El Arca del Pacto: ¿Será hallada?

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Al examinar las enseñanzas de Elena de White para responder algunas preguntas concernientes al arca del pacto y las tablas de la ley de Dios que fueron escondidas, es esencial que tengamos en mente el hecho de que existen dos diferentes arcas del pacto – una en el santuario terrenal y otra en el santuario celestial – y que en cada una de ellas se ha guardado un ejemplar de las tablas de piedra sobre las cuales se escribió el decálogo. Estas dos arcas y estas dos tablas de la ley divina han sido escondidas de la vista de los hombres. Por tanto, es necesario saber cual de estas dos tablas de los Diez Mandamientos será mostrada a los habitantes de la tierra en el futuro.

El Decálogo en tablas de piedra en el Santuario Celestial
Los Diez Mandamientos han sido escritos en tablas de piedra y han sido guardados en el arca del pacto del santuario celestial, así como fueron escritos en tablas de piedras y preservados en el arca del pacto del santuario terrenal. Tal enseñanza la encontramos en las siguientes declaraciones de Elena de White:

Se me ordenó entonces que observara los dos departamentos del santuario celestial. La cortina o puerta, estaba abierta y se me permitió entrar. En el primer departamento vi el candelabro de siete lámparas, la mesa de los panes de la proposición, el altar del incienso, y el incensario. Todos los enseres de este departamento parecían de oro purísimo y reflejaban la imagen de quien allí entraba. La cortina que separaba los dos departamentos era de diferentes materiales y colores, con una hermosa orla en la que había figuras de oro labrado que representaban ángeles. El velo estaba levantado y miré el interior del segundo departamento, donde vi un arca al parecer de oro finísimo. El borde que rodeaba la parte superior del arca era una hermosa labor en figura de coronas. En el arca estaban las tablas de piedra con los Diez Mandamientos. (Primeros Escritos, p. 251)

Pero el Señor me dio una visión del santuario celestial. El templo de Dios estaba abierto en el cielo, y se me mostró el arca de Dios cubierta con el propiciatorio. Había dos ángeles, uno a cada lado del arca, con las alas extendidas sobre el propiciatorio y el rostro vuelto hacia él. Esto, según me dijo el ángel que me acompañaba, era una representación de cómo todas las cohortes del cielo miran con reverente temor la ley divina que fue escrita por el dedo de Dios. Jesús levantó la cubierta del arca y vi las tablas de piedra en que estaban escritos los Diez Mandamientos. (Notas biográficas, pp. 103, 104)

Pero el Señor me permitió contemplar el Santuario Celestial. El templo de Dios fue abierto en el cielo, y se me mostró el arca de Dios... Jesús levantó la cubierta del arca y vi las tablas de piedra donde se encuentra escritos los Diez Mandamientos. (Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 1, p. 76)

Al describir lo que se le mostró del santuario celestial y la obra final del ministerio de Cristo en el lugar santísimo, Elena de White dice:

Se me mostró que el residuo siguió por la fe a Jesús en el lugar santísimo, y al contemplar el arca y el propiciatorio, fue cautivado por su esplendor. Jesús levantó entonces la tapa del arca, y he aquí que se vieron las tablas de piedra con los Diez Mandamientos grabados en ellas. (Primeros escritos, pp. 255)

Y el arca que contenía la ley de Dios, y el altar del incienso, y otros instrumentos de servicio que se encontraban en el santuario terrenal, eran los mismos que los del lugar santísimo del santuario celestial. Al apóstol Juan, en santa visión, se le permitió entrar al cielo, y allí contempló el candelabro y el altar del incienso, y al abrirse el templo de Dios, vio también el “arca del testamento”. ((Apoc. 11:19).- The Spirit of Prophecy, vol. 4, p. 261)

En el templo celestial, la morada de Dios, su trono está asentado en juicio y en justicia. En el lugar santísimo está su ley, la gran regla de justicia por la cual es probada toda la humanidad. El arca, que contiene las tablas de la ley, está cubierta con el propiciatorio, ante el cual Cristo ofrece su sangre a favor del pecador. (El conflicto de los siglos, p. 467)

En el templo celestial, la morada de Dios, su trono está asentado en juicio y en justicia. En el lugar santísimo está su ley, la gran regla de justicia, por la cual es probada toda la humanidad. El arca, que contiene las tablas de la ley, está cubierta con el propiciatorio, ante el cual Cristo ofrece su sangre a favor del pecador. (The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 261-262)

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fue abierto el templo de Dios en el cielo, se vio el arca de su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina -la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra. (El conflicto de los siglos, p. 486)

Las tablas originales se guardan en el arca celestial
Las tablas de los Diez Mandamientos guardadas en el arca del pacto en el santuario celestial son los originales, mientras que las tablas guardadas en el arca del santuario terrenal es una trascripción o copia de las que se encuentran en el santuario celestial. Tal es la enseñanza de los siguientes párrafos del Espíritu de Profecía:

Mentes y corazones sacrílegos pensaron que tenían poder suficiente para cambiar los tiempos y la ley de Jehová; pero en los archivos del cielo, en el arca de Dios, están a salvo los mandamientos originales, escritos sobre dos tablas de piedra. Ningún potentado de la tierra tiene poder para sacar aquellas tablas de su sagrado escondedero debajo del propiciatorio. (Comentario bíblico adventista, vol. 7, p. 413; Signs of the Times, febrero 28, 1978)

Ellos (los adventistas) habían seguido por fe a su Sumo Sacerdote del lugar Santo al lugar Santísimo, y allí lo vieron ofreciendo su sangre ante el arca de Dios. Dentro de ese arca sagrada, se encuentra la ley del Padre, la misma que fue pronunciada por Dios mismo, en medio de los truenos del Sinaí, y escrita por su propio dedo en tablas de piedra. Ninguno de los mandamientos ha sido anulado; ni una jota ni una tilde ha sido cambiada. Mientras que Dios dio a Moisés una copia de su ley, preservó el gran original en el santuario celestial. (The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 273, 274 (The Story of Redemption, pp. 379, 380)

Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial envolvía el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial. (El conflicto de los siglos, p. 488; The Story of Redemption, pp. 380, 381)

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. (El conflicto de los siglos, pp. 486, 487)

Las tablas guardadas en el santuario terrenal han sido escondidas con el arca en una cueva
Las tablas del decálogo, que se guardaban en el santuario terrenal, estaban en el arca cuando fue escondida en una cueva por hombres justos un poco antes de la destrucción del templo por los babilonios en el tiempo de Jeremías. Los siguientes párrafos de Elena de White no mencionan si Jeremías personalmente tuvo parte en esconder el arca:

Antes de la destrucción del templo, Dios informó a unos pocos de sus fieles siervos el destino de ese edificio, que era el orgullo de Israel, y que ellos idolatraban mientras al mismo tiempo pecaban contra Dios. También les reveló el cautiverio de Israel. Esos hombres justos, inmediatamente antes de la destrucción del templo, sacaron el arca sagrada que contenía las tablas de piedra, y con dolor y pesar la ocultaron secretamente en una caverna donde estaría escondida del pueblo de Israel por causa de sus pecados, para no serles restituida nunca más. El arca sigue escondida. Nadie la ha perturbado jamás desde que se la escondió. (Spiritual Gifts, vol. 4, pp. 114, 115 (1864); Spirit of Prophecy, vol. 1, p. 414 (1870); Historia de la redención, pp. 199, 200)

Entre los justos que estaban todavía en Jerusalén y para quienes había sido aclarado el propósito divino, se contaban algunos que estaban resueltos a poner fuera del alcance de manos brutales el arca sagrada que contenía las tablas de piedra sobre las cuales habían sido escritos los preceptos del Decálogo. Así lo hicieron. Con lamentos y pesadumbre, escondieron el arca en una cueva, donde había de quedar oculta del pueblo de Israel y de Judá por causa de sus pecados, para no serles ya devuelta. Esa arca sagrada está todavía escondida. No ha sido tocada desde que fue puesta en recaudo. (Profetas y reyes, p. 333 (publicado en 1917) (el énfasis ha sido agregado))

Nótese especialmente que Elena de White afirmó que el arca “nunca ha sido tocada desde que fue escondida”.

“Cuando principie el juicio”
De acuerdo con Elena de White, el tiempo llegará cuando las tablas de la ley, en las cuales están escritos los Diez Mandamientos, serán puestas a la vista de los habitantes de toda la tierra. Todas las declaraciones conocidas de Elena de White aparecen citadas en orden cronológico:

Las teorías humanas se exaltan, honran y colocan donde debieran estar Dios y su ley. Pero Dios no ha cambiado las cosas que han salido de sus labios. Su palabra permanecerá para siempre, tan inalterable como su trono. Cuando todo caso se decida en las cortes celestiales, este pacto será presentado, escrito claramente con el dedo de Dios. El mundo será citado ante el tribunal de la Justicia Infinita para recibir sentencia, una vida que se mide con la vida de Dios para la obediencia, y con la muerte para la transgresión. (Manuscrito 82, 1899. (Ver Review and Herald, 20 de noviembre, 1913; y Profetas y reyes, pp. 125-126.))

Dios escribió sus mandamientos en dos tablas de piedra con su propio dedo. Estas tablas no fueron dejadas a la vista de los hombres, sino que fueron colocadas en el arca; y en el gran día cuando todo caso se decida; estas tablas, grabadas con los mandamientos, serán colocadas de tal forma que todo el mundo pueda verlas y comprenderlas. El testimonio contra ellos será incontestable. (Carta 30, 1900 (Manuscript Releases, vol. 19, p. 265))

El precioso registro de la ley fue colocado en el arca del testamento y está todavía allí, oculto y a salvo de la familia humana. Pero en el tiempo señalado por Dios, él sacará esas tablas de piedra para que sean un testimonio ante todo el mundo contra la desobediencia de sus mandamientos y contra el culto idolátrico de un día de reposo falsificado. (Manuscrito 122, 1901; Comentario bíblico adventista, vol. 1, 1123)

Cuando se abra el templo de Dios en el cielo, ¡qué ocasión de triunfo será para los fieles y leales! En el templo se verá el arca del pacto en la cual fueron puestas las dos tablas de piedra sobre las cuales está escrita la ley de Dios. Esas tablas de piedra serán sacadas de su escondedero, y en ellas se verán los Diez Mandamientos esculpidos por el dedo de Dios. Esas tablas de piedra que ahora están en el arca del pacto serán un testimonio convincente de la verdad y de la vigencia de la ley de Dios. (Carta 47, 1902; Comentario bíblico adventista, vol. 7, 983)

La santa ley de los Diez Mandamientos, escritas sobre tablas de piedra por el dedo de Dios y colocadas en el arca, es la norma de justicia. Aparecerá ante el obediente y el desobediente en el gran día final, y todos los malvados serán condenados. Verán sus acciones procedentes de un carácter depravado. Verán que los actos que realizaron sirvieron para continuar la rebelión que comenzó en las cortes celestiales. Verán toda la crueldad y toda la maldad que han deshonrado a su Creador y que produjo la miseria que llena el mundo. (Manuscrito 5, 1904 (Manuscript Releases, vol. 13, p. 381))

El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra que están ahora en el arca, para ser puestas de manifiesto en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora producida por el padre de la mentira. (Carta 90, 1906; El colportor evangélico, pp. 175-176)

Hay un santuario, y en el santuario está el arca, y en el arca están las tablas de piedra, sobre las cuales está escrita la ley pronunciada desde el Sinaí en medio de las escenas de terrible grandeza. Estas tablas de piedra están en el cielo, y serán manifestadas en aquel día cuando el juez se siente y los libros sean abiertos, y los hombres sean juzgados conforme a las cosas escritas en los libros. Serán juzgados por la ley escrita por el dedo de Dios y dada a Moisés para ser colocada en el arca. Se lleva un registro de los hechos de todos los hombres, y de acuerdo a sus obras, todo hombre recibirá la sentencia, si fueron buenas o si fueron malas. (Manuscrito 20, 1906; Manuscript Releases, vol. 20, p. 68)

Hay abundantes evidencias de la inmutabilidad de la ley de Dios. Fue escrita con el dedo de Dios, para no ser nunca borrada, para no ser nunca destruida. Las tablas de piedra están ocultas por Dios para ser presentadas en el gran día del juicio, tal como él las escribió. (Review and Herald, 26 de marzo de 1908; Comentario Bíblico Adventista, vol. 1, p. 1123)

Cuando el juez se siente y se abran los libros, y cada ser humano sea juzgado de acuerdo con las cosas escritas en ellos, entonces las tablas de piedra, ocultas por Dios hasta ese día, serán presentadas delante del mundo como la norma de justicia. Entonces los hombres y las mujeres verán que el requisito indispensable para su salvación es la obediencia a la perfecta ley de Dios. Nadie encontrará excusa para el pecado. Por los justos principios de esa ley, los hombres recibirán su sentencia de vida o de muerte. (Review and Herald, 28 de enero, 1909 (Comentario Bíblico Adventista, vol. 1, p. 1123 del Manuscrito 117, 1908))

Dios no violará su pacto, ni alterará lo que proclamaron sus labios. Su palabra perdurará para siempre, tan inalterable como su trono. En el juicio, cuando todo caso sea decidido en las cortes del cielo, este pacto se destacará, escrito claramente por el dedo de Dios. El mundo será citado ante el tribunal de la justicia infinita para recibir su sentencia. (Review and Herald, 20 de noviembre de 1913 (de Manuscrito 82, 1899; ver Patriarcas y profetas, 139))

Dios no violará su pacto, ni alterará lo que proclamaron sus labios. Su palabra perdurará para siempre, tan inalterable como su trono. En el juicio, este pacto se destacará, escrito claramente por el dedo de Dios; y el mundo será emplazado ante el tribunal de la justicia infinita para recibir su sentencia. (Patriarcas y profetas, 139 (de Manuscrito 82, 1899; ver Review and Herald, 20 de noviembre de 1913))

Varias cosas deben notarse en las declaraciones anteriores. En ninguna parte se dice que las tablas de la ley serían mostradas por hombres como resultado de encontrarlas escondidas en una cueva. De hecho, dicen claramente que el mismo Dios traerá las tablas de la ley a la vista de los hombres; y en una declaración Elena G. de White especifica que “estas tablas de piedra están en los cielos”. Además, el tiempo cuando Él hará esto se dice específicamente que será:

“Cuando todo caso se decida en las cortes celestiales”. “en el gran día cuando se pronuncie sentencia”. “Cuando se abra el templo de Dios en el cielo”. “en el gran día final”. “en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora”. “en aquel día cuando el juez se siente y los libros sean abiertos, y los hombres sean juzgados conforme a las cosas escritas en los libros”. “En el juicio”.

Dos descripciones de futuras exhibiciones
En otro lugar de sus escritos, Elena G. de White describe en dos ocasiones el momento cuando las tablas de piedra serán exhibidas. No obstante, ella no especifica cuál de las dos series de tablas de la ley se presentan a la vista, y es posible para uno interpretar cualquier ocasión como el cumplimiento de la predicción de la revelación de las tablas de piedra escondidas.

1.Justo antes de la segunda venida. Al describir lo que toma lugar inmediatamente después de que las primeras seis de las siete últimas plagas caigan, y justamente antes de caer la séptima plaga y de la segunda venida de Cristo, Elena G. de White dice:

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible formando un contraste con el firmamento negro y furioso a ambos lados. La gloria del cielo brilla desde las puertas entreabiertas. Luego aparece en el cielo una mano con las dos tablas de piedra cerradas una con la otra. La mano abre las tablas y revelan los preceptos del decálogo, trazados como con pluma de fuego. Las palabras son tan claras que todos las pueden leer. La memoria se despierta, la oscuridad de la superstición y la herejía se desvanece en cada mente, y los Diez Mandatos de Dios, breves, detallados y autorizados se presentan ante la vista de todos los habitantes de la tierra. ¡Código maravilloso! ¡Maravillosa ocasión! (The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 456, 457)

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados. La magnificencia de la ciudad celestial rebosa por las puertas entreabiertas. Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: "Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez." (Salmo 50: 6.) Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas. (El conflicto de los siglos, p. 697)

Aquí, de nuevo se nos hace claro que Dios, y no el hombre es el que traerá a la vista estas tablas. Entonces, las tablas de la ley serán exhibidas “como regla de juicio.” Esto será después que el tiempo de gracia se haya terminado para la humanidad.

2.En el momento de la coronación final de Cristo. Al describir la coronación final de Cristo y el juicio final del hombre al fin del milenio, Elena de White dice:

Como fuera de sí, los impíos han contemplado la coronación del Hijo de Dios. Ven en las manos de él las tablas de la ley divina, los estatutos que ellos despreciaron y transgredieron. Son testigos de la explosión de admiración, arrobamiento y adoración de los redimidos; y cuando las ondas de melodía inundan a las multitudes fuera de la ciudad, todos exclaman a una voz: "¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de los siglos!" (Apocalipsis 15: 3, V.M.) Y cayendo prosternados, adoran al Príncipe de la vida. (El conflicto de los siglos, p. 727)

Autor: Documento preparado en 1962 por R. L. Odom, editor del Index, y actualizado por el Patrimonio de Elena G. de White White Washington, D. C. 1989.

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