El Gran Despertar

Introducción

En los momentos de mayor pereza y oscuridad religiosa, Dios se ha encargado a lo largo de los siglos de historia humana a levantar personas, movimientos y grupos que se han encargado de redirigir el curso de la conducta humana. Estos movimientos se han caracterizado por tener algo en común: Reavivamiento. Los reavivamientos muchas veces impactan de manera grandiosa a muchas personas y lugares geográficos que marcan la historia. En el presente trabajo el enfoque del autor está demarcado en los conocidos reavivamientos de Norteamérica entre los siglos 18 y 19. Muchas personas marcaron la historia con sus papeles protagónicos en América y el esfuerzo de muchas de estas personas quedó marcado en la historia de la cristiandad.

Este evento no se limitó solamente a Norteamérica, sino que fue contagiado en otras partes hasta las costas de Inglaterra. Desde Jonathan Edwards hasta Guillermo Miller, la historia será condensada para examinar los puntos más sobresalientes de cómo Dios ha puesto su mano en el curso de la historia. El adventismo es un producto de estos reavivamientos y se consumó en la proclamación de Guillermo Miller que originó un tiempo después lo que conocemos como la Iglesia Adventista del Séptimo Día.[1] Todos estos reavivamientos religiosos “siempre han enfatizado preeminentemente la salvación del individuo en vez de las necesidades sociales, políticas y económica generales.”[2] La necesidad del ser humano de buscar a Dios siempre ha sido una chispa en nuestros corazones y cuando está se enciende, grandes cosas son las que podemos hacer con la ayuda de Dios en su gran soberanía divina.

El Gran Avivamiento (1720-1750)

Norteamérica no gozaba un buen panorama religioso a principios del siglo XVIII. Existían muchas divisiones entre los protestantes, unos adoptando ideas nuevas, otros simplemente adhiriéndose a corrientes antiguas. “Los presbiterianos, por ejemplo, se vieron divididos por una controversia entre los del ‘bando antiguo’, que exigían ante todo una adherencia estricta a las decisiones de Westminster, y los del ‘bando nuevo’, para quienes la experiencia de la gracia redentora era primordial.”[3] Antes de que la separación de Iglesia-Estado fuera común en el terreno americano, muchas colonias americanas fueron fundadas por principios bíblicos y cristianos que buscaban el bienestar común de todos sus ciudadanos. Pero luego del siglo XVII la espiritualidad “comenzó a declinar.”[4] Algunas voces surgieron para reavivar el espíritu cristiano, pero no fueron escuchadas. Sin embargo, donde históricamente se identifica que comenzó este Gran Reavivamiento es en Northampton, Massachusetts, por una figura que se llamó Jonathan Edwards.

Jonathan Edwards (1703-1758)

Jonathan Edwards fue el único hijo en una familia de 11 niños. Tuvo con su esposa Sara 11 niños de igual forma. Es interesante notar que John Wesley y Jonathan Edwards nacieron el mismo año (1703) y se admiraban mutuamente con sus trabajos evangélicos, pero ellos nunca llegaron a conocerse en persona.[5] Edwards fue el más grande teólogo del Gran Avivamiento. Sus predicaciones causaron un grande impacto, ya que buscaban principalmente el arrepentimiento genuino del individuo. El pensaba claramente que el Espíritu Santo se estaba manifestando en todo ese ímpetu religioso que conmovía a las colonias americanas. Sin embargo, luego de varios años cesó la revolución propulsada por Jonathan Edwards, pero su impacto fue marcado en la historia.

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George Whitefield (1714-1770)

Otro prominente predicador del reavivamiento fue George Whitefield, un gran amigo de Jonathan Edwards. Whitefield viajó a Inglaterra donde sus predicaciones fueron exitosas. Era anglicano, y sus predicaciones fogosas y dramáticas movían a las masas. “Edwards, a pesar de ser congregacionalista, invitó al anglicano Whitefield a predicar en su iglesia, y se dice que mientras el visitante predicaba el pastor lloraba. A partir de entonces el Gran Avivamiento cobró fuerzas. Los ministros del “bando nuevo” entre los presbiterianos se sumaron a él. Al mismo tiempo que algunos predicadores seguían el ejemplo de Whitefield, e iban predicando de lugar en lugar, muchísimos pastores locales de diversas tradiciones (anglicanos, presbiterianos y congregacionalistas) comenzaron a predicar con nuevos bríos en sus propias iglesias, y allí también tuvieron lugar escenas extraordinarias. Las gentes se arrepentían de sus pecados en medio de lágrimas, daban gritos de alborozo por el perdón alcanzado, y algunas hasta se desmayaban.”[6]

Whitefield también predicó en New York, Filadelfia, Charleston, Boston y en otras partes con mucho éxito. Pero por causa de sus énfasis emotivos en sus predicaciones, el reavivamiento “no fue permanente y hubieron varias divisiones y controversiales teológicas.[7] Dice un historiador “que uno podía dejar un bolso de oro en las calles y el mismo no hubiera sido robado.”[8]

Efectos del Gran Avivamiento

Este primer Gran Avivamiento fue el primer movimiento a nivel colonial en América y preparó en ciertas maneras a las colonias para su rompimiento con Inglaterra en los 1770’s. Los metodistas, fundados por John Wesley, y los bautistas fueron grandes denominaciones que cobraron ímpetu con el Gran Avivamiento. Nos dice Justo Gonzáles:

“En esa época, los blancos se adentraban cada vez más en el país, y fueron los bautistas y los metodistas quienes, gracias al espíritu del Gran Avivamiento, tomaron sobre sí la tarea de predicarles y proveerles vida eclesiástica. Esa fue la principal razón por la que pronto esas dos denominaciones fueron las más numerosas en los nuevos territorios.”[9]

El Avivamiento tuvo resultados positivos y negativos. El mismo incrementó el declive fatal de la espiritualidad en América. También ayudó a combatir las ideas humanistas y racionalistas que habían surgido con la Ilustración. Ayudó indirectamente a que se buscara libertad para todas las religiones, como observamos hoy día en los Estados Unidos. Además estimuló la educación, la misión, la conciencia social y el humanitarismo. Este primer avivamiento fue uno de los eventos históricos que le proveyó forma a los Estados Unidos actualmente.

El Gran Avivamiento también produjo divisiones y nuevas denominaciones. Se pueden mencionar a los Presbiterianos de Cumberland, divisiones entre Calvinismo, Metodismo y los bautistas, produjo a los “Discípulos”, los Universalistas y la Conexión Cristiana.[10] Muchas personas comenzaron a reflexionar, a examinar las escrituras y otras a cuestionar muchas de las religiones establecidas. Los cismas entre estas religiones produjeron graves críticas contra el Gran Avivamiento, sin embargo, y a pesar de tales críticas, el ambiente estuvo preparado para el Segundo Gran Avivamiento varias décadas después.

Después del Gran Avivamiento, vino un declive espiritual, como lo había antes del mismo. Entre los eventos que influenciaron para este declive espiritual fue la Revolución Francesa y la Guerra en India. El Deísmo también se realzó con más poder que antes y muchos se vieron influenciados por esta filosofía y por “los derechos naturales del hombre”. En este mismo lapso de tiempo, se redactó el Acta de la Independencia y el péndulo se movió fuera de la “ortodoxia” que dominaba a las Américas.

Termina diciendo Justo Gonzáles:

“Por último, el Gran Avivamiento tuvo otras consecuencias de carácter político. Por primera vez hubo un movimiento que se extendió a las trece colonias que después serían los Estados Unidos. Gracias a aquel movimiento, comenzó a forjarse un sentido de comunidad entre las colonias que hasta entonces habían existido en relativo aislamiento unas de otras. Puesto que al mismo tiempo circulaban nuevas ideas con respecto a los derechos humanos, y tenían lugar en Europa hechos portentosos, todo esto se conjugó para producir, tanto en el Nuevo Mundo como en Europa, fuertes sacudidas que le presentarían al cristianismo nuevos desafíos y nuevos horizontes.”[11]

De todos modos, el primer Gran Avivamiento fue un poderoso testimonio para todas las personas de ese tiempo hasta nuestros días de cómo predicadores de la Palabra pueden transformar grandes regiones geográficas y pueden plasmar la historia con sus hazañas. El primer Gran Avivamiento no quedó rezagado en una pequeña página de un historiador, sino que es parte de la historia de Norteamérica. En este movimiento podemos observar el principio de cómo Dios obra y como puede transformar el curso de la historia con solo la predicación de las Escrituras. Si dejamos que la Biblia hable y no nosotros mismos, los resultados pueden ser impactantes. Aunque estos grandes predicadores como Jonathan Edwards, George Whitefield y Jonh Wesley están muertos, sus “obras con ellos siguen.”[12]

El Segundo Gran Avivamiento (1790-1860)

Los últimos años del siglo 18 mostraron el punto más bajo de la espiritualidad americana, irónicamente luego de los años del primer gran avivamiento. Hubo varios factores que contribuyeron a este declive de espiritualidad en la nación americana. Se pueden mencionar a los problemas del ejército, la furia de partidos políticos, la moralidad materialista de Franklin, las ideas filosóficas del deísmo con hombres como Jefferson y la rivalidad de Tom Paine.[13]

Sin embargo, al finalizar y comenzar el siglo 19, la efervescencia, espiritual comenzó a surgir nuevamente. Estos nuevos avivamientos comenzaron en Inglaterra y en las fronteras de Kentucky. A diferencia del primer avivamiento “este avivamiento no se caracterizó por grandes explosiones emotivas, sino que lo que sucedía era más bien que, de modo inusitado, las gentes empezaban a tomar su fe con mayor seriedad, y reformaban sus costumbres para ajustarse mejor a las exigencias de esa fe.”[14] Esta segunda explosión avivadora puede comenzarse a rastrear desde los años 1790’s y terminando cerca de la guerra civil americana en 1861-1865. Las reuniones se acostumbraron a realizarse en las carpas de campo como se solía hacerse en esos tiempos. Esas reuniones de avivamiento enfatizaban la predicación, oración, himnos, emocionalismo y los temas del “milenio inminente.”[15] Las denominaciones más favorecidas por este segundo gran avivamiento fueron los bautistas y los metodistas. Y en este contexto también surgió el movimiento millerita en los años 1839-1844.

Timothy Dwight (1752-1817)

No es de extrañarse que una figura importante en el segundo avivamiento fue el nieto de Jonathan Edwards, que fue mencionado anteriormente y que tuvo un gran impacto en el primer avivamiento. Su carrera profesional incluía: agricultor, un político y senador de estado y dos años en el Ejército Continental. Sin embargo, en el área religiosa se destacó como teólogo, ministerio pastoral y educador.[16] Nació en Northtampton, Massachusetts y desde temprano su vista fue afectada tanto que a veces no podía “leer ni escribir”. Estaba influenciado por la filosofía Calvinista de Edward y se destacó como un teólogo conservador en Nueva Inglaterra.

Luego, Timothy se convirtió en el presidente de la Universidad de Yale en 1795. “En esa universidad, y en muchos otros centros docentes, se notó un gran despertar religioso, que hallaba eco en el resto de la comunidad.”[17] El mantuvo ese puesto hasta su muerte y mientras estuvo con vida, ayudó a fundar la Escuela en Andover, escuelas médicas en Yale, la Sociedad Misionera de Connecticut, la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjeras y la conocida Sociedad Bíblica Americana. Los mejores trabajos de Timothy Dwigth incluyen “Theology Explained and Defended (cinco tomos, 1818–1819); Travels in New England and New York (cuatro tomos, 1821–1822); y Sermons by Timothy Dwight (dos tomos, 1828).”[18] De la misma manera que su abuelo marcó el primer avivamiento, su nieto Timothy Dwight marcó la historia del Segundo Gran Avivamiento.

Cane Ridge

Luego de la figura de Timothy Dwight, el otro evento notable que cabe mencionar fueron los avivamientos de Cane Ridge, Kentucky. Este avivamiento fortificó a los metodistas y bautistas y motivó a que se utilizaran de manera más eficiente las reuniones en los campos y carpas. Las primeras reuniones ocurrieron alrededor de julio de 1800 en la iglesia de Gasper River en el sur de Kentucky. Atrajo muchas masas de personas, pero no se comparó a organizada en Cane Ridge. En agosto de 1801, en Cane Ridge, Kentucky, se realizó una reunión donde asistieron alrededor de 10,000 y 25,000 personas.[19] Ministros presbiterianos, metodistas y bautistas participaron de este evento. Este evento marcó el modo de expansión para las denominaciones Metodistas y Bautistas.

Este gran avivamiento se esparció rápidamente por Kentucky, Tennessee y el sur de Ohio, siendo los Bautistas y metodistas los más beneficiados. Los metodistas tenían una organización muy eficiente que dependía de los ministros, que se llamaban “circuitos”. Estos “circuitos” venían del populacho común, ayudando de esa forma a convertir a muchas personas. Los Bautistas no tenían hasta ese entonces una organización formal. Sus predicadores eran agricultores quienes “recibían un llamado de Dios, estudiaban la Biblia y fundaban iglesias que luego los ordenaban. Otros ministros emergían de estas iglesias y ayudaron a los bautistas a establecer presencia en lugares menos poblados, promoviendo una expansión de la fe bautista. Usando estos métodos, los bautistas se convirtieron en los dominantes entre las fronteras y la mayoría del Sur de Estados Unidos.[20]

De esta manera “por métodos diversos, los bautistas y metodistas lograron arraigarse en los nuevos territorios, y a mediados de siglo eran las dos principales denominaciones protestantes del país.”[21]

Guillermo Miller (1782-1849)

A mediados del siglo 19, surgió en Norteamérica el movimiento millerita que luego llegó a ser la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Surgiendo con el trasfondo de los grandes avivamientos en América, Guillermo Miller se destacó como la persona más prominente en la proclamación de la Segunda Venida de Cristo según el sostenía. Miller era el mayor de los 16 hermanos. El tenía un conocimiento básico de la Biblia y de la historia. “A los 21 años Miller se casó con una señorita de Poultney, Vermont, apenas cruzando el límite de su Estado cerca de Low Hampton, Nueva York.”[22] Miller llegó luego a ser policía, juez de paz y subjefe de policía. “Poco antes llegó a ser teniente en la milicia estatal; durante la guerra avanzó hasta el grado de capitán en el ejército regular. La experiencia que tuvo durante el tiempo de guerra sacudió la fe de Miller en el seísmo.”[23]

Más tarde, Miller tuvo un encuentro personal con Cristo y decidió estudiar sistemáticamente la Biblia, usando solo la Biblia y una Concordancia de Cruden. Su viaje bíblico comenzó desde el primer libro de la Biblia hasta el final en Apocalipsis. Cuando encontraba un pasaje oscuro, “Miller buscaba todos los versículos que contenían las mismas palabras claves. Mediante una comparación cuidadosa y el razonamiento, formulaba entonces sus explicaciones del pasaje dificultoso.”[24] Sin embargo, el pasaje que centró su atención y luego se convirtió en clave para la proclamación del advenimiento fue Daniel 8:14 y la profecía de los 2,300 días. Basándose en la creencia popular de la purificación de la tierra y la iglesia, concluyó que Jesús vendría al final de los 2,300 días. Con algunos cálculos y fijando el comienzo de la profecía en el 457 a.C., Miller llegó a la conclusión del fin del mundo en varias fechas, entre ellas el 21 de marzo de 1843, 21 de marzo de 1844 y luego por la influencia de Samuel S. Snow, el 22 de octubre de 1844.

De la misma manera que otros eventos en los grandes avivamientos norteamericanos y británicos, el movimiento millerita conmovió a las masas. A veces se le ha llamado “El gran despertar religioso del segundo advenimiento”. El historiador C. Mervyn Maxwell nos relata el impacto que tuvo la predicación de la venida de Cristo, especialmente en el “clamor de media noche.”[25]:

“A medida que los días pasaban, los comerciantes adventistas cerraban sus negocios, los mecánicos clausuraban sus talleres; los empleados abandonaban sus empleos. En los congresos campestres, veintenas confesaban sus faltas y acudían al frente para que se orara por ellos. Grandes cantidades de dinero fueron donadas para que los pobres pudieran cancelar sus deudas y se pudieran publicar los periódicos, hasta que los editores dijeron que los fondos sobraban, y los donantes vieron con pesar que no se recibían más ofrendas. En el campo, algunos agricultores abandonaron su cosecha para manifestar su fe. Las papas permanecieron en la tierra, las manzanas se caían de los árboles, el heno se aplastaba en los campos. En las ciudades la gente, muchos maestros de escuelas, varios jueces de paz, y aún un magistrado de Nortfolk, renunciaban a sus puestos… El 19 de octubre se detuvieron las prensas. La gran tienda ya había sido desarmada por última vez. Los predicadores habían regresado a sus casas para unirse con sus familias.”[26]

Sin embargo, a pesar de toda la emoción, Jesús no vino para esas fechas ni las propuestas posteriormente. A esa experiencia amarga del 22 de octubre se le ha llamado en la historia como “El gran chasco de 1844”. A pesar del desánimo y las divisiones del movimiento en varias facciones, un pequeño grupo que sostuvo la veracidad de la predicación de Miller y de la inminencia de la Segunda Venida de Cristo llegó luego a desarrollarse y a convertirse en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que sigue expandiéndose a pasos agigantados hasta nuestros días.

Consecuencias del Segundo Gran Avivamiento

El Segundo Gran Avivamiento produjo un gran impacto a la historia Americana. Los número de adeptos y creyentes entre los bautistas y metodistas se incrementó grandemente por encima de otras denominaciones que eran dominantes en las colonias como los Anglicanos, Presbiterianos y Congregacionalistas. Estados Unidos se estaba convirtiendo en “una nación más diversa tempranamente a mediados del siglo 19, y las crecientes diferencias entre los Protestantes americanos contribuyó a esta diferencia.”[27]

Justo González expone otra consecuencia cuando nos dice que “Una consecuencia importante de este Segundo Gran Avivamiento en lo que a la historia de la iglesia se refiere fue que contribuyó a romper las barreras del origen étnico. Entre los nuevos metodistas y bautistas había ex luteranos alemanes, ex presbiterianos escoceses y ex católicos irlandeses. Luego, aunque todavía en términos generales continuó siendo cierto que las divisiones denominacionales coincidían con los orígenes de diversos grupos de inmigrantes, esa coincidencia se hizo menor.”[28]

Gracias a todo este trasfondo, el adventismo goza de una historia denominacional rica en experiencias y en grandes eventos que ayudaron a contribuir una identidad clave en esa Iglesia. Puede verse como la mano de Dios, aunque no presente en cada evento de esos avivamientos, guió la verdad de la Palabra de Dios de boca en boca, persona en persona, hasta llegar al clímax con el movimiento millerita. El Segunda Gran Avivamiento quedó marcado en la historia del cristianismo americano y no podrá ser ignorado por los futuros historiadores de esta nación.

Conclusión

Efectivamente, la Palabra de Dios ha sido la semilla que brota en los corazones de las personas y forma una reacción en cadena que puede cambiar el curso de la historia. En el presente estudio se analizó de forma condensada y resumida los detalles y personajes más sobresalientes del evento que se conoce en la historia secular como “El Gran Avivamiento”. Este evento gozó de dos fases, la primera y la segunda, y cada cual impactó de manera relevante a sus respectivas áreas.

Desde la república americana hasta las costas de Nueva Inglaterra, diferentes voces proclamaron con ímpetu y fuerza las buenas nuevas del evangelio. Comenzando por Jonathan Edwards, su enfoque en el arrepentimiento ayudó a formar el cascarón para otros seguidores y nuevos enfoques teológicos. George Whitefield y sus dramáticas predicaciones fueron objeto de imitación por futuros predicadores. El primer Gran Avivamiento sentó las bases para el Segundo Gran Avivamiento.

El nieto de Jonathan Edwards, figura clave para el primer Avivamiento, llamado Timothy Dwight protagonizó el Segundo Gran Avivamiento. Gracias a sus esfuerzos, la Sociedad Bíblica Americana fue fundada. Otros eventos como Cane Ridge, nos proveen una idea de cómo una predicación, con el debido enfoque cristocéntrico, puede mover a miles de personas a los pies de Jesús. Aunque estuvo envuelto mucho fanatismo y emocionalismo, el evangelio siempre encuentra su manera de entrar en los corazones.

Sin embargo, es interesante notar que el movimiento millerista fue parte de este fervor de reavivamiento que ocurrió en América y culminó con un chasco que fue el origen de la Iglesia Adventista. La mano de Dios estuvo siempre al timón y de todos los eventos que culminaron en el levantamiento de la iglesia profética llamada a predicar el último llamado al mundo. De la misma manera como los primeros seguidores de Miller creyeron de corazones la venida de Cristo, de la misma forma se debe inculcar en los corazones de las personas la inminencia de la Segunda Venida de Cristo en nuestros días. Es por tales razones que se puede concluir con las palabras de Guillermo Miller:

“Mi alma está tan rebosante que no puedo escribir. Los invito a ustedes, y a todos los que amen su venida, a darle las gracias por esta gloriosa verdad. Mis dudas, mis temores y mi oscuridad se han disipado. Veo que todavía estamos en lo correcto. La Palabra de Dios es verdad; y mi alma está llena de gozo […]. Oh, cómo desearía poder gritar. Pero gritaré cuando venga el Rey de reyes.”[29]


Referencias

[1] Para un estudio más detallado de los orígenes de la Iglesia Adventista y sus orígenes en el movimiento millerita ver Richard W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Portadores de Luz (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2002), 35-50.

[2] Le Roy Edwin Froom, The Prophetic Faith of ours Fathers Vol IV (Washington DC: Review and Herald Publishing Association, 1954), 20.

[3] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 320.

[4] J. Stephen Lang, 1,001 Things You Always Wanted To Know About The Holy Spirit (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1999), 195.

[5] Christian History : Jonathan Edwards and the Great Awakening., electronic ed. (Carol Stream IL: Christianity Today, 1985; Published in electronic form by Logos Research Systems, 1996).

[6] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 321.

[7] Estas controversias dividieron a los Presbiterianos entre “el bando nuevo” y el “bando antiguo”. Para el Congregacionalismo de Inglaterra produjo una controversia entre el Calvinismo y el Arminianismo que conllevó últimamente al Cisma Unitariano.

[8] Galaxie Software, 10,000 Sermon Illustrations (Biblical Studies Press, 2002; 2002).

[9] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 322.

[10] Fue este movimiento cristiano que pertenecieron algunos de nuestros pioneros más prominentes como por ejemplo Jaime White. Un cuidadoso examen de las creencias de este movimiento como su trasfondo social y religioso nos explica muchas de las posiciones divergentes en el adventismo en sus orígenes, como las posiciones arrianas y semi-arianas de la naturaleza de Cristo.

[11] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 322.

[12] Apoc. 14:13, Reina Valera Revisada 1960. Se utilizará esta versión a menos que se indique lo contrario.

[13] Leonard Woolsey Bacon, A History of American Christianity (Joseph Kreifels), 119.

[14] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 329.

[15] Erwin Fahlbusch and Geoffrey William Bromiley, The Encyclopedia of Christianity (Grand Rapids, Mich.; Leiden, Netherlands: Wm. B. Eerdmans; Brill, 1999<2003), 3:598.

[16] Ver J. D. Douglas, Philip Wesley Comfort and Donald Mitchell, Who’s Who in Christian History, Illustrated Lining Papers. (Wheaton, Ill.: Tyndale House, 1997, c1992).

[17] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 330.

[18] J. D. Douglas, Philip Wesley Comfort and Donald Mitchell, Who’s Who in Christian History, Illustrated Lining Papers. (Wheaton, Ill.: Tyndale House, 1997, c1992).

[19] An Outline of American History (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc., 1998).

[20] Ibid.

[21] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 331.

[22] Richard W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Portadores de Luz (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2002), 29.

[23] Ibid., 30.

[24] Ibid., 30.

[25] Se le ha llamado de esta manera al movimiento del séptimo mes de Samuel S. Snow junto con el énfasis de la fecha del 22 de octubre de 1844.

[26] C. Mervyn Maxwell, Dilo Al Mundo (Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1990), 30-31.

[27] An Outline of American History (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc., 1998).

[28] Justo González, Historia del Cristianismo Tomo 2 (Miami FL: Editorial Unilit, 1994), 331.

[29] George R. Knight, Nuestra Iglesia: Momentos Históricos Decisivos (Maryland: Review and Herald, 2007), 25-26.

Bibliografía
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