El problema de la infalibilidad

El problema de la infalibilidad
Refiriéndose a la Biblia, Elena G. de White declara: “Las Sagradas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad... ‘Toda Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir’” (CS, 9).

Ella no niega que el lenguaje de la Biblia sea usado por algunos para sacar falsas conclusiones. Por una parte ella afirma que las Escrituras contienen una revelación infalible; pero, por otra, que el lenguaje usado para impartirla es humano y, por lo tanto, imperfecto.

“Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible... El Señor habla a los seres humanos en lenguaje imperfecto, a fin de que puedan comprender sus palabras los sentidos degenerados, la percepción opaca y terrena de seres terrenos. Así se muestra la condescendencia de Dios. Se encuentra con los seres humanos caídos donde ellos están. La Biblia, perfecta como es en su sencillez, no responde a las grandes ideas de Dios pues las ideas infinitas no pueden ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del pensamiento. En vez de que las expresiones de la Biblia sean exageradas, como muchos suponen, las expresiones vigorosas se quebrantan ante la magnificencia del pensamiento, aunque el escribiente elija el lenguaje más expresivo para transmitir las verdades de la educación superior” (1MS, 42, 25-26).

Los manuscritos del profeta
No sabemos cómo los profetas antiguos preparaban sus manuscritos. ¿Tachaban una palabra y la reemplazaban con otra que expresara mejor un determinado concepto? ¿Hubo defectos gramaticales en su primera composición, o ésta era perfecta? Los manuscritos originales no existen; no podemos, pues, examinarlos.

Pero de Elena G. de White sí tenemos los manuscritos originales. El hecho de que el Espíritu Santo descansara sobre ella no le concedió un conocimiento perfecto de la ortografía y la gramática. Trabajó muy cuidadosamente y, con la ayuda de Dios, adquirió la habilidad para presentar la verdad en forma clara e impresionante; pero esto le exigió un esfuerzo constante e intenso. En sus manuscritos se revela un desarrollo progresivo en el vocabulario y en la habilidad para usar las palabras.

Sus contemporáneos reconocieron que errores gramaticales pueden aparecer en escritos inspirados, pero esto no disminuyó su confianza ni impidió que aceptaran sus escritos.
Elena G. de White reconoció abiertamente la ayuda que ella recibía de sus asistentes:

“Mientras mi esposo vivió, actuó como ayudante y consejero en el envío de los mensajes que me eran dados. A veces se me daba luz durante la noche, a veces durante el día delante de grandes congregaciones. La instrucción que recibía en visión era fielmente redactada por mí cuando tenía tiempo y vigor para esa obra. Después examinábamos juntos el asunto. Mi esposo corregía los errores gramaticales y eliminaba las repeticiones inútiles. Esto era cuidadosamente copiado para las personas a quienes iba dirigido, o para el impresor.

A medida que creció la obra, otros me ayudaron en la preparación del material para su publicación. Después de la muerte de mi esposo, se me unieron fieles ayudantes, los que trabajaron infatigablemente en la obra de copiar los testimonios y preparar artículos para su publicación.

Pero no son verdaderos los informes que han circulado, que se permitía a cualquiera de mis ayudantes añadir material o cambiar el sentido de los mensajes que escribo” (1MS, 57).

Estos ayudantes no se desconcertaban por hallar falta de concordancia de tiempo en una oración, en un manuscrito o en un escrito anterior. El ministerio de ella tenía las credenciales divinas, y ellos reconocían que el mensaje era de Dios.

En 1883 fue necesario publicar de nuevo unos folletos tempranos de los testimonios, y la Sra. White y sus asociados reconocieron que debían corregirse ciertos defectos de expresión para presentar el mensaje en la mejor forma literaria posible.

Debido a su importancia, el asunto fue presentado al concilio de la Asociación General en 1883. Y entonces, no sólo se tomaron decisiones importantes en cuanto a la reimpresión de los Testimonios, sino que se alertó a la denominación acerca de ciertos principios que tienen que ver con las expresiones del Espíritu Santo. Citamos de las actas de esa reunión:

32- “CONSIDERANDO que algunos volúmenes impresos de los Testimonios para la iglesia están agotados, y no se puede obtener el juego completo, y,

“CONSIDERANDO que hay un pedido urgente para que se reimpriman estos volúmenes, por lo tanto,

“SE RESUELVE: que recomendemos su reimpresión en cuatro volúmenes de 800 páginas cada uno, y no en siete. (En inglés, por supuesto.)

33- “CONSIDERANDO que muchos de estos Testimonios fueron escritos bajo las más desfavorables circunstancias, pues la escritora estaba apremiada con trabajo y preocupaciones para poder dedicar consideración crítica’ a la perfección gramatical de sus escritos, y que éstos fueron impresos con tal prisa que se deslizaron estas imperfecciones gramaticales sin ser corregidas, y,

“CONSIDERANDO que creemos que la luz de Dios dada a sus siervos es para la iluminación de la mente, para impartir los pensamientos, y no – excepto en casos excepcionales – las palabras exactas en las cuales se expresan las ideas; por lo tanto,

“SE RESUELVE que, en la reimpresión de estos volúmenes, se hagan los cambios verbales necesarios para corregir las imperfecciones mencionadas hasta donde sea posible, pero sin alterar en nada el pensamiento; y, además,

34- “SE RESUELVE que este cuerpo escoja un comité de cinco personas para que se hagan cargo de la reimpresión de estos volúmenes de acuerdo a los votos y resoluciones que se han tomado” (RH, noviembre 27, 1883).

Una explicación editorial
Cinco años después Urías Smith discutió en un editorial de la Review and Herald la siguiente pregunta: “¿Cuáles son inspiradas, las palabras o las ideas?”

El mismo interrogador continúa: “¿No es una palabra signo de una idea? ¿Cómo puede, entonces, ser inspirada una idea, y no serlo los signos que transmiten la idea a la mente?”

Respuesta:

“Si no hubiera más que una palabra para expresar una idea, sería así; pero cuando hay quizá cientos de maneras de expresar la misma idea, el asunto es muy diferente. Por supuesto, si el Espíritu Santo diera a una persona palabras que escribir, estaría obligada a usar esas mismas palabras sin cambiarlas. Pero cuando una escena o situación es presentada a una persona, y no se le da el lenguaje o las palabras específicas, estará en libertad para describirla con sus palabras, como le parezca mejor, para expresar la verdad recibida.

“Y si, ya escrita, se le ocurriera una mejor manera de expresar su contenido, le sería perfectamente permitido desechar todo lo que ha escrito y redactarlo de nuevo, conservando escrupulosamente las ideas y hechos que le fueron mostrados; y en el segundo escrito alentará la idea divina comunicada como en el primero, y en ninguno de los dos casos podría decirse que las palabras fueron dictadas por el Espíritu Santo, sino que fueron dejadas al juicio individual.

“Mucho de lo que los profetas escribieron en las Escrituras son palabras pronunciadas directamente por el Señor, y no las de ellos. En estos casos, las palabras sí son inspiradas. La Hna. White a menudo registra palabras dichas por los ángeles. Tales palabras, por supuesto, ella las registra tal como las escuchó, y no tiene la autorización para usar otras ni aun en una construcción diferente.

“Pero mucho de lo que los escritores de la Biblia dijeron podrían haberlo escrito con una fraseología diferente, y las verdades registradas hubieran sido tan inspiradas como las tenemos ahora” (RH, marzo 13, 1888).

“Mi madre nunca ha reclamado inspiración verbal, y tampoco encuentro que mi padre o los pastores Bates, Andrews, Smith o Waggoner hicieron esta afirmación. Si hubiera inspiración verbal en la redacción de sus manuscritos, ¿por qué, entonces, sería necesario de su parte el trabajo de adición o adaptación? El hecho es que mi madre toma a menudo uno de sus manuscritos, lo repasa cuidadosamente y agrega material para ampliar aún más el pensamiento.” (William C. White, autorizado por ella. EGWW, 189)

Una reafirmación de lo dicho se echa de ver en estas palabras escritas mientras ella estaba en Europa: “La Biblia fue escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

“No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron los inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De este modo, las declaraciones del hombre son la Palabra de Dios” (1MS, 24).

Y por cuanto los adventistas del séptimo día tienen una profetisa de Dios en su medio, pueden saber cómo se manifiesta la inspiración. Los que trabajan con manuscritos de la Biblia tienen que entendérselas con materiales escritos de dos mil y hasta tres mil quinientos años de antigüedad, de los cuales tenemos hoy únicamente copias que se han reproducido muchas veces.

Nota: Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982 Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)

La importancia de comprender la inspiración

Los falsos conceptos en cuanto a la inspiración y la revelación, ya sean modernos o conservadoramente extremistas, pueden llevar al desastre. Hay una razón para creer que el gran adversario aprovechará al máximo los falsos conceptos en cuanto a la inspiración, pues “el último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios. ‘Sin profecía el pueblo se desenfrena.’ (Prov. 29: 18) Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero” (1MS, 54-55).

Un esfuerzo tal fue hecho hace unos 90 años por D. M. Canright, gran evangelista adventista y fiel administrador. Se tornó enemigo de la iglesia y la criticó, y como excusa de su apostasía argumentó que Elena G. de White y los adventistas sostenían que cada línea escrita por ella en cartas, folletos, artículos, testimonios o libros había sido dictada por el Espíritu Santo, y que por tanto era infalible.

Años más tarde un profesor de Biblia, de mi mayor estima, abandonó su trabajo y perdió mucha de su confianza en el mensaje. ¿Cuál era el problema? No podía aceptar a Elena G. de White como la mensajera del Señor; y redactó una explicación. Su padre había servido muchos años en el ministerio y tuvo en alta estima los escritos del espíritu de profecía; más aún: había sostenido una posición extremista, un concepto dictatorial. Este concepto lo heredó su hijo, el profesor a quien me refiero. Como maestro de Biblia descubrió ciertas dificultades que no pudo resolver precisamente por su concepto rígido en cuanto a la inspiración. Años más tarde, con motivo de una invitación que le hicieron los fideicomisarios de Elena G. de White, discutimos los puntos que lo habían perturbado. Este estudio conjunto nos hizo ver que los problemas que lo habían agitado y desanimado se debían a los conceptos rígidos y tergiversados en cuanto a la inspiración. Antes de despedirnos me dijo apesadumbrado: “¡Cuán grande habría sido la diferencia si sólo hubiera entendido las cosas en forma distinta! ¡Pero ya es demasiado tarde!” Murió apesadumbrado.

Muchos eruditos afirman que la Biblia no es más inspirada que los escritos de los autores famosos. Otros creen que el profeta sólo experimenta un “encuentro” con Dios, pero que no se le imparte ninguna información ni instrucción; y que los profetas simplemente expresan sus reacciones a dichos “encuentros.” Puedo ver en estas apreciaciones de la inspiración la obra de un enemigo que busca anular el mensaje de Dios para su pueblo.

Pruebas de la Biblia para el profeta genuino:

  1. “Por sus frutos los conoceréis.” (Mat. 7: 20).
  2. Fidelidad a los fundamentos de la fe cristiana (1 Juan 4:2).
  3. Cumplimiento de sus predicciones (Jer. 28: 9; Deut. 18: 22).
  4. “¡A la ley y al testimonio!” (Isa. 8: 20).

La falta de espacio nos impide desarrollar estos puntos; pero todo adventista está, poco
más o menos, relacionado con ellos.

Pero sobre todo, y más allá de todo, está la forma en que los escritos de la Hna. White hablan al corazón de los lectores. Esto lo experimenta todo fiel estudiante de sus escritos.

Se levantarán preguntas y nos acecharán problemas. Así ha sido, así es, y así será. Y si damos crédito a la profecía, los mismos se intensificarán y aumentarán a medida que nos acerquemos al fin. Por esto nuestros conceptos sobre la inspiración deben estar respaldados por el testimonio de los profetas. En la Biblia hallamos lecciones importantísimas, generalmente en conexión con los mensajes. Todo adventista del séptimo día debe conocerlas. ¿Cómo le llegó la luz al profeta? ¿En qué forma entregó éste el mensaje a la
gente?

Entonces ¿cuál es el testimonio de Elena G. de White en estas líneas? En los artículos precedentes hemos visto algunos de tales testimonios. Ella escribió muy extensamente en cuanto a la inspiración de la Biblia e hizo muchas referencias a la inspiración dentro de su
obra, Lo que ella escribió es altamente informativo. Como en la mayoría de los casos, lo que ella escribió en tales líneas vino en circunstancias prácticas y naturales. Mucho de esto fue escrito en 1880. En esa década se estaba preparando una traducción de la Biblia conocida como la Revised Version (Versión revisada). El Nuevo Testamento apareció en 1885.

En la mente de no pocos adventistas esta nueva traducción despertó serias preguntas, por ejemplo: “¿Qué es conveniente y admisible para que haya una revisión de las Escrituras?” La Review and Herald tomó nota de esta inquietud, y Elena G. de White redactó cuatro declaraciones importantes en cuanto a la inspiración:

1886: “Objeciones hechas a la Biblia” (1MS, 21-24).
1888: (CS, Intr.).
1888: “La inspiración de la Palabra de Dios” (1MS, 17-21).
1889: “Los misterios de la Biblia como prueba de su inspiración” (2JT, 303-317; léase también “Los misterios de la Biblia,” Ed, 165-168).

Un estudio detenido de estas cuatro declaraciones será de mucha ayuda. Agreguemos, además, el balance que se obtenga en “Luz sobre nuestro sendero,” (1MS, 15-87; 5 T, 654- 691). Es urgente que nos familiaricemos con estas lecturas.

La obra de la inspiración ha sido un asunto de especial interés para los fideicomisarios de Elena G. de White, guardianes especiales de sus escritos. A. G. Daniells, presidente de la Asociación General desde 1901 a 1922, se refiere a este tema en su libro El permanente don de profecía. Otro de los fideicomisarios mencionados, F. M. Wilcox, editor durante treinta años de la Review and Herald, en 1933 presentó varios aspectos de esta cuestión en una serie de artículos, con el título El testimonio de Jesús, los cuales fueron reimpresos en un libro con el mismo título. (Publicado por la Casa Editora Sudamericana en 1960.)

Cómo transmite Dios su mensaje
En 1929 comencé a trabajar como secretario del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, bajo la dirección de Guillermo C. White. A medida que leía los manuscritos, las cartas y las obras publicadas, comencé a interesarme más y más en la forma en que Dios hace llegar sus mensajes a la gente. Y pronto concluí que, así como Dios habló “muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo,” también ha hablado por medio de Elena G. de White. Este tema me ha apasionado.

Como en parte mi trabajo ha consistido en responder preguntas relativas a la Sra. White y sus escritos, me he dado cuenta que dichas respuestas están íntimamente unidas con la comprensión de la manera como la inspiración se manifiesta en todos los escritos del espíritu de profecía. Ella no respaldó una inspiración mecánica, rígida, como algunos la han catalogado. Nuestros pioneros la llamaron “inspiración verbal,” aunque algunos teólogos dan a esta expresión un sentido diferente al de ellos. ¡Y cuántas veces las perplejidades de nuestros interrogadores se desvanecieron a la luz de la información en cuanto a las maneras en que se manifiesta la inspiración!

La información que he encontrado, a menudo en referencias incidentales, la he recopilado, para beneficio de los ministros y de otras personas, en artículos que se han publicado. Estos artículos fueron reimpresos en un libro de amplia difusión, titulado Ellen G. White, Messenger to the Remnant.

De vez en cuando me invitan a hablar a nuestros profesores de Biblia y a otros grupos en cuanto a diversos aspectos de la obra de Elena G. de White. Uno de estos aspectos responde al tema “La autoridad de los escritos de Elena G. de White,” y otro, a la pregunta “¿Quién le habló a la Hna de White?” He preparado dos artículos titulados: “Elena G. de White como historiadora” y “Principios de hermenéutica en los escritos de Elena G. de White.” Estos artículos, junto con otro titulado “Hacia un concepto concreto de la inspiración,” han estado disponibles en forma mimeografiada. La naturaleza importante de su contenido, basado no en definiciones y conceptos teológicos sino simplemente en las pruebas provistas en los mismos documentos de Elena G. de White, indujeron a la casa editara Review and Herald Association a publicarlos en un libro titulado The Ellen G. White Writings. Este volumen contiene, además, tres apéndices muy esclarecedores:

  1. “Nuestro uso de las visiones de la Hna. White,” por J. N. Andrews.
  2. “La inspiración de los evangelistas y de los otros escritores del Nuevo Testamento,” por el Dr. Henry Alford, teólogo y comentador anglicano que trabajó en 1863. Este documento presenta lo que el Patrimonio White ha considerado por muchos años como una información sumamente útil, porque se refiere a muchas situaciones y principios que a menudo se piensa que no tienen que ver con la inspiración.
  3. “La edición de 1911 de El conflicto de los siglos,” por Guillermo C. White. Es una explicación del hijo y ayudante de Elena G. de White en cuanto a los detalles propios de la revisión de un libro inspirado.

Es triste ver excelentes adventistas confundidos o que pierden su confianza en el espíritu de profecía por causa de falsos conceptos. Sostienen puntos de vista rígidos, sin haber hecho un estudio específico y cabal, y catalogan a los profetas como autómatas que hablan o escriben únicamente las palabras dictadas por el Espíritu Santo. Es doloroso también ver que muchos fracasan en percibir, por causa de conceptos liberales injustificables, la mano de Dios tal como se manifiesta en su pueblo por medio de su profetisa, y pierden la gran bendición de la certeza de que el pueblo adventista es un pueblo guiado y enseñado por Dios.

Creo que la presentación de estos artículos y la lectura detenida de las fuentes de información mencionadas, pueden ser de ayuda decisiva a medida que entremos en los días difíciles que nos esperan. Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Nota: Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)

Escritos comunes o no inspirados

Una carta extensa para copiar.

Elena de White especifica acerca de lo "común y lo sagrado"

¿Cómo podemos juzgar?

Una instancia en la que Elena G. de White habla “No por mandamiento"

Elena G. de White como individuo (esposa, madre, vecina y amiga) no estuvo ajena a tener pensamientos comunes o decir palabras comunes sin relación con la inspiración. Hubo claramente en su vida y ministerio lo común y lo sagrado.

A su hijo Edson y a su esposa Emma, Elena de White escribió el 10 de septiembre de 1903 lo siguiente:

"Creo que te debo escribir una carta familiar, contándote acerca de mi familia y el lugar".--Carta 201, 1903.

En otra carta a las mismas personas escrita el día siguiente, dijo:

"Esta mañana encontré vuestra carta debajo de mi puerta. Estaba contenta de tener noticias de ustedes. Ayer les escribí una carta sobre asuntos comunes, de todos los días. Esta carta será enviada hoy. He escrito una larga carta sobre el asunto mencionado en vuestra carta, y la he entregado para que sea copiada. Esta les será enviada pronto".--Carta 202, 1903.

Luego ella da un consejo sobre un asunto de importancia para los obreros del sur que comienza así:

"Es el plan de Satanás llamar a las mentes al estudio de la línea de demarcación entre la raza blanca y las de color". -- palabras encontradas cerca de la apertura del capítulo titulado "La línea de demarcación entre la raza blanca y las de color", en 9T, p. 213-222.

En las páginas iniciales (213-215) se usaron veinticuatro líneas de consejos enviados en la carta a Edson, para construir ese capítulo. Otras comunicaciones, en los cuales Elena de White trató el mismo tema, se usaron para este capítulo.

El tono de la carta y el tema presentado por ella hace claro que este consejo estaba basado sobre la luz que Dios le había dado. En otros lugares de la carta introduce un párrafo con las palabras "por la instrucción que el Señor me ha dado una y otra vez sé".--Carta 202, 1903.

Una carta extensa para copiar
La “carta extensa" a que hace referencia el 11 de septiembre tiene catorce páginas de testimonio con fecha del 14 de septiembre de 1903, (Carta 203, l903) y comienza:

"A aquellos que ocupan cargos de responsabilidad en la Casa Editora de Nashville:

“Mis queridos hermanos:
“Estoy encargada de darles un mensaje del Señor. Busquen al Señor fervientemente mientras pueda ser hallado. El está al tanto del espíritu que ustedes reflejan en sus propósitos y planes, etcétera.

“La armonía y la unidad deben prevalecer entre aquellos que están a cargo de la Casa Editora de Nashville. Estos hombres deben conducirse con toda humildad (p. 5).

“Algunos que han estado atendiendo asuntos sagrados han perdido el sentido de la sacralidad que estos implican y los tratan como asuntos comunes. A menos que cambien, el Señor los sacará de su obra (p. 7).

“El cristiano no debe decir palabras ásperas a nadie, ya sea viejo o joven. El enemigo sugiere esas palabras. Mis hermanos, no sean tan fríos con aquellos con quienes nos relacionamos en el servicio y en la adoración que congelemos las almas que están necesitadas de la tibieza del amor de Cristo" (p. 9).

"Quiera el Señor darles a todos la determinación de hacer su voluntad, y quiera él bendecirlos mucho y confortarlos; ésta es mi oración".-- Carta 203, 1903.

Este testimonio fue enviado al Pastor G. I. Buttler, presidente de la Junta y presidente de la Unión del Sur. Una copia fue enviada a J. E. White, quien había sido un pionero en la obra de publicaciones en los estados del sur. Esta comunicación es muy diferente a las "cartas de familia", contando sobre "mi familia y el lugar", "una carta común de las cosas de todos los días". Copias de esta carta familiar fueron enviadas a los siguientes amigos y parientes:

J. E. White y esposa, Sra. Nellie de Druillar, Sra. Lucina de Hall, Sra. G. A. de Irwin, Sra. E. W. de Farnsworth, S. T. Belden, Sra. Mary de Foss, J. A. Burden y esposa.

Esta carta sobre "cosas comunes y temas de todos los días" trata de:

  • La ausencia de Willie y sus viajes.
  • Cartas escritas concernientes a jóvenes que iban a Battle Creek para tomar el curso de enfermería.
  • El clima caluroso y lo que el diario decía acerca de qué era lo que lo causaba.
  • Su salud y habilidad para subir y bajar las escaleras con más facilidad.
  • La enfermedad de su granjero, Iram James, y el tratamiento efectivo con la batería eléctrica.
  • Comida traída del huerto y del jardín.
  • Envasado de salsa de manzana y maíz seco.
  • La cosecha de uvas y su disposición.
  • La plantación de ciruelas, su recolección y el secado.
  • "Una o dos palabras más" -- la escasez del dinero.
  • Las comidas en su casa -- alegría por la abundante cosecha.
  • La práctica de la economía para hacer avanzar la causa de la verdad.
  • La necesidad del poder del Espíritu.
  • Canaán está a la vista -- debemos tener un lugar allí.
  • Vengan y véannos -- únanse con nuestras fuerzas.

Elena de White especifica acerca de lo "común y lo sagrado"
Es claro que en los escritos de Elena de White y en sus conversaciones estaba lo común y lo sagrado. Ella escribió especialmente sobre esto en 1909 ya que el pastor E. S. Ballenger, entonces administrador del Sanatorio llamado Paradise Valley, en un esfuerzo por encontrar justificación para descartar los escritos y consejos de Elena de White, dijo que no podía tener confianza en ella porque "en una carta escrita a los hermanos en el sur de California, se hizo la declaración de que el sanatorio tenía cuarenta piezas, cuando había solamente treinta y ocho". Ella explica:

"La información dada en cuanto al número de las habitaciones del Sana- torio Paradise Valley no fue dada como una revelación del Señor sino simplemente como una opinión humana. Nunca me ha sido revelado el número exacto de habitaciones de ninguno de nuestros sanatorios, y el conocimiento que tengo en cuanto a tales cosas lo he obtenido preguntando a los que suponía que estaban informados. En mis palabras, cuando hablo acerca de estos temas comunes, no hay nada para inducir a la mente a creer que recibo mi conocimiento en una visión del Señor y que presento eso como tal....
“Cuando el Espíritu Santo revela alguna cosa acerca de las instituciones de la obra del Señor, o acerca de la obra de Dios en el corazón y en la mente de los hombres, como ha revelado esas cosas a través de mí en lo pasado, el mensaje dado ha de ser considerado como luz dada por Dios para aquellos que la necesitan. Pero es un gran error que uno mezcle lo sagrado con lo común. En una tendencia a hacer esto podemos ver la obra del enemigo para destruir las almas....
“Sin embargo, hay oportunidades cuando deben declararse cosas comu- nes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios. Se hacen preguntas a veces que no tienen nada que ver con temas religiosos, y esas preguntas deben ser contestadas. Conversamos acerca de casas y tierras, transacciones comerciales y ubicación para nuestras instituciones, sus ventajas y desventajas."--Ms 107, 1909 (1 MS, p. 43, 44).

¿Cómo podemos juzgar?
Quizás sea menos difícil distinguir lo sagrado de lo común en la práctica que en la teoría. Principios claros se enuncian en el párrafo ya citado. La ilustración presentada al comienzo de esta discusión da claras indicaciones como base para establecer un juicio. Y debe recordarse que Elena G. de White buscó cuidadosamente evitar establecer sus opiniones como la luz que Dios le había dado. Esto la llevaba algunas veces a permanecer en silencio mientras iba a visitar gente acompañada de otros, en donde si ella hablaba o expresaba su opinión sobre los temas de conversación podría interpretarse como una orientación divina.

Una instancia en la que Elena G. de White habla “No por mandamiento"
Una ilustración sobre su cuidado en temas de esta clase se encuentra en una carta escrita en 1897 cuando ella juzga que sería bueno que Juan Wessels, de África del sur, se uniera a ellos en Australia en los menesteres de la obra del sanatorio. A ella se le habían mostrado cosas sobre la familia, pero había cosas que no se le habían mostrado. Al escribir ella dejaba esto en claro:

"No he recibido el mensaje 'hagan venir al hno. Juan Wessels a Austra- lia'. No; por lo tanto no digo 'sé que éste es el lugar para Uds. 'Pero tengo el privilegio de expresar mis deseos, aun cuando repito `no hablo por mandamiento'. Pero no quiero que vengan debido a cualquier persuasión de mi parte. Deseo que Ud. busque al Señor muy fervientemente, y entonces siga donde él lo guíe. Quiero que Ud. venga cuando Dios diga: 'Ven', y ni un solo momento antes.
“Sin embargo, es mi privilegio presentar las necesidades de la obra en Australia. Australia no es mi país; pero es jurisdicción del Señor. El país es de él. Ha de hacerse una obra aquí, y si Ud. no es la persona que tiene que hacerla, me sentiría perfectamente resignada al saber que Ud. ha ido a alguna otra localidad.
“Se me ha mostrado que sería mejor para Ud. y los demás miembros de la familia de su madre estar en alguna otra localidad, porque donde están, las compañías y relaciones no son las más favorables para su salud espiritual".-- Carta 129, 1897 (3 MS, p. 65).

Puede observarse que en la fraseología de su carta, ella alude a lo que Pablo escribió a la iglesia de Corinto (1 Cor. 7:6, 12), dejando en claro que eran sus propias opiniones, las que creyó buenas y correctas; pero con honestidad, también hizo claro que no estaba presentando instrucción que Dios le había dado.

Elena de White estaba en el mundo, participando en muchos asuntos de la casa, la comunidad y la iglesia. No le fue negado el privilegio de pensar sus propios pensamientos y hablar y escribir sus propias palabras, pero para aquellos que desean seguir la voluntad de Dios no hay confusión en este asunto. El cristiano honesto y sincero tiene poca dificultad en saber cuándo Elena de White está hablando por el Señor y cuándo está hablando por ella misma.

Autor: Arthur L. White | Patrimonio de Elena G. de White Washington, D. C. 6 de abril, 1982. Retranscrito en mayo de 1989.