El sábado desde la perspectiva histórica

Introducción

El séptimo día de la semana, conocido como el sábado y día de reposo, ha sido, es y seguirá siendo objeto de especial consideración. Desde tiempo atrás, y desde la perspectiva bíblica se han presentado diferentes enfoques en cuanto a su vigencia, especialmente en el ambiente cristiano. Pues hay quienes sostienen que el sábado fue una institución creada únicamente para el pueblo judío. Por el contrario, otros declaran que el reposo sabático fue transferido al primer día de la semana en homenaje a la resurrección de Cristo. Otros hacen referencia al plan salvífico de Cristo, donde la muerte de Cristo en la cruz, anuló el reposo sabático, por lo tanto los cristianos ya no deben observarlo. En cambio, hay quienes sostienen que el sábado bíblico no ha sido cambiado ni abolido, y continúa y seguirá vigente para la humanidad.

Además, se indica que muy pronto el sábado se convertirá en la mayor prueba de lealtad visible a Dios, que cada persona enfrentará en esta tierra.1 Por esta razón es tan importante el estudio acerca de la observancia del sábado.

Este estudio sobre el sábado será abordado desde la perspectiva histórica, enfatizando su observancia en el Nuevo Testamento y en los siguientes siglos, hasta llegar al siglo VI. Así mismo, este trabajo se hará a partir del testimonio de los Evangelios y las Epístolas, además, emplearemos la Patrología Cristiana correspondiente a dicho período.

Los objetivos de este artículo son: (1) mostrar que el NT no enseña otro día de reposo que no sea el día sábado, por lo tanto no existe ningún cambio; (2) determinar la vigencia y continuidad histórica del sábado; (3) Señalar que el cambio del sábado por el domingo, finalmente fue el resultado de una combinación donde intervinieron el poder civil y el poder eclesiástico.

Para lograr estos objetivos, esta investigación responderá a las siguientes interrogantes: ¿Hubo algún cambio en el NT de la solemnidad del sábado por el domingo? ¿Se ordenó que el primer día de la semana se convirtiera en día de reposo cristiano para conmemorar la resurrección de Cristo? ¿Los discípulos renunciaron al sábado para adoptar el domingo como día de reposo? ¿Cuándo y dónde en realidad se inició el cambio de la observancia del sábado por el día domingo?

Esta presentación estará dividida en dos partes. La primera parte abarcará el periodo del siglo I, y la segunda parte comprenderá los siglos II al VI, ambas en relación a la observancia del sábado.

Jesús y el sábado

Primera parte |El sábado en los Evangelios2

Los evangelios dicen que Jesús tenía por costumbre adorar en sábado, siempre acudía a las sinagogas para participar de las reuniones, muchas veces lo escogían para leer las escrituras o para exhortar, como puede verse en los siguientes pasajes: Lc. 4:16-41; Mr. 1:21-44; Mt. 13:54-58; Lc. 13:10-21.

Además, tenía la costumbre de sanar en sábado. El vino para corregir los errores sobre la observancia del sábado. En ese día, el registro sagrado indica que sanó a muchas personas, como por ejemplo: a. un endemoniado, Mr. 1:21-28; b. la suegra de Pedro, Mt. 8:14,15; c. el paralítico de Betesda, Jn. 5:1-18; d. el hombre de la mano seca, Mt. 12:9-14; e. el ciego de nacimiento, Jn. 9:1-41; f. la mujer enferma durante 18 años, Lc.13: 10-17, etc.

También, Jesucristo se presentó como Señor del sábado, es decir, quien tenía autoridad sobre el día de reposo. Mr. 2: 28.

El sábado en el libro de los Hechos y las Epístolas

La Iglesia de Jerusalén

Al hacer un análisis de la composición étnica y teológica de la Iglesia de Jerusalén3, se puede ver que estaba compuesta mayormente por “judíos devotos” (Hch. 5, 41). Se dice además, que se convertían “muchos de los sacerdotes” (Hch. 6:7). Incluso se añade que estaba constituida por “muchos millares de judíos que han creído y todos son celosos de la Ley” (Hch. 21:20). Esto nos hace concluir, que esta iglesia estaba integrada por miembros que guardaban el sábado.

El primer concilio de la iglesia cristiana en Jerusalén, Hch. 15, 49-50 d. C.

Este primer concilio fue convocado para que los líderes de la iglesia cristiana pudiesen llegar a un consenso sobre las exigencias a los gentiles y de que se los debería eximir, luego de su conversión al cristianismo. Al respecto “hubo una gran discusión” (Hch. 15:6). Santiago, que dirigió el concilio, finalmente presentó el acuerdo al cual arribaron: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de contaminaciones a los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (Hch. 15:19, 20). El concilio no eximió a los gentiles de la observancia del sábado, por el contrario dijo que la ley de Moisés, desde hacía mucho tiempo se daba a conocer cada sábado en las sinagogas, (Hch. 15:21). Por lo tanto, es lógico concluir que el sábado fue observado por los cristianos de origen gentil, después de este concilio, porque no se los eximió de tal práctica.

Además, había dos cosas que caracterizaban a los judíos: la circuncisión y el sábado. La circuncisión no era un asunto moral, fue algo que señalaba o caracterizaba específicamente al pueblo judío. Por el contrario, el sábado no fue instituido sólo para los judíos, sino para toda la raza humana, tampoco fue de carácter temporal, sino eterno. Por lo tanto, para los cristianos, la circuncisión era un asunto opcional, no así el sábado.

Pablo y el sábado

El libro de Los Hechos señala los viajes misioneros del apóstol, resaltando las visitas a las sinagogas de los judíos en cada una de las ciudades. Se señalan las siguientes visitas: a. Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, Hch.15:21; b. Pablo, Silas y el Dr. Lucas en Filipos, Hch. 16:12,13; c. Pablo y Silas en Tesalónica, Hch. 17:1-3; d. Pablo en Corinto, Hch. 18:1-4, 7, 8. Permaneció allí un año y seis meses; e. Pablo en Efeso, Hch. 20: 31. Allí, durante tres años ministró a los hermanos “amonestándolos con lágrimas”.

El problema que enfrentó Pablo con los judaizantes, no fue en relación con la observancia del sábado, sino con la circuncisión . Durante su ministerio, se registra que en cada iglesia que fundó, se congregaba para adorar con ellos el día sábado.

La Iglesia de Jerusalén y la destrucción del templo en el año 70 d.C.

Es pertinente preguntarnos ¿Qué sucedió con el día sábado después de la huida de los cristianos de Jerusalén el año 70 d. C.? Se debe recordar la exhortación de Jesús, cerca de 37 años antes, según Mt. 24:20: “orad para que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado”.

Se puede señalar que el sábado como día de reposo continuaba en plena vigencia y era guardado por los judío-cristianos de Jerusalén. El testimonio de los historiadores indica que la iglesia de Jerusalén, después de la persecución estaba compuesta y administrada por “celosos defensores de la observancia literal de la ley”.4

Dos testimonios históricos de fines del siglo I d. C.

Filón de Alejandría, filósofo que trató de armonizar la filosofía griega con las enseñanzas del AT, este filósofo, según K. A. Strand5, se refirió al sábado desde la perspectiva teológica, incluyendo argumentos especulativos sobre el número siete, además, al hablar de la praxis, el sábado debía dedicarse a estudios filosóficos (AT), según su percepción.

Finalizando el siglo I d. C., tenemos también el testimonio del historiador F. Josefo, sobre la vigencia del sábado entre los judíos. El registra la queja de los judíos ante Agripa por la interferencia que sufrían por parte de las autoridades romanas para observar el sábado.6 Por estos testimonios podemos señalar que la observancia del sábado continuó al finalizar la etapa apostólica.

Segunda parte

El sábado en el II siglo

Adriano y la observancia del sábado

Especial consideración merece la actuación del emperador romano Adriano. En el año 135 d. C. logró derrotar la sublevación judía de Barkokeba realizada en Palestina. Una vez controlada la situación, de inmediato tomó severas medidas en contra de los judíos. En primer lugar, expulsó a los judíos y judíos cristianos del país. En segundo lugar, prohibió las prácticas judías como la circuncisión y la observancia del sábado. Como consecuencia de estas medidas, se inició en Roma una propaganda antijudía, para ridiculizar todas sus prácticas, incluyendo la observancia del sábado.7 Esto dio pie para que surgieran escritos contrarios al sábado, de parte de algunos los llamados padres de la iglesia, como Ignacio de Antioquía y Justino Mártir. Estos comenzaron una producción literaria anti-judía, rechazando las prácticas del culto en el día sábado, y al mismo tiempo propiciaron el descanso en el primer día de la semana.8

Los testimonios históricos

Ignacio de Antioquía, alrededor del 115 d. C., escribió una carta a los Magnesios 9. 1, (cristianos de Magnesia), donde les instaba: “sin sabatizar, sino moldeando sus vidas según la del Señor, en quien tenemos nuestra esperanza”. Esta cita ha sido interpretada así: “ya no guardando el sábado sino viviendo de acuerdo con el día del Señor”. Se han añadido ciertas palabras como “día”, que no aparece en el griego original.9 K. A. Strand, comenta que el contexto de la declaración de Ignacio lo constituye el ejemplo de los profetas del AT, y “sugiere que hablaba de una manera de vivir y no tanto de días de reposo. Aquellos profetas del AT que habían dejado de sabatizar y vivían conforme día del Señor, no observaban el primer día de la semana sino el sábado, séptimo día de la semana”.10

De cualquier modo, se puede conocer que en este tiempo los cristianos guardaban el sábado, de lo contrario, la amonestación no hubiese tenido razón de ser.

El historiador Plinio, que fue gobernador de Bitinia, escribe una carta el año 115 d. C. al emperador Trajano, para consultar qué debería hacer con los cristianos, sobre quienes pesaba la persecución. Algunos de estos habían apostatado de su fe primigenia, y al ser interrogados por su vida anterior declararon la costumbre de levantarse muy temprano en un día fijo, para cantar himnos de alabanza a Cristo, su Dios.11

Otro testimonio citado de esta época, es el manual de instrucciones conocido como Didajé, que se cree que data de la primera parte del siglo II. En el capítulo 14 contiene una recomendación para que “de acuerdo a [o “en”] el día del Señor”, se reúnan para celebrar el servicio de la comunión.12

Se puede anotar además, que El Diatessaron,13 obra de Taciano, en él según F. Yost,14 se señala que este documento establece una diferencia entre el primer día de la semana y el día sábado.

Finalmente, es necesario tomar en cuenta, el día del martirio de Policarpo obispo de Esmirna, ocurrido el 155/156 posiblemente, y cuyo episodio ocurrió el “Gran Sábado”, de acuerdo con el autor de la crónica de ese tiempo.15

Sin embargo, es necesario dejar en claro, como lo señala S. Bachiochi, que Ignacio de Antioquía, Barnabás y Justino Mártir, jugaron un rol fundamental en este tiempo para separar a los cristianos del judaísmo, de donde procedía la mayoría de ellos, y así abandonar la observancia del sábado y adoptar el primer día de la semana como día de adoración.16 Un testimonio fehaciente fue la actuación de Justino, en su Diálogo con Trifón el judío, en su afán de mostrar la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo, denigra el sábado: “¿puedes ver [Trifón] que los elementos no están ociosos, y no guardan el sábado? Quédate como naciste”.17

El sábado en el siglo III

La observancia del domingo comenzó a tomar fuerza, debido a las acciones e influencia de Roma. Allí se combatió el sábado desde tres frentes, indica S. Bacchiocchi18: teológico, social y litúrgico. En el aspecto teológico, se dijo que el sábado no es un mandato universal, sino un precepto mosaico impuesto exclusivamente para los judíos para marcarlos por su desobediencia a Dios. Desde la perspectiva social, el sábado, en vez de ser día de regocijo, fue convertido en día de ayuno y penitencia. El sábado debería mostrar el pesar por el sacrificio de Cristo. Finalmente, en el aspecto litúrgico, el sábado era un día donde se permitía todo tipo de trabajo. No se permitía celebrar la comunión para no romper el ayuno.

El rechazo hacia el sábado, no sólo existía en Roma, sino también en el norte de África, como Alejandría y Cartago. Allí Tertuliano mantuvo una actitud contraria hacia los observadores del sábado.19

El sábado en los siglos IV al VI

El decreto dominical de Constantino (7 de marzo del año 321 d. C.)

Constantino, emperador romano, fue el primero en dictar una ley dominical. Aunque su aplicación no era para el ámbito religioso, al final tuvo un efecto muy marcado tanto sobre el sábado como sobre el domingo. Al final, el primero resultaría desplazado, y el segundo tomaría su lugar oficialmente. El edicto decía: “Descansen todos los jueces, la plebe de las ciudades, y los oficios de todas las artes, en el venerable día del sol …”.20

Hacia finales del siglo IV, los gobernantes Teodosio I y Graciano Valentino, el 386 d. C. prohibieron todo litigio y pago de deudas en el día domingo, la intención era “sabatizar” el domingo.21

El Concilio de Laodicea (364 d. C.)

Mientras más se avanzó en la historia, la Iglesia Católica impulsó la anulación del sábado como día de reposo. Esto fue evidente en el Concilio de Laodicea que rechazó el sábado bajo las siguientes estipulaciones: “Los cristianos no han de judaizar y estar sin trabajar en sábado, sino que han de trabajar ese día; pero honrarán de especial manera el día del Señor, y como cristianos que son, si es posible, no harán ningún trabajo en ese día. Sin embargo, si se los encuentra judaizando, serán excluidos de Cristo”.22

Pese a estas medidas, no fue posible poner fin a la observancia del sábado, porque las disputas continuaron arduamente de tal manera que la observancia de ambos días permaneció por algún tiempo, aún con el consejo de los líderes religiosos del momento.23

Pese a todos esfuerzos y acciones realizadas por desplazar al sábado como día de reposo y culto en el siglo IV, el descubrimiento arqueológico de Oxyrhynchus, realizado por B. F. Grenfell y A. S. Hunt en 1896, permitió conocer la vida de una comunidad cristiana en el Bajo Egipto (Oxyrhynchus), que continuaba practicando la observancia del sábado como día de reposo.24

El sábado durante el siglo V

La controversia entre los observadores del sábado y del domingo continuó. La polarización tuvo lugar entre Oriente y Occidente. Las iglesias cristianas de Roma y Alejandría, practicaban el ayuno sabático y observaban el domingo. Las iglesias cristianas del Oriente observaban el sábado como día de reposo.

Los testimonios de Juan Casiano (360-435), señalan la asistencia tanto en sábado como en domingo. De igual manera, Asterio de Asmanea y San Agustín, indican la observancia de ambos días con la diferencia correspondiente.25

El sábado en el siglo VI

En este siglo se dieron los pasos definitivos para reemplazar o sustituir el sábado y promover la observancia del día domingo. Diferentes decretos de los sínodos lograron desplazar el sábado de forma definitiva de la práctica religiosa.

El Tercer Sínodo de Orleans prohibió “labores de campo para que la “gente venga a la iglesia a adorar” en domingo. El Segundo Sínodo de Macon, 585, y el Concilio de Carbona, 589, decretaron reglas adicionales a favor de una observancia estricta del domingo. El decreto de Macon fue apoyado por el rey Guntram, el 10 de noviembre de 585, de este modo, la autoridad civil brindó su apoyo para imponer el descanso en el día domingo.26

Prácticamente, a fines del siglo VI, el sábado ya había sido desplazado como día de reposo entre los cristianos por influencia directa de la institución eclesiástica. Al respeto Kenneth A. Strand señala lo que aconteció: “Hacia fines del siglo VI el domingo había suplantado al sábado casi universalmente en toda Europa. Ahora servía como el día de reposo semanal de los cristianos así como su día de culto”.27 En vista de los antecedentes anotados, podemos arribar a las siguientes conclusiones.

Conclusiones

No existe ningún texto bíblico en el NT que indique el cambio del sábado por el domingo. Los discípulos siempre cumplieron el mandato de enseñar y observar el sábado, como día de reposo. El cambio del domingo en lugar del sábado fue un proceso donde intervinieron actores políticos, sociales y religiosos. Las comunidades cristianas alejadas de Roma, es decir, ubicadas en el Oriente, mantuvieron la observancia del sábado como día de reposo. La labor eclesiástica fue determinante para que el día sábado fuese desplazado como día de culto y adoración.

Autor: Dr. Miguel Ángel Salomón


Referencias

  1. Elena G. de White, El gran conflicto (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1987), 663.

  2. Frank Herman Yost, Historia del sábado y del domingo (Lima: Editorial Unión, 1965), 26-7.

  3. Samuel Bacchiocchi, Fron Sabbat to Sunday, a Historical Investigation of the Rise of Sunday Observance in Early Christianity (Roma: Pontifical Gregorian University Press, 1977), 142.

  4. Eusebio, Historia Eclesiástica (Buenos Aires: Editorial Nova, s.f.), IV:5.

  5. Kennet A. Strand, “La doctrina del sábado”, en Teología, fundamentos bíblicos de nuestra fe vol. 5 (México, D. F.: Asociación Publicadora Interamericana, 2007), 156-7.

  6. Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, 16.2.

  7. 2Samuele Bacchiocchi, 218.

  8. Samuele Bacchiocchi, 213-35.

  9. Kennet A. Strand, 158.

  10. Ibid., 159.

  11. Kennet A. Strand, 159.

  12. Ibid.

  13. Es la segunda obra escrita por Taciano que queda fragmentada, data de alrededor del 100 al 170. Es la primera armonía de los cuatro evanglios conocida como Diatessaron. Ver Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica IV, 29. Ver O. Bardenhewer, Patrología (Barcelona: Gustavo Gil, 1910), 62-3.

  14. Frank Herman Yost, 30.

  15. Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica V, 15.

  16. Samuele Bacchiocchi, 213.

  17. Kennet A. Strand, 160.

  18. Samuele Bacchiocchi, “Del sábado al domingo”, ver Apéndice en Reposo divino para la inquietud humana, trad. Roberto Badenas, (1980), 220.

  19. Kennet A. Strand, 161-2.

  20. Ibid., 162.

  21. Ibid.

  22. Frank H. Jost, 34.

  23. Ibid.

  24. Siegfried H. Horn, “La arqueología y el sábado” en Frank H. Yost, Historia del sábado y del domingo, 102.

  25. Kennet A. Strand, 163-4.

  26. Ibid., 164-5.

  27. Ibid., 165.