Elena G. de White y los Exoplanetas

Imagíname hace 38 años atrás, sin creer en Dios, llegué a creer en Él instantáneamente. Y no solo en Dios, sino que, en seis meses, también llegué a creer en las enseñanzas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. No es lo mismo que ir de cero al infinito (que es imposible de todas maneras), no obstante ir desde el ateísmo al mensaje de los tres ángeles fue una verdadera odisea. Que mis creencias, algunas tan básicas como los axiomas en la geometría, fueran sacudidas por completo, fue desorientador y también un poco humillante.

Ahora, imaginen mi mente, que se estaba adaptando lentamente al clima adventista, cuando me crucé con esta cita de Elena de White por primera vez:

“El Señor me mostró en visión otros mundos. Me fueron dadas alas y un ángel me acompañó desde la ciudad a un lugar brillante y glorioso. La hierba era de un verde vivo y las aves gorjeaban un dulce canto. Los moradores de aquel lugar eran de todas estaturas; eran nobles, majestuosos y hermosos. Llevaban la manifiesta imagen de Jesús, y su semblante refulgía de santo júbilo, como expresión de la libertad y dicha que en aquel lugar disfrutaban. Pregunté a uno de ellos por qué eran mucho más bellos que los habitantes de la tierra, y me respondió: “Hemos vivido en estricta obediencia a los mandamientos de Dios, y no incurrimos en desobediencia como los habitantes de la tierra.” Después vi dos árboles, uno de los cuales se parecía mucho al árbol de vida de la ciudad. El fruto de ambos era hermoso, pero no debían comer del uno de ellos. Hubieran podido comer de los dos, pero les estaba vedado comer de uno. Entonces el ángel que me acompañaba me dijo: “Nadie ha probado aquí la fruta del árbol prohibido, y si de ella comieran, caerían.” Después me transportaron a un mundo que tenía siete lunas; donde vi al anciano Enoc, que había sido trasladado.” (Primeros Escritos, pp. 39-40)

Sin contar a los personajes de ciencia ficción, como el Sr. Spock, ET y Darth Vader, etc., la idea de vida inteligente en otros planes, aunque plausible, incluso posible, solo era especulación sin ninguna verificación empírica. Pero ahora, al ser confrontado con una descripción explícita de la vida en otros planetas terminé creyéndolo.

Durante años los astrónomos han estado escaneando el cosmos por un vistazo, un ruidito o sonido de algún ser inteligente de algún lado allí afuera en la “infinito y más allá”. Sin embargo, Elena de White, hace más de un siglo y medio, describió cómo era algo de esta vida inteligente, e incluso registró una conversación que había tenido en visión con uno de ellos. Sin duda, mi nueva fe adventista abrió mi mente a realidades más allá de mi imaginación, más allá de lo que mi restringida cosmovisión atea materialista podría haberme llevado.

Lo que me hizo pensar en la referencia de Elena de White fue los reportes en las noticias del reciente descubrimiento de nuevos exoplanetas, que algunos creen que están adaptados para la vida. Los exoplanetas son planetas fuera de nuestro sistema solar que orbitan alrededor de estrellas, así como nosotros orbitamos alrededor del sol. Más de 3.000 exoplanetas han sido descubiertos, con unas pocas docenas en “zonas habitables”, es decir, que posiblemente tengan condiciones apropiadas para la vida, por lo menos hasta donde sabemos.

Tomando en cuenta las referencias bíblicas a la vida extra-terrestres (Efe. 3:10; 6:12; Job 38:7), ¿por qué no? Que increíble desperdicio de espacio sería si nuestro Señor hubiera creado todo el universo solo para un solo planeta habitado: el nuestro. Entre los registros bíblicos, las numerosas referencias que Elena de White hizo a las “inteligencias celestiales”. y el vasto número de galaxias allí afuera, el descubrimiento de exo-planetas –aunque fascinante en sí mismo, no es del todo sorprendente.

Ahora, sin leer más allá de lo que debiéramos, el descubrimiento de estos exoplanetas ayuda a dar más crédito, no solo a las referencias de Elena de White acerca de la existencia de estos seres en otros planetas, sino a la meta-narrativa de la gran controversia, en el que el pecado, la rebelión y el mal surgen entre la vida inteligente en una parte de la creación. Además de la sorprendente revelación acerca de cómo es la vida en otros planetas, cuando ella menciona que su libre albedrío fue probado mediante un árbol prohibido, hemos recibido perspectivas en una realidad que la ciencia, incluso con otros 20 Einstein en el futuro, nunca podrían aproximarse, mucho menos desentrañar.

Las palabras de Elena de White volaron mi cabeza en ese entonces, y ahora, 38 años más tarde, lo vuelven a hacer.

Autor: Clifford Goldstein | Director de la escuela sabática de la IASD | Traducido por Eric Richter para DA

Fuente: Adventist Review