada por alguna potencia sobrenatural, llámenle “Deidad” “Dios” “Alma Universal” “Inteligencia Ininteligible”. Por ejemplo, el Pueblo Hebreo concebía la materia como un resultado de la acción interventoría de Dios en un espacio. Tal constatación se pone de relieve en el Génesis. Los Cristianos, teniendo sus raíces cosmogónicas en la literatura Genesiáica, fundaron su pensamiento del origen de todo a partir de tal relato, teniendo como creador a Jesucristo (Juan 1: 1-4 cf Génesis 1:1). También los musulmanes hacen su aproximación en el Corán al promover la idea de creación del mundo a partir de un acto operático-sobrenatural de Alá. El Hinduísmo hace su aproximación3 al postular una manifestación exterior de la Deidad al crear todo. Se podría aludir a muchas corrientes religiosas, pero en este espacio no es conveniente por cuanto no es el tema.

Sin embargo, en la actualidad ha habido un colapso casi absoluto de la formulación arraigada de una Deidad que inunda la eternidad. Desde la aparición del cartesianismo con Descartes, Isaac Newton, pasando por Nicolás Copérnico, el telescopio imperfecto de Galileo Galilei y saltando a la actualidad, se ha visto un deterioro en la cosmovisión acerca de una realidad suprema. Al pasar el tiempo se puede evidenciar cómo ha cambiado el pensamiento so pretexto de la introducción del método científico, o determinismo científico.

Diagrama 1.

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En pleno siglo XXI, se puede observar (Según la gráfica) cómo la humanidad ha cambiado su ideología sobre un punto concreto del comienzo de todo. La gnoseología (sistema que busca el origen del conocimiento a través de la razón) postuló un origen de todo a un Ser Supremo, claro, antes de la introducción del método científico y la época del cartesianismo. Después de Descartes, la búsqueda del conocimiento se tornó desde lo netamente científico ignorando presuposiciones filosóficas-religiosas. Tal abertura se puede ver en la apreciación que hace Stephen Hawking en uno de sus libros: “La filosofía ha muerto…”1. Desde que Hubble se puso en movimiento e indagó en las profundidades del Universo, se ha puesto de manifiesto que el espacio exterior tal y como lo conocemos tuvo un origen. En esa coyuntura la religión y la ciencia están de acuerdo: el Universo no es eterno. Hubo una causa primera que originara lo que conocemos ahora. La ciencia estima que, según aproximaciones científicas, las estrellas y cuerpos celestes se alejan paulatinamente, existiendo un distanciamiento entre cuerpos anteriormente unidos, presuponiendo una expansión estelar. Las estrellas se alejan poco a poco unas de otras. Y si se están alejando lentamente es porque antes estuvieron más y más cerca. Teniendo tal concepción, y si retrocedemos en el tiempo, llegaremos a la conclusión de que antes estuvieron todas juntas, y por extensión otros cuerpos interestelares. Roger Penrose, físico y matemático de la Universidad de Oxford y Stephen Hawking, físico británico de la Universidad de Cambridge, hicieron investigaciones mancomunadamente de un modelo científico, conocido hoy por hoy como la Teoría de la Gran Explosión o como se conoce normalmente en inglés, Big Bang Theory. Claro, anterior a ellos existían presuposiciones matemáticas de un modelo como el que ellos pretendían. Fueron las personas de Penrose y Hawking los que le dieron forma a tal teoría científica. Ahora, ¿qué propugna ésta teoría? ¿Cuál es su esencia?

Ésta articula, formula y plantea buscar los inicios del Universo, y por consiguiente de la humanidad en una gran explosión hace aproximadamente catorce millones de años. Propone que la singularidad inicial (se le denomina así por su complejidad) abarcada en un huevo cósmico, poco a poco se desfragmentó por su radiación interior y otros factores, y de pronto explotó. En esa singularidad estaba contenida toda la materia del Universo. De esa explosión surgió la materia, el espacio, y el tiempo, y con éstas las 4 leyes de la naturaleza: (1) fuerza nuclear débil; (2) fuerza nuclear fuerte; (3) electromagnetismo; y (4) la gravedad o interacción gravitacional. Antes de la formación del huevo cósmico no existían estos tres componentes, quienes hoy por hoy conforman el Universo, según estipulaciones científicas. A partir de ahí, se formaron progresivamente las galaxias, planetas, estrellas, soles, lunas, y demás astros del espacio exterior. Eso en cuanto a la formación del espacio exterior, o sea, lo que está fuera de los límites atmosféricos de nuestro planeta denominado tierra (paradójicamente casi el 70% del planeta está cubierto de agua; debería llamarse planeta líquido o acuoso). Ahora, la formación de la especie humana es similar a la formación del Universo, pues se originó de repente. La evolución naturalista supone que la raza humana se formó en medio de sustancias micro-cósmicas (sopa química como denominan los creacionistas) por medio de adaptaciones ambientales, formándose lentamente organismos inteligentes, pasando de unicelulares a ser pluricelulares. De esa mezcla de sustancias se crearon las primeras especies que poblaron la superficie de la tierra de nuestro planeta. De organismos compuestos invertebrados llegaron a ser, mediante el método temporal, componentes vertebrados imperfectos; evolucionando de la imperfección a la perfección. De ese proceso paulatino y remoto, surge el ser más inteligente de la tierra: el humano. El origen del ser humano sigue siendo la “cascarita” de la ciencia2.

Diagrama 2.

Big_Bang_2

Tal expresión propuesta en el diagrama anterior, pasándolo por el ojo de la razón, propone problemas que se deben afrontar. A medida que se expongan los puntos, se acarreará junto a estos los problemas que presenta respectivamente. Hawking escribió: “… todas las evidencia indican que Dios es un jugador impenitente”4. Teniendo tal referencia de uno de los científicos más reconocidos de la actualidad, se da partida a la discusión subsiguiente.

1. El espacio.

La ciencia ha determinado que el espacio tal y como lo conocemos comenzó con el Big Bang. El origen del espacio se dio en la explosión primigenia, la cual ocasionó el campo influyente de interacción de la materia que emergió del estallido inicial. Ahora, ¿Se puede definir espacio como un lugar? ¿Será el espacio independiente de la materia como lo afirmó Newton? ¿Será el espacio más que una distancia medida entre objetos como lo afirma Leibniz? ¿Será el espacio una estructura mental construida en el intelecto humano para diagramar experiencias como lo concibe Kant? La discapacidad humana se ve reflejada cuando se enfrenta con desafíos filosóficos como la definición del concepto “espacio”. La Física moderna argumenta y sostiene que el espacio es la distancia entre objetos, pues así es como se observa el macro-universo, y en el caso de la Física cuántica, el micro-universo. En otras palabras, la física a través de métodos de precisión matemática y formulaciones experimentales concibe el espacio como una medida dependiente de la materia. Sin embargo, tal apreciación presenta problemas. Se podría definir el espacio como medida siempre y cuando haya más de un objeto. Si hay dos, tres o más cuerpos separados pues lógicamente habría distanciamiento entre éstos, y posteriormente se realiza una estructura matemática para verificar en términos numéricos la distancia entre ellos. Pero, si hay un solo objeto en determinado “espacio”, pues no existiría en este caso el concepto de distancia, so pretexto de ser el único objeto en determinado lugar. Pero, ¿qué es el espacio? ¿Es una concepción humana sin fundamento experimental? ¿Qué es esa cosa etérea y amorfa llamada “espacio”? Primero que todo no es un lugar. Un lugar es muy distinto al espacio. El espacio contiene al lugar. En un lugar hay objetos, mientras que en el espacio no hay objetos. Si al espacio se le añade objetos se convertiría en un lugar. Cuando no hay objetos el espacio y el lugar son uno y el mismo. El espacio del cual hablamos es muy distinto al espacio geométrico y al espacio estelar. El espacio del cual hablamos es esa “cosa” sin forma, ni capacidad, ni volumen, sin contenido. Es el vacío en sí mismo. Para que haya un espacio no debe existir algo. Si hay algo existiría solamente un lugar. En el espacio predomina el vacío absoluto, pues la nada sobreabunda sin límites allí. La nada restringe la existencia de las formas. Las formas determinan un lugar, e implican materia para que cree un lugar. El espacio es lo inverso a las formas, a la materia. Para que haya materia debe haber un espacio en el cual ésta interactúe, se transforme y cumpla su propósito en determinado ambiente. La complejidad se suscita cuando tratamos de determinar los límites del espacio; podemos determinar o predecir algo objetivo: con forma, origen, y fin. Pero tratar de poner límites al espacio vacío es como tratar de encontrar el fin del Universo. El espacio no es una relación entre objetos porque sencillamente en el espacio reina del vacío, y por consiguiente no deben existir cuerpos. No es una estructura mental sencillamente porque es exterior al ser humano. Si el espacio fuese una estructura, entonces podríamos definir el espacio en términos de corporalidad y forma. El problema con tal concepción es que la nada no tiene corporalidad porque es etérea, amorfa, sin materia, y por lo tanto es un estado. Si no hay espacio no hay materia, porque la materia es la causa por la cual el espacio se convierte en un lugar. Deben ser contemporáneas. La materia determina el lugar, fase secundaria del espacio, vacío o la nada. El espacio solamente tiene forma cuando es determinado por materia, de lo contrario seguiría siendo el vacío. El espacio sí existe. Trepat, realizando una hermenéutica seria de la visión-concepción de Aristóteles sobre el espacio, reflexiona: “Para Aristóteles, el espacio es considerado desde el punto de vista del lugar de una cosa… el espacio no es probablemente una realidad absoluta, en sí, sino que está determinado por la posición de las cosas y la secuencia de sus movimientos naturales”5. La referencia anterior pone de manifiesto que el desafío por descifrar el significado de “espacio” ya era común en el tiempo de los filósofos griegos. Aristóteles toma el concepto de espacio como un aspecto matemático, de medición entre objetos. La ciencia cree que el espacio (tal cual el concepto que estamos tratando; no el estelar) comenzó con la Gran Explosión, o sea, antes del huevo cósmico no había espacio. Tal proyección supone consecuencias insalvables.

2. La materia.

La ciencia por medio de la formulación del Big Bang determinó el comienzo de la materia en el evento de la explosión de la singularidad inicial. Se ha mantenido tal postura, y tal concepción excluye la intromisión de lo sobrenatural, y de esta manera ligando la existencia de todo a un episodio donde lo fortuito reina. Ahora, ¿qué es la materia? La materia es un tema inacabable; se explicará básicamente cómo funciona y de qué se compone. Schaefer nos da una definición lacónica de lo que es materia cuando manifiesta: “En este mundo hay materia en todas partes… la materia tiene partes muy pequeñas que se llaman átomos. No se pueden ver los átomos, pero sí se puede ver la materia…”6. Valenzuela aporta al respecto cuando define la materia como “todo aquello que ocupa un lugar en el espacio, y posee masa e inercia…”7. Manahan armoniza con Valenzuela en este aspecto8. Al hablar de ocupación de espacio, estamos hablando de cuerpos. Todo lo que se encuentra dentro del espacio constituye un lugar propiamente dicho. La materia no es otra cosa que aquello que podemos divisar, oler, tocar, sentir. La materia tiene forma. Cuando se habla de forma no se habla objetivamente, sino que el concepto de forma indica inteligibilidad. Tenga la forma que posea, no deja de ser forma, y por lo tanto es materia. La materia es todo aquello que podemos tocar. Desde el gancho con el cual sostenemos las hojas de los informes hasta el cuerpo más grande del espacio exterior está constituido por materia. Nuestro hábitat titánico está constituido por materia, pues por eso se le designa “mundo”, pues ésta implica “cielo, tierra, agua y aire”, por lo tanto es materia. Los seres humanos somos materia. Estamos constituidos por sistemas inteligentes internos capaces de efectuar acciones, movimientos, actitudes y aptitudes con solamente interpretar la información de la neurona hacia cada componente del cuerpo. Con la aparición de Demócrito, se creyó que la materia tal y como la conocemos está constituida por formas elementales más pequeñas. Se creía que el átomo (compuesto fundamental de la materia) era la forma más diminuta e ininteligible del Universo (por cierto, nunca se ha visto un átomo; son modelos expuestos por la ciencia para dar explicaciones a planteamientos). Sin embargo, llegamos a la edad de oro científica, y aquí sabemos que, según lo estipula la ciencia, los átomos están conformados por partículas aún más pequeñas llamadas Quarks, los cuales componen los protones y neutrones. Todos los elementos de la tabla periódica están compuestos por átomos. Si todo lo que está a nuestro alrededor es materia, y si la materia está compuesta por millones y millones de átomos, ahora imagínense cuántas más unidades indivisibles conformarán las unidades que conforman el átomo. Es como contar la arena de las zonas costeras; la tarea es imposible. El átomo está compuesto por tres unidades: protones, neutrones y electrones. Toda materia está conformada por éstas tres unidades. La materia posee movimiento por cuanto a su vez posee masa. Si hay masa hay movimiento, pues así lo suponen las Leyes de Newton. La materia se puede medir por cuanto no es amorfa, pues es una realidad objetiva y observable, y proclive a tratamientos científicos. Así como el espacio o vacío es un estado, la materia se diversifica en estados: sólido, gaseoso y líquido (algunos suponen que hay otros estados). Por lo tanto, hasta donde se ha generado, la materia es el compuesto primordial para una realidad armoniosa y coherente ante sistemas inteligentes como el ser humano. Al igual que el espacio, el tema y conceptualización de la materia es inagotable. Se han dado “pinceladas superficiales” sobre el tema. Lo anterior es necesario para la introducción del siguiente concepto: la ciencia presupone el origen de la materia con el Big Bang, o sea, antes de la Gran Explosión, que como causa primaria fue el huevo cósmico, no existía materia (tomando la nada como la ausencia rotunda de materia, o sea, el espacio). De esta forma, como dijese Hawking: “Somos el resultado fluctuaciones cuánticas en el Universo…”9. En otras palabras, la causa primera de lo que contiene el cosmos fue la explosión a lo que precedió a los orígenes del Universo. Sin embargo, tal concepción enfrenta desafíos, como se sustentará más adelante cuando se enfrente el concepto “nada”.

3. El tiempo.

Comienzo mi ponencia breve en este espacio proponiendo dos premisas. En primer lugar   coloco de relieve la citación de Albert Einstein: “El tiempo es sólo una ilusión”. En segundo lugar, creo que el tiempo no existe. La teoría de la Relatividad general supone un vacío en las dimensiones convenientes al espacio, y presupone la independencia del tiempo y la materia. Por lo tanto, la materia no está sujeta a lo que denomina tiempo. Está dicho desde el imperio del cartesianismo y del método científico que el tiempo es una dimensión del Universo. Sin embargo, tal percepción se ha puesto en duda desde que se ahonda en este aspecto; está claro que no hay unanimidad en este respecto. La epistemología con su rigurosidad académica y circundantes metodologías ha dado por sentado la dependencia del tiempo a la materia. Sin embargo, la gnoseología (catalóguese a ésta como la época de la razón; todo pasa por el filtro de las concepciones filosóficas) ha predispuesto y minimizado la postulación de la ciencia sobre este punto. Hay cosas que la ciencia no podrá sustentar a pesar de su insaciable labor de buscar todas las respuestas a través del método científico. Teniendo la anterior máxima, y posible axioma en cuenta, se debe decir que hay asuntos que la ciencia debe dejarle a la Filosofía, pues hay tópicos que ocupan a la humanidad que no necesitan ser comprobados sino discutidos. Lo anterior da supervivencia al punto a discutir: ¿el tiempo existe?

Desde el humanismo, la estadía del tiempo es esencial. El orden propone un hombre modelo y ordenado, y por ende consistente a su exaltación y principal moderador de sustentar con fijaciones responsables y fundamentadas las diferentes respuestas a todo. En este respecto, la epistemología y el humanismo van de la mano. Y sí que es cierto. El humanismo coloca al hombre como clímax y principal responsable de la moderación del mundo en un estado “futuro”. El humanismo propone una atención única al ser mismo. La significancia del hombre en el estado de este mundo es fundamental. La condición del hombre merece atención única. Por extensión, se hace necesario el tiempo, pues la fijación de lo temporal presupone un orden universal. La anterior declaración parece obvia pero trae consecuencias gnoseológicas. Ahora, desde el existencialismo se concibe una búsqueda del significado de la vida (tarea que no es nada fácil). Tal corriente filosófica no busca satisfacer la necesidad de porqué está el hombre donde está, ni de dónde vino, sino el significado de la vida misma. La preponderancia de la ideología existencia sobrevive al plantear la pregunta: ¿tiene significado la vida? Lo anterior presupone un estímulo humanista por dos razones: (1) el núcleo central de las dos corrientes (humanismo y existencialismo) es el hombre. (2) las dos corrientes se ocupan del bienestar del hombre y su búsqueda por saciar las distintas preguntas. El existencialismo presupone la existencia de lo denominado “tiempo”. Básicamente se concibe el significado de la vida a través de las experiencias, y para esto se necesita una solución llamada “tiempo”. Sin embargo, el accionar no implica necesariamente tiempo. Las experiencias son momentos específicos (con “momentos” no me refiero a una porción de tiempo, sino al movimiento, actividad o acción perpetuada en la circunstancia circunscrita al momento) en los que el hombre interactúa para crear estructuras mentales, y de esa manera construir un significado propio de la vida. Desde el socialismo, el concepto de tiempo es “esencial”. La sociología asimila comportamientos de la cultura humanística a través de la historia, y los problemas contemporáneos que aborda el mismo en el momento. Al hacer del hombre un ser transcultural y polifacético, se deduce un orden estructural interno del mismo, y por lo tanto existe una fijación temporal que diversifique las estructuras propias en intervalos temporales. El concepto tiempo es dinámico en este respecto por cuanto va unido a las experiencias, y las mismas no son estáticas. Ahora, la religión (especialmente el Judaísmo, y subsecuentemente el Cristianismo) propugna la idea de tiempo. La situación aquí es singular en su máxima expresión. Tanto el Judaísmo y el Cristianismo tienen su esencia en la Escrituras Hebreas, y éstas no conciben un Dios atemporal (no sujeto al tiempo), sino conciben una Deidad supratemporal (un Dios eterno, pero que as su vez interactúa en la dimensión temporal). Según la cosmovisión griega, la eternidad es la ausencia de tiempo. Por lo tanto, una Deidad suprema, según la cosmogonía estipulada en los matices escriturísticos de las Escrituras Hebreas, creó el Universo, por lo tanto la acción magnífica de una obra creadora por parte de un Ser imbuido en la eternidad dio comienzo a la dimensión temporal al momento de crear la materia, y lo anterior explicita la necesidad y existencia del tiempo.

¿Está ligado el tiempo a la experiencia humana? Básicamente se ha constituido en tabú tradicional desligar las experiencias humanas y el tiempo. Concepciones humanas construyen el accionar a partir de intervalos de tiempo. La fijación de un orden temporal promueve un ambiente propicio y adecuado para la fomentación de la experiencia. En este caso el Empirismo (búsqueda del conocimiento a través de la experiencia) se jacta en decidir la significancia humana en términos polifacistas, y por extensión el edificio humano se estructura en términos de temporalidad. La etimología fundamentalista de “tiempo” se da en términos de pensamiento griego (es sabido que somos helenizados; la génesis de nuestro vocabulario se encuentra en el tronco lingüístico de las lenguas indo-europeas, y de éstas se desprende el Español y el griego; la barrera geográfica no promueve un distanciamiento sapiencial entre los términos y lo que implican los mismos). “χρόνον”, palabra griega que traduce “tiempo” “porción temporal”. Esta designación está diamentralmente apegada a la experiencia humana. Tal designación sólo se utiliza cuando se habla de personas, y por extensión el accionar de una persona en determinado tiempo. Tal concepción es equiparada al concepto tradicional de tiempo. El occidentalismo está permeado de una conciencia totalmente griega, y por consiguiente el concepto de “temporalidad” es equiparado a la experiencia humana. ¿Se ha imaginado usted que la humanidad no estuviese regida por el tiempo? ¿Se imagina usted el desespero y desorden que primaría en la sociedad actual? ¿Se podría concebir al hombre como ser libre de experiencia? Tales preguntan nacen al momento de reflexionar sobre la cláusula “tiempo”. Siendo el humanismo una fenomenología consistente en relación con el accionar del hombre y búsqueda trascendental del mismo, no se podría desligar el tiempo a la experiencia humana, por cuanto tal fijación trae bienestar; se estaría cumpliendo la teolología humana, y se comenzaría a responder la incógnita o problemática antropológica: ¿quién soy?. Sin embargo, no se puede colocar materia y tiempo en las mismas dimensiones, por cuanto la materia tiene forma, en contraposición al tiempo que es amorfo, o sea, no tiene forma. La abstracción del “tiempo” da pie para declarar que tal concepto no se puede tomar en términos de medición, por cuanto no tiene forma. El tiempo carece de forma, y por lo tanto no se puede concebir en términos físicos. De las tres dimensiones del Universo, la materia y el espacio se pueden concebir como mediciones. La materia se puede medir; el espacio es dependiente de la materia, y por lo tanto la transformación y existencia de materia propugna la creación de un espacio donde pueda interactuar la materia. Pero, ¿qué se hace con el tiempo? ¿Qué hay del tiempo? ¿Acaso necesita la materia la existencia del tiempo para ser perfecta en su esfera abstracta?* *

Supuestos.

  1. Se postula la existencia de tiempo cuando hay degradación de la materia. En la cotidianidad observamos cambios consecuentes, ya sean coherentes o incoherentes, que predicen la existencia de una dimensión más. A esta dimensión se le ha dado el nombre de tiempo. Se dice: “Esta persona ha pasado de ser joven a ser anciana”, y cuando se estipula tal paradigma natural, se hace necesaria la existencia de un tiempo que fije la degradación o evolución de la materia. Sin embargo, aquí la figura abstracta de lo temporal no parece influir para que la materia cambie, sino que la misma cambia por metabolismo y estructura fijada en sí misma. El hecho que haya evolución de la materia no significa que deba existir una dimensión que complemente la breve evolución de la materia existente. La materia fluctúa en sí misma, sin necesidad de una fuerza “invisible” que prime en la transformación de la misma.

  2. La manifestación de astros celestes. En la cotidianidad reflejamos un pensamiento sistemático muy arraigado sobre un posible orden. Se escuchan: “vamos, son las 3:00 pm” o “es hora de almorzar, pues ya son las 12:30 pm”. ¿Cómo sabemos que es momento de hacer tales cosas? Fácil: el sol. El Sol, con su movimiento inherente teniendo como fuente de movimiento la fuerza gravitacional, se direcciona en ciertos sentidos cardinales, y en proyección con su órbita da un avance de rotación, y esto hace que en algunas partes esté oscuro, y en otras partes haya claridad. De la anterior manera, podemos decir qué horas son, y coordinar nuestras actividades a través de la manifestación pronunciada del sol. Sin embargo, el hecho que el sol determine momentos espaciales no es base para considerar el tiempo como existente. La rotación (revolución del sol sobre su eje; determina la parte clara) y la traslación (revolución de la tierra en relación con el sol) tienen movimientos en si propios gracias a la Gravedad propuesta por Newton. Tales elementos de la naturaleza provocan sus movimientos teniendo como eje central la fuerza gravitatoria. Tales movimientos de masa se hacen posible a su corporalidad natural, pero en ningún momento determinan parecen determinar un dimensión temporal. Tener una parte “clara” y otra “oscura” no determina temporalidad, pues sólo son revoluciones inherentes de estos elementos. El ser humano ha provocado la ecuación matemática para medir el resultado de las manifestaciones de los astros reinantes en el cielo atmosféricos, pero tales cuerpos no presuponen tiempo. La fijación de milenios, siglos, décadas, año, días, minutos, segundos y demás micro-medidas temporales son “fabricadas” por el hombre para determinar la historia.

  3. Entropía social. ¿Qué es entropía social? Entropía es un desorden inmediato; social se refiere a la ontología cultural. Es decir, tal expresión (entropía social) se traduce como “desorden de la humanidad” u “desorden de la sociedad”. ¿Si no existiese el “tiempo” para la sociedad habría desorden? La respuesta es un rotundo sí. Hay orden en la sociedad por el pronunciamiento eventual del tiempo. Locuciones como “Vamos a estudiar” “vamos al trabajo” “encontrémonos a X hora” “es hora de ir a cine” “es hora de comer”, dan la idea de un orden, pues la actividad humana se correlaciona con la medición de una temporalidad. La inexistencia del tiempo se hace existente cuando ocurre entropía social. En este orden de cosas, podríamos decir que “el tiempo” es una excusa para fijar orden. ¿O no? Sí, en todo el sentido de la palabra. La cotidianidad habla de orden porque las actividades se determinan en intervalos de tiempo, y de esta manera “el tiempo” es una excusa para la determinación de las acciones.

El tiempo es un asunto mental, no existente en sí mismo; es una evocación para determinar control genérico. Está en nuestra mente. Coordinamos nuestra vida según el paradigma temporal, puesto que nuestras actividades están expuestas a una “región temporal” por cuanto la inherencia entrópica permanece en el hombre. Ontológicamente, el tiempo no existe. Es más una concepción con origen en la mentalidad de una sociedad que debe saciar sus actividades, y como seres desordenados proponen una estructura con medición (tiempo) para tratar de realizar las tareas propuestas. La estructura mental del tiempo es un asunto arraigado y cotidiano para proponer diseño y majestuosidad en la sociedad. El tiempo no existe. Sin embargo, para conveniencia de este escrito es necesario que se propugne la existencia de la dimensión temporal por cuanto la Teoría del Big Bang promueve existencia ontológica a partir de la gran explosión.

4. La nada.

¿Por qué hablar de este asunto aquí? Es muy simple. La ciencia atribuye la existencia de la nada anterior al Big Bang. Antes de este evento, según el paradigma científico ampliamente aceptado, imperaba la nada por cuanto no interactuaba la materia por cuanto no existía, y por lo tanto no existía el espacio en donde la materia pudiese interactuar; tampoco existía el “tiempo” (para los que creen que existe ontológicamente), y a partir de la explosión inicial se fundó la materia, y por extensión la “dimensión temporal”. Ahora, ¿qué es la nada? La nada es lo que la misma palabra designa, nada. La nada no es un lugar. Es la ausencia radical de materia, y por extensión la inexistencia de corpúsculos diminutos (Quarks y Leptons). ¿Por qué la nada es un espacio y no un lugar? Porque para que exista un “lugar” debe haber algo que ocupe espacio. El lugar encierra la materia, pues es el medio que ocupa ésta. La nada es el vacío absoluto e implica inexistencia y no existencia subyacente, pues lo que ocupa espacio es la materia, y como se dijo, la nada es la ausencia de materia, por lo tanto el concepto de “nada” no puede ser encapsulado en un lugar. La nada no implica tiempo. La materia supone el tiempo con la manifestación de astros. La nada es la concentración de lo inverso a la existencia de algo. Ahora, racionalmente, ¿puede surgir algo de la nada? Esta incógnita ha desgastado sesos en cantidad; la respuesta exotérica equivale al misterio que plantea la pregunta en cuestión. Ya hemos dicho que la nada es igual a inexistencia. Cómo puede surgir existencia de la inexistencia. La nada encierra coherencia y consistencia dentro de sí al sostener que el concepto de “materia” para ella no se concibe. Decir que algo viene a la existencia en medio de la existencia de la nada es absurdo. En este aspecto, lo finito no concibe respuesta al tratar con el enigma en desarrollo. Lawrence Krauss, uno de los físicos más reconocidos afirma que el espacio vacío (o la nada) puede producir partículas sencillamente porque es inestable10. Pero, la pregunta hipotética sigue en pie sin responder: ¿Por qué y cómo surge algo de la nada? Si con la nada suponemos eliminar todos los elementos de un lugar (hasta el aire y el campo gravitatorio) pues entonces sí existiría, e implicaría obliteración de compuestos materiales. La nada no tiene forma, no cambia, no siente, entre otras cosas por cuanto no se puede encerrar. Algo que si podemos suponer es que la nada no existe por cuanto la materia obscura y la fuerza gravitacional invaden el Universo. Hay preguntas que la ciencia ha decidido rebotar a los filósofos, y en esta instancia Hawking con su afirmación de que “la filosofía ha muerto” debería reconsiderarlo.

La siguiente gráfica resume todo lo que se ha dicho hasta el momento, y sintetiza de manera mnemotécnica la premisa de la ciencia en cuanto al origen de todo.

Big_Bang_3

Gráfica 3.

Tesis final

Muchas personas se han preguntado (aun físicos y astrónomos) qué existía antes del Big Bang. El paradigma de la ciencia ha atribuido este evento (la gran explosión) como el origen de todas las cosas (Materia interestelar y materia biológica). Los grandes astrofísicos han manifestado a través de declaraciones concisas que por medio de esta explosión empezó el tiempo y todo lo que hay a nuestro alrededor. El huevo cósmico, como se conoce, al parecer es el originador de la materia existente, pero ¿qué existía antes del huevo primigenio? No existía nada. ¿Cómo pues se formó el huevo cósmico? ¿Cómo se originó el tiempo con el Big Bang, si el tiempo no está constituido de materia? Desde un ángulo filosófico antes de esta explosión existía la nada. Pero si existe la nada entonces no puede haber materia, porque la nada es la inexistencia de materia. La nada no es nada en el sentido estricto de la palabra. No puede haber materia donde existe la nada porque para haber materia debe haber un lugar fijo para que esta se mantenga y permanezca, pero ¿la nada es un lugar? En lo absoluto. Para que exista un lugar debe existir materia, y si la nada no es un lugar entonces de la nada no puede surgir materia. No se puede formar algo de la nada porque la nada es ausencia de partículas, átomos y todo lo que implique materia. Según el paradigma científico, podemos decir que en el huevo cósmico estaba inmerso el tiempo. Con la explosión empieza el tiempo. La sopa química primigenia resultante del gran estallido lógicamente es materia, pero el tiempo es algo inmaterial y trasciende la materia, por lo tanto no es materia. El tiempo no es materia. Entonces, ¿Cómo pues el tiempo empezó con el Big Bang si el tiempo no es materia? La nada carece de tiempo y materia. En la nada el tiempo no es nada, pues para que haya tiempo debe haber materia. No puede haber tiempo si no hay materia. El tiempo es una limitación a la materia, una concepción humana encasillada en pasado, presente y futuro. La noción de tiempo desapercibidamente es una línea ininterrumpida pasajera y volátil marcada por cuerpos astronómicos, de manera que antes del Big Bang no existía el tiempo porque sencillamente no había nada que clasificara el tiempo. La nada implica no materia no tiempo. Y si no había tiempo antes del Big Bang pues sencillamente tampoco puede existir materia, pues el tiempo presupone materia. Si no había tiempo (pues existía la nada), cómo pues pudo haber materia? Si no hay tiempo no hay materia. Antes del Big Bang no había materia porque el tiempo surgió con la explosión, pues el tiempo presupone materia. Sin embargo, antes de este evento no había tiempo, y eso implica que no existía materia. No había materia preexistente para crearse el huevo. Cómo se formó el huevo si existía la nada? Desde el punto de vista gnoseológico esto es improbable, pues no puede crearse algo si no hay materia preexistente que traiga a la existencia ese algo. ¿Cómo puede aparecer algo de la nada si la nada es ausencia de materia? La nada es nada. Desde el punto de vista científico en la nada no subsisten neutrones, protones ni neutrones; la materia está compuesta de estos tres elementos, entonces en la nada no podría crearse materia porque no estaban los constituyentes del átomo, el cual constituye la materia prima. El huevo cósmico no puede haberse creado porque existía la nada. Esto es improbable. Según la ciencia, lo que conocemos ahora. Antes del huevo cósmico no había materia, por lo tanto no puedo constituirse un objeto de explosión para el origen de las cosas. Postulo que el modelo que ha dado la ciencia a la pregunta del origen de todo no es acertado; por definición de conceptos se puede concluir que es inconcebible.

Por Richard Andrey Bolaños

Bibliografía.

  1. Hawking, Stephen. The Great D Pág, 7. Cambridge University Press.
  2. Caims-Smith, Graham. Evolving the mind: On the nature of matter and the origin of consciousness. Cambridge University Press. 1996.
  3. El caso del Hinduísmo es complejo. En realidad, como se sabe, éste no es una religión, sino que la expresión “hinduismo” es una palabra genérica para incluir la multiplicidad de pensamientos religiosos que impera en la India y algunas regiones de África. En este sistema sapiencial multifacético existe el Monoteísmo, Politeísmo, Panenteísmo, Panteísmo, y una especie de Ateísmo común. Por lo tanto, no se podría llamar Religión si se acoge la definición de Durkhein al decir que la Religión es un sistema que tiene a lo sagrado y práctica y observa ciertas cuestiones prescritas.
  4. Hawking, Stephen. El Universo en una cáscara de Nuez. Cambridge University Press. Pág. 91.
  5. Trepat, Carbonell. El tiempo y el espacio en la didáctica de las ciencias sociales. Universitat de Barcelona. España. 2006. Pág. 129.
  6. Schaefer, Lola. What is the matter? Pág. 19.
  7. Valenzuela, Cristóbal. Química general. Introducción a la química teórica. Universidad de Salamanca, España. 1995. Pág. 247.
  8. Manahan, Stanley. Fundamentals of Sustainable Chemical Science. Pág. 145.
  9. Hawking, Stephen. The great design. pág. 67.
  10. Krauss, Lawrence. An Universe from nothing. Pag. 17.