El Testimonio del Profeta

Hay dos aspectos en la experiencia del profeta: la visión en sí, y el testimonio o comunicación de lo que le ha sido revelado. El profeta debe entregar su mensaje en el lenguaje más claro y preciso que pueda.

El profeta puede tener las palabras adecuadas para hacerlo satisfactoriamente, o darse cuenta de que debe estudiar diligentemente para adquirir los vocablos que hagan que su mensaje sea preciso e impresionante. El mismo mensaje, en diferentes ocasiones, podrá presentarlo en diferentes términos. Mientras escribía El Deseado de todas las gentes, su autora declaró: “Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con las palabras comunes” (EGWMR, 59). El mensaje puede también sufrir deterioro por la imperfección del lenguaje humano: “La Biblia... fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios; (1 Tim. 3: 16) y con todo están expresadas en palabras humanas. Es que el Ser supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus siervos. Les daba sueños y visiones, y les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fue así revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas...

“Escritos en épocas diferentes y por hombres que diferían notablemente en posición social y económica, y en facultades intelectuales y espirituales, los libros de la Biblia presentan contrastes en su estilo, como también diversidad en la naturaleza de los asuntos que desarrollan. Sus diversos escritores se valen de expresiones diferentes; a menudo la misma verdad está presentada por uno de ellos de modo más notable que por otro...

“Presentada por diversas personalidades, la verdad aparece en sus variados aspectos. Un escritor percibe con más fuerza cierta parte del asunto; comprende los puntos que armonizan con su experiencia o con sus facultades de percepción y apreciación; otro nota más bien otro aspecto del mismo asunto; y cada cual, bajo la dirección del Espíritu Santo, presenta lo que ha quedado impreso con más fuerza en su propia mente. De ahí que encontremos en cada uno un aspecto diferente de la verdad, pero perfecta armonía entre todos ellos. Y las verdades así reveladas se unen en perfecto conjunto, adecuado para satisfacer las necesidades de los hombres en todas las circunstancias de la vida.” (CS, 8-9, Intr.)

Aunque el profeta emplea sus propios medios de expresión, de todas maneras, el Espíritu Santo sigue actuando. Este es un punto vital: “Aunque dependo del Espíritu del Señor tanto para escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías, a menos que sean las que me habló un ángel, las que siempre incluyo entre comillas” (1MS, 42).

Y recalca: “Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo. Pero la mente no está sujeta, como si hubiera sido forzada dentro de cierto molde” (1MS, 25).

El profeta, pues, recibe el mensaje por medio de visiones mientras está totalmente bajo la influencia del Espíritu de Dios; e imparte su testimonio bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero no hasta el punto de ser un robot o de estar sometido a un molde fijo, sino que comunica el mensaje en la mejor manera, de acuerdo con su estilo y preparación; en esta forma influye de manera particular sobre los que tienen una formación semejante a la suya.

A veces las mismas palabras que usará son impresas en su mente por el Espíritu: “Estoy tratando de conseguir las mismas palabras y expresiones que fueron usadas en relación con este asunto, y como mi pluma vacila un momento, las palabras apropiadas vienen a mi mente” (EGWW, 22).

En otra declaración dice: “Cuando escribo algo importante, él [el Espíritu Santo] está junto a mí ayudándome..., y cuando busco una palabra apropiada para expresar mi pensamiento, él la trae clara y distintamente a mi memoria” (Carta 127, 1902).

Temas históricos
La historia le fue presentada a la Sra. White como una base sobre la cual debía trazar la narración de la gran controversia. Ella nos dice cómo le fue presentada la controversia: “Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. En una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

Su experiencia fue similar a la de Moisés sobre el monte Nebo, al mostrársele la tierra prometida: “Se le presentó luego una visión panorámica de la tierra de promisión. Cada parte del país quedó desplegada ante sus ojos, no en realce débil e incierto en la vaga lejanía, sino en lineamientos claros y bellos que se destacaban ante sus ojos encantados. En esta escena se le presentó la tierra, no con el aspecto que tenía entonces sino como había de llegar a ser bajo la bendición de Dios cuando estuviese en posesión de Israel.

“Le pareció estar contemplando un segundo Edén. Había allí montañas cubiertas de cedros del Líbano, colinas que asumían el color gris de sus olivares y la fragancia agradable de la viña, anchurosas y verdes planicies esmaltadas de flores y fructíferas; aquí se veían las palmeras de los trópicos, allá los undosos campos de trigo y, cebada, valles soleados en los que se oía la música del murmullo armonioso de los arroyos y los dulces trinos de las aves, buenas ciudades y bellos jardines, lagos ricos en ‘la abundancia de los mares,’ rebaños que pacían en las laderas de las colinas, y hasta entre las rocas los dulces tesoros de las abejas silvestres...

“Moisés vio al pueblo escogido establecido en Canaán, cada tribu en posesión de su propia heredad. Alcanzó a divisar su historia después de que se establecieran en la tierra prometida; la larga y triste historia de su apostasía y castigo se extendió ante él. Vio esas tribus dispersadas entre los paganos a causa de sus pecados, y a Israel privado de la gloria, con su bella ciudad en ruinas, y su pueblo cautivo en tierras extrañas. Los vio restablecidos en la tierra de sus mayores, y por último, dominados por Roma.

“Se le permitió mirar a través de los tiempos futuros y contemplar el primer advenimiento de nuestro Salvador... Siguió al Salvador a Getsemaní y contempló su agonía en el huerto, y cómo era entregado, escarnecido, flagelado y crucificado..., miró otra vez, y le vio salir vencedor de la tumba y ascender a los cielos escoltado por los ángeles que le adoraban, y encabezando una multitud de cautivos” (PP, 506-508).

El dramático relato prosigue. Moisés, estupefacto, contempla los sucesos: ve, escucha, participa; todos sus sentidos actúan. La historia del futuro se le presentó en forma vívida. Es muy improbable que se le hayan revelado fechas; no es probable que todas las ciudades que vio fueran nombradas. Estos eran detalles intrascendentes para el desarrollo de la visión.

¿Se le mostraron a Elena G. de White, en cada ocasión, todos los nombres y las fechas de los eventos que contempló? La evidencia nos dice que no.

Ella vio ocurrir los eventos significativos en el desarrollo de la gran controversia; los detalles y referencias incidentales fueron de menor importancia. Alguna de esta información puede hallarse en los escritos sagrados; otra, en las fuentes históricas responsables. Es evidente que para Dios no era esencial impartir tales detalles.

Observaciones de Guillermo C. White
Guillermo C. White, hijo de la Sra. White, describe así la experiencia de ella: “Mi madre nunca ha afirmado que es una autoridad en historia. Las cosas que ha escrito son descripciones de detalles fulgurantes y otras representaciones dadas a ella en relación con las acciones de los hombres, y la influencia de estas acciones sobre la obra de Dios en el plan de salvación, acciones que se refieren al presente, el pasado y el futuro. Y al escribir en cuanto a estos aspectos, ha hecho uso de declaraciones históricas precisas y apropiadas para hacer más claras al lector las cosas que ella se esfuerza por presentar.

“Cuando yo era muchacho la escuché leerle a mi padre la Historia de la Reforma, de d’Aubigné. Le, leyó mucho, acaso los cinco volúmenes completos. Ella ha leído otras historias de la Reforma. Esto le ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia en nuestro tiempo.” (Asociación General, octubre 30, 1911. Citado en EGWW, 33)

Pocos meses después, de nuevo declaró: “En cuanto a los escritos de mi madre y su uso como autoridad en hechos históricos y en cronología, ella nunca ha deseado que nuestros hermanos la consideren como tal. Las grandes verdades reveladas a mi madre en cuanto a la controversia entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, le fueron dadas de muchas maneras, pero mayormente como detalles fulgurantes de grandes acontecimientos en las vidas de los individuos y en las experiencias de las iglesias de los reformadores y las naciones...

“Cuando escribía de la experiencia de los reformadores durante la Reforma, y del movimiento del advenimiento en 1844, mi madre a menudo daba al comienzo una descripción parcial de algunas escenas que se le presentaban. Más tarde escribía, repetidamente, en forma cada vez más completa. Sé que escribe sobre un tema cuatro o cinco veces, y luego se lamenta porque no pudo desplegar un lenguaje apropiado para describirlo más perfectamente.”

Descripciones parciales
“Cuando escribía El conflicto de los siglos, algunas veces dio una descripción parcial de un suceso histórico importante, y cuando su secretaria preparaba los manuscritos para el impresor, ésta averiguaba fechas y lugares. Mi madre solía decir que esos datos habían sido registrados por historiadores serios, y que por lo tanto debían insertarse.

“Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores lo tomarían como una autoridad en historia, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo. Mi madre tiene en gran estima el trabajo de esos fieles historiadores que dedicaron años al estudio del gran plan de Dios como se presenta en la profecía, y en el desarrollo de ese plan como se registra en la historia.” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGW, 34)

Con respecto a la historia de la Reforma, su siguiente declaración es significativa: “Han sido presentados delante de mí los sucesos en la historia de los reformadores” (Carta 48, 1894).

En cuanto a esto, W. C. White escribió: “Los contactos de mi madre con el pueblo de Europa le recordaron muchas cosas que le habían sido presentadas en años anteriores, algunas de ellas, dos o tres veces; y otras, muchas veces” (EGWW, 124).

Autor: Arthur L. White | Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982 Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)