¿El hijo de Dios fue engendrado antes de nacer en Belén?

INTRODUCCIÓN

Aunque la Iglesia Católica se opuso al pensamiento arriano, la creencia cristiana con respecto al significado de “Hijo de Dios” ha sido siempre vaga y confusa, pues no acepta una creación del Hijo, pero sí una doble generación de él, es decir en la eternidad y en Belén. Este dogma de Roma está profundamente enraizado entre nosotros. Por eso muchos creen que Cristo es coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, y al mismo tiempo que el Hijo de Dios fue engendrado literalmente por el Padre en algún momento de la eternidad. Es decir, que Cristo no es “Hijo eterno de Dios” por un pacto eterno, como afirma Isaías, sino por haber nacido del Padre en la eternidad. La cita inspirada de Elena G. de White que se usa como base es esta: Cristo “era igual a Dios, infinito y omnipotente […] Es el Hijo eterno y existente por sí mismo”.[1] Si dice que es “eterno”, es “existente por sí mismo”. Pero si es “Hijo”, no puede ser eterno. Con esta aparente contradicción abrimos la investigación acerca del significado del “Hijo de Dios”.

Cierta vez Cristo hizo esta pregunta a los teólogos de sus días, que todavía no parece tener respuesta: “Si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?” (Mat. 22:45). Si aceptaban que Jesús era uno de los tantos descendientes del rey David, debían responder por qué David le llamó “Señor” como ellos llamaban al “Padre”. Y si Jesús se refería al “Hijo de Dios”, tampoco iban a creer que podía ser “Señor”; y menos que al “Señor” se le llamara “Hijo”; no importa si fuera de un ser celestial o terrenal. La respuesta de los fariseos fue el silencio […] que continúa hasta nosotros hoy.

¿POR QUÉ CRISTO ES “HIJO ETERNO”?

Puesto que Jesús, del hebreo יְהוָה (YaHWêH), +יֵשׁוּעַ (yeshà): YeHoshuá, es el Jehová Salvación, o “nuestro gran Dios y Salvador” (Tito 2:13) que viene “desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miq. 5:2); y que a través de “Adán, hijo de Dios” (Luc. 3:38), es nuestro “Padre eterno” (Isa. 9:6; 63:16), no pudo haber sido Hijo engendrado del rey David ni por Dios, ya que YaHWêH significa el que siempre ES (Éxo. 3:14). En 1 Juan 5:20 dice que Cristo es “el verdadero Dios” porque posee la “vida eterna”. Y cita a Jeremías 10:10 que dice que es el “Dios verdadero” porque es “Jehová” (Dios eterno).

Elena G. De White concluye: “En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra”.[2] Pero al mismo tiempo Salomón dice de Él: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra […] fui engendrada” (Prov. 8:22-24).

Estos pasajes de Salomón han sido interpretados de distintas maneras. El judío Ben Sira (185 a.C.) creía que se refería a la Torah. Para Arrio es la creación del Hijo, porque en Proverbios 8:22 emplea la palabra hebrea qana (poseído), que también puede ser “creado”. Pero si en el texto qana fuera creado, no podría ser “engendrado” (kjolalti, de kjul o kjil), según leemos en los versos 24 y 25. Para Ensebio y Atanasio era “la adquisición” de Cristo. Para D. Thomas la “Sabiduría de Dios”. Para Albright una diosa cananea como tipo de Dios. Para otros, la diosa Astarté. Para Lang una gran educadora hebrea. Para Ringgren una personificación del carácter de Dios. Para Rogers un “maestro hacedor y artífice” que puede ser Dios. Pero la Hna. White confirma que aquí se habla de Cristo. Y con el contexto nos dice claramente que no está refiriéndose a él en sentido homilético, como algunos de nuestros eruditos argumentan (1 Cor.1:24).[3]

Richard Davidson cree que la expresión “engendrado” (de חוּל kjul), aquí puede significar “el establecimiento” de Cristo como Creador.[4] Pero no explica por qué kjul puede tener esta interpretación; y menos al unir kjul con yeléd (engendrar) de Salmos 2:7.

La expresión hebrea kjul, que aparece 62 veces, se la emplea en el A.T. como atormentar, retorcerse de dolor, esperar, aguardar, engendrar, parir, temblar y temer (Prov. 8:24,25). Y יֶלֶד (yeléd), que se lee 89 veces: engendrar, concebir, nacer, formar, tener hijos y parir (Sal. 2:7).

Ante esta inseguridad nos es necesario detenernos para examinar el problema con el contexto. En primer lugar, Salomón nos dice que Cristo ya existía “eternamente” (קֵדְמָה: qadmah: primero en el tiempo, en un estado anterior, es decir como el “Yo Soy antes de”); y que existía como el principal (רֹאשׁ rosh), que se lee 598 veces, mayormente como “cabeza”, “cumbre” y “jefe”). En segundo lugar, que fue engendrado antes de crear la Tierra.

Por lo tanto, aquí ya tenemos los primeros rayos de luz: Nos dice que existió como “Jefe” antes de ser engendrado, y por lo tanto tiene que ser “Hijo” en un sentido distinto al que conocemos. Esto puede explicar por qué en Proverbios el capítulo 8, Salomón no emplea yeléd (engendrar, parir) sino kjul, que más bien tiene un sentido de espera del gran “Jefe” eterno con cierto dolor, sabiendo que tendría que ser engendrado y morir por los tristes resultados del pecado en este mundo.

Cuando se encarnó, el Hijo dijo cierta vez estas impresionantes palabras: “De cierto os digo: Antes que Abraham fuese, Yo soy” (Juan 8:58). Aquí también dice que antes de nacer y ser “Hijo”, ya existía. Para muchos aquí se estaría hablando de su segundo nacimiento: el que ocurrió en Belén. Pero sea el segundo o el único, siempre sigue siendo “YO SOY” antes de nacer, y por lo tanto se habla de un engendramiento en “un nuevo sentido”. Tener esto en cuenta es importante, porque hasta ahora los intérpretes lo han pasado por alto.

CUATRO POSICIONES QUE TRATAN DE EXPLICAR POR QUÉ JESÚS ES HIJO

La 1a posición dice que Cristo es “hijo eterno” porque fue engendrado dos veces.

Pero los Testimonios dicen: “En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra”.[5] Por eso Cristo es YaHWeH como el Padre, y “el verdadero Dios” (1 Juan 5:20). “Jehová”, (YeHôWâH), del hebreo יְהוָה (YaHWêH), es una forma del verbo הָיָה (hâyâh), “ser”, “existir”. Además leemos: “Antes de mí no fue formado Dios [אֵל ‘El: dios singular], ni lo será después de mí” (Isa. 43:10). Aquí no se habla de un “dios” humano, es decir en minúscula, como se lee en la mayoría de las versiones bíblicas, pues sabemos que todo “dios” fue formado “después” de Dios. Así que “antes” o “después” del Hijo “no fue formado Dios” el Padre ni el Espíritu, porque la Deidad está formada de tres personas coeternas en una misma sustancia. Así que Isaías 43:10 es una de las declaraciones bíblicas más claras en contra de la doctrina de una doble generación del Hijo de Dios.

En segundo lugar, si Cristo hubiera llegado a la existencia “después” del Padre, no podría ser pleno Dios como él, sino una derivación como Dios o YaHWeH menor. Pero Pablo nos clara que él posee “toda la plenitud de la Deidad” (Col. 2:9).

La 2a propuesta sostiene que Cristo es “hijo”, porque significa “igual a Dios”. Aquí ya no existe el problema de un Hijo eterno que al mismo tiempo llega a la existencia en algún momento. Sin embargo, sigue teniendo problemas con la Revelación. Según el apóstol Juan, Cristo “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). Pero luego Jesús aclaró: “¿Vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis” (10:36,37). “Voy al Padre, porque el Padre mayor es que yo” (14:28). “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (20:17).“Yo dije: Vosotros sois dioses [‘elohim], y todos vosotros hijos del Altísimo” (10:34; Sal. 82:6).

Para los judíos nunca fue blasfemia que alguien se llamase “hijo de Dios”, pues aunque sabían que el Hijo de Dios debía ser adorado (Sal. 2:12); y algunos admitían que podía ser el principal de los ángeles del cielo, que también son “hijos de Dios” como Adán, que fue creado (Job 1:6; 2:1; 38:7; Luc. 3:38),[6] nunca creyeron que el Hijo de Jehová fuera “igual a Dios”. Sólo aceptaban que era el “Cristo”, el “Mesías” y “Rey” de Israel (Luc. 22:69; Juan 1:49). Por eso eran, y siguen siendo monoteístas extremos. Por lo tanto, esta posición adventista que surgió en la década de los 70, ignora abiertamente una de las doctrinas judías más importantes que se ha mantenido hasta hoy sin variación. Por eso en su carta a los Hebreos, Pablo cita el decreto futuro de Salmos 2:7 y 2 Samuel 7:14, argumentando que a ninguno de sus hijos ángeles les dijo jamás: “Hoy”, “yo seré a él Padre” (Heb. 1:5), pues para todos los demás, que son criaturas, ya era su Padre. Y como él es el Eterno que llegó a ser Padre del Hijo, en la Biblia nunca el “Padre eterno” es el Padre —es Dios eterno, pero no Padre eterno, por eso la Biblia no se contradice—, sino que lo es el Hijo como nuestro creador y redentor (Isa. 9:6; 63:16), por “pacto” eterno (Sal. 89:3,4,26-29).

Aquí encontramos la gran diferencia que existe entre el “Ángel de Jehová”, que es el “YO SOY” antes de ser Hijo, y los demás ángeles. Sin embargo, para los judíos llegó a ser blasfemia cuando Cristo unió ese título igualando sus “obras” con las de Dios. Luego Jesús aclaró que si era “Hijo” era menor que el Padre, y así se igualaba con todos los “hijos del Altísimo”, porque al encarnarse “se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7). Pero, ¿por qué Jesús empleó el excelente título “Hijo de Dios” para igualarse con todos nuestros hermanos, que son creyentes o “hijos de Dios”? Esta posición no da la respuesta.

Además, debe explicar por qué, si “Hijo” es igual a Dios, al Espíritu Santo nunca se le llama “Hijo”, a pesar de ser igual. Por qué si una persona divina se llama “Hijo”, la otra se llama “Padre”. ¿Qué es Padre? ¿Por qué el “Hijo” fue “engendrado”? ¿Qué significa aquí engendrar? ¿Es que engendrado significa igual a Dios? Si Cristo fue declarado “Hijo” con derecho recién en la resurrección (Rom. 1:4), ¿antes fue igual a Dios en forma condicional? Tampoco responde a estas preguntas.

La 3a posición dice que Cristo es “Hijo” porque fue entronizado. Y sostiene que Salmos. 2:7 no se cumple en la resurrección, según leemos en Hechos 13:33,34 y Romanos 1:4, sino 40 días después en la coronación de Cristo. Pero no sólo no explica por qué rechaza lo que dice estas declaraciones inspiradas, sino que tampoco explica por qué Cristo fue ungido y se sentó en el trono, pero no aceptó ser coronado hasta que en el juicio “sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies” (Heb. 10: 12,13; Apoc. 19:11- 21). Elena G. de White escribió: “Pero con un además, él los detiene. Todavía no; no puede ahora recibir la corona de gloria y el manto real”.[7] ¡Lógico! ¿Cómo podría desprestigiar tanto al reino de Dios, aceptando en su territorio a un rey usurpador, y a la mayoría de sus habitantes oponiéndose a él en una completa degradación? Por eso Jesús será Rey con corona desde que venga a destruir a sus enemigos (Apoc. 19:12-16). En cuanto a la corona de honra de Hebreos 2:9, es la simbólica que recibió el hombre en el Edén según Salmos 8:5, 6.

Según la 4a posición, todos los hijos de Dios son carnalmente hijos de Cristo por creación de Adán (Gén. 1:27), y espiritualmente “hijos” del Padre el Juez, por cada justificación, llegando a ser “nueva criatura” (Juan 1:12,13, 2 Cor. 5:17). Pero ninguno, incluso el Hijo de Dios, es hijo desde el seno de la naturaleza del Padre, como se cree generalmente. Cristo llegó a ser “Hijo” engendrado en un sentido al nacer del seno de la virgen María, y plenamente por derecho en la resurrección, por un pacto que fue hecho en la eternidad. Por eso, Elena G. de White le llama “Hijo eterno”. Pero vimos que la Biblia sólo llama “Padre eterno” al Hijo. Y por eso ella, al referirse al “niño” que es nacido como “Padre eterno”, de Isaías 9:6, dice: “Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mat. 7: 7). ¿Quién lo dijo? El Padre eterno, el Príncipe de paz. Es nuestro Salvador.[8] Isaías vuelve a nombrar al Hijo como “Padre” Jehová (eterno, que siempre “es”) en Isaías 63:16 y 64:8, por ser el Creador y el Redentor de la raza humana.

Lucas le llama a Adán “hijo de Dios” (Luc. 3:38); y Moisés nos dice que Adán no fue engendrado sino creado (Gén. 1:27). También los ángeles llegaron a la existencia por creación.[9] Pero Moisés y Elena G. de White también les llaman “hijos de Dios” (Job 1:6; 2:1).[10] Y Pablo argumenta que a diferencia de los ángeles creados, el Hijo de Dios sería el único de los hijos del cielo y del universo con estas dos características únicas:

  1. Que sería engendrado estando en vida, y con vida eterna en sí mismo ─el “hoy” futuro de Salmos 2:7.

  2. Dios dijo: “Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo” (Heb. 1:5). Todos los demás existían porque ya eran hijos desde su creación; pero el eterno Cristo llegaría a serlo. ¿Vemos la importancia que tiene este argumento del apóstol Pablo?

Cristo es “Hijo” de Dios por su fidelidad al padre:

En Hechos 13:33, 34, Lucas relaciona Salmos 2:7: “Yo publicaré el decreto […] Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy”, con Isaías 55:3, que dice que no es un nacimiento real, sino el “pacto eterno, las misericordias firmes a David”. Es decir, que Cristo es “Hijo” por un “pacto” hecho en la eternidad, y cumplido perfectamente cuando concluyó su obra de salvación en este mundo. Elena G. De White escribió:

“El Verbo existía como un ser divino, como el Hijo eterno de Dios […] Desde la eternidad era el Mediador del pacto”.[11] Cristo no estuvo mediando por los pecadores desde la eternidad, ni entonces fue engendrado, sino que es Hijo y Mediador eterno por “pacto eterno”. Tampoco “fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 3: 8) en forma real, sino que entonces hizo el “pacto” para cumplirlo recién en la cruz. Por eso es que en los días de David y de todos los profetas del A.T., Cristo todavía no era “Hijo de Dios”, pero lo sería en un tiempo futuro (Sal. 2:7; 89:4, 26-29; 1 Crón. 17:13; 2 Sam. 7:14; Isa. 55:3). Y se cumplió, según Hechos 13:33,34 y Romanos 1:4, cuando Jesús vino “para ser probado y examinado […] En su encarnación, ganó en un nuevo sentido el título de Hijo de Dios”.[12] No es un segundo engendramiento, sino el prometido desde la eternidad.

Pero, al nacer no llegó a ser “Hijo” en forma definitiva. Eso lo dicen claramente las dos últimas citas bíblicas. Pues se nos dice: “Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijo de hombres” (2 Sam. 7:14). Como sabemos, este “azote” es la paga del pecado, es decir la “muerte” (Rom. 6:23). Y siendo consciente de esta condicionalidad, Cristo dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra…” (Juan 12:32). Era “Hijo” condicional, porque veremos que “hijo de”, tiene otro significado bíblico. El título “Hijo” que “ganó” era “en un nuevo sentido”.

Elena G. de White escribió: “Si bien era el Hijo de un ser humano [“Hijo del Hombre”], llegó a ser en un nuevo sentido el Hijo de Dios [Hijo del Padre]”.[13]

¿Por qué aquí el Hijo del Hombre llega a ser el Hijo de Dios, y no a la inversa, como podemos leer en otras declaraciones? Cristo ya era conocido como “Mediador”, como “Cordero inmolado”, y como “Hijo” antes de encarnarse y antes de ser inmolado. Por eso Elena G. de White dice en otras declaraciones que el “Hijo de Dios” se hizo “Hombre”. Pero no hay contradicción, ni en Salmos 2:7 con el verso 12, ni con lo que leemos de la Hna. White. Una cosa es ser el “Hijo” y “Mediador” prometido, y otra el que llegó a serlo como cumplimiento de un “pacto”.

En Salmos 89:26, 27 leemos: “El me clamará: Mi Padre eres tú, mi Dios; y la roca de mi salvación. Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra […] y mi pacto será firme con él”. En esta declaración se nos dice:

  1. Cuando este salmo fue escrito, la primera persona de la Deidad todavía no era el “Padre” de Cristo; ni su “Dios”, ni su “salvación”.

  2. Cristo fue hijo “primogénito” de María respecto a su naturaleza humana (Mat. 1:25). Pero en cuanto a su naturaleza divina, no fue el primer ser generado de Dios, como afirma la iglesia de Roma en su interpretación incorrecta de Colosenses 1:15 y Hebreos 1:6, sino que llegó ser “primogénito” por un “pacto”, no por naturaleza (Sal. 89:4,28; Isa. 55:3), recién en su resurrección (Hech. 13:33,34; Rom. 1:4); y sólo en un sentido al nacer en Belén (Luc. 1:32).

Pero, ¿en qué sentido el Ser eterno (YaHWeH) llegó a ser Hijo? San Pablo viene a nuestra ayuda diciendo: “Yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis.” (1 Cor. 4:15-17). Y a Filemón escribió: “Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones” (File. 10).

En primer lugar, tanto Cristo como todos los que creemos e imitamos a Dios llegamos a ser “hijos”; “engendrados” no de la “carne”, “sino de Dios” (Juan 1:13).

En segundo lugar, todos podemos recibir el mismo título de fidelidad que recibió Cristo en el bautismo, pues la Hna. White escribió: “La voz que habló a Jesús, dice a todo creyente: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo consentimiento”.[14]

En tercer lugar, Cristo es “Hijo de Dios” sobre todos sus hermanos, porque fue “fiel” hasta la muerte: “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios […] pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza” (Heb. 3:5,6).

En cuarto lugar, Cristo es “Hijo de Dios” desde la resurrección, por su victoria en santidad: Él “fue declarado Hijo de Dios [υἱοῦ θεοῦ ] con poder [o derecho], según el espíri- tu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Rom. 1:4). “Como está escrito también en el salmo segundo: ‘Mi Hijo eres tú, yo te engendré hoy” (Hech. 13:33). El título definitivo de “Hijo” no lo recibió cuando al morir dijo “Hecho es”, sino en la resurrección, pues “Dios no es Dios de muertos” (Mat. 22:32).

Y en quinto lugar, también será en la resurrección, y no en el sellamiento, cuando los santos recibirán en forma definitiva el mismo título υἱός de Jesús: “Son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección” (Luc. 20:36). La siguiente declaración prueba que esta posición interpreta la Biblia correctamente: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom. 8:17).

LA FUSIÓN DE SUS DOS NATURALEZAS

Muchos se preguntan: “¿Si Jesús hubiera pecado, que habría pasado?” Los Testimonios responden: “Cuando Cristo fue crucificado, fue su naturaleza humana la que murió. La Deidad no se debilitó ni murió; eso habría sido imposible”.[15]

“Sintiendo quebrantada su unidad con el Padre [en la cruz], temía que su naturaleza humana no pudiese soportar […] Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separado de Dios […] Quedaría identificado con el reino de Satanás, y nunca más sería uno con Dios”.[16]

Por lo tanto, según la Revelación, Dios Hijo hubiera permanecido para siempre con vida, pero anonadado, inconsciente (Fil. 2:7,8), junto al cadáver humano. Siendo Dios, hubiera podido despertarse como lo hizo estando el Hijo del Hombre en estado consciente. Y desde la muerte, como la hace un despertador sin la intervención del Espíritu Santo, que es lo que realmente ocurrió por la aprobación del Padre y Juez (Rom. 8:11; Hech. 4:10; Gál. 1:1). Pero él no podía preparar las cosas de esta manera, sino no hubiera sido un riesgo, como ocurre con todos los que mueren en Cristo. Además, al morir en lugar de los pecadores, Cristo debía morir la muerte segunda, la de los culpables. Entonces, al quedar inconsciente ambas naturalezas en el sepulcro de José de Arimatea, su naturaleza divina nunca más hubiera sentido algún deseo de volver al trono; ni tampoco el Padre lo hubiera permitido. ¿Pensamos alguna vez, que una persona de la Deidad podría haber permanecido inconsciente en Jerusalén, y para siempre junto a un cadáver?

Cuando Cristo se encarnó, llegó a ser Emanuel, “con nosotros Dios” (Mat. 1:23); y el mismo Emanuel vino a morir en la cruz, porque “ambas naturalezas fueron misteriosamente fusionadas en una sola persona: el Hombre Cristo Jesús”.[17] Pero, si estaban fusionadas, ¿por qué no murió la naturaleza divina? Y si la divina no podía morir, ¿por qué murió la que estaba fusionada a ella? La hermana White nos advierte: “La divinidad y la humanidad estaban combinadas en Cristo. La divinidad no se degradó hasta la humanidad”.[18] Así que esa fusión no era de toda la persona divina con la humana, sino que la naturaleza divina siguió siendo plenamente divina; y la humana, plenamente humana. Entonces, ¿qué es lo que se fusionó de las dos naturalezas?

Elena G. de White escribió esta importante declaración: “Bendijo al mundo viviendo en la carne humana la vida de Dios, demostrando así que tenía poder para unir la humanidad con la divinidad.[19] Por eso “Jesús” dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY” (Juan 8:58): el que nació de María ya tenía vida eterna. Queda claro, entonces, que la vida eterna de Dios, fue el medio de fusión de las dos naturalezas.

Pero ella también nos dice: “En Cristo se unieron […] La naturaleza de Dios […] y la naturaleza de Adán, el transgresor […] el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre”.[20] Cristo tomó “la doliente naturaleza humana caída, degradada y contaminada por el pecado”[21]

Esto significa que el “cuerpo” preparado en el cielo e introducido por el Espíritu en María, no era un feto o un cuerpo humano completo, por el cual María sólo prestó su vientre, como creen algunos. Más bien nos indica que era como la célula reproductora masculina, que se unió al óvulo de María, llegando a ser Hijo de María, de David, de Abraham y descendiente del mismo Adán (Luc. 3:23-38). Es fácil de saberlo, porque en este caso Dios hubiera sido el autor de un ser degradado y contaminado por el pecado, donde la “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Cor. 15:50).

Pero él nació “de mujer, nacido bajo la Ley”(Gál. 4:4), y por eso llegó a ser “pecado por nosotros” (2 Cor.5:21). Él “tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por nosotros”[22] ─note que la Hna. White está hablando de su condición antes de la crucifixión. Sin embargo, no hubo pecado en él (1 Juan 3:5), porque en la Biblia hay dos clases de pecado: Los de inocencia, y los de culpa, que se purifican con dos clases de expiaciones. Esto no tuvieron en cuenta la Reforma ni muchos teólogos de hoy.

Así, el Señor del Universo tomó nuestra naturaleza y llegó a ser, por la resurrección, ¡el “coheredero” de los redimidos! Así YaHWeH el Señor, llegó a ser el “Hijo” del Señor. Y la gran pregunta de Cristo a los fariseos recibe aquí la respuesta: “Si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (Mat. 22:45). ¿Cómo se entiende que el Soberano del universo pueda llegar a ser el heredero primogénito de su propio reino? ¡Esto es causa de gran asombro en todo el universo poblado!

A continuación presento dos ilustraciones que nos pueden ayudar a entender mejor cómo el “YO SOY” se encarnó como “Hijo de Dios”; murió y resucitó. Reconocemos que sólo podemos entender lo que Dios reveló, porque sabía que podríamos entenderlo:

Cristo_Encarnación

Cristo_Encarnación_2

Cristo_Muerte_Resurrección

CONCLUSIÓN

Cristo no es “Hijo de Dios” por haber sido engendrado dos veces; por ser entronizado o porque significa “igual a Dios”, sino porque desde la eternidad hizo un pacto con Dios de llegar a ser nuestro “coheredero” en fidelidad al Padre, destruyendo así las acusaciones y las perversas ambiciones de Satanás. Por eso, cuando en la segunda creencia fundamental de nuestras 28 doctrinas, decimos: “Hay un Dios: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, la unión de tres Personas coeternas”; y en la cuarta creencia afirmamos que “Dios el Hijo eterno se encarnó en Jesucristo”,[23] no estamos enseñando que la primera persona de la Deidad es llamada “Padre” porque es el primer Ser de Dios; la segunda que es llamada “Hijo” porque llegó a existir en la eternidad gracias a la primera, ni que la tercera es “Espíritu” porque no es una “persona como el Padre es persona”, sino porque estos nombres nos indican cómo cada persona de la Trinidad se desempeña en la magnífica obra que realiza para nuestra salvación.

Por Leroy E. Beskow, pastor adventista jubilado | lebeskow[at]arnet.com.ar | Todo lo subrayado en negrita es mío.


Referencias

[1] Elena G. de White, El Evangelismo, (Buenos Aires: ACES, 1965), p. 446. (En adelante será Ev).

[2] _______, El Deseado de todas las gentes (DTG), (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1966), p. 489.

[3] _______, Patriarcas y profetas (PP), (M. V., Calif.: Pub. Inter.., 1955), p. 12.

[4] Heber Pinheiro, ed., VII Simposio Bíblico Teológico Sudamericano: Cristología, (Cochabamba, Bolivia, Editorial UAB, 2009) , pp. 34-39.

[5] DTG, p. 489.

[6] Ibíd., p. 572. Algunos creen que los seres creados no son hijos, sino sólo los engendrados. Por lo tanto creen que el argumento de Pablo es que ninguno de los ángeles es “hijo de Dios”. Pero para Dios son “hijos” tanto los creados como los engendrados. Por eso los ángeles también son llamados “hijos de Dios” (Job 1:6; 2:1; DTG, pp. 688,689; Dios nos cuida DNC, (Bs. As., ACES, 1991), 30 de abril).

[7] DTG, p. 773.

[8] Diario, Manuscrito 24, del 21 de diciembre de 1889, p. 365.

[9] PP, p. 13.

[10] ────, Primeros escritos (PE), (M. View, Calif.: Pub. Inter., 1962), p. 217; DTG, pp. 688,689; ────, El discurso maestro de Jesucristo, (M. Vieww, Clif.: Pub. Inter., 1957), p. 94.

[11] Ev, pp. 446,447.

[12] _________, , Mensajes selectos, vol. 1, (M.View, Calif.: Pub. Inter., 1966), pp. 265, 266.

[13] Ibíd., 1:266.

[14] DTG, pp. 87,88.

[15] ______, Alza tus ojos (ATO), (Bs. As.: ACES, 1982), p. 258.

[16] DTG, pp. 637,638.

[17] ATO, p. 258.

[18] MS, 1:478 [409].

[19] RH, 25-6-1895.

[20] Francis Nichol, ed., Comentario bíblico Adventita del 7o Día (CBA), vol. 7, (M. View, Calif.: Pub. Inter., 1990), p. 938.

[21] ______, Yoth’s instructor (YI), 20-XII-1900, en LPES, enero-marzo 1983, p. 66.

[22] MS, 1: 314).

[23] Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, vol. 1, (Bs. As.: ACES, 1988), pp. 22, 42.