Elena White y la Amalgama

Muchas personas leen erróneamente las dos citas sobre el tema de la amalgama que Elena White escribió y por ende, sus conclusiones son erróneas y distan mucho del pensamiento de la autora. Veamos la primera cita:

“Pero si hubo un pecado por encima de otro que requería la destrucción de la raza por el diluvio, fue el vil crimen del amalgamiento de hombre y bestia que desfiguró la imagen de Dios, y causó confusión en todas partes. Dios se propuso destruir por un diluvio a esa raza poderosa y longeva que había corrompido sus caminos delante de él” (Ellen G. White, Spiritual Gifts, vol. 3, pág. 64).

Es interesante notar que la cita no dice: “fue el vil crimen del cruzamiento del hombre y la bestia”, sino: “el vil crimen del cruzamiento de hombre y bestia”. Una lectura superficial de la oración cambiará el significado de esta. Se mencionan en la cita dos clases de amalgama: la amalgama de hombres y la amalgama de bestias. La cita bajo circunstancia alguna afirma que hubo una mezcla de hombre con animales, como algunos erróneamente afirman.

Elena White nunca habla de seres mitad hombre y mitad animal como producto de la amalgama, y mucho menos, afirma que las diferentes razas humanas son el producto de la amalgama. Los seres mitad hombre y mitad animal son propios de la mitología y Elena White no apoyó tal idea en sus escritos. La amalgama ocurre entre hombre y hombre, y animal con animal.

Veamos la otra cita al respecto:

“Todas las especies de animales que Dios había creado fueron preservadas en el arca. Las especies mixtas que Dios no creó, y que fueron el resultado de la amalgama, fueron destruidas por el diluvio. Desde el diluvio, ha habido amalgamas entre seres humanos y bestias, como puede verse en las casi innumerables especies de animales, y ciertas razas de hombres” (Ibid., 75). “Aquellos que profesan ser seguidores de Cristo, debieran ser agentes vivientes, que cooperan con las inteligencias celestiales; pero por la unión con el mundo, el carácter del pueblo de Dios se empaña, y mediante la amalgama con lo corrupto, el oro fino se oscurece” (Review and Herald, 23 de agosto, 1892).

Como se puede observar, y como han argumentado varios autores como Francis D. Nichol, el uso de “amalgama” parecer ser uno espiritual, y el mismo no denota algún producto “híbrido”. Tal como lo sugiere el significado de la palabra, la “amalgama” propuesta por Elena G. White funciona técnicamente como una metáfora para hablar de cómo algo “negativo y corrupto” se une con algo “positivo y espiritual”.

Elena White, al escribir sobre la amalgama la asocia con dos grupos de personas: Los descendientes de Set (los hijos de Dios) y los descendientes de Caín (los hijos de los hombres). Estos dos grupos de seres humanos tomaron rumbos diferentes. Un grupo, la descendencia de Set, invocó el nombre de Dios y la descendencia de Caín escogió el mal camino. Veamos las citas:

  1. “Al mezclarse los hijos de Dios con los hijos de los hombres, se corrompieron, y por casarse con ellos, perdieron, mediante la influencia de sus esposas, su carácter peculiar y santo, y se unieron con los hijos de Caín en su idolatría” (Spiritual Gifts, vol. 3, pág. 60, 61).
  2. “Se corrompieron con aquellas cosas que Dios había puesto sobre la tierra para beneficio del hombre…Cuantas más esposas los hombres tuvieran, más aumentaban en debilidad e infelicidad” (IBID, pág. 64).
  3. “Durante algún tiempo las dos clases permanecieron separadas. Esparciéndose del lugar en que se establecieron primeramente, los descendientes de Caín se dispersaron por todos los llanos y valles donde habían habitado los hijos Set éstos, para escapar a la influencia contaminadora de aquéllos, se retiraron a las montañas, y allí establecieron sus hogares. Mientras duró esta separación, los hijos de Set mantuvieron el culto a Dios en toda su pureza. Pero con el transcurso del tiempo, se aventuraron poco a poco a mezclarse con los habitantes de los valles. Esta asociación produjo los peores resultados. Vieron "los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas." (Gén. 6: 2.) Atraídos por la hermosura de las hijas de los descendientes de Caín, los hijos de Set desagradaron al Señor aliándose con ellas en matrimonio. Muchos de los que adoraban a Dios fueron inducidos a pecar mediante los halagos que ahora estaban constantemente ante ellos, y perdieron su carácter peculiar y santo. Al mezclarse con los depravados, llegaron a ser semejantes a ellos en espíritu y en obras; menospreciaron las restricciones del séptimo mandamiento, y "tomáronse mujeres escogiendo entre todas." Los hijos de Set siguieron "el camino de Caín" (Judas 11), fijaron su atención en la prosperidad y el gozo terrenales y descuidaron los mandamientos del Señor” (E.G. White, Patriarcas y Profetas, págs. 67, 68).

Las dos citas establecen una clara diferencia entre los hombres y los animales. Veamos:

  1. Amalgama de hombre: La alianza matrimonial con paganos desfiguró la imagen de Dios. Los hijos de Dios se mezclaron con los paganos e imitaron sus costumbres.
  2. Amalgama de bestia: La amalgama entre diferentes especies de animales resultó en lo que Elena White llama: “especies confusas”.

Por lo tanto, aquellas personas que afirman que Elena White escribió que los hombres tuvieron relaciones con animales y que de esta relación surgieron razas confuzas, no saben lo que están diciendo.

Aecio Cairus comenta lo siguiente sobre este asunto: "Ocurre que en tiempos de EGW "amalgamation" no solo se aplicaba a la mezcla de razas o especies, sino que también denotaba INCESTO Y CONSANGUINEIDAD. Estas acciones, que cuando afectan a los seres humanos son "viles delitos" (vile crime), fueron deliberadas y conscientes antes del diluvio, y menos conscientes y obligadas después, al reducirse drásticamente la población humana y animal con el diluvio. Como se sabe, la consanguineidad produce degeneración, que EGW dice que es resultado de "amalgamation". (Dialogue* 27.3, pp 20-23).

Afirmar que Elena White creía que el cruzamiento del hombre con la bestia produjo una especie híbrida que desfiguró la imagen de Dios, carece de apoyo en sus escritos y es una falacia.


Ver Francis D. Nichol para el tema de la Amalgama. Ellen G. White and her critics, pp. 306-322.