La escena del Trono de Apocalipsis 4 y 5: La Entronización de Cristo

Al parecer la escena del trono de los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis describe la exaltación de Cristo luego de su ascención al cielo. Apocalipsis 3:21 conecta las profecía de las siete iglesias con esta escena. Veamos: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono." Según David E. Aune, esta promesa hace referencia a Salmos 110:1, que es uno de los más importantes salmos mesiánicos y que profetiza la entronización del Mesías (Word Biblical Commentary, vol. 52A, págs. 262, 263).

La promesa que se hace al que venciere, introduce la escena del trono de Dios. De esta forma se le garantiza a Juan que Cristo fue glorificado y entronizado. El tema central de Apocalipsis 4 y 5 tiene tres partes: el trono del Padre (cap. 4), Cristo como el vencedor (5:5) y Cristo y el Padre obrando juntos y recibiendo la adoración de los seres celestiales (5:6-14).

Según David E. Aune, tales descripciones de Dios entronizado en medio de su asamblea celestial se han encontrado en Mesopotamia, Ugarit, Fenicia e Israel (IBID, pág. 277). Ranko Stefanovic afirma que el contexto y el lenguaje que se utiliza en estos dos capítulos, es similar al utilizado en las referencias proféticas del Antiguo Testamento con relación al futuro rey Davídico (Revelation of Jesus Christ: Commentary on the Book of Revelation, pág. 161). Además afirma que la descripción de la escena de Apocalipsis 5 sigue el patrón de la ceremonia de coronación y entronización de los reyes de Israel [2 Reyes 11:12-19; 2 Crónicas 23:11-20] (IBID).

Según Stefanovic, el entronizamiento del rey en Israel consistía en su investidura con los emblemas reales (2 Reyes 11:12), seguido del rito de la unción, lo cual era un elemento importante del rito de la coronación (2 Samuel 2:4; 5:3; 1 Reyes 1:34,39; 2 Reyes 23:30). La ceremonia de coronación terminaba con una gozoza aclamación para el nuevo rey por la multitud allí reunida (1 Reyes 1:34,39,46; 2 Reyes 11:12,14,20) (IBID, pág. 162). Estos mismos elementos se encuentran presentes en la escena del trono de Apocalipsis 4 y 5. Esta primera escena del trono de Dios no evoca el juicio, sino la investidura de Cristo para comenzar su obra mediadora.

Jacques B. Doukhan afirma lo siguiente al respecto: "Esta escena del Apocalipsis cumple con el ritual tradicional de entronización hallado en toda la antigua cultura del Oriente Próximo y medio...El profeta del Apocalipsis interpreta la entronización de Yeshua como una inauguración del santuario" (Secretos del Apocalipsis, pág. 55). De esa inauguración hablan también Hebreos 8 y 9. Por lo tanto, la escena del trono de apocalopsis 4 y 5 no tiene nada que ver con el día de la expiación, sino, con la entronización de Jesús.

En visión Juan vio una puerta abierta en el cielo y una voz le dijo: "Sube acá y te mostraré las cosas que deben suceder después de estas" (Apoc. 4:1). Juan vio un trono en el cielo y a Dios sentado en el trono (v. 2). Además, vio veinticuatro tronos y veinticuatro ancianos sentados en ellos (v. 4). Vio siete lámparas se fuego ardiendo que identificó como "los siete espíritus de Dios" (v. 5). Vio también como un mar transparente semejante al cristal y en medio y alrededor del trono vio cuatro seres vivientes (v. 6). Los cuatro seres vivientes no cesaban de decir: "Santo, santo, santo, es el Señor Dios, el todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir" (v. 8).

El ministerio de los cuatro seres vivientes en esta primera visión del trono de Apocalipsis es dar "gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono (v. 9). Los veinticuatro ancianos también se unen a la adoración del Señor (vv. 10,11).

Esta no es una escena de juicio, sino de adoración y alabanzas.

Luego, Juan vio un libro sellado con siete sellos en la mano derecha del que estaba sentado en el trono (5:1). La palabra libro es la traducción de la palabra griega βιβλίον (biblíon). βιβλίον es el diminutivo de βίβλος (bíblos) que significa rollo o libro. Por lo tanto, era un rollo pequeño.

Juan vio a un ángel poderoso que decía a gran voz: "¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos? Y nadie podía abrir el libro (5:2,3). Juan lloró mucho porque nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni mirar su contenido (5:4).

Entonces uno de los ancianos dice que "el León de la tribu de Judá, la raiz de David" abrirá el libro y desatará sus sellos (5:5). Juan esperaba ver al León de la tribu de Judá y en su lugar vio un cordero, de pie, como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos (5:6). La palabra griega que se utiliza para cordero es ἀρνίον (arníon) que es el diminutivo de ἀρήν (arḗn), lo cual indica que es un cordero joven. Los siete cuernos hablan de su poder supremo (Salmos 132:17; Jer. 48:25) y los siete ojos hablan de su omnisapiencia (Zac. 4:10). La figura del león de Judá y de la raiz de David hablan de su investidura como el rey Davídico anunciado por las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento (Isa. 22:22; Eze. 37:24). Todos estos elementos se asocian con el nuevo status que el Cordero ha adquirido.

La figura del cordero inmolado evoca las palabras de Isaías: "...como cordero fue llevado al matadero..."(53:7) y también evoca al cordero pascual (Exo. 12:1-14). El Cordero ha vencido mediante su muerte y este hecho le hace digno de desatar los sellos y de abrir el libro. Esta imagen del Cordero de pie delante del trono es un tema conocido en el Nuevo Testamento. El día de Pentecostés Pedro dijo lo siguiente al respecto: "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís" (Hechos 2:32,33).

Pedro asocia la exaltación de Jesús (glorificaciòn de Jesús) con Pentecostés (Hechos 2:1,34). Es sabido que en el calendario festivo de Israel, Pentecostés seguía a la Pascua. Ocurría cincuenta días después (Lev. 23:15,16). Pentecostés era la fiesta de la cosecha o de las primicias del fruto de la tierra (Ex. 23:14-19; Lev. 23:9-22). El mensaje de Pedro es que esa primera manifestación poderosa del Espíritu Santo que ellos recibieron en Pentecostés vino como resultado de la glorificación o coronación de Jesús.

Cristo murió un durante la Pascua. Él fue el cordero pascual (1 Cor. 5:7). Estuvo tres días muerto (Mat. 12:40) y durante cuarenta días se apareció a sus discípulos (Hech. 1:3). Siete días luego de su ascención ocurrió Pentecostés; exáctamente cincuenta días después de la pascua. Es interesante resaltar el hecho que las ceremonias de dedicación duraban siete días (Éxo. 29:35; 2 Crón. 7:8). Exáctamente siete días después de la ascención de Cristo ocurrió Pentecostés, porque en ese día terminó la ceremonia de coronación de Jesús, la inauguración del santuario celestial y la ceremonia de la dedicación de Jesús para el sacerdocio. Debe notarse que esta primera visión del trono de Apocalipsis 4 y 5 fue descrita en el marco de la coronación y unción de Jesús en el cielo.

Elena White comenta lo siguiente al respecto:

"La ascensión de Cristo al cielo fué la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. Habían de esperarla antes de empezar a hacer su obra. Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fué entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fué de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo" (Hechos de los Apóstoles, pág. 31).

Es un hecho establecido en el Antiguo Testamento que durante la ceremonia de entronización de los reyes de Israel y de Judá se le entregaba al rey el libro de la ley o libro del pacto, el cual él leía al pueblo (Deut. 18:18; 2 Reyes 11:12; 23:2). En la primera escena del trono de Apocalipsis se le entrega un rollo al Cordero (5:6,7).

Cuando Dios renovó el pacto con Israel Moisés "tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo" (Éxo. 24:7). Este libro, al igual que el libro de Apocalipsis 5:1 estaba escrito por ambos lados (Éxo. 32:15).

Esta escena contenía elementos similares a la coronación del rey. Este tema es desarrollado por el apóstol en Hebreos 9:11-28) con relación a la inauguración del nuevo pacto y del santuario celestial. Para el autor de la epístola a los Hebreos la entronización, glorificación o coronación de Jesús se asocia con la inauguración del santuario celestial (8:1,2; 9:11,12,18).

En la primera visión del trono de Apocalipsis 4 y 5 el motivo de las alabanzas es la glorificación o coronación de Jesús y no el juicio. Por tal razón las miriadas de ángeles, los 24 ancianos y los 4 seres vivientes decían a gran voz: "El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Apoc. 5:12,13).

Por tal razón William R, Newell afirma que los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis revelan el evento de la investidura de Jesús. Él comenta que este cántico es el cumplimiento de Filipenses 2:9-11 (The Book of the Revelation, pág. 97). "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filip. 2:9-11).

La visión del rollo del segundo capítulo de Ezequiel es el modelo que la visión del trono de Apocalipsis 5 utiliza. La visión del rollo de Ezequiel marca el inicio del ministerio de Ezequiel (2:3), así como la visión del rollo de Apocalipsis 5 marca el inicio del ministerio sacerdotal de Cristo en el santuario celestial (Apoc. 5:9).

El rollo que vio Ezequiel estaba escrito por ambos lados (‪2:10‬), al igual que el rollo del capítulo que vio Juan (5:1). El rollo que Ezequiel vio en visión contenía "lamentaciones, gemidos y ayes" (‪2:10‬). El rollo que Ezequiel vio probablemente se refería a la proclamación del juicio venidero sobre Israel (Caps. 4-24) y sobre las naciones enemigas (Caps. 25-32).

Según David E. Aune, existen por lo menos cuatro propuestas con relación al contenido del rollo que Juan vio. Veamos:

  1. Es el libro del destino que contiene el plan predeterminado de Dios.
  2. Es el libro de la vida que contiene los nombres de los santos. Esta posición es problemática debido al hecho que el libro de la vida se abre por primera vez en Apocalipsis ‪20:12‬ en otro contexto. Además, la apertura del libro no tiene nada que ver con la revelación de la identidad de los santos.
  3. El rollo es un registro de los pecados de la humanidad. El problema con esta posición es que en Apocalipsis 5 no tenemos una escena de juicio.
  4. El rollo es el Antiguo Testamento o más especificamente la Torah. Esta escena de Apocalipsis 5 donde el Cordero toma el libro de la mano del que estaba sentado en el trono tiene paralelos en la literatura rabínica donde donde se supone que Moisés recibió la Torah de la mano de Dios (Deut. Rab. ‪11:10‬; Freedman, Midrash Rabbah 7:185). Además, al parecer a los reyes de Israel se les entregaba una copia del libro de la ley (Deut. ‪17:18-20‬). Tan temprano como en los días de Hipólito, Orígenes y Victorino se pensaba que el rollo sellado representaba el Antiguo Testamento (Word Biblical Commentary, vol. 52A, pág. 345). Ranko Stefanovic afirma que el libro sellado es análogo al libro del pacto que era entregado a los reyes durante su entronización (Revelation of Jesus Christ: Commentary on the Book of Revelation, págs. 167-169).

Como se ha establecido en los estudios anteriores, un análisis cuidadoso de la visión del trono de Apocalipsis 4 y 5 demuestra que se describe una escena de entronización. Por tal razón, se le entrega el rollo al Cordero que ha sido inmolado, pero que ahora es digno de desatar los sellos y abrir el libro (Apoc. 5:6-9). Lo mismo se hacía con los reyes de Israel. El Cordero ha sido entronizado. Ahora tiene siete cuernos, sinónimo de todo el poder. Tiene siete ojos, sinónimo de omnisapiencia (5:6). Esta es la única escena del trono en el libro de Apocalipsis donde la hueste celestial se postra ante el Cordero (5:8). La entrega del rollo es un símbolo de la soberanía que el Cordero ha tomado (5:9, 12). La hueste celestial aclama al que está sentado en el trono y al Cordero (4:8-11; 5:9-14). Esta escena no describe un juicio, sino una celebración festiva: la entronización de Jesús. Por cierto, mediante la apelación a la Pascua al hacer mención al Cordero como inmolado en 5:6, sugiere el comienzo del desarrollo de las micro-profecías que las fiestas solemnes anunciaban. Por tal razón se asocia la muerte del Cordero con Pentecostés. El Pentecostés sigue a la Pascua. La entronización de Jesús se asocia con el don masivo del Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2:1,33-36).

El uso que Juan hace de Daniel pudiese sugerir que el Cordero va a revelar el verdadero significado de ese libro en esta narrativa. Los siete sellos tienen que ser abiertos para poder leer el contenido del libro. El rollo fue sellado por Dios mismo que es quién se lo entrega al Cordero. Solamente un ser divino, con la misma autoridad que Dios podría abrir el rollo.

Frank E. Gabelein afirma que los antiguos romanos sellaban con sellos los rollos que registraban los testamentos y la herencia. Cada sello tenía inscrito el nombre de un testigo que tenía que estar presente cuando se abriese el rollo (The Expositors Bible Commentary, vol. 12, pág. 466). Adam Clarke afirma que el rollo contiene los propósitos y designios relativos al gobierno de Dios en el mundo y con la iglesia (Clarke's Commentary, vol.6, pág. 991).

Un análisis de la evidencia interna del contenido de los sellos podría ayudar a conocer el contenido del libro. Los primeros cuatro sellos introducen los cuatro jinetes del Apocalipsis (Apoc. 6:1-8). Steve Gregg asocia el caballo blanco con el período del imperio romano y afirma que los Adventistas ven en este jinete el mensaje de la cristiandad siendo esparcido durante el primer siglo. Luego afirma que los siguientes sellos anuncian entre otras cosas, las persecuciones que sufrrió la iglesia de Cristo (Revelation: Four Views, págs. 103, 104).

Bajo el sexto sello los inicuos claman: "porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. ‪6:17‬). Entonces aparece un paréntesis escatológico entre el sexto y séptimo sello que anuncia el sellamiento como una medida de salvación y protección de Dios para su pueblo (Apoc. 7). Cuando el séptimo sello se abre hay un silencio en el cielo (Apoc. 8:1), lo cual se puede interpretar como un juicio que ha comenzado, al igual que ocurre bajo la séptima trompeta (Apoc. ‪11:18‬).

Este breve análisis de los sellos es cónsono con el contenido del mensaje del rollo que le fue dado a Ezequiel: "lamentaciones, gemidos y ayes" (‪2:10‬).

Ezequiel muestra como Israel cayó en la apostasía y como resultado fueron asolados por las naciones vecinas. Este es el mismo elemento que se encuentra presente en los siete sellos. La iglesia victoriosa terminó en apostasía, al punto de someterse al control de Jezabel (Apoc ‪2:20‬). Los juicios de Dios no se hicieron esperar. Pero la promesa es que llegará el momento en que Dios intervendrá a favor de su puebo sellándolo para salvación y juzgando a sus enemigos. La misma escena es presentada en el libro de Ezequiel (9:1-11; caps. 10 y 11).

Elena White comenta lo siguiente sobre el contenido del rollo sellado. Veamos:

"Hay en su mano abierta un libro, el rollo de la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. En este se contenían las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, todo el consejo simbólico del Eterno, y la historia de todos los poderes gobernantes de las naciones. En lenguaje figurado se contenía la influencia de cada nación, lengua y pueblo desde el comienzo de la historia del mundo a su fin" (9 Manuscript Releases 7.2)

Esta cita es cónsona con el mensaje de la Biblia y magistralmente aglomera todos los planteamientos mencionados en este escrito sobre el contenido del rollo.

En Apocalipsis 5: 5 dice lo siguiente: "Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos."

Estos dos títulos expresan que Jesús es el cumplimiento de dos profecías del Antiguo Testamento. Ambas imagenes fueron tomadas de dos versículos de contenido mesiánico que profetizan que un rey saldría de la tribu de Judá (Gén. 49: 9,10 comparar con Heb. 7: 14) y que saldría de la simiente de David (Isaías 11:1,10 comparar con Rom. 15: 12).

En vez de un león imponente, Juan vio "a un Cordero, de pie, como inmolado" (5: 6 p.p.). Lo cierto es que este Cordero tenía siete cuernos y siete ojos (5: 6 u.p.). La figura del Cordero aparece 28 veces en Apocalipsis y tres veces en el evangelio de Juan. La figura del Cordero evoca la Pascua y al cordero pascual (Éxo.12) y también evoca al siervo sufriente que es llevado como Cordero al matadero (Isa. 53: 7).

Este Cordero tiene dos carácteristicas adicionales. Tiene siete cuernos y siete ojos (5: 6 u.p.). En el Apocalipsis el número siete se asocia con el Padre (4: 5), con el Hijo (5: 6 p.p.) y con el Espíritu Santo (1:4; 5: 6 u.p). Siete en la Biblia denota plenitud, perfección o algo completo.

La figura del cuerno en la Biblia se asocia con poder (Dan. 7: 7; Zac. 1:18, 21; Luc. 1: 69; Apoc. 17: 7). Los siete cuernos representan la plenitud del poder que Jesús recibió durante su entronización.

En Zacarías 3:9 los siete ojos se asocian con la única piedra, o sea, el Mesías. En Zacarías 4 las siete lámparas representan la Palabra de Jehová (Yahweh) y al Espíritu Santo (4:6). Además representan los ojos de Jehová que recorren toda la tierra, lo que claramente habla de su conocimiento (4:10). Por lo tanto, los siete ojos de Apocalipsis 5:5 pueden muy bien simbolizar el hecho que la sabiduría de Jesús ya no estaba vedada como cuando estuvo en la tierra (Mateo 24: 36). Al Momento de su exaltación Jesús asumió nuevamente la plenitud del poder y de la sabiduría (Apoc. 5:12).

La figura de los siete cuernos y los siete ojos hablan de un Jesús glorificado y entronizado. Jesús "se ha sentado a la diestra de la Majestad en los cielos como ministro del santuario y del verdadero tabernáculo que erigió el Señor y no el hombre" (Hebreos 8:1,2). Por eso en esa celebración festiva la hueste celestial entona el siguiente canto:

"El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza...Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Apoc. 5:12, 13).

En Hebreos 8 el apóstol hace referencia al hecho que Jesús se sentó a la distra de Dios "al servicio del santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre" (Hebreos 8:2 | BJ). Luego hace referencia al santuario y al sumo sacerdote del nuevo pacto (1-5). Menciona además el nuevo pacto (6-12) y concluye con la siguiente afirmación: "Al decir nueva, declaró anticuada la primera; y lo anticuado y viejo está a punto de cesar" (13 | BJ). Este capítulo también menciona el inicio de un nuevo pacto que daría por viejo (γηράσκω - gēráskō) al primero. Por lo tanto, el tema del apóstol en este capítulo es la inauguración del nuevo pacto con su nuevo santuario y su nuevo sacerdocio.

En el capítulo 9 el autor de la epístola a los Hebreos afirma que el primer pacto con sus ordenanzas de culto y su santuario terrenal fue una medida temporal hasta el tiempo de la corrección (διόρθωσις - diórthesis). Esto es el tiempo de la reformación, o corrección, o sea, hasta que llegase Cristo (Hebreos 9:1-10).

Cristo se hizo presente como sumo sacerdote y entró al santuario (τὰ ἅγια - ta hagia) con el objetivo de inaugurarlo para dar comienzo a su ministerio celestial (Hebreos 9:11 - 13). El apóstol confirma este hecho al decir: "Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!" (Hebreos 9:13, 14 | BJ). Esta purificación que el apóstol menciona en este pasaje no es la purificación del día de la expiación, como erroneamente creen algunos.

Según Paul E. Kretzmann, la sangre de machos cabríos y toros no solo se utilizaba en el día de la expiación, sino que también se utilizaba en otros servicios celebrados en otros días. Esta sangre se utilizaba para restaurar al transgresor a la pureza personal frente la ley de Dios (Popular Commentary on the Bible: New Testament, vol. 2, pág. 470). En este pasaje el apóstol habla mas bien en términos de inauguración y afirma lo siguiente al respecto:

"Por tanto, ni aun el primer pacto se inauguró sin sangre. Porque cuando Moisés terminó de promulgar todos los mandamientos a todo el pueblo, conforme a la ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, diciendo: ESTA ES LA SANGRE DEL PACTO QUE DIOS OS ORDENO. Y de la misma manera roció con sangre tanto el tabernáculo como todos los utensilios del ministerio. Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón" (Hebreos 9: 18-22 | LBLA). Note el lector el uso de la palabra "inauguró", ἐνκεκαίνισται (enkekaínistai) de ἐγκαινίζω (egkainidzō) que significa: "renovar, inaugurar, consagrar o dedicar" (Strong).

Esta inauguración fue predicha en Daniel 9:24. Veamos: "Setenta semanas están fijadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebeldía, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar justicia eterna, para sellar visión y profecía, para ungir el santo de los santos." (BJ). El santo de los santos es una referencia al santuario del nuevo pacto. Sería ungido, o sea, inaugurado/dedicado luego devla muerte del Mesías.

En Hebreos 9:23 dice lo siguiente con relación a esta purificación de inauguración: "En consecuencia, es necesario, por una parte, que las figuras de las realidades celestiales sean purificadas de esa manera; por otra parte, que también lo sean las realidades celestiales, pero con víctimas más excelentes que aquéllas." -(BJ). El versículo 24 establece que Cristo entró al santuario (ἅγια - hagia) para presentarse en el cielo mismo ante Dios "y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el Sumo Sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena" (Hebreos 9:25 | BJ). Él ministra los beneficios de su sangre expiatoria a favor de los suyos.

El apóstol continúa con el mismo tema de inauguración en el capítulo 10. Al igual que al principio del capítulo 9, el apóstol muestra la temporalidad de los sacrificios y del sacerdocio del primer pacto. Luego afirma lo siguiente: "Esta es la Alianza que pactaré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en su mente las grabaré" (Hebreos 10:16 | BJ).

Por lo tanto, la referencia de Hebreos 9:11-28, Hebreos 8 y 10, es a la inauguración del nuevo pacto, al nuevo santuario y al nuevo sacerdocio. También habla sobre la sangre del nuevo pacto como una mejor sangre. La sangre provista por Cristo es mejor que la sangre de los machos cabríos, de los toros y de la vaca que se ofrecían bajo el primer pacto.

El día de la expiación no es el tema de estos pasajes. Inclusive, la sangre de Cristo se contrasta con la sangre utilizada en los sacrificios del primer pacto y se concluye que es mejor. Cristo inauguró el nuevo pacto y el santuario del nuevo pacto con su sangre y no con otra. Estos capítulos tienen sabor a inauguración, al igual que la escena festiva que Juan vió en visión en Apocalipsis 4 y 5.

"La ascensión de Cristo al cielo fué la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. Habían de esperarla antes de empezar a hacer su obra. Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fué entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fué de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo" (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 31).

"Fiel a su promesa, el Ser divino, exaltado en las cortes celestiales, impartió algo de su plenitud a sus seguidores de la tierra. Su entronización a la diestra de Dios fue manifestada por el derramamiento del Espíritu sobre sus discípulos." {La Educación, pág. 85}

"El don del Espíritu Santo es el mayor regalo que Dios podría conceder al hombre finito. Es gratis para todos; este obsequio es de un valor incalculable. Esta prenda señala la entronización del Unigénito Hijo de Dios en su reinado de mediación. Mediante el regalo del Consolador, el Señor Dios de los cielos demuestra al creyente la reconciliación perfecta que logró entre él y el hombre, gracias a “la cual—dice Pablo—tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Hebreos 6:19, 20." {Recibiréis Poder, pág. 116}

"Este ministerio siguió efectuándose durante 18 siglos en el primer departamento del Santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba el perdón y la aceptación del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para remover el pecado del Santuario. Este es el servicio que comenzó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había predicho Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el Lugar Santísimo para cumplir la última parte de su obra solemne: la purificación del Santuario." – {Consejos sobre la Escuela Sabática, pág. 96}

"Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a principiar su obra como nuestro Sumo Sacerdote. El apóstol Pablo dice: “No entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”. Hebreos 9:24. Como el ministerio de Cristo iba a consistir en dos grandes divisiones, ocupando cada una un período de tiempo y teniendo un sitio distinto en el Santuario celestial, asimismo la ministración típica consistía en el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se dedicaba una sección del tabernáculo. Como Cristo, después de su ascensión, compareció ante la presencia de Dios para ofrecer su sangre en beneficio de los creyentes arrepentidos, así, en el servicio diario, el sacerdote rociaba la sangre del sacrificio en el Lugar Santo en favor de los pecadores." – {CES, pág. 39}

"Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de Dios que está en el cielo, vio que allí “ardían siete lámparas de fuego”. Vio también a un ángel que tenía “un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono”. Apocalipsis 4:5; 8:3. Se le permitió al profeta contemplar el Lugar Santo del Santuario celestial; y vio que allí “ardían siete lámparas de fuego” y “el altar de oro”, representados por el candelero de oro y el altar del incienso o perfume en el Santuario terrenal. Nuevamente “el templo de Dios fue abierto en el cielo”, y vio el Lugar Santísimo detrás del velo interior. Allí contempló “el arca de su pacto” (Apocalipsis 11:19), representada por el arca sagrada construida por Moisés para contener la ley de Dios." – {CES 38.1}

"Los lugares santos del Santuario celestial están representados por los dos departamentos del Santuario terrenal. Cuando en una visión le fue dado al apóstol Juan que viese el templo de Dios en el cielo, contempló allí “siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono”. Vio un ángel que tenía “en su mano un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso, para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos, encima del altar de oro que estaba delante del trono”. Se le permitió al profeta contemplar el primer departamento del Santuario en el cielo; y vio allí las “siete lámparas de fuego” y el “altar de oro” representados por el candelabro de oro y el altar de incienso en el Santuario terrenal. De nuevo “fue abierto el templo de Dios” (Apocalipsis 4:5; 8:3, VM; 11:19, VM), y miró hacia adentro del velo interior, el Lugar Santísimo. Allí vio “el arca de su pacto”, representada por el cofre sagrado construido por Moisés para contener la ley de Dios." – {CES 90.3}

"Concluida estaba la obra del Salvador en la tierra; ya se acercaba el momento en que debía volver a su mansión celestial. Había vencido y estaba por recuperar su puesto al lado de su Padre, en su trono de luz y de gloria." Jesús eligió el Monte de los Olivos como lugar de su ascensión; hacia él se dirigió acompañado de los once discípulos. Pero éstos no sabían que sería la última entrevista con su amado Maestro. A medida que avanzaban, el Salvador les dió las últimas instrucciones y antes de separarse de ellos les hizo aquella preciosa promesa tan consoladora para todo discípulo de Jesús:"He aquí que estoy yo con vosotros siempre, hasta la consumación del siglo.” Mateo 28:20. Cruzaron la cumbre y se fueron hasta cerca de Betania; allí se detuvieron y rodearon a su Maestro. El los contempló cariñosamente y su rostro parecía despedir rayos de luz. Palabras de la más profunda ternura fueron las últimas que oyeron de los labios de su Salvador. Con las manos extendidas sobre ellos para bendecirlos, se elevó lentamente. En su ascensión al cielo fué seguido por las miradas de sus discípulos, quienes atónitos aguzaban la vista para no perderle, hasta que una nube de gloria le ocultó a sus ojos. En ese momento llegó a sus oídos el eco de la más dulce y gozosa armonía que descendía del coro angelical." – {CNS 155.5}

"Mientras los discípulos seguían con las miradas fijas en el cielo, oyeron voces junto a ellos, que parecían acordes de encantadora música, y al volverse vieron a dos ángeles en forma de hombres, que les dijeron: “Varones galileos, ¿por qué os quedáis mirando así al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá del mismo modo que le habéis visto ir al cielo.” Hechos 1:11. Aquellos ángeles pertenecían a la legión que había venido a escoltar al Salvador a su mansión celestial. Movidos por su simpatía y amor para con los que habían quedado sin su Señor, se detuvieron para asegurarles que no sería aquella una separación eterna. Cuando los discípulos regresaron a Jerusalén, la gente los miraba con asombro. Después de la crucifixión y de la muerte de su Maestro, era de suponer que estuvieran abatidos y avergonzados. Sus enemigos esperaban ver en sus semblantes una expresión de tristeza y decaimiento. En lugar de eso lo que vieron fué alegría y triunfo; se presentaban gozosos, con rostros radiantes de una dicha que no era de este mundo. No se sentían apesadumbrados por esperanzas frustradas, sino que estaban llenos de alabanza y gratitud para con Dios. Con júbilo relataban la maravillosa historia de la resurrección de Cristo y su ascensión al cielo, y muchos creían el testimonio de ellos. Los discípulos ya no desconfiaban más del porvenir. Sabían que Jesús estaba en el cielo y que su afecto seguía acompañándolos. Sabían además que presentaría ante Dios los méritos de su sangre. Estaba enseñando a su Padre las heridas de sus manos y de sus pies como señal evidente del precio que había pagado por sus redimidos." – {CNS 156.6}

"Sabían que volvería otra vez, con todos los santos ángeles consigo, y esperaban el acontecimiento con gran gozo y anhelo. Cuando lo hubieron perdido de vista en el monte de los Olivos, fué recibido por una hueste celestial que le acompañó al cielo con cánticos de triunfo y júbilo. A la entrada de la ciudad de Dios una multitud innumerable de ángeles aguardaban su llegada. Al acercarse Cristo a las puertas, la compañía de ángeles que le seguía, dirigiéndose a la compañía que estaba a las puertas, cantaban en tono de triunfo: “¡Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotros, portales eternos; y entrará el Rey de gloria!” – Los ángeles a las puertas preguntan: "¿Quién es este Rey de gloria?” Y esto lo dicen no porque no sepan quién es, sino porque desean oír la respuesta de sublime alabanza:" “¡Jehová, el fuerte, el valiente! ¡Jehová, el valiente en batallas! ¡Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotros, portales eternos, y entrará el Rey de gloria!” Por segunda vez preguntan los ángeles que guardan las puertas: "¿Quién es este Rey de gloria?” – {Cristo Nuestro Salvador, Pág. 157}

Y los ángeles que le acompañan contestan en melodiosos acordes: “¡Jehová de los Ejércitos, él es el Rey de gloria!” Entonces se abren de par en par las puertas de la ciudad de Dios, y la multitud de ángeles entra al sonido de la indescriptible música celestial. Todas las huestes del Altísimo acuden para glorificar a su Jefe que ha vuelto para ocupar su asiento en el trono de su Padre. Pero aún no puede recibir la corona de gloria y el manto real. Tiene que presentar a Dios una petición respecto a sus escogidos en la tierra. Su iglesia tiene que ser justificada y aceptada ante el universo celestial antes que él acepte ningún honor. Solicita que su pueblo también pueda estar donde él se encuentre. Si iba a recibir gloria quería que los suyos también participaran de ella; aquellos que sufren con él en la tierra han de reinar con él en su reino. Con la mayor ternura e insistencia Cristo aboga por su iglesia. Identifica los intereses de ésta con los suyos propios y con un amor y constancia más firmes que la muerte, defiende los derechos y privilegios ganados por su sangre. La respuesta del Padre a esta súplica fué: “Adórenle todos los ángeles de Dios.” Hebreos 1:6. Llenos de gozo los caudillos de las huestes celestiales adoran al Redentor. La innumerable compañía se postra ante él y en los atrios celestiales suena y vuelve a repercutir el himno: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!” Apocalipsis 5:12. – {Cristo Nuestro Salvador, Pág. 158}

"Los creyentes en Cristo son “aceptos en el Amado.” (V. Valera.) En presencia de las huestes celestiales el Padre ha ratificado el pacto hecho con Cristo, de que recibirá a los pecadores arrepentidos y obedientes y de que los amará como ama a su Hijo. Donde esté el Redentor allí también estarán los redimidos. El Hijo de Dios ha vencido al príncipe de las tinieblas y ha triunfado sobre la muerte y el sepulcro. Los cielos resuenan con gloriosos himnos que proclaman: “¡Bendición, y honra y gloria y dominio al que está sentado sobre el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos!” Apocalipsis 5:13. {Cristo Nuestro Salvador, pág. 159}

Elena White concuerda con el hecho que la visión de Apocalipsis 4 y 5 es una escena de la glorificación y entronización de Jesús.

Existen marcadas diferencias entre la escena del trono de Apocalipsis 4 y 5, y la de Daniel 7:9-14, aunque no se pueden ignorar ciertas similitudes. Veamos las similitudes. En ambas visiones aparece el trono de Dios y otros tronos. Además, miles de ángeles están presentes. En ambas escenas aparece Jesús. Algunos amparados en estas similitudes piensan que ambas visiones se refieren al juicio pre-advenimiento.

Existen marcadas diferencias entre ambas visiones. En Daniel 7 hay una mudanza de tronos, lo cual no se menciona en Apocalipsis 4 y 5. En la visión del trono en Apocalipsis, ya Dios está sentado en su trono. En la visión de Daniel el juez es llamado Anciano de días, mas no así en la visión de Apocalipsis. En Daniel los libros se abrieron cuando el juez se sentó, antes de la llegada del Hijo del hombre. En Apocalipsis Dios está sentado en su trono y el rollo/libro está cerrado y sellado. En Apocalipsis se le entrega el rollo al Cordero y él desata los sellos y abre el rollo. En Daniel los libros se abren cuando el juez se sienta. En la visión de Daniel se mencionan libros y solamente se menciona un libro en la visión de Apocalipsis. En Daniel, Cristo es el Hijo del hombre. En Apocalipsis Cristo es un Cordero inmolado. En Daniel el Hijo del hombre llega ante el anciano de días. En Apocalipsis el Cordero ya está en pie delante del trono. La visión de Daniel presenta una escena de juicio (7:9, 10, 26, 27). En la escena de Daniel no hay cánticos, ni adoración al Padre y al Hijo, mientras que en la visión del trono de Apocalipsis si. En Daniel solo se le sirve (adora) al Hijo del hombre (7:14). En Daniel la escena toma lugar en el salón del juicio, mientras que en la escena de Apocalipsis los 4 seres vivientes y los 24 ancianos se encuentran en el lugar santo. Esto es así por el hecho que se mencionan los incensarios de los 24 ancianos y se asocian con las oraciones de los santos (5:8). También se mencionan las siete lámparas de fuego, que también se asocian con el lugar santo (4:5). En la visión del trono de Apocalipsis no se menciona el arca del pacto.

Daniel 7:9-26 y Apocalipsis 4 y 5 describen escenas diferentes. En Daniel se presenta una escena de juicio, mientras que en Apocalipsis se presenta una celebración festiva donde se indica que el Cordero es digno de abrir el rollo porque fue él quién redimió con su sangre a los de la tierra (5:9, 10). Menciona además el hecho que el Cordero retomó lo que por naturaleza era suyo: "el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza" (5:12). Además, los seres celestiales alaban, honran, glorifican y adoran a Dios y al Cordero (5:13, 14).

En Apocalipsis 4 y 5 describen la inauguración/entronización de Cristo utilizando elementos de la entronización de un rey judío. Amparados en estos hechos se puede concluir que Apocalipsis 4 y 5 describen la entronización de Cristo.

En el Comentario Bíblico Adventista hay un comentario lo más de interesante con relación a Apocalipsis 5:13. Comentando sobre las escenas simbólicas descritas en los capítulos 4 y 5 se formula una pregunta con relación a que punto de la gran controversia se refieren estos dos capítulos. La pregunta es contestada con una cita del libro El Deseado de Todas las Gentes, página 774. De acuerdo a esa cita, el cántico fue cantado por los ángeles cuando Cristo fue instalado a la diestra de Dios luego de su ascención. También afirma el citado comentario que de acuerdo con Hechos de los Apóstoles y el Conflicto de los siglos, este cántico será cantado nuevamente por los redimidos y los ángeles durante el establecimiento de la tierra nueva en la eternidad (Vol. 7. Ver comentario sobre Apoc. 5:13). Según esta cita, la primera vez que se cantó dicho cántico fue durante la entronización de Jesús, lo cual muy bien describe esta escena.

Jacques B. Doukhan, afirma lo siguiente sobre Apocalipsis 4 y 5: "Esta escena del Apocalipsis cumple con el ritual tradicional de entronización hallado en toda la antigua cultura del Oriente Próximo y Medio. Era costumbre que el nuevo rey leyera en voz alta el pacto que lo unía a su Señor. De igual modo, en Israel, el rey recientemente coronado inauguraba la ceremonia de entronización leyendo el libro del pacto...La ceremonia del pacto en el Sinaí (Éxo. 19, 20) mantenía el mismo escenario. Allí el pueblo recibió un documento escrito por él de ambos lados (Éxo. 32:15; comparar con Apoc. 5:1). Igualmente, destellos de relámpagos, truenos y trompetas (Éxo. 19:16; 20:18; comparar con Apoc. 4:1, 5) acompañan el evento" (Secretos del Apocalipsis, págs. 55, 56).

Ranko Stefanovic, afirma que el cuarto capítulo de Apocalipsis establece el escenario para la escena descrita en el quinto capítulo. Además comenta que Apocalipsis 4 y 5 describen la coronación del Cristo glorificado luego de su ascención a la diestra de Dios en el trono celestial (Revelation of Jesus Christ: Commentary on the Book of Revelation, págs 192, 209).

C. Mervyn Maxwell afirma que la escena de Apocalipsis 4 y 5 abre con el comienzo del ministerio de Cristo. Además comenta que las escenas de Apocalipsis 4 y 5, y Daniel 7:9-14 no describen el mismo evento, sino que describen escenarios diferentes. Concluye que solo Daniel 7:9-14 representa el juicio (God Cares: The Message of Revelation for you and your Family, pág. 173).

Srephen S. Smalley comenta que algunos eruditos ven la descripción del Cordero en Apocalipsis 5 como su entronización y menciona como ejemplo a Sweet. Comenta además que un trasfondo para esta escena se ha descubierto en la mitología del Cercano Oriente, pero que Juan no necesita copiar de esas fuentes, pues en las Escrituras existen relatos de coronación (1 Reyes 1:32-48; 2 Reyes 11:12-20. Smalley prefiere describir esta escena como una de investidura, o sea, el acto de establecer a alguien para un oficio ejecutivo (The Revelation to John: A Commentary on the Greek Text of the Apocalypse, pág. 112). Según este autor, Apocalipsis 4 y 5 apuntan a la investidura de Jesús luego de su acención y exaltación y no en un momento futuro.

Finalmente, el Cordero en Apocalipsis 5 tiene siete cuernos (poder) y siete ojos (sabiduría). El canto de los seres celestiales precisamente indica que el Cordero que fue inmolado es digno de tomar "el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" (Apoc. 5:12), lo que alude a su exaltación (Filip. 2:9-11). Es precisamente el entronamiento y la investidura del Cordero el tema de este canto.

Cuando el Verbo se hizo carne (Juan 1:14), tomó forma de siervo y se anonadó a sí mismo (Filip. 2:7). Cambió su gloria por humillación y su trono por un pesebre. Una vez cumplió su misión redentora, los cielos le recibieron con aclamación y en ese momento fue entronizado: se sentó a la diestra de la majestad en las alturas (Hebreos 1:3). Esa es la escena descrita en Apocalipsis 4 y 5. Es precisamente esa investidura/entronización lo que lo capacita para regir el destino del mundo. Ahora puede desatar los sellos y abrir el rollo.

Una vez Moisés terminó la construcción del santuario y su mobiliario, llegó el momento de la dedicación/inauguración. Dios le dio indicaciones a Moisés de como debía realizarse. Durante la ceremonia de dedicación/inauguración, se ministraba en todo el santuario desde el lugar santísimo hasta el altar de sacrificios. Veamos:

"Y harás de ello el aceite de la santa unción, mezcla de perfume, obra de perfumador; será aceite de santa unción. Y con él ungirás la tienda de reunión y el arca del testimonio, la mesa y todos sus utensilios, el candelabro y sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto y todos sus utensilios, la pila y su base. Los consagrarás y serán santísimos; todo aquello que los toque será santificado" (Éxodo 30: 25-29 |LBLA). (Ver Éxodo 40:1-11).

Lo mismo ocurriría con el santuario celestial. Durante la ceremonia de inauguración del santuario celestial, Cristo abrió ambas cortinas del santuario para comenzar los actos de inauguración, no solo del santuario celestial, sino también de su sacerdocio (Alberto Treiyer. The Glorious Fulfillments of the Sanctuary, pág. 73, 74). Por tal razón el apóstol comenta lo siguiente sobre la esperanza del creyente: "la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre" (Hebreos 6:19, 20 | LBLA).

El asunto que el apóstol trata en este pasaje no es si Cristo entró al lugar santo, o al lugar santísimo, ya que la tipología nos indica que en la ceremonia de inauguración el sumo sacerdote ministraba en ambos departamentos del santuario. El asunto es que Cristo entró como nuestro precursor al santuario celestial, lo cual nos ofrece esperanza y acceso. Él no entró al santuario[a] celestial por medio de la sangre de machos cabríos ni de becerros (que representan todos los sacrificios que se ofrecían bajo el primer pacto y no necesariamente los sacrificios del día de la expiación), sino por medio de su propia sangre (Heb. 9:12).

El apóstol nuevamente les recuerda a sus hermanos hebreos lo siguiente: "Teniendo, pues, hermanos, en virtud de la sangre de Jesús, firme confianza de entrar en el santuario que El nos abrió, como camino nuevo y vivo a través del velo, esto es, de su carne; y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con sincero corazón, con plenitud de fe, purificados los corazones de toda conciencia mala y lavado el cuerpo con el agua pura" (Hebreos 10:19-22 | NC). La purificación que menciona el versículo está en el contexto de la inauguración (ἐγκαινίζω - enkainízō) del nuevo pacto y su santuario[b] y no del día de la expiación (Hebreos 8:8-10; 9: 12-22; 10:15-20). El mensaje de Hebreos 8-10 es que ahora tenemos acceso a un mejor santuario y a un mejor pacto. Ambos fueron inaugurados con la sangre de Cristo.

Hay quién argumenta que la purificación de las cosas celestiales mencionada en Hebreos 9:23 no puede referirse a la purificación del santuario celestial debido al hecho que según Levítico 8:10, 11 y Éxodo 40:9, 11, la inauguración se efectuó con aceite y no con sangre (Cody. Heavenly Sanctuary, pág. 183). Lo cierto es que Hebreos 9:21 interpreta que la inauguración del santuario original fue con sangre. Por lo tanto, no se puede pasar por alto esa interpretación del apóstol cuando se lee Hebreos 9:23 (Ver Benjamin Ribbens. Blood in the Sanctuary During Inauguration, pág. 122).

Lo cierto es que Aarón y sus hijos fueron ungidos con el aceite de la unción como parte del rito de la dedicación del sacerdocio antes que pudiesen entrar con sangre al santuario. Fue esta unción lo que los capacitó para ministrar la sangre en el santuario (Éxo. 29:1; 40:15). Primero Moisés ungió el santuario y su mobiliario y luego ungió a Aarón y sus hijos (Éxo. 40:1-15). Una vez que el santuario y los sacerdotes fueron ungidos, se ofreció el holocausto y la ofrenda (Éxo. 40:29). Por cierto, el templo de Salomón fue inaugurado con sangre (1 Reyes 8:62-66; 2 Crón. 7:1-7).

Es interesante resaltar el hecho que Cristo fue ungido dos veces. Fue ungido en su bautismo para iniciar su obra mesiánica en la tierra (Hechos 10:38) y en su entronización para iniciar su intercesión y luego el juicio (Hebreos 1:3, 9). En Salmos 133:2 se describe la unción de Aarón. Veamos: "Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras" (LBLA). El día de Pentecostés, cuando Cristo fue ungido, descendió el Espíritu Santo sobre los ciento veinte que estaban reunidos en el aposento alto. Nuevamente el tipo se corresponde con el antetipo.

Cristo no podía oficiar en el lugar santísimo cuando ascendió al cielo si el santuario celestial no había sido aun inaugurado. Aquellos que afirman que el día de la expiación dio comienzo con la ascención de Cristo pasan por alto el orden que establecen las Escrituras. Por lo tanto, luego de la ascención de Cristo el santuario del nuevo pacto fue inaugurado (ἐγκαινίζω - enkainízō). Esa es la escena que se describe en Apocalipsis 4 y 5.


Notas

a y b: La expresión griega que se traduce por santuario en Hebreos 10:19 es τῶν ἁγίων (tōn hagíon). Es un un artículo genitivo neutro plural acompañado de un adjetivo pronominal genitivo plural que también aparece en Hebreos 8:2 para referirse al tabernáculo en su totalidad y no a un lugar del santuario en específico. La otra expresión griega que se traduce por santuario es τὰ ἅγια (tā hágia) que aparece en Hebreos 9:12 y está compuesta por un artículo en acusativo neutro plural y un adjetivo pronominal en acusativo, neutro, plural. En la Septuaginta τὰ ἅγια (tā hágia) es la traducción al idioma Griego de la palabra hebrea הַקֹּ֜דֶשׁ (haqodesh), que se traduce por santuario (Ver. Números 4:15). Ambas expresiones griegas significan literalmente "los santos" y se refieren al santuario en su totalidad. El apóstol utiliza otra expresión para designar el lugar santísimo: Ἅγια Ἁγίων (hágia hagíōn).