Elena G. de White y el uso de fuentes

Fuentes para la serie "Conflicto"
Desde la muerte de Elena G. de White, en 1915, no ha habido quizá, en la Iglesia Adventista, un interés tan grande e intenso en el asunto de la inspiración, especialmente de la Hna. de White, como ahora. Es comprensible, pues sus escritos afectan decisivamente a todo creyente.

Los adventistas que aceptan los consejos del espíritu de profecía como del Señor y, consiguientemente, como obligatorios, disfrutan de la seguridad de que son dignos de confianza. Los lectores de la serie “Conflicto” pueden no sentirse tranquilos, ya que puede sostenerse su siguiente declaración: “La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando” (CE, 173, ed. 1967).

La manera en que Elena G. de White recibió la luz y cómo ella la impartió a otros, es el tema de un estudio digno y útil. A fin de colocar una base indispensable para comprender su obra, resulta muy importante la atención que se preste a la forma en que ella, una persona inspirada, se relacionó con los tiempos en que vivió, a los sucesos que presenció, las corrientes de información que escuchó en relación con sus escritos y en sus contactos con otros, y a las presiones de aquellos que quisieron influir sobre ella.

En los últimos años se ha despertado un gran interés en lo que ha dado en llamarse las “fuentes” de Elena G. de White en la redacción de la serie “Conflicto,” especialmente en los volúmenes El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes.

No hay necesidad de conjeturar acerca de estas “fuentes,” pues la extensa información contenida en todos los escritos de Elena G. de White y en las declaraciones de los que trabajaron con ella, es clara y amplia.

Por causa de mi larga relación con los escritos del espíritu de profecía se me pide que presente este tema a los lectores de la Adventist Review. Mi presentación tiene el respaldo de 50 años de experiencia con los fideicomisarios de Elena G. de White y en un estudio reciente más intenso de los documentos relacionados con este tema. Estos artículos nos apartarán un poco de los conceptos estrechos, de acuerdo a los cuales Elena G. de White escribió únicamente lo que le fue revelado en visión o le fue dictado por el Espíritu Santo. También proporcionarán, a mi entender, una comprensión más profunda sobre un tópico emocionante: cómo actúa la inspiración.

Ante todo, Elena G. de White ya se refirió en 1888 al tema de sus “fuentes” para la historia de la serie “Conflicto” en la Introducción de El conflicto de los siglos. La Introducción de este libro, el primero que apareció, de la serie mencionada, para el público en general, puede ser considerada también como un prefacio para los otros cuatro: Patriarcas y profetas, Profetas y reyes, El Deseado de todas las gentes y Los hechos de los apóstoles; y además, para los otros escritos relacionados con la misma serie. Es uno de los escritos más informativos sobre la inspiración que se puedan encontrar.

La redacción de la serie “Conflicto” varía algo, en esencia, de la redacción de los testimonios personales, de los Testimonios y de otros libros y artículos de consejo e instrucción para la iglesia. En los cinco libros mencionados utilizó un amplio paralelismo entre la historia de la Biblia y la secular. Y cuando termina la historia de los últimos escritores de la Biblia, continúa con la historia hasta la segunda venida de Jesús y más allá.

La redacción de aquellos cinco volúmenes fue algo que absorbió mucho de la atención de la Hna. White a través de los años de su ministerio.

Para dar una perspectiva apropiada a la discusión de las “fuentes” de información en la descripción de Elena G. de White publicada progresivamente en tres etapas, examinaremos sus objetivos. Estos libros no fueron escritos ni para presentar una historia del mundo, ni como una historia para corregir registros históricos; por el contrario, fueron escritos para trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas... de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura... No consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de edades pasadas como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros... Esos relatos del pasado” deben verse con un “nuevo significado,” pues “se desprende de ellos una luz que proyecta rayos sobre el porvenir” (CS, 14-15). La escritora, con los ojos fijos en la lucha culminante entre las fuerzas de Cristo y Satanás, estaba más interesada en el panorama histórico total que en detalles menores. Lo que describía en forma explícita era la intervención de Dios en los asuntos humanos.

La influencia del Espíritu Santo
E. G. de White fue instruida para que trazara “un bosquejo de la historia de la lucha”; ¿,pero en dónde podía una mujer, algo enferma y con sólo tres años de educación, una madre ocupada y ama de casa que viajaba extensamente en beneficio de la iglesia, que hablaba constantemente delante de grandes auditorios, sostenía entrevistas y escribía testimonios y artículos, obtener conocimientos históricos que debía presentar delante de la gente? Ella responde, en la Introducción mencionada, de dos maneras: (1) mediante la iluminación del Espíritu Santo, y (2) con el auxilio de registros históricos. Nos referiremos ahora especialmente a la primera de las dos:

“Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. Vez tras vez se me permitió contemplar, en diferentes épocas, las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

“La iluminación del Espíritu Santo” se refiere a las impresiones hechas sobre el corazón por “el Espíritu de Dios” (2JT, 302), así como a la luz que recibió por medio de visiones diurnas y nocturnas, a menudo llamadas sueños. A veces, mientras hablaba a una congregación, el Espíritu de Dios le revelaba la vida y carácter de varias personas (2JT, 278- 279). “Las cosas más preciosas del Evangelio” le fueron mostradas a menudo – dice ella – “para que yo tenga nuevas representaciones cada vez que abro mis labios al hablar a la gente” (MS, 174, 1903). También informó que mientras oraba o escribía en la quietud de su escritorio, y estaba completamente consciente de todo lo que la rodeaba, escenas importantes pasaban delante de su mente (MS, 12c, 1896).

Es difícil trazar líneas precisas en la experiencia de una persona que está completamente bajo la influencia del Espíritu Santo. No hay una fórmula exacta ni una definición apropiada.

“A veces soy llevada muy lejos dentro del futuro y se me muestra lo que sucederá. Entonces, de nuevo, contemplo sucesos como ocurrieron en el pasado.” A continuación indica su completa dependencia del Espíritu Santo durante la visión: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla. Me es imposible rememorar cosas que me han sido mostradas, a menos que el Señor las traiga delante de mí en el momento en que desea que las relate o las escriba” (2SG, 292-293).

Estas visiones fueron un método importante en el proceso de la revelación. En visión, ya veía una ciudad siendo destruida mientras el ángel le explicaba el significado de la escena, (3 JT, 329-331), o bien era llevada de un cuarto a otro en una institución y observaba lo que sucedía (CH, 412-413), o tal vez se le mostraban edificios aún no construidos y se le daban instrucciones en cuanto a cómo hacer el trabajo una vez que estuvieran listos (Carta 135, 1903), o aun en arma simbólica se le mostraba la conducta de un dirigente (Carta 239, 1903), o quizá presenciaba las escenas que se le presentaban acerca de la gran controversia (CS, 12-13). Todo era parte del proceso por el cual Dios le impartía luz a su sierva escogida.

Cuando ella dice: “Vez tras vez se me permitió contemplar en diferentes épocas las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo... y Satanás,” se refiere a escenas contempladas en visión. La frase “en diferentes épocas” sugiere no sólo muchas visiones, sino también eventos históricos ampliamente variados y relacionados, que ocurren en el largo período de la gran controversia.

En su autobiografía escrita en 1860, Elena G. de White menciona dos visiones tempranas de amplio alcance ‘que introducen la historia de la gran controversia, pero basa su relato primariamente sobre las visiones escénicas que le fueron dadas el 14 de marzo de 1858. De esta visión de dos horas, escribió: “En esta visión en Lovett’s Grove (Estado de Ohio) se me repitió la mayor parte del tema de la gran controversia que yo había visto diez años antes; y me fue mostrado que debía escribirla” (2SG, 270).

Y lo hizo en la primavera y el verano de 1858. En esta forma dio a la iglesia, en septiembre de ese año, el primer libro encuadernado. Fue el primer tomo de Spiritual Gifts, de 219 páginas, titulado La gran controversia entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles.

Cómo recibió la información
Las representaciones escénicas visuales fueron el método más común para mostrarle la historia de la gran controversia (PE, 145-295). Hay tres capítulos iniciales que tienen que ver con la gran controversia: “La caída de Satanás,” “La caída del hombre” y “El plan de salvación.” Luego omite la historia del Antiguo Testamento para continuar con el nacimiento y ministerio de Cristo, y prosigue hasta la destrucción del pecado y los pecadores. La historia del Antiguo Testamento se desarrolla en los tomos 3 y 4 de Spiritual Gifts. En Primeros escritos se hallan muchas declaraciones como éstas: “Vi una tristeza extenderse por el semblante de Adán” (148); “ [Adán] recibió el fruto” (148); “Vi al amable Jesús” (149); “Se me mostró a Satanás” (152); “Contemplé a Jesús en el huerto con sus discípulos” (166); “Se me mostró a Satanás tal como había sido antes” (152); “Se me mostró que durante el ministerio de Cristo, Satanás”... (158); “Vi que la hueste angélica se llenó de asombro” (216); “Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable” (217); “Me fueron mostrados Adán y Eva en el Edén... Oí a un ángel preguntar: ‘¿Quién de la familia de Adán cruzó aquella flamígera espada, o comió de aquel árbol?’ Oí a otro ángel contestar: ‘Ni uno de la familia de Adán cruzó esa espada de fuego, ni comió de aquel árbol’ “ (218); “Vi que la hueste celestial se llenaba de indignación” (220), etc.

Estas declaraciones muestran cuál fue la fuente primaria de la información de la autora, y cómo la recibió.

Hay expresiones que refuerzan el concepto de las visiones escénicas, y que indican que cuando ella contemplaba el desarrollo de los sucesos era “transportada” atrás o “llevada” adelante: “Fui transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua con sus discípulos” (165); “Fui transportada al tiempo cuando los idólatras paganos perseguían cruelmente y mataban a los cristianos. La sangre corría a torrentes” (210); “Se me transportó a la era apostólica, y se me mostró que Dios había confiado una obra especial a su amado discípulo Juan” (230), etc.

Elena G. de White usa una expresión similar cuando escribe el capítulo “La Reforma,” en donde se menciona particularmente a Lutero y a Melanchton: “Me fue mostrada la sabiduría de Dios al escoger a estos dos hombres, de caracteres diferentes, para llevar a cabo la obra de la Reforma.

“Fui luego transportada a los días de los apóstoles, y vi que Dios escogió como compañeros a un Pedro ardiente y celoso y a un Juan benigno y paciente” (224).

Aunque en el contexto inmediato ella no dice específicamente que vio a Lutero y a Melanchton en una visión en 1858, la expresión “fui luego transportada a los días de los apóstoles” implica que, desde una escena de la Reforma, se desplazó dentro de un período de 1.500 años para que contemplara otras escenas. En otro momento ella declaró: “Eventos en la historia de los reformadores han sido presentados delante de mí” (Carta 48, 1894. EGWW, 123).

Después de escribir un trabajo autobiográfico, Spiritual Gifts, volumen 2, publicado en 1860, se dedicó a escribir la historia del Antiguo Testamento, repasando las experiencias de los hombres del pasado que ilustraban la lucha entre las fuerzas del bien y el mal. En el Prefacio de Spiritual Gifts, volumen 3, ella declara: “Al presentar éste mi tercer pequeño volumen al público, me siento confortada con la convicción de que el Señor me ha hecho un humilde instrumento para proyectar algunos rayos de preciosa luz en el pasado.”

Menciona además que “los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado,” se le habían presentado a ella en visión.

Luego narra en Spiritual Gifts, volumen 3, y en la primera mitad del volumen 4, ambos publicados en 1864, los puntos máximos de la historia de la controversia desde la creación hasta Salomón, y concluye con una breve narración respecto a la cautividad de Israel y el Mesías. El volumen lleva el título “Los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado.” En los volúmenes 3 y 4 aparecen menos declaraciones como éstas: “Vi,” “Me fue mostrado,” pero se usan en relación con algunos puntos vitales, importantes.

Escenas vistas en visión
Las frecuentes descripciones de los sucesos dejan en el lector la profunda convicción de que ella presenció las escenas. Esto es muy claro cuando habla de la caída del hombre, del diluvio, etc. Cuando se refiere a los días de la creación y la caída del hombre, y a la relación de la geología con la Biblia, hace directa referencia al origen de la visión: “Vi,” “Se me mostró,” etc. (3SG, 42, 92-93).

Cinco años antes (1864) de estas declaraciones, Carlos Darwin había publicado su libro El origen de las especies, en el cual se asienta la evolución como el origen de todas las cosas. Estas teorías se extendieron rápidamente. El capítulo “Disguised Infidelity” (Infidelidad disfrazada, 3SG) parece ser una respuesta directa a la teoría de la evolución.

En resumen: parece evidente que las visiones fueron la “fuente” principal de información de Elena G. de White, para la emocionante presentación de la historia de la gran controversia en los libros que aparecieron en 1858 y 1864. Hay, por supuesto, otros medios por los cuales Dios iluminó su mente. Y debemos recordar que aunque expresiones como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., no las utiliza más tarde, esto no significa necesariamente que lo que presenta no lo hubiera visto en visión.

Nota: Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982 | Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)

Las fuentes históricas y la serie "Conflicto"
Algunos podrían pensar que, en su trabajo de trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas,” Elena G. de White tenía que ignorar todos los registros históricos y escribir sólo lo que pudiera reconstruir a base de lo que había visto en visión. Este punto de vista implica un concepto mecánico y dictatorial de la inspiración según el cual las palabras usadas por ella le fueron dictadas. Pero ni ella ni sus asociados afirmaron tal cosa, ni tampoco la Iglesia Adventista. Durante la reunión de la Asociación General celebrada en 1883 se registró: “Creemos que la luz que Dios ha dado a sus siervos es para la iluminación de la mente, y así, para impartir los pensamientos y no (excepto en raros casos) las palabras exactas para expresar las ideas” (RH, noviembre 27, 1883).

Hay una fuerte evidencia interna y externa de que las escenas de la historia de la controversia, como pasaron delante de Elena G. de White en visión, proveen la estructura básica de la narración, y probablemente también de los detalles. Sin embargo, falta evidencia de que todos los detalles o todas las fases de la historia le fueron revelados, especialmente en asuntos de menor importancia o de simple significación secular. Por esto, cuando ella traza un panorama histórico en el orden de los acontecimientos utiliza los registros del pasado.

Siendo que ella declaró: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla” (2SG, 293), parece lógico suponer que los complementos para redondear los detalles están en armonía con las órdenes del Espíritu Santo de trazar la historia de la gran controversia.

“Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados – aclara ella –, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. – Y explica –: Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes.”

Y va un poco más allá en su explicación, al dar las fuentes de su información histórica: “Cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras... porque... resumían adecuadamente el asunto” (CS, 14).

Guillermo C. White recuerda que cuando su madre escribía sobre la historia de la Reforma, vino a su casa desde la Review and Herald, en donde a menudo trabajaba, y le dijo a su esposo que había sido impresionada especialmente por el Espíritu de Dios para que buscara en cierto libro; y sus ojos se posaron en un pasaje que le fue de valiosa ayuda (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Casi todos los papeles originales usados en la composición de la Serie Conflicto de los siglos se perdieron. Elena G. de White viajaba mucho: frecuentemente cambiaba de residencia en los Estados Unidos; también viajó por Europa y Australia, para regresar de nuevo a su país. Es evidente que una vez que el manuscrito recibía su aprobación final y el libro ya impreso era aceptado por ella, no se necesitaba guardar los mazos de papel que ya no rendirían servicio extraordinario alguno.

Sin embargo, tenemos una pequeña parte de manuscritos originales sobre Martín Lutero, los cuales nos capacitan para seguir los pasos dados en la preparación de uno de los capítulos de El conflicto de los siglos. Es un manuscrito de 51 páginas, escrito en hojas de papel de 21,5 x 14 cm.

Este manuscrito comienza en el momento en que Lutero deja la Dieta de Worms, y continúa con el relato de su secuestro y prisión en el castillo de Wartburgo. La segunda parte contiene una extensa discusión de sus esfuerzos para salvar la Reforma de los excesos de algunos fanáticos. Hay comparaciones con las experiencias por las cuales pasaron los primeros adventistas en sus encuentros con los fanáticos.

Las primeras páginas de este manuscrito fueron publicadas en Signs of the Times, en octubre 11 de 1883, en un artículo titulado “Lutero en Wartburgo.” La relación entre esta copia manuscrita y el artículo mencionado es muy estrecha. El material, un poco condensado, se imprimió en 1884 en el volumen 4 de Spirit of Prophecy, como una parte del capítulo “Lutero ante la Dieta.”

Es obvio que cuando la Sra. White comenzó a escribir la experiencia de Lutero, consultó libros y decidió seguir el bosquejo de un historiador, utilizando a veces las palabras de éste para describir los sucesos. Pero al mismo tiempo entremezcló estas citas y párrafos con aplicaciones del significado de ciertos eventos y lecciones espirituales. Al examinar la narración histórica parece que a menudo siguió de cerca la Historia de la Reforma de d’Aubigné, autor que ella y su esposo habían leído una o dos décadas antes. Se alegró mucho cuando encontró una condensación de esta obra en el libro Words That Shook the World (Palabras que conmovieron al mundo), de Carlos Adams publicado en Nueva York en 1858, y compró un ejemplar del mismo. Es un libro de 333 páginas que contiene “descripciones del gran reformador basadas en sus propias expresiones,” presentado en “un estilo y brevedad apropiados para los lectores jóvenes.” El autor declara que su fuente principal fue d’Aubigné.

Los manuscritos de la Sra. White muestran que hizo uso de los trabajos del historiador, y esto, más su material único de percepciones especiales y lecciones espirituales, están, de manera general, en sus libros publicados en 1884 y 1888.

Otro manuscrito significativo, de 75 páginas, escrito por ella mientras estaba en Europa, forma parte de El conflicto de los siglos.

Apenas llegó a Europa, en 1885, se le pidió que preparara el tomo 4 de Spirit of Prophecy, que presenta la historia posbiblica, para ser distribuido. Este pedido le hizo ver la necesidad de presentar en forma más amplia que en el libro de 1884 una descripción de los reformadores europeos más destacados. Y con la ayuda de sus colaboradores comenzó esta ampliación. Vivía en Basilea. En la biblioteca del pastor J. N. Andrews estudió todos los historiadores a su alcance.

Un asunto que exigía ampliación era la obra de Hus y Jerónimo. Tres páginas era demasiado poco para los lectores europeos. Esto la impulsó a preparar manuscritos para ampliar este tema. Condensó materiales del historiador Wylie y de otros, y los combinó con comentarios y lecciones espirituales. Así produjo un manuscrito de tal longitud, que se pensó que ocuparía dos capítulos sobre Hus.

El manuscrito de Hus
Este manuscrito es similar al de Lutero, escrito cuatro o cinco años antes, excepto en que muestra evidencias de que fue preparado con premura para satisfacer la urgente demanda de un libro más amplio. La ortografía, las mayúsculas y la caligrafía estuvieron casi a la altura de lo normal. El manuscrito fue abultado, pues, según ya se dijo, era común que ella escribiera mucho más, inicialmente, de lo que se necesitaba después para un libro. El manuscrito fue reducido para mantener un balance necesario.

Por causa de sus muchos viajes, esta tarea fue encomendada a Marian Davis, una asistente literaria muy eficiente de Elena G. de White. El trabajo editorial, cuidadosamente preparado, fue examinado por su autora para establecer si decía exactamente lo que ella había escrito. Los cambios, si los había, los escribía de su propio puño y letra. Desafortunadamente, por falta de espacio, la mayor parte de las lecciones espirituales relacionadas con Hus no pudieron incluirse. Esto dejó un registro histórico escueto en la narración de la gran controversia.

Como complemento a la explicación de la autora en su Introducción a El conflicto de los siglos, tenemos las palabras de su hijo Guillermo: “Mi madre escribe muy rápidamente. Escribe muy temprano en la mañana; se esfuerza por trasladar al papel las cosas relativas al movimiento de las naciones, las comunidades, las iglesias y los individuos, que se mueven en su mente como una vista panorámica.

“En la redacción de sus libros, a veces le era muy difícil describir las escenas presentadas a ella; y cuando encontraba en el lenguaje de otro una correcta representación de lo que se le había mostrado, algunas veces copiaba oraciones y párrafos. Sentía perfecto derecho de hacerlo; que era su privilegio usar las declaraciones correctas de otros escritos para presentar el pensamiento de ellos” (Carta a J. J. Gorrell, mayo 13, 1904).

Los manuscritos que existen señalan que este procedimiento fue seguido a menudo por ella en la composición de los libros de la Serie Conflicto, especialmente en El conflicto de los siglos.

Notas biográficas sobre la vida de Pablo
En 1883 se le pidió a la Hna. White que escribiera un pequeño volumen sobre la vida de Pablo, como un auxiliar para las lecciones de la Escuela Sabática de 1883 y 1884. Cuando escribió Sketches From the Life of Paul (Notas biográficas sobre la vida de Pablo) tenía delante de sí el bien conocido libro The Life and Epistles of St. Paul (Vida y epístolas de San Pablo), escrito por W. J. Conybeare y J. S. Howson, clérigos ingleses. Esta obra la ayudó, especialmente en las descripciones históricas y geográficas, y extrajo de la misma algunas palabras y frases, pero no oraciones completas. La Hna. White destaca algunas lecciones espirituales lo mismo que el libro mencionado.

El libro de aquéllos era bien conocido y de amplia circulación entre los adventistas, y la misma Hna. White recomendó su lectura en la revista Signs of the Times (Señales de los tiempos). Es claro también que extrajo algún material del libro de F. W. Farrar The Life and Work of St. Paul (Vida y obra de San Pablo). Esto también hicieron Conybeare y Howson, pero sin dar crédito al autor. Esta era entonces práctica común entre los comentadores de la Biblia.

Las reglas que deseamos imponer como apropiadas para gobernar la obra de una persona inspirada, ¿la excluyen de usar palabras y expresiones de otros cuando elabora su estructura en forma efectiva para presentar una descripción geográfica, un relato de los sucesos, o para proyectar una verdad importante, tal como se los reveló el Espíritu Santo? Si así fuera, no pocos de los escritores de la Biblia quebrantarían las reglas que deseamos imponer. Y en el caso de Elena G. de White, ¿habrá alguna virtud en insistir en que todas las palabras y expresiones que usó deben ser indudablemente de ella?

Muchos comentadores altamente calificados, tanto contemporáneos de la Hna. White como posteriores a ella, sostienen que la verdad es propiedad común, y que no hay violación de ningún principio en préstamos literarios mutuos. “Todos los comentadores han extraído abundantemente de los padres, especialmente de San Agustín; y la mayoría de ellos han hecho una propiedad general de Patrick, Lowth and Whitby. Poole ha agotado los escritores continentales antiguos; Henry lo ha hecho muy libremente con Bishop Hall y otros; Scott y Benson han enriquecido sus páginas abundantemente con Henry; Gill ha traducido a la perfección Synopsis de Poole, pero éste, ante todo, le da autoridad; Adam Clarke y Davidson deben mucho a los mejores críticos, aunque el primero no siempre menciona sus ‘préstamos,’ y el segundo nunca” (Ingram Cobbin, The Condensed Commentary and Family Exposition of the Holy Bible [Londres, William Tegg, 1863], Preface, p. iv).

Los materiales en manos del profeta
Alguien podría preguntar si el uso que hace Elena G. de White de los materiales e informaciones de otros no les imparte a éstos un hálito de inspiración. La respuesta es “no.” La verdad es la verdad. Dichas informaciones no son más que “materiales de construcción” en las manos de un escritor inspirado.

Y también se podría preguntar: “¿Y no sería posible que alguna o algunas inexactitudes se hayan deslizado en la descripción de los eventos históricos que hace la Hna. White, o que los historiadores de quienes ella citó pudieran estar equivocados en algunos puntos, y que ella, por no estar bien informada, dejara que estos errores se introdujeran en su relato histórico?” A menos que le exijamos a ella más que a los escritores de la Biblia, la respuesta tendría que ser afirmativa; sin embargo, esto no invalida la inspiración de los escritos proféticos. Los antiguos profetas, bajo la inspiración del Espíritu Santo pudieron haber introducido en sus manuscritos lo que se llama – en términos modernos – discrepancias. En este caso yo destacaría que, aunque haya unas pocas discrepancias, esto no invalida la validez de la Palabra de Dios, o su total precisión o confiabilidad.

En modo similar, en el caso de Elena G. de White podríamos señalar algunas aparentes discrepancias en asuntos de poca importancia. Por ejemplo, ella escribió una vez: “ ‘El amor de Cristo nos constriñe,’ declaró el apóstol Pedro” (RH, octubre 30, 1913); pero sabemos que no fue Pedro el que lo dijo, sino Pablo. Al relatar la matanza de San Bartolomé ella escribió que el tañido de la campana del palacio “dio la señal del degüello” (CS, ed. 1888). Más tarde se dio cuenta de que los historiadores diferían: unos decían que fue “la campana del palacio”; otros, que lo fue la de “la iglesia de San Germán,” al otro lado de la calle; y otros más, que fue la campana del “palacio de justicia,” a la vuelta de la esquina. Entonces, en 1911, ella modificó así la declaración: “El tañido de una campana, resonando a medianoche, dio la señal del degüello” (p. 315). No fue su intención asentar diferencias mínimas entre los historiadores. En cuanto a esto escribió su hijo Guillermo: “Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que lo tomarían como una autoridad en asuntos históricos, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGWW, 34).

Hasta aquí hemos considerado las “fuentes” de Elena G. de White para la composición de la Serie Conflicto, y particularmente El conflicto de los siglos. Hemos visto cómo Dios repetidamente le presentó la gran controversia, y cómo ella trabajó para situarla dentro de la historia del pasado. Pero el verdadero mensaje de estos libros es su significado para el futuro: el desarrollo final de los planes y propósitos de Dios. En la última parte de El conflicto de los siglos, el volumen de la serie que despliega los últimos acontecimientos, encontramos al pueblo de Dios proclamando el retorno de Jesús, y a la iglesia remanente desde el comienzo de las horas oscuras de prueba hasta su glorioso triunfo, y finalmente testificando la venida de su Señor y la recompensa de los justos. Es algo conmovedor, lleno de información vital y dirección divina para el pueblo que vivirá en los últimos días.

Contienen la instrucción divina
“El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y en mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra,” escribió la autora de El conflicto de los siglos, Patriarcas y profetas y El Deseado de todas las gentes. – Y agregó –: “La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando. Contienen la luz preciosa y consoladora que Dios ha concedido generosamente a su sierva para ser dada al mundo. Desde sus páginas, esta luz ha de brillar iluminando los corazones de los hombres y mujeres y conduciéndolos al Salvador” (CE, 175, 173, ed. 1967).

Nota: Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982 Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)

Elena G. de White y el uso de fuentes
Un abogado de Washington, especialista de derechos de autor, llegó a la conclusión de que Elena G. de White no cometió plagio y que sus obras no infringen las leyes de derechos de autor.

Elena G. de White no es culpable de infringir las leyes de derecho de autor ni de plagio. Esa es la opinión de Vincent L. Ramik, socio de Diller, Ramik & Wight, Ltd., un abogado que se especializa en las leyes que tienen que ver con patentes, marcas y derechos de autor, en Washington, D.C.

El Dr. Ramik comenzó a investigar los escritos de Elena G. de White después que Warren L. Johns, jefe del Departamento Legal de la Asociación General, solicitó los servicios de Diller, Ramik & Wight en abril del año pasado, por causa de las acusaciones realizadas contra la Sra. White por Walter Rea, en aquel momento pastor en Long Beach, California.

Ramik, es católico romano, dedicó más de 300 horas a la investigación de mil casos relevantes en la historia legal americana. Concluye su opinión legal de 27 páginas con una declaración inequívoca: “Basándonos en el estudio de los hechos y los precedentes legales ... Elena G. de White no cometió plagio, y sus obras no constituyen una violación de las leyes de derechos de autor ni piratería”.

El informe legal fue entregado en la oficina de Johns a fines de agosto pasado. Responde específicamente seis preguntas:

  1. ¿Existía una ley federal de derechos de autor entre los años 1850 (cuando Elena G. de White comenzó a publicar) y 1915 (el año de su muerte) que otorgara a los autores derechos sobre su producción literaria? Si la hubo, ¿Cuál es la esencia de esa ley? ¿Difería sustancialmente de las leyes vigentes en 1981?
  2. ¿El pago de regalías por parte de los editores era una práctica comercial y legal de aquella época?
  3. ¿Los acuerdos de permisión para el uso de la propiedad literaria era una práctica comercial corriente en aquella época?
  4. ¿Había una norma literaria que establecía el uso de comillas, notas de pie de página y citas bibliográficas en las obras literarias que utilizaran material literario de otros autores?
  5. ¿Qué ley existía entre 1850 y 1915 que pudiera sugerir las características de la protección de un autor contra la piratería literaria?
  6. ¿Hay algo entre las obras publicadas por Elena G. de White que pudiera sugerir la existencia de piratería literaria (infracción de la ley federal de derechos de autor) de acuerdo con las normas existentes entre 1850 y 1915?

La producción literaria de Elena de White tiene una extensión de aproximadamente 25 millones de palabras de una carrera como escritora de casi 70 años. Una buena cantidad de los más de 90 libros, incluyendo compilaciones, que resultaron de su pluma han sido traducidos a más de cien idiomas. El hecho de que Elena G. de White incorporara citas y material parafraseado de otros autores (principalmente historiadores de la Reforma y escritores devocionales contemporáneos del siglo XIX) en sus libros y artículos no es lo que ha estado en discusión. Durante su vida, ella y los dirigentes de la iglesia han reconocido repetidamente ese uso. Pero Walter Rea se tomó el trabajo de identificar las diferentes fuentes de las que se sirvió. Ese estudio demostró que la Sra. White se había servido de otras fuentes con más profusión de los que se había estimado previamente.

Libros sin derechos de autor
Ramik descubrió que muchos de los libros de los que Elena G. de White se había servido no tenían derecho de autor. Pero, continuó diciendo que aunque hubiera estado protegido por la ley, el uso de la fraseología e incluso el de varios párrafos no constituía una infracción de la ley de derechos de autor, ni plagio.

“Si el problema se hubiera llevado a las cortes entre 1850 y 1915, Elena G. de White no hubiera sido declarada culpable de infracción a la ley de derecho de autor”, concluyó Ramik.

El especialista en leyes encontró irónico que los más encarnizados críticos de Elena G. de White ofrecieran “la mejor evidencia” para sostener la posición de la no infracción. “En ningún momento – señaló Ramik- pudimos encontrar que los libros de Elena G. de White siguiera virtualmente el mismo plan y carácter que el de los predecesores. Tampoco encontramos, ni han hecho referencia a ello sus críticos, una intención en Elena de White de superponer sus obras en el mercado con la misma clase de lectores y compradores”. En vez de ello, invariablemente introdujo una considerable cantidad de material nuevo al que había utilizado, yendo más allá de los meros “cambios superficiales”, y el efecto creó una obra literaria completamente original.

Además, “la cabal compilación de las obras de Elena G. de White necesariamente refleja su trabajo y habilidad. Siendo que no copió (y la evidencia lo establece claramente) de ninguna de las obras anteriores en un grado sustancial, se mantiene perfectamente dentro de los márgenes legales del ‘uso honesto’.

“Además, siendo que los materiales fueron seleccionados de una variedad de fuentes, y fueron dispuestos y combinados con ciertos pasajes del texto de la obra original, demostrando de alguna manera el ejercicio de la discreción, la habilidad, la experiencia y el juicio, el uso fue ‘honesto’”.

La intención es un ingrediente principal que debe demostrarse en los casos de plagio; y Ramik cree que lo ha probado no solamente por medio de las declaraciones publicadas por la misma Sra. White sino por lo admitido por sus críticos mismos, de que ella no intentó cometer un fraude al servirse de otras producciones literarias.

“Procediendo únicamente con las más elevadas intenciones y motivos –dijo Ramik- la Sra. White modificó, exaltó y mejoró” mucho de lo que otros habían escrito, de una manera completamente ética y legal.

“Es imposible imaginarse que la intención de Elena G. de White, tal como la reflejan sus escritos y el esfuerzo prodigioso realizado por ella, no fue otra cosa que un esfuerzo motivado por la sinceridad y la falta de egoísmo para decir las verdades bíblicas de una manera coherente para que todos los vieran y las comprendieran.

“Más aún. La naturaleza y el contenido de sus escritos tenía una esperanza e intención: que la humanidad pudiera comprender la Palabra de Dios”. En su documento, Ramik concluyó: “Considerando todos los factores necesarios para llegar a una conclusión justa sobre este asunto, declaramos que los escritos de Elena de White definidamente no constituyeron un plagio”.

Autor: Los primeras dos columnas fueron escritas por Arthur L. White & Centro White