Evidencias Trinitarias en el libro de los Hechos

El libro de los Hechos de los Apóstoles es sin duda un escrito excepcional, por la cantidad de datos y escenarios históricos ahí descritos de manera minuciosa  y que han podido ser comprobados por la historiografía y la arqueología moderna.

Compuesta hacia el año 60 d.C, probablemente por Lucas, el médico, esta obra hace posible que el lector pueda tener una vislumbre de lo que fue la vida de los primeros cristianos, envueltos en la ardua labor de difundir el Evangelio por el mundo judío, y posteriormente gentil. El Nuevo Testamento no tendría sentido sin la presencia de este libro iluminando el periodo de la naciente Iglesia cristiana.

Esta obra puede brindar información relevante respecto a las prácticas y creencias de la Iglesia cristiana del primer siglo. Por lo tanto, debiéramos preguntarnos, ¿este libro presenta a la Deidad dentro de un contexto trinitario o antitrinitario?

Las evidencias que podríamos encontrar en este libro, que respondan a la pregunta previamente formulada, serían las siguientes:

1.- Evidencias sobre la deidad de Jesús de Nazaret

2.- Evidencias sobre la personalidad y deidad del Espíritu Santo

3.- Evidencias sobre la unidad de las tres personas que componen la Trinidad

En este artículo presentaremos dichas evidencias que muestren claramente que la creencia adventista sobre la Trinidad[1] no está cimentada sobre arenas movedizas, sino que tiene fundamentos bíblicos sólidos.

También será posible ver como la enseñanza trinitaria de la Deidad no se trata de una doctrina formulada tardíamente como comúnmente se piensa, sino que tiene sus antecedentes más tempranos en el mismo seno de la Iglesia del primer siglo.

Evidencias sobre la deidad de Jesús de Nazaret

y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos; de lo cual nosotros somos testigos.” (Hechos 3:15)

La palabra que usa Pedro y traducida aquí como “Autor” es ἀρχηγὸν (archegos) y significa “originador”, “líder”, “capitán”. Esta palabra es usada 4 veces en el Nuevo Testamento y el contexto indica que su significado más básico es “la causa” o “la fuente originadora”.  Por ejemplo, en hebreos 2:10 y 12:2, la Reina Valera 1960 traduce apropiadamente la palabra griega ἀρχηγὸν como “autor”.

Atribuir a Jesús el título de “Originador de la vida” no sería sino una blasfemia, a menos que Pedro pensara que Jesús era Dios.

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo del cielo, dado a los hombres, en que debamos ser salvos.” (Hechos 4:12)

Isaías 43:11[2] declara que fuera de Jehová no hay salvación. Sin embargo, en la cita de Hechos dada previamente, el apóstol Pedro declara, refiriéndose a Jesús de Nazaret, que “en ningún otro hay salvación”.  Es importante que el lector analice las repercusiones de esta cita. Aquí claramente existe una contradicción, a menos que para Pedro, Jesús sea el Jehová del Antiguo Testamento, plenamente Dios.

“Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre.” (Hechos 20:28)

Aunque este versículo a simple vista no dice mucho sobre la divinidad de Jesús, es necesario buscar el texto en griego para darnos cuenta de ellos. La palabra traducida aquí como “Señor” en griego es θεοῦ (Theos) cuyo significado literal es “Dios”[3]. Veamos la ultima parte del versículo en griego:

ἐκκλησίαν (Iglesia) τοῦ (de) θεοῦ (Dios), ἣν (que) περιεποιήσατο (compro) διὰ (con) τοῦ αἵματος (sangre) τοῦ (de) ἰδίου (si mismo).

Puesto que fue Jesús fue quien derramo su sangre en la cruz del Calvario, tenemos dos opciones. O el apóstol Pablo se equivoco al decir que Dios derramo su sangre, o él estaba en lo correcto y atribuyo a Jesús de Nazaret el título de “Dios”[4].

Evidencias sobre la personalidad del Espíritu Santo

La mayoría de los grupos antitrinitarios afirman que el Espíritu Santo es solo una fuerza, una emanación, una energía desprovista de personalidad. Lo comparan con la electricidad o el magnetismo[5]. No obstante, el testimonio que ofrece el libro de Hechos en cuanto al asunto hace que el lector llegue a una conclusión diametralmente opuesta. Este libro presenta al Espíritu como el personaje principal, aquel que dirige a la Iglesia cristiana, aprobando ciertas cosas y prohibiendo otras. Lo muestra como una persona. Según los Hechos, el Espíritu Santo:

  • Tiene voluntad:

“Pues ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.”   (Hechos 15:28)

  • Habla:

“Y el Espíritu dijo a Felipe: Ve y júntate a ese carruaje.” (Hechos 8:29, véase también Hechos 10:19; 13:2)

  • Prohíbe:

“Y pasando a Frigia y a la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia.”  (Hechos 16:6, véase también Hechos 16:7)

  • Dirige a la Iglesia:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre.” (Hechos 20:28)

  • Conoce el futuro:

“Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura la cual el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús.” (Hechos 1:16, véase Hechos 21:22)

Estas evidencias son imposibles de pasar por alto, y muestran que, en la mentalidad cristiana del primer siglo, el Espíritu Santo  no era una simple energía impersonal: era la presencia de Dios mismo.

Evidencias sobre la deidad del Espíritu Santo

Hechos 5 presenta de manera explícita lo que los primeros cristianos creían acerca del Espíritu Santo. Ellos habían prometido ante Dios donar a la iglesia todas las ganancias producidas por la venta de sus propiedades. No obstante, Ananías y su esposa Safira no habían entregado el ingreso por completo, sino que se habían guardado parte de las ganancias. Pedro, líder prominente, reprende a Ananías de la siguiente manera:

 “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de tu heredad?…no has mentido a los hombres sino a Dios” (Hechos 5:3,4)

De este versículo podemos obtener conclusiones muy interesantes. Primeramente, Pedro afirma de manera tajante que se le puede mentir al Espíritu Santo. Esto sería imposible si el Espíritu fuese una simple fuerza impersonal. Solo podemos mentir a seres personales.

Asimismo, declara que mentir al Espíritu Santo equivale a mentir a Dios. La realidad de esta conclusión es sorprendente. Pedro no solo establece la personalidad del Espíritu, sino que aparte reafirma su plena deidad.

Evidencias sobre la unidad de las tres personas que componen la Trinidad

Es evidente que la comprensión acerca de la Deidad, por parte de los apóstoles, fue cada vez más en aumento. Puesto que eran judíos, extremadamente monoteístas, el paso decisivo fue aceptar que Jesús de Nazaret era igual a Dios el Padre en atributos y características, y que sin embargo ambos constituían al único y verdadero Dios. Después de dar este paso, no fue difícil para ellos comprender que el Espíritu Santo era la tercera persona de la divinidad. [6]

Teniendo en mente este progresivo aumento del conocimiento sobre Dios por parte de los primeros cristianos, es cómo podemos comprender como en el libro de Hechos, estén presentes frases “trinitarias” que muestran a los tres miembros de la Deidad actuando juntos, en una unidad compleja.

“Así que, *[Jesús] exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ahora vosotros veis y oís.” *(Hechos 2:33)

Pedro, en su primer sermón durante el día de Pentecostés, explica como los creyentes de Jerusalén recibieron el don de hablar en lenguas, por medio de la intervención de las tres divinas personas. Jesús, habiendo sido exaltado por Dios Padre, derrama el Espíritu Santo sobre los creyentes.

“Más él, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús en pie a la diestra de Dios,” (Hechos 7:55)

Aquí, es posible ver cómo están presentes las tres personas de la Deidad. El Espíritu Santo haciendo posible que Esteban pudiera contemplar a Jesús a la diestra de Dios Padre.

“Cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder; el cual anduvo haciendo el bien, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios estaba con Él.” (Hechos 10:38)

Aquí, Pedro hace un recuento breve del bautizo de Jesús. Afirma que los tres divinos miembros de la Deidad estuvieron presentes no solo en su bautizo, sino en todo su ministerio público.

Wayne Grudem, haciendo referencia al Espíritu Santo, explica la presencia de este tipo de frases trinitarias de la siguiente manera: “presuponen significado para la doctrina del Espíritu Santo porque muestran que al Espíritu Santo se le clasifica a un nivel igual al que tienen el Padre y el Hijo” (Grudem, p. 237).

En otras palabras, el que se mencione al Padre, Hijo y Espíritu Santo en la misma oración, actuando de manera coordinada, muestra la profunda unidad y la deidad de las tres personas mencionadas. Para los cristianos de los primeros siglos, los tres eran iguales en naturaleza y atributos, y sin embargo constituían una unidad, un único y verdadero Dios.

Conclusión

El libro de los Hechos presenta a la divinidad dentro de un contexto completamente trinitario. No solo muestra a Jesús como pleno Dios, sino que también describe lo que los primeros creyentes creían sobre la deidad del Espíritu Santo, mostrándolo asumiendo papeles que solo un ser personal podría realizar. Además contiene  interesantes frases en las que se muestran  los tres miembros de la divinidad trabajando de manera unida en favor de la naciente Iglesia Cristiana. Todo ello son evidencias contundentes que muestran que, la Iglesia Cristiana del primer siglo, ya tenía una vislumbre trinitaria de la Deidad.


Referencias

[1] Sobre la Trinidad, puede verse la postura oficial de la Iglesia Adventista en el documento “Creencias fundamentales de los adventistas del séptimo día”, cuya declaración 2 explica: “La Deidad – Hay un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de tres personas coeternas”.

[2] “Yo soy Jehová, y fuera de mi no hay salvador” (Isaías 43:11).

[3] La expresión “Iglesia del Señor” no es usada nunca por Pablo, mientras que la frase “Iglesia de Dios” aparece 9 veces en los escritos paulinos.

[4] El titulo “Dios” es aplicado directamente a Jesús en diversos pasajes del Nuevo Testamento. Véase por ejemplo: Juan 1:1, Hebreos 1:8, Tito 2:13, 2 Pedro 1:1, entre otros.

[5] Así lo interpretan, por ejemplo, los “Testigos de Jehová”Este tipo de razonamiento está presente en “Watchtower”, su página oficial en el Internet.

[6] Véase Whidden, La Trinidad. Capítulo 8: “La Trinidad en los siglos I y II”.